2030: LA FECHA QUE OBSESIONA AL PODER | 07x29 - podcast episode cover

2030: LA FECHA QUE OBSESIONA AL PODER | 07x29

Mar 15, 20262 hr 4 minSeason 7Ep. 29
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(00:00:00) Editorial - Humildad
(00:18:24) 2030: LA FECHA QUE OBSESIONA AL PODER | 07x29
(00:40:49) Tecnología predictiva: cuando el algoritmo sabe más de ti que tú
(01:05:53) Civilizaciones perdidas y el mito del reinicio global
(01:20:05) Simulación, física cuántica y la nueva metafísica popular
(01:36:08) Nada más que perder – Capítulo 8
(02:02:46) Créditos

El año 2030 se ha convertido en un símbolo de expectativas y temores, impulsado por la Agenda 2030 de la ONU y el concepto del “Gran Reinicio” del Foro Económico Mundial. Mientras algunos ven en 2030 una oportunidad para lograr objetivos globales como la sostenibilidad y la igualdad, otros temen una pérdida de soberanía nacional y control centralizado. La narrativa en torno a 2030, como fecha límite para el cambio, genera tanto movilización como ansiedad. La Agenda 2030, con su enfoque en tecnología, cambio climático y fechas límite, genera sospecha y teorías conspirativas. La clave está en la transparencia y la participación ciudadana para evitar que se perciba como una imposición. La verdadera pregunta es cómo se implementará y con qué controles, no si existe un plan. Las decisiones finales son humanas.


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Transcript

Editorial - Humildad.¡Sígeme!, encuéntrame, comenta, manda mensaje o pregunta en:

Speaker 4

Speaker 2

Muy buenas. Yo soy Luis y esto es No soy original. Hay palabras que no gritan, no se imponen, no exigen titulares. La humildad es una de ellas. Vivimos en una época donde la exhibición parece virtud y la autopromoción Una necesidad básica. Una época donde el valor se mide en seguidores, en impacto, en visibilidad. Donde el éxito se fotografía y el fracaso se esconde. Donde el yo compite contra todos los demás

yo en una carrera que no tiene meta clara. Y sin embargo en medio de ese ruido la humildad permanece, discreta, casi invisible, como una fuerza subterránea que sostiene aquello que realmente importa. Hoy quiero detenerme ahí, no para moralizar, no para romantizar la modestia impostada, sino para pensar con usted qué es la humildad, por qué escasea y por qué, paradójicamente, es una de las virtudes más revolucionarias que existen. Porque sí,

la humildad es revolucionaria. Y eso, en tiempo de egos hipertrofiados, resulta incómodo. Empecemos por una confusión habitual. Humildad no es debilidad. La cultura contemporánea ha asociado erróneamente la humildad con la falta de ambición, con la sumisión, con la renuncia al reconocimiento. Pero eso no es humildad. Eso es resignación o invisibilidad forzada. La humildad verdadera no consiste en negarse valor, sino en colocarse en la proporción correcta. Es saber quién se es

y quién no se es. El emperador romano Marco Aurelio, uno de los hombres más poderosos de su tiempo, escribió en sus meditaciones reflexiones profundamente humildes. No porque ignorara su poder, sino porque comprendía su fragilidad. Sabía que el poder era circunstancial, que la gloria es efímera. Que el ser humano es pasajero. Eso es humildad. Conciencia de límite. En un mundo que

idolatra el crecimiento infinito, hablar de límite parece herejía. Pero el límite no es enemigo del desarrollo, es su condición. Sin límite no hay proporción. Sin proporción no hay equilibrio. Y sin equilibrio... todo termina desbordándose. La humildad nace de la conciencia de nuestra vulnerabilidad. No somos omnipotentes, no somos omniscientes, no somos imprescindibles. Sin embargo, el discurso social insiste en lo contrario. Sé el mejor, no aceptes un no. Conquista, domina, destaca.

Todo se formula en términos de superioridad comparativa. Pero la comparación constante es una trampa. Porque siempre habrá alguien más brillante, más rico, más reconocido. La humildad rompe esa lógica, no compite, coopera. No se obsesiona con ser más que el otro, se centra en ser mejor que uno mismo ayer. En el ámbito científico, por ejemplo, el progreso real surge de reconocer que podemos estar equivocados. La ciencia avanza cuando alguien admite, no lo sé, o esto que creíamos cierto quizás no

lo sea. Ahí está la grandeza. Albert Einstein revolucionó la física no por arrogancia, sino por atreverse a cuestionar los supuestos dominantes. Y al mismo tiempo mantuvo siempre una profunda conciencia de lo desconocido. Cuanto más aprendo, más me doy cuenta de lo que ignoro. Decía, esa es la humildad intelectual y sin ella no hay descubrimiento posible.

Speaker 3

Creí que era un sueño.

Speaker 2

Pero vayamos más allá. La humildad también es una forma de poder. Suena contradictorio, lo sé. Estamos acostumbrados a pensar el poder como imposición, como capacidad de doblegar, como dominio visible. Sin embargo, el poder más estable es el que no necesita exhibirse. Un líder humilde escucha, y quien escucha entiende, y quien entiende decide mejor. En la historia política y social, algunos de los cambios más profundos fueron impulsados por figuras

que combinaban firmeza con humildad moral. Mahatma Gandhi no dirigió un movimiento desde la soberbia, sino desde la coherencia ética. Nelson Mandela emergió de décadas de prisión sin sed de venganza. La humildad no les restó autoridad. Se la dio. Porque la autoridad que nace del ego impone miedo. La autoridad que nace de la humildad genera respeto. Y el respeto es más duradero que el temor. Sin embargo, hoy la humildad parece poco rentable. Las redes sociales premian la exageración,

el algoritmo amplifica el escándalo, no la prudencia. La opinión matizada pierde frente al titular rotundo. La humildad no es viral, pero eso no la hace menos necesaria, la hace más urgente. Vivimos una crisis de certezas. Y en medio de esa

crisis proliferan voces que hablan con una seguridad desproporcionada. Personas que opinan sobre todo, que dictaminan sobre cualquier asunto con tono categórico La humildad intelectual implica reconocer la complejidad, aceptar que muchos temas no se resuelven en 280 caracteres, que la realidad es más matizada y que nuestras emociones inmediatas. Cuando falta humildad, aparece el fanatismo. Y el fanatismo no nace de la convicción fuerte, sino del miedo a la duda. Quien está

seguro de su identidad no necesita aplastarla del otro. La humildad también tiene una dimensión íntima. Es la capacidad de pedir perdón, de reconocer un error, de admitir que se ha dañado a alguien. Esto en apariencia simple es extraordinariamente difícil. El ego construye defensas automáticas, justifica, minimiza, desplaza la culpa, porque admitir el error hiere la autoimagen. Pero la humildad rompe esa defensa y al romperla, libera. Pedir perdón no

nos empequeñece, nos humaniza. En las relaciones personales la humildad es el pegamento invisible. Permite que el conflicto no se convierta en ruptura definitiva. Permite aprender del desacuerdo. Sin humildad, toda discusión se transforma en guerra. Hay otro aspecto más profundo, la humildad existencial. No somos el centro del universo. La ciencia moderna lo confirmó hace siglos. Cuando Nicolás Copérnico desplazó la Tierra del centro del cosmos, no solo modificó un

modelo astronómico, golpeó el narcisismo humano. No estamos en el centro, no somos el eje, no somos el fin último de todo. Y aún así, aquí estamos. La humildad existencial no es pesimismo, es perspectiva. Nos recuerda que nuestra vida es breve, que nuestras preocupaciones, aunque intensas, forman parte de una historia mayor, que el universo no gira en torno a nuestras pequeñas

batallas cotidianas. Paradójicamente, esa conciencia puede traer paz, porque, si no somos el centro absoluto, Tampoco somos responsables de sostener el mundo entero sobre nuestros hombros. Pero cuidado, existe una falsa humildad. La humildad teatral. La molestia calculada. El yo no soy nadie, dicho con la esperanza de que alguien responda. No, eres increíble. Esa humildad performativa es otra forma de ego disfrazado. La humildad auténtica no necesita anunciarse. Se manifiestan gestos concretos.

Escuchar sin interrumpir. Reconocer méritos ajenos. Aprender de quien sabe más. Aceptar que alguien más joven puede enseñarnos algo. Y esto último es especialmente difícil. Porque la edad, la experiencia o la posición... pueden convertirse en escudos contra el aprendizaje. La humildad mantiene la mente abierta. En el terreno profesional la humildad mejora la excelencia. Puede parecer contradictorio, pero quien se cree perfecto deja de mejorar. La autocomplacencia es el enemigo

del crecimiento. En cambio, quien reconoce que siempre puede aprender, progresa de manera sostenida. Las organizaciones que fomentan culturas donde se pueden señalar errores sin miedo suelen innovar más porque la crítica no se percibe como ataque personal sino como oportunidad de mejora. La humildad crea entornos seguros y en los entornos seguros florece la creatividad. Hay también una dimensión espiritual en la humildad. No necesariamente religiosa, aunque las religiones

han hablado mucho de ella. En el cristianismo, por ejemplo, la figura de Jesucristo se presenta como modelo de servicio y entrega. En el budismo, la disolución del ego es camino hacia la iluminación. Más allá de credos específicos, la idea central es similar. El ego excesivo nos separa, la humildad nos conecta. Nos conecta con los demás y con algo más grande que nosotros mismos. Permítame plantear una pregunta incómoda.¿ Puede sobrevivir una sociedad sin humildad? Cuando el orgullo colectivo

se impone sobre la autocrítica, las naciones repiten errores. Cuando los líderes no admiten fallos, los problemas se agravan. Cuando cada individuo se cree moralmente superior, el diálogo se vuelve imposible. La humildad no elimina el conflicto, pero lo hace manejable. Permite negociar, rectificar, evolucionar. Sin ella solo queda la imposición. En el fondo, la humildad es un acto de realismo. Ni somos dioses ni somos insignificantes absolutos. Somos seres limitados

con capacidad de aprender, amar, crear y equivocarnos. Aceptar eso no nos reduce, nos equilibra. Y el equilibrio es una forma de libertad. Porque cuando dejamos de necesitar demostrar constantemente nuestro valor, empezamos a vivir con mayor serenidad. La humildad nos libera de la tiranía de la apariencia. Nos permite decir« no lo sé» sin vergüenza. Nos permite decir« me equivoqué» sin derrumbarnos. Nos permite decir« gracias» sin sentir que

perdemos estatus. Tal vez la humildad no sea trending topic, tal vez no genere titulares estridentes, tal vez no sume miles de seguidores. Pero sostiene familias, sostiene amistades, sostiene comunidades y sostiene civilizaciones. Es una fuerza silenciosa. Y quizá, precisamente por eso, es más poderosa de lo que imaginamos. En un mundo saturado de ruido, la humildad es una forma de resistencia. Resistencia al ego desmedido. Resistencia a la arrogancia ideológica.

