Qué tal, Gilberto?¿ Cómo estás, hombre? Hombre, el cuentito de hoy,¿ sabes cuál es? El curandero, hombre. Ese es el cuento de hoy. El curandero, ahí le va. Óigalo, óigalo. El sol se sentía fuertemente en el galopio, amigo. La tierra se miraba agrietada por la sequedad de aquel verano segoviano. ¿Sí? ¿Sí? Había sido un mal invierno en aquella época. Los maizales estaban tristes y secos, amigo. El río y el desastre del galope apenas era un hilito de agua que bordeaba
las piedras lisas y resecas por el sol. En fin, todo el paisaje había perdido su brillo de grandeza en el galope. Lo que antes había sido pastizales verdes en el gran llano, ahora era una gran alfombra amarillenta como cuando a un cristiano le entra la bestia, amigo. ¿Sí? El galope estaba moribundo por aquella sequilla. Bueno, oigamos el cuento. Oigamos.
Uf, qué calor, Genara, qué bochorno. Me imagino cómo te sentís vos con esos balandranes que usás hasta el ojo del pie con vuelo almidonado y lleno de terecos como vos tenés
Ay,
Pancracio. Y delantal todavía, chocho, como guantapurra. Ay, sí, sí, sí
pero lo peor, Pancracio, es que este año va a estar duro.
Por qué?
No va a haber ni maíz, ni café, ni verduras, ni nada. El invierno nunca llegó. Que Dios nos ampare. Sigue
nada, pobre gente. Nadie levantó cosecha este año, nadie.
Ah, bueno, pero Dios dirá, Pancracio, Dios dirá
Así es la naturaleza de cruel a veces, amigo. Uno se entusiasma, siembra... Cuida la milpa, espera la lluvia, la bendición de Dios y... Nada, amigo. No hay lluvia. Bueno, pues, aquel día se apareció por la casa de los Prietos un viejo conocido de don Pancracio. También deña Genara. Oigan, oigan.¿ Y ahí,
Pancracio?
Cómo estás
hombre
Genara y... Y no es germógeno. Pues claro,¿ y quién fue? ¿Ah? Vale, hombre, sentate, sentate. Sentate, viejo chancho. No estés
bromeando, Pancracio. No me estés recordando esa barbaridad que me hizo tu primo, Pascual, el otro día en la pensión de Managua
Ah, Hermógenes, sentate, hombre, sentate. Sentate que te voy a dar una limonada.
Ya has visto este bandido que entra, ¿verdad? No llame y cuando se da cuenta uno lo tiene en los pies. Así lo
veo. Así he sido siempre yo. Bueno, vos sabes cómo es Pancracio de bromista, ¿verdad? Bueno, espérate que ya te traigo tu
receta. Hombre hermoso. Te fregó Pascual, ¿verdad? Sí, cómo no, cómo no.
Bueno, Pancracio, ya estuvo suave,
¿verdad? Ese es un dicho mexicano, no nicaragüense. Ya basta, ya basta. No jodas. No, no, no, no te estés
equivocando, que el que se equivoca es un... Ya sabes,
ya
basta, hablemos de otra cosa.
Está bien, pues, Hermógenes, está bien. Pero no es malo reírse de vez en cuando. Sí, sí, pero eso ya pasó, ya pasó, ya pasó, ya pasó. Me estoy olvidando. No se me olvida nunca lo de la cantora. Ya está. Te la hizo Pascual, te la hizo. Pero decime,¿ para dónde te la llevás? Para ningún lado, Pancracho. ¿Ah, no?
No, no voy. Vengo, que es diferente. Ah, sí. Vengo de atender uno de mis pacientes. ¿Ah? ¿Ah?
¿Eh? Ay, que estaba aprendiendo y la besaba. Y yo, uh, con vos, que me quedo tan extrañado... que tengo que recordar las vocales.¿ De dónde decís que venís? De atender... uno de tus pacientes. Vaya, vaya, vaya, que acaso soy doctor vos, Hermogenes.
Bueno, no, Pancracio, doctor, no soy. Pero sí...
soy curandero. Curandero... No me hagas reír, Hermógenes. No, no. Vos no curás ni a tu abuela. Más respeto, Pancracio. Más respeto, por favor. Yo
sé que la señora murió hace mucho tiempo. Claro que soy curandero. Y de los buenos. Lo que pasa es que no hay profeta en su tierra. O
valientes que se pongan en tu mano.
