La Mano Peluda Martes 14 de Marzo 2023 - podcast episode cover

La Mano Peluda Martes 14 de Marzo 2023

Mar 15, 20231 hr 43 min
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Transcript

Advertencia, las opiniones de los participantes y colaboradores no corresponden necesariamente con las del programa o la empresa. Si este programa es escuchado por menores de edad, se recomienda que lo hagan en compañía de un adulto. Porque nosotros hemos estado ahí. El espíritu de bruja en el... Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. El que no es conmigo en contra de mí es... aunque conmigo no recoge de ramos. Porque conocemos de raíz a los especialistas.

El demonio es una figura que ha aparecido en todas las culturas. Y no es una figura cristiana. Documentaremos todas esas experiencias que no tienen lógica alguna. Con Georgina Avilés e Ignacio Muñoz. ¡Ahhh! Llegó la hora de poner las evidencias sobre la mesa. Fantasmas. Voces. Apariciones. Psicofonías. Mitos y leyendas que rodean al mundo sobrenatural. Quedaran al descubierto aquí en... La Mano Peluda.

Desde la Ciudad de México, para todo el mundo, esta emisión de lo insólito y de lo que no tiene explicación lógica. Relatos y vivencias que tú nos quieres compartir. Bienvenidos. Soy Georgina Avilés. Hola, ¿qué tal? ¿Cómo están? Buenas noches. Gracias por acompañarnos. Una vez más en esta emisión. Donde vamos a platicar de lo increíble y también de lo sobrenatural. Porque de lo que es natural, en todos lados, se habla mucho. Yo soy Ignacio Nacho Muñoz. Agradecido con Dios y con ustedes.

Porque juntos vamos a dar inicio a una noche... ¡Espe-lu-snante! Queremos tu participación a través de las redes sociales y de la multilínea 55-51-66-3405. La página www.radioformula.com.mx y en Spotify, encuéntranos como... La Mano Peluda Grupo Fórmula. Por supuesto que te invitamos a participar con nosotros a través de nuestro... Niedofon 55-2193-59-26. 55-2193-59-26 es un WhatsApp. Así que es muy sencillo de usar. Saludamos a las estaciones en la República Mexicana que se unen con nosotros.

Ciudad Guzmán Jalisco, Ciudad Juárez, Coatzacoalcos, Culiacán, Durango, Guadalajara, Guerrero, La Paz, Baja California, Azur, Mazatrampo, Zarrica, Tabasco, Tijuana, Torreón, Querétaro. Y en Estados Unidos, Las Vegas y Georgia, bienvenidos a esta noche... ¡Espe-lu-snante! La delegación o alcalde de Culiacán es un lugar mágico que encierra un sinfín de misterios.

Entre sus calles empedradas se localizan jardines, iglesias, museos y distintas obras arquitectónicas de la época colonial que dan testimonio de los acontecimientos del pasado. En aquel tiempo vivió un apuesto joven, quien era el más codiciado del pueblo. Situación que aprovechaba para su conveniencia, teniendo novias al diésel y siniestra. Hasta que se enamoró de una bella desconocida.

Sin embargo, siempre se le advirtió que la novia no era una buena mujer, que incluso era practicante de brujería. Pero él no hacía caso a esos comentarios hasta que después de tantos rumores vio lo inimaginable. Hoy vamos a hablar de la leyenda de la esposa bruja, mujer malvada. ¡Guau Gina! Una vez más llegamos a la conclusión que el hombre es seducido por una hermosa mujer y puede pasar casi cualquier cosa. Así que vamos a escuchar la leyenda porque de verdad que está muy interesante.

Vámonos también con tus experiencias y ya tenemos aquí a nuestro amigo Javier desde Tamuyen, San Luis Potosí. Bienvenido Javier ¿Cómo estás? Pues muy bien, muy bien. ¡Qué bueno! Gina, Ginaquito, saludos a vosotros. Te damos la bienvenida y siempre nos agrada poder contactarnos con ustedes y conocer nuevas historias y experiencias. ¿De qué se trata la tuya? Pues es una historia muy, para mí fue muy bonita porque como que se parece a, como que se parece parte de la revolución mexicana.

