Qué
tal, Gulliverto?¿ Cómo estás, hombre? Cuento, cuento, Panchito. Aquí ve el cuento de hoy.¿ Saben cuál es? Ni se lo imaginan siquiera, ¿verdad? Decir es de mi pueblo, ese es el cuento de ahora. Decir es del pueblo, ese es el cuento. Óiganlo, óiganlo. Amigos, dicen que el pueblo tiene una sabiduría popular y dentro de su propia sencillez, pues, dice grandes verdades, mi libertad.¿ No creías vos? El cuento que hoy les voy a contar es una muestra de
lo que te estoy diciendo, hombre. En aquel pueblito vivía don Esmeraldo. Le decían don Meyay, ¿oíste? Y era algo así como la estampa más antigua y respetada del pueblo. Un viejito flaquito, flaquito, que casi se lo llevaba el viento, hombre. Tenía un solo hijo. El hijo se llamaba Gapito. Este Agapito era un hombre sencillo. Vivía con su padre cuidándolo de aquella enfermedad que lo tenía postrado. Porque Don Millayo ya tenía más o menos... Bueno, casi llegaba a los
cien años, ¿oíste? Tendría unos noventa y seis años, hombre. Y estaba por morirse, Humberto. Pero aún así, seguía dando consejos. Mi hijo...
¡Hijo!
Haga pito! Diga, papá.¿ Qué le duele, ah
Yo diría, mi hijo, yo diría que¿ qué no me duele?¿ Qué no me duele? Me duele todo. Las chumaceras de las rodillas.
La escalera de las costillas. Me zumban los caracoles de las orejas. Siento como que se me salen las chibolas de los ojos.
Está complicado, papá.
Todo eso siento. Yo creo que no paso de hoy. ¿Será, papá? Sí, mijo. Y quiero
morirme. Pero dejándote...
El último consejo. Los consejos de los viejos deben ser oídos por los jóvenes. Yo quiero dejarte lo que te dejo. La sacaterita de la bajada del río. Y esta casa es lo único que tengo.
Es suficiente, papá. Usted ha sido muy bueno conmigo.
Y vos has sido también muy bueno, mijito. Y por eso... Además de dejarte esta cosa que te dejo... Las dos únicas cosas... La casa y la sacaterita de la bajada del río... Ay, quiero dejarte algo más valioso que eso. Un consejo. Entonces... Entonces diga, papá.
Cuál es ese consejo?
Mira, mijito. Cuídese de los rencos.
Que me cuide de...¿ De qué dijo papá? De... De los rencos.
Así es, mijo. Cuídese de los rencos.
Pero... Pero si yo no conozco a ningún renco, papá.
Bueno. Pero los rencos son malos. Cuídese de los rencos. Papá, pero... Pero ese era
todo el consejo que me iba a dar, papá.
Ah. No necesariamente, mijo. Yo le digo que los rencos son malos y hay que cuidarse de ellos. Pero el consejo que tengo que darle es otro. Y es este, oiga. Cuando un renco le haga algún mal, un calvo le va a ayudar
Cómo dice? Que cuando un renco me haga un mal, un calvo me ha de ayudar.
Consejo que le doy, mijito... Consejo de viejo que lo quiere. Pero...
Es que... Es que, bella tata, yo no conozco ningún renco y ningún calvo.
No importa. Pero ya tiene el consejo. Cuando un renco le haga algún mal... Un calvo le va a ayudar. Bueno.
Está bueno, pues, tata. Yo no creo que necesito ese consejo, pero... Lo acepto. Lo acepto gustoso. Claro que lo acepto, tata.
Y ahora, amiguito... Siento que voy de viaje.¿
Para dónde vas, papá? Pues ni siquiera puede levantarse.
