La Mano Peluda Viernes 18 de Agosto de 2023 - podcast episode cover

La Mano Peluda Viernes 18 de Agosto de 2023

Aug 19, 20231 hr 42 min
--:--
--:--
Download Metacast podcast app
Listen to this episode in Metacast mobile app
Don't just listen to podcasts. Learn from them with transcripts, summaries, and chapters for every episode. Skim, search, and bookmark insights. Learn more

Episode description

#LaManoPeluda #AbriendoLaConversación

Grupo Fórmula #AbriendoLaConversación #LaManoPeluda ¡Suscríbete a nuestro canal de YouTube! http://goo.gl/NAKFkj Podcast: https://goo.gl/PbwGxT Mantente informado minuto a minuto en nuestras redes sociales: Facebook-----http://goo.gl/5UHZOQ Twitter----------http://goo.gl/nEXxVF Canal sugerido http://goo.gl/hst33f Sigue nuestra transmisión en vivo: http://goo.gl/2VZDqJ Descarga nuestra App: iOS: http://goo.gl/tLZe3S Android: http://goo.gl/oXFwHj

¿Quieres anunciarte en este y muchos otros podcast? Escríbenos a este email: ventas@rss.com

Transcript

en el programa. Busca tus programas favoritos en tu plataforma de podcast preferida. Grupo Fórmula. Advertencia, las opiniones de los participantes y colaboradores no corresponden necesariamente con las del programa o la empresa. Si este programa es escuchado por menores de edad, se recomienda que lo hagan en compañía de un programa. El espíritu de bruja en el. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. No. El que no es conmigo en contra de mí es. Digo que con

mí no recoge de ramos. Porque conocemos de raíz a los especialistas. El demonio es una figura que ha aparecido en todas las culturas. Y no es una figura cristiana. La documentaremos todas esas experiencias que no tienen ninguna importancia. Ignacio Muñoz. Llegó la hora de poner las evidencias sobre la mesa. Fantasmas. Voces. Apariciones. Psicofonías. Mitos y leyendas que rodean al

hombre. Aquí en la mano Desde la ciudad de México, para todo el mundo, esta emisión de lo insólito y de lo que no tiene explicación lógica. Relatos, vivencias, y experiencias que tú nos quieres dar. Hola, ¿Qué tal? ¿Cómo están? Buenas noches, gracias por estar aquí en el programa. Sí, donde vamos a platicar de lo increíble y por supuesto, de lo sobrenatural. Yo soy Nacho Muñoz, agradecido con Dios y con ustedes porque tendremos una noche de miedo.

Queremos tu participación a las redes sociales, Facebook y YouTube, y también la multilínea cincuenta y cinco, cincuenta y dos, setenta y nueve, veintidós noventa y uno. La página Radio Fórmula punto com punto MX, y en Spotify, encuentranos como la mano peluda, grupo Fórmula. Ahí nos encuentras justo. También te voy a invitar a que te pongas en contacto con nosotros a través de Facebook e incluimos nuestro

WhatsApp. Anota el número cincuenta y cinco, veintiuno noventa y tres, cincuenta y nueve, veintiséis, cincuenta y cinco, veintiuno noventa y tres, cincuenta y nueve, veintiséis, es nuestro WhatsApp, ya sabes

cómo usarlo. Saludamos a las estaciones en la República Mexicana, que se unen con nosotros, Ciudad Guzmán Jalisco, Tijuana, Tijuana, Tijuana, Mocillo, la Paz, Baja California Sur, Mazatlán, Pozarrica, Tabasco, Tijuana, Torreón, Querétaro, y en Estados Unidos, Las Vegas, y Georgia, bienvenidos a esta noche espeluznante. Tenemos un tema para que tú nos des tu punto de vista acerca de los enigmas que han habido durante siglos estos misterios del mar en los que han estado los

expertos y buceadores. Si bien los humanos han estudiado, investigado, y explorado el océano, en realidad se dice que solo se conoce una pequeña porción de tanta inmensidad. Por tanto, aún queda mucho por explicar y grandes misterios oceánicos por resolver. Estos van desde ciudades perdidas, barcos desaparecidos, hasta objetos extraños encontrados en los bosques y extrañas criaturas que pueden devorar

fácilmente un barco. Hay varios misterios fascinantes sobre el océano que seguramente nunca tendrán una respuesta. Hoy le vamos a dar un vistazo a algunos de ellos que han desconcertado a los humanos durante siglos. Enigmas de las profundidades y los riesgos. Eso es, ¿Qué tema? Cuántas veces no hemos dicho, no cabe duda que el

mar merece respeto. Sí, debe haber muchísimos misterios que no conocemos, y hoy vamos a platicar un poquito al respecto, por supuesto que también estamos esperando tu participación, que tú nos cuentes esas historias que te han ocurrido, experiencias con las que no se han conocido. Enrique, estoy hablando de la ciudad de Nueva York, y les quiero enviar un relato. Ah. Hace muchos años, más o menos unos y veinte años, veinte

años, para ser exactos. Tengo una hermana menor, y un día llegó así como drogada a la casa, y pensamos que su novia la había drogado, porque ella despertó, y dijo que no sabía que la la la llevamos a hacerle un antidoping, y resultó negativo, entonces siguió así por mucho tiempo, que esa era una semana que no recordaba nada, entonces decidieron mis padres, bueno, antes de eso la llevaron a los hospitales, y estuvieron checándola, pero ya estuvo casi mes y medio sin recordar quién

era, muchas cosas, las tenemos que recordar, había cosas que no sabíamos, y iba a la escuela, iba en la preparatoria, pero tenía una amiga en la preparatoria que siempre decía, yo la llevo, yo la traigo para que Fabiola no pierda clases, para que ella siga atendiendo sus clases, y y y ella la llevaba, y la traía a mi hermana, esta amiga, entonces le pasaba las tareas, la ayudaba, y total que un día mis padres, mi mamá está en un hospital de neurología, y mi mamá, la

semana se toma a pastillas para para para suicidarse, ella quiso suicidarse, yo entro al cuarto y la veo con las pastillas, casi treinta pastillas abiertas, y y me espanto mucho

al ver eso, ¿Verdad? Entonces, gracias a Dios la llevamos al hospital, y y le gabaron el estómago, para la semana siguiente, mi mamá la lleva al hospital, y le dice la señora, lo que su hija tiene no es médico, ya la llevó con una persona que cura, y dijo, mamá, no, dice, porque lo que su hija tiene es no es médico, entonces le da los datos de una persona, de una señora que curaba, mi mamá la lleva, y la señora le dice que sí, te la puede ayudar, resulta que la señora

va a la casa, y hace la curación, cuando está haciendo la curación, eran tres días de curación, yo recuerdo, y y un día de esos, de los tres días, mi hermana llega a su novio que le viene a visitar, pero tenemos un espejo que daba hacia hacia el

patio, ¿Verdad? Y las escaleras se reflejaban en el espejo, entonces está el novio, su sobrinita, como de dos años, y resulta que baja mi hermana, y vemos, como esa, como una sombra como de tres metros y medio, pero así como si fuera un monje, no sé, como la muerte, no sé, era era algo feo, era una sombra negra, sí, pero con una capota, y iba como abrazando a mi hermano, o sea, ella iba caminando, y esa sombra la iba a llevar hacia esa sombra, y y su novio me dice, ¿Estás viendo

lo que yo estoy viendo? Y le digo, sí, pero dime qué es lo que tú estás viendo, y me lo describe, y le digo, sí, y entonces, mi hermana camina, y esa sombra sigue atrás de ella, entonces, ella entra al cuarto y nos ve, y nos dice, ¿Qué pasó? Y nosotros, oh, no, nada, nada, eso se me quedó muy grabado, entonces, siguen con eso, y después de dos días más, sí, y se oía, ve que las puertas de México antes eran como de fierro, ¿Verdad?

Herrería, se oía como que algo se estrellaba en esa puerta donde estaban curando a mi hermana, se oía muy feo, como que algo se golpeaba, total que la señora hace la curación, y le dice a mi mamá, esto se le va a regresar a la persona que se lo hizo, porque ellos querían ver a su hija muerta, esa persona quería ver a su hija muerta mejor, y venía Navidad, y nos íbamos de viaje, entonces, marca en la noche una la amiga, la que siempre estaba con ella, y me dice, oh, está,

está, el nombre de mi hermana, ¿No? Entonces, yo se la comunico, y quedaron de verse al otro día para irse a comprar la ropa para Navidad, para la cena, ¿No? Sí. Total que salimos mi mi esposo y yo, porque en ese momento, porque nos íbamos de viaje, les comento, entonces, llegamos y vemos a mi hermana llorando, y yo digo, ¿Por qué lloras? Y dice mi mamá, oh, es que le acaban de avisar que

Brenda murió. Dije, ¿Cómo? Que Brenda murió. Dice, sí, Brenda murió a las dos de la mañana, se murió, se ahogó con su vómito, y y y se murió. Dije, eso es muy muy extraño. Eh mi hermana Val Velorio, un velorio triste, un velorio donde no permitieron flores, donde era su familia de ella muy rara.

