La Mano Peluda | Martes 18 de Junio del 2024 - podcast episode cover

La Mano Peluda | Martes 18 de Junio del 2024

Jun 19, 20241 hr 32 min
--:--
--:--
Download Metacast podcast app
Listen to this episode in Metacast mobile app
Don't just listen to podcasts. Learn from them with transcripts, summaries, and chapters for every episode. Skim, search, and bookmark insights. Learn more

Episode description

#LaManoPeluda #AbriendoLaConversación

Grupo Fórmula #AbriendoLaConversación #LaManoPeluda ¡Suscríbete a nuestro canal de YouTube! http://goo.gl/NAKFkj Podcast: https://goo.gl/PbwGxT Mantente informado minuto a minuto en nuestras redes sociales: Facebook-----http://goo.gl/5UHZOQ Twitter----------http://goo.gl/nEXxVF Canal sugerido http://goo.gl/hst33f Sigue nuestra transmisión en vivo: http://goo.gl/2VZDqJ Descarga nuestra App: iOS: http://goo.gl/tLZe3S Android: http://goo.gl/oXFwHj.

¿Quieres anunciarte en este y muchos otros podcast?

Escríbenos a este email: ventas@rss.com

Transcript

Grupo Fórmula, en tu plataforma de podcast preferida. Advertencia, las opiniones de los participantes y colaboradores no corresponden necesariamente con las del programa o la empresa. Si este programa es escuchado por menores de edad, se recomienda que lo hagan en compañía de un adulto. Porque nosotros hemos estado ahí. Antidífice, espíritu de bruja en el mundo... Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. El que no es conmigo en contra de mí es... Y aunque conmigo no recoge de ramos...

Porque conocemos de raíz a los especialistas. El demonio es una figura que ha aparecido en todas las culturas. Y no es una figura cristiana. Documentaremos todas esas experiencias que no tienen lógica alguna. Con Georgina Avilés e Ignacio Muñoz. ¡Ahhh! Llegó la hora de poner las evidencias sobre la mesa. Fantasmas. Voces. Apariciones. Psicofonías. Mitos y leyendas que rodean al mundo sobrenatural y quedarán al descubierto a quien... La mano peluda.

Desde la Ciudad de México para todo el mundo esta emisión de lo insólito y de lo que no tiene explicación lógica pero que a ti y a nosotros nos apasiona. Soy Gina Avilés y que gusto que estés esta noche con nosotros. Hola, ¿qué tal? ¿Cómo están? Buenas noches. Gracias por acompañarnos en este programón donde vamos a platicar de lo increíble y también de lo sobrenatural. Porque de lo que es natural en todos lados se habla mucho. Yo soy Nacho Muñoz.

Agradecido con Dios y con ustedes porque juntos tendremos la oportunidad de charlar de esos temas que no tienen una explicación lógica. Queremos tu participación a través de la multilínea 55-5279-2291 en la página radioformula.com.mx y en Spotify encuéntralos como la mano peluda Grupo Fórmula. Y tú te puedes poner en contacto con nosotros haciendo uso de nuestro WhatsApp. Anota el contacto. 55-2193-5926. 55-2193-5926. Ahí te puedes comunicar con nosotros. Nos dices, quiero contar una historia.

Y con mucho gusto te regresamos la llamada. Saludamos a las estaciones en la República Mexicana que se unen con nosotros. Ciudad Guzmán Jalisco, Ciudad Juárez, Coatzacoalcos, Culiacán, Durango, Guadalajara, Guerrero, La Paz, Baja California Sur, Los Reyes y Huetamomichoacán, también Amazatán, Monterrey, Poza Rica, Tabasco, Tijuana, Torreón, Querétaro. Y en Estados Unidos, Georgia y Las Vegas, bienvenidos a esta noche espeluznante.

Hoy vamos a hablar de unos juguetes de plástico extremadamente realistas que se cree están poseídos. Esto por espíritus benevolentes prometiendo buena suerte y prosperidad futura a sus dueños. En Tailandia estas muñecas son tratadas como niños reales, son alimentadas, vestidas y acunadas, y se han convertido en una parte significativa y relativamente común de la vida cotidiana.

Se cree que tienen poderes sobrenaturales y los fabricantes afirman que estas muñecas están poseídas por ángeles o espíritus celestiales introducidas en estas mediante un ritual de espiritismo. Hoy, las muñecas poseídas de Tailandia, Luke Thep, a Tailanda suerte. Así es, vamos a hablar de ese tema que está, miren, me froto las manos, muy bueno, y por supuesto también de todas las historias que tú nos quieras regalar.

Sí, vamos con estas experiencias que tú nos quieres compartir y escuchemos una de ellas. Hola, buenas noches, Gina Nacho, ¿cómo están el día de hoy? Mi nombre es José, los escucho desde acá en Estados Unidos, del estado de Wisconsin, del mero centro de Wisconsin. Tengo un relato que me sucedió a mí en lo personal, hace muchos años cuando yo estaba en México.

Soy de una zona allá del estado de Jalisco y del sur de Jalisco, del municipio de Zapotec, una zona cañera, mucha caña de azúcar, y esa caña la llevan a un ingenio en la ciudad de Tamazula, en el sur de Correiano. Y en ese tiempo yo había empezado a trabajar en las máquinas cosechadoras del ingenio, el ingenio tiene unas máquinas, y tienen base en varios grupos, uno de noche, uno de día, y habíamos empezado también a trabajar allí.

Y en el tiempo que sucedió esto, estábamos trabajando para el lado de Ciudad Guzmán, había unos potreros de caña y andábamos cortando.

Un día llegamos, llegué en la tarde, y acaba de llover, llovía y llovía ese día, llovió, caía una tormenta muy fuerte, y para que nos atascaran las máquinas y eso, sacaron toda la maquinaria al bordo del camino, un camino de servicio que tenían ahí, era un camino privado, tenía cerca de alambre de púas por dos lados, por un lado y por otro, y ahí estacionaban todas las maquinarias y todo el equipo que traíamos, para que si entran y le dijeron, no, pues como llovió, está muy mojado,

muy húmedo el potrero, y el dueño del potrero no quería que lloviéramos adentro, porque se atascan los camiones y le dañan la planta de la caña, y ya dijeron, pues no, que se quede alguien, yo era novato y a mí me dejaron allí, y dijeron, pues que José que se quede, y nada, pues ya me quedé allí a velar, tenemos una camioneta que trae el tanque, donde entra el diésel, y dije, ahí me voy a dormir, y ya se hizo de noche, y ahí estaba yo peleando, queriéndome dormir,

pero pues como andaba de noche esa semana, pues voy a dormir todo el día, y no, no, no voy a dormir, ahí estaba, ahí estaba, y ya esas horas de la mañana, no recuerdo qué hora serían, pues sí tiene que ser después de las doce de la noche, escuché el trote de un caballo que venía por el camino, así como yendo para el lado de Ciudad Guzmán, y acá nadie, y dije, pues no, pues no tiene que pasar nada, nadie, desde que se fueron los compañeros, como a las siete de la noche, no pasó nadie, no, nadie,

ese camino es privado, no, no, no, no hay entrada, hay entrada, pero no era para que pasara nadie, y ya estuve escuchando el caballo que se acercaba, y me dije, bueno, pues quién es, o qué, entonces cuando el caballo ya casi venía pasando, en dirección donde estaba la ventana para la camineta, yo me levanté, me levanté para ver quién era, o qué es lo que pasaba, y pues cuál fue mi sorpresa, que no había nada, se escuchaban los cascos del caballo, del trote del caballo que iban pasando,

pero no había nada, o sea que esa noche había una, había una poquita luna, y se alcanzaba a distinguir los postes de la cerca, de la alambre de púas, pero no pasó ninguna sombra, nada, nada, nada, nada, y pues no me podía explicar yo qué, qué, qué es lo que estaba pasando, y el sonido, los cascos del caballo pasaron, y pues en ese instante así como que me quedé en shock, y dije, pues qué pasó, y no me dio miedo al instante, y en mi mente pensé, pues a lo mejor no lo alcanzé a ver,

pasó muy rápido, y prendí las luces de la camineta, para alcanzar a distinguir hacia adelante, verdad, y al prenderlas, cuál fue mi sorpresa, nada, nada, nada, nada, no había absolutamente nada, ahí fue donde se me enchino, se me puso la, se me puso la, la piel de gallina, ay, ay, ay, te me acuerdo, se me daban hasta los calofríos, y entonces que, ahí sí fue cuando me dio un, un fuego de miedo, y lo que hice fue prender, encender la camineta, encendí la camineta, y este,

ya con horos prendidos y el ruido de la camineta, y yo bien asustado, qué fue, no lo sé, yo claritamente escuché el trote del caballo que venía por el camino, pasó por un lado de mí, y luego hacia adelante, se, pues hacia una vez que prendiera las, las, las luces, pues ya no lo escuché, pero sí, yo estoy 100% seguro de que sí lo escuché, y no mire nada, al siguiente día ya que llegaron los compañeros, pues a uno les comenté allí, todos, nah, estás loco, y se daban, nos daban, tomeando, soñando,

pero para mí fue más real, que no me puedo explicar qué fue, que ha sido, ha sido esa, alguna, pues a lo mejor sí estaba medio dormidón, dormido, algo, pero no lo sé, pero sí, ese fue mi relato, que pase buenas noches a Gina, Nacho, que estén muy bien, cuídense mucho, y este, y luego mando otro relato, o si me quieren hablar, pero los viernes nada más, porque la noche, porque los viernes ya trabajo, hasta luego. Excelente, vámonos a una pausa y regresamos, el Miedo FON 55-2193-59-26.