Resistencia a la ilusión de control absoluto. Es la capacidad de mirar el mundo y decir, soy parte, no centro. Aprendo, no impongo. Escucho, no solo hablo. Y tal vez ahí, en esa actitud sencilla pero exigente, se encuentre una de las claves para no perdernos en nuestra propia gran dilocuencia. Porque el verdadero crecimiento no ocurre cuando nos inflamos, sino cuando nos afinamos. La humildad no nos hace pequeños, nos hace precisos. Y en tiempos de exageración constante, la precisión

es un acto de valentía. Le invito, si me permite la sugerencia, a un ejercicio simple. La próxima vez que tenga la certeza absoluta de algo, deténgase unos segundos. Pregúntese,¿ qué podría estar pasando por alto?¿ Qué no estoy viendo? Esa pausa ya es humildad. La próxima vez que alguien le contradiga, escuche antes de responder. No para preparar la réplica,

sino para entender. Eso también es humildad. La próxima vez que logre algo importante, recuerde a quienes contribuyeron, directa o indirectamente. Eso es humildad. No es una teoría abstracta. Es una práctica cotidiana. Quizá no cambie el mundo de forma inmediata, pero cambia la forma en que habitamos el mundo. Y a veces, eso es suficiente para iniciar transformaciones más profundas.

Porque la historia demuestra que los imperios caen por exceso de soberbia, pero las comunidades perduran gracias a la cooperación. Y la cooperación requiere humildad. no para negarnos sino para reconocernos como parte de algo mayor. Tal vez ahí resida su grandeza silenciosa, en no necesitar aplausos, en no buscar pedestal, en no exigir centralidad. La humildad no compite por el foco,

ilumina desde los márgenes. Y en ese margen discreto, quizá esté la clave para atravesar este tiempo convulso sin perder la cordura, la empatía y la proporción. Porque al final, cuando se apagan las luces y se silencian los aplausos, lo que permanece no es la grandilocuencia, permanece la coherencia. Y la coherencia es hija directa de la humildad. Ahí lo dejo en silencio. Como corresponde, a las fuerzas verdaderamente poderosas. Empezamos.

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Speaker 4

Bienvenidos una semana más a tu cita con No

Speaker 2

Soy Original.

Speaker 4

Programas sobre otras realidades para hacerte pensar y reflexionar.

Speaker 2

y trinca. 2030 es la fecha que obsesiona al poder. Imagina el 1 de enero de 2030. Te despiertas en un apartamento de 30 metros cuadrados en el distrito 15 minutos de tu ciudad. No es tuyo. El contrato de uso es mensual. Renovado automáticamente por la plataforma municipal según tu apuntuación. De ciudadano sostenible. El brazalete biométrico que llevas desde los 18 años vibra suavemente. Tu huella de carbono de ayer, 1,8 kilogramos. Recomendación, proteína de

insecto para desayuno. Ahorras 12 puntos de crédito verde. Llamas al vehículo autónomo compartido. No posees coche desde 2027. El algoritmo decide la ruta más eficiente para reducir emisiones colectivas. En el supermercado colectivo eliges productos por sus etiquetas ESG en tiempo real. ESG significa Environmental Social and Governance. Métricas que permiten evaluar el desempeño sostenible de una empresa y en este caso

de una persona. Analizan su impacto ambiental, su relación con los demás y las comunidades y la calidad de tus prácticas. La carne de vacuno cuesta 45 euros el kilo porque su impuesto de externalidad climática se actualiza cada hora. Tu salario base se complementa con un ingreso básico universal condicionado. Si cumples metas de actividad física y reciclaje, recibes 180 euros más mensuales.

No pagas alquiler fijo. Cuando sales a trabajar, híbrido, tres días presenciales obligatorios, Tu espacio se alquila a turistas o trabajadores temporales. La inteligencia artificial de la plataforma decide. Todo es acceso, no propiedad. La privacidad es un lujo del pasado. Cada pensamiento, cada compra y cada desplazamiento alimenta al gemelo digital nacional que, según el gobierno, garantiza tu seguridad y la del planeta.¿ Distopía barata? No. Es la extrapolación literal

de textos oficiales que llevan circulando una década. Ida Auken, parlamentaria danesa, lo escribió en 2016 para el Foro Económico Mundial. Welcome to 2030. I am not even... I own nothing, have no privacy and life has never been better. Klaus Schwab lo enmarcó en The Great Reset 2020. La pandemia representa una rara pero estrecha ventana de oportunidad para reflexionar, reimaginar y resetear nuestro mundo. Hay fechas que pesan. No por lo que ocurrió en ellas sino por lo que prometen o

por lo que amenazan. 2030 es una de esas fechas. No es redonda como un cambio de siglo. No está asociada a una guerra mundial ni a una revolución concreta. Y sin embargo se repite como un mantra en discursos políticos,

foros económicos, informes estratégicos, cumbres internacionales y titulares de prensa. 2030, una cifra que aparece en documentos oficiales, en hojas de rutas institucionales, en planes corporativos y también, como no, en teorías conspirativas que la presentan como el umbral de un gran reinicio global.¿ Qué tiene esa fecha?¿ Por qué concreta tantas expectativas?¿ Por qué concentra tantas expectativas?¿ Es simplemente un

horizonte administrativo o es algo más? Hoy voy a extender un análisis sereno, sin caricaturas, sin alarmismos fáciles, pero tampoco con ingenuidad, porque cuando una fecha se convierte en símbolo, deja de ser calendario y se transforma en relato. Y el relato, ya lo sabemos, es poder.¿ Cuál es el origen oficial de la Agenda 20 y Trinca? En septiembre de 2015, la Organización de Naciones Unidas aprobó un documento titulado Transformar

Nuestro Mundo, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Un texto amplio, ambicioso, estructurado en 17 objetivos de desarrollo sostenible. Erradicar la pobreza, reducir desigualdades, garantizar educación de calidad, promover la igualdad de género, combatir el cambio climático. La cambia climática la llamo yo. En apariencia, metas loables. Difícilmente alguien podría oponerse frontalmente a ellas sin parecer insensible. Entonces,¿ por qué despierta suspicacia?¿ Por qué genera

rechazo en determinados sectores sociales y políticos? Porque no se trata solo de objetivos. Se trata de coordinación global. Y ahí empieza la tensión. La Agenda 20 y Trinca no es jurídicamente vinculante, no impone leyes directas, pero sí establece un marco común al que los Estados se adhieren voluntariamente. Y esa palabra, voluntariamente, es clave. En teoría, cada país adopta

los objetivos a su realidad. En la práctica, las dinámicas económicas y políticas internacionales generan incentivos, presiones y condicionamientos.¿ Es eso gobernanza responsable o injerencia encubierta? La pregunta no es trivial. En un mundo interconectado los problemas son globales. Clima, migraciones, comercio, farsemias. Pero las decisiones siguen pasando por estructuras nacionales y cuando se intenta armonizar agendas… Surgen fricciones. Algunos ven cooperación. Otros

ven cesión progresiva de soberanía. Y cuando la soberanía se percibe amenazada, el debate deja de ser técnico y se vuelve emocional. Aquí entra en juego algo que a menudo subestimamos. La construcción simbólica. 2030 no es solo una fecha administrativa. Es un horizonte narrativo. Funciona como una cuenta atrás, como un plazo, como una meta colectiva. Y las metas movilizan recursos,

decisiones y discursos. Pero también generan ansiedad. Si se presenta 2030 como el año límite para salvar el planeta, la urgencia se intensifica. Si se comunica como el año en que cambiará todo, la imaginación colectiva se dispara. Las fechas límites siempre han sido herramientas políticas. El año 2000 fue presentado como un salto tecnológico histórico. El famoso efecto DOLMIL alimentó temores

masivos sobre el colapso informático global.¿ Ocurrió el apocalipsis digital? No. Pero la narrativa existió y movilizó miles de millones en prevención. La pregunta es inevitable.¿ Estamos ante algo similar con 2030? Cuando se habla de 2030, muchas miradas se dirigen también hacia el Foro Económico Mundial. Sus reuniones anuales en Davos se han convertido en símbolo de élites globales discutiendo el futuro del planeta. Ahí aparece otro concepto que ha generado controversia. El gran reinicio.

Un término utilizado por el Foro tras la parsemia para describir una reestructuración económica orientada a mayor sostenibilidad y resiliencia. Para algunos, una propuesta razonable ante crisis sistemáticas. Para otros, la prueba de una agenda centralizada, diseñada sin consulta real a la ciudadanía. El problema no es solo lo que se propone, es quién lo propone realmente.¿ Y desde qué posición? Cuando decisiones estratégicas parecen surgir de círculos cerrados, la desconfianza

se multiplica. Y la desconfianza es combustible perfecto para teorías extremas. Planificar no es controlar, pero puede percibirse como tal. Toda sociedad necesita planificación a medio y largo plazo. Infraestructuras, energía, educación, transición digital no se improvisan. Sin embargo, cuando la planificación se articula desde organismos supranacionales surge la sospecha.¿ Quién decide?¿ Quién supervisa?¿ Quién rinde cuentas? La diferencia entre coordinación y

control Es sutil. Y en política, lo sutil es decisivo. La historia muestra que los grandes proyectos colectivos pueden derivar en burocracias despersonalizadas y las burocracias tienden a expandirse. No por conspiración necesariamente, sino por inercia institucional. La vigilancia ciudadana es necesaria, pero también lo es evitar el pánico infundado. Ahí está el equilibrio difícil. Otro elemento clave en esta

conversación es la tecnología. Digitalización masiva, identidad digital, monedas electrónicas, inteligencia artificial aplicada a políticas públicas. Muchos planes vinculados a la Agenda 20 y Trinca incluyen transición digital como eje transversal. Y aquí aparece el miedo contemporáneo. La pérdida de privacidad. El desarrollo de sistemas de identificación digital puede facilitar trámites y reducir el fraude, pero también puede abrir la puerta

a un nivel de monitorización sin precedentes. La pregunta no es si la tecnología avanzará, porque avanzará. La cuestión es bajo qué principios éticos y bajo qué controles democráticos. Si 2030 simboliza una aceleración tecnológica, el debate sobre libertades individuales será inevitable. No podemos ignorar que gran parte del discurso de la veinte y trinca gira en torno al cambio climático. Reducir emisiones, transformar matrices energéticas, cambiar patrones de consumo. Aquí el conflicto

es aún más complejo. Porque los datos científicos sobre el calentamiento global son objeto de estudio riguroso, pero las políticas derivadas implican sacrificios económicos, redistribución de costes y cambios culturales profundos. Y cuando una política afecta directamente al bolsillo, la resistencia aumenta.¿ Es 2030 un horizonte técnico basado en modelos climáticos?¿ O es un instrumento político para acelerar transformaciones económicas? Probablemente ambas cosas.

