Aquí ve el cuento, te decía que era el duende blanco, hombre, ese, el duende blanco. Ahí le pasa, oigan, oigan. Rufaino, fue en Esquipulas donde sucedió esto que les voy a palabrear. Y es que Chentehuete era hijo de brujos, Rufaino, ¿sí? Hay que tener cuidado con alguna gente que sabe cosas de magia, ¿verdad, Rufaino? Chentehuete sabía algo, seguro que sabía. Pero bueno, Chentehuete era enamorado de la Reinaldita Zúñiga. Pero la Reinaldita no le hacía caso, hombre. No lo quería.
No lo quería porque Naiden está obligado a querer a otra persona, Rufina. El amor tiene que ser espontáneo, hombre. La muchacha no lo quería y besara todo, hombre. No lo quería para nada. Pero él, Pereuno, estaba tras ella, fregándola, buscándola. ¿Oye, oye?
Adiós, Reinaldita. Adiós.¿ Y por qué vas tan seria, reinita? Porque bastante te debo,
¿eh? Pues porque me da la gana. Eso es todo.
Óyeme, Reinaldita. Tu papá me quiere mucho y tu mamá también.
Pero
yo no. Debes ser obediente con tu tata y tu mamá, Reinaldita. No sabes vos que uno agarra ejemplos de los viejos, ¿eh? Ellos me quieren. Pues deberías quererme también. Yo tengo mis bolitos. Y soy solo en el mundo, ¿eh? Solito
yo, solito. Yo no quiero nada con brujos.
Cómo me dijiste, renalita?
No, nada, nada.
Dijiste que no querés nada con brujos, ¿no? Es que...¿ Qué es entonces esta caca?¿ Qué vos querés?
Yo soy brujo, ¿eh? No, yo no he dicho eso, pero...
Pero tenés sospecha, ¿verdad?¿ Has oído decir que yo soy hijo de brujos?¿ Que mi tata fue brujo? Por eso no me querés, ¿verdad? No, Chente, no. No es eso. Mira, Reinaldita. Te voy a decir una cosa. ¿Qué? Vos naciste para, digamos, ser mía. Y si no te casás conmigo, no vas a tener cabida en el mundo. ¿Ves? Pero ve bien, ¿oíste? No con esos ojos viscoretos que tenés. Ve a qué horas te lo digo.
Yo... Yo me voy a casar con un hombre al que quiera. Yo no me puedo casar con vos. Porque sencillamente no te quiero. No te quiero.
Y ahí, que tiene otro oído que no tenga yo, ¿ah? Está bien, pues, renalita, está bien. Nadie te quiere. Eso sí, lo que dijiste de casa de brujos... te va a pesar toda la vida. Toda la vida.
¿Me me estás amenazando?
Has oído hablar del Duende Blanco, Renaldita?
¿Del... del Duende Blanco?
Sí.
Del Duende
Blanco y de quién más?¿ Has oído hablar de él?
No. No he oído hablar de... de ningún Duende Blanco.
Pues entonces muy pronto vas a oír... Muy pronto vas a oír. El duende blanco es muy necio. Pronto vas a oír de él.
No me estés asustando. Que no me asusto, Chente. No me asusto.
Está bien, Reynaldita, está bien. Te guardo un chancecito, pues.¿ Te vas a casar conmigo o no? ¿Contestas, Reynaldita?¿ Sí o no?
No. No me voy a casar con vos. ¡No!
Y así fueron pasando los días, amigos. El pueblito de Esquipula, igual que ahora, era un pueblo tranquilo, amigos. Gente no volvió a molestar de palabra a la Reinaldita. Un y otro día pasaron, la muchacha se sentía tranquila, amigo. Solo que por las noches cuando se quedaba solita y se despertaba a medianoche, oía una risa suavecita, amigo. Una risa parecida a la de Vibración, a la de Chentegüete, oiga.¡ Santo Dios!¡ Santo Dios! Cuando el día amanecía, la Reinaldita
no decía nada, amigo. Solo ella se guardaba aquel secreto. Pero en el día se le olvidaba todo, amigo. Con el tiempo comenzó a fijarse en ella un joven del pueblo, bueno y adinerado. Empezaron a jalacatear, como dicen, y pronto fijaron la fecha de la boda. Aparentemente todo estaba normal, amigo. Los días siguieron transcurriendo y...