¡Ah! ¡A mí! ¡Javier! ¡Escuchemos! Bueno pues, estimados radio oyentes, me da mucho gusto de que, pues esperaba yo el momento, el momento para contar esta historia. Yo vivo en un lugar que se llama Tamuyen, San Luis Potosí. Es una zona arqueológica, es un sede que hace más de 10 años va aproximadamente como, alrededor de 11 años y en esa ocasión era un día por ahí en el mes de mayo, tiempo de calor.

Y eso se ve que me encontraba yo sin trabajo, sin cama y se me ocurrió, un día se me ocurrió, se me ocurrió salir a buscar trabajo pero por así que lejos fuera de mi lugar. Y entonces como no tenía otros medios, mi situación era difícil tratándose de recursos económicos. Dije, voy a arreglar mi bicicleta y voy a arriesgarme a correr 80 kilómetros. Y así fue, así fue, arreglé, chequé la bicicleta, así todo funcionaba bien.

Iba a correr más de 80 kilómetros, entonces empecé yo a caminar, esperé yo la noche, eran como las nueve de la noche y decidí, decidí, dije pues ya a estas horas en la carretera nacional, pues ya no hay mucho tráfico, no voy a correr mucho peligro. Y así fue que empecé yo a correr, me despedí de mi familia, de mis hijas, de mis hijos, me despedí y me puse a caminar en la bicicleta. Así que corrí como unos 40 kilómetros.

Entonces yo no conocía muy bien mi municipio, aunque soy de aquí, de mi lugar, de Tamuín, pero yo no conocía, no conocía muy bien. Y no sabía yo, bueno, no conocía yo el lugar donde me sucedió lo que estoy contando. Sucede que la carretera en partes, pues en estos lugares en partes es plano, muchos kilómetros plano y luego una loma y así, y así.

Y entonces llegué a cierto lugar, primero era plano, plano, y luego empecé a llegar a una subida, a una loma y por ahí como a la mitad de la loma, que después voy a mencionar el lugar porque en ese tiempo yo no conocía, no sabía yo lo que había en esas partes. Y entonces, entonces cuando yo llegué a la mitad más o menos de la subida de una loma, entonces alcancé a escuchar mucho ruido de gente que venía, que venía del otro lado de la loma. Pero solo escuchabas o también veías?

Nada más escuchabas el ruido o también veías a gente? Sí, sí escuchaba yo el ruido de la gente. Y entonces yo me orillé porque ese ruido de la gente me parecía conocida. Entonces yo me orillé, pues ya iba yo cansadillo y me orillé para esperar a que la gente pase. A mí lo que se me ocurrió pensar era que era un grupo, un grupo de gente que en ese tiempo, en esta parte de la Huasteca, que conocido acá es la Huasteca Norte, del estado de San Luis.

Y entonces ese ruido de gente pues para mí era un grupo de un movimiento que en ese tiempo se llamaba Movimiento Huasteco Democrático. Y yo no tuve nada de miedo, no, no, no tuve nada, nada de miedo, algo que me hiciera pensar de que fuera algo, que no, que fuera algo de lo normal. Entonces yo pensaba que era parte del movimiento aquel que mencioné.

Y así la gente pues venía con sus gritos, no sé si alguien de ustedes ha estado en el Zócalo de la Ciudad de México cuando hay manifestaciones y que la gente va gritando viva. Sí, sí, sí, cómo se voy a. Javier, permíteme, tenemos que hacer una pausa, regresamos contigo, no te vayas, por favor. El miedo for, mensaje de voz o de texto, 55-2193-59-26. Es hora de poner al descubierto lo que nos hace temblar, correr, gritar y sudar, la mano tenuda.

Yo en la vida tengo dos problemas, dificultad para dormir y dificultad para despertar, sabiduría en las redes. Porque no todo tiene explicación lógica, la mano tenuda. Continuamos con la experiencia de lo sobrenatural, estamos platicando con Javier, entonces oías como mucho barullo, ¿no? de gente. Mucho, mucho ruido de gente que venía gritando vivas, por ejemplo, que Zapata vive y que la lucha sigue y así por el estilo. Gritando con signas.