Y esa ambigüedad alimenta la sospecha. Existe un fenómeno psicológico interesante. Las fechas límite generan obediencia y urgencia. Cuando se dice tenemos cinco años, la percepción del tiempo cambia. La cuenta atrás reduce el espacio para el debate pausado, justifica decisiones rápidas, legitima medidas extraordinarias. A veces eso es necesario, pero a veces puede ser peligroso. La pregunta esencial es,¿ estamos ante una urgencia objetiva o ante una urgencia construida? No, no

es lo mismo. y distinguirlo exige pensamiento crítico, no reacción visceral. Cuando se combinan élites visibles, discursos globales, tecnología avanzada y una fecha concreta, el terreno para teorías conspirativas es perfecto. Circulan narrativas que hablan de gobiernos mundiales ocultos, eliminación deliberada de libertades, Control poblacional masivo. Muchas de estas afirmaciones carecen de una evidencia sólida, pero su popularidad revela algo importante.

Una profunda crisis de confianza. Y la desconfianza no surge de la nada. Se alimenta de la opacidad, de decisiones percibidas como lejanas, de desigualdades persistentes. Cuando el ciudadano siente que no participa en la construcción del futuro, cualquier hoja de ruta global se interpreta como imposición. Volvamos al título.¿ Es 2030 una obsesión del poder? Podría decirse que toda estructura de poder necesita horizontes estratégicos, necesita planificar. Pero también

es cierto que las fechas simbólicas permiten concentrar influencia. Si defines el marco temporal, defines el ritmo del cambio. Y quien marca el ritmo tiene ventaja. La clave está en la transparencia. Si 2030 es un proyecto abierto, discutido, evaluado públicamente, puede convertirse en una herramienta útil. Si se percibe como una agenda cerrada, impuesta desde arriba, será foco permanente de conflicto.

Aquí es donde el análisis debe volverse autocrítico. No podemos exigir transparencia si no estamos dispuestos a informarnos más allá de titulares virales. No podemos denunciar manipulación si compartimos sin verificar. La Agenda 2030 está publicada, es accesible, es discutible, pero el debate exige lectura, contraste y comprensión. El problema no es que existan planes globales. El problema es cómo se comunican y cómo se interpretan. Y en esa interpretación, cada ciudadano

tiene responsabilidad. En política... El miedo es rentable. El miedo moviliza votos.¡ Que viene la derecha! Bueno, ahora la ultraderecha. El miedo vende titulares.¡ Enciérrate en tu casa que nos vamos a contagiar y nos vamos a morir todos! El miedo simplifica realidades complejas. 2030 puede presentarse como esperanza o como amenaza. Ambas narrativas tienen potencial movilizador. El poder, en cualquiera de sus formas, sabe que las emociones intensas cohesionan.

Pero por eso conviene analizar con serenidad. No todo es salvación utópica. No todo es dominación distópica. La realidad suele ser más ambigua. Existe una posibilidad poco considerada.¿ Y si 2030 llega y el mundo sigue siendo esencialmente el mismo? Las fechas simbólicas suelen sobrecargarse de expectativas. Pero los procesos sociales son más lentos, más complejos, menos lineales. Puede que 2030 no marque un punto de ruptura, sino simplemente un hito administrativo

dentro de transformaciones humanas. más largas y sin embargo la conversación que genera ya está teniendo impacto porque hablar de futuro modifica el presente la cuestión no es si existe un plan existe la cuestión es cómo se implementa con qué controles con qué participación y con qué límites el poder siempre buscará planificar La ciudadanía siempre deberá vigilar. Ese equilibrio dinámico es el corazón de cualquier sociedad democrática. 2030

no es un destino inevitable ni una conspiración asegurada. Es un horizonte. Y los horizontes pueden orientarnos o cegarnos dependiendo de cómo los miremos. Quizá la obsesión no esté en la fecha. Quizá esté en nuestra relación con el poder. En nuestra capacidad o incapacidad para confiar. En nuestra tendencia a delegar o a desconfiar de todo. 2030 llegará. Con o sin titulares. Con o sin teorías. La verdadera pregunta es si cuando llegue estaremos más informados, más críticos y

más responsables o simplemente más asustados. Porque las fechas no cambian el mundo por sí solas. Lo cambian las decisiones. Y las decisiones al final siempre son humanas. Ahí lo dejo.

Speaker 3

Porque habrá fuegos encendidos que nadie apagó

Tecnología predictiva: cuando el algoritmo sabe más de ti que tú

Speaker 2

Vamos a charlar sobre algo que ya forma parte de tu día a día. Aunque a veces ni te des cuenta. Otras veces sí. Vamos a hablar de la tecnología predictiva. Esa que hace que tu teléfono parezca leerte la mente. Imagine esto. Son las siete y cuarto de la mañana. Abres los ojos todavía con sueño. Y antes de que te levantes... La aplicación de tu smartwatch ya te ha enviado una notificación. Hoy tu ritmo cardíaco podría elevarse por estrés.

Te recomiendo una caminata de 20 minutos y evitar cafeína fuerte. Basado en tus patrones de las últimas cuatro semanas. No has dicho ni una palabra. No has medido nada. Pero el algoritmo ya lo sabe. O una notificación peor. Vas a pedir un préstamo para reformar la cocina y el banco te dice, y lo sentimos, tu perfil predictivo indica

riesgo moderado alto.¿ Riesgo de qué? De que según tus compras pasadas, tus likes en redes y hasta el tiempo que pasas en ciertas aplicaciones, podrías tener un problema para pagar. Ciencia ficción. Para nada. Esto ya está pasando en 2026. Y no es magia oscura. Es tecnología predictiva, impulsada por inteligencia artificial, Big Data y aprendizaje automático. Hoy vamos a explorarla desde todos los ángulos.¿ Cómo funciona?¿ Por qué te conoce tan bien?¿

Los momentos en que te facilita la vida? los que te quita libertad, los sesgos que arrastra y sobre todo,¿ qué puedes hacer tú para no convertirte en un simple dato más? Creo que entender el juego es la mejor forma de seguir jugando con los ojos abiertos.¿ Qué es exactamente la tecnología predictiva?¿ Y por qué ya no es

solo recomendaciones? Vamos por partes, sin tecnicismos aburridos. La tecnología predictiva es un conjunto de herramientas que analizan montañas de datos sobre tu pasado y presente para anticipar tu futuro. No adivina. Calcula probabilidades con una precisión que hace unos años parecía imposible. Piensa en tres capas Datos. Todo lo que dejas rastro. Tus clics, ubicaciones de GPS, pulsaciones cardíacas, compras, likes,

incluso cuánto tiempo miras un vídeo antes de saltar. En 2026, con los wearables, coches conectados y hogares inteligentes, esto se multiplica. La segunda capa son los modelos de inteligencia artificial. Algoritmos de Machine Learning que aprenden solos y ahora los nuevos agentes de inteligencia artificial o Agentic AI que no solo predicen, sino que actúan. Según informes de Gartner y Deloitte de finales de 2025, Para 2026, el 40% de las aplicaciones empresariales ya

usarán estos agentes autónomos que planean, corrigen y deciden. La tercera capa son los bucles de retroalimentación. Tú reaccionas a la predicción, aceptas la sugerencia de Netflix, compras el producto recomendado y el sistema se vuelve más listo. Es un círculo virtuoso o vicioso, según se mire. Sochana, su voz, en su libro La era del capitalismo de la vigilancia, de 2019 pero más vigente que nunca en 2026, lo llama productos de predicción. Las empresas no venden solo anuncios, venden la

certeza de cómo te comportarás mañana. Y lo más loco, cuanto más saben de ti, más pueden influirte para que te comportes como predicen. En España, por ejemplo, los bancos ya usan modelos predictivos para puntuación crediticia que incluyen datos alternativos. Tus movimientos en aplicaciones de mensajería o incluso tu historial

de búsquedas.¿ Y en salud? El Sistema Nacional de Salud, Ministerio de Sanidad y las privadas integran inteligencia artificial que predice riesgos de diabetes o infartos con datos de tu historial y dispositivos móviles que uses. ¿Útil? Mucho. ¿Inquietante? También. Pero hablemos ahora, y hagamos un poco de historia, de las recomendaciones inocentes al yo te conozco mejor. No nació de la noche a la mañana. En 1990, Amazon empezó con

clientes que compraron esto también compraron. Netflix en los 2000 perfeccionó el sistema de ratings. Pero el salto llegó con el móvil y las redes sociales. En 2012, Target, de Estados Unidos, predijo el embarazo de un adolescente por sus compras de loción sin perfume y suplementos. Su padre se enteró por los cupones que llegaron a casa. Caso real, documentado por The New York Times. En 2016 Cambridge Analytic usó datos de

Facebook para microtargeting político. Predijeron comportamientos electorales con tal precisión que ayudaron a campañas a mover votos. Escándalo mundial. Pero el modelo se quedó. En 2020-2023 la farsemia lo aceleró todo. Aplicaciones de salud como las del Apple Watch o Fitbit empezaron a predecir COVID antes que síntomas. TikTok perfeccionó el

For You que te engancha en segundos. Y ahora, 2026. Entramos en la era de la inteligencia artificial, agente y multimodal que entiende texto, imagen, voz y vídeo al mismo tiempo. Según McKinsey y Microsoft Research, reportes de finales de 2025, la inteligencia artificial ya no solo produce, actúa. Tu asistente virtual puede reservarte cita médica porque detectó en tu voz un tono de fatiga crónica y cruzó datos con tu calendario.

