Dressan, la geometría del deseo. Capítulo VI. Samuel. Habían pasado semanas desde aquella noche en Valencia. Dressan había vuelto a Madrid. Más contenido, más sobrio. Seguía siendo el mismo por fuera, perfecto, afilado y deseado, pero dentro algo había cambiado. Ya no era tan fácil desconectar. Cada rostro nuevo le recordaba a
uno solo. Iván. Hasta que conoció a Samuel. Fue durante un evento en el Caixa Forum, una mesa redonda sobre el impacto emocional de la inteligencia artificial, donde Dressan, como siempre, era uno de los ponentes principales. Elegante, preciso, encantador. Pero cuando acabó su exposición, alguien pidió la palabra. Brillante análisis, Dressan, pero creo que confundes simulación emocional con intuición profunda. No todo lo que brilla en lo digital se traduce en
lo humano. La voz venía del fondo. Seria, directa, segura. Y cuando Dressan lo vio, por un instante sintió algo parecido al vértigo. Samuel, 30 años, cejas gruesas, ojos grises, barba de dos días y labios serios. Llevaba una camiseta negra y una americana sin pretensiones y aún así era el hombre más magnético de la sala. No sólo era guapo, tenía presencia, algo salvaje contenido como una tormenta amarrada con hilos de seda. Después del debate Samuel se le acercó.
No era un ataque, solo un ajuste. Me gusta lo que dices, pero más lo que no dices.¿ Y qué es lo que no digo? Preguntó Dressan sonriendo con filo. Que estás cansado de fingir poder y que hace poco alguien te desmontó. Dressan sintió un escalofrío.¿ Nos conocemos? Samuel sonrió. No, pero conozco a Iván. ¡Bum! Dressan se congeló. Fue mi pareja. Añadió Samuel sin bajar la voz. Hace dos años. Y sí, también me rompió. Es su talento, ¿no? El silencio entre
ellos era espeso.¿ Y ahora qué haces tú aquí? Susurró Dressan. No lo sé aún, pero tal vez tú y yo... Samuel se acercó. Podríamos ayudarnos a olvidar. Esa noche no fueron directamente a la cama. Primero caminaron por el retiro. Luego compartieron una botella de vino en la terraza de un hotel secreto en Chueca. Se contaron medias verdades. Se midieron como espadachines elegantes. Se buscaron con las palabras antes que con las manos. Pero cuando finalmente llegaron al apartamento
de Samuel, todo se desbordó. No fue solo sexo. Fue guerra fría. Fue venganza. Fue consuelo disfrazado de lujuria. Se besaron como si cada uno intentara dominar al otro con la lengua. Se desnudaron como si cada prenda fuera una confesión. Y al final, exhaustos, sudados, vencidos, Samuel susurró.¿ Y ahora qué, Dressan?
Ahora no lo sé. porque por primera vez Dressan estaba dividido entre dos hombres que no podía controlar, Iván, el que lo había desarmado sin esfuerzo, y Samuel, el que sabía exactamente por qué, y entre ambos un deseo que ya no seguía geometría alguna. Autor José Pardal. Narración Coral Bravo.