Todo lo desconocido estará al alcance de millones de oídos, aquí en La Mano Penuda. Oprimiré a los grandes, ayudaré a los chicos y levantaré caídos, atentamente, el Bracier, Sabiduría en las Redes. Porque no todo tiene explicación lógica, La Mano Penuda. Continuamos, aquí estamos recibiendo a través del Miedo FON también tus mensajes, la Terminación 7221, Buenas noches, Gina y Nacho, soy Ricardo de Nesa.

La otra vez escuché una experiencia, donde un perro le habló a su dueño, este le decía, estoy bien.

Me recordó que hace como un año, un gatito de la casa del vecino venía a visitarme, y tengo la costumbre de platicar con los animales, así que le invité agua y comida, y según yo platicaba con él, en una ocasión estaba de malas, llegó el gatito maullando y no le hice caso, y entre maullidos claramente escuché la voz de una niña pequeña que me decía, hola, hola, me sorprendí y descubrí que no era el gatito, sino una gatita. Órale. Esa experiencia, seguro, jamás se te va a olvidar.

No, cómo se le va a olvidar, de cuando acá, verdad, se puede sentir que un animalito te habla. Sabemos que hay unos que son muy inteligentes, y que literalmente uno dice, nada más le falta hablar, y en el momento en que hable, te va a dar un sustazo tremendo, sí, claro.

Saludo a mi amigo Juan López, que está por aquí llegando y saludando también a Mari González, y por supuesto a Big Gum, a mi amigo Alan Vera, y a todos los que se van integrando a esta emisión, mi querida profe también ya está aquí manifestándose. ¿Hasta dónde, por favor? Hola, ¿qué tal? Buenas noches. Saludos. Gina y Nacho. Soy Luis del Estado de Veracruz. Les voy a contar un pequeño relato. Esto pasó hace como 5 o 6 años.

Me resulta que estaban velando ya, la abuelita de mi esposo ya estaba en agonía, y pues toda la familia ya se iba a cuidarla. Pero yo no acompañé ese día a mi esposo porque habían ido a visitar a mi hermano, pues me quedé con ellos. Entonces estábamos platicando afuera de la casa. Yo tenía mi teléfono cargando en mi recámara. Cuando entré al cuarto, y digo, bueno, chicanos, tenía tres llamadas de un número que no... que desconocido no lo tenía yo en mis contactos.

Y me dice mi hermano, oye, a lo mejor ya falleció la señora. Y digo, es cierto, empecé a marcarle a toda la familia. Y busó un, busó un, busó un, busó un. Digo, pues me voy a bañar para ir a ver. Entonces ya me bañé. Y pues agarré la camioneta y ellos vivían como a 20 minutos, 15 minutos adelante, de donde vivo yo, a la comunidad. Resulta que en el trayecto de ese camino hay un... dos subidas que le llaman Columpio.

Y iba yo precisamente bajando la primer bajada, cuando empieza a tocar el digno nacional. Por cierto, ya bajó el radio prendido. Empezó el digno nacional. Digo, ching, ahora mala. Y terminando yo de decir eso, cuando fu... es que en esa parte ahí espantan mucho. Han pasado varias cosas. Cuando siento que en la parte de... la camioneta es de tres hileras de asiento. Cuando en el último asiento escuchaba yo cómo se brincaban. Ya, está de un lado para otro y así.

Y entonces yo con el retrovisor no había nadie. Y agarré y le empecé a meter a la camioneta, pero... y yo escuchaba más duro los golpes atrás en la camioneta. La cuestión que yo, como unos tres segundos, cinco segundos, me quedé fijamente viendo al retrovisor. Ya reaccioné cuando ya la camioneta, la fase, ya empezaron a pegar en el sacate. Y pues gracias a Dios reaccioné porque ya iba un boladero que está ahí. Y bueno, ya llegué a la casa. Y pues nadie me creía. Bueno, mi esposa sí me creyó.

Bueno, había un familiar que no me creía. Ah, pura mentira. Bueno, resulta que él venía para el pueblo a comprar pan y eso. Y pues igual, pero él venía en su moto. Y resulta que tampoco se le subió, pero atrás y no subía la moto. Ay, ¿qué crees que se quedó ahí inconcluso? Se quedó, híjole, qué bárbaro. Yo creo que se le cortó el audio y nos dejaste aquí ya con la duda. Esperemos que pronto nos puedas volver a enviar la continuación de este relato que se quedó a la mitad.

Pues sí, sería lo ideal que pudiéramos completar ese relato para saber de qué se trata. A ver, tenemos un audio por acá, venga. Hola, Gina y Nacho. Con esto respecto a los trastes y la limpiás y todo eso, de hecho ayer me puse a recoger un poco de tiradero que tenía mi niño en el piso. Se pone a jugar en el piso en la alfombra y deja sus cosas ahí. Entonces ayer le dije, yo no, vamos a recoger esto. No quiero que se quede tiradero porque ya nos vamos a dormir. Yo lo pensé.

Dije, no quiero atraer malas energías. No sé por qué me dio eso de pensar. Hace unos días me tomé una foto. Ya en la noche, pasando las 10 de la noche, porque me dolía el hombro y no me quise levantar a prender la luz. Ya estábamos acostados para dormir y no me quise levantar a prender la luz. Entonces me tomó una foto, le puse el flash al teléfono y me tomé la foto para ver qué era lo que tenía en el brazo.

En cuanto el flash se apagó, yo vi la pantalla de mi teléfono y miré a una persona detrás de mí. Yo volteé porque la persona se me figuró como el cuerpecito de mi hijo. Mi hijo tiene 11 años y se me figuró el cuerpecito de él. Pero cuando yo volteé no había nadie ni mi hijo estaba dormido en su cama y ya pasaban de las 10 y media. Traté de no espantarme, simplemente dejé de tomarme fotos. Me puse a ver otra cosa en el teléfono.

Últimamente mi hijo, cuando yo estoy en la cocina, ya sea limpiando o cocinando, sale mi hijo y me dice, ¿qué pasó mami? Y yo me quedo así de, nada, ¿por qué? Y me dice, oh, es que escuché que me hablaste. Y últimamente pasa eso seguido. Sale y me pregunta, ¿qué pasó? ¿qué pasó? ¿qué pasó? Yo, no, nada, nada. O es que escuché que me hablaste. Y pues ya me está preocupando más porque yo miro en la foto que me tomé alguien parado detrás de mí.

Bueno, pues por si son peras o manzanas, ya no dejaré trastes sucios ni nada tirado. Y bueno, pues, felicidades. Gracias mi querida amiga. Muchas gracias por este audio a veces. Lo enviando aplicado. Bueno, muy bien, muy bien, muy interesante. Gracias y vamos a continuar, Gina. Hoy hablando del tema de hoy de estas muñecas famosísimas, allá en Tailandia, Lugtev, este origen se traduce como ángeles niños. Así es lo que significaría este nombre.

Son muñecas extremadamente realistas, pero aquí lo extraño o lo atractivo para nuestra emisión es que dicen que están poseídas por espíritus benevolentes. Esta creencia proviene de prácticas espirituales tailandesas que combinan elementos del budismo y del animismo. Están diseñadas para parecerse a niños pequeños, a bebés con detalles minuciosos que imitan rasgos humanos, son hechas de plástico o silicona, lo que les da una apariencia aún más realista.

Y se cree que poseen poderes sobrenaturales y pueden traer buena suerte, protección y prosperidad a los dueños. De ahí su fama y el hecho que muchas personas quieran tener una de estas muñecas porque es como un amuleto de buena suerte, pero el detalle está que los tratan como si en realidad tuvieran vida, como si fueran seres humanos.

Ejemplo, si ellos viajan, compran boletos para avión, también le compran su asiento exclusivo, le dan de comer, lo atienden, lo arrullan y bueno, qué extraño, pero el motivo es que supuestamente les da buenas cosas a cambio. Pues sí, es que en realidad lo tratan como un ser viviente y recordemos que las mismas personas impregnan con su energía los objetos, sea un bolso de mujer, un reloj, un muñeco, cualquier objeto puede ser impregnado con la energía de las personas.

Pero cuando tú la compras dicen que tienes que hacer un ritual específico que son llevados a cabo por monjes o maestros espirituales y que incluyen oraciones que supuestamente permiten que el espíritu entre en esa muñeca, y entonces ya entonces es cuando te la llevas a tu casa y la tratas como si fuera tu hijo, tal cual.

Algo semejante ocurre con los famosos trolls cuando las personas quieren activarlo, le llaman activarlo, tienen que hacer un ritual, o sea, esto para nada es nuevo, esto se siente que tiene toda una intención detrás, hay algunos motivos un tanto oscuros, o pregunta a mis queridos amigos, porque para eso estamos en este programa, es simplemente un ardid publicitario para que tú y yo caigamos en la trampa y compremos esas muñecas, esos objetos que sabemos que supuestamente ya están cargados.