En España, empresas como Telefónica o BBVA Publican abiertamente que usan inteligencia artificial predictiva para mejorar experiencia con el cliente. Muy cordial, ¿verdad? Pero siempre con esa preguntita de fondo.¿ A qué precio? Hay ejemplos que ya vives todos los días y otros que ya vienen. Vayamos a lo concreto porque nada convence más que lo que te pasa a ti. En el apartado de entretenimiento y consumo, Netflix sabe qué serie empezarás antes de que termines la anterior. Amazon te

muestra el producto exacto que ni sabías que necesitabas. En 2026, con inteligencia artificial generativa, los anuncios ya no son estáticos. se crean en tiempo real para ti. Hola Luis, viendo que has estado buscando rutas de senderismo y tienes estrés alto esta semana,¿ qué tal estas zapatillas ecológicas con descuento personalizado? En el plano de salud y bienestar, tu reloj predice

migrañas por patrones de sueño y actividad. Aplicaciones como Flow o Clue predicen ciclos menstruales con un 95% de precisión y venden esos datos anonimizados. En hospitales españoles sistemas de inteligencia artificial predicen reingresos o complicaciones postoperatorias. Tienen un beneficio enorme salvar vidas, pero…¿ Y si el algoritmo se equivoca y te etiqueta como paciente de alto riesgo? Para siempre. En el plano de las finanzas, un scoring predictivo va

más allá del historial crediticio. Incluye tu estabilidad emocional, inferida de redes o incluso de tu red de contactos. En China, el sistema de crédito social ya lo hace abiertamente. En Europa, con el AIAT, Inteligencia Artificial AT, se regula como High Risk o Alto Riesgo desde agosto. En España, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia y el Banco de España vigilan. Pero los modelos siguen evolucionando. En empleo,

Empresas usan inteligencia artificial para cribar currículum vitaes. Analizan no solo palabras, tono de voz de entrevistas virtuales, micro expedientes, incluso cómo escribes los correos electrónicos. LinkedIn y herramientas como Hireboo predicen ajuste cultural y retención a dos años. En 2026, según informes españoles de Infojobs y Randstad, los perfiles de especialista en IA predictiva son de lo más demandado para evaluar a otros. En el pleno de la seguridad y

la vigilancia, aquí se pone la cosa seria. Vigilancia predictiva Algoritmos que predicen dónde y quién cometerá delitos.¿ Recuerdas la película Minority Report? También recientemente vi una película que iba sobre esto. En español creo que se llama Sin Piedad. En Estados Unidos y Reino Unido ha generado polémica fuerte en 2025. Amnistía Internacional denunció que superalimenta el racismo porque se basa en datos históricos de arrestos, ya que eran sesgados contra barrios,

pobres y minorías. En España, algunos ayuntamientos y la Policía Nacional prueban sistemas similares para hurtos o violencia de género. Prevención o perfil racial. Debate abierto. En política y sociedad, el microtargeting electoral ya es predictivo total. Y en redes, el algoritmo predice qué te enfadará o alegrará para mantenerte enganchado. En 2026, con agentes de inteligencia artificial, campañas que pueden simular conversaciones

personalizadas a escala. En el plano de la vida íntima, las aplicaciones de citas predicen compatibilidad no solo por intereses, por patrones de movimiento, compras y hasta salud mental inferida. Hay startups que predicen divorcios con un 80 o 90% de precisión analizando chats y finanzas compartidas. Pero,¿ cómo funciona por dentro? Imagina un cerebro digital. Recoge datos masivos, legales e inferidos. Entrega modelos con miles de millones de ejemplos pasados. Predice probabilidades.

Usuario con este patrón tiene 87% de probabilidad de comprar tal cosa en 7 días. En 2026, los nuevos modelos de razonamiento, Reasoning Models, piensan paso a paso, se corrigen solos y usan cadenas de pensamiento. Agentes autónomos actúan. No solo predicen, compran por ti o alertan a autoridades.¿ El problema? Estos sistemas son cajas negras. Ni siquiera sus creadores entienden del todo por qué predicen lo que predicen y cuanto más

datos personales, más precisos y más invasivos. Seamos justos y cordiales. Hay mucho bueno en todo esto. La medicina predictiva salva vidas. Detecta cáncer antes de los síntomas. Prevención de delitos en ciudades piloto reduce robos en zonas calientes. La eficiencia. Menos desperdicio en logística, mejor planificación urbana. La personalización real. Educación adaptada a tu ritmo de aprendizaje. Terapias mentales que anticipan crisis. En España, proyectos como el del Ministerio de Sanidad con

inteligencia artificial para predecir colapsos hospitalarios en invierno. Vida más cómoda, segura y saludable.¿ Quién no quiere eso? Pero claro, en esto hay riesgos y sombras. Cuando saber más, se vuelve peligroso. Y aquí viene la parte que más me interesa, porque el poder predictivo no es neutro. Tu voz lo resume. Ya no eres el cliente, eres el producto. Tus datos

se venden en mercados de futuros conductuales. En 2026, con la inteligencia artificial multimodal, incluso tus emociones se predicen por tono de voz o expresión facial en videollamadas. Si los datos históricos están sesgados, más arrestos en barrios humildes, la predicción perpetúa el ciclo. Ejemplo real de 2025 en United Kingdom, Predictive Policing, Superjudging Racing según Amnistía Internacional. En finanzas, mujeres o inmigrantes

pueden recibir peores condiciones por patrones inferidos. Si el algoritmo siempre acierta lo que vas a hacer,¿ sigues eligiendo libremente o solo sigues el camino más probable? Filósofos hablan de determinismo algorítmico.¿ Y si te etiqueta como depresión probable y te niegan oportunidades? Un caso famoso. Persona inocente detenida por Predictive Policing porque su hermano cometió un delito y compartían código postal. En salud, diagnóstico erróneo genera ansiedad innecesaria. La manipulación.

Nugging o empujoncitos. El algoritmo no te obliga, pero te pone el camino más fácil. Redes sociales que te muestran contenido adictivo para que sigas prediciendo y sigas enganchado. En Europa, el IAT, vigente desde 2024, obligaciones high risk desde agosto de 2026, clasifica como de alto riesgo los sistemas predictivos en empleo, crédito, policing, salud y educación. Seguridad, salud y educación. Obliga a transparencia,

evolución de riesgos, derechos de explicación. España está adaptando su legislación. Es un paso, pero ¿suficiente? La Comisión Europea propuso en 2025 posibles retrasos para facilitar implementación.¿ Qué pasa si una predicción de riesgo terrorista basada en búsquedas inocentes te impide viajar?¿ O si tu seguro sube porque predice que vas a enfermar por tu historial de ejercicio? En nuestro país, España, la demanda de especialistas en inteligencia artificial predictiva es brutal.

Ingenieros M.L., de máquina de aprendizaje, machine learning, analistas de datos predictivos, expertos en ciberseguridad para proteger esos modelos, según informes de InfoJock y LinkedIn, están entre los 10 perfiles más buscados. Los proyectos reales AEMET usa inteligencia artificial predictiva para alertas climáticas. La seguridad social pilota sistemas para predecir fraudes. Empresas como Inditex o Mercadona optimizan stocks con predicciones de compra. Pero

también resistencias. Las ONGs piden moratorias en Predictive Policing. La AEDP, Agencia Española de Protección de Datos, multa casos de tratamiento excesivo. El IAT nos protege más que en otros continentes, pero las Big Tech siguen recolectando datos globalmente. Y todo esto tiene implicaciones profundas.¿ Quién soy si el algoritmo me conoce mejor? Aquí la reflexión cordial, pero profunda. Si una máquina predice mejor mis gustos, emociones y decisiones,¿ sigo siendo yo o

me convierto en un promedio estadístico? Filósofos como Weintraub hablan de sociedad de la transparencia, donde la intimidad desaparece. Los psicólogos advierten, un exceso de predicción genera ansiedad.¿ Y si no cumplo la predicción positiva? Sociólogos Fragmentación social, porque cada uno vive en su burbuja predictiva perfecta. Un escenario optimista, la inteligencia artificial como copiloto que amplía tu libertad, descubre

oportunidades que nunca habrías imaginado. Un escenario realista, equilibrio con regulación fuerte y conciencia personal. Y el escenario pesimista, mundo donde las élites predicen y moldean masas y los impredecibles quedan excluidos. Tú decides dónde nos dirigimos, porque¿ qué puedes hacer tú? No termino dejándote con miedo, sino con herramientas. Revisa los permisos de aplicaciones y limita los datos compartidos.

Usa herramientas de privacidad. Navegadores como Brave, VPNs, buscadores como DuckDuckGo. Pregunta siempre,¿ necesito que esto sepa tanto de mí? Apoya la regulación. Lee sobre AI Ads. Participa en consultas públicas. Educa tu higiene digital. Borra historiales. Usa datos sintéticos cuando puedas. Apoya alternativas abiertas. Modelos de inteligencia artificial locales. Proyectos de data commons. Proyectos que son de exposición pública abiertos, que

puedes leer el código. Reflexiona. De vez en cuando haz algo impredecible, solo para recordarte que tú mandas. En España, la Agencia Especial de Protección de Datos tiene guías excelentes. Úsalas, pero úsalas bien. Como conclusión, sigamos siendo originales. Aunque yo te diga que no soy original. La tecnología predictiva no es villana ni heroína. Es una herramienta potentísima que ya sabe mucho de ti. Pero no todo. No sabe tu

capacidad de sorprenderte a ti mismo. No sabe el valor de una decisión irracional o de un cambio de rumbo espontáneo. De ser humano imperfecto y maravilloso. Creo que conocer el mecanismo te da poder. No para rechazar el progreso, sino para usarlo sin que te use a ti. Porque si el algoritmo sabe más de ti que tú, es momento de que sepas más sobre el algoritmo. Si te he hecho pensar y te ha gustado, comparte, comenta o escríbeme.¿

Quieres que profundice en algún ejemplo? ¿Salud?¿ Por seguridad? ¿Empleo?¿ O un episodio para saber cómo protegerte en 2026? Dímelo por las redes o en un mensaje que me mandes de voz. Piensa, cuestiona, vive a tu manera, porque al final el algoritmo puede predecir, pero eres tú quien decides. Vamos a hablar ahora de civilizaciones perdidas y lo vamos a relacionar con algo muy actual.

