Qué tal, Wilberto?¿ Cómo estás, hombre?¿ Qué tal? Bueno, pues vamos con el cuentito de agora, Wilberto.¿ Sabes cuál es? Don Telemaco es el cuento de agora, hombre. Don Telemaco. Aquí va el cuento de hoy. Oigan. Don Telemaco. Este cuentito, Wilberto, me lo palabrió mi buen amigo Omar Jaén, de aquí de Managua, ¿oyiste? Nada más que yo le voy a cambiar los nombres,¿ estamos claros? Él bien sabe quiénes son las personas de este cuento, pero vamos a cambiarle los nombres, ¿sí?
Cualquier parecido con alguna otra persona, pues, es pura casualidad, Wilberto, pura coincidencia, ¿oyiste? Aquí ve el cuentito, óiganlo, óiganlo. Don Telemaco había sido un gran albañil en sus tiempos, Gulliverto. Era maestro de construcción, oíste. Muy buen hombre, hombre. Buen trabajador. Toda su vida había sido albañil. Ahora ya ancianos pues lo buscaban para dirigir obras de construcción, estamos claros. Don Telemaco es amable y hablantín. Sí, se los digo porque
todavía vive Gulliverto. Y le gusta mucho criticar a la gente. Uh, esto fue antes del terremoto, sí
güey. Sí, hombre. En mis tiempos es verdad que no se construían esos grandes edificios. Pero las construcciones eran mejores que ahora, hombre.¿ Por qué dice eso, don Tele?¿ No le
gusta el Banco Central a usted?
Hombre, no. No me gusta porque está fuera de plomada.
Cómo dice, don Tele?
Sí, hombre, fíjate bien. Ponele la plomada desde arriba y vas a ver tapando. Pando, pando, pando. En mis tiempos no permitíamos eso.
Así es que, pues,
según usted, pues, el Banco Central está mal hecho. Tiene mala la plomada. Está desplomado. Pero bueno, dejá de hablar, chochada, y seguí cerniendo la arena. Acordate que estás ganando por el día. Ya voy, Dantele, ya voy, hombre, ya voy. Solo me voy a tomar un refresquito. Ese es otra maña de los trabajadores de ahora. Solo hartándose viven, solo hartándose. Y le meten plática al maestro para no estar trabajando, sino que platicando. Yo solo como tres veces al día.
Y entre comidas no tomo ni agua. Por eso he durado tantos años.¿ Y con cuántos años tiene usted, don Tele? Pues voy por los setenta y pico. Pero tengo más energía que todos ustedes juntos. El pico debe ser grande.
Ahí
van otra vez los bomberos,¿ te fijas? Es que se ríe usted, hombre. Pues de la gente, hombre, de la gente. ¡Ay, qué gente más bruta!¡ Qué gente! Pero ahí me están dejando que las cosas cojan fuego. Puro descuido. Y los pobres bomberos son los chanchos.
Dicen que se incendió una fábrica de triquitracas.
No te digo.¿ De qué dijiste? Triquitracas. Triquitracas, hombre. No la conoces. No, es que te oí otra cosa. Cachifrina, pues. No, ya te entendí. Ah, bueno, entonces. Sabes que todo se quema por puro descuido. Los hombres por estar fumando tiran las chivas al suelo y saca también el incendio. Está bueno que les pase por caballos, por puro bruto. Está bueno. Es la desgracia, Montel, es la desgracia. No, hombre, no. Qué desgracia, ni qué canilla he muerto. Puro descuido. Descuidados
que son. Las mujeres por estar hablando del prójimo y los hombres por estar jugando y fumando. Así es la cosa,
pues sí, yo le digo que la pura desgracia, pero yo digo una cosa,¿ por qué usted cuando pasan los chunches eso le
da risa? Ya
sabía que me ibas a
preguntar eso, porque siempre me lo pregunta. Me da risa la gente, hombre, yo me río de la gente. Perenne pasan los bomberos hasta dos veces en el día. Todo por el descuido de la gente, puro descuido. Ay, si no es un turco con un turcocircuito, es una cocina que se incendia, es una fábrica de pólvora. Es una de granja. No, no, no, no. Una estufa en el mercado. De perenne, Jesús, de perenne. Y todo por puro descuido, por puro descuido.¿ Me entendiste? Pues sí,
claro, pero yo digo que es pura de
granja. No, puro descuido. Bueno, seguís herniando la arena, apurate, que para eso estás ganando por el día. Amigo
esos eran los comentarios de Don Telemaco cada que pasaban los bomberos. Le agarraba un ataque de risa a Gulliverto. Sí, se moría la risa cuando veía pasar la sirena en los bomberos.