Entonces, mi hermana se curó mágicamente después de la muerte de su amiga, y yo siempre he pensado que su amiga le tenía envidia a mi hermana por la forma de que vivíamos, que mis papás nos daban todo, y nos daban todo. Y bien, pienso que ella siempre envidió eso. Ese es mi relato, tengo más, y después se los contaré. Wow. Pues sí, es muy probable, es muy probable que debido a las envidias se haya provocado involuntariamente un un acto de estos de magia como que, ¿Por qué le va tan bien? Vamos a

verlo. Y pues se le regresó. Dicho y hecho. Aquí lo hemos mencionado que todo lo que se le desea el prójimo, tarde o temprano, se nos va a regresar. Sea bueno o sea malo. Vámonos a una pausa y regresamos. El miedofón. Mensaje de voz o de texto cincuenta y cinco, veinti seis. Todo lo desconocido estará al alcance de millones de oídos. Aquí en la gente que piensa que saben todo, son una gran molestia para los que sí sabemos todo. Isaac Asimov, sabiduría en las redes.

porque no todo tiene explicación lógica la mano tenuda Continuamos y también saludamos aquí nos dicen saluden a mi esposa Floresita desde el ismo oaxaqueño porque los estamos escuchando y nos agrada que familias y matrimonios estén reunidos en esta situación. Claro que sí. Saludamos a Evel León, Buenas noches Gina y Nacho para todos los pelomaniacos, dice por aquí. Ya me estoy preparando para relatar algo que me sucedió. Saludos a los pueblos del rincón. Claro que sí, mi querida Evel y

esperemos que te animes. Ya es tiempo y ya es tiempo de que narres esas cosas que te han inquietado. Bueno, en el edificio de Inea, oficinas principales y ahí este me dijeron unas personas que sentían bien pesado la mera

verdad no sé qué significa. Y la mera verdad este en una empresa de aseguradora de carros o de carros de que este más asegurado a asegura pero ahí en esa aseguradora en esa empresa trabajaba de limpieza y se sentía demasiado miedo, mucho miedo hasta a metros hasta cuando cruzaban la avenida y pisaban la calle se sentía muy mal y no me dejaba trabajar trabajaba en la noche y eso no me dejaba trabajar y hasta lo hacía más rápido para que y ahí me explotaban muy feo en todas

las empresas han explotado muy feo a las personas haciéndolas trabajar más rápido pero menos haciable menos menos bien los los supervisores o supervisores que cuidan a a alguien en la empresas. Sí. Pero hay unas personas que sí son buenas y unas no. Aquí en este edificio. Ahí nos dejó la

mitad. En ese edificio. Bueno, al inicio de este audio nos dejó la mitad de la gente que incluso ella tenía que trabajar más rápido porque era algo que se podía sentir y efectivamente así sucede en lugares en los que hay este tipo de entidades o hay antecedentes de muerte, algunos hechos trágicos se quedan impregnados en este lugar.

Claro, sí, sí, no cabe duda que en otros de repente llegas a una empresa en donde el ambiente está limpio, hay armonía entre pues la la gente que elabora ahí pero hay otros Gina que literalmente entras al ácido por decirlo de alguna forma entras a donde está toda la envidia y energías de todo tipo. Orquídea, Dios dice, gracias mucho. Gracias por estar presentes ustedes. Les saludo desde el Bronx en New York. Orale, en serio. Bienvenida Orquídea, gracias por acompañarnos. También aquí

tenemos el tema. La bahía de Monterrey en California desde la década de mil novecientos, las historias de monstruos en esta bahía han girado alrededor del mundo, se ha dado a conocer. Ha habido numerosos monstruos en la bahía, en particular, en la bahía de la bahía. Sin embargo, ninguno es tan extraño como la bestia que llegó a la costa en mil novecientos veinticinco, este es el registro. A veces llamado el monstruo de Santa Cruz, el cadáver podrido creaba un

olor insoportable. Tenía un cuello de seis metros de largo. Algunos expertos en el tema especulan que la criatura podría haber sido un reptil prehistórico que vivía en las profundidades del misterioso océano. Los expertos creen que una criatura similar todavía podría existir en algún lugar del océano y esta sería una serpiente marina. Desde la edad media también se ha dicho que estas serpientes o dragones marinos que viven en las profundidades del misterioso océano existen. Que no es un

mito. Y uno de estos avistamientos más famosos yo creo que es el de la criatura marina. Cuando el capitán y la tripulación a bordo del HMS Dewleys notaron una criatura marina gigante con cabeza de dragón. Además afirmaron que era de color marrón oscuro, tipo amarillento también, y más de sesenta pies de largo. Incluso observaron a la criatura durante veinte minutos antes de que esta criatura se desvanece esa noche algunos siguen convencidos de que el dragón marino aún anda

por esta zona. ¿Tú crees que existan algunos monstruos marinos que se dejan ver ahí esporádicamente? ¿Crees que existan aún ahí en los mares? Tal vez allá en esos sitios muy recónditos en donde pocas veces pasa algún buque, algún barco, algún barco, que sería lo más próximo que tenemos, ¿Verdad? Pero tú crees que existan ese tipo de seres justo ahí en la mar abierta hoy vamos a platicar. Por aquí tenemos alguien algún amigo que era marino me parece, ¿Verdad? Alguna vez nos narró alguna

historia. Será muy bueno que si nos estás escuchando nos platiques un poquito de lo que sientes al estar en alta mar y más agua y más agua. No, serías peluznante, Gina, imagínate que en medio del océano te agarra una tormenta. Hola, buenas noches, ¿Cómo te llamas? Hola, buenas noches, me llamo Blanca. Blanca, qué gusto saludarte porque además ya estabas desesperada, decías, yo quiero contar relato y no me llaman, ¿Por qué? Pues ya estamos aquí.

¿Sí? Sí, los escucho desde Villa Guerrero, el paraíso de las flores. Muy bien. Esto se encuentra en ¿En qué estado? En estado de México. Ah, perfecto. ¿Y qué nos quieres contar, Blanquita? Pues, apenas escuché en podcast. Sí. En donde contaban, bueno, una muchacha con toda su experiencia, de que me voy a contar algo que me pasó hace unos cuatro o cinco meses. Sí. Que pues siento que es algo similar. Entonces, pues lo voy a contar, ¿Verdad?

Adelante. A ver, cuéntanos. Pues, yo tengo diecinueve años y me salí de casa de mis papás por una temporada viví sola. Entonces, yo viví en una casa en donde vivían puras niñas. O sea, eran habitaciones rentadas y pues yo pues estaba un poco en aburrida se podría decir. Eran como las once de la noche. Acá en Villa es muy común que ya no haya gente esas horas por lo mismo de pues de los peligros que hay en la calle esas horas para las mujeres. Claro. Para las personas en

general. Sí. Entonces, este pues yo acostumbro a a fumar un poco, ¿No? En las en las noches. Sí. En las noches. Desde ese día casi casi que se me quitó por el susto que me metí, pero bueno. De acuerdo, o sea, yo vivía en un lugar muy céntrico. Era una casa, o sea, de hecho, los los cuartitos eran un poco caros por lo mismo. De que estaba muy céntrico, o sea, estaba ahí literalmente arredita donde se junta toda la gente en la plácita. Entonces, este, pues ese día, uno encontraba mi encendedor y

dije, voy a ir al OXO. El OXO está en la esquina, pero ya era un poco tarde. O sea, yo estaba dudando, de verdad estaba dudando en salir, pero dije, no, pues sí, o sea, no me cuesta nada salir aquí al OXO. Pero acá en los OXO de aquí pues siempre están contratando personal, yo creo que para los

turnos de la noche. Entonces, pues, según yo estaba abierta, o sea, yo salí, ni siquiera iba, o sea, iba en pijama, casi, en el OXO, y este, pues estaba en teoría abierta, estaba la ventanilla abierta, pero llamaba y llamaba y llamaba y no había nadie. O sea, no sabía nadie para nada. Yo me veía en la cámara y todo y no salía nadie. Entonces, por lo mismo de la delincuencia y lo que pasa así, pues pasaban varios motociclistas. Pasaron como tres o cuatro motos, pero y se

me quedaban viendo mucho. Y me quedaba muy en la movilidad de que y si ya mejor me voy y si mejor esto lo dejo para otro día. Entonces, empecé a sentir un poquito insegura como mujer y dije, bueno, me calmo y cisco tocando, a ver qué. Entonces, empezaron a bajar taxis porque el servicio de taxi termina como a las once o doce. Llegó un taxista, el general que se me metió un poquito más de miedo, porque llegó y se estacionó en el OXO y se me quedó viviendo mucho y me quedó como de, ay, no me

vaya a pasar algo. Entonces, como vio que no salía nadie de el OXO, como que igual pues se le quedó viendo un poco y este pues ya estaba un poquito así como temerosa, pero pasaban otras motos. Entonces, el señor pues se fue, o sea, retornó y se fue. Así bajaron otros dos. Entonces, aquí va lo raro, lo que me dio muchísimo

más miedo. Porque ahí donde está el OXO, está en un crucero de cuatro calles y yo recuerdo perfectamente que empezó a maullar como si le estuvieran haciendo algo, como si le estuvieran, no sé, pegando o algo, pero se escuchaba en la esquina de abajo. Entonces, el sonido que empezó a viajar de desde donde ellos eran hacia abajo de la esquina, como hacia arriba, como si viniera el sonido de abajo hacia arriba. Entonces, yo voy a la cámara de

la cámara, ¿No? Entonces, esa fue la primera como señal y dije, no, mejor ya me voy, pero todo fue en cuestión de de minutos, o sea, como unos cinco, como unos cinco minutos. Entonces, primero me huyó el gato y dije, ay, no, no, no, no, no, no, no, mejor ya me voy. Entonces, cuando escuché esos sonidos del del maullar del

gato, me volteé. Entonces, cuando me volteo, ahí enfrente del OXO, está, o sea, arribita a la esquina, entonces, en frente del Banco Azteca, hay varios este edificios que tienen como arriba como para rentar departamentos y abajo como locales así de de teléfonos de

varias cosas. El chiste es que arriba estaba un balcón y cuando yo escuché al gato que me huyó, yo me volteé enseguida y vi en el balcón como estaba una sombra que me decía, vete, me volteé, vete, entonces, yo dije, no manches, ahí hasta me agarré y me agarré y me percibí porque dije, no manches, no me vaya a pasar a mí algo. Sí. Me volteo otra vez y seguí tocando a la a la ventanita del OXO, dije, ay, ya que salga porque ocupo mi encendedor.