Bueno, hija, todo está listo para el matrimonio. Y el padre también está listo. Y mi papá está muy contento, ¿verdad, mamá? Claro, mija. Si nosotros siempre habíamos querido que te casaras con un hombre bueno. Y Nicolás, pues, es muy bueno. Muy bueno es él. Sí, mamá. Y mucho me quiere. Lo importante es que ambos dos se quieran. Sí nos queremos, mamá. Nos queremos. Porque en el matrimonio es muy importante eso.
El amor. y algunos realistas pues bueno y él tiene también sus realistas si mamá yo creo que vamos a ser felices los dos claro que sí bendito sea dios¿ Quién se ríe?
¿Quién? No sé, mamá, no sé. Pero yo he oído esa risa desde hace día. La oigo en la noche.
Ya pasó. Ya se fue la risa. Pero¿ quién sería?
Quién sería? No sé, mamá, no sé.
Pero... Tengo miedo. Ya se fue la risa, hija. Ya se fue. Bueno, tal vez es que... es que oímos mal. Sí.
Tal vez, mamá. Fue que oímos mal. Eso fue. Oímos mal. Sí. Oímos mal
Bueno, hija. Vamos a ver cómo está quedando la casa. Sí. Y a los hombres la están pintando para que esté bien limpia el día del cazorla
Ajá.
Vamos. Vení. Vení. i
Fue muy raro que Chentehuete no volviera a aparecerse por aquellos lados, amigo. Hay de más, lo vio rondar a la Reinaldita. Y fue más raro todavía que una semana antes de la boda se supiera aquella noticia. Hija. ¿Eh?
Supiste que se murió Chentehuete. ¿Chente? Sí. El pobrecito amaneció muerto en su casa. Cuando la mujer que le llevaba las tortillas entró, lo encontró muerto. Y dicen que se envenenó.¡ Santo Dios! ¡Pobrecito! Que Dios lo haya perdonado. Pobrecito
Oye, mamá. ¿Oye? Sí, hija. La misma risa. La misma risa. Tengo miedo, mamá. Tengo miedo. Ya pasó. Ya pasó. La risa
ya
se fue. Pero se fue, hijita. Ay, pero es que... Tal vez es que... Bueno, las dos estamos nerviosas con tanto trajín.
Ay, Dios.
Hijita, no hagamos caso. No hagamos caso.
El día en que la Reinaldita se casaba con Nicolás, en la propia iglesia, cuando el Padre les daba la bendición. En
el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. ¡Ay! ¡Ay! En la
iglesia todos oyeron aquella risa, amigo. Pero comentaron calladito. Todos salieron después y fueron a la fiesta del casorio. La gente comentó aquel misterio y aquella risa, amigo. Pero hasta ahí no más. Lo más grave fue después, amigo. Cuando la Reinaldita y su marido se fueron al aposento...
Qué es
esto? Alguien se está riendo, Reinaldita.¿ Quién es?
No,
no
lo sé. No lo sé.¿ Pero quién se ríe, pues? Contéstame,¿ quién se ríe? A ver,¿ quién se ríe que no responde, hombre? Reinaldita, dame la pistola.
Pronto, dame
la pistola.
Dámelo,
pistola. Pero...
Ligero.
Aquí está.
¿Quién?¿ Quién se ríe?¿ Quién se...
Quién es que se ríe?
El duende blanco. ¿Ah? El duende blanco.
Ay. Ay. Desde aquel día, día y noche, aquella risa no dejó tranquilos ni a la Reinaldita ni a Nicolás, amigos.
Día y noche, la muchacha ya ni comía ni dormía. Se fue secando lentamente. A los dos meses era un cadáver la pobrecita. la vieron los médicos pero fue imposible amigo no tenía cura en su entierro cuando la llevaban al panteón porque la Reinaldita se murió amigo cuando le llevaban al panteón se iba oyendo la risa Cuando le echaron la última pala de tierra, entonces desapareció la risa del duende blanco, amigo. Y nadie más volvió a oír en el pueblo esa risa, amigo. No lo creyen, ¿verdad?
Pero es auténtico. Auténtico. Cuento de Esquipula, Rufaín.¿ No lo creyes? Preguntad, todos los esquipuleños la saben, esa historia, hombre. Es una historia auténtica, hombre. ¿Ah? Claro que sí.¡ Ahí nos vemos, Rufaín! CC por Antarctica Films Argentina