¡Ay! ¡Oiga, monstruo!
Otro incendio? ¡Ay, ay, ay!¡ Otro incendio! Dicen que es un algodonal y todo por puro descuido.¿ Alguna chiva que tiraron?¿ Alguien estaba melenteando ahí? ¡Ah, gente, gente!
Esa risa suya es contagiosa.
Me dan risa a mí los incendios, todo por descuido de la gente. Puro descuido, puro descuido.¿
Ya me contagió?¿ Ya me contagió? No hace pendejo ni reírse a Chavejo, digo.
Muy contagiado.¿
Y de qué se ríe tanto?¿ De
qué
se ríe? Es que
esto
es
un telemoco. Es que se
ataca de risa cada
vez.¿ Qué pasa en los bomberos
Eso no es motivo de risa. No, hombre, no es motivo de risa.¿ Y a vos qué te
importa, muchacha rejodida?
Yo
igualito a todas las mujeres. Es lo que digo si solo en mi casa es donde no la dejo ni respirar. Ahí nadie anda jugando naipes ni canaste en la calle
Me duele el estómago. Y a
mi mujer le apaleo si anda de vaga.
Por
eso la tengo como sedita.
Así dicen todos ustedes.
Oh, cállate, muchacha jodida. Seguí vendiendo tus tortillas. Vamos, seguí tu camino. Pronto, metida. Metiche. Oiga, Antele. Sí. Usted me dice cómo está el
piso, Antele.
Mírelo.
Yo sé que usted es bien delicado. Mírelo.¿ Qué le parece?¿ Qué
le parece? Vamos a ver, a ver, déjame. Pásame el paraguas. Vamos a comprobar si está bueno. Mira, se prueba así. Si la punta del paraguas corre bien en los empalmes de ladrillo con ladrillo, es que está bien. Bueno, pues entonces pruebe, hombre, pruebe. Es lo más fácil, hombre, pruebe. A ver, déjame ver, a ver, a ver. Está mal. Quítame este ladrillo y lo volvés a poner. Este quítalo, quítalo. ¿Este? Este.¿ O esta? Este, jodido. Aquí no hay mujer para que
sea esta. Este. Ya está, pues, hombre. Ya está Relajo.
Chocho, hombre. Francamente,¿ cómo se dio cuenta?
Hasta es tremendo, hombre. Cuando te puedo decir que el tal Banco Central está desplomado... Calculá que tú, co-constructor, soy yo. Yo le pruebo a cualquier ingeniero que ese banco está desplomado. Sí, pero usted no es ingeniero, ¿verdad? Pero sé más que todos ellos juntos. Yo diseño planos con mi amigo el maestro Gil. No, Will, Will, Will, Will, el flaco. El flaco patango. que dice que nació en 1928, ya se me olvidó porque era 1918. El banco no está desplumado, lo que
está es desplumado. ¿Desplumado? Sí, hombre.¿ Tenía plumas antes? Es que no hay nada. Ah, Maestro Will,¿ qué te parece? Maestro
Will
ay, jovencito, aquel río.
Oiga, Montele. Otro incendio.¿ Otro qué? Otro incendio. Ya me está contagiando.
Alguna canción que se incendió el tanque de gallas. Y alguna vaga que dejó solo la cocina para irse a jugar canasta. Qué lindo que te reí, jodido. Igual a usted. No, hombre, cómo te vas a reír como yo. Vagancia, hombre, pura vagancia. Jamás entraste. Ya me
está
contagiando otra vuelta usted. Pura vagancia de las mujeres
que dejan sola su
casa. Eso es todo, eso es todo.
Qué les parece, amigo? Así era Don Tele, Wilberto. Característica especial en él era reírse de la gente cuando pasaba la sirena de los bomberos. Y sus comentarios, pues, eran diversos, ¿oíste? Sí.