Civilizaciones perdidas y el mito del reinicio global

El mito del reinicio global.¿ Hubo un mundo antes del nuestro? Hay una idea que atraviesa épocas, culturas y continentes con una persistencia casi ostinada. Antes de nosotros hubo algo más. Una civilización anterior avanzada, brillante, quizá incluso más sabia que la nuestra, que desapareció en un cataclismo global. Un mundo borrado. Un reinicio. Esto no es una fantasía moderna. Está en los mitos sumerios, en el relato bíblico del diluvio, en

las tradiciones mesoamericanas, en los ciclos cósmicos del hinduismo. Y hoy regresa con fuerza, amplificado por documentos virales, teorías alternativas y divulgadores heterodoxos como Graham Hankook, que sostienen que la historia oficial podría estar ignorando un pasado mucho más sofisticado del que imaginamos. La pregunta es inevitable.¿ Y si realmente no somos la primera civilización avanzada?¿ Y si nuestra historia es solo el último capítulo de una larga cadena de

comienzos y colapsos? Adentrémonos en este territorio con calma, sin dogmas, sin burlas, sin credulidad ingenua. La fascinación por las civilizaciones desaparecidas no nace en Internet. Ya en el siglo IV a.C., Platón describía en sus diálogos, Timeo y Critias, la historia de la Atlántida, una isla poderosa y avanzada que fue destruida por la ira de los dioses y se hundió bajo el mar. Desde entonces la Atlántida se convirtió en símbolo, no sólo de un lugar perdido, sino de una advertencia.

El exceso de poder conduce a la caída. El progreso sin virtud acaba en ruina. Y ese esquema se repite una y otra vez en culturas distintas. La epopeya de Gilgamesh habla de un diluvio universal. El relato de Noé repite la estructura. Las tradiciones mayas describen mundos anteriores destruidos antes del nuestro. En la cosmovisión hindú, el universo pasa por ciclos de creación y destrucción, los yugas, en un eterno retorno.¿ Por qué tantas culturas hablan de un gran colapso?

Aquí aparecen dos posibilidades. La primera es Memoria colectiva de catástrofes reales. La segunda, estructura psicológica común del ser humano, que necesita narrar el caos en forma de historia. Probablemente sucedan ambas cosas. Hace aproximadamente 12.000 años, terminó la última glaciación. El mundo cambió de forma radical. El nivel del mar subió más de 100 metros en pocos milenios. Las zonas costeras

habitadas quedaron sumergidas. Ecosistemas enteros se transformaron. El evento conocido como Younger Dryas, un periodo abrupto de enfriamiento ocurrido hace 12.900 años, sigue siendo objeto de debate científico. Algunas hipótesis hablan de impactos cometarios, otras de alteraciones oceánicas masivas. Lo que es indiscutible es que hubo cambios bruscos. Y aquí es donde

algunos investigadores alternativos plantean la pregunta incómoda. Si el nivel del mar subió tanto,¿ cuántos asentamientos humanos quedaron bajo el agua sin que lo sepamos? La arqueología submarina apenas ha comenzado a explorar con profundidad esas zonas. Sabemos que hubo culturas costeras tempranas. Sabemos que el litoral antiguo no es el actual, pero no sabemos todo lo que podría estar allí. Esto no prueba la existencia de una supercivilización perdida, pero

sí nos recuerda algo importante. nuestra imagen del pasado es incompleta. En 1994, el arqueólogo Klaus Schmidt comenzó a excavar un sitio en el sureste de Turquía que cambiaría la narrativa tradicional sobre los orígenes de la civilización. Gobekli Tepe. Con más de 11.000 años de antigüedad, este complejo megalítico fue construido antes de la agricultura organizada, según el consenso académico. Eso alteró el modelo clásico que afirmaba que primero vino la agricultura, luego

el sedentarismo y después los templos. Aquí parecía ocurrir lo contrario, primero el templo, luego la ciudad. Para algunos esto es la prueba de que sabemos menos de lo que creemos sobre las capacidades de los pueblos prehistóricos. Para otros, una señal que podría haber existido conocimiento previo transmitido desde una cultura anterior. La explicación académica es más sobria. Grupos de cazadores-recolectores pudieron organizarse en estructuras complejas antes de desarrollar agricultura masiva.

No necesitamos una Atlántida para explicar. Gobleki y Tepe. Pero el hallazgo abrió una grieta en la narrativa simplista del progreso lineal. Y cuando una grieta aparece en la imaginación, entra... El escritor británico Graham Hankook sostiene que una civilización avanzada anterior a las culturas conocidas pudo haber existido y haber sido destruida al final de la última glaciación. Según su planteamiento, supervivientes de ese mundo perdido habrían transmitido conocimientos astronómicos y

arquitectónicos a civilizaciones posteriores como Egipto o Mesoamérica. La comunidad académica rechaza estas hipótesis por falta de pruebas sólidas y por el uso selectivo de evidencias. Aquí conviene hacer algo poco habitual, separar el personaje del fenómeno. Más allá de que Hancock tenga razón o no, su éxito revela algo profundo. Existe una desconfianza creciente hacia las instituciones del saber. La idea de que nos ocultan algo seduce porque responde a

una sensación contemporánea de alienación. No es solo historia antigua, es sociología del presente. Ahora llegamos al núcleo simbólico. La idea del reinicio no es solo histórica, es existencial. Pensamos el mundo en términos de ciclos porque nuestra vida también es cíclica. Nacemos, crecemos, morimos. Las estaciones se repiten, las economías suben y caen. La noción de que una civilización pueda colapsar y dar paso a otra tiene resonancias muy actuales.

Vivimos en una época de crisis climática, real o no, tensiones geopolíticas muy reales, transformación tecnológica acelerada. El miedo al colapso está en el aire. Proyectamos ese temor hacia atrás en el tiempo y hacia adelante en el futuro. Atlántida, el diluvio, el impacto cósmico, el apagón global, son variaciones del mismo arquetipo, el fin y el comienzo. La farsemia reciente demostró algo que parecía olvidado. Nuestro sistema global es

vulnerable y manejable. Bastó un virus microscópico para paralizar economías enteras. Ahora imagine una tormenta solar masiva como el evento Carrington de 1859, pero impactando nuestra red eléctrica digitalizada. Imagine un conflicto nuclear regional. Imagine un fallo sistémico en infraestructuras críticas. No hace falta ciencia ficción. Las civilizaciones no son eternas. El Imperio Romano cayó. Los mayas colapsaron. La isla de Pascua sufrió crisis ecológicas.

La historia es una sucesión de ascensos y caídas. La diferencia es que hoy la escala es global. Y eso alimenta el mito del reinicio. Puede que no haya habido una supercivilización tecnológica hace 20.000 años. Puede que no existiera una Atlántida científica con energía cristalina y aeronaves. Puede que la verdad sea más sencilla y a la vez más inquietante. Los humanos siempre hemos sido capaces de organizar sociedades complejas antes de lo que creemos y siempre hemos sido vulnerables

a los cambios abruptos del entorno. No necesitamos naves antigravitatorias para explicar el misterio. Necesitamos humildad. La arqueología avanza. Los nuevos sellazgos aparecerán. Algunos reforzarán el relato actual, otros lo matizarán. Eso no es debilidad de la ciencia. Es su fortaleza. Existe también un componente psicológico poderoso. Idealizar el pasado como una edad dorada. Pensar que antes éramos más espirituales, más conectados con la naturaleza, menos corruptos. Es una forma de

crítica indirecta al presente. Cuando decimos, hubo una civilización más avanzada que la nuestra, a veces lo que estamos diciendo es, no me gusta el mundo en el que vivo. El mito del reinicio es, en cierto modo, un deseo de purificación. Pero la historia real nos muestra algo distinto. Cada generación hereda los errores y aciertos de la anterior generación. No hay borrón total, no hay reinicio limpio, siempre quedan restos.

Y ahora la cuestión final. Supongamos que mañana se descubre bajo el océano una ciudad con tecnología imposible para su época. Supongamos que aparece una prueba irrefutable de una civilización avanzada anterior al registro conocido.¿ Cambiaría eso nuestra vida cotidiana? Probablemente no de forma inmediata. Pero sí cambiaría nuestra narrativa, y las narrativas son poder. Porque la forma en que entendemos el pasado determina cómo imaginamos el futuro. Las civilizaciones perdidas

son un espejo. Reflejan nuestras inquietudes actuales, nuestro miedo al colapso, nuestra desconfianza institucional, nuestro deseo de trascendencia. La ciencia no confirma una Atlántida tecnológica global, pero sí confirma que la historia humana es más compleja de lo que creíamos hace un siglo. Quizá no hubo un reinicio total, quizá hubo muchos pequeños colapsos locales, quizá el mito no sea literal,

sino simbólico. Y quizá lo más importante no sea si existió una civilización anterior, sino si nosotros estamos construyendo una capaz de perdurar. Porque el verdadero reinicio no está en el pasado, está en nuestras decisiones presentes. Y esa, como siempre, es la parte que incomoda.¿ Vivimos dentro de un programa

Simulación, física cuántica y la nueva metafísica popular

que nadie nos ha explicado? Hay ideas que nacen en los márgenes y acaban sentándose en el centro de la conversación cultural. Durante siglos la pregunta fue religiosa.¿ Quién nos creó? Después fue filosófica.¿ Qué es la realidad? Más tarde fue científica.¿ De qué está hecha la materia? Hoy la pregunta suena tecnológica.¿ Somos código? Lo fascinante no es solo la pregunta, sino el hecho de que millones de personas la formulen sin sonreír.