Entonces, me volví a voltear y seguía así como de vete, vete, no, no tienes nada que hacer aquí, vete. Entonces, por la verdad, me dio muchísimo miedo porque yo hacía hasta mi miradita así como chiquita, chiquita, chiquita, chiquita, chiquita. Va a ser una persona pero no te juro que estaba completamente negra. No se veía como como una persona. O sea, se veía la silueta. Blanco. Era una persona. Aquí tengo que interrumpir porque tenemos que hacer una pausa, no te vayas, por favor, regresamos

contigo. El miedo Fon, cincuenta y cinco, veintiuno noventa y tres, cincuenta y nueve, veintiséis. Es hora de poner al descubierto lo que nos hace temblar. Correr, gritar y sudar. La mano tenuda. ¿Quieres anunciarte en este y en muchos otros podcasts? Escríbenos a este medio, ventasarroba rcs.com. Ventasarroba rcs.com. La vida está en constante movimiento. Atentamente, Parkinson. Sabiduría en las redes. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. La mano tenuda.

Bueno, también estamos recibiendo todos los comentarios acerca de los misterios del océano. Pero estamos aquí con Blanca porque la interrumpimos y ya regresamos contigo. Bueno, pues fue una experiencia como la verdad sí me asusté mucho porque enseguida pasó eso y yo literalmente dije, no, pues ya, hasta aquí. Pues fui, me metí a mi casa súper rápido, hasta nerviosa, no podían abrir la puerta. Entonces, pues llegué a mi casa y me senté y me quedé así como de, a ver, reflexiona. ¿Qué te pasó?

¿Qué pasó? Y pues no es como que sea la primera experiencia paranormal que me haya sucedido, pero para mí ha sido como que la más cercana, o sea, como que la que más me ha asustado. Porque yo siento, o sea, al podcast que escuché, hay que mencionar al principio. Siento que ahí, o sea, muy aparte de que sean malos estos, estas apariciones o algo así como que trataron, como que trató, como de protegerme.

Porque, o sea, ya habían pasado varias personas que me veían, bueno, que yo sentía que me venían con otras intenciones. Entonces, pues yo siento que me ayudó para, o sea, como que me dio el sustito, pero como para que me regresara a casa, porque literalmente hasta ahí yo a esa hora en la calle sola, o sea, como que estuvo mal a mi decisión. Y pues de cierta forma agradezco que me haya metido en un sustito a que me hubiera pasado algo. Eso es.

Claro, pues fue una forma que te hizo entender sí o sí. Podías haber resistido, pero pues te dejaste llevar por tu intuición, mi amiga, y mejor te retiraste, ¿verdad? La verdad sí me dio miedo. Ahorita que sí me da un poco de risa porque le conté a solamente a dos personas. Sí. Y me dicen, es que también que hacías esas horas de la noche afuera, si nadie que te acompañara, pero pues tenía la costumbre de ir, pero pues ya. Yo creo que no vuelve a suceder. Cierto, pues esa es otra, ¿eh?

Que hacías tan noche afuera, mi amiga. Lo bueno es que quedó en una experiencia y que valió la pena escucharla. Gracias, amiga, por compartir. Gracias. Un saludo. Hasta luego, mi amiga. Buenas noches. Bye, buenas noches. Buenas noches. Gracias por participar. Y, bueno, a todos los amigos que también están por acá, los saludamos. Hola, Ginita. Hola, Nachito. Aquí en Chile existe la leyenda del cuero. El cuero es una capa de piel, musco, ramas que se hunden en el agua.

Entonces, si tú estás a la orilla de un río, de una laguna, de todo tipo de ojo de mar, y aparece ese cuero, te subsciona. Te pilla la orilla. Además, te subsciona, te lleva y supone que te come. Entonces, es muy peligroso aquí en Chile. Dicen que sí existe y que generalmente se lleva a los más pequeños, que son los niños. Esa es como una leyenda que hay acá en Chile. Y se ha hablado, he escuchado yo que se ha hablado en otros lugares también. Es muy peligroso.

Uno se confunde que es una alga marina, pero no es como un cuero, cuero estirado. Y eso, saludos a todos. Los quiero mucho. Besito, la clau. Gracias a mi amiga. Chao, chao. La clau. A pesar de que hay una gran diferencia de horarios, pues mírami, nuestra amiga nos está escuchando todas las noches, siempre se reporta. Y saludamos también a Junior Sánchez. Dice, hola, saludos desde Venezuela. Aquí son 2 horas más tarde que la Ciudad de México. Muy bien, Junior.

Pues esta noche nos tocó estar aquí juntos. Bienvenido, amigo. Doris Montes, buenas noches a todos. Saludos Gina y Nacho. Y también saludamos a Gerard Vega. Saludos peludomaniaco Gina y Nacho. Feliz noche y tenebrosa. Órale. Como también tenebroso es el océano y todos sus misterios y todos los rincones que el ser humano todavía nos llega, pero que pues son espeluznantes. Y más los que se dicen que albergan algunas criaturas o monstruos.

Yo a veces me he llegado a preguntar, Gina, si no tendrá algo que ver el sargazo. Ahora que vemos que está llegando mucho a nuestras costas este sargazo y que vemos que son grandes cantidades, volúmenes impresionantes de sargazo. Bueno, bueno. A ver, vamos a ver. Hola, buenas noches. ¿Cómo te llamas? Hilario Hernández, para servirle. Hilario, ¿desde dónde nos escuchas? De aquí de Iztapaluca. Ah, perfecto. En el Estado de México. ¿Tienen relatos como el tuyo y de qué se trata?

Sí, mire, lo que pasa, bueno, mi relato es este, y esto tiene cuando yo tenía un aproximado de 14 años, estábamos jugando el juego de la ouija. OK. Estaban entre amigos, se les ocurrió jugar, y ¿qué es lo que pasó? A ver, no sé. Un primo y una hermana. Tres primas, un primo y una hermana. Es correcto. OK. ¿En dónde estaban, en tu casa? Estábamos en el hogar, sí. Entonces, era una tarde como de eso de las que eran 7 y media de la tarde. Todavía estaban, creo que escurecía temprano.

No recuerdo muy bien, pero bueno, el chiste que era tarde, pero ya empezaba a verse la noche. Sí. Entonces, como estábamos queriendo jugar algo, decimos que jugamos y entonces nos animamos a comprar la tabla ouija en una farmacia. ¿Qué soy yo? ¿Soy yo algo raro? A ver. Oye, Hilario. Primo. ¿Alguien está contigo? Este no. ¿Tú estás solito? ¿Alguien está conmigo? Sí, está mi pareja. No tengo mascota. OK. Es que oímos un ruido extraño. Bueno, entonces vamos a seguir escuchando tu relato.

¿Tienes mascota? Sí, a lo mejor por lo de la ouija, pues ya también, No. a lo mejor una energía se manifiesta. Algo 15 minutos. Sí, sí. ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué es lo que está pasando? Sí, manifiesta. A ver, sigamos escuchando. Bueno, el chiste es de que yo en ese tiempo, como le digo, compré la tabla ouija de la marca Monte Carlo. De hecho, esa marca ya, no sé si la irán vendiendo.

De juegos de mesa, ¿no? De juegos de mesa, exacto. La ouija tradicional de antes. Nosotros nos animamos, animo a mis primas a que jueguen la ouija. Y la empezamos a jugar. Sí. Entonces la compramos y vimos las instrucciones, pero nos dicen ahí en el instructivo que pusiéramos los dedos. Un dedo y bueno, cuatro dedos yo. Y cuatro dedos el participante que iba a estar conmigo. Y se hacen las preguntas. Entonces ya teniendo ya la tabla ouija y empezamos a jugarla. Y empezamos a hacer las preguntas.

Entonces, pues sí, fíjese que sí, se siente la energía de que si se mueve. En ese tiempo era un tipo corazoncito que nos dieron la tabla y tenía así como corazon así de plástico el corazon. Se empezaron a hacer las preguntas, estábamos bien ahí preguntando y se movían, o sea se movían las manos. La energía de que nos movía, que hacíamos las preguntas y se movía. Pero para esto yo tenía un estereo de casa.

Yo tenía un estereo de casa, pero a mí cuando yo estaba joven, estaba más joven, me gustaba escuchar las canciones del molotov, del grupo molotov, el rock. Sí, sí. Entonces yo pongo una canción jugando la ouija en ese transcurso de ese rato. Y cuando estamos haciendo las preguntas le suben todo el volumen al estereo. Se oye todo volumen cuando estamos haciendo las preguntas. Entonces se empezaron a espantar, ¿no? Mis primas y mis primos se gritaron cuando se escuchó bien fuerte la música.

Y de hecho en la perilla del estereo se vio cómo se le subieron. De esos estereos antiguos de los de antes. Teníanlas así como un cubito redondo. Le suben y en el baño teníamos una zapatera de esas donde se cuelgan los zapatos. Y empiezan a aventar los zapatos así del baño. Empiezan a aventarlos. Entonces sí fue algo sorprendente, ¿no? de que todos empezamos a gritar, ¿no? de que estaba pasando. Claro. Sí, amigo. No sé, a lo mejor en ese momento pues algún alma que atraímos al jugar la ouija.

Ándale, podría ser. Oye, ¿y esta práctica de estar jugando con la ouija la dejaron ahí de ese día o fue algo constante? ¿Qué cree que cuando sucedió eso pues todos gritaron y vio lo que hice? Ahí teníamos un árbol de higos. Te tengo que interrumpir por la pausa, pero no te vayas. Continuamos contigo. El Miedofon 55-2193-59-26. Lo oculto se pone al descubierto aquí, en la mano peduda. Un día sin sol es como, ya saben, de noche. Sabiduría en las redes. Porque tenemos mucho que decir.