Vamos al corte. El Miidofón 55-2193-59-26 Es hora de poner al descubierto lo que nos hace temblar, correr, gritar y sudar. La mano penuda. Tenemos tu atención, es por eso que este espacio es perfecto para que tu producto o servicio sea conocido por millones de personas que se encuentran en este momento en su casa, su oficina o en su automóvil. Aprovecha y enunciate con nosotros, somos rss.com y tenemos un paquete justo para ti.

Escribe un correo a ventas arroba rss.com ventas arroba rss.com y sabrás que se siente estar en boca de todos. Es mejor dar que recibir atentamente el boxeador. Sabiduría en las redes. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. La mano penuda. Relatos de México para el mundo, ¿quieres participar? Aquí te estamos esperando. Claro, envía tu relato y con mucho gusto lo transmitiremos. Buenas noches Nacho. Es una maravilla Gina escucharlos. Gracias. Y seguir de repente sus programas.

No soy muy ácido, pero bueno, recuerdo en aquellos años 90s, yo escuchaba por Ramón en los grandes de la salsa y posteriormente la mano penuda. Esto que les traigo el día de hoy, bueno que es mi primer incursión en su programa, lo escuché en voz de mi abuelo. Mi abuelo en aquel entonces cuando escuché esto, contaba aproximadamente entre 60 y 65 años de edad. El señor nos visitaba tres veces al año, ¿no? Y digo nos visitaba porque ahorita se encuentra ya con el padre azul.

En aquellos entonces recuerdo bien que mi abuelo todas las mañanas acostumbraba a levantarse temprano y en esa ocasión no lo hizo, sino que empezó a platicar desde la cama con mi papá, ¿no? Yo escuchando todo lo que ellos decían, comentaba el relato de un señor para darles el contexto de donde ocurrió esto, pues mi abuelo era oriundo de Jalisco. Él tenía esa voz así como del ocultor de Egevazlo, ¿no? Ajá. Y tenía un acento muy característico de la gente que vive en Zacatecas y en Aguascalientes.

No sé si la gente que viva allá o quiénes sepan de este asunto hablaba así más o menos. O sea, la mayoría de las palabras terminaban en S y en N. Bueno, resulta que en esa ocasión una persona que vivía en un lugar muy cercano a Guadalajara que se llama El Salvial. El Salvial es una ranchería. Y tú sabes que en un pueblo así pequeño la mayoría de las personas que ahí viven se conocen, ¿no? Entonces mi abuelo conoció a esta persona.

Resulta que este señor en sus ratos libres iba a ir a dar la vuelta, ¿no? Pues no teniendo que hacer después de elaborar, pues iba a dar la vuelta a los alrededores de esta comunidad. Y un día se fue a un monte, ¿no? O a un cerro. Entonces, este, dice el señor que se encontró frente a una cueva. Entonces él ingresó a la cueva y lo que encontró dentro le cambió la vida. Resulta que adentro había placeres.

No me refiero a mujeres, no, no, no. Sino que había comida, había bebida y había un ambiente que él jamás había conocido. Obviamente, repito, ahí en la ranchería donde él vivía la gente era muy pobre, ¿no? Muy de recursos escasos. Entonces él al ver esto, pues quedó impactado. Entonces decidió salir para ir a traer a su familia para que disfrutara de esos placeres. Pero bueno, decidió mejor disfrutarle el primero y después traer a sus familiares.

Y bueno, a decir del señor, estuvo un día dentro del lugar. Y ya después de haberse aburrido, pues decidió regresar a su lugar, ¿no? Salió de la cueva, bajó del monte y llegando a su casa, sus familiares al verlo, pues empezaron a llorar, ¿no? Así despobridamente, de una forma exagerada. Y él al preguntarles qué sucedía, los familiares le reclamaron, ¿no? Del por qué los había abandonado o por qué después de un año él los visita como si nada, ¿no?

Como si fueran unos animales, ¿no? Que se podrían dejar ahí al abandono. Y bueno, este señor, pues se queda impactado y le dice, ¿cómo creen? Si solamente fue un día, ¿no? O sea, ustedes sabían mis andanzas, que yo me iba de repente dos, tres horas hasta un día llegué a irme y regresaba. Y aquí estoy, me fui ayer y estoy regresando el día de hoy. Y nuevamente ellos le decían, pues que no, que no había sido solamente un día, sino que fue exactamente un año.

Y bueno, este señor, pues le platicó a sus conocidos, entre ellos mi abuelo, lo que había sucedido en aquel lugar, ¿no? Mi abuelo comentaba que efectivamente esas cuevas existían, ¿no? Pero no eran unas cuevas embrujadas, ni unas cuevas donde hubiera un guardián, ¿no? Que te pediáramos a cambio para poderte llevar lo que hubiera dentro, sino que era una cueva encantada. Eran cuevas encantadas. Eso es lo que decía mi abuelo, porque él ya tenía varias experiencias, ¿no?

Que le habían platicado. Él no las vivió, sino que se las comentaron. El asunto es que este señor que ingresó a este sitio, pues no duró más de un mes y falleció. Desconocen las causas del fallecimiento de la persona, pero mi abuelo fue lo que contó en aquella ocasión. Y yo vagamente recuerdo esto, ¿no? O sea, hoy escuché el relato de Valentín de estos chicos que fueron allá al Estado de México, ¿no? Y se internaron igual en un bosque y él tuvo que regresar porque su novia y chavala.

Y me llegó este recuerdo, te repito, de hace casi ya 40 años. Y bueno, quería compartirlos con ustedes. Repito nuevamente mi nombre, si no lo dije, pues soy Jesús Antonio, de Ciudad de México. De estos lugares apartados de la ciudad, acá muy pegado a Santa Fe, donde antes era un basurero. Y hoy es la zona más picuda de Ciudad de México. Bueno, para todos los peluditos, saludos y síganla pasando terroríficamente. Imagínate, amigo, en cuanto habrán comprado esos terrenos, ¿verdad?

Para transformarlos de la basura a unos lugares muy excéntricos. Exacto. Vaya, muy interesante. Gracias por compartir tu relato. Dice ser la primera vez ya muchos años conociendo la mano peluda y esperemos que no sea la única. Queremos que más ocasiones participes. Oye, estas muñecas, dicen, pero nada más son en Tailandia. Son originarias de allá, estas Lugtep, y se han convertido en una parte significativa de la vida cotidiana en Tailandia.

Es común ver a personas llevando a sus muñecas a eventos sociales, restaurantes, a su lugar de trabajo. La demanda de estas muñecas ha creado un mercado próspero, además de la venta de todo lo que necesitan las muñecas para estarlas cuidando como según o supuestamente deben hacerse, ¿no? Desde ropa, accesorios, todos los artículos que necesiten estas muñecas. Y es como un integrante más, así la consideran, de la familia. Ok, sí, es un integrante más.

Imagínate si no habrá cierto vacío en esas personas que adoptan un muñeco como parte de su vida. A decir, bueno, es que este muñeco nunca me va a decir que no, nunca me va a regañar, nunca me va a llevar la contraria, sino que al revés, yo soy la que mando. ¿Habrá un vacío ahí psicológico, psicoemocional en un individuo que haga eso? O la pregunta sería, ¿estás buscando una manifestación de magia a través de todo esto, los rituales y la forma en que le hablas? Hay algo, hay algo de por medio.

María Hernández, hola, buenas noches, Gene y Nacho, y a todos desde New York, orale, hasta la Gran Manzana. Mi amiga, te mandamos un abrazo. Y Francisco Herrera dice, tengo muchas experiencias sobrenaturales que me pasaron cuando era niño en la casa de mis abuelos, construida sobre un terreno y sobre escombros de un panteón. Orale, pues eso debe estar muy interesante, amigo, pues si tú gustas, mándanos un mensaje al Miedo Phone para que te podamos contactar con mucho gusto.

Oswaldo Reyes que siempre está con nosotros apoyándonos, desde Carolina del Norte, también a Juanito Arcos, Tejas se hace presente, también aquí te estoy leyendo, Maite Lua, gracias por estar aquí. Claro, un saludo, Maite. Hola Gene y Nachito, ayer tuve una reunión aquí en mi casa y vinieron y estuvimos platicando y comentando cosas del Facebook sobre de una muchacha que le mataron a una hermana, a él y al marido, violentamente, les dispararon por robarlos.

Entonces ellos dejaron dos bebés, uno de dos años y otra de cuatro años y entonces resulta que la muchacha, la hermana, se quedó con el teléfono de la hermana fallecida y ella está recibiendo mensajes de ella diciéndole que sus niños no se los dejan los abuelos paternos porque por alguna razón, pero se siente el mensaje, el mensaje tiene el audio, pero él no lo ha podido conseguir, pero lo voy a conseguir, está en inglés, pero igual, voy a tratar de conseguirlo.

Resulta que la muchacha no quiere que los niños vayan con los abuelos, no sé por qué, pero lo que me llama la atención es por qué un mensaje después de muerta será porque murieron trágicamente. Un saludo Gene y Nachito, como ya ven aquí investigando también lo paranormal. Saludos, soy Rosy Suárez desde Atlanta. Muchas gracias mi querida Rosy. Un gusto saludarte, que bueno que estás aquí presente, dice, ¿será este el motivo? Pues creemos que sí.