La hipótesis de la simulación ya no pertenece exclusivamente a la ciencia ficción. Se discute en universidades, en foros tecnológicos y en sobremesas. Y como suele ocurrir, cuando una idea compleja se filtra al imaginario colectivo, se simplifica, se exagera o se convierte en símbolo de algo más profundo. Vamos a caminar con calma. No para confirmar que vivimos dentro de un videojuego cósmico, ni para descartar la hipótesis con

una mueca de superioridad. Hagamos algo más interesante. Entender por qué esta idea ha ganado fuerza.¿ Qué dice realmente la física cuántica?¿ Dónde empieza la filosofía?¿ Y dónde termina la especulación cultural? Porque quizá el verdadero misterio no sea si vivimos en una simulación, sino por qué necesitamos pensarlo. En 2003, el filósofo sueco Nick Bostrom publicó un artículo que cambiaría el debate contemporáneo. No afirmaba que vivíamos en una simulación.

Hacía algo más audaz. Planteaba un argumento probabilístico Su razonamiento, simplificado, era el siguiente. Primero, si una civilización tecnológica sobrevive el tiempo suficiente, desarrollará la capacidad de simular universos completos con conciencia incluida. Segundo, si puede hacerlo, probablemente ejecutará muchas simulaciones. Tercero, si existen muchas simulaciones y solo una realidad base, Lo estadísticamente más probable es que nosotros estemos dentro de una

de esas simulaciones. No es una prueba. Es una estructura lógica. Un sí, luego entonces, elevado a categoría ontológica. El argumento impactó porque utilizaba el lenguaje de nuestra época. Computación. capacidad de procesamiento, evolución tecnológica. No hablaba de dioses ni de espíritus, sino de servidores cósmicos. Más tarde, figuras mediáticas como Elon Musk popularizaron la idea afirmando que la probabilidad de que viviéramos en una realidad base es de una entre miles

de millones. De nuevo, no era una demostración empírica, era una extrapolación cultural del progreso tecnológico. Y aquí aparece el primer punto crítico. Estamos proyectando hacia el infinito una tendencia reciente, porque hoy, podamos simular mundos virtuales, no significa que el universo funcione como un ordenador. Es una metáfora potente, pero

sigue siendo una metáfora. Si la hipótesis de la simulación ha ganado credibilidad popular, es en parte porque se apoya, a veces con ligereza, en ciertos aspectos desconcertantes de la física cuántica. Hablemos claro. La mecánica cuántica es la teoría física más precisa jamás formulada. Sus predicciones funcionan con una exactitud extraordinaria, pero su interpretación es desconcertante. El experimento de la doble rendija mostró que partículas como los electrones pueden

comportarse como ondas. Más aún, el resultado depende de si hay o no medición, es decir, el acto de observar parece influir en el resultado.¿ Significa eso que la conciencia crea la realidad? No exactamente. En la formulación estándar, asociada a la llamada interpretación de Copenhague, defendida históricamente por figuras como Niels Bohr, lo que colapsa la función de onda no es la mente humana, sino la interacción con el entorno. No hace falta un observador consciente, basta con un sistema

físico que registre información. Sin embargo, la ambigüedad del lenguaje ha permitido que muchos interpreten la física cuántica como una confirmación de que la realidad depende de nosotros. Es un salto conceptual peligroso. Otro fenómeno que alimenta la imaginación es el entrelazamiento cuántico. Dos partículas pueden quedar correlacionadas de tal modo que medir una determina instantáneamente el estado de la otra, aunque estén separadas por grandes distancias. Albert Einstein lo llamó

acción fantasmal a distancia. Le incomodaba. Pensaba que la teoría estaba incompleta. Décadas después, los experimentos confirmaron que el entrelazamiento es real, pero atención. No permite transmitir información más rápido que la luz. No rompe la relatividad. Es extraño, sí, pero no mágico. Y aquí es donde la metafísica popular entra en juego. Se toman conceptos rigurosos y se reinterpretan como pruebas de interconexión espiritual universal. El salto es comprensible emocionalmente,

pero científicamente es injustificado. La física describe correlaciones matemáticas, no habla de energías místicas ni de conciencias cósmicas. Uno de los argumentos más sugerentes a favor de la simulación es la idea de que el universo podía ser discreto, como una imagen formada por píxeles. En física sabemos que existen límites fundamentales. La constante de Planck, la longitud de Planck,

el tiempo de Planck. Más allá de esas escalas, nuestras teorías dejan de funcionar.¿ Significa eso que la realidad está compuesta por bits? No necesariamente. Que exista un límite matemático no implica que haya una cuadrícula digital subyacente. Podría ser simplemente el límite de nuestras ecuaciones actuales. Sin embargo, el paralelismo es irresistible. Un universo con resolución finita suena a

entorno renderizado y nuestra cultura digital amplifica esa analogía. La idea de que vivimos en una ilusión no es nueva. Platón hablaba de sombras en la caverna. Las tradiciones orientales describen el mundo como maya, una apariencia transitoria. Pero la metáfora cambió de forma con el cine contemporáneo. Películas como The Matrix trasladaron la antigua sospecha filosófica del lenguaje del código binario. De pronto, el demiurgo no era un dios

sino una máquina. La estética hacker sustituyó al misticismo clásico. La pastilla roja se convirtió en símbolo de despertar intelectual. Y aquí conviene detenerse. La hipótesis de la simulación no triunfa solo por su plausibilidad teórica, sino porque ofrece un relato potente. Un relato en el que somos protagonistas de un misterio cósmico. Vivimos en una época peculiar. La religión tradicional pierde influencia en ciertos sectores, pero la necesidad de

trascendencia permanece intacta. En este vacío emerge una espiritualidad tecnificada. No hablamos de ángeles, sino de dimensiones. No hablamos de alma, sino de conciencia cuántica. No hablamos de Dios, sino de programador. Es una traducción cultural. La simulación funciona como mito contemporáneo. Proporciona sentido, ofrece épica y permite cuestionar la autoridad del mundo visible. Pero aquí surge una pregunta incómoda.¿ Es ciencia

o es narrativa existencial? Si vivimos en una simulación,¿ podríamos detectarla? Algunos físicos han especulado con la posibilidad de encontrar errores en las leyes fundamentales, límites computacionales o irregularidades en el espacio-tiempo. El problema es epistemológico. Cualquier evidencia que observemos formaría parte de la propia simulación. No podríamos salir fuera para verificarla. Es el mismo dilema que planteaba René Descartes con el

genio maligno. Si todo es ilusión,¿ cómo distinguirla desde dentro? La hipótesis de la simulación, en su forma más radical, es prácticamente infalsable. Y cuando una idea no puede someterse a prueba empírica, se mueve del terreno científico al filosófico. Eso no la invalida como reflexión, pero cambia su estatus. Supongamos por un momento que la hipótesis es correcta.¿ Cambiaría algo?¿ Sería el sufrimiento menos real porque es código?¿ La muerte

menos definitiva porque es un proceso computacional? Desde la perspectiva interna, no. El dolor se experimenta. La alegría también. Que el soporte último sea biológico o digital no altera la vivencia subjetiva. Curiosamente, incluso si somos simulación, La ética sigue teniendo sentido. Quizás más aún. Si somos observados por una civilización superior, cada acto podría ser registrado. La vieja idea del juicio final

reaparece con estética de servidor central.¿ Por qué ahora? La pregunta decisiva es cultural.¿ Por qué esta hipótesis emerge con fuerza en el siglo XXI? Porque vivimos rodeados de simulaciones, videojuegos hiperrealistas, entornos virtuales, inteligencia artificial capaz de generar textos, imágenes y voces casi indistinguibles de las humanas. Estamos experimentando en pequeño lo que imaginamos en grande. Proyectamos nuestras herramientas

hacia el cosmos. Del mismo modo que sociedades antiguas imaginaron dioses con forma humana, nosotros imaginamos universos con arquitectura digital. No es casualidad, es antropología tecnológica. Conviene subrayar con serenidad. No existe evidencia empírica que demuestre que vivimos en una simulación. Tampoco existe evidencia que lo descarte definitivamente. Estamos ante una hipótesis filosófica apoyada en extrapolaciones tecnológicas y en la extrañeza

interpretativa de la física cuántica.¿ Y la física cuántica? Por fascinante que sea, no afirma que la conciencia cree la realidad ni que el universo sea un videojuego. Confundir metáforas con mecanismos es uno de los riesgos de nuestra época. Tal vez la hipótesis de la simulación no sea una revelación sobre el universo, sino un espejo de nuestra ansiedad contemporánea. Vivimos en una era donde lo virtual invade lo tangible, donde la identidad se fragmenta en perfiles digitales, donde la

información moldea percepciones. Preguntarnos si somos código es preguntarnos si seguimos teniendo fundamento sólido. Es una duda ontológica nacida de la hiperconectividad. Si mañana se demostrara que somos simulación, despertaríamos igualmente, pagaríamos facturas, amaríamos y temeríamos. La experiencia seguiría siendo experiencia. Quizá el valor de esta hipótesis no esté en su veracidad literal, sino en su capacidad para obligarnos a pensar.

Pensar qué es la realidad. Pensar qué es la conciencia. Pensar qué significa existir. Porque al final, tanto si somos materia vibrando en campos cuánticos, Como si somos líneas de código. En un sistema inconcebible hay algo innegable. Estamos aquí. Y mientras estemos aquí, la pregunta seguirá abierta.¿ Es el universo un programa?¿ O quizá la verdadera cuestión sea otra más inquietante y más profunda? Si esto es una simulación,¿ quién

está aprendiendo con nosotros? Nada más que perder. Capítulo 8 El

Nada más que perder - Capítulo 8

depósito de cadáveres tenía dos entradas principales, más el garaje y la puerta de recepción, donde entraban y salían los cadáveres en vehículos de transporte público. Además de mi habitación, que técnicamente ya no era mi habitación, así que no podía controlar la puerta. Eso significaba cinco entradas que tenía que ver si iba a pasar más tiempo en la funeraria. Si un agente del FBI se acercaba a una de ellas, necesitaba saberlo y necesitaba tiempo para escapar de uno de

los otros. Mi vieja habitación era la más fácil. Mientras Margo no lo alquilara a nadie... permanecería cerrada y vacía. Me preocupaba que tal vez alguien la abriera casualmente, tratando de obtener un poco de brisa o algo así. Pero este era un verano de Arizona. Todo estaba cerrado herméticamente más que una estación espacial. Y el aire acondicionado funcionaba

a tope. Solo para estar seguro, durante mi pausa para el almuerzo al día siguiente, aflojé los tornillos en el pestillo de la puerta, haciendo que se atascara cuando alguien intentara abrirla. Esa fue una puerta cuidada. Los otros fueron más duros. El depósito de cadáveres no tenía cámara de seguridad, como había aprendido cuando consideré irrumpir por primera vez. pero tenían un sensor de movimiento conectado a una alarma que a su vez estaba conectado a un centro de llamadas

antirrobo en alguna parte.¿ Podría jugar con eso? Probablemente no sin alertar al centro de llamadas de que algo estaba pasando. Evitar que las personas manipularan sus equipos era prácticamente todo su trabajo. Necesitaría algo más. La solución ideal, por supuesto, era algún tipo de sistema de cámara para poder saber cuándo vendría alguien y luego ver de inmediato si era una amenaza. Eso probablemente estaba fuera de mi rango de precios.

