El cuento de hoy es muy bonito, Wicho. Se titula El Cieguito. Ese sí es galopeño, Wicho. Claro que sí.¿ Qué no estás oyendo las campanas?¿ Qué campanas, Wicho? Si no son campanas y es tu cuerriel donde el raso guandique da las horas para que el pobre pueblo del galope sepa por lo menos qué hora es.¿ Estás claro? Bueno, son las diez de la mañana en el galope. El clima es fresco y el sol brilla en las montañas pintorescas que rodean el pueblito.¡ Qué lindo es el galope, huicho!
Si no fuera por tanto clavo que hay ahí, sería más lindo. Bueno, y hoy les voy a contar una historia auténtica sucedida en El Galope. Óiganla. Otro personaje muy popular y de muy buena gente es este Don Melchor Guido, de ahí de El Galope también, casado con Doña Irene Villacorta.
Ambos dos eran viejos y no habían tenido hijos. Don Melchor era el hombre más consultado en El Galope Intruido, sabía algo de leyes Y era medio abogado Además tenía un corazón de oro De tan bueno que era, no servía Pues bueno, un día se apareció en el galope un cieguito Llegó al pueblo y se instaló en una esquina de la plaza pidiendo una limosnita La gente le daba El cieguito recorría el pueblo y la gente le daba comida todos los días Un día este cieguito visitó
a don Melchor Guido para pedirle algo.
Usted sabe, don Melchor, uno es pobre y todo, pero a mí me da pena estar pidiendo limosna. Pero, hombre, vos sos ciego. Tenés razón de pedir. Pero a mí no me gusta pedir. Y por eso quisiera suplicarle un favor. Ajá,¿ qué querés? Bueno, pues, yo sé sembrar la tierra y, ayudado por mi perrito, yo puedo arar y sembrar y cultivar alguna cosa. Pero no tengo dónde sembrar. Hombre, quiere decir que si vos tuvieras un tuco de tierra,¿ te atreverías, pues?¿
Te atreverías, como quien dice, a sembrar la tierra? Por supuesto, don Melchor. Yo quisiera que usted me diera cómo hacer una casita en la orilla de su finca.¿ Y vos podés hacer un rancho? Pues, humildemente, pues, yo podría con la ayuda de mi perro levantar un ranchito y cultivar algo. Eso más bien le va a dar valor a su propiedad. Usted solo me va a prestar un tuquito de tierra, un pedacititito. Hombre, está bien, ¿no? Yo te voy a
dar donde haga una casita. Preferiblemente a la orilla del camino, don Melchor. Así es mejor. Porque usted sabe que yo soy cieguito. Ah, sí, sí, claro, claro. Contá con que te doy donde hacer un ranchito, contá con ello. Ah, y te voy a prestar... Digamos, dos manzanas de tierra para que sembres tu maicita. Gracias, don Melchor. Dios lo bendiga. Usted es un santo. Yo sabía que usted era buena gente. Oíme,
llega mañana a la finca. Ya conoces, ¿verdad?¿ Qué si? Bueno, llega para que escojamos el lugar donde vas a sembrar y hacer tu casita. Llega mañana en la mañana que yo estoy ahí.
Hombre, y de ahí fue admirable aquello. El ciego madrugó casi. Al día siguiente estaba en la finca. Don Melchor le señaló el lugar donde podría levantar el ranchito a la orilla del camino. Y sin perder tiempo, aquel ciego se puso manos a la obra. La gente hasta que quedó asustada. Pero la verdad fue que en quince días ya el cieguito estaba instalado. Melchor...
Y cómo hace ese cieguito para poder cortar madera, abrir hoyos, clavar clavos, hacer la solera de una casa?¿ Cómo hace para hacer todo eso, ah?
No lo sé, Irene, no lo sé. En realidad yo no sé cómo hace. Pero lo que yo te sé decir es que ese ciego es pencón. Es pencón, Irene. Y ya está viviendo en la tierrita que le presté. Ya terminó de hacer su ranchito.
Y ahora qué?¿ Qué más va a hacer? Bueno,
va a sembrar maíz.
Va
a cultivar la tierra. Él dice que puede hacerlo con la ayuda de su perro. Bueno, bendito sea Dios. Bendito sea Dios que nos permite ayudarle a un pobre cieguito. Bendito sea Dios.
Como un mes después de haberse instalado el cieguito en aquella tierrita que le prestó Don Melchor, La gente de la finca y de todos los alrededores empezaron a oír que aquello era alegre. Sí, parecía que aquel cieguito estaba muy adelantado. No solo había hecho casas, sino que hasta, hombre, hasta luz eléctrica tenía. Y había instalado una roconola y parecía que también vendía un subuarito muy especial. Bueno, en dos palabras, bueno, hablando ya en buen castellano, aquello era
una cantina. Cuando Don Melchor llegó a la finca y empezó a oír la música en la lejanía... Hombre
y esa música que se oye? ¿Dónde
¿Cuál,
no? Oigo como... hasta como unos mariachis
Ay, pues sí, ay, pues sí, ay, pues sí. La música suena ahí donde el cieguito. El ciego ese, jodido, que le dio posate. Tiene música en un chunchón de esos así grandote, grandote, grandote.