Pero andate a los encuentros y pregunta por Hermógenes Bellorín. Anda a preguntar qué tal curandero soy, ahí vas a ver.
Si curas como tu nombre y tu apellido anda muy mal. Hermógenes Bellori, imagínate. Ahora decime, tu clientela es de los encuentros, ¿sí? Así es, Pancracio
Prieto, qué nombrecito. ¡Ah! Pancracio Prieto.
Un nombre
ridículo. ¿Qué? Ridículo.¿ Qué es eso? Bueno, entenderlo vos si querés los aliviás, ¿verdad? O los silabiás, como vos querrás decirlo. Y lo decís para atrás o para adelante, eso es problema tuya. Vengo de resolver un caso que... Solo de acordarme me da
risa. Pues esa no me la pierdo, Hermógenes Bellorín.¿ Qué hay? Mi orinda. Te gustó el nombrecito, ¿verdad? Pues no está tan malo, ¿verdad? Para reírse es un buen chiste. No, dime. No
soy pariente de Alfredito Bellorín
Ah, no. Nada tiene que ver con vos, Alfredo. Nada, nada, nada. Bueno, pero eso que te da risa tenés que contármelo, hombre. Tenés que contármelo. Y Don Hermógenes, que como ustedes han de saber, es uno de los viejos más mentirosos que hay en el galope.
Ni corto ni perezoso se acomodó en un pato de gallinas a platicar sus experiencias como curandero a don Pancracio. Comenzó a platicar mientras Ñajenara le hacía su limonada. Prendió su chilcagre y tiró un gran escupitazo antes de empezar.
Pues ve, Pancracio, esto es auténtico. Yo soy curandero. Algo que ningún galopeño lo ha sabido ni
quiero que lo sepan.¿ Y tan serio que te pones, Hermógenes Belloriñorinda? Vos curandero. Ay, a saber cuántos
cristianos te han volado. Ah, no, Pancracio, con vos no se puede, hombre.¿ Me vas a dejar contarte lo que te voy a contar o no me vas
a dejar?
Está
bien, Hermógenes Bellorín, está bien.
Comenzá, comenzá. Mira, pues resulta, resulta, Pancracio Prieto, que estando yo en mi casa... se apareció Ña Rosalía Gutiérrez, que como vos sabés, es encuentreña y miembro de una de las familias más nobles de los encuentros. Bueno, pues es el caso que,
Pues así es la cosa, don Hermógenes. Mi hijo después de tomar y tomar con una semana seguida... pues ha quedado como enrollado. Como que no se puede enderezar,
ve. Ya veo, doña Rosalía. Pero dígame,¿ cuándo dejó de tomar trago su hijito?
Ay, pues todavía ayer andaba bien picado... Pero todo fue que llegara a la casa, se metió al excusado. Y después salió así como, así como todo retorcido. Debe ser una enfermedad muy seria, ¿verdad?
Qué
raro, qué raro, doña Rosalía. Pero si él llegó bueno a la casa, es decir, llegó picado, pero caminaba bien, no retorcido. Sí, sí, sí, así
es. Bueno, caminar bien, pues no. Sí, se tambaleaba, pero caminaba. Ah, pero después de ir al excusado, ya salió todo retorcido el pobrecito y pegaba grande en gritos de dolor.
Hombre, carajo, hombre. Qué enfermedad más rara. Jamás había visto yo casos como ese, doña Rosalía.
Ay, figúrese, don Hermógenes, que tiene la cabeza como pegada en la cintura. Y no se puede enderezar. Por más que lo intenta, no puede.
Es decir, como digamos que está, como queriendo pichar, pues.
Es decir
que se ponen agachaditos, así. Agachaditos Empiezan a ver al cácher, ¿verdad?
Pues no sé mucho de eso. O
está como cácher. Es que son dos posturas diferentes. Bueno, está
así como le digo, todo recogidito, ¿ves?
Ajá. Y dígame una cosa,
señora Rosalía. Sí,
¿qué? Ya fueron donde el doctor de los encuentros.¿ No lo han consultado a
él?¿ Y qué va a hacer, don Hermógenes? Si el doctor no te los encuentro. Anda en la capital y quién sabe cuándo vuelve. Vaya usted a verme, don Hermógenes. Usted es buen curandero. Por favor, pobrecito mijo. Estoy segura que después de esta no vuelve a tomarse un solo trago.
