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DRESAN: El Yate de Medianoche

Oct 08, 20253 min
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Micro Relatos Eroticos

Transcript

Speaker 2

Tresán, el yate de medianoche. Capítulo 3. Las reglas del mar caliente. Era medianoche en la costa de Valencia. El mar estaba quieto, como si esperara. Frente a la Marina Real, atracado sin nombre ni bandera, flotaba un yate negro con luces lilas, que brillaban bajo la superficie como si el barco tuviera alma. Se llamaba Obscura, pero sólo unos pocos conocían su existencia, y nadie sabía con certeza quién lo había diseñado, sólo

que aparecía cuando Dressan lo necesitaba. Vestido con una bata blanca de seda apenas atada a la cintura, Dressan subió al yate descalzo, como si caminara sobre mármol caliente. En cubierta lo esperaban doce hombres, doce signos del zodíaco encarnados, doce amantes seleccionados esa noche por una IA que combinaba atracción química, compatibilidad astral y fantasías recurrentes. Aries era un boxeador brasileño de mandíbula griega. Leo, un arquitecto israelí con

los ojos como el cielo de Cádiz. Escorpio, un chef molecular del Singapur que cocinaba afrodisíacos en forma de caricias. Dresan se sentó en el centro. Esta noche no hay música, solo cuerpos y secretos, dijo con voz suave. La regla era clara. Cada amante contaría su mayor deseo no confesado y luego lo encarnarían con Dressan. No era solo sexo, era performance, arte y conexión. Piscis deseaba ser tocado por pensamientos,

no por manos. Dressan le ofreció una cápsula de realidad aumentada donde se encontraban en el lubre, solos, y se amaban frente a la victoria de Samotracia. Tauro quería un abrazo eterno. Dressan le envolvió con una cuerda roja de seda y durante una hora no dejaron de mirarse sin moverse. Pero fue Acuario el que cambió todo.

Speaker 3

Yo no deseo a Dressan. Yo quiero ser Dressan.

Speaker 2

La cubierta se silenció. Dressan lo miró, curioso con media sonrisa.—¿ Sabes lo que pides? Ser yo no es

Speaker 3

solo brillar, es quemarse cada noche y renacer cada mañana.— Entonces quémame

Speaker 2

Dressan se acercó. Lo besó. Largo. Profundo. Y luego, como si las olas respondieran a ese beso, el yate comenzó a girar lentamente en espiral. La noche se volvió líquida. El mar subía. El cielo bajaba. No había más tiempo. Solo deseo. Dressan y Acuario se fundieron en una sola piel, un solo nombre, una sola historia que no sabría decir quién era quién. A la mañana siguiente, el yate había desaparecido.

Algunos dicen que solo queda una cinta de seda blanca flotando en el agua, otros que Dressan ya no está solo en su cuerpo. Pero en las noches de luna llena, desde la playa de la Malvarrosa, se ve una figura caminando sobre el agua, con una bata blanca que nunca se moja. Autor José Pardal. Narración Coral Bravo.

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