El cadáver quemado de Luke Mineker nunca apareció. La autopsia fue más problemática de lo que esperaban. Así que fui a la ferretería después del trabajo y busqué luces con detección de movimiento, como las que coloqué en el camino de entrada. La mayoría de ellos costaban alrededor de 70 u 80 dólares cada uno, pero encontré una marca de aspecto barato a la venta por 60. El rollo de billetes que había tomado del coche de Asu contenía 200 dólares. menos los 4,95 que

había gastado en pizza mexicana. Y con mis propios ahorros, logré elevar mi gran total a 286,18. Cuatro luces costaban 240. Las puse en mi carrito y fui a la sección del timbre de la puerta, pero el timbre inalámbrico más barato que pude encontrar fue de 30 dólares y estaba más allá de mi límite. Miré de nuevo preguntándome si me había perdido algo, pero no pude encontrar nada más barato. Señalé a uno de los vendedores.¿ Tienes timbres más baratos?¿ Los inalámbricos? No,

en la tienda. Pero tenemos alguno en el almacén. Necesito comprarlos hoy. Le dije,¿ hay alguna forma de que me puedan dar el precio en línea? No es un artículo que llevemos aquí, solo en el almacén central. Tienes que ordenarlo en internet. Está bien, le dije.¿ Qué tal estas luces de entrada? Me temo que si quieres el sensor de movimiento, lo que tienes en el carrito ya es lo mejor que podemos hacer. Pero necesito algo más barato.¿

Hay alguna forma de que puedas hacerme un trato? Estás comprando sensores de movimiento y receptores inalámbricos, dijo el hombre. Esa es la opción más cara en ambas categorías.¿ Hay alguna forma de alterar tu proyecto con una lámpara estándar o tal vez un timbre estándar? Ojalá supiera cuál era mi proyecto. No, tiene que ser esto. Cuatro juegos de cada uno.¿ Es esto para un complejo de apartamentos?« Exactamente», le dije.« Le haré saber a mi jefe que esto

es lo mejor que puedo hacer. Gracias».« No hay problema. Avísame si necesitas algo más». Él sonrió y se alejó y yo miré mi carro lleno de cajas. Me podía permitir tres juegos.¿ Qué puerta de la morgue podría arriesgarme a no mirar? Ninguno de ellos. Tal vez podía robar el cuarto set. Miré a mi alrededor preguntándome dónde estaban las cámaras, pero decidí que era demasiado arriesgado de todos modos. Robar en tiendas no estaba en mi currículum, y tres

sets eran mejores que nada. Puse el cuarto de vuelta, pagué en la caja registradora y gasté otros 20 dólares en baterías. Caminé a casa con la bolsa sobre mi hombro y mi otra mano debajo de mi camiseta, apretando fuertemente por el mango de un pequeño cuchillo de carne que había tomado prestado de la cocina de Parker. Nadie me siguió o intentó ahogarme. Regresé a la casa de Parker, devolví el cuchillo a su cajón y tiré mis cajas al suelo. No volvería de su cita por unas pocas horas, así

que tuve tiempo de trabajar sin obstáculos. Una luz con sensor de movimiento era realmente dos dispositivos. un sensor y una luz. Cuando el primero detectó movimiento en su campo de visión, envió una señal a lo largo de un pequeño cable y encendió el último. Los timbres eran los mismos. Presionar el botón y una señal pasa a través de un cable o una pequeña baliza inalámbrica que envió otra señal por el aire a una caja de campanas. Todo lo que tenía que hacer era obtener el gatillo del

primero para hablar con el segundo. Abrí los paquetes, separé los dispositivos y básicamente solo jugueteé con cables, cuchillos y destornilladores hasta que de alguna manera lo hice funcionar. Activé el sensor de movimiento y sonó el timbre. Instalé los otros dos sensores para que funcionen a la misma manera. Los cargué con baterías nuevas y lo guardé en mi mochila. Llevé las luces y el resto de las piezas y el embalaje al contenedor de basura comunitario y lo tiré todo.

Cuando Parker llegó a casa, ya estaba acostado en el sofá fingiendo estar dormido. A la mañana siguiente me puse a trabajar temprano y caminé por todo el edificio tratando de decidir qué puerta necesitaba menos una alarma. Obviamente la puerta de entrada necesitaba una. Coloqué un sensor de movimiento en el jardín cercano, apunté a la pasarela y usé rocas para ocultarlo y asegurarlo en su lugar. Lo encendí. Subí por la puerta y la caja de la campanilla

de mi mochila sonó como un clásico ding-dong. Di la vuelta hacia atrás e hice lo mismo cubriendo la puerta trasera que la gente usaría si se acercaban desde el estacionamiento. Lo probé. Y la segunda caja de la campanilla hizo el mismo sonido de ding-dong. Fue genial que ambos trabajaran, pero si uno de ellos sonó y tuve segundos para escapar, necesitaría saber qué puerta había usado alguien. Afirmaban tener 16 tonos diferentes, así que abrí la caja del timbre y me pregunté

por un minuto qué configuraciones usar. La mayoría de ellos eran solo variaciones de los mismos tonos básicos y necesitaba algo reconocible al instante. Aung San Suu Kyi, el quinto de Beethoven, puso la puerta de atrás en feliz cumpleaños y la campanilla final en te deseamos una feliz navidad. El frente podría permanecer como estaba. Pero¿ cuál de las

dos últimas puertas debería alarmar? La puerta del garaje y la puerta de la recepción estaban lo suficientemente separadas como para no pensar que podría cubrirlas con un solo sensor. Esperé un poco, tratando de resolver la mejor de las dos malas elecciones, y lo instalé en la puerta de recepción. Prácticamente iba directamente a la sala de embalsamamiento, que es donde pasaría la mayor parte de mi tiempo, así que si alguien llega a eso, que necesitaba saberlo antes posible.

Puse la alarma en la base de un arbusto metida justo debajo de las hojas y la puse en ángulo para atrapar tanto la puerta como la mayor parte del camino que conducía a ella. Lo probé y la caja de campanas de mi mochila cantaba un alegre villancico. Funcionó. Apenas medio segundo después, mi mochila volvió a cantar de indón. Alguien entraba por la puerta principal. Probablemente Margo. Anclé el último sensor con un par de rocas más y cerré mi mochila. Conté hasta 20 y caminé hacia el frente. Mi

mochila volvió a ponerse cuando volví. Margo estaba en su oficina. Buenos días, Robert. Hoy vamos a obtener el cuerpo de Mineker.¿ Estás listo? Inquietantemente listo, le dije. Margo levantó una ceja y yo sonreí. Iré a preparar la habitación. El cuerpo de Lucas Mineker llegó a las diez de la mañana y lo tendimos en la mesa y abrimos la folsa del cuerpo. Yasmín hizo una mueca y miró hacia otro lado. Estaba quemado de pies a cabeza, sin pelo y sin orejas,

y en muchos lugares sin piel. La piel que quedaba estaba chamuscada en un patrón intrincado semi-aleatorio de amarillo, marrón y negro estirado sobre sus huesos y músculos bien cocidos. Parecía una salchicha.« Date un minuto», dijo Margo.« Tu primer cuerpo quemado siempre es duro». Yasmín se sentó respirando superficialmente, y Margo empujó suavemente la cabeza de la niña hacia

sus rodillas. Comencé como siempre comenzamos, examinando el cuerpo con minucioso detalle, asegurándome de que nada estaba mal o fuera de lo normal antes de ponernos a trabajar. La primera parte de este proceso era técnicamente asegurarse de que el cuerpo estuviera muerto, pero en este caso era obvio. No solo estaba quemado, sino que la autopsia había abierto su pecho en un corte gigante en forma de Y, hombro a esternón, hombro al esternón y esternón a la cintura.

Le rompieron las costillas y lo abrieron como una maleta, le quitaron los órganos internos y los examinaron. Luego los pusieron en una bolsa de plástico y los almacenaron nuevamente en la cavidad torácica. Pude ver una esquina de esta bolsa sobresaliendo del hueco de la incisión en Y.« Ha pasado un tiempo desde que tuvimos una autopsia», dijo Margo.« Cathy no consiguió uno».« La mayoría de la gente no», dije. Sin embargo, sorprendentemente no lo hizo. Nadie sospechaba de juego sucio.

Uno pensaría, dijo Margo, solo un accidente. Sin embargo, beber un vaso de agua o algo así. En casa, en el depósito de cadáveres de mi madre, su hermana gemela Margaret ya habría llamado a los órganos. Se realizó un embasamamiento de la autopsia en dos partes, una para el

sistema circulatorio y otra para los órganos extraídos. Esto último fue más fácil.« Jasmín», le dije,«¿ has hecho un embasamamiento de órganos?».« Sí».« Entonces toma esto», le dije abriendo el cofre y sacando la bolsa.« Te tendremos en la otra mesa y puedes alejarte de nosotros y solo lidiar con esto». El calor que lo quemó no llegó a ser tan profundo, por lo que son prácticamente órganos normales. Será simple y familiar. Puedo hacer el cuerpo. Respiró hondo, largo y lento y

controlado y luego se puso en pie. Después de un momento levantó los ojos y miró el cuerpo quemado. Puedo hacer esto. Solo haz los órganos, dijo Margo. No me mimes. Dijo Jasmine.« No son mimos. Es un negocio». Dijo Margo.« Sé que puedes hacer un embasamiento arterial. Ahora quiero ver cómo lo maneja el nuevo chico».« Bien», dijo Jasmine. Aún no había quitado los ojos del cuerpo. Miró un momento más, apretó los dientes y luego se volvió bruscamente hacia la

otra mesa. Como si hubiera estado conteniendo la respiración bajo el agua y ahora era el momento de retirarse. Le di la bolsa y ella se puso a trabajar. Mezclando, cuidadosamente, una fórmula embalsamadora de germicida, anticoagulante, perfume y glutaraldehído. Una imitación de formaldehído que muchas funerarias estaban usando en estos días. No era tan tóxico, pero tampoco tan efectivo. Normalmente también mezclarías un tinte allí, pero los órganos no lo necesitaban.

