La Mano Peluda | Viernes 17 de Mayo de 2024 - podcast episode cover

La Mano Peluda | Viernes 17 de Mayo de 2024

May 18, 20241 hr 32 min
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Transcript

Noticias, deportes y espectáculos en tu plataforma de podcast preferida. Grupo Fórmula. Advertencia. Las opiniones de los participantes y colaboradores no corresponden necesariamente con las del programa o la empresa. Si este programa es escuchado por menores de edad, se recomienda que lo hagan en compañía de un adulto. Porque nosotros hemos estado ahí. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. Porque conocemos de raíz a los especialistas.

El demonio es una figura que ha aparecido en todas las culturas. Y no es una figura cristiana. Documentaremos todas esas experiencias que no tienen lógica alguna. Con Georgina Avilés e Ignacio Muñoz. Llegó la hora de poner las evidencias sobre la mesa. Fantasmas. Voces. Apariciones. Psicofonías. Mitos y leyendas que rodean al mundo sobrenatural quedarán al descubierto aquí en...

La Mano Peluda. Desde la Ciudad de México, para todo el mundo, esta emisión de lo insólito y de lo que no tiene explicación lógica, pero que a ti y a nosotros nos apasiona. Soy Georgina Avilés. Y que gusto que estés esta noche con nosotros. Hola, ¿qué tal? ¿Cómo están? Buenas noches. Gracias por acompañarnos. En esta emisión donde vamos a platicar de lo increíble, pero también, por supuesto, de lo sobrenatural. Porque de lo que es natural en todos lados, se habla mucho.

Yo soy Nacho Muñoz. Agradecido con Dios y con ustedes. Porque una vez más, podemos charlar de esos temas impactantes. Queremos tu participación a través de la multilínea 55-5279-2291. La página RadioFórmula.com.mx y en Spotify, encuéntranos como La Mano Peluda Grupo Fórmula. Ponemos a tu disposición todas las vías de comunicación para que tú hagas contacto con nosotros. Y por esa razón, te voy a compartir nuestro número de WhatsApp. 55-2193-5926.

55-2193-5926. Ahí nos puedes mandar un mensaje de voz o un mensaje de texto. Compartir fotografías, videos, memes, lo que tú quieras. Saludamos a las estaciones en la República Mexicana que se unen con nosotros. El enigma de los hombres lagartos plantea una fascinante interrogante sobre la naturaleza de estas enigmáticas figuras. ¿Acaso son representaciones de antiguos dioses o podrían ser más bien maestros cósmicos provenientes de otras esferas?

Al observar detenidamente estas peculiares estatuas con sus caños alargados, ojos almendrados y rasgos reptilianos, surgen numerosas teorías que intentan descifrar su verdadero significado. Aunque algunos investigadores sugieren que estas figuras podrían ser divinidades adoradas por la antigua civilización ubaid, posiblemente entidades con poderes y conocimientos superiores que interactuaban con los humanos en su vida cotidiana.

Hoy, el enigma de los hombres lagartos ubaid, dioses antiguos o maestros cósmicos. ¿Qué te parece el tema de esta noche? Ahí está para que lo mastiquemos juntos, pero principalmente queremos oír todas tus historias de terror, misterio y suspenso que nos encanta escuchar. Todas las experiencias que tú tienes y que esta noche vamos a iniciar para ver si algunos de nosotros nos identificamos con estas experiencias.

Seguramente habrá una de esas historias con las que tú digas, esa, esa es como lo que vivió mi abuelito, como lo que me platicó mi papá o algo que te trae algún grato recuerdo. Por esa razón te invitamos a participar aquí con nosotros. Desde Yautepet Morelos. Y pues quiero contarles otro relato que le sucedió a mi abuelito. Aquí mismo donde yo vivo, este, uno de mis hermanos de hecho ya había visto una sombra muy alta y con ojos rojos.

A él lo seguía mucho. Mi hermanito ahorita tiene 18 años, pero en ese tiempo él tenía 15. Y ese espectro lo anduvo siguiendo mucho tiempo, lo perturbaba pues. Este, lo dejó de ver desde un día que mi mamá lo llevó a la iglesia y le, le, le compró una cadena de plata y la fue a bendecir. Y en la misa este, hizo que el padre, bueno le pidió de favor al padre que, que mencionara a mi hermano para que, pues para que recibiera bendición ¿no?

Desde entonces ya dejó de verlo él, pero lo más extraño fue que ahora que mi abuelo estuvo viviendo aquí con nosotros, él también lo vio. Pero hagan de cuenta que él iba a salir al baño como a las 3 de la mañana. Y dice que cuando abre la puerta ve que va pasando una sombra grandísima, así alta y con los ojos bien rojos, rojos, rojos. Y dice él que él se le quedó mirando y si se, obviamente si se espantó, pero dice que la sombra lo volteó a ver y que le empezó a hablar en otro idioma.

Pero que este, tenía la voz de un niño, de un niño que tenía como 12 años. En otra ocasión en esa misma casa este, uno de mis primos vino a pintarla. Entonces dice que cuando estaba pintando la parte de arriba donde va este, donde va la losa. Este dice que Clarito miró que entró a alguien porque hagan de cuenta que el sol se refleja un poco en lo que es la loseta y de ahí retaca a la pared ¿no?

Sí. Entonces dice que cuando él estaba arriba pintando la parte de la losa que les digo, este dice que vio que entró una sombra. Y no hizo caso, dice pues a lo mejor es uno de mis primos ¿no? que andan ahí. Pero por realmente no había nadie, era nada más él y la casa, nada más era de él. Y este, y le dijo a mi mamá y le dice mamá ¿cómo crees? dice sí dice. Me espanté muy feo dice porque honestamente este no había nadie.

Ese es el relato que les quería contar, gracias por escucharme, ojalá y si los pasen por favor. Saludos Gina y Nacho desde aquí desde Yautepec Morelos. Cuídense, un abrazo, un programa genial. Gracias amiga. Ahí está tu hijito llamándote. Ya está, ahí está mi mamá. Ayer también nos contó dos experiencias desde Yautepec Morelos, nos encanta que participes y si tienes más que contar, por supuesto que aquí te esperamos, saludos. Y también un amiguito muy desesperado por su mamá.

Sí sí, bueno a lo mejor, mamá, y llega la mamá y dice es que se me cayó la sopa o lo que sea. Muy bien, muy bien, muchas gracias mi querida amiga, gracias por platicar y fíjate justo, estábamos mencionando que a veces son esas historias que nos cuentan, que nos platican nuestros abuelitos o gente de nuestra familia que queremos muchísimo y por lo tanto son historias importantes que vale la pena preservar a través de un programa como este

para que no se pierda esa tradición oral de platicar, de comentar, de expresar algunas cosas que no todo el mundo va a entender y no todo el mundo va a aceptar. Pero por lo menos aquí en esta emisión desde hace ya casi 30 años pues lo venimos haciendo. Sí, eso nos gusta, saludos, soy de corregidor Aquareta Lo Daniel y los estoy escuchando en este momento.

Tengo una pregunta para el maestro, esta la guardamos y se la enviamos al maestro, la compartimos con él la próxima semana, ya sabes que él está una vez a la semana con nosotros, pero cuando llegan algunas preguntas así como tú ahorita que no está pues se las guardamos.

Sí, se las vamos reservando para que estén preparadas, listas para ti y a todos nuestros amigos seguidores por Spotify, les recuerdo es la mano Peluda Grupo Fórmula, es la manera en que tú nos puedes localizar ahí desde luego y déjame aprovechando este pequeño impasse Gina, saludar a Julio César Hermosillo que nos saluda a todos, dice muy buenas noches, bienvenido amigo y Gabriel González también está aquí con nosotros saludando a toda la banda que ha llegado a esta emisión

y poco a poco también vamos reconociendo nombres, verdad. Sí, también, profe, gracias por estar presente. Saludo a Princesítica, Cata Aguilar, a nuestro amigo Revolver y también a Mari Valle Guevara que está con nosotros y por supuesto a nuestra amiga Elma que siempre nos cuenta historias a ver si esta noche también tenemos alguna de ellas. Claro. Así que pues sin más Gina, vámonos a hacer la primera pausa de la noche y regresamos.

El miedo FON 55 2193 59 26 Que todo lo que sueñas se te cumpla y que todo lo que te preocupa se resuelva, sabiduría en las redes. Porque no todo tiene explicación lógica, la mano tenuda. Todos hemos escuchado mitos y leyendas de seres de otro mundo que visitan la Tierra, criaturas misteriosas que desafían la explicación y sacuden los cimientos mismos de nuestra comprensión del universo. Pocos artefactos capturan esta esencia tan vívidamente como los llamados hombres lagarto ubaid.

Del antiguo Irak estas figuritas de tamaño de una mano tienen un parecido inquietante con lo que hoy podríamos describir como alienígenas reptilianos, pero serán representaciones de dioses o podrían ser más parecidos a mentores cósmicos. Hoy vamos a platicar de ellos, pero sobre todo queremos tu comentario. Así es, estamos esperando para que participes directamente en este programa, la emisión exclusiva para ti mi querido amigo.

Y además quiero que sepas que cuando tú nos narras una historia, estás abriéndote para muchas cosas y principalmente para que nosotros sepamos la sensibilidad que los seguidores de estos temas tienen. A veces no es tan sencillo platicar, pero aquí estamos, mira, unos contando, otros escuchando, pero la realidad es que es un aspecto apasionante lo que tenemos por aquí. Chapulín nos dice saludos aquí escuchando las historias de la mano peluda en el trabajo.