Y entonces, para ese momento, pues, como dije, pues a mí no me invadía ningún miedo, ningún temor de ese caso. Porque he estado en muchas organizaciones y he aprendido de que pues, yo pensaba que era gente que venía del otro lado del bordo. Y entonces sucedió que empecé a mirar la, lo que se llama, el hasta, la punta del hasta de la bandera. Y entonces fue, aquella gente venía de su vida, de allá para acá también venían de su vida.

Y yo estaba al otro lado del bordo, pero también estaba en su vida, ¿verdad? Entonces, entonces aquella hasta empezó a aparecer, a aparecer. Y me di cuenta que hundía la bandera. Y empezó a hundir la bandera y yo estaba, pues, por allí, en la orilla, ya estaba yo sentado, esperando ver la multitud de la gente. Para entonces a mí todavía no, pues no me invadía ningún miedo.

Miré cómo venía asomándose el hasta de la bandera y me di cuenta que la bandera era como cuando en el Ejército Nacional, ¿verdad? El día 24 de febrero el Ejército saca una bandera muy grande, ¿verdad? Y entonces me di cuenta que la bandera era más ancha de la, más ancha que la carretera de ese lugar. Revasaba el monte y me di cuenta que el hasta de la bandera pues eran. Para entonces ya, ya, ya la escolta que traía la bandera, pues entonces yo ya los, ya los estaba mirando.

Entonces eran, venían, venían en caballos. La escolta eran caballos, cada, cada, cada caballo con su jinete. Y traían la bandera. La bandera medía más de, yo recuerdo bien, lo tengo presente, que la bandera medía más de 20 metros de, de, de largo. Y el hasta pues era alrededor de 10 metros de alto. Los caballos eran pues como de 2 metros de, de alto. Los jinetes eran altísimos. Y había llegado a la loma.

Yo estaba al otro lado, como a la mitad de la parte de la loma, estaba yo en la orilla sentado. Y empecé a disfrutar aquello. Porque también, discúlpenme, también este, yo fui enseñado. Pues a no tenerle miedo a esas cosas, a esas apariciones. Son cosas reales que nuestro México está lleno de, de historias hermosas. Apariciones tan bonitas como por ejemplo la, lo que vio aquel conocido en la historia, Juan Diego. Le pasó un caso ahí y yo creo que sí lo vio.

Fui enseñado a creer de que las, las apariciones de nuestro México, como en otros países, son cosas reales. Entonces fui enseñado a no tener miedo. Sí. Mi forma de, de, de, ahora sí que, de rechazar mi miedo en la cabeza, yo fui enseñado a, a glorificar el nombre del Señor Jesucristo. Glorificar es decir, pedirle la ayuda a Dios y este, glorificar en otras palabras es decir, pues gloria a Cristo, gloria al Señor o, o en la mente decir ayúdame Señor, ¿qué es esto?

Entonces yo estaba disfrutando lo que yo estaba mirando. Los caballos eran más de dos metros de alto. El asa de la bandera era más de diez metros de alto. La bandera que ondiaba eran más de veinte metros de, de, de ancho. Para entonces me invadía un, me invadía un, un aire, un aire. Para entonces yo ya sentía un aire frío y este, y a mi modo yo estaba disfrutando. Y pensaba yo ¿qué era? ¿qué es eso? Y, y el sonar del, del caminar de los caballos pues venían los caballos con herradura.

Además pues en el asfalto se escuchaba los pasos bien claros, bien, bien bonitos, escuchaba que venían marchando. Y, y yo me alegraba cada vez que yo oigo la, la, cada vez que oigo entonar el himno nacional. A mí me, me da mucho gusto, yo creo que a todo nos pasa va, que nuestro corazón late de, de emoción entonar el himno nacional. Y, y yo esperaba de que al ver la bandera va pues yo estaba en mi mente bueno pues ¿qué es eso? Y algo tan hermoso, tan, tan bonito ver, ondear la bandera.