Otra sirena de hotel? Sí, hombre. Es alarmante esto, hombre.¿ Y hasta por qué se ríe tanto? Ay, dicen que se está quemando una casa en un barrio rico. Con seguridad alguna señorota que andaba jugando canasta. Y dominó. Y dejó la casa en poder de la sirvienta. Era hombre. Y ella por estarse viendo con el chofer se descuidó. Eso es todo. Puro descuido. Puro descuido. Tal
vez no, don Tele, hombre. Tal vez fue algún cortocirculito,
hombre. ¿Qué? Un cortocirculito. ¿Ah? Esos caballos.¿ Por qué? Cortocircuito. Lo mismo es, hombre. Además, los cortocircuitos solo los hacen los turcos. a medianoche en sus tiendas, nunca en su casa de habitación, fíjate bien.¿ Por qué, don? Lo que pasa es que las señoronas de ahora solo viven jugando canasta y dejan sola la casa. Está bueno que le pase, está bueno. Breva,¿ cree que ahora no me está contagiando usted mucho? Sí, ya lo dije, ¿no? Dichosamente. Es que mire, don Tel, hasta
no le gustaría, ¿verdad?, que su casa se quemara, ¿verdad?, que hubiera un incendio
En mi casa no va a haber incendio, hombre, porque ahí no hay nadie que pueda pegarle fuego por descuido, ¿verdad?, ni hay nada que pueda coger fuego. Y como no tiene luz, no hay cortocirculito, pues. Bueno, además mi mujer ahí se mantiene y mis nietos también. Ajá. Pero bueno, pues, la desgracia es la desgracia. No, hombre. Es cuestión de tener cuidado y de cuidar uno su casa. ¿Ves? Otro. Otro. Otro ingenio. Otro ingenio. Algo otro carajo descuidado. Ay, es
que la gente es muy descuidada. Muy haragán y muy irresponsable, hombre. Sí, es lo que digo. Es lo que te digo. ¡Ja, ja ja! ¡Ja,
ja,
ja
¡Ja, ja,
ja! ¡Ja, ja, ja
¡Ja,
ja, ja! ¡Ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja! ¡Ja, ja,
ja!
¡Ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja!
Y así era, amigo Así era cada vez que pasaba la sirena de los bomberos Era ataque de risa la de Don Telemaco Aquel viejo maestro constructor, hombre Simpático el viejo, ¿verdad, Wilberto
Ah
pero Dios tarda, pero no olvida, Wilberto Sí, hombre Porque un tiempo después ocurrió algo que quiero contarles ahorita. Oigan,
oigan.
Don Telemaco vivía por el gancho de camino en ese tiempo, Wilberto. Y estaba haciendo una construcción ahí por la cervecería. Siempre palabreando con su ayudante y los albañiles. Y siempre riéndose de cuando las sirenas de bomberos pasaban a apagar algún incendio...¿ Lo oí?¿ Lo oí
Pero ahora no me contagio.
Te das cuenta? No me contagio, huevo. Diario es hecho, ¿eh? Los camiones de los bomberos tienen trabajo.¿ Dónde será el incendio ahora?¿
Quién sabe dónde será? Pobrecito esa gente. Pongamos el radio para...
No, no
no, no. No,
no, no me pongan radio. Ya saben que yo solo les doy permiso de oír radio al mediodía. Cuando habla Pancho Madrigal. No, no, no me estés poniendo radio. No. Bueno, pues entonces no nos vamos a dar cuenta dónde es el incendio, pues. En alguna casa donde el ama de casa andaba jugando canasta. Puro descuido, hombre, puro descuido, qué barbaridad. Si por eso yo los incendio, hombre, lo que te digo es lo que te digo. Puro descuido. Si fueran
cuidadosos de su casa, nada pasaría. Pero son muy descuidados, muy descuidados.¡ Pobres bomberos!¡ Cuánto trabajo tienen!¡ Pobre el dueño de casa!¡ Los telémacos!
Los telémacos!¡ Ahí los buscan, hombre!
¿Quién?
¿Quién? ¿Quién? Una nieta suya. Dicen que el incendio es en la fábrica de cuestas pegada a su casa y en el gancho de camino, hombre.
Ahí es. Es la caimana.¡ Voy corriendo!¡ Voy corriendo! Ay, mi mujer no está en la casa, ¿eh? No, no está. Andaba donde la vecina platicando. ¡Hombre, carajo!¡ Ahí regreso, oye, hombre, regreso! ¡Sí!
¡Sí, adiós! ¡Sí!
Santo remedio, Wilberto. Jamásmente don Telemaco se volvía rey cuando pasaban los carros de los bomberos, ¿viste? Jamásmente, hombre. Por caso se le escapó de quemar, ¿viste? Y antes fue...¿ Te leíste?
Y hay qué? Ahí van
los bomberos.¿ Qué pierdo? Cállate, jodido
muchacho.
No, no, no, no. No estés de irrespetuoso. Cállate, cállate. Si no querés que te calle yo. No se vaya a reír. Cállate y seguid trabajando. No me da la gana de reírme
ahora. No lo creía que hubiera libertad. Pero es auténtico,
hombre. Auténtico. ¿Ah? Sí, hombre. Hasta que se le capó de quemar la casa, pues, dejó de reírse de los bomberos. O de la gente que dejaba su casa abandonada y se les quemaba. Ese era un telémaco, Gilberto. Todavía vive en un telémaco. Pero ya no se ríe, ¿oíste? Cuando pasan los bomberos. Y menos ahora.¡ Ahí nos vemos, Gilberto!