Un saludo también para mi papá, Eliseo Pérez Morales, que también es fan de la emisión. Perfecto, pues vamos a escuchar sus audios. Hola, hola, Gina Nacho aquí participando con ustedes. Cuando era niña que mi abuelito platicó y dijo que lo que le había pasado, verdad, es que estaba muy mala.

Dicen mamatínia, le decían él a su mamá, a mi bisabuela, y que estaba bien grave, pues ya mala y que ya la habían curado aquí en la ciudad y que no se componía y que le habían hecho estudios, dice él, exámenes y que no, no tenía nada. Y después se la regresó al pueblo, verdad, como pudo decirlo, en camilla porque caminaban mucho. Y dice que cuando iba por un pueblo que le dijo un señor, dice, oye, ¿por qué no vas a ver al curandero, fulano?

Dice, ¿qué? Dice, oye, que yo ya la curé, dice mi mujer, dice, yo sé, yo la curé, pero no se compone. No, dice, vete, dice, vete, dice, él es bien bueno. Dice, bueno, y que se fue mi abuelo a ver al curandero y que fue y que vio a mi abuelita, a mi bisabuela, bisabuela, no sé ya ni cómo, porque era la mamá de mi abuelito y que le dijo el señor, dice, oye, dice, vamos a tener que irnos a tal lugar, no sé qué, como un panteón, creo,

cerca del panteón, no sé cómo. Dice, porque tu mamá ya está, ya está, dicen las últimas, dice, te tardaste mucho en verme. Dice, tú le hiciste lo que pudiste, pero no pudiste curarla, dice. No, dice, esto es más fuerte, dice, me extraña que tú, sabiendo curar, dice, no te hayas dado cuenta que esto es muy fuerte y necesita de alguien más, más que tú. O sea que mi abuelito era curandero, nada más.

Ahora sí, groseramente, abuelo, curandero chanquiqui, un curandero así común y corriente que curaba de espanto, que una descompostura, una torcedura de tobillo, esas cositas así. Y al que él había ido a ver era en sí un brujo, un brujo, un brujo, un aguay, que se convierten en animales. Y dice que le dijo, no, dice, a tu mamá le dieron un año nada más, dice. Y ya, dice, ya se está cumpliendo, dice. Pues tenemos una chance, dice, pero tenemos que irnos a este lugar, ahí a curarla, dice.

Solamente ahí puedo hacer algo por ella. Y que sí, le dijo mi abuelo que sí, dice, pero tú me vas a ayudar, dice. Y otro curandero también que iba a llevar el señor, me van a ayudar entre los dos, me van a ayudar, dice. Porque solo no voy a poder. Y que se fue mi abuelo con el señor y mi abuelita que la iban a curar. Y que hicieron como tipo, una campaña, dice, una campañita como de los exploradores. Así entendí yo, ¿verdad?, porque estaba yo niña, todavía apenas, y me recuerdo.

Y dice que llegaron ahí y que el señor empezó a hacer sus símbolos al ruedo de mi abuela. O biscahuela, digo yo. Y que este, que empezó a, a rezar o qué sabe qué hacerle. Y que les dijo, ustedes, quédense aquí con ella. Yo voy a salir ahí afuera, dice. Oye, ya viene, dice, el que le está haciendo el mal ya viene, dice. Ya viene, dice. Y ahorita nos vamos a agarrar él y yo, dice. Y ustedes se van a quedar aquí, van a hacer esto.

Y dice que les dijo, yo no sé qué, no me recuerdo qué les dijo, ¿verdad? Pero algo así, yo creo, como oraciones o símbolos que tendrían que tener ahí. Y que les dijo, y por favor, pase lo que pase. Oigan lo que oigan. No se muevan de aquí. No se vayan a mover para nada. Y que sí, así fue, pues. Y que se salió el señor ese. Y dice mi abuelito que quedó entre la cortina que tenía en la puertita, dice, de la cabaña que habían hecho. Que este, que mira, alcanzó a ver que vio un toro.

Era un toro grandote, dice. Un toro negro. Y que vio cuando llegó el otro toro. Que eran dos toros, dice. Uno negro y uno blanco. Que no más los alcanzaba de ver de reojo porque él no se podía mover de ahí donde estaba su mamá. Y que oía cómo bufaban, pero que bufaban así muy feo. Y bramaban, dice, y bufaban y se pegaban con los cuernos. Que se oía cómo se pegaban con los cuernos. Y que tardaron así, dice, como una hora, dos horas, peleando.

Y que al final entró el señor ese arrastrándose y sangrando. Y que le dijo al otro curándelo, dice, ayúdame, dice. Ella ya está bien, dice. Llévatela para tu casa, dice. Ahorita en cuanto de ella se reponga, dice, va a ir caminando por su propio pie, dice. Por su propio pie va a caminar ella, dice. Pero yo estoy jodido, dice. Y yo tengo que llegar a mi casa. Tengo que llegar a mi casa antes de que me gane llegar este hombre, dice. Porque si no me va a acabar. Pero va, dice, jodido.

Y a mí también me dejó jodido. Y tengo que llegar a mi casa antes que él llegue, dice. Porque si él llega a mi casa, yo me muero, dice. Ayúdame, le dijo al otro, dice. Ayúdame, dice. Tú me vas a ayudar. Y tenemos que llegar los dos rápido. Y que sí, que se salieron. Que se convirtieron otra vez en animales, dice. Que él ya no oyó. Que no más oyó el ruido como de cascos corriendo, dice. Y que se fueron. Y que agarró mi abuelito y empezó a ver a mi abuela, a su mamá.

Y que él miró pues que empezó mi abuela a decirle, ay, me siento mareada, dice. Que pasó. Dice, ¿puede caminar? Dice, sí, hijo, yo creo que sí. Pues vámonos. Vámonos a la casa. Dice, ¿qué pasó? Dice, dime qué pasó. Y yo no sé nada, dice. Vámonos. Vámonos, ándele. Y que mi abuelito abrazó a mi abuelita y que se la llevó a la casa. Pero dice que cuando salió de ahí donde estaba la cabañita esa que vio mucha sangre fregada en el suelo, bastante sangre.

Y dice, no, pues ojalá que Dios quiere que este hombre se salve. Y ya de ahí ya no supe. Más bien no recuerdo porque mi abuelo dice que él ya no supo ya de ese señor. Que después fue a abusar, les llamo, pero como no me contestan entonces mejor. Así. Así les cuento mi historia. Dios me los bendiga. Bye. Hasta luego, mi querida amiga. Muchísimas gracias. ¿Qué les parece? Una batalla entre brujos. Hubo sangre, hubo golpes.

Pero a fin de cuentas se logró el cometido que era salvar a esa mujer, que era salvarla del hechizo que tenía, verdad? Muchísimas gracias. Hola, buenas noches. ¿Cómo te llamas? Bueno. Buenas noches. Bueno. Buenas noches. ¿Cómo te llamas? Creo que no me escuchas, ¿verdad? Bueno. Bueno. Hola, buenas noches. ¿Cómo te llamas? Salvador, buenas noches. No me escuchabas, ¿verdad? Sí, sí no lo escuchaba, disculpe. Salvador, ¿desde dónde te encuentras? Estoy en el puerto de Veracruz. Veracruz.

¿Qué tal el calor por allá? Está horrible, estamos llegando casi a 40, 42, la sensación térmica. Guau, sí sabemos esto del calor que está azotando en esta temporada, pero también queremos relatos porque seguramente tienes uno muy bueno que contar. Sí, efectivamente tengo varios, me han pasado muchas cosas a lo largo de mí, de mi obra y de mi vida. Puedo contarles, no sé, miren, pues vamos a empezar por que estaba yo chico. A ver.

Cuando yo tenía yo seis años de edad, vivíamos en unos departamentos aquí por el, casi cerca del centro de la ciudad. Entonces yo tenía la costumbre de levantarme en las noches y mi papá siempre dejaba un refresco en el refrigerador, ¿no? Entonces yo como chasis con niños se levantaba en la noche a echarse un vasito de refresco, ¿no? Sí. Un día a levantarme más o menos siendo las tres de la mañana, tres y media, teníamos un ventanal que daba hacia los, hacia la entrada de los departamentos.

Salvador, ¿a qué te voy a interrumpir? Apenas ahorita estás iniciando porque llegó la pausa, no te vayas y regresamos rápido contigo. El miedo FON 55 2193 59 26. Es hora de poner al descubierto lo que nos hace temblar, correr, gritar y sudar. La mano te duda. Y sabrás que se siente estar en boca de todos. Ojalá lo que estés buscando valga lo que estás perdiendo. Prida Cal, sabiduría en las redes. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. La mano peluda.

Continuamos, estamos iniciando con el relato de Salvador. Eras un pequeñito, te levantaste a media noche para tomar un poco de refresco y luego ¿qué pasó? Efectivamente, entonces, este, al yo ir hacia la sala donde tenemos, bueno, ya ve que las casas son chiquitas y la sala había estado el refrigerador, ¿no? Hasta la cocina se puede decir, al voltear yo hacia mi lado izquierdo donde daba el ventanal que daba hacia la entrada del, ahora sí, de los departamentos, había una especie como de niño.

El ventanal era con barrotes y tenía una cortina, pero atrás de la cortina se veía la sombra de un niño de mi tamaño, agarrado de los barrotes. Entonces, en ese momento yo me quedé helado, petrificado por, pues, a ver ese ser, porque era un ser oscuro, pero era la altura de un niño, era un niño de seis años de mi edad, más o menos de mi estatura. Estaba agarrado en los barrotes y estaba viéndome fijamente, no se le veían los ojos, pero era la silueta de un niño que estaba trepado en la ventana.