Eso es difícil, señora Rosalía. Muy difícil. No esté prometiendo por otros. A mí me han dicho que Gastón, su hijito... que por cierto es bien Gastoncito... es bueno al guásimo. Sí
pero...
La mejor palabra no se dice, señora Rosalía. No se dice...
Pero es que sería el colmo que siguiera bebiendo después de esta desgracia que le ha pasado. Sería el colmo. Vaya, don Hermógenes, vaya. Usted puede curarle de esa retorcida que tiene. Usted puede.
Hombre, hombre, hombre. Está jodido esto. Andaba tomando tranquilo. Llegó a su casa directo al excusado. Y él después salió retorcido, pegándose la cabeza a la cintura. No sería que estaba haciendo un travesur este joder, pero no, hombre, la cintura. Y ahora no se puede enderezar. Hombre... Chucho, este caso sí que... esto sí que está peludo, ¿eh? Pero bueno...
vamos a hacer el intento. Está bien, doña Rosalía, mire... hoy mismo voy a ir... a los encuentros a verle a su hijito... ahí llego a ver a Gastoncito, ahí llego.
Chucho, hermosa niña, vos sí que sos valiente... Te fuiste, pues, ahí a andar metiendo para enderezar al hombre que estaba todo torcido.¿ Qué te parece
Pancracio Prieto? Es lo que te digo, hombre. Yo soy famoso en los encuentros como curandero. Soy famoso.
Híjole. Me estás dando a creer, hermógena Bellorín Urinda. Pero decime,¿ curaste el hijo de doña Rosalía o qué?
Ya vas a saberlo, Pancracio Prieto, ya vas a saberlo. Don Pancracio está venazco, amigo.
Realmente quería saber cómo había hecho don Hermógenes para curar a aquel pobre infortunado. El hijo deña Rosalía era un picadito en los encuentros. Y la enfermedad, pues, era cierta, amigo. Estaba retorcido el muchacho. La cabeza casi le pegaba la cintura.¿ Qué tal? Pero bueno, sigan oyendo, amigo, sigan oyendo.
Pues ve, Pancracio Prieto. Yo me preparé y me fui a los encuentros. me fui en mi linda mula parda... vos sabés que mi mula no anda con cuentos... agarró aquel camino placa, placa, placa, placa, placa... y en un dos por tres estaba yo en los encuentros... en la propia casa de doña Rosalía... aquel hijo de... de doña Rosalía... pegaba gritos de dolor el jodido... hombre y era cierto... Fíjate que la cabeza le pegaba a la cintura y estaba, digamos,
como esos asadores, ¿verdad? Medio retorcido el pobrecito. Pero bueno, entonces llegué y...
¡Ay, bendito sea Dios que vino, don Hermógenes
¡Ay, pena, doña Rosalía Cómo está el infortunado? ¡Ay,
pues allá está en el cuarto, don Hermógenes! Si quiere, si quiere pasamos a verlo, ¿ah? ¡Pasamos! ¡Ah
bien, pues! ¡Vamos! ¡Vamos, que no tengo mucho tiempo! ¡Vamos, vamos!¿ Qué tal, Pancracio Prieto? era cierto... ahí estaba el pobre hijo de doña Rosalía... todo enrollado... parecía caracol... parecía resorte de camión viejo... todo pandeado el pobre... pegaba grandes alaridos de dolor... la cabeza la tenía pegada a la cintura, mira... todos los familiares de la doña Rosalía... la acompañaban... pues pensaban que de un momento a otro el muchacho se
la tiraba pues... pero bueno... Había llegado Hermógenes Bellorinjo y un babosada. Ya
no había que temer. Como quien dice, llegó la mamá de Tarzán no siendo ni el vejuco donde se colgó la chita. Ay,
Pancracio, Pancracio.
nunca te vas a componer bobo... pues sí hombre Pancracio
aunque te rías, aunque te burles... aunque te pandías... te veo medio pandiadito también a
vos... yo soy bien pan...
yo noté que al entrar al cuarto... La gente como que...¿ Cómo te dijera?
Como que respiró alivio.¿ No sería que cuando sintió tu olor se... todos nariciaron?