La mano peduda. Hilario, ya rápidamente llegamos nuevamente contigo y vamos a seguir con tu relato. Sí, buenas noches. Bueno, nos quedamos en lo de. Que tenían una higuera, ¿no? Sí, bueno, ya de ahí todos gritaron. ¿Qué hacemos con el juego? Pues yo lo que hice fue, tenemos ahí en el hogar un árbol de higos. Una higuera. Y yo la enterré ahí. Entonces, en el árbol yo rasqué y enterré la ouija ahí. Entonces, ahí quedó enterrado el juego.

Pero yo lo voy a ser sincero, desafortunadamente, cuando yo entierro ese juego, pues empiezan a surgir cosas en el hogar. Familia disfuncional, problemas. Y pues, pues muchas cosas empezaron a pasar en el hogar. Oye, y pero tú en ese momento que empezó a ocurrir todo esto en tu casa, ¿lo ligaste con lo de la ouija o no? Más que nada, sí, como que fue consecuencia de que al haber jugado ese juego, pues sí atraje algo negativo, ¿no?

Hacía lugar por las manifestaciones que ese momento estábamos jugando y lo vivimos, ¿no? Entonces, este, creo y tengo entendido que sí, la ouija quedó enterrada, pero sí, si se quedó ahí ya, este, como una energía. ¿Y algún día la desenterraste o ahí la dejaste? No, hasta el momento sigue ahí. De hecho, no sé si la pueda desenterrar. ¿Nunca has tenido la intención? Todavía puede estar ahí. ¿Nunca has tenido la intención de quitarla de este sitio?

Lo que pasa que yo ya no vivo ahí, de hecho mi abuelita ya falleció, es casa de ella. Y este, ya es un hogar que ya no lo he visitado. ¿Y no sabes si va mal por este lugar, en este lugar por esta ouija? O ya te perdiste relación. Sí, lo que pasa que como yo me retiro de ahí sí empiezan a haber este problemas ahí, en el hogar, este, pues esa casa la rentan y todo eso, pero siempre los que rentan han tenido problemas fuertes. Este, ha habido mucho problema.

Y pues ahora sí que mientras no se desentierre, siento que la energía sigue ahí. Tienes razón. Oye, después de lo que nos contaste, ¿tú recomiendas que alguien que quiera jugar ouija lo haga? No lo recomiendo porque pues sí es algo negativo porque es algo así como, pues más que nada, no lo recomendaría porque sí es sorprendente, no, de que si tú lo llegas a jugar pues sí. Yo tenía un amigo que igual me contó, no sé si pueda seguir contando. Sí, amigo adelante.

Yo tenía un amigo que me contó que también él jugó la ouija y que ya después él al jugarla ya se cortaba en raya su cuerpo con una... Una navaja. Con unas ideas de que se rastrilla, como navajas de rastrillo. Sí. Empezaba a cortar en el pecho, en las manos, los pies. Y luego dice que sudaba mucho en las noches y que antes él de comprar eso, no, le pasaba eso y cuando él le empezó a jugar eso igual le empezó a suceder eso de que se rasgaba. Se rasgaba y sudaba mucho en las noches.

Bueno, él me comentó eso, que no podía parar esa sensación de cortarse el cuerpo. O sea, era más fuerte de lo que hay que hacer, como que alguien lo estaba induciendo a que lo hiciera, ¿no? Es correcto, a lo mejor al jugar el juego una energía se metió en él, y un espíritu y él llevaba a cabo esas acciones. Mmm, qué tremendo. Vaya. Entonces...

Entonces mi amigo pues ya tiene años que ya no supe de él, ya cuando él me comentó eso pues ya no supe de él, pero tengo entendido que para algo así ya tienes que ir a un exorcismo, porque si se te mete un espíritu, tienes que exorcizar. Así, ok. Hilario, pues muchas gracias por haberte reportado y contarnos esta experiencia. Una vez más, la huija se hace presente. Sí, gracias. Pasen buenas noches y seguimos escuchando los relatos aquí con ustedes. Eso es mi amigo, muchas gracias.

Gracias, que estés muy bien. Buenas noches. Hasta luego. Pues estas auto lesiones, Gina, sí son de preocupar, ¿eh? Hay que tomar cartas en el asunto, rápidamente hay que buscar ayuda profesional, porque puede ser muy grave. Y hay personas que realmente sienten una especie de adicción por hacerse heridas cortadas, se hacen marcas en la piel, signos que ni siquiera ellos mismos conocen, pero se los hacen. Es raro, pero sí sucede.

Y puede haber por ahí una implicación espiritual, desde luego que sí puede existir esa razón. Buenas noches. Mi nombre es Antonio. Soy de aquí del estado de Veracruz, un municipio que se llama Tzunapa. Quisiera, primero que nada saludarlos, Gina Nacho. Saludos amigo. Soy un fan, un peludo maníaco. Quisiera contar dos historias cortas pero interesantes. La primera es, me la contó mi tía, la hermana de mi papá, que vive como a dos cuadros de mi casa.

Ella me cuenta que un día en un taller que tiene su difunto esposo, que lo trabaja en sus hijos, tiene dos proyectos chihuahuas, y de repente empezó a ladrar hacia donde estaba un pozo tapado. Entonces dice que de repente cuando ella vio, vio un hombrecillo, así este vestido como en los años de la revolución o la independencia, que empezó a brincar sobre las láminas del pozo.

Entonces mi tía cuando quiso agarrar una piedra para poderla aventar, la persona esta o lo que se llame o como sea desapareció. Entonces ya era la tardecita como eso de las cinco de la tarde, cuando se le apareció ahí en el pozo ese como duendecillo así, era de esa ropa muy antigua. Y pues ese es el primer relato, es algo bien curioso porque nunca le había pasado eso a mi tía, y fue sobre el pozo ese que cuando compraron el terreno ya estaba.

El segundo relato es ella, es algo que en lo personal me sucedió a mí, cuando yo era niño o adolescente tenía esa, no sé, eso por escuchar, escuché dos veces la llorona. La primera yo estudiaba en la prepa, en una pensión, y en mi cuarto estaba en un segundo piso. Entonces esa noche fue un fin de semana donde todos los demás compañeros que vivíamos en la pensión se habían ido a sus lugares de origen, y yo se me ocurrió dormir con las ventanas abiertas.

Y en la noche se fue la luz y atrás de la pensión había un lote baldío pegado a una rosera. Y entonces se escucharon gritos así, desgarradores, así como se escucha luego la llorona. Y yo solo en el cuarto de arriba con las ventanas abiertas lo único que hice fue ponerme a rezar y taparme de pies a cabezas hasta que escuché el canto de un gallo, y fue cuando me di cuenta que ella estaba, era de día.

Y la segunda vez fue cuando estudié ayer a la universidad en la ciudad de Nogales, Veracruz, y ahí entre la vía y un río que está en Nogales, era mi pensión. Y eso como de las 12 de la noche, una igual, se empezó a escuchar los lamentos de una mujer y cómo los gatos se erizaban, se escuchaban los mollidos del gato, así como de nervios, de miedo.

Y estaba acompañado de otra persona que me dijo, vamos a salir a ver quién es, porque no solo la escuché yo, la escuchó también esa persona, y se escuchaba muy claro por el lado de la vía. Lo raro es que nadie más lo escuchó cuando en la mañana preguntamos a los vecinos si no habían escuchado la llorona.

Me dijeron que no, es algo bien curioso porque inclusive en mi casa cuando yo era pequeño vivíamos en un cuarto donde no tenía ventanas y escuchamos, bueno, yo y mi hermano tendríamos la edad de 9 años, y escuchamos como el cuarto donde nosotros dormíamos no tenía puertas.

Entonces escuchamos como alguien entró, hizo tres veces, caminó y dio como tres pasos, como que se asomó y desapareció, no se escucharon los pasos de regreso, solo los tres pasos de entrada, y ya no se volvieron a escuchar más. Espero que les gusten mis historias, tengo algunos relatos más de mis abuelos que me contaban cuando estaban vivos y de compañeros de cacería, lo que les ha pasado. Ok, ok mi amigo, pues esas aventuras e historias que de repente nos dan miedo. Vamos a la pausa Gina.

Nos despedimos de las estaciones en la República Mexicana que solamente nos escuchan una hora, los esperamos mañana y en el resto de la República y Estados Unidos continuamos después de la pausa. El miedo phone, mensaje de voz o de texto 55-2193-5926. La plataforma de podcast preferida. Grupo Fórmula, abriendo la conversación. Arreglar los problemas económicos es muy fácil, lo único que se necesita es dinero, sabiduría en las redes. Porque conocemos de raíz a los especialistas, la mano tenuda.

Buenas noches, queremos más relatos y estamos esperando el tuyo, vámonos hasta Texas. Hola, buenas noches. Me quedé con... Disculpe. ¿Con quién tengo el gusto? Con Berenice. Hola Berenice, me da mucho gusto recibirte y nos vas a platicar algo. Sí, les quiero contar para que ustedes me den su punto de vista de lo que me pasó. Podría decirse que viví dos días iguales. Sí, a ver cómo está eso. Yo recuerdo que en esta temporada yo estaba en la secundaria y llego a la secundaria y...

Yo en mi mente, pues pasó el día, hicimos los trabajos, una clase y todo. Bueno, no sé por qué siento que volví a pasar el mismo día porque como que mi cabeza empezó a decir como que este día lo viví otra vez y el profe dice, traigan tu libro y van a hacer tales ejercicios. Y cuando él dice eso, mi mente es como, cómo quedan tales ejercicios. Y luego yo miro en mi libreta y esos ejercicios ya estaban hechos. Ah caray.