Entonces, pues, se imaginarán que a esa edad, pues, yo nada más cerré el refrigerador y regresé otra vez al cuarto de mis papás y hasta el otro día les comenté, pero pues no me creyeron. Lo que pasó después a los días posteriores de que yo tuve ese encuentro con ese ser o esa cosa que estaba en la ventana, me cuenta mi mamá que yo en las noches yo me levantaba a sonámbulo y empezaba a hablar por la ventana. Así estuve varias noches hablando yo por la ventana.

Dice mi mamá que no me despertaba porque me veían que yo me ponía a hablar en la ventana y hablaba yo así en la calle. Entonces, pero después pasó el tiempo se fue olvidando eso. Pero pues sí, sí me quedó muy grabado eso de ver ese tipo de esa cosa o ese ser que estaba en la ventana. Pues observándome porque me estaba observando. Estaba agarrado en los barrotes, en la ventana, viéndome y era de mi tamaño, era un ser de mi tamaño. Pero nunca estableció comunicación contigo.

No, nunca estableció comunicación conmigo. Yo lo vi fijamente, vi que se movió de un lado para otro muy despacito y pues al ver eso pues yo me regresé enseguida al cuarto de mis papás y ya no quise salir en ese momento. Pero le digo lo que pasó posteriormente en las noches que vinieron, decía mi mamá que yo me levantaba, me asomaba en la ventana y empezaba yo a hablar pero dormido hacia afuera. Entonces, la verdad no sé qué habrá sido, qué encuentro habrá sido.

Y como les comentaba, pues yo he tenido varias experiencias, no sé si por mi naturaleza he tenido varias experiencias muy bien, muy, habrá sido reveladoras, ¿no? Oye, ¿por qué dices por tu naturaleza? Lo que pasa es que yo desde chiquito siempre he podido ver cosas, he podido sentir muchas cosas. No sé si eso provenga de mi familia. Yo tuve una tía que era santera, una santera muy, ahora sí muy, muy importante, ¿no? Pues ganaba mucho dinero mi tía.

Y por parte de mis papás, mi abuelo practicaba el espiritismo. No sabía yo que lo practicaba hasta después, mucho después, hace poquito que mi abuela falleció me comentó que mi abuelo, el papá de mi papá practicaba espiritismo. Entonces, yo siento que por ahí viene lo que yo siempre he sentido. Por herencia he sentido muchas cosas. De hecho, tengo una anécdota, pues no sé si sea una anécdota muy triste o sea una anécdota para recordar toda mi vida. Yo soy viudo.

Mi esposa falleció de insuficiencia renal. El día que falleció mi esposa, bueno unos días antes, posterior a eso, yo en mi casa olía a flores, pero un olor a flores muy rico, muy dulce, o sea un aroma muy, muy bonito, ¿no? Muy, muy rico el aroma. Mi esposa estaba en el hospital, estaba en coma porque ya había entrado en coma por su enfermedad y se pasó casi medio mes en coma. Ya no regresaba ella sí, sino yo la tenía en entubada y yo en la casa sentía ese olor, ¿no?

Entonces, pues el día que ella falleció, yo siento que ellos ya sienten cuando van a fallecer porque fue triste porque yo no tenía dinero para poder pagar todavía el entierro y ese día exactamente en mi trabajo me pagaron lo que me debían completito.

Fui a verla al hospital, yo creo que ella sintió que ella traía yo el dinero porque ese día yo fui a verla al hospital a las 8 de la noche, la dejé todavía con vida, regresé a la casa, ese olor no se quitaba de la recámara y hablaron ya posteriormente dos horas después diciéndome que ella había fallecido ella. Entonces, cuando yo regresé al hospital, yo le dije al oído todavía, le dijo, ¿me estabas esperando, verdad? ¿Estabas esperando que yo tuviera dinero para yo pagarlo de funeral, ¿no?

Entonces, sienten y pues he tenido experiencias como esas, hace poquito pues asesinaron un primo mío y pasó lo mismo, o sea, antes de que lo asesinaran, se cayó una prenda aquí en la casa. Cuando falleció mi abuelita también, el pan que tenía yo en la cocina salió volando, voló la bolsa del pan, o sea, como que me avisan, como que hay avisos, ¿no?

Mi mamá también, ya que falleció, regreso a la casa en la noche y después de que la dejé ya para descansar un rato allá en la funeraria, tenía toda la casa, hagan de cuenta que había jugado un niño con los juguetes de mi hijo, toda la casa estaba así como que habían jugado, adentro de la casa. Entonces, pues son avisos, ¿no? No sé si se quieran despedir de mí y mis familiares o yo tenga esa sensación de que solamente a mí me pasan esas cosas, porque solamente a mí.

Es que además tú eres una persona muy sensible y puedes captar este tipo de cosas. El olor, así como lo mencionas, agradable a flores, se relaciona con la presencia de una persona que acaba recién de fallecer. Ella aún no fallecía, pero estaba en coma y yo creo que sí, yo también lo tomo como una despedida.

Sí, efectivamente, pero no nada más cuando ella, también cuando mi mamá iba a fallecer también había olor antes a flor y a mí me da miedo cada vez que huele a flor así muy dulce, muy rico, ese temor de que algo va a pasar.

Y si me ha pasado, de hecho, las personas que han fallecido de mi familia antes de fallecer, yo huelo de ese olor, ese olor en mi casa o en otro lado, un olor muy rico, es que no lo puedo describir, es como a flores, pero un olor a flores dulce, muy dulce, o sea muy rico, un olor que la verdad parece como un perfume muy, muy caro. Ok, entonces ya en varias ocasiones te ha pasado lo mismo, así que cuando vuelve este olor ya te pones nervioso, ¿no?

Sí, efectivamente, porque sé que algo va a pasar, sé que no será el momento, pero sé que ya viene algo, ¿no? Y pues como les comento, yo tengo muchas historias, tengo muchas historias porque también por mi trabajo he viajado por muchas partes de la República y pues me he quedado en hoteles, en moteles, en todo eso y de verdad que hay un hotel donde me dieron un susto que no sé si más adelante me puedan llamar y les contaré otras, otras narraciones también muy este... Es que antes de pasado, ¿no?

Oye, Salvador, pues que sea esa la tercera de la noche porque nos vas a dejar aquí con la duda, ¿qué pasó ahí en ese hotel y en qué ciudad? Bueno, por mi trabajo yo soy ingeniero, soy supervisor de proyectos, yo ando supervisando obras en muchas plantas de generación eléctrica, ¿no?

De la CFE, entonces, pero yo trabajo para una compañía, entonces en aquella época en el 97, 98 me tocó ir todavía a Tuxpan, a la central termoeléctrica de Tuxpan, todavía Tuxpan no está como está ahorita que ya está más este, pues más poblado, que hay más hoteles y más todo eso, estaba más solitario, ¿no?

Rumbo a la central, entonces nos quedamos en un hotel que estaba rumbo a la central al lado de un río, el río Tuxpan precisamente y me dieron un cuarto y yo desde que entré al cuarto sentí algo que no me latía en ese cuarto, no me latía, yo dormía solo porque como yo era el encargado y llevaba yo, pues dinero, entonces me daba, pues ahora sí me daba mucho miedo llevar dinero en efectivo y dormir solo, ¿no? Pero yo tenía las gentes que dormían conmigo en los cuartos contiguos, ¿no?

Entonces, este, un día llego, llego al cuarto, yo siempre tengo la costumbre de que pierdo todas las luces porque pues por lo mismo, ¿no? Como dormo solo o estoy solo en el cuarto, no vaya a ser que alguien se meta, ¿no?

Atranco la puerta, me meto al baño, salgo del baño después de bañarme y veo como la maleta que estaba en un banquito cerca de la ventana sale volando, sale relativamente volando, así pum, cayó, pum, la maleta pesada porque no, no, o sea, no estaba vacía, estaba pesada, tenía mi ropa, todavía no sacaba yo mi ropa, me quedo viéndola hacia lo lejos y ya no supo ni qué hacer, ¿no? Pero he aprendido a asimilar las cosas, no asustarme tan fácilmente, ¿no? Oye, ¿cómo?

Posterior a esto, a partir de eso de que salió volando esa maleta, en las noches me jalaban las sábanas, o sea, me destapaban completamente, pero eran unos jalones que yo me despertaba, me destapaban completamente, o sea, me jalaban las sábanas, no duré más que tres días en esa habitación y pedí cambiarla, ¿eh?

Pedí cambiarla porque definitivamente no aguanté, sí, seguimos en el hotel pero yo ya en otra habitación, de hecho me preguntaron que qué pasaba, le digo, no, es que pasa esto, me están asustando en esa recámara, no sé qué pasó ahí, de hecho esa recámara era la última recámara que daba hacia el río, entonces no sé qué habrá pasado en ese cuarto porque pues la verdad sí estaba muy fuerte, ahí sí fueron cosas muy fuertes

porque sí, efectivamente yo despierto en la madrugada y veo cómo las sábanas se me, como si me estuvieran destapando, me jalaban las sábanas completamente, entonces sí, ya no, y al tercer día dije no, ya no puedo dormir aquí, no, no, algo pasa, algo está malo aquí y definitivamente me cambiaron de habitación, nunca supe lo que pasó ahí, pero no creo que haya pasado algo bueno. No. Sí. Oye, y tú cómo te protejes. ¿Cómo me protejo?

