Qué tal, Rufino?¿ Cómo estás, hombre? Bueno, pues vamos con el cuento de hoy.¿ El cuento de hoy saben cuál es? No saben, ¿verdad? El diablo de Tecolostote, amigo. El diablo de Tecolostote. Aquí les ve el cuento. Óiganlo, óiganlo. Hace mucho tiempo, cuando el pueblito de Tecolostote era un pueblito mucho más pequeño que ahora, fue que sucedió lo que ahora les voy a palabrear, amigos. El paisaje de Tecolostote es pintoresco, como el de todos los pueblos pequeños de Nicaragua, amigos.
Una montaña enorme, y un río que corre silencioso... bajo del puente de hierro y concreto... sí el pueblo tiene su calle principal... y en ella se localizan... las mejores pulperillas... los billares... las cantinas... etcétera, etcétera, etcétera amigo... bueno aquí en Tecolostote viví hace mucho tiempo... un viejito muy aficionado al guaro y a... y a las bromas también amigo... le encantaba beber... Y cuando debía, pues no la paraba en varios días, amigo. Este señor se llamaba don Braulio
Eusebio Alcántara. Qué nombrecito. Braulio Eusebio Alcántara. Y su mujer se llamaba Estebana. ¡Ay,
ay, querido!¡ Aquí viene Braulio Eusebio!¡ El hombre que no le tiene miedo ni al diablo! ¡Ay, Dios
mío! Mira a tu papá cómo viene. Te fijás, Romelita. Ay, nunca dejó de beber. Ay
mamá, ya mi papá no tiene remedio.
Decile a Braulito que lo vaya a traer. Si no va a traerlo, se mete en otra cantina y sigue bebiendo. Son apenas las seis de la tarde. Está comenzando la noche. Pero mamá, si Braulito no está, se fue al cine. Ay, bueno, entonces... Entonces no hay otro
remedio
Jesús me
va y viene
gritando. Ay, Dios
Sabes lo que menos me gusta de todo esto, Rommelita? Ajá, mamá. Eso de que tu papá cada vez que se embola comience a llamar al diablo. De repente el diablo le va a salir y se va a llevar su alma
No, mamá. El diablo no le anda haciendo caso a cualquiera que lo llame. Esas son borracheras de mi papá. No le haga
caso, mamá. No, no, no, no me gusta. Cada vez que se embola, lo primero que hace es estar llamando al diablo. No, no, no, no. Eso es malo. Muy malo. Sigue. Ay
Dios. Diablo. Quiero hablar con el diablo. Ay, Dios. El diablo le tiene miedo a mí.
Ya se metió en otra cantina, mamá.
Bueno, bueno. Que se haga la voluntad de Dios. Es lo peor estar lidiando con un borracho. Lo peor.
Ojalá no le haga ningún pleito con... Ay, mamá. Estoy nerviosa, mamá
Bueno, bueno. El otro día que peleó, amaneció preso. Y tuvimos que pagar 20 pesos de multa. Por lo menos ya entró a la otra cantina. Y ya dejó de gritar. Bueno, bueno. Cuando venga, Braulito, de todas maneras, decile que vaya a arder a tu papá. Ahí está en el estanco de la chica Dominga. Que la vaya a traer. Está bien, mamá. Está bien, le voy a decir. Yo voy a rezar, mi Rosa. Y voy a poner en vela a San Martín de Porre. Para que no le pase nada a
Braulio Eusebio. Y para que me lo proteja del diablo. Bueno, voy al aposento, mija. Está bien, mamá.
Rece si quiere. Pero no le tenga miedo al diablo. El diablo no le anda saliendo a cualquiera que lo llame. No se aflija, mamá. No se aflija.
Lentamente entró la noche y don Braulio Eusebio siguió bebiendo guaro en la cantina, amigo. Sobre las casitas del pueblo
fueron cayendo las sombras de la noche. Como a las diez, cuando Braulito, el hijo de don Eusebio, Braulio Eusebio llegó del cine... fue al estanco a traerlo para su casa amigo... pero don Braulio Eusebio... no era de los borrachos que se acostaban a dormir... no amigo, no... por eso... aún dentro de la casa en el corredor oscuro... se sentó en una mecedora... a estar hablando, hablando y hablando... cosas de picado... hablaba solo amigo... le encantaba hablar solo... se
hacía preguntas... Y él solo se contestaba. Óiganlo, óiganlo.