Yo lo estaba mirando, lo estaba viendo, era luna llena. Y, y entonces como alrededor como a unos 30 metros de, de, antes de que lleguen a, a donde yo estaba sentado me puse a pensar rápido bueno ¿qué es eso? ¿Qué es eso? De que la gente venía gritando pero, pero nomás era la escolta y los que venían gritando pues era una multitud muy grande. Y sus gritos pues eran zapata, vive y, y la lucha sigue y, y así por el estilo.

Y entonces, este, entonces a, como a los 30 metros antes de que lleguen a donde yo estaba entonces, este, entonces sí me pusía a pensar bueno ¿qué es eso? ¿Por qué me, me estaba pasando eso? Y, y como dijo un señor que hace unos días contó la historia casi igual a eso decía que el señor decía en su historia, decía yo me di unas cachetadas para ver si yo estaba vivo y Y me peliscaba, dice. Sí, sí.

Yo me di unas cachetadas y a ver si yo estaba vivo y, y a lo mejor era por, por hambre o no, pero no, no era eso. Era una realidad lo que yo estaba viviendo. Y entonces, entonces este, como a 20 metros entonces sí me invadía un, un frío. Pero como dije yo hasta, yo he sido este, me enseñaron a no tenerle miedo a esas cosas. Sencillamente es pedirle la ayuda a Dios, hacer una breve oración y, y bueno.

Entonces, entonces como a 10 metros entonces ya no se escuchó el paso de las, de las cerraduras de los caballos. Y yo estaba haciéndome fuerte, fuerte en lo que yo estaba mirando y este, y me di cuenta que, que los caballos ya no venían pisando el suelo, el asfalto de la carretera, no venían pisando, venían como que, como a un medio metro de, de, de arriba como, como si fuera en el aire más o menos. Y, y en eso pues ya me iban, iban pasando donde yo estaba.

Era la escuerta completa, como cuando miramos este la bandera, hoy en la, en lo normal miramos en la escuela o en algún lugar. La escuerta completa. Ya me iban pasando. Yo los estaba mirando. Y me pasaron. Y este, el frío pues sí entonces sí ya me estaba invadiendo y ya, ya estaba yo pensando, bueno que es lejos. Y digo, me acordé otra vez. Volví a la normalidad y me acordé otra vez. Y empecé yo a decir, bueno Señor Jesucristo pues sí, sí es tu voluntad ver qué es lo que hay.

Sí es tu voluntad pues, usted sabe si me quiere dar. Entonces yo me, para entonces yo me imaginé de que a la mejor hay algún, algún tesoro escondido. Algo que me tocaba a mí. Es lo bueno que yo entendía. Y este, como a los 15 metros que me habían pasado yo reaccioné. Reaccioné y dije yo los voy a seguir. Dije yo los voy a seguir y voy a ver. Voy a ver qué es eso. Voy a ver dónde se van a meter porque de antes en otras historias que nuestra gente cuenta.

Sí. Que cuando alguien encuentra un tesoro bueno pues, pues si es de él pues va a ver dónde, es donde se van a perder. Y ahí se facilitan las cosas. Pues allí, ahí está el, el tesoro. Es lo que dice la gente. Y entonces yo, yo me animé a seguirlo. Como a 20 metros yo ya iba también y ya iba yo como a unos 10 metros. Iba cerquita de los caballos. Y entonces este, la orilla de la carretera como en todos los lugares puede haber una veredita.

Y yo pues ya vi que se orillaron. Ya no iban por la carretera. Ya no iban en, en forma de escolta. Sino que ya, ya iban desde, desde quinetes detrás de otro quinete, detrás de otro caballo. Y agarraron la vereda, una filita de, de, de quinetes. Y entonces ya era monte y ahí la bandera ya no se vio. Pues ya ahí ya no, ya no llevaban la bandera. Y entonces yo caminé, caminé detrás de ellos como a unos 100 metros más o menos.