Entonces yo le comento a mi amiga de lado y le digo, por eso es lo más extraño, porque mi trabajo estaba hecho. Entonces yo le comento a mi amiga a la de lado y le digo, ¿qué página dijo el maestro? Y me dice, pues tales. Y le digo, no, esto ya lo hicimos ayer. Y me dice, no. Y ella me enseña su cuaderno y está limpio. Mi cuaderno tenía los trabajos resolvidos. Entonces, así como que digo, no, pues igual lo checar la de mis otros compañeros del salón.

O sea, no les digo a nadie, pues que yo tenía los trabajos hechos. O sea, no más miro los demás y sí. Nadie tenía esos problemas resueltos nomás yo. Entonces, como se iba pasando el día, yo siento que todo ese día fue un mismo que yo ya había vivido un día antes. Ok. Pero lo más extraño de todo esto fue, ¿cómo es posible que yo tenía mis trabajos hechos? A las personas que les he contado dicen que tal vez dormida, pues hice los trabajos y por eso estaban hechos.

Pero les digo que cómo voy a decir que estaban hechos. Si yo me acuerdo de que el profesor dijo tal y tal. Y cuando él dice sal que era libro y yo recuerdo, fue cuando yo reaccioné y le dije, pero como que el día se me empezó a ser familiar. Entonces, eso es lo que no, siempre he tenido esa duda de ese, específicamente de ese momento que me pasó. Ajá. Está rarísimo tu caso, mi querida amiga. Porque bueno, nosotros entendemos que hay un fenómeno que se llama de Yabú, ¿verdad?

Lo ya vivido, lo ya visto, lo ya conocido. Pero en este caso, tú recuerdas todo con exactitud las indicaciones que dio el maestro. Pero no solo eso, sino que ya había resuelto esos problemas o esas páginas que había indicado el profesor. Eso es muy raro, mi amiga. Como que te habías adelantado en una dimensión. Exactamente. Y no es la primera vez que no es como que, bueno, desde el trabajo.

Pero yo siento que no es siempre, pero a veces yo siento que es, la gente podrá decir que estoy loca o no sé. Pero yo siento que a veces yo ya he llegado a lugares, he visto personas que yo, no necesariamente que me acuare de hablar de eso, sino como en mis sueños. Más que todo es en mis sueños. Yo siento que en mis sueños veo a veces lugares o algo. Y cuando voy caminando o algo, digo como, oh, yo ya, yo ya estuve aquí.

Yo ya mire esto y no es la primera vez que siento que mis días se siguen repitiendo. Ajá. O sea, no todo el día, pero de momentos, como que hay un momento que digo, como que estoy ya lo viví. Ajá. Son momentos que recuerdo de repente que mi cabeza hace como un click y digo, esto se me hace muy familiar. Como que yo ya, ya pasé este momento. Sí. Y me ha pasado, pues, en todo el transcurso de mi vida. Cosas así como clicks.

Pero de ese momento, de lo que siempre me he acordado, que nunca se me va a olvidar, nunca, fue lo de la escuela por el trabajo que estaba hecho. Sí. Y eras la única que ya lo tenía hecho, ¿verdad? Por supuesto. Sí.

Sí, pues sí. Por eso fue lo que me sacó de onda y como nunca fui la más, hasta me sorprendí de mí, porque como nunca fui la más estudiosa que digamos, entonces, porque en ese tiempo era como de que pasabas al frente y ibas resolviendo los problemas y si pasabas, pues te daban un punto y si no, pues al fin del día entregabas el trabajo, cada año iba pasando haciendo uno y tú ya lo resolvías, no necesariamente tenías que tú solita hacerlo porque la clase pasaba y participaba.

Y sí, pues, sí, si pasabas, pues te daban un punto extra. Entonces, ese día me acuerdo que eso puede pasar a hacer los ejercicios porque yo estaba en Hechos Todos, en mi libro ya. Ajá. Qué impresión, mi amiga. Sí. Qué cosas puedes encontrar en este mundo.

Ahora tú encuentras cuál es el punto de inflexión, es decir, si es a la hora de dormir cuando se puede adelantar o cuando tú misma das un avance o tienes una especie de premonición o tienes esta especie como de visiones o que te adelantas en el tiempo. Tú lo has notado si es cuando duermes, si el día anterior tuviste mucha presión o si el día anterior estuviste pensando en esas tareas que tenías que realizar. No sabes si hay algún indicativo, algún indicio. No, no, no. No te has fijado.

Porque las cosas no son como de que, nomás ese día que fue como que día a día porque por el trabajo, pero han sido como que recuerdos como que muy atrás, muy atrás que recuerdo como que lo soñé hace mucho tiempo, lo viví hace mucho tiempo y de repente lo vuelvo a vivir como en mi presente. Ok, lo entiendo.

O sea, mi momento de mi momento que estoy, digo, mi cabeza se cree, como que ya esto yo ya lo viví o hasta como que volviera mi misma boca, yo misma me acordara de lo que voy a empezar a decir por lo que me acuerdo. Sí, mi amiga. Oye, pues mira, yo te prometo algo. Digo, esto es una señal de que me pareció demasiado extraño tu caso, pero muy interesante. Lo voy a comentar con varias personas y también te prometo algo.

El próximo martes que esté con nosotros el maestro Soham, en la próxima sesión con el maestro Soham, le voy a comentar. A ver que nos dé su punto de vista porque realmente esto está fuera de lo común. Yo puedo entender que exista aún de Yabu, eso yo ya lo viví. Ahorita el maestro va a decir esto. Pero no deja de ser una especie de aproximación a los acontecimientos que vienen. Eso es una cosa. Y otra, que ya hayan estado resueltas las páginas.

Eso quiere decir que ya hubo una interacción tuya de por medio, ¿verdad? Pues sí, o sea, digo, como a la gente, a la gente a veces me cuento cómo me pareja o así, porque yo siempre he dormido. No, como dormida. Exacto, como dormida voy a hacerlo y acordarme de lo que está diciendo el maestro o del transcurso del día que se me hiciera familiar y ya dormirme y despertarme ya era otro día.

Yo no creo que haya sido a través de tu sueño porque primero, ¿cómo ibas a saber que el maestro les iba a dejar la tarea de hacer esas hojas, esas páginas? ¿Cómo podías haber? Exactamente. Y segundo, ¿cómo podías haber resuelto en tus sueños algo que físicamente ya estaba resuelto? Exactamente. A menos que haya sido sonámbula, pero no se da el caso, no es así la cosa cuando hay sonambulismo.

No, nunca, no, yo lo personal que yo sepa nunca sufrí de sonambulismo o esas cosas, pero sí, ese es mi caso más que siempre lo he tenido en mi mente, que nunca lo he podido entender. ¿Cómo es que me pasó eso? Pero de los momentos que he sentido que yo ya los he vivido, este cielo como que de repente reaccionó y ya sí. Oye, pero en este caso no es que haya sentido que los has vivido, realmente los viviste porque ya estaba resuelto todo con tu letra y todo.

Mira, dice Fernando Santos, una premonición, pues no es mucho más que una premonición, mi querido Fernando, gracias por tu aportación, es mucho más y es lo que me tiene a mí extrañado, ya que puedes tener la premonición de que te van a dejar esa tarea para realizarla mañana, por ejemplo. Eso es una cosa y sí puede existir, pero otra cosa es que no solo te hayas adelantado esa premonición, sino que hayas realizado la tarea y no te acuerdes del momento en que lo hiciste, ¿verdad? Exacto.

¡Guau! Qué interesante, mi amiga, muchísimas gracias, Berenice, por compartir y ya te dije, lo voy a platicar con el maestro Zoham, a ver qué nos comenta, ¿sí? Ok, muchas gracias. Excelente, mi amiga, pues que tengas una estupenda noche. Igualmente, gracias y me encanta su programa. Antes, ya como dije, lo había perdido y otra vez ahora estoy aquí. Soy un poquito miedosa, pero igual ahí estoy escuchando. Eso es muy bueno, mi amiga, no pierdas el miedo, pero tampoco nos dejes de escuchar. Claro.

Que tengas bonita noche. Igualmente, gracias y hasta pronto. Hasta luego, mi querida amiga. Raro el caso. Claro, vámonos a una pausa y regresamos del Miedofón 55-2193-59-26. Porque distinguimos al mundo sobrenatural. La mano peluda. Saludos a Ciudad del Carmen Campeche, escuchando el programa aquí muy atento. Muchas gracias por estar presente. Así es, bienvenidos a todos los que apenas van llegando. Bienvenidos, gracias por acompañarnos.

Y una vez más vamos a continuar con historias de terror, misterio y suspenso. De eso se trata esta emisión. Ana ZM Sotelo, saludos desde Georgia, Estados Unidos. Buenas noches. Saludos, Ana. Gracias por acompañarnos en esta mano peluda que reitero cada vez es más internacional. Ahí sí se ve que la tecnología nos ha beneficiado en gran medida. También saludo a Luis R.B. o R. Vázquez. Dice, hola, buenas noches, peludos. Gina y Nacho, bendiciones a todos. Gracias, mi querido Luis. Bienvenido.

Sí, vámonos con más relatos. Más relatos, seguro. Bueno, mientras voy a comentar, Doris Montes. En una ocasión fui a pescar un marlin. Nos adentramos tanto en el mar que sólo se veía agua alrededor. Fue una sensación aterradora de momento. Luego me acostumbré y en realidad es toda una experiencia. Es lo que comenta Doris Montes. Ya lo creo, ya lo creo. Es que es imponente. El mar es imponente. Vámonos con Elma desde San Luis Potosi. Hola, buenas noches. Hola, buenas noches, mis queridos amigos.