Ok. Dice, quiero comentarles que hace unas semanas fueron tomadas unas fotos pero apenas nos dimos cuenta. Cuando tenía nueve o diez años, yo nací en 1990, esa persona, ay es que no te entiendo, a través del miedo, fue una vez es la... El corrector. Pone palabras y el texto ya se vuelve un poco extraño. No se alcanza a comprender, ¿verdad? Sí suele suceder. Axel Emanuel, bienvenido. Saludos desde la refinería en Tampico, Tamaulipa. ¡Wow! Amigo, bienvenido. Axel, qué bueno que nos acompañas.

Francisco Herrera también hace presencia aquí en nuestro programa. Tenemos más audios, venga, venga de ahí, aquí. El día de hoy les quiero compartir algo que me pasó aproximadamente veinte años. En ese tiempo yo tenía como quince años, mi papá era constructor en una casa que él había construido. Este, por razones muy personales de él, dejó de terminar esa casa, la dejó ahora así que en obra negra, ¿verdad? En conclusa, sí.

Después de unos cuantos años a él le marcan y le dicen, ¿sabes qué? Pues necesito que vengas a terminar todos los detalles que faltan porque ya esa casa pues ya se va a evitar. Entonces pues fuimos y mi papá, este, como eran ya puros detallitos chiquitos, nos llevó a mi mamá y a mis hermanos y a mí. Dicen, ¿sabe qué? Es un trabajo fácil, rápido y para contratar a alguien, pues mejor ustedes me ayuden. Y nos fuimos a ayudarle.

Entonces para eso le iba a poner un piso en el cual este me dice, ¿sabes qué? Tú vete por un bote de agua. En la parte de atrás, este, hay un algeber. Abre y sacame unos dos botes de agua y me lo estres, por favor. Ah, ok. Ahí voy yo con mi bote para sacar el agua. Y para eso, este, yo sentí un golpe muy fuerte en mi pecho. Fue un escalofrio tan fuerte, muy, muy, muy feo que no me, o sea, me impedía moverme.

Fue algo, una sensación muy, muy fea. Este, pues me dio mucho miedo y yo, la verdad, me fui hacia donde estaban mis hermanos y le dije a uno de ellos, ¿sabes qué? Saca el agua tú y yo mejor hago lo que tú estás haciendo. Así pasó, terminamos de trabajar ese día. Y pues a terminar el día, este, mi papá quiso prender la camioneta para regresar a casa, ¿verdad?

Pero la camioneta no prendía. Pues, dice mi papá, ¿saben qué? Pues vamos a tener que ir caminando hacia la carretera para poder tomar un taxi. Pues así pasó, nos fuimos caminando, pero yo todo el día estuve como muy rara con sentimientos muy extraños. Y, pero al momento de ir caminando, yo sentía como que alguien iba atrás de mí. Como que esa, o sea, esa sensación era algo que sentí que me observaba, como que estaba siempre a un lado de mí.

Así pasó el día, llegamos a casa, mi mamá preparó de cenar y yo la verdad ni hambre tenía. Preferí mejor irme a dormir. Y que creen que durante casi aproximadamente dos meses, yo tuve esa sensación de sentirme observada, de sentir que alguien, de hecho, llegó el momento en que varias ocasiones tuve lo que, pues, comúnmente le decimos que es la subida del muerto. Yo lo he platicado a mi mamá, pero ella siempre me ignoraba, me decía que no, que yo estaba loca y no me quería creer.

A mi papá nunca le quise platicar, solamente a mi mamá le platicé. Bueno, pues así pasó, hasta que, pues, de pronto, no sé cómo fue, que desapareció toda esa sensación, esa subida del muerto. Pero hace aproximadamente como unos tres años, yo platicando con mi papá, le dije, oye, ¿te acuerdas la vez que fuimos a trabajar a esa casa y este y el otro? No, que sí. Bueno, le comencé a platicar lo que me sucedió. Entonces él me dice, ¿sabes qué? Mira, te voy a decir algo.

Dice, la verdad, dice, el patrón, el dueño de esa casa, dice, andaba mal. Pues era una persona, pues, con muchísimo dinero. En ese tiempo, la verdad, andaba de políticos, se metió a campaña y todo eso. O sea, que el señor andaba mal, este, y pues con dinero, imagínense, ¿no? Entonces dice que en una ocasión, en una noche, a él le marca, trabajando él ahí, le dice, ¿sabes qué? Mira, ven, que necesito que me ayudes en algo. Y papá, pues, pensaba que era algo sobre lo de la casa.

Y llegando ahí, dice que le dijo, ¿sabes qué? Dice, necesito que me ayudes. Es algo, pues, que no quiero que salga de aquí, ¿verdad? Amenazándolo también, porque si él decía algo, pues, él le iría mal. Entonces mi papá me platica que este patrón, este señor, tenía una persona a la cual él había asesinado. Entonces dice que a esta persona lo enterraron en el hoyo que tenían hecho para el algíbar.

Y que le dijo, ¿sabes qué? Ayúdame y, este, echa el etierro encima y ya mañana quiero que a primera hora me pongan lo del algiro y me pongan en concreto. Y, y boca cerrada, ¿no? Entonces este, mi papá, pues, dice que era una persona que no era de este estado. Que de hecho llegaron los familiares a buscar a esta persona. Y yo lo que estaba recordando hace poco era que en un sueño yo, esta persona a mí me decía que quería que sus familiares supiera dónde estaba.

Porque sus familiares lo habían buscado por mucho tiempo y nunca lo encontraron. La verdad, pues, ellos me imagino que se dieron por vencido, no sé. Y la verdad es algo que sí me intriga porque digo, o sea, cómo fue posible que sus familiares no supieron dónde quedó, ¿verdad? Y claro, voy a omitir nombres, ciudades y todo porque, pues, ahora sí que mi papá, aunque no haya cometido ese asesinato, ¿verdad? Pues la verdad, él fue alguien que se dio cuenta y, pues, la verdad no hizo nada.

Y ahora pasaron casi 20 años y aún no recuerdo. Y recuerdo muy bien la imagen de esta persona que yo siento que de alguna manera me estaba pidiendo apoyo. Que por lo menos sus familiares supieran dónde estaban, ¿verdad? Este, bueno, el día de hoy quiero omitir todo, nombre, todo y misiones para todos. Espero que les haya gustado mi relato. Claro que sí. Muchas gracias por contactarte y nos vamos directito hasta Monterrey, donde ya se encuentra Sergio. Buenas noches. ¿Cómo estás?

Bien, bien. ¿Cómo estás, Gina? Muy bien, con gusto de saludarte. Sí. ¿Ya estás listo para tu relato? Ya tengo, sí, ya he tenido, este, pues, casi no los escucho tanto así en la radio, los sigo más lo que es en Spotify. Ah, muy bien. De la opción. Sí, me he tenido más así como al tanto de lo que son las historias y todo lo que cuentan los Peludo-Maníacos. Eso está muy bien, porque ahora tú quieres dejar ahí un testimonio. ¿De qué se trata?

Sí. Mira, lo que pasa es que yo estuve trabajando casi 10 años en un museo. Sí. Y lo que pasa es que ese museo antes era, es una casona, es de 1700. Ándale. Sí, el de 1700 y pues antes era una escuela, se puede ser una escuela de niñas. Fue también, pues, fueron varias, lo que voy es de que, pues, a veces que yo me quedaba, hacía montajes ahí de la exposición, de los museos. Sí.

Y también, pues, a veces que nos quedábamos dos tardes, puedes decir. Y pues, como yo vivo un poco alejado de ese museo, pues, pues, a veces que me quedaba, pues, hacer unos retoques de tanto el montaje de pintura o algo así. Y pues, pues, tomaba mi descanso. Y ya como a las dos, tres de la mañana, hicieron restauración ahí en ese museo.

Y lo que pasa es que yo, pues, yo me quedé, pues, me sentaba en una banca que estaba ahí. Y había, en el patio había unas piedras grandes, no sé si se les diga así, como cascajo. Piedras grandes. Entonces, yo estaba, pues, con el celular, o sea, viendo videos y todo. Y empiezo a escuchar que se empieza a escuchar como pisadas, como que si alguien estuviera.

No, sí caminando, pero arrastrando los pies, o sea, arrastrándolos, pero vine hacia mí. Entonces, pues, yo levanto la mirada y se queda quieto. Ya no se escucha nada. Bajo otra vez la mirada hacia el celular y se empieza a escuchar otra vez. Te voy a interrumpir porque llegó la pausa y no podemos detenerla. No te vayas, por favor. Nos despedimos también de las estaciones en la República Mexicana que solamente nos transmiten una hora.

Nosotros esperamos mañana que en el resto de la República y el mundo entero continuamos después de la pausa. El Miedo Fond, 55-2193-59-26. Lo oculto se pone al descubierto aquí, en La Mano Te Duda. Yo soy Joaquín López Doriga y los invito a escuchar las mejores entrevistas, donde y cuando quieran. Noticias, deportes y espectáculos en tu plataforma de podcast preferida. Grupo Fórmula, abriendo la conversación.

