Bueno, pues vamos con el cuentito de hoy, amigos. Aquí va el cuento de hoy. Ve, ya vino la Gerardona, ahí anda, mira. Cuando volvió León Canales, hombre. Cuando volvió León Canales, ese es el cuento de hoy. Ahí va el cuento, amigo, óiganlo. Gilberto, en aquellos tiempos, hará unos 60 años más o menos, ya tenía unos 20 Jerónimo ahí, ¿verdad? Pues hará unos 60 años más o menos León era un pueblo grandote. Sus barrios eran como Agor, hombre. Alegres en
las purísimas, tristes en Semana Santa. La gente de León, pues, es igual a toda la gente de Nicaragua, Gilberto. En los barrios se vive, se platica, se trabaja y también se conoce todo el mundo, Gulliverto, eso ya lo sabes, ¿verdad? En aquel barrio conocían bien a León Canales, Gulliverto. Por eso todo el barrio comentó la tragedia que había ocurrido, hombre. León Canales había peleado con José Rocha. Y este, pues, más diestro en el cuchillo, lo habían matado, hombre
Vamos a la vela, Sebastián.
A la vela?
Sí
Cuál vela?
Pues a la vela de León Canales. Hoy lo están velando. Vamos, niño, vamos.
Dije que se murió, niña.
Pues que lo mataron, que no te diste cuenta, pues, niño.
Y quién lo mató, Terencia?
Eh... Pues lo mató José Rocha.
José Rocha.
Sí, y dicen que se anda huyendo. Cogió por el lado de Chinandega. Y seguramente buscando la huida a algún escondite. ¿Ves?
Y la policía no lo anda buscando.
Pues cómo no. El sargento Gómez con una tropa anda detrás de él. Pero si José logra escaparse, no lo podrán agarrar, que va.
Ay, terencia, terencia, terencia.
¿Qué?
Un crimen nunca queda sin castigo. Algún día la va a pagar José Rocha. Algún día.
Bueno, yo creo que los soldados lo van a agarrar. Los soldados son pencones, niño.
Ojalá, niña. Ojalá. León Canales era un buen muchacho.
Ay, pobrecita la cándida. La mamá de León. Dicen que está inconsolable.
Claro, no va a estar. Tienes razón, hombre.
Perder
a un hijo ya grande. Es decir, el único sostén que tenía, hombre. Qué barbaridad, pobrecita.
Ay, bueno, Sebastián, vamos. Vamos a la vela que ya toda la gente está ahí. Vamos. ¡Vamos!
Una vela más en el barrio Leonego y libertó. Y eso fue todo. Si así es cuando uno se muere, hombre. Una vela, el entierro, los nueve días. Y después el tiempo se encarga de correr un velo en el pasado, hombre. Poco a poco la gente va olvidando el incidente. Y eso, igualito, eso fue lo que pasó con el crimen aquel, hombre. José Rocha pasó escondido... y tuvo que ser juzgado en ausencia... se le acusó... y se le juzgó en
ausencia hombre... y claro pues... lo encontraron culpable
Y en vista de todas las evidencias presentadas... y habiendo sido interrogados los testigos presenciales del suceso... y estando facultado para aplicar la ley... Sentencio al reo José Rocha a 16 años de prisión.¿
Pero cómo es eso, Sebastián? ¿Cómo?
Lo condenaron a 16 años de prisión, pero no está preso?
Así es, Terencia.
Entiendo.
José Rocha es un proscrito.
Está
condenado. Cuando lo agarren tendrá que cumplir su sentencia. Aunque no lo hayan agarrado, él es un proscrito. Está condenado. Así es la ley.
Amigo
y así uno a uno fueron pasando los días, y las semanas, y los meses también. Y los meses dieron paso a los años, y estos fueron pasando uno tras otro, amigo. Cuando habían pasado como ocho años y cuando José Rocha vivía en Honduras y cuando ya todo el mundo se le vio olvidado aquel crimen, José Rocha se puso a pensar.
Hombre,¿ qué pasaría si yo vuelvo a Nicaragua? A León. Me hace falta mi pueblo. Don Carajada. Me hace falta todo lo de León. Yo creo que a estas alturas nadie se acuerda de allá. Yo voy a volver a mi pueblo. De aquel tiempo a esta parte ha corrido mucho mundo. Uy, el gobierno se ha cambiado ya tres veces. Los funcionarios no son los mismos. Hasta el juez es otro. voy a volver a León... seguro que ni se acuerdan de mí... ni se acuerdan...
Liberto y aquel hombre, José Rocha... empezó a dar las vueltas para su regreso a Nicaragua, a León... Realmente, en aquellos tiempos se sucedían tantas revueltas y tantas cosas que los funcionarios cambiaban a cada rato, hombre. Maiden se acordaba de que José Rocha estaba sentenciado a 16 años de prisión, hombre.
Además, yo puedo llegar y permanecer un tiempo medio escondido. Tengo un amigo, mi amigo Camilo Hernández, que me ofreció hospedarme en su casa. Creo que no hay problema, no hay problema. Dicho y hecho, amigo. Así fue como José Rocha volvió a León. Ya la mamá de León Canales, pues, también había muerto, hombre.
De modo que no había ni quien lo acusara. El juez que lo había sentenciado en ausencia pues también se había muerto. Así es que no había problema, Gulliverto. Cuando José Rocha llegó a León, lo primero que hizo fue ir a visitar a su amigo Camilo Hernández. Platicaron y...
Y bueno, Camilo...