Hombre, mi querida Elma, ya te extrañábamos, amiga. Qué bueno que te haces presente una vez más. Sí, aquí estoy. Los oigo muy queridos, pero espero que me escuchen bien. No, tú te oyes excelente, mi amiga. Ah, bueno. Hoy les voy a platicar la historia de mi hermano, el que murió a causa de una brujería. A ver. No había pensado en contarla hace tiempo, pero luego como que no podía. Porque apenas hace seis años, parecen muchos, pero no, que se fue.

Y hoy que mis hermanos están como que atentos al programa porque quieren escuchar desde mi punto de vista todo lo que sucedió, pues la voy a contar. Ok. Muy bien. Entonces, fue en... el todo inició en un noviembre del 2016. Mi hermano era un hombre, tenía 40 años. Sí. Y era operador de trailer. Y lo conocían en el ambiente como el pato y el veneno. El veneno que porque las traía muertas. Ay, ay, ay. Muy bien. No era algo guapo así, pero era atractivo porque era muy agradable.

Era sonriente, bromista, siempre estaba parecía feliz. Y era un hombre fuerte y alegre, así muy jovial. Sí. Y bueno, era el mejor de mis hermanos, era el menor. Ajá. De mis ocho hermanos. Entonces, este, un día, un mal día, empezó con dolor de estómago. Un dolor intenso que le pegó en esa primera ocasión. Y pues, bueno, en pleno viaje, en plena carretera. Y ahí seguía con su dolor, con su dolor y pues no, no, hasta que encontró un lugar.

Y pues más o menos ahí él pensó que era acidez, que era otra cosa. Y ahí a donde llegó, el restaurancito donde llegó, según platicó, pues pidió un agua mineral con alguna analgésica o alguna cosa para que se le calmara y más o menos. Pero así siguió, así siguió varias días, semanas tal vez. Y poco a poco se le fue agravando, se le fue agravando el problema.

Entonces no quería ir al médico porque no tenía tiempo, porque tiene, tenía una chiquilla de una hija de 17 años y otra que iba a cumplir 15 años. Entonces no quería dejar de trabajar porque quería hacerle su fiesta desde 15 años. Como a la primera le había hecho un fiestón, por la otra también quería igual. Entonces por eso no descansaba. Pero de tanto y tanto que nosotros le insistimos en que fuera porque llevó un momento en que su dolor era tan fuerte.

Bueno, él vivía en un lugar que se llama Ventura, está retirado de la ciudad, pues no lejos, una hora. Pero muchas veces tenía que llegar a la empresa, a la base y regresarse casi enseguida. Y como tengo una hermana que vive más o menos cerca de donde él trabajaba, entonces llegaba ahí con ella. Entonces llegó una vez ahí con ella muy mal, así sintiéndose muy mal. Y ella le decía, no, es que tú tienes que ir al médico y él no quería ir. Y finalmente me hablan y le hablan a otros hermanos.

Y lo convencimos de que fuera a ver al médico. Pues fue con un médico general ahí, por ahí cerca, un consultorio, que le indicó que ya lo checó y todo, le checó su azúcar y dijo, no, trae muy elevada el azúcar, es azúcar lo que trae, si estás diabético, porque así empiezan con dolor de estómago, que no siempre es así, ¿verdad? Pero sí que dijo. Y bueno, pues le dejó medicamento analgésico para el dolor de estómago y medicamentos para disminuir la glucosa. Y él siguió viajando.

Y pues nada, como tres días después de que empezó a tomarse ese medicamento para el azúcar, tuvo un bajón bien fuerte en plena carretera. Y nos habló, me habló y me dijo que qué hacía, que se... Me dijo cómo se sentía. Y le dije, ay, tienes un bajón muy fuerte. Y le digo, no, trae solo un refresco, un dulce o algo. Y dice, pues no, pues me dijeron que estoy azucarado. Dice, no, no me tomé el medicamento para bajar el azúcar. Y le digo, no, qué barbaridad.

Le digo, busca y le digo, háblale ahí a tus compañeros o alguien que vaya a pasar por una, que pueda pasar por una tienda o algún lugar para que al pasar contigo te deje ahí algo, un dulce, un refresco o algo. ¿No? Pues sí. Y así lo hizo. Y radio a otros compañeros y si hubo quien afortunadamente quien pasó y le dejó un refresco ahí, uno de cola, por cierto, porque esos sí funcionan más para subir el azúcar y la presión.

Entonces se la tomó y pues ya sí, él se empezó a sentir mejor, mejor y más o menos. Y así siguieron los días. Y por segunda vez tuvo otro bajón de azúcar. Y ya estaba aquí en San Luis. Y entonces lo lo cheque. Me hablaron ahí con mi hermana y fui lo cheque. Traían azúcar muy bajas. Le dije, sabes qué? Tú no tienes diabetes. Digo, no tienes diabetes, no tienes azúcar alta. Le digo, es otro problema el que traes porque si fuera así no te beben, no te bajarés. Tenemos bárbaro.

Le digo, a punto de que te internen por coma. Le digo, no, qué barbaridad. Están mal. O sea algo algo te decía a ti que no se trataba de una cosa médica. Así es. Y yo le decía eso. Le digo nombre, le digo tienes que ir con un especialista para que te vea realmente un internista, un gastroenterólogo o algo. No que no, que así me la llevo y que no puedo dejar de trabajar. Sabe qué? Pero otros días posteriores pasaron varios días y siguió así hasta que un día lo regresaron.

Más bien en la carretera le pasó que ese dolor de estómagos le dio más fuerte dolor de cabeza. Y de pronto él dijo que se sintió como sintió como si le hubieran metido una varilla desde la nuca. Desde el huesito de la nuca hasta el lano. Así sintió que le clavaron. Y estaba rígido de su de su columna. Y yo dije, ay no, algún otro problema neurológico. Pensé. Y pues estaba allí y mandaron un compañero de él a auxiliarlo. Otro compañero llegó en coche y lo auxilió. Lo llevaron al médico.

Ahí estando ya con el médico, ya en un internado, le hicieron todo tipo de estudios y no tenía nada. O sea todo estaba bien, todo. Todos los niveles y todo. Todos los valores químicos. Todo estaba bien. Y entonces los médicos dijeron, no pues depresión o alguna otra cosa. Y le dijeron, a ver qué problemas tiene. No, pues no tengo problemas. No, pues no ninguno. No la mala presión de la chiquilla que quiere los 15 años. Dice no, pues exceso de trabajo y presión.

Como estrés, no? Ajá. Y pues bueno, le dieron medicamento para eso, pero no le quitó las molestias. Cada vez era peor y cada vez estaba adelgazando. Se adelgazó rapidísimo. Hubo un momento en que tenía pancilla, ya no tenía nada. Seco su estómago y tenía hueco. Pero como que muy rápido. O sea, eso fue en noviembre como a mediados. Para diciembre, finales de diciembre, estaba seco. Así. Me acuerdo que el 24 vino a cenar a la casa y no, no pudo.

Como que quiso empezar con muchas ganas y como que se le antojó de pronto, pero no, no podía. Y yo lo vi, le vi a mi lado muy triste. Le dije no, hermano, tienes otra cosa. Y otro de mis hermanos dice, estás embrujado, tú tienes brujería. Dice no, cómo voy a tener brujería. Dice yo no creo en eso. Y le dijimos, acuérdate que se te aparecía una mujer allá en la casa de nuestros padres y en eso sí creías.

Dice sí, dice en eso sí, dice, pero yo no creo en los curanderos. Dice, roban, roban y no, no te ayuden en nada. Y entonces mis hermanos dicen, pues todos nos cooperamos para que vayas con alguien. Y él dijo no, si no es por dinero, se enojó. Dijo, si no es por dinero, yo puedo pagar eso. Dice, pero no le voy a parar a alguien que no hace nada, que me va a robar. Y no quería. Y así, y bueno, y a la par de eso, la chiquilla de 17 años salió embarazada. Entonces sí, pues un golpe para él.

Más piedras, sí. Eso, y luego como dos semanas después, empezando, bueno, para el 31 de diciembre, la chiquilla que iba con 15 años le hablaron que estaba detenida junto con otros chamacos porque habían hecho un relajo bárbaro en un antro. Y entonces otro golpe y dijimos, ay no, todo eso lo tiene así. Y él ya no decía nada. Pues sí, no más se le veía la cara que cambió y que estaba muy molesto y muy disolucionado.

Sí. Y bueno, total que días después, como el día 10, 12 de enero, por ahí, él soñó. Nos dijo que no estoy seguro si soñé o escuché. Dice, porque apenas me acosté todavía ni me acomodaba bien. Dice, cuando alguien me dijo, me me enviaron para matarte. Y entonces él dijo, entonces él como que le sorprendió y dijo, qué? Y dijo, me enviaron para matarte. Sí, oye, elma, dame un segundito, amiga, vamos a hacer el corte y regresamos contigo. Sí. El miedo foro está listo, 55, 21, 93, 59, 26.

Porque la verdad se esconde bajo la leyenda. ¿Quieres iniciar, hacer crecer o monetizar tu podcast? Saber los secretos de todos. ¿Dónde y cuándo quieres? Les va a cambiar la vida. rss.com Almacenamiento, distribución y programación de tus episodios en un solo lugar. Hosteado y distribuido por RSS.com rss.com Hacer podcasts de manera fácil. No es que yo duerma mucho. Lo que pasa es que descanso muy despacito. Sabiduría en las redes. Porque no todo tiene explicación lógica. La mano tenuda.