Nosotras apoyamos la liberación femenina. Atentamente, las presas de la cárcel de mujeres. Sabiduría en las redes. Porque tenemos mucho que decir. La Mano Te Duda. Sergio, continuamos contigo. Te interrumpimos, pero mira volvimos muy rápido para seguir con tu relato. Ok. Les comentaba que bajaba yo la mirada y empezaba a escucharse otra vez que se sacaba. Pero eran más, no sé cómo explicarlo, pero arrastrando los pies como si los pies le pesaran mucho.

Sí. Porque ahí también fue hospital, también ahí. Ahí en ese museo del hospital. O sea que tiene una larga trayectoria, no un colegio hospital ahora de museo. Sí, sí, exactamente. Y pues hospital, pues ya uno se imagina ya pues varias cosas, o sea, como pues enfermos y que hayan fallecido y así. Sí, claro. Entonces este y yo bajaba la mirada hacia el celular y se empezaba a escuchar los pasos un poco más como acelerado, pero igual arrastrando como si le estuviera pesando mucho los pies.

Entonces yo otra vez vuelvo a levantar la mirada y no se escucha ya nada. Y lo raro es que no se veía nada, o sea nada más se escuchaba el ruido de eso. Las piedras estaban intactas, o sea se veía todo intacto. Y yo trataba de levantar la mirada rápido, pero para ver si se movía aljo de las piedras, pero no se movía nada. No alcancé. Entonces yo lo que hago bajo la mirada y en eso va, se devuelve, pero ahora sí corre, pero hacia el pasillo.

O sea, se regresó y correso el pasillo. Sí. Y ya. O sea, fue una. Y otra que me ha pasado también es que una vez yo también igual me quedé igual así de noche. Porque también hubo un tiempo cuando ya después hacen como un contrato para que haya guardias. Entonces pues yo como ya tenía tiempo ahí, pues yo dije, pues va, o sea, me quedo de guardia, o sea, sin problema. Entonces yo me quedo de noche y resulta que en eso, antes de como a las 11 de la noche empezó a llover muy fuerte.

Pues ya se tranquiliza lo que es la lluvia para llover. Pero de eso, como a la una o dos de la mañana, empiezo a escuchar que alguien estaba barriendo. Sí, pero cerca, cerca, cerca. Y como ahí la cuando hicieron la restauración había este como pozitos en la banqueta, así pozitos en los charquitos que se hacen. Entonces empiezan a barrer, empiezan a barrer, a barrer, a barrer. Pero yo no me asusté. Dije pues es como dicen.

O sea, pues si no no te hacen nada, pues no pasa nada. Yo digo que son almas que quedaron atrapadas en el tiempo. O sea, eso es lo que yo pienso. No sé que quedaron así. No con un pendiente, sino que están haciendo lo mismo. Y lo mismo por como esa casa es de 1700. Yo digo que siguen repitiendo lo mismo. No sé si pienso yo que se quedaron ahí atrapados en el tiempo. No sé. Eso es lo que yo pienso. Pero sí, o sea, normal. Barriendo, barriendo, barriendo, barriendo, barriendo.

Y no me asomo ni nada. O sea, pero yo dije pues mientras a mí no me hagan nada, no me hagan daño, pues adelante. O sea, no pasa nada. Pero hay un guardia también una vez que se quedó noche y sí que sí veía cosas y los retaba. Y yo le he dado un consejo. Oye, si no te hacen nada, pues no les hagan nada. O sea, no pasa nada porque yo duré un buen tiempo de noche y no pasaba nada. O sea, si me explico. O sea, no pasaba nada. A mí nunca me hicieron daño. Eso sí, lo puedo asegurar.

Nunca me hicieron daño. Nada, nada de daño. A esa persona, a esa persona creo que ya no está ese guardia. Pero sí, o sea, a mí en lo personal a mí no me hicieron daño. O sea, pero los otros otros guardias que han estado ahí decían este como que les ha entrado temor y hay veces que me dicen oye vi esto, vi esta cosa, vi otra cosa y así. Pero yo le dije mira, mientras no te hagan daño o tú no les hagas nada, no pasa nada.

Eso o sea y también es esa es esa es una otra cosa también lo que me ha pasado, lo que me pasó se puede decir es de que pues he visto a un niño, vi un niño chiquito, pero es que no sé cómo describirlo. Estaba, o sea, un niño y lo raro es de que estaba en. Hay una oficina que es de lo que es del director de ahí del museo y esa tiene llave del director está bajo llave y vi al niño, pero el pelo lo traía el pelo de honguito. Pero veías la silueta o si veía su rostro.

Yo yo sí vi al no, yo sí vi al niño y si el niño lo da de cuenta, ha dado cuenta que yo abrí la sala, bueno la oficina, entonces volteo y la oficina del director está al fondo. Y abre, volteas hacia la izquierda y ves la oficina al fondo porque las puertas tienen es madera, pero en medio tiene vidrio, o sea se ve, se ve, o sea, quién está o quién pasa o algo y ve al niño qué pasó. Y se le ve al pelo de honguito, así de honguito.

Y yo no me asusté, dije pues es lo que yo digo, mientras a mí no me hagan daño, yo no les haga daño a ellos, pues no pasa nada. Y pues ahorita hasta la fecha pues estoy bien, o sea, sí he visto, sí vi varias cosas y otra cosa, esta es otra. Resulta que esto lo vimos un compañero y yo, este de ahí del museo.

Resulta que había un evento y lo que pasa que ahí, este, como es muy grande, este es muy grande y el museo, una vez unos unos chavos que hicieron una, cómo se puede decir, como un evento y no tenían como dónde hospedarse. Y como es muy grande, hay salas muy grandes, pues hablamos con el encargado de ahí y le digo, ¿sabes qué? Pues yo me ofrezco de velador para que estos chavos venían del Distrito Federal, era una agrupación.

Venían del Distrito Federal y yo le dije, mira, yo me ofrezco para quedarme de velador, yo me hago responsable, pero para que no busquen dónde hospedarse, pues que se queden aquí, o sea, no pasa nada. Yo pues mantengo aquí todo ordenado y así y se quedó un compañero y dijo, yo me quedo contigo, vámonos, órale. Y ya nos quedamos los dos y ya, tal de que ellos hicieron su evento, pues obvio se salieron, nos quedamos mi compañero y yo solos.

Entonces, dijo, vamos, aquí está cerca el evento que tienen ellos, pues vamos. Entonces fuimos, nos distrajimos un rato y uno de ellos sale y me dice, oye, ¿sí me puedes abrir? Porque lo que pasa es que se me olvidó algo. Y yo, ah, claro, vamos. Y como está cerca ahí a una calle, pues ya le caminamos, abrimos, le prendimos los focos, subimos las pastillas, las pastillas, eso sí, quiero aclarar, las pastillas de lo que es de la luz de ese salón están al lado de una noria.

Entonces yo le digo a mi compañero, ya se salió y luego me dice, ya, me grita ya. Ah, bueno, bajo las pastillas. Entonces de la noria sale un lamento. Y sale ese oye. Y luego yo volteo y veo a mi compañero, le dije, escuchaste? Dijo, sí, dijo, no estoy loco entonces. Pues sí, lo escuchamos los dos, pero no nos dio miedo, nos dio curiosidad. Fuimos y nos asomamos y no había nada. Entonces, ahí también, como antes, era una escuela de niñas, está una capilla y el sonido rebotó hacia la capilla.

Entonces escuchó todo el sonido ahí y nos quedamos a la plegada, pues qué habrá pasado. Y entonces lo reparo es que cuando íbamos caminando y los dos, los árboles, como hay unos nogales y están muy altos, nada más en esa área del patio donde está el nogal empezó a hacer mucho aire, nada más en esa área. Empezó a hacer mucho aire, mucho, mucho aire, mucho. Fue claro que nada más era en esa zona. Sí, en esa zona. Entonces mi compañero y yo pasamos a la entrada y le dijimos, oye, pues qué será?

Y nosotros nos crecimos, fuimos a su manos afuera porque el aire fue muy raro de que sí, como si hubiera sido un remolino, no sé. Entonces, donde salimos los dos al mismo tiempo, sentimos un aire bien frío, como si abres el congelador y así de fregadazo el aire frío a los dos al mismo tiempo. Y estaba haciendo calor. Entonces le dijimos, oye, ¿sentiste eso? Y luego me dice sí.

Y resulta que platicamos con alguien y nos dijo que supuestamente dice que habíamos pasado lo que es el espíritu, o no sé si se puede decir, de la persona o alguien que haya estado ahí. No sé, eso sí, no sé. Y ya nos salimos y todo normal y ya pues total de que despú, así ya vienen los chavos que habían tenido el evento, ya regresan y todo bien. Entonces uno de ellos, bueno, mi compañero, pues le dice, oye, tengo sueño. Dije, pues duérmete, yo me quedo, yo no tengo sueño.

Entonces ahí en esa área antes había como pastito, se acostó ahí y luego me dice voltea conmigo y me hace una señal como que diciendo ahorita te digo. Sergio, aquí nos vamos a quedar en suspenso. Tengo que ir a la pausa, no te vayas, por favor. El Miedofón 55-2193-59-26. Conocemos la leyenda y la hacemos realidad. La mano peluda. ¿Quieres iniciar, hacer crecer o monetizar tu podcast? Saber los secretos de TOPS. Donde y cuando quieras. Les va a cambiar la vida.