Pues por eso le digo, amigo. Voy para el viaje donde no se regresa nunca. Al otro barrio. A ver si San Pedro me deja entrar. A ver si caigo en el purgatorio en medio de la
llama. No sé.¿ Quiere decir entonces que se me muere, tata? Así es, mijo. Se
me
mata. Poquito a poco me voy muriendo. Es que ya no siento ningún dolor. Ya no siento nada. El cuerpo lo tengo. Casi helado. Como muerto. No siento ni currucucu. Hasta el pescuezo. Solo veo nublado. Y como una luz que me está esperando. Hijo. Sí, tata. y acordate... tata tata acordate de mi consejo...
hijo
adiós tata
tata tata
se murió el...
el viejo... Era verdad. Se murió. Amigo.
y se murió Don Millayo... ¿sí? el entierro fue muy concurrido, Wilberto... mucha gente lo quería en el pueblo, hombre... sólo el bien... había hecho aquel anciano... sólo los consejos buenos le había dado a todo el mundo, hombre... por eso muchos lo querían... bueno a Agapito le quedó como herencia aquella casa... y también una zacatera a la bajada del río... la zacatera tendría más o menos... una manzana de grande, Wilberto... una
manzana de tierra, hombre... con sólo la venta de la zacatera, pues... se podía mantener a Agapito... pero lo que Agapito no entendía era por qué su padre... me había dejado aquel último consejo, hombre
que si un renco... me hace un mal... Un calvo me va a ayudar. Este, mi tata sí que es divertido. Bueno, era divertido. Ni conozco a ningún renco. Ni conozco a ningún calvo.
Don Agapito... Ahí lo busca.
Quién me busca, Serapia? ¿Quién?
Bueno, yo no sé quién es, patrón. Pero es un señor alto y renco. ¿Tú
Un señor alto y...?¿ Y cómo dijiste?
Un señor alto y renco.
Un señor alto y renco.¿ Con qué un renco? Con carambada. Si mi tata era
sabio. Por algo me dio el consejo que me dijo. Está bien, pues, Serapia. Decirle que se siente y me espere. Ya voy, ya voy.
Era en realidad un forastero, Wilberto. Sí, hombre, un forastero. Y era alto y renco,¿ y este? Llevaba una muleta y el pie izquierdo lo tenía como doblado. Como recé, hombre. Agapito salió. Lo saludó. Le brindó asiento. Y al poco rato, pues ya habían entrado al grano en la conversación.
Amigo,¿ y cómo me dijo que se llamaba usted? Yo me llamo Cástulo López. Soy de los encuentros. Ah, de los encuentros. Y si quiere que vayamos al grano, pues vamos a ir ya. Su papa de usted, que ya murió, Que acaba de morir. Me debía yo quince mil pesos y vengo a que usted me los pague. ¿Cómo?¿ Quince mil pesos? Hombre, yo nunca supe que mi tata le debiera a Naiden, ¿no? Jamás supe, soy yo. Además, él no me dijo nada. Aunque no le haya dicho, eso no es cosa mía ni es problema mío. Mire, yo
tengo un pagaré firmado por su tata. Y si usted no me paga dentro de ocho días, pues... Pues entonces no me queda más remedio que quitarle la casa y la zacatera.¿ Estamos claros? Era sabio este mi tata. Son babosadas. Por algo es renco este jodido.¿ Cómo dice, amigo? Este... No, no, este, nada, nada. Solo... Solo quería preguntarle una cosa. Si mi tata le debía quince mil pesos...¿ Por qué usted nunca vino a cobrarle? Bueno, porque sencillamente el pagaré se venció ayer. Y yo no
podía venir a cobrarle antes.¿ Estamos claros de eso? Con que así es la vuelta. Entonces pues son 15 mil pesos, ¿verdad Así es. Y tengo que pagarle en ocho días. Tan sencillo como eso, ¿verdad? Tan sencillo como eso, amigo. O usted me paga... O me quedo con la casa y con la zacatera. Y todavía sí salgo perdiendo. De modo pues que el próximo lunes vengo por la plata.¿ Estamos claros?¿ Qué tal, amigo? Gran clavo,
Wilberto. Pero, oí bien. Agapito tenía ciertas dudas, oíste. serias dudas sobre... aquella deuda, hombre... su padre no... no le debía a nadie, hombre... y si lo hubiera debido, pues se lo hubiera dicho... por otra parte, aquel forastero... le enseñó el pagaré de 15 mil pesos, oíste... y me da cuenta, hombre... el propio Agapito con sus propios ojos lo vio... cuando se quedó solo... empezó a pensar... y recordó las palabras de su tata...