Elma, el maestro de la vida. Impresionante todo lo que nos está contando elma y vamos a saber qué pasó entonces. Así es, estás ahí, amiga. Sí, aquí estoy. Ok, entonces decías que le dijeron me enviaron para matarte. Así es, y entonces él sorprendido dijo que y otra vez la voz le dijo eso. Solo escuchó, perdón amiga, solo escuchó la voz, no vio nada, no vio a nadie. No, no vio a nadie, no, nada más escuchó una voz de mujer.

Una voz de mujer que le dijo eso y le preguntamos si cómo era la voz, era ronca, era así, ya está. Dice no, pues normal, como cualquier mujer, así nos dijo. Dice, pero sí como de una voz, como de una persona ya mayor. Y dice que él preguntó, pero quién, por qué yo no le hecha nada daño a nadie. Y ya no le contestaron, ya no le dijeron nada.

Bueno, cabe decir aquí que él lo querían mucho en esa comunidad de Ventura, porque todo el año juntaba juguetes para los niños en diciembre, todo el año compraba juguetes. Ya lo tenía y se los regalaba en diciembre. Compraba en la fiesta que se hace en diciembre ahí de ese pueblo, la fiesta de la iglesia.

Compraba los toritos de esos de pólvora porque le gustaba cómo ver a los chamacos, divertirse con eso y ayudaba y cada vez que llegaba ahí siempre se acercaban señoras y él siempre les daba algo, le llevaba algo de allí, se iba por ejemplo a echeapas. Traía cajas de mango cuando era tiempo de mango y así y les repartía todas. A veces frijol, a veces maíz, a veces latas de leche, en fin, si no dinero les daba. Así era él, así era él.

Pero por esos días que nosotros lo empezamos a visitar más en su casa, ahí en Ventura, bueno, porque después de esa voz hizo otro viaje, otro más. En ese viaje que fue el penúltimo, sí, en pleno también, en plena carretera. Eso creo que fue en viniendo de Guadalajara esa vez. De pronto sus piernas no le respondían y él no podía ponerle frenos ni hacer los manejos que se hacen en un trailer.

No podían, no le respondían las piernas, pero con él ya iba un muchacho, precisamente de la empresa se lo pusieron porque ya lo veían que estaba mal. Y no le respondían las piernas para hacer los manejos, los cambios allí. Y rígidas, rígidas las piernas y luego flojas totalmente como trapos así. Y le dijo al chavo, me siento mal, mira mis piernas están sueltas, no puedo, no puedo. Y entonces el muchacho dijo, párate. Dijo, no puedo, no puedo frenar.

Entonces el muchacho se subió encima de él, se sentó en él para poder meter el freno. Y ahí lo bajaron. Ya de ahí el muchacho lo ayudó, lo bajó pues a rastras prácticamente. Y había un restaurancito ahí y ahí lo llevaron y llamaron a ir a la ambulancia. Y entonces fue a dar otra vez al hospital. Entonces sí ya estuvo más días, como unos 15 días. Y le preguntaron a mis hermanas y yo a los médicos, qué pasa, qué tiene, díganos qué tiene. Y los médicos callados, no decía nada, no, no decía nada.

Yo le dije al doctor, dígame doctor, le digo, yo estoy lo que sea, díganos, es que debemos de saber qué es lo que tienen. ¿Qué han encontrado? Porque le volvieron a hacer estudios y nada. Y él dice, no, pues no tiene nada, dice, yo creo que lo tienen que llevar con otra persona. Así nos dijo. Dice de plano, dice, yo no quería decir eso, pero pues es que no explico, no me explico. Porque él dice, sí, digo, pero fíjese cómo tienen las piernas sueltas, su cara.

Ya hagan de cuenta que el rostro lo tenía como quemado, como si se lo hubiera quemado. Lo tenía ya café, café. Y le dijo, estará del hígado, doctor, dice, del hígado está bien, dice, todo bien, dice. Yo también pensé que del hígado, dice, que pensé que era cirrosis, dice, y no. Y dice, su hermano tómalo y digo, pues no, como todo el mundo, una cerveza, dos en las reuniones.

Pero nada más, hasta ahí. Y no, pues no. Estuvo unos días, lo hidrataron y todo ahí en el hospital y entonces volvimos a hablar con él. Y entonces sí, ya dijo, pues bueno, o sea que la fuerza a llevarlo con alguien. Sí, pues ya se convenció, no? O sea, los mismos doctores lo convencieron de que no había otra cosa que hacer. O sea, por dónde le damos si ya hicimos todas las pruebas de laboratorio y no le damos?

Sí es. Entonces finalmente se to' ir para allá de Ventura, allá para la sierra, donde parece que no hay nada bien, si hay casitas así muy lejanas, donde uno piensa que ni agua, ni luz, ni nada ahí. Fuimos. Él no quiso que fuera la esposa porque para esos días había personas ahí y señoras que decían que ella andaba para arriba y para abajo. Y cada que íbamos a ver a nuestro hermano, ella no estaba. Una vez se tardó tres horas, va llegando tan nerviosa y dice, fui por un refresco, le digo,

eso es lo que lo hayas ido a hacer. Y otra hermana le dijo, pues a lo mejor te fuiste a refrescar con otro. Una que era más malabradilla, sí, le dijo eso. Pero bueno, el caso es que no, él no quiso que fuera ella ahí con ese señor, nada más vimos otras dos hermanas, un hermano y yo. Y pues bueno, llegamos ahí, estaban una pareja de ancianos, una mujer y un hombre, ya ancianitos, y que eran los señores que curan. Entonces el señor lo ve y lo observa y dice, espérame, espérame.

Se metieron, yo creo que tardaron como una hora, hora y media y nosotros ahí esperando. Sale el señor y dice, sabes qué chavo, dice, no, ya no tienes remedio, dice, ya estás placiado, si tu plazo ya menos se cumple. Y yo le dije, pero algo puede hacer, aunque sea, no sé, algo. Dijo, pues no, no, no puedo hacer nada, dice, si yo le hago algo, lo que voy a hacer es adelantar su tiempo.

Dice, o yo me voy, me dijo el señor. Y yo le dije, ay, pero por caridad, las dos hermanas mías se agarraron a llorar y llorar y a robar el viejito al señor que le hiciera algo y la señora también. Entonces la señora le dijo, pues hazle algo, a lo mejor, algo haces, a lo mejor le haces ayudar con sus dolores, que no le duela tanto, que no sufra tanto, decía la señora. Y pues así el señor finalmente dice,

bueno, dice, pues ya estaría de Dios, así dijo. Ya lo pasaron y le hicieron barridas, curación con hierbitas, con huevo, con piedra, pero aparte pasaba a sus manos y hacía oraciones. Ah, de cuenta que unos cantos como que yo me acordé de aquellos cantos que alguna vez he visto en películas americanas de los indios donde hacen un sonido. No, no, sí, sí, sí. Y ya estábamos nosotros allá afuera y yo sentí, bueno, todos sentimos que se nos erizaban los vellitos,

así la piel. No sé por qué, pero sentimos eso. Y ya pues duraron, yo creo que unas tres horas así. Y ya finalmente nos dice el señor, pasen y nos dice, refrescanlo con esta, con una sábana mojada, se envuelvan, no, ya estaba desnudo, lo habían desnudado y se envuelvan con esta sábana, está sudando mucho, dice, está sacándolo, toxinas y cosas, dice, envuélvanlo con esto. Y esa manta estaba empapada como en la agüita de hierbas y estaba calientita, pues apenas porque era en enero,

a media dos de enero. Y bueno, pues total lo envolvimos allí y otras dos o tres horas, ya ni recuerdo qué dice, nos hizo tarde, casi noche y con él. Y ya al final de cuentas, pues dice el señor, dice, pues yo les recomiendo que se queden, dice, porque ya es muy noche, muy tarde, dice, y la carretera está muy peligrosa, era de muchas curvas y ya.

Y pues le dije, pues sí, pero ¿dónde nos quedamos? Dice, pues allí, dice, ahí tenía un castrecito, dice, sí, siéntense, la señora preparó café y eso tomamos café, nada más café. Y ahí nos estuvimos y ya en la madrugada, más o menos como a las cinco, cuatro o cinco de la mañana, nos vinimos con él, lo abrigamos todo lo posible y nos vinimos y parecía como que había mejorado. Y dice el señor, pues ya que Dios los bendiga y ya no los veo. Y pues nos vinimos, pues esperanzados un poco,

porque como que lo vimos tranquilo y así. Y aunque estaba ya ojeroso, unas ojerotas, barbas que tenía, así oscuras, él era moreno, pero se veía pálido, pálido y así muy adelgazado. Entonces, pues ya nos regresamos, nos fuimos a su casa y ahí lo dejamos y todo con las indicaciones a la mujer y todo. Y ya yo de ahí me fui a trabajar. O sea, trataron ya de retomar cada quien su vida y esperara que esta curación hiciera efecto,

simplemente que se vaya recuperando. El, mádame un segundito, amiga, necesito ir al corte. Sí, gracias. El Miedofon está listo para tus comentarios, audios, lo que tú decidas. 55-2193-5926. Todo lo desconocido estará al alcance de millones de oídos aquí en La Mano Penuda. Mientras las malas lenguas hablan de mí, las buenas me besan. Sabiduría en las redes. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. La Mano Penuda.

Continuamos y al parecer todo iba bien, iba en una mejoría de tu hermano, Elma. Pero luego, ¿qué pasó? Bueno, pues total que así siguió. Mis hermanas decían si le seguíamos dando el medicamento o no. Yo le dije que no, porque si los análisis habían salido bien, no tenía nada, no tenía caso de arreglos, medicamentos fuertes. Digo, no es si le va a dañar el hígado y se va a poner peor.