Bueno, siempre en mi maleta llevo un crucifijo y llevo una biblia, entonces siempre pues rezo algo en la noche y tengo mi biblia al lado siempre porque este, pues como son muy sensibles esas cosas, siempre estoy predestinado que me pasa algo, ¿no?

De que siempre tengo algún encuentro o algo así, de hecho le digo, entonces tengo, tengo, he tenido muchas, muchas cosas de mi vida, muchos encuentros que luego no me los creen, luego ni se los cuento a mi hijo y no me lo cree, dice ay papá, es que tú estás predestinado que te pase todo eso, digo sí, pero pues ya, ya no me asusta, ya está con el tiempo asimilado esto y ya no me asusta, ¿no? Pero pues de esas tengo muchas narraciones también, de esas así que me han pasado, ¿no?

Entonces tenemos una cita próximamente para seguir escuchando lo que nos quieres compartir. Así es Gina, mucho gusto en conocerte, saludos a Nacho. Saludos amigo. Todo, soy fanático de usted desde, desde la mano peluda, ¿eh? Siempre los he escuchado con Juan Ramón, con el otro señor, con este... Rubén. Con Rubén, o sea, he oído todos los capítulos, los bajos también los tengo como grabados porque me, me interesa todo lo que es paranormal, de hecho a mí me gusta todo lo que es paranormal, ¿no?

No soy curioso en el aspecto de que yo quiero experimentar cosas, no me gusta porque sé las consecuencias, ¿no? Pero pues lamentablemente a mí me ha pasado todo eso y pues he vivido muchas cosas que no le deseo a mucha gente que les pasen, ¿no? Porque ahí sí se morirían del miedo. Salvador, pues ya vamos rumbo a los 29 años, imagínate todo lo que hemos escuchado aquí juntos, como Peludo Maniacos y lo que falta. Gracias, te mandamos un abrazo. Igualmente Gina, saludos para ti, saludos para Nacho.

Saludos amigo. Dios bendiga. Igualmente. Tengan mucho éxito con su programa, ¿eh? Sigan adelante porque realmente solamente nosotros los que hemos vivido estas cosas de experiencia podemos platicarnos con usted, que sepa la gente que sí existe, ¿no? Claro que esto sí. No es cosa de imaginación de uno. Así es. Gracias. Saludos Salvador. Saludos Gina, saludos Nacho. Buenas noches. Hasta luego, mi querido amigo. Pues gracias por tus historias. Mira, dice profe, confirmo lo que comenta esta persona.

En mi familia hemos vivido esa situación. Si alguien conoce una enredadera llamada Madre Selva o huele de noche, ese es olor característico que avisa que alguien va a fallecer. En cuatro ocasiones nos pasó. Y la quinta, que incluye a mi madre, el olor inundaba la casa. Al siguiente día mi mamá fue hospitalizada y el aroma duró por dos días y luego falleció. Mira qué tremendo y muy similar a lo que nos dijo Salvador, ¿eh? Mi querida. Buenas noches, buenas noches señor Nacho Muñoz.

Saludos. A la señora Gina Aviles. Y a todos los peludohumaníacos, perdón, a todos mis primos y hermanos y todo, porque ahorita que el señor está hablando de su naturaleza y que a usted Gina le hace la observación y le pide la especificación de a qué se refiere con su naturaleza.

Pues es cuando yo hablo que me refiero a los que somos peludohumaníacos, no me refiero a los que escuchamos el programa, realmente me refiero a los que tenemos lo que ustedes llaman percepción, bueno así creo que usted se refiere señorita Gina a eso. Pero yo quisiera preguntarle al señor Nacho Muñoz, el que es un experto pues que ha salido hasta en programas internacionales como en el documental que mencionaba la otra vez.

Yo quisiera saber cómo se les, bueno yo me incluyo, cómo se nos denomina a todos los que tenemos lo peludohumaníaco a flor de piel. Arturo Riguez de Chihuahua un saludo.

Como se nos denomina, pues mi querido amigo no se requiere de sabiduría, no hay favor que tú me haces, lo único que yo te puedo comentar es que por alguna razón se dan las cosas, es decir, el hecho de que tú estés escuchando este programa y todos nuestros amigos que nos están siguiendo y que noche a noche ponen este programa, es por algo, es algo que viene con nosotros, es como aquella persona que él no toca ningún instrumento

porque tal vez no lo ha intentado o no se ha dado el tiempo, pero siempre está escuchando música especial, vamos a lo mejor tienes el, te gusta el jazz por decir algo. Y entonces tú tienes un gusto ahí dormido, tienes un gusto, pero vas buscando la ocasión de acompañarte con ese tipo de música, yo diría que sí efectivamente se nace con ello. ¿A quién tenemos en la línea? Buenas noches. Hola, me llamo Iris Pérez. Iris, ¿desde dónde nos escuchas amiga? Te hablamos desde Los Reyes La Paz. Eso es.

El estado de México. Sí amiga. Muy bien, ¿y usted quiere platicar algo? Bienvenida. Sí, tengo unas historias. Hola Gina, buenas noches. Hola, buenas noches. Acá, mira, tengo dos historias. ¿Por a mí? Una de ellas yo, bueno, primero que nada yo me dedico a rotular, entonces ahora que estuvo lo de la pandemia muy fuerte, me traían muchas cruces para rotular de la gente que desgraciadamente falleció por esta enfermedad. Ah, eres rotulista. Pero de esas de a pincel. De pincel, sí, de antes.

Todavía sigo la tradición. Sí, amiga, vaya. Qué bien. Sí. ¿Y qué crees Nachito? Que me tocaba rotular y en varias ocasiones, me han sucedido varias cosas otras, ¿no? Porque hubo una persona que me estuvo trayendo cruces pero todavía está con tierra de panción. Yo desconozco, ¿no? Probablemente no les alcanzó para comprar una cruz nueva o probablemente, no sé, ¿no? Por ahí la adquirieron de mala manera. Total que la cruz me la trajeron todavía con tierra, con tierra del panción, estaba usada.

Y yo cuando la vi dije, híjole, como que ¿por qué me traes así la cruz? Al final de cuentas, pues tuve que hacer el trabajo porque necesitábamos el dinero. Claro, sí. Y yo me puse a rotular en la noche, regularmente en la noche es cuando más trabajos hago, de madrugada. Y estaba yo rotulando y yo sentía que me soplaban en mi oreja, me hacían así. Yo decía, bueno, pues probablemente sea el viento, ¿no? Pero pues todas las ventanas cerradas.

Sí. Dije, bueno, a lo mejor ya me hizo, no sé, daño, ¿no? La desvelada. Pero ya después pues empecé que me hacían... Ahí sí, ya me dio miedo porque dije, ¡ah, caray! Y pues todos dormidos, acá nada más vivo lo que es mi mamá, mi hermano y yo, pero mi hermano vive en otra área y solo cerca de mí, digamos, que vive mi mamá, pero ella perfectamente dormida. Bueno, ya pasó, al otro día entregó la cruz con esta persona que me dio su trabajo para rotular su cruz.

Sí. Y me comenta, ah, Iris, dices, fíjate que esta cruz, digo, ¿esta cruz de quién es? Porque por lo que me sucedió en la noche me movieron cosas, me cambiaron de lugar los pinceles, o sea, me pasaron varias cosas toda esa noche. Yo dije, ah, caray, eso ya como que ya me dio miedo. Dije, bueno, voy a apurarme, ¿no? A terminarla. Le digo, ¿esta cruz de quién es? Dice, mira, esta cruz es de mi abuelito. Dice, él tenía una costumbre muy rara, Iris. Digo, ¿por qué?

Pues sí, dice, cuando no nos queríamos dormir o nos quería asustar, nos hacía... En la madrugada, no sé, soplaba en el oído, así en las orejas. Ay, me dio mucho miedo, Nachito. Dijo, ¿cómo crees? Dice, sí. Digo, no inventes, toda la noche me estuvieron haciendo eso y yo creí que era mi imaginación. Dice, no, ¿cómo crees? Y ya no volví a aceptar, Nachito, cruces que tuvieran tierra.

Sí. Que estuvieran usadas porque yo he visto en el transcurso de todos estos años, Nachito, que cuando yo hago rótulos de cruces para panteón, siempre me... Estoy muy cansada o me pasan muchas cosas en la noche, me espantan y son detalles muy diferentes. Ahora, cuando me ha tocado por necesidad de tener que hacer las cruces, me pasan cosas y siempre le pregunto a la persona que me llevó el trabajo, ¿de quién es la cruz?

Y generalmente pasan situaciones así que coinciden, ¿no? Como que, ah, no, es que a mi mamá le gustaban azotar los platos o a mi mamá le gustaban cosas así, ¿no? Sí, sí. Referentes a lo que... Características. ...en la noche anterior me habían espantado, sí. Y por eso ya ahora procuro ya no agarrar mucho esos trabajos porque sí, luego sí me dan miedo. Esa es una historia, bueno, un relato que tengo que me ha pasado. Oye, amiga, espérame, espera, Nachito.

Sí, la voy a escuchar con muchísimo gusto, no más antes déjame preguntarte algo. Mane. ¿Cuántas cruces te llevó? Porque hablas como si hubieran sido varias. No, fueron varias. Es que mira, Nachito, yo tengo rotulando cerca de 25 años. Yo tengo hoy día 45 años. Sí. Tengo cumplidos. Sí. Entonces yo desde hace mucho tiempo me dedico a esto.