Hombre, podía ser, ¿verdad? Pero lo descarté inmediatamente. Era la presencia, jodido, del hombre. La que hacía... Vos sabés. Como cuando
llega
un doctor, cuando tenés algún enfermo, ¿verdad? Esa fue la atmósfera que yo sentí. ¿Verdad? Cuando entré, cuando entré a ver al muchacho, hijo de laña Rosalía.
Ven, me la estás haciendo muy largo como Chico Flores, que para pedirte una cuestioncita, una dirección, te da calles, gradas, salidas, no... Seguí, seguí,¿ qué pasó? Sí, pero seguí, seguí
vos solo el que metés la chochada y haces más largas las cosas, está bueno. Bueno, pues, vine yo y entonces, ¿verdad? A ver, a ver, deme el lugar para poder trabajar. A ver, muchacho,¿ dónde es que te duele? Dónde es que te duele? Pues me duele todo el cuerpo. ¿Todo?
No, mira que estoy como colocho.
Bueno
bueno, bueno, un momentito, un momentito. Si estás como colocho, no me sigas enrollando, por favor. Vamos a revisarte mejor, muchacho. Esto que te está pasando es algo raro,
muy
raro. Tienes la cabeza pegada a la cintura Y eso nunca lo había visto yo en toda mi vida profesional No, no, no, nunca
A
ver, a ver, vamos a revisarte pulgada por pulgada A ver, a ver, a ver, a ver Aquí ve Pancracio Vine revisando y revisando al muchacho... pulgada por pulgada... de su cuerpo. Con la cabeza... bueno,
como
la cabeza la tenía pegada a la cintura... entonces vine yo y... le meto la mano... y así quedó curado, hombre. Ahí está. Se enderezó rapidito.¿ Qué tal? Ahí lo curé. Ahí nomás.
Y ahí... No jodas, Hermogenes.¿ Y cuál es el chiste en todo lo que me acabas de contar? No me decís que era lo que el muchacho tenía.
Sí, pero ya te dije. Ya, mira, ya te lo voy a decir, hombre. No
ya me lo dijiste
no me lo volvás
a decir.
Ya te lo voy a decir. Ay, hombre, oye, ve. Ve, Pancracio. El muchacho de la Rosalía era un picadito.
Esto todavía no decimos. Bueno,
pues, pues. Él andaba tomándose sus tragos, pero por cuentas le dio ganas de ir a su casa para hacer aguas. Bueno, bueno,¿ y qué?¿ Qué con eso? Muy sencillo, hombre. Cuando yo le metí la mano entre la cabeza y la cintura porque la tenía pegada, Oye, me encontré con que el carajo, al ir a hacer agua al excusado, se había abrochado el botón del cuello de la camisa con el ojal del pantalón.
Y para qué se dobló tanto ese jodido, hombre? Alguien que lo hace en cuatro patas hace agua. Yo no sé.
Pues así es la cosa, Hermógenes. Por eso era que no podía enderezarse el carajo. Se había abrochado el botón del cuello de su camisa con el ojal de su pantalón. Y claro, quedaba todo enrollado. Y como estaba con sus tragos, no se daba cuenta, pues. ¿Verdad? Y si se daba cuenta, pues al que le importaba.¿ Qué tal? Yo resolví el caso, Pancracio. Yo. Hermógenes Curandero.
Ay, hermoso, no jodas, esos cuentos son peores que los de Ardila, no jodas. Lo curé, lo curé. Curandero, curandero. Eso hasta un niño lo resuelve, curandero. Estafador es que yo, jodido. Y no le cobré, jodido, y no le cobré.¿ Cómo no, chon, que curaste de balde?¿ Qué tal, guliego este, eh?
Cuidado que te pasa a vos eso, hombre. Como el hijo de Ña Rosalía. El de allá de los encuentros, ¿oíste? Que cuando des con tus chimbazos te vas a abrochar la... el botón de la camisa con el del pantalón, ¿oíste? Sí, hombre. Eso le sucedió. En el galope es auténtico, Gulliverto. Es auténtico, ¿oíste? ¿Ah, no lo querés creer? Todavía vive el hijo de la Ña Rosalía, hombre. Auténtico es el cuento, ¿oíste?¡ Ahí nos vemos, Gulliverto!