Que no puedo yo enfrentarme al diablo? Claro que puedo, claro. Claro que puedo. Que me levanto de la silla y hago el piche. Te
voy
a traer. Claro que puedo. Claro que puedo. que tiene un salivacio largo también lo tiro aunque dicen que los picados se babean yo digo que sí que lo tiro apostemos apostemos que si me sale el diablo yo me pongo a platicar apostemos apostemos claro que soy hombre
claro que
soy hombre claro que soy Yo
me
llamo Braulio Eusebio Alcántara. Claro, soy hombre. Claro que sí. Y ojalá me salga el día
Eso era como a las doce de la noche, amigo. Don Braulio Eusebio, en el corredor oscuro hablando solo, Y en el aposento, Doña Esteban oyéndolo junto con la romelita.¿ Y a qué
estás, abuelito? Se estaba llamando, pendejo. Cuánto gusto de verte.¿ Qué tal?¿ Cómo están las cosas ahí en el infierno?
Santísima Virgen Romelita O hija A Braulio Eusebio Lo estoy oyendo Está hablando con el diablo Y lo hilo
Pues mire don Chaca Yo lo llamé para ver si usted Me puede comprar mi alma Que si es cara Se las puedo dar baratas. Cuestión de que lleguemos a un acuerdo.¿ Qué le parece? ¿Ah? ¿Sí? Bueno, pues... Cuestión de qué palabra abrimos el negocio, ¿verdad?¿ Cuánto me da por mi alma?
Como que le estás proponiendo venderle el alma al diablo. Sí, es lo que te digo, Rommelita. Tu
papá está hablando con el demonio
Está platicando con el
diablo.
Si me das dos millones de pesos, te la doy. Ya le subí para ti. No es negocio, si no, no.¿ Y vos qué dijiste, diablito? Le voy a comprar barata el alma a este pobre picado. Dios
mío, pensar que el vivo diablo esté en esta casa platicando
con Braulio. Ay, Dios, no va a llevar a todos
Sí,
mamá. Mañana avisémosle al padrecito para que venga a rezar. Y regar agua bendita en toda la casa. Ay, esto es el colmo. Braulio Eusebio hablando
con el diablo. Ay,
Dios
mío. Qué barbaridad. Recemos el rosario, mija. Recemos el rosario pronto. Pronto.
Uy. Ay. ay ay ay ay ay ay
Líbranos, Señor, de las tentaciones de Satanás y de las provocaciones de sus ángeles tentadores. Dios te salve, María, llena eres de gracia. El Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres. Bendito sea el fruto de tu vientre
Jesús.
Amén.
Al día siguiente, muy de mañana estaban levantadas Doña Estebana y la Romelia, amigos. También Braulito, el hijo de Don Braulio Ezebio. Y de lo primero que hablaron en la plática el día siguiente fue precisamente la plática de Don Braulio con el diablo.
Cómo dije?¿ Cómo dije, mamá?¿ Cómo es lo que dijo ella? Pues así, mijo. Como oye. Que mi papá habló anoche con el diablo, ¿ah? Sí. No me arruines, mamá. Esos son gajes de los vicios, hombre. Mejor dicho, eran bolencas de mi papá
Pero él estaba hablando con el diablo. Y nosotros vamos a ir a donde el padrecito para que venga a conjurar la
casa. Un momento. Un momento. No vayan.
Pero, hijo
No vayan. Pero, el diablo nos puede llevar a
todos. No, mamá. Hombre, no vayan. No es la primera vez que mi papá se pone a hablar con el diablo.
Bueno, pero... Pero eso lo hace
por pura, digamos así... Así como por, digamos, por pura grasajada de picada.
No, no, mi hijo, no. Te digo que estaba negociando su alma con el diablo.
¿Negociando?
Sí. Es cierto Se volvió
negociante mi papá, jodido. Negociando su alma. Mire, mamá. Déjeme ese, digamos, ese problema yo.