Supongo que tu ofrecimiento
siempre está
en
pie,
¿no Pues claro que sí, hombre, José, hombre. Mi palabra es mi palabra, pues. Yo tengo una pieza bien escondida en el fondo del corredor. Hay un cuartito, miren, en el que te podés acomodar sin que nadie sepa que vivís aquí, hombre. Perfecto, Camilo, perfecto. Hermano, yo te lo agradezco mucho. Ah, no hay de qué, hombre. Yo creo que no hay problema, José. Ya nadie se acuerda del incidente. Hombre, pero pensándolo, pues, yo creo que es prudente que te escondas unos dos meses. Ya veremos
qué es lo que pasa. Ya veremos. Vos sabés
hermano, que yo, digamos, maté en defensa propia, ¿verdad? Yo no
lo dudo, José. No lo he dudado nunca. Pero la realidad es que fuiste sentenciado a 16 años. Y si alguien te busca, pues es mejor que estés escondido.¿ Estamos claros? Ajá. Vamos a ver el cuartito. Vamos a verlo. Bueno, hay que... Ahí vas a estar unos dos meses. Vení, vení. Vamos, vamos.
Y José Rocha estuvo viviendo en aquel cuartito varios días. Nadie supo que estaba ahí. Y así se pasaban las horas, jugando solitario con un naipe o leyendo algún libro. Le llevaban la comida y estaba bien atendido, Gulliverto. Así, uno y otro y otro día, hombre. Pasó una semana, otra y otra semana, un mes después.
Hombre, Camilo,¿ cómo va la cosa?¿ Has oído que alguien hable del asunto?
No, hombre, son babosadas, ya no habla nadie, eso es asunto del pasado ya, hombre. Yo creo que ya puede salir. Estás seguro? Sí, hombre
Oye, pero decime una cosa.¿ Sigue de servicio en León el sargento Mendiola?
Sigue de servicio
No, es que ese carajo no lo transfieren nunca. Ahí está el problema, te fijas. ¿Qué? Ahí está el problema.¿ Por qué, pues? El sargento Mendiola sí se acuerda bien, hombre. Desgraciadamente me conoce bien. Y él estuvo presente cuando tuve que matar a León Canales, León.
Estuvo presente. Sí, ¿eh? Bueno, hombre, eso sí que es problema, ¿eh? Ese es el problema. Mira, Camilo, pero yo puedo seguir viviendo aquí, ¿verdad? Bueno, todo el tiempo que querrás, hombre. Claro que sí. Palabra es palabra. Yo te prometí que te daría donde vivir. Oye, hermano, yo cumplo mi palabra. Podés seguir aquí todo el tiempo que querrás. Todo el tiempo que vos querrás. Ay, ay,
ay.
y así estuvo josé rocha un mes más hombre y por cuentas así va a vivir todo el resto de su vida
qué más quiero no puedo salir a la calle mejor mejor no trabajo como bien duermo bien y pues ya me vivo intruyendo todo el tiempo... vivo leyendo... qué más quiero... por mi parte yo me estoy aquí todo un año... todo el año...
En eso estaba José Rocha, amigos, pensando, pensando y riéndose solito. Era de noche, mejor dicho, medianoche. Y ustedes saben que los sustos de León, pues, son muy famosos, amigos. En aquellos tiempos, León era tétrico por las noches, amigos, sin ni una sola luz en las noches. Y en el silencio de aquella casona se sentía tenso el ambiente, amigo, como lleno de terror. ¡Oh! La iglesia vecina dio las doce de la noche y José Rocha dormía profundamente, amigo.
De pronto empezaron a oírse unos pasos en el enorme corredor de la cazón, amigo. Los pasos se fueron acercando lentamente y al llegar a la puerta del cuarto se detuvieron para dar tres golpes en la propia puerta, amigo. José Rocha dormía, pero medio se despertó con los golpes. Se dio vuelta en la cama en el momento que sonaron otra vuelta los golpes, amigo. ¿Quién?¿ Quién es, eh?¡ Es vos, Camilo!¿ Quién es? ¡Hombre, carajo!
va a tener que levantarme ese delelo ¡León!¡ León Canales
Don Cerroche se quedó como petrificado, amigo. Frente a él estaba el espanto de Leon Canales. Igualito, con la misma ropa que andaba cuando lo mató. Camisa blanca, ensangrentada, con los agujeros de las cuchilladas que le había dado, amigo. Y las manos crispadas y extendidas. Y acercándose a él lentamente, amigo. León... León,
qué pasa? No, no, por favor. Perdóname, León. Perdóname. Perdóname.
Hala de perdón! El espanto de León Canales...
Se le acercó hasta cerrar las manos en el pescuezo de José Rocha, amigo. Sí, la inmensidad y el silencio de la noche en la mesa. Se oyeron los gritos de José cuando le estaba ahorcando el espanto.
¡No! ¡No!
No lo vas a creer, Gulliverto. Al día siguiente fue el entierro de José Rocha, hombre. Sí, hombre, lo mató el muerto. Y un canales volvió del otra vida, hombre. Y venía con un mango en la mano. Si es verdad que José Rocha había burlado la justicia de los hombres, no pudo evitar la vuelta del espanto, Gulliverto. No lo creyé, ¿verdad? Ah, auténtico, hombre. Claro que fue auténtico. Nos contaron por mucho tiempo en el León de aquellos tiempos, hombre. Sí, hombre. Y muchos
leoneses todavía lo recuerdan. Claro que sí. Pues claro, hombre.¡ Ahí nos vemos, Goyberto!