¿Qué? El cieguito. tiene música... pues si
hay por
cuenta pues... que tiene alguna roconola pues
bueno pues... pues puede ser así como carambola esa... que suenan pues... sí bonita es la jodida paraqueón... y ahí es alegre patrón... vieras que el sábado jodido... puta y eso es... hasta que truena jodido...
con que así es la cosa...
no y la cosa es más... lloro No, pero vea, le voy a decir que eso está bueno ahora, patrón. Ahí hay de todo. Hasta chavalonas de quince. Así es como entre catorce y medio y quince, patrón. Hasta que le... Vea, hasta que le tiemblan a uno las pateras, oye. El corazón se me hace... Cuando yo llego ahí, vea, entre catorce y medio y quince años encuentro a unos chavalas.
Hombre, entonces es cantina.¿ Y es prostíbulo?
Pues yo no sé, pues, esas cosas de aquí, pero... Pero hay aiguaro, bello. Música. Bailadera y muchachas de todas las edades. El ceguito, pues, dice que las compra y las vende, así como...¡ Santo
Dios! No, no, no voy a tener que hablar con el tal ceguito cuanto antes.
No, y otra cosa, patrón. Yo no sé cómo es que es ciego ese jodido, bello. Fíjese que a cualesquiera le gana al machete. ¿Eh? Jodido, y no he visto jodido como él. Al machete. Cuando hay algún pleito, entra él, bella. Y con el machete en la mano no hay quien le gane. Ya lleva seis heridos en un solo mes. ¿Seis? Y al hijo de la moncha le pegó un machetazo que por poco lo mata. Y eso siendo ciego, este jodido.¿ Qué tal si mirara?
Hoy vieron de él ahora mismo. Ahora mismo. No, don Melchor, cantina. No, don Melchor, no. Aquí lo que yo vendo es fresco de piña, puro fresco de piña. Claro que a veces los indios se embolan y se pasan, pero yo vendo fresco de piña. Ajá, fresco de piña.¿ Y la música?¿ La música?¿ Cuál música, don Melchor? Pues la música que se oye en esa roconola. Pues ni de ahí es pecado eso, pues. Bueno. Una musiquita para uno estar tan aburrido. La música alegra el espíritu, don Melchor, y por eso
don Natán me trajo esta roconola. Hasta los animalitos del campo se alegran. Agradecido debería estar usted con que haga música. Se me hace que hice un mal negocio. Esto es una cantina. No, no, no, hombre, don Melchorcito. No, no, no, no. Se lo juro que no, no. Ajá. Dicime otra cosa. Dicen que hay pleitos y todo. Y que vos te agarras al machete con cualquiera. Bueno, pues eso sí. Eso sí, para ti, sí. Yo no admito que nadie me falte
al respeto. El que quiera pleito se agarra con yo. Pero, hombre,¿ vos sos ciego o no sos ciego?¿ Cómo es posible que un ciego pelee machete en mano? Yo no sé del hilo, don Melchor María, es la que surce. Pero si usted duda, mire, mire mis ojos, mire.
El ciego se quitó el par de anteojos negros oscuros que usaba y Don Melchor se arrimó para verle las enormes cuencas vacías y muertas. Tenía los ojos hundidos y encima de ellos una capa blanca como una gran nubazón. Era ciego, totalmente ciego. Don Melchor terminó por decirle... Bueno, hombre,
no quiero escándalos aquí, Don Melchor. Quiero pedirle otro favorcito. A ver.¿ Me permitirá tirar venado a su finca? Hombre, pero si vos sos ciego. No importa. Yo puedo tirar venado. Ah,¿ puedes tirar? Sí. Anda y me traes algo. Bueno, gracias, John Melchor. Oíme. Si yo averiguo que vos vendes guaros y tenés hasta un prostíbulo, como dicen la gente, y se arman pleitos y macheteaderas... mirá voy a tener que quitarte de aquí. Le gustaría, le gustaría.¿ Cómo decir?¿ Cómo decir?
Digo que... digo que tiene razón, don Melchorcito. Tiene razón. Si usted averigua algo de eso, me quito de aquí. Tiene razón. Pero no crea lo que dice la gente. No ande creyendo cuentos, don Melchorcito, no ande creyendo. Son envidias, puras envidias. Envidias de la gente, pura envidia, pura envidia, don Melchorcito.
Un mes más tarde, y a pesar de las palabras del cieguito, a pesar de todos aquellos argumentos, don Melchor andaba muy preocupado y más preocupado que nunca, y así se lo hizo saber a su mujer. Irene, Irene,
me tiene preocupado este
asunto.
¿Cuál? Hoy lunes que fui a la finca encontré tres picados tirados a la orilla del camino.