Desgraciadamente en la pandemia se vino así una oleada de cruz tras cruz y ya se cuenta que hay gente que ya me viene a buscar, que es de una familia, pero el primo, el tío, el hermano, la mamá, el abuelito y todas las cruces las acabo haciendo yo. Entonces como en la colonia donde yo vivo es aquí por los Reyes La Paz. Sí. Ya me conocen y generalmente las mismas personas me recomiendan. Muy bien. Y son derivados de la misma familia.

Oye, Iris. Entonces como ya tengo cierta confianza pues les pregunto, ¿no? Sí. Porque híjole, ¿no? Amiga, me das un segundito para ir a una pausa. No te vayas, por favor. Regresamos contigo. También nos despedimos de las estaciones en la República Mexicana que solamente nos transmiten una hora. Los esperamos mañana y en el resto de la República y Estados Unidos continuamos después de la pausa. El miedo FON 55-2193-59-26. Trabaja mientras otros duermen. Estudia mientras otros se divierten.

Persiste mientras otros descansan. Y luego vivirás lo que otros sueñan. Sabiduría en las redes. Que tenemos mucho que decir. La mano tenuda. Continuamos. Muy interesante lo que nos está diciendo Iris. Y con razón ya dijo, ¿sabes qué? Cruces que tengan tierra, que sean del panteón. Esas ya no las trabajo. Sí, digo yo te hacía el comentario, mi querida Iris. ¿Estás allí? Sí, aquí sigo. Aquí sigo, Nachito. Muy bien, amiga.

Te doy el comentario porque fíjate que se me hace raro que una misma persona te lleve varias cruces. Quiere decir que hubo varios decesos en la familia, ¿verdad? Sí, sí hubo mucha gente que tan solo de mis amigos Nachito fueron 55 personas que se fueron ahora en el COVID. ¿Cómo crees? Hay gente cercana a mí, entonces yo de hecho lo que es mi mamá y yo nos fue muy mal en el COVID en cuestión de que la enfermedad nos dio bastante fuerte. Ah, sí te dio COVID. Pero mira aquí estás amiga.

Pero 55. Sí, teníamos tan pocos. Guau. Sí, la verdad fue fuerte. Ese es un relato, Nachito. ¿Te puedo decir uno más? Claro que sí, los que gustes. Ok, mira, en por ahí era los 90s, estaba yo muy joven y vivía yo sola con mi hermana en una calle de Ciudad Neza. Ahí era la calle 24. En esa casa duramos muchos años, pero era una casa sola que rentaban primero mis papás y nosotros.

Ya después mis papás se vinieron a vivir aquí a Los Reyes, pero nosotros nos quedamos un tiempo ahí en esa colonia, en La Perla, en la calle 24. Y ahí Nachito nos pasó algo que sí nos llenó de mucho terror porque era una noche, nos hacíamos unos trabajos de noche, pero pues ya a cierta hora apagamos todo y pues nos dormíamos. Yo soy la hermana mayor y estaba conmigo mi hermana de esos años más chica.

Sí. Total que nos acostamos y tenemos un perrito coquete, nada más éramos mi hermana, yo y el perrito que vivíamos ahí. Y en una noche, me acuerdo que yo ya siempre, en esa casa pasaban muchas cosas. Sí. Ahí nos escondían cosas, de repente el perrito la daba muy feo o se oía como si aullaran gatos, pero como si se pelearan muy feo. Buscabas al gato y nunca lo encontrabas. Era una casa muy viejita. De hecho ya las paredes estaban ya, a veces se humedecían. Ya era una casa viejita.

Y ahí vivimos mucho tiempo. Pero en una ocasión Nachito, ya cuando vivíamos solas, lo que es mi hermana y yo, yo empecé a oír como que algo aventaban en el patio, ¿no? Era un patio chiquito y el perro estaba muy inquieto. Yo dije, bueno, ahorita voy a salirme a somar porque era una casa de un solo piso y yo pensé, dije, a lo mejor se brincó alguien. Me fui a somar y pues no, todo estaba normal. Mi hermana estaba muy dormida, me volví a recostar.

Y de repente, Nachito, yo empecé a oír voces afuera porque esa casa estaba justo antes de, pegada a la mera avenida Pantitlan. Entonces estaba, o sea, se oía mucho ruido. Pero a cierta hora de la madrugada, pues todo silencio, ¿no? Es como una hora muerta de repente. Y yo empecé a oír que afuera se oía... Así se oía, pero se oía como si dos personas conversaran. Eso me despertó porque me había pegado a la ventana y vi sombras.

Entonces yo dije, ah, caray, alguien está ahí afuera, voy a tener cuidado, ¿no? Porque te digo que éramos nada más mi hermana y yo. De repente se oían las voces, pero en un momento, Nachito, las voces ya se oían adentro del cuarto. Adentro. Y eso me preocupó mucho porque yo dije, híjole, ya se metió alguien, ¿no? Pues era una zona donde de repente no sé a qué había saltos y dos, tres detalles. Pero ahí vivimos mucho tiempo.

Y seguía yo oyendo eso de, ah, shat, así se oía, Nachito, como si se ciaran, como si... Pero era claramente un sonido de mujer y uno de hombre. Entonces mi hermana dormía yo en una cama y a un costado a cierta distancia, como de un metro, mi hermana. Entonces por más que le avente la almohada, me arrastré por el suelo, porque te digo que ya se oían las voces adentro del cuarto, ella no se despertaba.

Literalmente, este, Nachito y Gina me brinqué sobre de ella y la sacudí bien fuerte, porque yo soy como tosca, y no se despertó. Llegó el grado en que prácticamente le jalé el cabello para que despertara. Entonces ella se despertó y le tapé la boca porque, pues, digo, al sentirme, o no sé por qué no se podía despertar. Este se espantó mucho y quiso gritar, entonces yo le tapé la boca porque teníamos una cortina que dividía el cuarto de la puerta. Te digo que era una casa muy chiquita. Sí, sí.

Entonces empezamos, yo le decía con señas que se callara porque alguien se había metido a la casa. Entonces las dos estábamos en la cama y empezamos a oír Nachito que hasta le hacía, ah, shat, shat. Pero ya no era una ni dos personas, era mucha gente que estaba dentro del cuarto. Era como si platicaran algo, como si, pero no se entendía qué era porque se oía así, ah, shat, shat, así. Ahí está. No, ese sonido siempre se me acabó muy grabado. Y mi hermana le dio mucho terror.

Pero como te digo, teníamos una cortina y empezaron a ver. Has pasado tu mano sobre una cortina? Cómo se ve del otro lado? Ajá, sí, sí. Así se veían. Eran muchas manos que recorrían la cortina. Nos dio un terror. Estábamos gritando en la madrugada. Tú crees que nadie nos ayudó, ningún vecino fue a vernos. Estábamos rodeado de casas. O sea. Todos estaban con temerosos, amiga. Sí, no, de haber dicho, pues las están matando, no sé. Pero era una cosa que eran unos gritos que nosotros teníamos.

Era un terror, Nachito. Llegó el grado que yo estábamos en pura ropa interior porque estábamos durmiendo. Y así tal cual, Nachito, agarré a mi hermana, la arrastré, aventé la cortina, empecé a rezar porque yo tenía mucho terror. Me as terror me dio Nachito cuando yo abrí la cortina y yo no veía nada. Yo no veía nada, pero yo oía las voces adentro del cuarto. Oye, Iris, ¿y no detectaste algún aroma fetido? No, no, Gina. Era tanto mi terror que yo no me acuerdo de haber olido algo.

Yo creo que sí, estaba como muy frío y como estaba frío el aire de arriba, pero el piso estaba caliente. No sé si fue porque estaba yo terrorizada. Era la palabra que estaba. ¿Sabes qué me dio miedo, Gina? Mi hermana. Yo dije, híjole, alguien se metió a la casa. ¿Por qué no veo a nadie? O sea, yo no, yo no veía nada. O sea, el cuarto estaba totalmente vacío. Fue totalmente mi hermana y yo. Entonces grité y grité como locas.

Nadie nos auxilió. Aventé las cortinas, así descalzos, tal cual como estábamos. Nos salimos a media calle. Un taxista se apiado de nosotras y me llevó a la casa que en ese entonces era mi novio. Fuimos a dar a su casa como a las tres y media de la mañana, porque eso más o menos sucedió ahora. Y yo le tumbaba la puerta y cuando él salió yo estaba yo que temblaba. Yo era una hoja temblando, pero sí alcancé a sacar a mi hermana porque la puerta la dejé abierta.

O sea, estuve yo creo que tardé como una hora en controlarme porque yo no podía entender de quién eran las voces y por qué a mi vista yo no veía nada. O sea, qué fue eso? Este por qué pasó así? Que susurraban? Porque eran susurros. Eran unos sonidos así de así. Era algo muy feo. Se oía muy feo en coro. O sea, era mucha gente. Si yo hoy día que este no es grande y me ha tocado ir a lugares donde hay mucha gente. Así calculándole se ve más de 40 personas.

Y no se vio nada. Si era mucha gente. Bueno, o algo que susurraba. No sé qué era. Oye, no había mucho terror. Vale. Y tú eso lo atribuyes a que o sea tú qué pensaste? Aquí hay fantasmas, son demonios, son ánimas. Qué fue lo que pensaste que era? Cómo lo tu mente lo procesó? Pues yo pienso que probablemente como en esa esquina de como es sobre la misma pantitlana y atropeando a mucha gente. Ahí de repente llegó a haber gente que fue asaltada.

Entonces me imagino que pero también hay un detalle en la historia que yo investigando la historia de esa casita. Supimos que esa casita era de una señora que con muchos esfuerzos la hizo la casita. Tenía nada más una hija. Y ahora sí que si alguna de las personas que nos escuchan saben bien la historia de esa casa. Pues sí es serio que nos platicaran porque a lo que a mí me platicaron una persona ya muy viejita de esa misma colonia. Me comentó que esa casa era de una señora que tuvo su niña.

