Cómo estás, Gulliverto?¿ Cómo estás, hombre? Aguantando lluvia, ¿verdad? El cuentito de hoy, ¿querés? Aquí te ve el cuento, hombre. Vamos con el cuento, decíamos, ¿verdad? Don Tencho López, hombre, ese es el cuento de hoy. Don Tencho López, ahí le ve el cuento, óiganlo, óiganlo. Gulliverto, A este don Tencho del cuento, pues, yo lo conocí muy bien, hombre. Hablé mucho tiempo con él y conocí también a sus hijos. Era un buen viejo don Tencho, bueno, pero a varo como él solo. Ya lo van a ver, ya lo
van a ver. Amigo, en el campo es donde yo he conocido a la gente más pintoreja. Gente buena como el abuelo, gente mala, gente fregona, gente triste y gente alegre también,
amigos
Todos estos tipos de gente ahí en el campo. No podía decirles cómo era don Tencho, pero se los voy a describir en una conversación que tuve con él. Oigan, oigan.
Ah, Panchito. Hombre, decime una cosa.¿ Cuál es tu mayor ambición en la vida?¿ Mi
mayor ambición, decime? Bueno, pues... Pues podría ser... Poder comprar una finquita, hombre. Por lo menos así como la tuya.
Eso, Panchito, hombre. Esta finca es chochada, hombre. Fincas eran las que tenía mi abuela... las que perdí en tiempo de los conservadores.
Serían tan grandes como... como la que compró Concho... Concho Sierra, hombre.¿ Qué
Concho Sierra compró finca
Sí, hombre. Él dice que compró una finca grandota, hombre.
No me hagas reír, Panchito. Esa finca que dice Concho no es finca ni es nada, hombre. En esa finca vieja, vos metés a un potrero un caballo... y le queda la cola por fuera.
Cómo es eso, don Tenchoa?¿ Cómo es eso?
A la gente le encanta fachentear.
Finca. Finca. Concho dice que es grande la finca de él. Vos
en esa finca de Concho... Metes un gallo y se le quiebra la cola, no puede ni dar vuelta. Esas son las fincas de ahora. Fincas eran las de mi abuela. Llanos enormes, montañonas enormes. Montañas que se te perdían de vista, no me voy a abusar, hombre.
Bueno, pero...¿ Dónde están esas fincas, don Tencho?¿ Dónde están?
Pues... Bueno, te digo, Pancho, que se perdieron en tiempo los conservadores, pues.
Y de verdad eran tan grandes, don Tencho.¿ Eran tan grandes esas fincas? Claro que sí.
Esas eran fincas. No ahora que le llaman finca a un corral viejo.¿ Y de ahí? ¡Hulalia! ¡Hulalia!¿ Qué estás haciendo, hombre?
Y de ahí? Pues limpiando el fogón.
Ajá, y por eso botas la ceniza. No fregues, hombre.¡ Qué bárbaro más grande, hombre!¡ Guárdame esa ceniza en un saco pronto!
Y para qué, don Tencho?
Cómo que para qué, hombre? Pues para venderla, hombre. Yo viendo la ceniza en Masaya, 15 bollos del saco. De qué esperanza, botando
la
ceniza.
De verdad, don Tencho. Vende la ceniza a usted, hombre
Sí, Panchito. La gente de Masaya mucho me quiere. Me compra todas las cenizas que llevo. En Masaya, mucha gente me quiere. A mí, claro que sí.
Y era verdad, amigo. De cuando en cuando, pues, don Tencho se iba más allá y andaba por las calles vendiendo las cenizas. Aquí
va la ceniza blanquita, blanquita, quince centavos el saco. A ver, don
Tencho Bella, denme un saco, por favor. Ay, pobrecito el viejito. Tan ancianito y trabajando.
Ay, gracias, mija, gracias. A ver, aquí. Un saco nada más. Los vivos viven de los babosos. Ese es un dicho muy cierto. La ceniza, la ceniza blanquita. Va a querer, marchandita, va a querer
la
ceniza blanquita. A ver, a ver, a ver. Deme un saco,
don Tancho. Deme un saco de ceniza.
Ay, pobrecito viejito, hay que ayudarle.
Hay que ayudarle.
Don Tencho, aunque es difícil describirlo como les dije al comienzo del cuento en toda su plenitud, pues era la estampa viva de los pintorescos que son nuestros ancianos cuando han recorrido mucho en la vida. Dueño de una gran sabiduría popular, amigo. A mí me encantaba oírlo hablar. Me gustaba oírlo decir sus cosas.