Cuando un renco te haga algún mal, un calvo te va a ayudar.
Cuando un renco te haga algún mal,
un calvo te va a ayudar. Este renco me quiere hacer mal. Pero... Yo no conozco a
ningún calvo que me pueda ayudar. Ni creo que ningún calvo por ser calvo me va a ayudar. Esas son babosadas.¿ Qué me va a ayudar, Naiden? Pero bueno, pues... Voy a consultar con los viejos amigos de mi tata. A ver si ellos saben algo de esa deuda. No puede ser que mi tata se hubiera muerto... dejando semejante cantidad de reales en deuda y no decirme nada. No, esto no puede ser. No puede ser. No puede ser.
Amigo, y tal como lo pensó, Agapito le contó aquel problema a varias personas del pueblo. Nadie quería creer aquello, amigo. Don Millayo había sido un hombre honrado, a carta cabal, hombre, de libertad. Y no podía ser que hubiera dejado aquellas aranas sin decírselo a su hijo. Todos estaban de acuerdo con eso, hombre. Pero la verdad era que Que el pagaré estaba vencido, Wilberto. Sí, hombre. Y había que pagar, ¿no, hombre?
Pero óigame, don Agapito.¿ Cómo va a perder su casa y la zacatera?
Eso es lo que digo yo, Serapia. No hay derecho, ¿verdad?
Bueno, pues no hay derecho, es cierto. Don Mellayo no debía nada. Eso todo el mundo lo sabe
Sí, Serapia. Pero el lunes viene el hombre, Sion. Y hoy es viernes. Solo me quedan sábado y domingo para arreglar esa cuestión. Solo me queda sábado y domingo. Imagínese usted, sábado y domingo.
Pero, patrón,¿ por qué no busca un abogado?
Pero si aquí en el pueblo no hay ningún abogado. Yo, pues, que sepa yo, pues yo no conozco a ninguno. Si mi tata era el más entendido aquí... en todo el pueblo, él era el único entendido. No hay ningún abogado. Ah
pero entonces...¿ usted va a perder la casa y la zacatera
Yo no sé, Serapia, pero... yo tengo fe que... en que todo se va a arreglar. Yo creo que no voy a perder nada. No sé por qué, pero... es que yo siento así como... como por dentro, ¿verdad?, en... Por todo el corazón, por todo, bueno, por todo, por dentro todo lo siento yo, pues que tengo fe en que no voy a perder. Claro que no voy a perder nada. Y así pasó aquel viernes, amigo. Luego, el sábado.
y pasó el domingo también... y por fin llegó el lunes amigo... amaneció el lunes... que era el día en que iba a llegar el hombre del pagaré... Agapito se levantó nervioso... esperando a aquel hombre... para ver qué arreglo podía hacer con él... pero la cosa era no perder ni la casa... ni su potrerito de la zacatera...