RSS.com. Almacenamiento, distribución y programación de tus episodios en un solo lugar. Hosteado y distribuido por RSS.com. RSS.com. Hacer podcasts de manera fácil. Estoy en cinta. Atentamente. RSS.com. Sabiduría en las redes. Porque conocemos de raíz a los especialistas. La mano peluda. Estamos atentos a este relato de Sergio. Cuando hay apariciones, cuando hay tanto de historia en un lugar, no podemos saber a ciencia cierta.

Pero hay un origen que determina este tipo de apariciones y eventos extraños. Vamos a continuar contigo, Sergio. Como les comento, ya salimos y el chavo me hace una señal. No quiso decirle a las personas que estaban ahí. Porque ya estaban cansados y no querían que estuvieran así. Como que tuvieran miedo. Después ya amanece y me dice que ya estaba la puerta abierta. Le dije que sí. Que estaba la puerta abierta. Le dije que había una sombra grande. Al fondo.

Dijo que sí. Grande. Pero estaba flotando. Se asomó y se fue. Y le dije que no manchen. Que raro. Porque nos pasó lo de eso. Del llanto. Y luego nos pasó lo del viento. Y luego nos pasó eso. Y luego te pasó eso a ti. Y nos quedamos así. Y de hecho cuando de repente nos vemos le dije, oye, te acuerdas. Pero eso le estoy hablando hace como unos, qué serán, 7 años más o menos. Sí. Más o menos. Sí. Y también lo que ha pasado. Pues es que han pasado muchas cosas.

Ahí en ese museo una vez que hubo una exposición de, creo que eran de los fundadores de la fundidora. Y pues se pusieron lo que es, se montó lo que es. Cosas así como la ropa, la tuendo que usaban antes, los que trabajaban. Y una pintura la plasmaba de que el accidente que hubo en la, lo que es en la fundidora. Entonces, creo que fueron dos. Dos visitantes. Uno, primero fue uno. Que dijo que vio a un señor con overall y con casco.

Pues trajo un trabajador que salió de la pintura y luego que se volvió a meter. Pero lo vio a lo lejos. A lo lejos. No lo vio cerca. Le dio tanto miedo que no se quiso acercar, pero sí vio que sí se metió en la pintura. Oye, y esta pintura específicamente sabes de qué era? ¿De esa pintura de qué es? ¿Quién es de ella? Pues es como, es pintura al óleo, pero era grande, es grande, muy grande. Está representado el accidente que fue en la fundidora.

Ahí viene plasmado lo que cuando fue el accidente de la fundidora. Y resulta que otra, esa fue una. La otra fue de que unos visitantes jóvenes. Quise que vieron. Lo raro fue esto de que pues sí, no tenemos visitantes. Pero lo raro es que nos digan a nosotros de que si se aparecen cosas. Pues le decimos no, pues todo bien. O sea, normal. Y yo no es que lo que pasa, le voy a decir algo. Y eso fue las cinco de la tarde. O sea, pasan de repente en mediodía.

Casi ya este como a las 12 del mediodía, cinco de la tarde, seis de la tarde. O sea, todavía la luz del sol, o sea, pasan. Entonces las chavas están muy asustadas. Me dicen, oiga, le quiero hacer una pregunta. Y luego qué pasó? Y le dicen, no, es que lo que pasa es que vimos a una señora. De pelo largo que estaba hacia el fondo en la misma exposición que te comento, Gina. Sí, sí, sí. En esa misma exposición de pelo largo.

Y se nos hizo muy raro porque estaba toda de negro con el pelo largo, pero negro. Y no le vimos la cara. Y luego le digo, cómo? Dijo, pues o hay alguien más allá adentro. Le dije, no, son las únicas personas que se han registrado ahorita. O sea, ahorita se ha salido uno, pero ustedes entraron y acaban de salir ustedes. No me diga eso. Dijo, sí, no, hombre, vámonos. Y se fueron. Le dio miedo, pero lo que a lo que voy a hacer a las cinco de la tarde, cinco de la tarde, o sea.

O sea, entra la luz del sol. Claro. Entra la luz del sol porque las ventanas tienen vidrio. O sea, entra la luz del sol. Son ventanas de madera, pero tienen vidrio en medio. De repente creemos que nada más puede pasar en la noche, pero esto se puede manifestar en cualquier horario. Sí, en cualquier horario. O sea, hay veces que ha tocado también unas unas jóvenes también. Pero eso también fue casi casi cuando yo tenía como un año ahí.

Este resulta que hay unos unos sanitarios que están detrás de ahí del museo y esos son para lo que son los visitantes. Entonces eran tres tres jóvenes. Este y dos de ellas se van al baño. Entonces una de ellas se regresa y me dice, oye, no has visto a mis amigas? No, no, no les he visto. Entonces ella se regresa y ve unos brazos marcados adentro de la capilla, pero ella la ve por fuera.

El antebrazo, los dos antebrazos, como si es como si alguien se asomara, que pone los dos antebrazos y poner las manos así como si quiere ver algo. Este y la chava de bolas se mete en la capilla y no había nadie y que se viene corriendo conmigo. No, es que vi a alguien que estaba ahí y no me metí, no había nadie. Y tu y tus amigas y si no, no sé y vienen del baño. Lo hago. Qué pasó? Digo, hombre, vámonos. Se fueron. Las tres. Oye, en este lugar sigues trabajando? Sí, sigue trabajando.

Es como no, es como dicen no, no puedes ir, hay que se me aparezca algo, que se me aparezca algo. O sea, de repente, o sea, como puedes ver una persona y tú dices, ah, lo saludas, buenas tardes, buenos días. Y resulta que ya después no la ves. Si me explico? Si, si, si no es algo que tú puedas determinar en qué horario pasa. No, exactamente. Y otra cosa, hay otra cosa también que una vez que pasó y eso lo vivió un guardia y lo vivió y le dio miedo.

Y creo que se quedó así como boquiabierto, se puede decir, porque yo llegaba, abría la puerta de la entrada, traía llave y entraba y yo le cierro porque todavía no era horario de la entrada. Yo lo que hacía era llegaba antes, una hora antes, abría lo que era la puerta, cerraba y empezaba a abrir toda la exposición, prender focos, prender pantallas, luminosirón, todo, darle una pasada y limpiar polvo o algo así, hacerlo antes.

Entonces yo termino, me meto a la oficina, escucho que alguien está hablando y yo digo, pues quién se metió si el guardia en ese tiempo no tiene llave? Y yo me quedo así de que nadie tiene llave. Entonces yo veo a dos personas, un hombre y una mujer, pero detrás del guardia. El guardia estaba viendo hacia la puerta, sentado viéndose la puerta del acceso de la entrada del museo.

Entonces yo veo a las dos personas que están detrás del guardia y el guardia voltea y yo y lo ay, nada más eso que le hizo así como que ay. Y lo escuché que uno de ellos dijo, el hombre dice, ¿qué horario tienen? Ah no, pues unamos del horario de 12 a 7 de la tarde, pero así nervioso y le dice, ¿y ustedes por dónde entraron?

Y lo dice, no, está bien y se van. Lo raro aquí, Lina, es que tanto como la parte delante del acceso, en la parte de atrás hay candados y no pueden pasar y yo tenía las llaves de los candados. Y le digo yo, ¿qué pasa? Oiga, dijo, no, nada, no, nada, no, no, no me digan nada. Así. Vaya, pues es que no había otra forma que alguien se hubiera metido si tú tenías las llaves. No, si, si, deja, deja tú, Lina, o sea, fue a las 9, 10 de la mañana. Muy temprano. O sea, sí.

Ok, Sergio, tenemos mucho que escuchar de estas experiencias que has vivido y más con este lugar que tiene tantos siglos y tanto que ahí incluso has platicado con compañeros ahí en ese lugar que puedan platicar sobre este tema. Pues sí, he platicado con compañeros también, o sea, pero ellos sí también tienen varias. O sea, yo no tengo mucho, mucho que contar, muchas experiencias y muchas cosas que me han pasado fuera y dentro del museo.

Ok, entonces Sergio, ¿qué te parece que te vamos a dejar aquí en tu tarjeta esta anotación que tienes más relatos para compartir? Sí, claro. Bueno, entonces vamos a estar en comunicación. Nosotros te agradecemos muchísimo que esta noche hayas participado. Sí, un saludo a Nacho, ahí está Nachito. Aquí andamos, amigo, escuchando pendientes. Ah, ok, un saludo, un fuerte abrazo desde aquí, desde Monterrey. Muy amable. Monterrey y todos los amigos que nos escuchan por allá, excelente noche.

Ok, igualmente. Saludos. Saludos. Bueno, en cuántos lugares, así como dice nuestro amigo, en un museo me da miedo en la noche, dice Keith Roy. Imagínate trabajar en el museo de Cera. O así como dicen por acá en el museo de las momias de Guanajuato. Vamos a la pausa. El miedo phone. Mensaje de voz o de texto, 55-2193-5926. Las historias tienen muchas formas de contarse, pero solo una de comprobarse. Aquí en La Mano Peluda. Me gusta la humanidad. Atentamente, el caníbal. Sabiduría en las redes.