Mejor no, mejor estáramos checando y bueno, pues buscamos otro médico más o menos que estuviera cerca para que le estuviera checando. Que fuera ya checarlo a su casa. Y así lo hacía el médico y nos dijo eso, sí. Dice no, no. Vio los análisis, los estudios y dijo no, no le dé nada. Lo vamos a estar hidratando nada más. Los analgésicos y vitaminas y eso. Parecía que mejoraba, pero no. Entonces, una de esas que tenía como un poquito de fuerza.

Él nos dice, nos dice, quiero ir al panteón a ponerle flores a mi mamá y a mi papá. Y entonces no es costumbre a nosotros ir al panteón porque tenemos la creencia de que pues ya no más está el cuerpo y el alma está en otro lado, no? Pero mi hermano quería ir. Entonces pues fuimos, no nos quedó más remedio. Y ahí tampoco quiso que fuera la esposa ni sus hijas ni nadie. Estaba como resentido con ellos.

Y entonces nada más mis hermanas, otro hermano y yo. Ya él quiso comprar muchas flores. Bueno, a mí se me partía el alma ver que él mismo quiso, con la ayuda de mi hermano, bajarse del carro, ir a los puestos de flores y comprarlas. Apenas podía caminarle, temblaban las piernas. Daba pasitos apenas. Parecía ancianito ya. Y con su mano temblorosa para ver las flores y todo eso. Hombre, yo sentí que se me salían las lágrimas ahí. La verdad sí. Lo viste muy acabado.

Sí, sí. Y no, sentía muy feo. Verlo así. Tan lleno de vida que era y así, no? Total que entramos al pantión, estábamos ahí. Por cierto que decía una hermana mía. Fue mientras por ahí a comprar un agua y le llevó agua. Llevaba una botella de agua. Ya estando en la tumba de mi mamá y que le, de mis papás, y que estaban, ya habíamos limpiado y estábamos poniendo las flores y todo. Cuando se acercó una mujer, una mujer que estaba toda como si la hubieran revolcado en tierra. Sí.

Toda revolcada, muy pobre. Se acerca y nos pide agua. Entonces yo le digo, ay, señora, ya se nos terminó el agua. Le digo, pero por ahí anda el aguador. Si gusta, le digo, por ahí anda, búsquelo por ahí. Creo que se fue por allá. Ya le dije. Y se nos queda, y se queda parada viéndonos. Entonces mi hermano le dice, quiere esta agua? El hermano sano. Sí. Le quita de las manos a mi hermano Alfredo, se llamaba el hermano. Le quita el agua de las manos y se la da la señora.

La señora la agarra y se va. Entonces a mí se me hizo extraña la señora. Entonces todos volteamos a verla y nos quedamos viendo cómo iba yéndose. A medio camino, la tumba de mis padres está cerca del camino principal. Entonces a medio camino de tierra, ahí la mujer, se viene una especie como de remolino, como un airecito. Ajá. Y un remolino, pues leve, chico, pernense remolino, desapareció. Entonces dice mi hermano, ah, ¿qué pasó? Y corre.

Entonces mis hermanas corrieron a ver hasta allá. Y yo me quedé con mi hermano que estaba sentado en la tumba de nuestros padres. Y corrieron y no la vieron. Entonces por ahí había otras personas que estaban también en sus tumbas. Y le dicen a mis hermanos, ¿a quién buscan al aguador? Y ellos dicen, no, a una señora, sí, así. Tenía unos guarachitos, toda empolvada y así. Ten un delantal así. No, no hemos visto a nadie. No nos vimos. ¿Sí?

Seguro no nos vimos. Total que la botella de agua tirada ahí en el camino. Entonces ya la recoge mi hermano. Y a otro hermano le dice, no, suéltala, déjala, porque ya la agarró la muerta. Yo creo que era una muerta. Sí. Y pues sacamos esa conclusión de que era una muerta, pero qué extraño nos pareció. Ajá. Y total que pues eso fue como en febrero. Y en marzo pasó su 6, su cumpleaños apenas. Y en Semana Santa, que fue un lunes santo, él murió. Vaya mía.

Él murió, sí, murió. Pues lo más tranquilo que pudimos hacer por él. Nos trajimos un ministro, un tracerdote para que platicara con él, lo bendijera todavía en vida y todo. Y pues se fue. Se fue. Y cuando lo estaban velando ahí, yo ya no lo quise ver ahí, tenía la cámara y todo el mundo se acercaba a verlo. No, yo no quise verlo. Ya no. Ya lo había visto. Vi cómo murió en el hospital. Que por cierto que cuando llegamos lo llevamos el domingo en la noche.

En la madrugada casi llegó la ambulancia, se tardó mucho hasta ese municipio llegando al seguro. No tenían camas, no tenían nada. Anduvimos buscando. Una de mis hermanas vino hasta su casa por un colchoncito porque no había nada. Y nos decía, pusieron el colchón en el suelo y decía mi hermana no, pero cómo va a estar ahí en el suelo. Entonces por ahí buscaron una cama y apenas media hora después de que lo instalaron en la cama él se fue. Oh.

Él se fue, sí. Y entonces cuando estaba ya en velación yo cerré mis ojos y vi un portal muy bonito, un arco muy bonito. Y yo estaba del lado acá y él del otro lado estaba una luz y él estaba ahí con una camisa blanca, muy blanca y muy sonriente que decía adiós. Así fue. Una experiencia muy dura. Pero se me olvidó, se me pasó un detalle bien importante. A ver. Cuando lo llevamos con el anciano y luego lo vimos mejorado decidimos llevarlo nuevamente como a la semana.

Entonces cuando fuimos a la semana a verlo nos dijo la señora que su esposa había fallecido. No me digas. Dos días después había fallecido y una de mis hermanas queriendo, ¿puedes justificar? Dice, es que yo estaba muy anciano. Le dije no, acuérdate que dijo. Que o se moría mi hermano pronto o él se moriría. Digo y así fue. Por querer ayudarlo, ¿verdad? Sí, y dijo la señora, sí, así es. Dice, y pues no, yo ya no puedo hacer nada por él. Lo que hizo mi esposo ya se hizo.

Y ya, dice ya su hermano ya no tiene más esperanza, más remedio. Y eso fue y pues ya nos regresamos así, tristes y bueno, también por el pobre hombre. Claro. De algún modo trató de ayudar y lo que le pasó a tu hermano fue eso que le llaman la muerte seca. ¿Qué? Se van consumiendo. Sí, y en el tiempo que mi hermano todavía estaba ahí, una de mis hermanas decía, no, es la vieja, quién sabe qué es la, o sea la esposa. Esa fue la que lo embropó y así.

Y luego decía, no eran otras personas, quién sabe. El caso es que supimos que los esposos de las otras dos hermanas de ella que le tenían como mucha envidia a mi hermano, mucha envidia. Y curiosamente un mes después murió uno y al otro mes el otro. Ah. Como si se les hubiese regresado, ¿no? Así es, sí, no supimos cómo ni quisimos saber cómo fue su muerte, pero la misma, las mismas sobrinas nos dijeron que se murieron sus tíos, así un mes uno y el otro mes otro.

Ay, amiga, qué lamentable todo esto que nos estás narrando. En serio parece pues como de una película, una novela, mi querida Elma. Pero fue real. Fue real. Y es tan desesperante, tan frustrante sentirte frustrado como se le está yendo la vida a alguien, a un familiar sobre todo y a alguien que amas tanto y que no puedes hacer nada, que haces según todo lo que está en tu mano y no resulta y no resulta y se está yendo y se está yendo y se te puede las manos como agua y así quedó.

Así es, amiga. Así es. Pues ya nomás nos queda el consuelo y yo con mis hermanas platicando con ellas para que se les quitar el resentimiento con con la familia que quedó. Claro, sí, pues ya no hay nada más que hacer. Así es, pues ya seguramente escucharon mi versión porque ellos porque ellos dicen queremos saber cómo viste tú las cosas desde tu punto de vista porque cómo ven.

Muy fuerte, muy duro. Ustedes hicieron lo que pudieron, lo llevaron al doctor, lo llevaron inclusive a pesar de su escepticismo, lo llevaron a ver a un brujo, una persona que le pudiese ayudar, pero ya nada se pudo hacer. Ahora él ya está en otro plano espiritual, seguramente descansando con el señor mi querida Elma. Muchísimas gracias, amiga. Muchas gracias y nuevamente felicidades por su magnífico trabajo.

Gracias, amiga. Por su gran amor a todos nosotros. Gracias, gracias. No, al contrario. Elma, recibo un abrazo y bien dijiste, han pasado seis años, pero parece que fue ayer. Así es. Muy bien. Así es, pero eso también me sirvió como decatarse yo creo para sacar eso que porque sí, ya tenía tiempo queriéndolo contar, pero como que me costaba trabajo. Así es, amiga. Pues ya lo dijiste en una pieza. Muchísimas gracias, Elma, que tengas bonita noche. Igualmente. Muchas gracias. Hasta luego.

Hasta luego. Mi amiga Elma siempre nos narra cosas que nos llegan a lo más profundo de nuestras entrañas. Muchas gracias. Muchísimas gracias por haber estado esta noche con nosotros. Mañana tenemos nuevamente una cita. Que descanses, que tengas excelente noche, que Dios te bendiga. Soy Gina Áviles. Hasta luego, Gina. Yo también me despido. Yo soy Nacho Muñoz, agradecido con Dios y con ustedes porque juntos escuchamos muy buenas historias.

Que tengan una estupenda noche, que descansen y como decimos aquí, cabot. El programa se termina, pero la investigación continúa aquí en La Mano Peluda. Esta fue una producción de Grupo Forula.

Transcript source: Provided by creator in RSS feed: download file
For the best experience, listen in Metacast app for iOS or Android