Mirá, Panchito, uno aprende mucho en sus años de vida. La vida te da experiencia. La experiencia te enseña a desenvolverte en todo terreno. Debe ser, Tontencho, debe ser, claro. Y es que uno, Panchito, uno debe aprender a ser orrativo.
¿Cómo?
Orrativo.¿ Cuántos problemas evitaría la gente si fuera orrativa durante toda su vida?
Bueno, pero... No será pinchería ser tan agorrativo como es este hombre.
Sabía que eso me ibas a decir, Panchito. Ya lo veía venir. Claro, lo sabía. Pero no, no se trata de pinchería ni de nada de eso. Bueno, la gente piensa que yo soy un gran pinche. Pero es tan equivocado eso.
Sí, don Tencho. Y no es así. No,
Panchito, no es así. Sí. Lo que pasa es que uno ya viene con el ánimo de ser trabajador. Y a nadie le gusta desperdiciar lo que tanto le ha costado. Si no, fíjate. Las personas que más prosperan en la vida son las personas que más trabajan para tener lo que tienen. Y a los que les dejan herencias. A los hijitos esos de crobatita, de los ricos. O esos que solo viven robando las cosas. A eso muchas veces se les acaba el dinero.¿ Y sabes por qué, Panchito?
Pues... No, don Tencho.¿ Por qué, ah
Bueno, porque solo saben gastar. Gastar y gastar. Lo que no les ha costado nada. Es que es muy fácil recibir una herencia y robar. Agarrar las cosas ya hechas es muy lindo. No, o sea, hay que penquearse, papá, para que cueste aquello. Por eso, Panchito, para saber eso, hay que haber vivido. Hay que haber tenido muchos golpes en la vida Hay que llegar a saber lo que es el trabajo pesado Panchito hay que penquearse¿ Estás claro?
Sí, don Tencho, estoy claro, hombre Clarísimo
Por eso, ahí me ves Peleando con la Eulalia Peleando por unas cenizas Todos se ríen de mí por aquí
Hombre, este se me parece un amigo mío, Ernesto Ramírez, el abuelo.
¿Ah, sí? Pues me lo saludás. Claro, se lo saludamos. Que no sea pinche, síle. Pero solo yo sé lo que cuesta el trabajo. Yo sé lo que es no desperdiciar. Yo sé bien eso. Yo lo sé.
Pinchería diría vos, Willyberto, ¿verdad? ¿Pobretería? ¿Mesquindad? Bueno, yo no sé. Pero así mismo como les cuento, así era Don Tencho. Se iba más allá con cuatro sacos de cenizas y venía sin ninguno, Willyberto. Y eran a quince centavos oro cada uno, ¿viste, Willyberto? Me acuerdo que decía...
De los tontos viven los vivos. No hay dicho más cierto ni más sabio. Los vivos viven de los pendejos.
Otra de las cosas que decía Don Tencho, porque según él era muy económico, muy agorrativo, otra de las cosas que decía era lo siguiente, oiga, oiga.
¡Ulaliar! ¡Ulaliar!
Qué dice, don Tencho
Hombre, como que te veo que estás botando las cáscaras de guiney, hombre. Pues sí, ni los
chanchos la quieren ya.
Qué bárbara!¡ Qué bárbara! No volvás a decir eso.¿ Vos crees que uno es millonario botando las cáscaras? No solo para los chanchos sirven, hombre, también para la gente. Vieras qué ricas son con salita y chilito. ¿Cómo? Pues sí, las cascaritas de guineo con salita encima y con chilito ahí son riquísimas.¿ Nunca las has probado? No, don Tencho, nunca. Bueno, pues, guardámelas que hoy me las voy a comer yo. Yo voy a comer cáscaras de guineo con sal y chilito. ¿Qué?
No me lo vas a creer, Gulliverto. Muchas veces comió cáscara de guinello con sal y chile. Don Tencho, hombre. Yo lo vi, hombre. Yo mismo lo vi. Y decía yo, ¿eh
Hay que ser económico, Panchito. Hay que ser económico. La gente es muy botarata. Muy botarata. Yo nunca desperdicio nada. Nada, nada, nada.
Así vivió Don Tencho muchos años, amigo. Era un viejito... pero un viejito sano. Hacía mil economías. Sus hijos no vivían con él. Decían que era muy pinche. Y un día... Don Tencho amaneció enfermo, amigo. Enfermo. Y dando sus instrucciones a la Eulalia. Oye, oye.
Eulalia.