Esa niña, la viejita murió, la mamá de esta niña murió. Y entonces esa muchachita creció y se casó con un chacho vicioso que posteriormente la golpeaba mucho. Y que esa casa la mal vendieron. Pero la señora se quedó con esa su sobra, la mamá de esta niña, de que el hombre la golpeaba a su hija. Y se fue con esa idea. Y en esa casa todos en general preguntando entre la familia veíamos sombras, oíamos ruidos. Pues de repente si no por más que limpiábamos o pintábamos la casa estaba muy oscura.

Amiga dame un segundito, no necesito ir a otra pausa, no te vayas. Y regresamos al Miedofón 55-2193-59-26. Conocemos la leyenda y la hacemos realidad. La mano peluda. Hola soy Raúl Orbañanos y te invito a escuchar La Fórmula es donde y cuando quieras. Noticias, deportes y espectáculos en tu plataforma de podcast preferida. Grupo Fórmula, abriendo la conversación. ¿Vives solo? No, vengo con mi niño interior, mi yo superior, mis maestros ascendidos y mis demonios internos.

Nos gusta andar en banda. Sabiduría en las redes. Porque conocemos de realidad a los especialistas. La mano peluda. Continuamos. Vaya experiencias que ha vivido Iris esta última con su hermana. Y después de esa noche ¿pudieron dormir tranquilas? Ahí está la pregunta mi querida amiga. Después de esa noche ¿sí dormían tranquilas? No, ¿qué crees que este? Pues sí teníamos mucho miedo pero pues no, cómo decirte, era una casa que acabamos de pagar la renta.

Y pues ahí nos estuvimos poco a poco. ¿Qué crees que fuimos a una iglesia? Trajimos agua bendita. Tratamos de hacer varias cosas porque lo que sí, la única vez que oímos eso fue esa ocasión. No fue otra más que volvimos a oír eso. Lo único que sí era repetitivo eran los gatos, lo que tú mencionó. Es como si se pelearan dos gatos o más gatos pero salías a buscar los gatos regularmente cuando ves que están maullando pues se ve el gato.

No anda y merodeando. Pero no, no había gato, no había sonido. O sea no estaba el animalito que en apariencia era el que estaba maullando. Ese chillido que hacen los gatos cuando se pelean. Y sí era una casa que nos generó. Ya después nos cambiamos y me imagino que siguieron rentando la casita. Pero hoy en día ya no es una casa, es como, me parece que venden croquetas o algo así. Ya cambió ahí, ya no es la casa, ya no existe. Ya no está. Ya la tiraron.

Pues sí. Pero qué curioso que te diste tiempo de investigar y supiste esa historia también que hubo maltrato, dolor, hubo vicios. Entonces sí se conjuntaron varias cosas que de plano siguen rares en la atmósfera. Pues no sé Nachito, pero la verdad Nachi nos espantó muchísimo y pues no sé, probablemente a mí me gustaría saber esos susurros o ese asa asa. O sea qué era, qué era un canto, era, qué era. No, no sé. Hasta hoy en día que ya tengo 45 años nunca acabo de entender qué fue eso. Exacto.

Y por qué yo lo oí, ¿no? O sea, porque probablemente si hubiera seguido muy muy dormida pues yo ni en cuenta, pero sí, las manos en las cortinas, eso es lo que, híjole, no sé. Yo de inicio pensé que alguien se había metido, pero ya cuando abrí la cortina y no vi a nadie. Seguíamos oídos, oyéndole susurros, eso me dio mucho miedo. Sí, ya mira, ya me imagino. Es sobre todo que sentías la presión con tu hermana, ¿no? Y que ya no se daba cuenta, estaba profundamente dormida.

Aquí una pregunta, Iris. Sí. ¿Mande? Antes de que esto sucediera, ¿ustedes cuánto tiempo tenían ya viviendo ahí? Ahí vivimos como cuatro años. ¿Y entonces por qué específicamente esa noche? Sí, pues de esos cuatro años hubo una noche en donde todo detonó y se manifestó, ¿verdad? Sí, pero como te comento ya sabemos nada de mi hermana porque fue cuando mis papás compraron una casita, un terrenito, aquí por los Reyes, la paz. Dejó que nos quedamos nosotras un poco más de aquel lado.

Pero sí, vimos cosas que ahí sí nos daba mucho miedo. ¿Y qué crees, Nachita, lo que está de comentar mamá? Que hay gente que tiene esa sombra, ¿no? Yo, por ejemplo, he pasado cosas que son inexplicables, ¿no? Yo creo que si hay gente que les platica cosas que dices son inexplicables, ¿no? Y hay gente que es muy amiga mía y de repente hemos pasado cosas juntos y luego me dicen yo creo que si tú me lo contas yo no te lo creería.

Yo digo sí, pero qué bueno que lo estás viviendo para que tú cheques qué es que pasó, ¿no? O sea que así pasó. Porque hay muchas situaciones que ya después con tiempo les contaré. Ok. Oye, Nachito y Ina, te puedo mandar un saludo para mi mamá. Los que quieras, los que quieras. A mirar Nachito y Ina. Mi mamá se llama Luzmarí Imelda. Ella tiene sesenta y cuatro añitos. Se acaba de cumplir el 13 de mayo. Un abrazo. Sí, desafortunadamente su salud últimamente no ha sido muy buena.

Quiero mandarle un saludo, decirle que la quiero mucho. Y aparte hacer una petición. Mi hermana se llama Gabriela Pérez Torres. Gabriela Pérez Torres. Quiero decirte, aja, Gabriela Pérez Torres. Quiero decirte por favor que si me estás oyendo traigas a la niña para que la vea mi mamá. Porque este... de mi hermana Nachito tiene como cuatro años que no sabemos de ella. Ajá. Y este... Un conflicto familiar, amiga.

Sí, más que nada de ella. Ahora con eso de el Facebook y las redes sociales la gente anda muy metida en eso. Y desgraciadamente ella tomó una decisión donde alejó a la niña más chiquita que es la que siempre cuido mi mamá. Y ahorita que ella ha estado muy enferma pues me gustaría que ella reflexionara y trajera a la niña para que pudiera verla mi mamá. Mi mamá tuvo un problema muy complicado de salud. Sí. Le dio un infarto. Ay. Entonces este... me gustaría mucho que ella o por medio de ustedes.

Sí. Pues llegara a sus oídos, ¿no? Que este... le trajera a la niña para que... Claro que sí. No solo... Pues a vea. No solo que lleve a la niña que... que... digo es alguien que tu mami quiere muchísimo. Y su hija. Y por sí, la considera su hija por supuesto. Pero también a tu hermana que... que... seguramente tu mami se sentiría muy feliz de volverla a saber a ambas. Son parte de su sangre, parte de su propia vida.

Así que pues hay que dejar las rencillas de lado y todos los malos entendidos aclararlos. Si es posible aclararlos. Si no, hay que ser... hay que soportar. Hay que aguantar y ser blandos. No ser tan rígidos, duros. En donde nosotros estamos perdiendo la oportunidad de convivir con alguien que... Tarde o temprano ya no nos vamos a volver a ver jamás. Y nos vamos a lamentar de haber no... de no haber disfrutado esos momentos tan valiosos con una persona tan querida como lo son las mami, ¿no?

Las flores en vida. La verdad es que crees que mi mamá siempre ha querido mucho a sus nietas. A las dos. Es una que se llama... ya es una señorita. Que es Daniela Solis y la niña chiquita que se llama Andrea Solis. Mi mamá siempre la ha querido mucho la niña. Ella siempre ha sido muy... ¿cómo decirte? Muy preocupona. Siempre dando todo lo mejor. Yo pienso que hoy día está muy bien el celular. Es información en un segundo.

Pero con... pues la gente se pierde. La gente hace cosas que no debe de hacer. Pero cuando está su programa... No sé qué tanto tenga que ver con la tecnología, sino más bien con la filosofía de cada individuo. Y te entiendo más o menos. Digo, no sé de qué se trata específicamente, pero si tú mencionas las redes sociales, quiere decir que es algo que tal vez separa. Malentendido a lo mejor. Y divide, ¿verdad? A la familia o un malentendido como menciona Gina.

Pero ojalá que nos esté escuchando. Se llama Gabriela... Pérez Torres. Pérez Torres. Pérez Torres. Ojalá te dieras la oportunidad de reconciliarte con tu mami, con tu hermana y de darle ese bello regalo de que vuelva a ver a su nieta. Sí, no. Yo no importo, Nacho. Yo lo único que quiero es que... No, si importas. Le permita ver a la niña porque pues al final de cuentas ella es su abuelita y ella sabe. Ella sabe que siempre se le ha ayudado mucho y que siempre se le ayudó siempre.

No solo le ayuda, sino que se le quiere. Sí, no. O sea, eso se dan las cosas porque se quiere y porque existe el amor, ¿no? Más allá de cualquier otra situación. Pero independientemente también de todo esto, Nachito, fíjate que nosotros oímos su programa desde... No, hombre, éramos niñas. Y por ejemplo, esa niña grande que tengo que llamar Daniela, creo que tenía tres años cuando yo le ponía la mano peluda. Mira. Fíjate cuántos años. Hoy día ella tiene 18 años.