Ay, no hay duda, pues. Ese es el estanco que
tiene el ciego. Y nada es eso, Irene, nada es eso.
Lo
peor, Jesús Lezama andaba buscando a su hijita de 14 años. ¿Y?
Y
la encontró en el río, dormida, picada, borracha.
Santísima Virgen, esto ya es intolerable, niño.¿ Hasta dónde va a llegar esto? Tenés que hacer algo, Melchor. Lo primero es hablar con el ciego y sacarlo de ahí. Nos está arruinando la propiedad.
Tenés razón, Irene, tenés razón. Hoy mismo hablo con él y voy a decirle que se vaya. Que se vaya de una vez.¿ Cómo dice, don Melchor? Así como oye. Que me vaya. A mí, a un pobre cieguito. No, hombre, qué árbaro que es usted. Después que le he dado valor a todo esto, don Melchor. Yo no resisto más abuso. De modo que quiero que salgas de aquí cuanto antes. Óigame, don Melchorcito.¿ Está hablando en serio?¿ En serio, en serio? Pues claro que sí. Esto es algo en serio, muy
en serio. Ah, muy en serio. Sí, señor. Muy en serio. Muy en serio. Bien serio. Bien serio, porque esta propiedad es mía además. Pues si vamos a hablar en serio, don Melchor... pues de una vez le digo que no salgo. No hay poder humano que me saque de aquí. Pero... esta es mi propiedad. Mi propiedad. Era. ¿Cómo? Era. Era, don Melchorcito.¿ Cómo que? Tiempo pretérico, pluscuamperfecto y gerundio. Era. Es. Ahora ya no. Consulte a su abogado y, si puede,
venga a sacarme.¿ Estamos claros? Cháqueme, si es que puede. O yo, don Melchorcito.
Amigos, y después empezó una lucha de papeles. Una lucha abogadil. El Cieguito tenía a su abogado y había inscrito aquella propiedad como suya. Hombre, y tenía pata con el comandante. Y el colmo era que echaban muchos viajes al comando porque el Cieguito hasta había comprado una camioneta vieja y sabía manejarla.¿ Qué tal? El Cieguito manejaba hasta carros.
Fuiste un del abogado, Melchor.¿ Y qué te dijo?
Todo esto está muy feo, Irene. Muy feo. Y ha hecho un enredo de once mil demonios.
Eso.
Imagínate que ahora el ciego reclama toda la propiedad. Dice que tiene títulos y todo.
Qué reclama toda la propiedad?
Sí, Irene. Realmente estoy agobiado. Todo por darle ayuda a un cieguito.¿ Qué clase de cieguito es este, Dios mío? cantinero, dueño de prostíbulos, corruptor de menores y asesino. Y dicen que es amigo el comandante y que toda la guardia es su amiga. Pero Jimen
Melchor,¿ y tu abogado
qué dice? Dice que me arreglé con el ciego en alguna forma, porque el pleito es largo. Imagínate vos, Irene. Podemos pasar cien años peleando la propiedad y al final no se sabe cómo puede quedar todo. Ay, así es la cosa, Irene, así es la cosa.
Pero don Melchor no cedió por vencido. Peleó, peleó y peleó hasta el final. Dos años más tarde quedó viudo al morir doña Irene. Pero él siguió peleando. Gastó todo lo que tenía en aquel pleito. Y al final, más viejo, anciano ya, sin un centavo, terminó perdiendo no solo la finca, sino hasta la casa que tenía en el galope. El final de sus días, don Melchor los pasaba sentado al pie de un tamarindo en la plaza del galope pidiendo limosna.
Una limosnita, por el amor de Dios, una limosnita. Yo soy ciego, pero de pendejos no tengo un pelo. Cieguito y todo, pero conmigo se joden, no, no, no, no. No se ponga nadie a pelear con yo porque se jode. Yo no tengo ojos en la cara. Pero yo huelo como el venado. Y hace todo. No, no se metan con yo. Yo soy ciego, pero donde pongo el ojo pongo la bala. Chonita, amorcito... Dame el 22 y llénamelo de tiro. Estoy oliendo que en la vega del río ando un
venado y voy a ir a tirarlo. Dame el rifle, pronto.¿
Qué tal, güicho? Esta es la historia del famoso ciego que llegó un día al galope, le quitó la propiedad a un melchor, puso cantina y casa de prostitución, Ciego que con el machete era temible, a la pistola también. Y encima tiraba venados y manejaba su camioneta.¿ Qué tal? Y era ciego. Ciego, ciego, ciego. Échenme ese trompo en la uña, bicho. Aprende la leución, hombre. A veces uno queda en la calle por ser demasiado bueno. Aprendete que
la caridad es buena. Pero la caridad bien entendida... Y esta caridad bien entendida empieza por casa...¿ Estás claro, bicho? Hay veces, por hacer un favor,¿ no ves esos que piden posada y se les roban toda la cuestión a la... ¿Hm
Hay novenos, hermano!