Porque distinguimos al mundo sobrenatural. La Mano Peluda. Buenas noches, buenas noches, bienvenido. Hablo de aquí de Jalapa, Veracruz. Mi nombre es Vianney. Pido unas oraciones para mi mamá que ha estado muy delicada de salud. Ella se llama María de la Luz, ocho son una. Pues ha estado muy mal. Por más que hemos visto médicos, este. Pues no dan que es lo que es lo que tiene. Hace poco falleció mi abuelita, cayó más en depresión. Y pues bueno, ya no sabemos.

Bueno, yo como hija ya no sé cómo más ayudarla. Quería yo. ¿Qué pasó? Se trabó. Bueno, nosotros vamos a incluir a tu mamita María de la Luz. Que. Le médicamente, pues tengan el tratamiento indicado. Y esto de el fallecimiento de tableta, por supuesto. Que puede pegar en el. Ánimo de tu mamá, pero con todo el amor. Ustedes de su familia y esas oraciones que les vamos a pedir a nuestros amigos. Que nos apoyen. Va a salir adelante. Sí, lo importante es no perder la fe ni la esperanza.

Vamos por acá a escuchar. Saludos desde. Aquí saludando la amiga. Bueno, estaba yo recordando en estos días. Un pequeño. Acontecimiento que yo tuve. Hace muchísimos años en mi casa. Cuando recién. Había yo. Yo he regresado. Bueno, cuando yo me separé del padre de mis hijos. Yo llevaba mis dos primeros bebés. A mi niña y a mi bebé de escasos meses. Pero. En realidad. Yo iba. Embarazada. Yo no sabía que yo iba embarazada de mi último niño. Bueno, esto se los digo porque.

A continuación viene lo que lo que me pasó. Pues. Resulta que cuando yo llegué a mi casa. Yo. Pues lo normal. Yo dormía con mis niños. Yo dormía al lado de una ventana. Este. Entonces. Muchas noches. Yo no podía conciliar bien el sueño. Me movía demasiado. Sentía que me movía mucho. O tal vez porque estaba yo pendiente de mis hijos. No lo sé yo. En ese entonces yo pensaba que. Que era porque estaba pendiente de mis hijos. Cualquier cosa. Venía yo. Pues por parte de la separación que yo había.

Yo vivía una situación muy difícil. Cuando yo me separé del padre de mis hijos. Es algo muy. Muy. Una etapa muy triste de mi vida. Porque pues en realidad. No tanto por la separación. No. Eso no. Siento que no me afectó. En ese aspecto. Lo de la separación. De dejar a la. A la persona que es padre de mis hijos. No fue eso. Sino la. Las circunstancias. Porque fue la separación. Bueno. Como dicen. Dios hace las cosas. Por justa razón. No nada más por cualquier cosa. En ese aspecto me siento.

Contenta. Me siento feliz. Porque el señor. Pues me sacó de donde estaba. Pero pues. Viví una situación muy difícil. Bueno. Cuando yo regresé a mi pueblo. Y me dijeron. Este. Una viejita. Siempre que. Cuando yo empecé a salir de mi casa. Con mis nenes. Mi. Mi papá. Siempre estaban conmigo. Y me decía. Una viejita que siempre la veía yo. Mi hija dice. Estás enferma. Le digo no. Le dijo. Dice. Y me tocaba mi mano. Dice. Y me tocaba la mano. Y me. Me veía el vientre.

Yo no sabía que yo estaba embarazada. Ella me miraba el vientre. Y volteaba a ver a mis papás. Pero ella nunca dijo nada. Ay hija dice. Cuídate mucho. Me decía ella. Me dijo. Sí. Me dijo. Me dijo. Me dijo. Me dijo. Me dijo. Y me dijo. Sí. Le digo. Gracias. Le dije yo en ese momento. Entonces. El. El transcurso del tiempo. El tiempo que fue pasando. Y estuve yo. Allí en mi casa. Pues a veces. En las noches. Empecé. Yo. A. A. Caer. En un sueño muy profundo. Después de que yo no podía dormir.

Después. Yo caía. En un. Sueño muy profundo. Y. Entonces. Cuando. Muchas veces. Empecé a amanecer. con moretones en las entrepiernas, en los pechos, en la espalda. Una vez mi hermana me vio un moreton como un tipo chupetón en el brazo. Me dice ¿qué te pasó? Le dije nada, le dije no sé. Le dije, no sé la verdad, yo ya le había comentado a mi mamá que me estaban apareciendo moretones y mi mamá dice hija, no estarás enferma. No sé mamá, ni lo diga, le dije en ese momento.

Tal vez me golpeé y ni cuenta me di, pero ya después cuando me apareció unos moretones en el pecho, es cuando yo me alarmé. Dije ¿pero por qué me están apareciendo moretones en el pecho? Y mi mamá me volteó a ver así, pues sacada de onda. Le dije no, yo no estoy haciendo nada malo. Le dije yo he de mi casa de donde salgo unos niños a la casa. Yo no ando con nadie ni me ando metiendo con nadie. Si apenas yo me había separado y yo me iba a estar metiendo con alguien, lo que menos quería era estar

metiéndome en problemas. Entonces, es así, siguió pasando el tiempo. Y hubo una ocasión que temprano mi hermana y yo nos quedamos en la casa de mis niños, íbamos a ir a la casa de mi abuelita. Entonces paramos en una tienda porque íbamos a llevar unos jugos y todo eso para los niños. Cuando yo me quedé parada y mi hermana caminó, cuando mi hermana venía de regreso, me dice ¿qué te pasó? En el cuello me dice ¿qué tengo? Le dije yo me asusté,

porque dije ¿qué tengo? Era un moreton. Haz de cuenta que me abarcó todo casi en la parte de donde está mi oreja hacia abajo. Haz de cuenta como que se hubiera sido una boca enorme que es a lo largo que me agarró este moreton, como el chupetón, se veía así, dice mi hermana. Y entonces cuando yo, o sea, yo no me lo vi en ese rato. Yo no podía vermelo. Y la muchacha que vivía cerca, por la que tenía la tienda, me prestó un espejo y me lo miré. Ay, yo sí me asusté.

Dije esto no puede seguir así. Le dije yo a mi hermana. Y la muchacha de la tienda dice ¿qué te pasó? No sé. Le dije ya son muchas veces que me está pasando esto. Y esto le empecé a contar pues que me estaban saliendo moretones. Y ella me dice ay, ten cuidado, dice, porque puede que te están chupando. Me dice alguien te está chupando. Me dice, pero yo le dije ¿cómo? Le dije yo si dice algo que te están absorbiendo. Dice, híjole, le dije, vamos al rato que venga mi mamá, le voy a decirle,

le dije yo. Y yo ya no quería ir a donde mi abuelita, porque teníamos que caminar un buen tramo. Y si la gente me miraba, eso iba a pensar otra cosa. Entonces ya no, dice mi hermana, dice vamos, nos vamos por el caminito. Hay casi no hay gente. Y ya cuando llegamos de abuelita, le decimos, dice, ok, le dije yo. Y nos fuimos con los niños. Entonces, ese tiempo llegamos a la casa de mi abuela. Y le dije, le dije, mira, le dije, mira lo que me está pasando.

Le digo, ¿qué tienes hija? dice mi abuelita. Le dijo, mira, le dije. Ay, ella se llevó la mano a la boca. Dice, ¿qué es eso? Dice, ¿qué te pasó? Dice, no lo sé abuelita, le digo. Y ya le empecé a enseñar lo que ya se estaban borrando en mis pechos, en mi pierna. O sea, era prácticamente todos los días que me aparecía moretones. Dice mi abuelita, dice, no, hija, dice, eso es malo. Dice, algo te está pasando. Dice, algo no sé. Dice, sea la bruja que te está chupando.

Pero, ¿por qué abuelita? Es que tu nene no están bautizados. Dice, y tú, este, y tú los estás protegiendo. Por eso, este, tu alma es tu cuerpo. Tu alma está protegiendo a tus hijos. Por eso, ella no le puede hacer nada a tus hijos. Al rato, este, voy a hablar con tu mamá para que te llevamos a curar, me dijo mi abuela. Y así pasó. Y en la tarde mi mamá, ella te habló con mi abuelita. Y le dijo, pues, que me iban a ir a curar. Me llevaron a curar.

Y la persona que me curó me dijo que me estaba chupando la bruja. Y, este, mi abuelita no sé si le preguntó más o yo no sé. El chiste que yo no, este, yo no le dije nada. Y la señora me dijo que yo tenía que ensomar la casa por siete viernes. Todos los viernes, este, me dio varias cosas. ¿Qué tenía? Chile. Bueno, chile, sal. Ay, no sé qué tantas cosas tenía. Pero tenía para ensomar la casa. Todos los viernes. Todos los viernes tenía que ensomarla yo.

Por todas las esquinas, todas las esquinas de la casa. O sea, por todo donde yo estaba. Más que nada en mi cuarto, dice. Y dejar el ensomero debajo de mi cama, dice. Cuando yo terminara que lo dejara debajo de mi cama. Y ahí se quedara hasta la siguiente semana. Y así lo hice. De verdad, fue algo increíble que después de eso ya no me pasó nada. Ya no amanecí con moretones. Ya nada, nada, nada. Entonces, después la señora, cuando ya, este, pues yo le voy a decir una cosa.