Mira. Fíjate cuántos años que yo comencé a inculcarle la mano peluda. Y yo siempre dije a mi hermana, un día voy a hablar a la mano peluda y voy a contar la historia de cuando nos susurraban porque así siempre le decimos cuando nos susurraban. Sí, claro. Sí, Nachito, pues les agradezco mucho que me hayan escuchado. Al contrario, Amiga, gracias por abrirte aquí con nosotros y por relatarnos estas historias terroríficas, pero que son parte de tu vida.

Parte de mi vida. Muchas gracias, Ina. Un abrazo, Nachito. Les mando saludos a mi mamá. Igual. Tenemos más relatos cuando gusten. Aquí andamos. Áurale, qué bueno. Lo voy a anotar y después te vamos a volver a marcar. Claro que sí. Gracias, ¿eh? Que te vas en buena noche. Hasta luego, mi querida amiga. Buenas noches. Ve nada más nuestra amiga. Todo lo que ha vivido esas experiencias, cosas muy, muy fuertes que les han dejado impactadas. Y que no se olvidan, ¿eh? No, que se van a olvidar.

Me quedo con esta parte de el señor, su cliente que le llevaba cruces a rotular. ¿Será que este señor las compraba ya usadas o será que este señor iba y las sustraía de algunos pantheones? Pues es que lamentablemente, Nacho, muchas familias perdieron. Así como misma Iris nos dice. ¿Cómo dice? Cincuenta y cinco. Yo sabía que aquí en esa etapa tan difícil para todos, José nos compartió que 25 miembros de la familia habían fallecido. Pero Iris, cincuenta y cinco. Vaya.

Vámonos a una pausa y regresamos. El Miedo Fond. Cincuenta y cinco. Veintiuno noventa y tres. Cincuenta y nueve. Veintiséis. Las historias tienen muchas formas de contarse, pero solo una de comprobarse. Aquí en La Mano Tenuda. Quieres iniciar, hacer crecer o monetizar tu podcast? Sabes los secretos de todos. Donde y cuando quieras. Les va a cambiar la vida. RSS.com. Almacenamiento, distribución y programación de tus episodios en un solo lugar. Hosteado y distribuido por irs.com.

RSS.com. Hacer podcasts de manera fácil. Preocúpate por tu conciencia más que por tu reputación. Tu conciencia es lo que eres. Tu reputación es lo que otros piensan de ti. Y lo que otros piensan de ti no es tu problema. Sabiduría en las redes. Porque distinguimos al mundo sobrematural. La Mano Tenuda. Continuamos desde México para el mundo, relatos impactantes. Y además recibiendo comentarios acerca de estas figuras que muestran cráneos alargados. Estos ojos almendrados y rasgos reptilianos.

Estatuas que arqueólogos tradicionales tienden a dar un giro más montando y afirmando. Que pueden ser simplemente representaciones exageradas de los propios uvaidinos. Será que ellos practicaron la elongación del cráneo. Pero para aquellos que creemos que hay algo más. Dicen no, pues quizá son seres extraterrestres. ¿Tú qué dirías? Ahora le pues podría ser. Esas deformaciones cráneales. Las representaciones que se han hecho. Inclusive algunas fotografías que se han tomado.

De estos seres que vienen de otros planos, de otras dimensiones. Aquí tenemos audio. Hola Gina y Nachito y todos mis amigos pludomaniacos. Quiero contarles algo así. Algo que me ocurrió. Algo pequeñito referente a las hadas. Cuando a mí me gustaba. Me gustaba mucho tomar fotografías. Durante la noche. Y todavía me gusta mucho tomar fotografías por la noche. Pero cuando yo vivía en Georgia. El área donde vivía era un área rural. Y me gustaba mucho salir en la noche a tomar fotografías.

Y captaba muchas orbs. Era lo que me atraía mucho captar cosas que yo no podía ver físicamente. Con mis ojos. Solo la cámara los captaba. Entonces me salía a los alrededores. Cerquita de donde yo vivía era una zona boscosa. Y captaba sobre todo muchas orbs. Y me acuerdo que cuando mi padre falleció. Yo siempre también me gustaba mucho poner fuego. Afuera de la casa. Y me sentaba ahí en la fogata. A un lado de la fogata. Y estar. Siempre me gustaba mucho hacer eso.

Contemplando el cielo, las estrellas. Escuchando la naturaleza. Y entonces cuando mi padre falleció. Yo no pude estar allá. Por cuestiones legales. Yo no tengo documentos legales. Entonces me salí esa noche a llorar afuera. Puse mi fogata. Y pues me salía a llorar afuera. Y empecé a tomar fotografías. Pensando que tal vez de alguna manera podría ver la esencia de mi padre. Porque también tengo un relato muy bonito. De lo que me ocurrió antes de que mi padre se fuera con Dios.

Cuando empecé a tomar fotografías. En ese momento empecé a verlas. Y veía orbs. Veía muchas orbs alrededor. Y buscaba encontrarles tal vez un rostro. Y me di cuenta que había muchas lucecitas. Había muchas orbs que se veían como luminosas. Y yo ya estaba acostumbrada a ver esas orbs luminosas. Y a veces las enfocaba. Les acercaba. Les hacía un zoom. Y solo se veían llenas de luz. Pero a veces de diferentes colores. Me di cuenta que había muchas lucecitas que se veían rojas y amarillas.

Entonces les hice un acercamiento. Y vi que se veían entre más. Yo acercaba a hacer zoom. Se veían como flamitas. Como si fueran fuego. Pero les empecé a hacer más zoom. Me llamó mucho la atención. Porque yo decía. A lo mejor esas llamitas me están indicando que aquí está cerquita mi padre. O ahí no sé. Yo empecé a hacer. A sacar con cultura. A imaginar cosas tal vez. Pero entonces entre más les hacía zoom. Me daba cuenta de que esas flamitas tenían forma. Y tenían alitas.

Y tenían forma así humana. Alitas, piernitas. Y las alas eran alargadas. Y tenían también antenitas como si fueran mariposas. Pero no eran. Y de hecho no había insectos ahí cerca. O no se hubieran captado diferente. Lo más extraño era que se veían como tipo lucecitas. Como tipo fuego. Y muy clarito se veían esas formitas humanas. Dentro de esa luminosidad que daban ellas. Esas llamitas de diferentes colores. Unas amarillas, otras rojas. Era la luz que reflejaban ellas. Y fue muy.

A partir de esa noche empecé a tomar más y más fotografías. Me vine para acá, para Texas. Y mi teléfono, lo cambié el teléfono. Y quedaron muchas, muchas fotografías de Orbs. Y fotografías también. Que yo tenía personales y todo en ese teléfono. Lo cambié el teléfono. Y después quise abrir el teléfono. Y estaba bloqueado. No sé por qué yo le ponía la clave. La misma clave de siempre. Y bloqueado, bloqueado. Y hasta ahorita tengo la esperanza de un día poderlo desbloquear.

Una vez pregunté a alguien que hacía eso. De poderlo desbloquear. Y me cobraba mucho dinero. Se me hacía muy tonto pagar casi lo que cuesta un teléfono celular. Y por que me lo desbloquearan. Tal vez sí. O sea, vale la pena. Pero tal vez cuando tenga que no esté tan ajustada de dinero. Pero ojalá que un día pueda mandarles esas imágenes. Y esa es mi experiencia con las hadas. Y para mí son seres que cuidan los bosques. Que cuidan la naturaleza. Y que sí que están entre nosotros.

Y sobre todo en zonas verdes, boscosas. Donde hay agua. Y yo creo que son seres que están cuidando sobre todo la naturaleza. Los amo mis peluditos. Mis amigos peludomaniacos. Gina Nachito. Los amo. Y un abrazo grande, grande desde Dallas, Texas. Su amiga Lolita Salazar. Gracias mi querida Lolita. Nosotros también te apreciamos muchísimo. Muchísimo. Y ojalá se dé la ocasión de que nos puedas enviar esas imágenes que nos comienzas. Hace mucho que no te oíamos. Te mandamos un gran abrazo.

Hola, buenas noches. Hola, buenas noches. Buenas noches. ¿Con quién tengo el gusto? Con Guillermo. Hola, Guillermo. ¿Cómo estás? ¿Desde dónde nos escuchas? De aquí, de Puebla. Bienvenido, Guillermo. ¿Nos quieres platicar alguna historia? Mire. Aquí en Puebla hay una hacienda que se llama... San Cristóbal. Entonces, en mi temporada de estudiante en la prepa... Sí. Pues se acaba el caballo y antes charreaba y todo.

Entonces acabó el cabecero de la prepa, me iba yo para montar y se pilló mi caballo y todo, ¿no? Sí. Y en ese tiempo a las tres de la tarde en punto salía una mujer del balcón. Y me acuerdo que le habló a mi papá y le dice, ¿sabes qué? Digo, hay una mujer allá arriba. Yo no tenía llaves. Digo, ya hasta pensé mal, ¿no? Digo, a mí se me hace que uno de mis tíos ha de haber metido alguna, ¿no? Y la dejó encerrada, ¿no? Digo, pues sí necesito que vengas para que se salga, ¿no?

Entonces, el trayecto de dónde estaba él a dónde estaba, dónde estaba, en la tienda, llegó como a la media hora. Sí, y por eso todo cerraba con candado. Sí. Entonces ya entramos a la casa, no pues no hay nadie. Entonces pasó así que será unas cuatro o cinco veces que a las tres de la tarde que estaba yo sacando el caballo para trabajarlo, para entrenar y todo, veía a la señora ahí. Digo, y ya después se me hace costumbre, ¿no? Después de la segunda o tercera vez.