Eulalia. Sí, Don Tencho.
Aquí
estoy, Don Tencho. Dígame,¿ qué quiere?¿ Qué es lo que quiere?
Mira, Eulalia... Yo siento que me estoy muriendo. Me muero.
No diga eso, don Tencho. Usted no se va a morir. Dios no lo va a permitir.
Cómo no, Lalia? Tus mismas lágrimas delatan que el deutor ya te dijo que poco me falta para irme a la otra vez.
No, don
Tencho. Perdóname.
Pero qué le pasa, don Tencho? A ver, dígame,¿ dónde le duele? ¿Dónde? Ay
no te obligas, mija. Son los dolores de la muerte que ya está rondándome. Debe andar por el corral. Anda inspeccionando el lugar antes de atacarme de nuevo.
A ver, a ver. Le voy a rotar la espalda, don Tencho. A ver. De esa vuelta.
A ver, de esa vuelta. A ver, a ver, aquí. No, no, no. Olvídate de eso.
Quiero
decirte algo antes que me vaya. Sin darme vuelta, no. Quiero decirte y recomendarte algo.
Qué cosa, don Tencho?¿ Qué es lo que quiere decirme?
Mirá, Blalía. Vos has vivido mucho en esta casa. Quiero que siempre te acordés de lo ahorrativo que sigo durante toda la vida. No botes la ceniza. Acordate que valen reales. Acordate que Don Tencho...
No hable de eso. No hable de eso, don Tencho.
No, no, no, mija. Además, mirá. Los carajones de ganado o de gallina. O los desperdicios de basura. Tampoco los botes. Bueno, pero... Acordate que sirven de abono... Es que yo los vendo donde don Rómulo Ortiz. Él siempre los compra. Y a vos también te los va a comprar.
está bien don Techo todo eso voy a hacer si usted quiere pero no hable más por favor le hace daño ya no hable más don Techo quédese quedito ve
no boté nada nunca un tornillo un clavo un que esté oxidado Una tuerca. Aunque la hayan
sacado mucho. Una hoja de afeitar. Una bujía fundida. Nada, mi hijo, nada. Hay que botar. Todo sirve algún día. Ay, don Lecho, no hable más.
Y no les estoy mintiendo, amigo. No. Toda aquella noche, Don Tencho pasó aconsejando a Leolalia. Toda la noche. Hasta que amaneció grave, amigo. Fue el día en que se murió. Estiró la pata. Yo estaba allí cuando dijo su último deseo. Fue en la madrugada. Olalea.
Qué fue, don Techo? Olalea.
Vos sos la única que me has querido. La que me ha aguantado. Mis hijos me abandonaron. Por eso para ellos...
Nada. Don Techo... No sigas.
Vos que sin ser nada mío me has cuidado. Yo la que merece es quedarte con lo que tengo. Esta finquita es tuya y otra cosa.
Y hasta viene a estar llorando. Aquí debajo de mi cama hay algo enterrado. También es tuyo.
Panchito, Panchito. ¿Sí, don Tencho? Esto que está enterrado aquí es aquello por lo que muchos se reíban de mí. Ayudale a Anulale a sacarlo. Sí, le voy a ayudar, sacarlo de aquí. ¿Oíste? ¿Oíste, Panchito? ¿Oíste, Panchito? ¿Oíste?
Y murió, amigo. Aquella noche fue la vela. Al día siguiente la entierran. Sus familiares llegaron, pero ni discutir. El viejito había hecho su testamento ya. La finquita le quedó a Leulalia, la sirvienta de la finca. Pero lo que quiero contarle es esto, amigo. El entierro de don Tencho era verdad, ¿sí? Debajo de su cama escarbamos y encontramos una tinaja llenita de monedas, amigo. Total, la Eulalia quedó rica. A los días ella me comentaba. Sabes una cosa,
Pancho
Él dijo que por este entierro muchos se rieron de él.¿ Sabes una cosa, Pancho? Estas son las monedas que fue recogiendo de la venta en la ceniza.
Por
oro.
Tantos reales?
Sí.
Tantos reales recogidos vendiendo sacos de ceniza? Pero así fue, amigo. Así fue, Don Tencho López dejó una gran fortuna a Leulalia, la sirvienta de la finquita, una gran fortuna. Yo la conocí rica Leulalia, amigo, así era Don Tencho, un viejito avaro, vivía ahí en un alto de Masaya, ¿sí? Ahora pasa una carretera nueva por ahí. El cuento es auténtico, amigo. Auténtico.