patrón hay la voz que el hombre... El hombre del pagaré Ala
Llegó el momento Dios mío¿ Qué hago?¿ Qué hago? Ya voy Serapia Ya voy Amigo Aquí estoy ya Lo estoy viendo¿ Tiene listo el dinero? Pues amigo Figúrese que no No lo tengo Entonces, pues, quiere decir que usted está dispuesto a perder su casa y la zacaterita. Arreglemos esto, hombre. Deme, digamos... Deme diez mil pesos, hombre. Le voy a rebajar cinco mil por ser usted. Y por la amistad que tenía con el viejo, pues. Pero... Es que mire, amigo, aunque
yo quisiera, pero... Figúrese que... No tengo. Mire, amigo, le voy a decir una cosa y le voy a ser franco. A usted me ha caído bien. Y yo no quiero quitarle ni la casa, ni la zacaterita. Hagamos un arreglo, hombre. Hagamos un arreglo. Por ser usted. Le voy a dar ya el pagaré, mire. Y si usted quiere lo rompe y lo quema. Y me paga nada más cinco mil pesos. Vamos a ver. Bueno... Bueno, eso ya está mejor.¿ Verdad que sí? Bueno, pues, ya ve. 5.000 pesos podría, digamos,
ir a prestarlo con un amigo por ahí, ¿verdad? No, esa es otra cosa. Es que la cosa tiene que ser ya. Porque, mire, yo no vivo aquí. Y no quiero perder más tiempo con usted. Deme ya los 5.000 pesos y nos olvidamos de la deuda.¡ Buenos días, Cástulo López! Buenos días. Buenos días, mi sargento. Al fin te encontré, hombre. Tengo dos semanas
de andarte buscando, castulo.¿ A
mí?¿ Qué estás haciendo
aquí, hombre?
Bueno, pues, ando, ando. Ando cobrando unos reales.¿ Qué
hiciste con las 30 reses que le robaste a Don Chano, hombre?
Mira, sargento. Mira, un momentito. Déjeme explicarle. Déjeme explicarle.
Sí, claro que me vas a explicar, pero no te muevas, papito.
Pues si nadie se está moviendo.
Si te mueve esos hombres muertos, ¿viste? Si te corres, te tiro. Amigo... Ante los ojos asombrados de Agapito... Aquel sargento había sacado la pistola... Y el forastero temblando se sentó... Queriendo explicar... Inmediatamente comprendió Agapito que... Aquel carajo era un ladrón profesional... Un lépero... Y le dijo al sargento...
Señor sargento... A mí este individuo me está cobrando un pagaré que... que dice que mi tata le debía. Me quiere quitar la casa y la zacatera. A ver, quiero ver ese pagaré, hombre. Pásamelo
Aquí lo
tiene.
Quiero verlo. Bueno,
este... Ahorita no lo tengo aquí,
pueblo. Usted se calla, amigo. Sí, aquí está. Hombre, en primer lugar, este... Este pagaré no tiene fecha de vencimiento, hombre. Ajá.
Bueno, pues es que ese no es él, hombre.
Usted se calla, que voy yo. Usted está detenido. Y la firma está hecha con lápiz, hombre. Es que
no es ese, le digo. Es otro que tengo en la casa, hombre
No está hecha con tinta. Nadie firma un pagaré con lápiz. Entonces,¿ ese pagaré es falso, pues? Claro. Ah, la perica.
Bendito
sea Dios. Ah, Dios, falso, hombre. Cástulo López es un ladrón, hombre. Ladrón de ganado, muy sinvergüenza. El sinvergüenza más buscado de toda la región, hombre. Sí, llévelo, ya lo he encontrado. Contrabandista de tabacos, de cususa. De esta no te salvás, Cástulo. Vas preso, hombre. Vas preso. Pasa
papito, pasa. Amigo
cuando el sargento se llevaba preso a Cástulo, de pura casualidad se le cayó el pagaré. Sí, sí, el papel que llevaba para firmar. se agachó para recogerlo... y fue ahí cuando se le cayó el kepi amigo... fue cuando Agapito se dio cuenta que aquel... que aquel sargento era calvo amigo... completamente calvo... y se acordó de su padre...
cuando un renco te haga un mal...
un
calvo te va a ayudar...
Qué me decís, Gulliverto? Ahora ya sabes, ¿verdad? Si te quieres pegar a Rufino, pues buscate a Carlos Gadell, hombre Popular el dicho, ¿verdad? Y salió cierto, hombre. El ladrón era renco y el sargento era calvo. Por eso dicen los viejos son sabios, hombre. Hay que conseguir o seguir los consejos de las personas viejas,¿ estamos claros? Auténtica la lección, Gulliverto.¡ Ahí nos vemos, Gulliverto!