Pensé en los productos químicos venenosos y miré hacia el techo, donde nuestra antigua sala de embalsamamiento tenía una gran campana metálica de ventilación para aspirar los humos.« Esperemos que este fan no se rinda con nosotros», dije.« Hay cuatro de ellos y son nuevos», dijo Margo.« Los pusieron el invierno pasado».« Es solo algo que me gusta decir», dije. También había sido cosa de mi tía Margaret. El interior del cuerpo no estaba tan cocido como el exterior y los vasos

sanguíneos todavía estaban en muy buenas condiciones. Podríamos hacer un embasamamiento arterial completo, pero primero tuvimos que terminar la inspección. Comprimí la bolsa del cuerpo del resto del camino y exponiendo su mitad inferior. Su área de la ingle era horrible. Y Margo y yo sacamos la bolsa ahora debajo de él. Moviendo la bolsa expuso sus brazos y Margo y yo los miramos sorprendidos. Sus antebrazos tenían un punto cada uno

perfectamente en forma de mano, sin carne quemada en absoluto. Bueno, dijo Margo, no se ve esto todos los días. Gracias a Dios, le dije. Toqué uno de los parches no quemados empujándolo con mi dedo. Era suave y casi blando, como se suponía que eran los cadáveres, sin la fremeza de las partes que estaban más cocidas. Levanté el brazo y lo giré suavemente mirando la huella de la mano.

Era sin lugar a dudas una mano. Quería probar el tamaño contra las marcas de mi mochila, pero no había forma de hacerlo sin hacer que Margo y Yasmín sintieran curiosidad por las preguntas que realmente no quería responder. Había colocado una camiseta sobre mi mochila para cubrir las huellas de las manos y hasta ahora había logrado ocultarlas y

todo el ataque de todos. En cambio, puse mi propia mano en la impresión probándola de esa manera, con la esperanza de poder hacer una comparación útil con las impresiones de la mochila más tarde. Me sorprendió descubrir que mi mano solo se ajustaba a la huella del brazo cuando el brazo estaba plano contra los costados del cuerpo, como si Asu acabara de caminar delante de él y agarrara

los brazos de Lucas. Había esperado lo contrario, con el agarre invertido, como si los brazos de Lucas hubieran sido levantados frente a su cara en una posición defensiva.¿ Qué significaba?¿ Y qué importaba si el marchito que lo había hecho ya estaba muerto?¿ Podría aprender algo del cuerpo que me ayudaría a encontrar a los demás o fue todo simplemente una fascinación mórbida?« Mi mochila emitió un alegre« Te deseamos una feliz Navidad». La agarré y corrí hacia la puerta.

Teléfono celular, dije. Tengo que cogerlo. Esa canción significaba que alguien estaba en la puerta de recepción y no tenía tiempo de sobra. Entré en el pasillo, me puse la mochila sobre los hombros y me preparé para salir corriendo. Sin embargo, primero tenía que ver quién era. Así que aceché fuera de la sala de embasamamiento y escuché. El sonido de una puerta en la habitación contigua. Pasos. Margot,¿ estás ahí? Pensé que reconocía la voz del hombre, pero

no pude ubicarla. No era Harold. Era una voz más joven. Entra, Simon. Llamó Margot. Más pasos.¿ Me trajiste ese nuevo envío de detergentes? Justo aquí, dijo el hombre, más pasos. Hola, Jazz, buenas noches.¿ Por qué no me avisaste? Es un cadáver, dijo Jasmine.¿ Qué esperabas ver en una sala de embalsamamiento? Más pasos y el pesado golpe de una caja sobre un mostrador. Voy a comenzar a dejar estas malditas cajas en la acera si sigues asustándome así. Hicieron una pequeña charla ociosa

mientras Margo firmaba el paquete y me pregunté. Si él era solo un repartidor, entonces yo estaba a salvo, ¿no? Él no era del FBI. Pero había escuchado su voz en alguna parte antes y eso me puso nervioso. No eran ninguno de los amigos de Jasmine y no conocía a nadie más en la ciudad.¿ Qué pasaría si era alguien que me conocía de otra ciudad con un nombre diferente? No podía arriesgarme a ser visto. Me alejé en silencio

y moviéndome hacia una de las habitaciones laterales. Había una ventana con una vista perfecta de la puerta de recepción. Llegué justo a tiempo para mirar a través de una brecha en la cortina y vi al hombre salir al sol y regresar a su camioneta. Mi mochila cantó su canción de Navidad mientras iba. Esta vez no llevaba el abrigo pero lo conocía tan claro como el día. Él era el hombre que había intentado ahogarme.¿ Debo seguirlo?¿ Podría

incluso siquiera hacerlo? Miré el camión tratando de distinguir la matrícula, pero todo lo que pude ver fue el logotipo de la compañía en el costado. Entrega de Diamants. Entró y se fue. Margo lo había llamado por su primer nombre. Alvin. Simon. Si ella fuera por su nombre, también sabría más sobre él. Podría obtener toda la información de ella. Regresé a la sala de embalsamamiento, puse mi mochila en la esquina y me lavé de nuevo.¿ Te escuché hablar? Le dije. No

te escuchamos, dijo Margo. Estoy bastante callado por teléfono, dije. Asentí con la cabeza a la caja de detergente para cadáveres.«¿ Repartidor?»« Panhalter», dijo Margo.« Ahora ayúdame a configurar estas funciones antes de que aparezca otra».« Sí, era un repartidor», dijo Jasmine.« Margo, eres tan mala como mis amigos de la escuela».« Lamento haberlo extrañado», dije Margo. Sus amigos de la escuela son las únicas personas que conozco en esta ciudad. Señor, ten

piedad de tu alma, dijo Margo. Vas a comenzar a deletrear tu nombre con una cara sonriente en lugar de una O. De ninguna manera Robert usa una cara sonriente, dijo Jasmine. Tal vez un demonio emoji, sin embargo. No dije nada y volví al trabajo. En el transcurso de la tarde pude deducir el nombre completo del repartidor, Simon Jacob Watts. Los sensores de movimiento sonaron una vez más,

pero solo era Harold. Cuando terminamos de embalsamar a mi Naker, me lavé, me cambié de ropa y caminé las tres millas hasta la biblioteca, donde usé el internet gratis para encontrar todo lo que pude sobre Watts, incluida la dirección de su casa. No había mucho sobre él. Sin antecedentes de violencia, sin antecedentes penales. Encontré un mapa en línea y escribí las instrucciones para llegar a su casa en

los suburbios. Acerqué la imagen del satélite y la miré, sintiéndome como un avión no tripulado de misiles mirando hacia mi objetivo.¿ Qué debería hacer? Salí a buscarlo, aunque estaba a unas pocas millas de donde estaba. Cuando llegué allí ya era de noche. Un par de ventanas aún brillaban aunque no podía ver a nadie dentro. El jardín delantero tenía una bicicleta y un coche de plástico del tamaño

de un niño pequeño. Aparentemente tenía hijos. Me deslicé hacia la cochera teniendo cuidado de no tocar el coche en caso de que tuviera una alarma. Me asomé por las ventanas laterales e incluso abrí el cubo de basura aunque no vi nada inmediatamente interesante. Me metí en el patio trasero y descubrí que tenía una pequeña terraza de madera fuera de su cocina. Me recordó el diseño de la

antigua casa de Brooke en Clayton. La luz de la cocina estaba encendida y las persianas estaban abiertas y pude ver a Simon y a una mujer que supuse era su esposa sentada en la mesa de la cocina sonriendo y recogiendo las sobras. El reloj de pared decía que eran casi las diez de la noche, así que supuse que los niños estaban dormidos. Su nevera estaba cubierta con dibujos de crayones pegados con imanes. Un gato dormía en el suelo. Retrocedí, no queriendo llamar su atención. Por cada aparición,

Simon Watts parecía totalmente normal. Pero los asesinos en serie siempre lo fueron. No estaba entusiasmado con la dama oscura, ni afilaba ganchos de carne, ni recortaba cartas de una revista para escribir una nota anónima. Estaba sentado allí, hablando con su esposa, sin importarle el mundo. Y sin embargo, él era mi única conexión con Rain. No parecían tener un perro, así que me arriesgué y busqué un lugar para esconderme. Lo encontré en una casa de juegos de

plástico en su patio trasero. Fue un poco dañado por el sol y lucía más que unas pocas telarañas en la puerta. No parecía que los niños lo usaran mucho. El aire nocturno era cálido y ni siquiera necesitaba una manta. Me arrastré dentro de la casa de juegos, me apoyé contra la pared del fondo y me senté con una vista perfecta de la puerta trasera y el coche. Y me senté a mirarlo toda la noche. Este es el

Créditos

número de teléfono en el que puedes enviar tus audios comentando cualquier tema que te apetezca, bien que haya tratado en el programa o bien que se te haya ocurrido a ti. También puedes proponerme temas que quieras que trate. O incluso, y mucho mejor, autoinvitarte a este programa para comentar algún tema, exponerlo y tener, si cabe, un breve debate. Me encantaría. luisvermejo.com es la web donde puedes encontrar todos mis podcasts, todos los episodios y todas mis redes sociales,

entre otras cosas. Para que me sigas o me contactes como alternativa y si te apetece, me des difusión. Si quieres, hazle una visita y consultalos. Como siempre, agradeceros vuestra asistencia a No Soy Original. Agradeceros el tiempo que habéis dedicado al programa. Mandaros muchísima fuerza. Y a los que me lo permitáis, un fuerte abrazo de más de seis segundos. Recuerda que cuestionarse es de sabios y, como siempre, confía.

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