Dressan, el eco de Iván. Capítulo V. En la ciudad de Cristal. Dressan había huido. Después de aquella noche con Iván en Madrid, tomó la decisión de escapar. No le dejó un mensaje. No lo buscó. Cogió su coche eléctrico a las cinco de la mañana y condujo sin parar hacia Valencia. Necesitaba volver a su terreno. Cuerpos, calor, control. Se encerró en su apartamento de cristal en la ciudad de las Artes. Desde allí podía ver el agua moverse
como si respirara. llamó a un masajista luego a un bailarín colombiano después a un diseñador de interiores con quien había compartido una ducha en milán pero nada ninguno olía como iván ninguno lo desarmaba como él Tres días después aceptó la invitación a una fiesta privada en el Hemisféric, una especie de templo futurista bajo el cielo valenciano. Música electrónica suave, champán helado, gente bellísima hablando de nada con acentos perfectos, todo como le gustaba, o como le gustaba antes.
Estaba sentado en uno de los sofás curvos bebiendo lentamente cuando lo vio. Iván, vestido con camisa blanca y pantalones beige, pelo revuelto, solo, observando una instalación de luces que se reflejaban en el agua, como si el universo lo hubiera puesto ahí para provocarlo. Dressan se congeló, quiso huir, pero sus piernas no respondieron. Iván se giró y lo miró, ni sorpresa ni reproche, solo esa mirada densa, como si lo atravesara todo. Se acercó.—¿ Huyes de mí o de
ti mismo?— preguntó. Dressan forzó una sonrisa.— De los dos, y no me está funcionando. Iván se sentó a su lado. Silencio, solo el sonido del agua artificial y los murmullos de fondo.— Creí que era otro más— dijo Iván sin mirarlo.— Y yo creí que podía olvidarte— respondió Dressan—. Esa noche no se acostaron, no se besaron, solo caminaron por los puentes vacíos de la ciudad de las artes y las ciencias bajo la luna, como dos adolescentes que aún no saben qué duele más, el deseo o lo que pasa cuando
el deseo se queda. Y al llegar al final del paseo, Iván se detuvo. Si vuelves a huir, no me busques más, yo no juego. Dressan lo miró, por primera vez sin máscaras. No quiero jugar, pero no sé amar sin destruir. Ivana sintió. Entonces empieza por no destruirte a ti mismo. Se despidieron con un largo abrazo de esos que no sabes si son un adiós o un principio. Esa noche Dressan no durmió con nadie, solo con sus pensamientos, y por primera vez en su vida no se sintió vacío. Autor José Pardal.
Narración Coral Bravo.