Yo no sabía que estaba embarazada. Yo enflaqué demasiado el lugar que yo engordara. Yo, este, pues hiciera panza, todo lo que quieran de un embarazo. No, no fue así. Yo estaba flaca. Se me veían hasta los huesos. Se me chupó la carne que se me veía yo flaca, flaca. O sea, para mí era algo feo. Entonces, cuando. En ese entonces, mi abuela me dijo que, este, que por ese, por lo que me estaba chupando la bruja. Era porque me puse así.

Pero después me dijo la viejita ya cuando, cuando mi hijo iba, cuando mi hijo nació. La viejita fue a ver al niño. Dice, yo no le quise decir a tus papás. Dice, pero la bruja te estaba siguiendo. Porque tú traías un bebé en tu panza, dice. Yo no le quise decir nada a tu papá porque yo sabía que no sabía. No sabía en ellos ni tú sabías. Dice, porque te estabas embarazada, pero yo no te quise decir.

Porque si yo te decía, podía ser yo como ese vínculo para que la bruja te terminara de chupar y te matara tu bebé. Me dijo, híjame que me sorprendí y fue. Fue eso lo que me pasó que nunca pensé que me pasaría. Estaba yo recordando apenas eso. Ese pequeño acontecimiento que si pasé y pues le doy gracias a Dios. Porque encontré a alguien que me ayudara. Y pues no pasó a mayores. Mi hijo nació bien. Ese niño se me escondió en mis costillas.

Que cuando ya fueron los nueve meses es que empezó a brotar. Y pues fue cuando tuve a mi hijo. Pero son cosas que, cómo Dios hace las cosas que uno se sorprende la verdad. Y bueno amigos, que Dios los siga bendiciendo. Ya saben, aquí estamos para seguir escuchándolos. Hacen un momento grato en nuestros trabajos. Yo me tomé un tiempo para relatar este pequeño, este pequeño acontecimiento en mi vida. Y pues les doy las gracias.

Bendiciones, gine Nacho. Bye. Hasta luego mi querida amiga Yadira que nos relato. Fíjate, eso que le estaba ocurriendo en un ataque de una bruja supuestamente. Cuando no saben las mujeres que están embarazadas puede ser muy, muy dañino. De hecho lo platica ella. Yo me estaba secando, me estaba chupando. Yo en vez de engordar, enflaqué. Hasta lo duro. Porque también se dice Nacho que cuando te chupa la bruja, así se terminó. Succiona. Es como si succionara la sangre.

Y que por esto pueden aparecer moletones, así como los de Yaddy que decía. O también en el cuello, en la nuca, en la mollera. Que les aparecen este tipo de moletones. Sin explicación lógica, ¿no? Pues sí, sí. La única lógica es que hay operando por ahí una energía muy, muy mala. Oscar Román, saludos. Gina y Nacho desde el Aredo, Texas. Y también saludamos a Alma Ramos que dice hola Gina y a todos los Peludos. Buenas noches y bendiciones. Gracias mi querida amiga.

Que bueno que estás aquí con nosotros. Saludos Gina y Nacho. Mándenme por favor un saludo a mi niña Fátima Cailén Solís Villalón. Que cumplió años el domingo y a la familia Solís Villalón hasta Laguna del Mante. Y por supuesto un gran, gran saludo a Fátima. Una pequeña que también es peludo manía que está en el programa y nosotros te deseamos lo mejor. Tus papitos te aman muchísimo y qué bueno que te encuentres aquí con nosotros. Bendiciones para ti.

Así es, muchas bendiciones. Y tenemos aquí un audio, venga. Alguna vez fuimos yo y mi, yo y mi hermana. Mi hermano y yo, perdón. Fuimos a buscar este flores para mi, para mi madre, ¿no? Sí. Era su cumpleaños, día de la madre, no me acuerdo muy bien. Era una fecha importante. Entonces eran alrededor de las dos de la mañana. Y el único lugar donde sabíamos que vendían flores era pues ahí en el Pantión Municipal. Este, entonces fuimos al Pantión Municipal y todo.

Ya comprando las flores pues se estaban haciendo dos arreglos. Y pues a mí me surgió la duda después de muchas historias que cuentan, muchas cosas que dicen que pasan. Este, le pregunté al señor que nos estaba atendiendo en la florería, oiga. Y acá este espantan, o cómo es el estar vendiendo día y noche fuera de un pantión. Y me vienen diciendo este, no pues sí a veces es pesado. Y ya nos empezaron a contar que ahí donde está el Pantión Municipal está la entrada, que por lo general es un arco.

Y hagan de cuenta que entran. Y en este arco, del lado izquierdo están oficinas y del lado derecho están los baños. Pues resulta que antes de que fuera oficina y baños, era oficina y era como fosa común antes de que fueran los baños. Obviamente este ya cuando pase el rato pues deja de ser fosa común, mueven esa fosa común y ponen los baños. El florista, bueno el vendedor nos platicó que luego se llega a escuchar cómo azotan la puerta, o cómo llegan a llorar.

O cómo golpean la puerta, que es como de metal, aluminio, no sé. Entonces que llegan a escuchar eso, o luego que llegan a ver porque están los baños y está una ventana. Porque pues los baños tienen ventilación, no sé. Entonces esta ventana pues tiene rejas para que no se metan. Y que luego llegan a ver una persona que se asoma, o una silueta que se está asomando, pues eso nos lleva a contar.

También nos contó que luego, ya saben, estas personas que se dedican al esotérico, al esoterismo, que van manejando y nada más ven cómo sacan la mano del auto y avientan una bolsa dentro del panteón. Entonces pues que los mismos guardias luego platican con ellos de que han encontrado trabajos, vaya, partes de animales, pues obviamente ya muertos, y dirás, muertos ya de hace tiempo, no, muertos frescos, por desgracia. Y pues claro, esoterismo al final del día, no?

Y pues así, y todavía iba a seguir más al vendedor, pues nos iba a seguir contando de más cosas, ya hasta nos iba a enseñar un video y cosas así, entonces, y ahí fue cuando dijimos, no, ya aquí muere, ya terminó nuestros arreglos, le pagamos, nos fuimos, pero al menos yo sí me quedé como picado de, ay, canijo, algo raro pasa ahí dentro, no?

Saludos a todos los radios escuchas de la mano peluda, espero pues no se asusten, como dirían por ahí, como diría el buen Juan Ramón Sain, no se me sugestione ahí en casita. Pues bueno, muchas gracias por pasar mi audio y pues que tengan una bonita noche, una bonita madrugada, hasta luego. Hasta luego mi querido amigo, muchas gracias por tu historia y por tus palabras desde luego.

Sí, y no sugestionarse porque también esto es lo que nos puede llevar a sentir o ver algo que no está ocurriendo, pero nosotros mismos lo provocamos. Sí, sí, a través de nuestro pensamiento, déjame ver cómo vamos de tiempo, Lina, a ver, veamos por aquí.

Ya mira, resulta que yo estaba en mi cuarto chateando, digo, usted, estaba viendo una película así colombiana, de colombianos, de la gorra, de sabá que se mata en la cabeza, balanza en la cabeza, y yo estaba en mi cuarto solo, y entonces en la cocina había una televisión encima de la red, pero en ese compartimiento, en la casa, había tres compartimentos, la sala, la cocina y un cuarto, entonces en la sala justo adelante hay una puerta,

lo principal, y eso está cerrado, no había nadie, yo vivo solo, entonces, como estaba en mi cuarto al fondo del internet, de la nada se prende la tele en la cocina, se prendió solo, y bueno, acá en Perú dicen, al fantasma dicen la pelona, así dicen, entonces se prendió la tele, y yo como estaba viendo esa vaina de los colombianos, como que un poco de valentía tenía, entonces fui y apagué la tele, y cuando la apagué la tele, otra vuelta molestó al fantasma, y de nuevo,

donde yo estaba viendo la película, ahí se cayó una llave en la mesa, y ese fue el segundo susto, y después del segundo susto no más salí, no esperé el tercero, porque dicen que el tercero es la vencida y te asusta más, tal vez te da un ataque al corazón y mueres. Y dijo, no, yo no quería comprobarlo, pero mira, allá en Perú le dicen al fantasma la pelona, y acá por ejemplo con la pelona nos referimos como a la muerte. A la muerte exactamente.

Gracias amigo, desde Perú tenemos también Perú de Mañacos, y nos da gusto escucharlos. Bueno, aquí queremos tu participación, nos unimos y gracias a la tecnología que hoy nos permite estar juntos, no importa el lugar del mundo en el que te encuentres, y eso nos gusta muchísimo. Quiero saludar a nuestros amigos que van llegando, a Elizabeth Reyes, muchísimas gracias por habernos acompañado.

Como cada noche agradecemos tu presencia, participación, y te invitamos para que mañana estemos juntos en una nueva reunión para escuchar relatos de lo sobrenatural. Que descanses, que tengas excelente noche, que Dios te bendiga. Soy Gina Áviles. Hasta luego Gina, yo también me despido, soy Nacho Muñoz, agradecido con Dios y con ustedes, porque juntos escuchamos muy buenas historias. Que tengas una estupenda noche, que descanses, y como decimos aquí, cabod.

El programa se termina, pero la investigación continúa aquí en La Mano Peluda.

Transcript source: Provided by creator in RSS feed: download file
For the best experience, listen in Metacast app for iOS or Android