Pero mi
Hoy mi papá va a seguir bebiendo. Y seguramente hoy en la noche también va a hablar con el diablo. Déjeme ese clavo yo. Yo lo voy a resolver.
Pero ¿cómo?¿ Cómo lo vas a resolver?
Yo se lo aseguro que de hoy en adelante mi papá jamás volverá a mencionar siquiera el nombre del diablo. Eso se lo aseguro yo.
Bueno, pero... De todas maneras,¿ quisieron del pagrecito?
No, no. Confía en mi palabra, mamá. Dios, si soy su hijito en la alma, confía en yo. Hoy en la noche mi papá queda curado. Y cuidado que no va a volver ni a beber. Ese problema yo lo arreglo Déjemelo a mí, que yo lo arreglo Yo lo arreglo, jodido
Y así fue pasando aquel día, amigo Don Braulio Eusebio Siguió bebiendo para quitarse la goma Y todo aquel día anduvo de estanco en estanco, amigo De cantina en cantina Y su hijo, Braulio, empezó a hacer su plan.
Bueno, a ver. Todo está listo aquí. Todo listo. Mi pantalón. Mi cotona roja. El chocho, capa negra, jodido. Una máscara con dos hoyos en los ojos. Un foco que alumbra con luz roja. Vamos a ver quién es la Eberrey dispuesta, tío. Aquí están, sí. Ya te la sufres, jovero. Voy a verme en el espejo a ver cómo me veo yo. Joder, así hasta me parezco. ¿Cómo? Aquel tal zorro que sale en las películas, jodido. Joder, así parezco el vivo diablo, son.
El vivo diablo. Y de noche, díganme ustedes, echando juego rojo por los ojos. Jodido, mi tata podrá engañar a estas pobres mujeres. Pero conmigo se jodió, se jodió. Y llegó otra vez la noche de este colostrótico.
Y la noche le cogió en los estancos a don Braulio Eusebio. Y como a las diez, estaba otra vuelta sentado en la mecedora en el oscuro corredor de la casa, hablando solo, amigo. O mejor dicho, llamando al diablo.
Y venga, diablito. Te decidiste al fin a darme los dos millones
por mi alma
Diablo. Diablo. Vení, hombre, acércate que quiero hablar con vos.¿ Le hablo? Vení, hombre, vení.
De pronto, en la oscuridad de la noche, apareció un personaje delgado, amigo. Alto, cara larga y echando luces rojas por los ojos. Don Braulio no podía verle el traje rojo, amigo. Pero inmediatamente sintió el olor a azufre que su hijo... Había quemado en el fogón. Don Braulio Eusebio se quedó quieto. No dijo nada. Pero... El diablo habló así.
Aquí estoy, Braulio. Soy el diablo.
Ay, mamita linda. Se me fue el guaro a la trampa. Chocho, es el diablo.¡ El diablo!¡ El diablo!¡ El diablo! ¡Ay, mamita linda!¡ Es el diablo!¡ El diablo!
El diablo! Y de ahí, Braulio. No querías dos millones por tu alma.
Ay, diablito lindo. Eran pura babosada. Querían hablar chochada, nada más. Pura broma. No, no, no, no me llevé, diablito. No me llevé. Pues
aquí tenés los dos millones.
¿Qué? No, yo no quiero ni uno.¿ Para qué? No, no quiero yo
Vengo por tu alma
No, no, no me llevé. Que soy baboso. Pues eran bromas, picazones. Ahora ya estoy buenísimo.
Para que no andes jugando con el diablo. ¿Qué?¿ Me va?¿ Me va?
Con el
máximo del infierno ¿Qué?¿ A qué? Toma. ¡Ay!
¡Toma! ¡Ay!¡ Me está chipeando el tibio! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!¡ Me está chipeando el tibio! Toma.¿ Qué me dicen, amigo? ¿Eh?
Don Braulio amaneció bien apaleado, amigo. ¿Sí? Lleno de fomento. Le pusieron fomento a toda su mujer y su hija, amigo.¿ Y saben una cosa? Jamás volvió a beber guar, hombre. Jamás en la vida. Y es que el hijo fue el que lo asustó y cambió la voz para que no lo conociera.¡ Ahí nos vemos, Rufaido!