Dije, no, pues entonces es una persona, pues ya muerta, ¿no? Y yo le decía, es una persona con vestido largo, trae una carrillera, trae una pistola y se como un puro y se recarga en el barandal. Sí. Entonces, pues como que no creía, ¿no? Esa hacienda es de 1865. Guau. O sea, estabas escribiendo un revolucionario. Sí. Entonces él tenía un ahijado que se llama Víctor. Sí. Que él iba para sacerdote. Pues dejó el hábito por hacer su familia, ¿no? Claro, sí. Dejó el hábito.

Y son gente preparada y que, bueno, pues estudiando lo que es la filosofía y bueno, me metido, ¿no? Sí, sí. Pero también tenía don de vergente. Ajá. Entonces, en ese tiempo mi papá, pues no me dijo voy a llevarlo, ¿no? Sí. Don lo lleva y le dice, oye, hijado, ¿qué ves, qué ves por acá? Y dice, ¿a qué hora? No sé, tú dime qué ves. Pero mi papá me dice, ¿a qué hora la ves? Me va las tres de la tarde. Ajá. Y ya, este, él coincidió que llegaban como a dos y media.

Dice, padrino, dices que acabo de ver una señora que está arriba en el balcón. Ajá. Dice, ¿cómo está vestida? Dice, mira, tiene un vestido con holanes, trae una carrillera, trae una pistola y está fumando un puro. Sí. No, pues de mi papá, así como que, pues no creía, ¿no? Así como que muy escéptico en esas cosas. Ajá. Y ya, este, se metieron a la casa y ya le dijo su nombre, como, ¿cómo te llamas? Se llama Natalia. Y fui amante de su tatarabuelo. ¡Uu!

A mí me, me mataron en una carreta que está aquí abajo, en una carroza. Sí. Él no sabía que había una carroza, o sea, él no sabía qué es lo que había, ¿no? Ajá. En la parte de atrás de la, de la carreta hay unos tiros. A mí me mataron por la espalda. Entonces, pues ya, pues abren el cuarto y pues revisen, efectivamente, no se veían así, sí se habían marcado algunos. Ajá. Sí. Oye, ya por el tiempo, estamos hablando que ya murió como por el 1910, 2012. Sí. Y cuando fue eso, fue en el 2005. Órale.

Pues casi 100 años después. Sí. Entonces, ya hizo algunas preguntas y todo y ya le dijo que salía a las 3 de la tarde porque le gustaba ver el caballo trabajar y cómo yo entrenaba con el floreo. Ajá. Por eso es de que salgo a verlo. Ajá. Después pasó el tiempo, mi papá me dijo como al otro día, o sea, es que pues ya llega dejado y me dijo esto y todo eso, ¿no? Digo, te dije, yo no puedo comunicar con niña, pero yo sí veo que está en el balcón y después ya se baja a una distancia de 30 metros.

Ajá. Por ya más cerca ya se había dicho en mi conci… en mi concientemente decía que no se acercara más. Sí. No, porque ya me daba miedo. Claro. Yo tenía 17 años. Sí, estabas como encito. Y este… y después había, había, bueno, siempre… en familia siempre a veces hay problemas. Y llegaba a ver a un tío, ya con sus tragos, ¿no? Nosotros estábamos en la parte del casco arriba, en la planta alta, y el otro tío llegaba. Ya dos, tres alcoholes arriba pues ya se ponía medio bravo, ¿no? Ajá. Intenso.

Estábamos ahí, sí, entonces estábamos ahí mi papá, mi hermano Alejandro y yo, y le digo, mi papá, ¿quieres que se vaya tu hermano? Ahorita se va a ir. Ay, ¿cómo crees? Digo, sí, ahí digo, ahora ella está en la parte de arriba, del otro lado de la casa, la acabo de ver. Ajá. ¿Quieres? La apagamos la luz para que se vaya. Y me fue así como que, ¿cómo vas a apagar la luz? No, no, no, yo no la voy a apagar. Ella la va a apagar. Órale.

Entonces yo agarraba y ya la viña y ya le decía que, pues que se fuera, ¿no? Que se fuera y que le apagara la luz. Sí. Y pum, que se va, que baje el breaker de toda la hacienda. Guau. ¿No? El casco, es la casa. Sí. Que baje el breaker. No, este salió y subió corriendo y empezó a gritar y, hermano, hermano, ¿qué pasó? Que se fue la luz. Sí, así fue la luz. Oye, pero ¿cómo? No sé, espérame ahorita, ¿no?

Entonces tenían que meterse hasta el fondo, había un cuarto que antiguamente era, como era un cuarto donde mi abuelo creaba pues los pollitos, ¿no? Tiene que ser un lugar muy cerrado para el aire y todo, ¿no? Sí, calientito, sí. Calientito. Entonces había que meterse con una especie como de torreón. Este, bueno, a lo mejor hay gente que no conozca o no tenga la idea que es un torreón, pero pues es como un chacoaco, es una construcción en alto, un torre, ¿no?

Sí. Antiguamente ahí se vigilaba el lugar, ¿no? Entonces subió el breaker y se fue. Le dio mucho miedo, ¿no? Claro. Entonces ya como que ya había ese tipo como de este... Manifestación. Sí, sí, sí. Y había una comunicación de algún modo, ¿no? Sí, sí, sí, había así como que comunicación y ya sé, digo que eran como dos y media y decía, ya decía en mi mente, ya llegué, sal. Y ya salía del balcón. Órale. Oye, qué interesante, mi querido amigo.

Fíjate que estamos a punto de terminar la emisión, pero me parece formidable esto que nos estás platicando. Una casa antigua, una casa que tiene su historia, por supuesto, y así como nos platicas, es muy atractivo escuchar. Oye, nada más una pregunta. ¿Ese lugar todavía sigue siendo de la familia? Sí. Guau. Guau. Sí, es una de la familia y también hay otra niña que también la conocí. Que también lo comenté y este, y sé dónde fue enterrada.

Y ella, bueno, pues ella tenía su novio que fue un militar, bueno, que era como cadete, ¿no? En ese tiempo. Pues esa también es una historia muy larga. Sí. De donde quedó. Después, pues ya también había cierta comunicación y luego amanecía yo muy cansado porque luego me dormía y sentía que me desprendía y me decía que es donde estaba y coincidía cuando decía a esta persona, no al señor Víctor. Ajá. Y este que ves acá, no. Sí. Y dice, sí, es una niña de 14 años.

Ella está enterrada acá, fue violada, su novio fue un militar. O sea, todo lo que yo viví en el sueño. Ajá. No. Te lo describió. Bueno, describió en día, no. Uf. Guau. Y no, hay, hay, hay, ha habido cosas ahí, pero de miedo. O sea, ha habido cosas que dicen no. Ya llega uno y ya, este, ya están acostumbrados, no. Sí. Ahí también hubo un, una persona que apareció, pero este, sin cabeza, no. Ahora no. Llegó un, sí, llegó un, una persona que es un medio.

Ajá. Porque espantaban y espantaban a mi abuela y espantaban y espantaban a mi abuela. Ella y mi abuelo ya estaban hasta el gorro, no. Sí. O sea, mandó a traer una persona. Y sabe, ¿qué ves acá? Ajá. Mire, mire, hay una persona alta así, pues no tiene cabeza. Ajá. Pero ahorita, patrón, ahorita lo voy a correr. Este tal por cual lo voy a correr ahorita. Ajá. Entonces, pues ya mi abuelo es desesperado, no. Que pues, que prenden las luces de, de la casa, no. Los animales inquietos y bueno.

Muchos, muchas cosas, un perro negro que también se fue a la coladera. Entonces mi abuelo ya estaba como harto, no. Sí. Que no dejaban descansar. Oye. O sea, este. Sí. Mi querido Guillermo, oye, fíjate que tenemos que terminar la emisión. Me gustaría, pues, hacer una especie de compromiso para que volvamos a charlar más adelante. ¿Se podrá? Sí, sí, sí, no. Esa, esa, esa del, del. Bueno, nada más para que haga pronto. Ajá. Salió todo golpeado en, en el medio. ¿Ah, sí? No cobró nada.

No, no cobró nada. No. Pero no cobró nada porque él no, no quiso cobrar o porque de plano dejaron. No, salió golpeado. Ah. Salió golpeado. Guau. Con la camisa y el pantalón desgarrado, roto. Ajá. Pidiendo auxilio. Uy, fíjate, nada más. Digo no, que me paguen. Es todo durísimo, ¿no? Qué barbaridad. Ok, Guillermo, pues mira, para la próxima nos platicas eso de este hombre del medio. ¿Cómo fue que salió por patas? Sí, sí, sí, salió, pero disparado, ¿eh? Excelente, mi amigo.

Mi querido Guillermo, hasta Puebla, te enviamos un fuerte abrazo. Muchísimas gracias, brother, por tu tiempo y que tengas una estupenda noche. Igualmente, muchísimas gracias y salud a todos los crudo-maníacos. Sí, señor. Que tengas buena noche. Hasta luego. Hasta luego. Pues ahí está, Gina, una historia de esas reales que suceden todavía. Y Gina, nos tenemos que ir. Muchísimas gracias por haber estado con nosotros.

Mañana recuerda que tenemos una cita para seguir con estos relatos interesantes, reales, que nosotros sabemos que son posibles. Que descanses, que tengas excelente noche. Que Dios te bendiga. Soy Gina Áviles. Hasta luego, Gina. Yo también me despido. Soy Nacho Muñoz, agradecido con Dios y con ustedes porque juntos escuchamos buenas historias. Les deseo que tengan una estupenda noche, que descansen y como decimos aquí, cabod. Esta fue una producción de Grupo Foruda.

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