Y, y me di cuenta de que por ahí como a 100 metros ya, por esa vereda, ya en un rancho, en la orilla de la carretera como a unos 100 metros de retirado, estaba una casita de palma. No sé si, si saben que es una, una casita de palma. Claro, amigo. Ah, bueno, entonces, este, yo llegué como a unos 40 metros de, de, de aquella casa. Y me detuve porque como a 100 metros más adelante estaba una, una casa de, de lámina. Era, se miraba bien clarito, era luna llena.

Y este, se miraba bien clarito, en esa casa de lámina galvanizada había, se mira que había gente, había luz. Eh, había luz desde allí y se miraba la gente que se movía. Entonces ahí sí mi miedo era diferente, mi miedo era pues que me van a descubrir que, que ando haciendo yo alrededor de esos lugares, haciendo yo un desconocido. Oye, Javier, te voy a interrumpir, la pausa llegó. Permíteme el miedofón 55-2193-59-26. Lo oculto se pone al descubierto aquí, en La Mano Peduda.

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Nos gusta andar en banda. Sabiduría en las redes. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. La Mano Peduda. Imagínate no saber con quién te casaste en realidad. Un hombre que pensó que se había casado con la mujer de su vida, pero realmente lo que después descubrió fue tenebroso. Así es Gina, bueno ahorita lo platicamos. Tenemos en la línea nuestro amigo Javier, ¿estás ahí? Sí, así es. Perfecto, muchísimas gracias por tu paciencia.

Oye amigo, entonces ¿cómo vamos concluyendo esta historia? Porque está muy interesante y no queremos quedarnos picados amigo. Entonces mi miedo a ello era diferente porque como dije, estaba cerca yo de una casa donde sí había gente. Y en esa casa de Palma me di cuenta que allí, no sé si alguien, si ustedes saben lo que es un molino. Molino que había antes para moler caña. Sí. Conocido. Entonces ahí se perdieron aquellos caballos. Y yo me quedé ahí pensando que no debo yo de entrar en ese lugar.

Pues yo era así ajeno y ahí fue donde yo me retiré. Me retiré ya, me salí yo a la carretera caminando. Y la bicicleta yo la había dejado ya lejos por decirlo. Y me puse a pensar, bueno pues, ¿qué fue eso? Yo me puse a pensar ahí de que a lo mejor yo iba a correr un peligro de seguir con la bicicleta. Me faltaban alrededor de 40 kilómetros, me faltaba correr. Y mi historia en esta parte pues ahí termina. Me dan la oportunidad o tengo la oportunidad.

Diré por qué fue lo que me pasó eso en ese lugar. Me escondiré yo en ese lugar y por lo pronto me quedo con las ganas de seguir contando. Pero esa parte de la historia fue así como lo conté. Excelente mi amigo, estabas ahí me imagino yo como entre dos dimensiones, como en una realidad paralela. Y por alguna circunstancia quedaste tú en medio.

Pero bueno, me parece excelente tu propuesta amigo que más adelante entonces lo platicamos a ver cuál es tu postura, cuál es tu pensamiento de por qué te sucedió esto. Mi estimado Javier, te mandamos un fuerte abrazo hasta San Luis Potosí. Muy bien, les agradezco bastante, bastante. Y Nachito y yo siempre me ha gustado escuchar esas historias de nuestra gente. Algunos cuentan porque leyeron libros que para algunos es prohibido. Y sucedió, les pasó esos casos.

Todo se vale porque es una forma de escuchar nuestras historias. A mí me tocó esa parte sin haber probado algo. Era todo incusio, era todo normal. Y me da mucho gusto Gina y Nachito. Muchos saludos para los radioescuchas. Que tengan muy buenas noches. Igualmente mi amigo, buenas noches hasta San Luis Potosí. Nos despedimos de nuestro amigo Javier. Que vaya que nos contó una historia, algo extraña, algo extraña de verdad.

Ir caminando y de repente ver ondear una bandera con mucho escándalo, mucha garabía. Y ver unos enormes caballos con su jinete. Bueno, hagan de cuenta que fue una película de esas que a veces no es fácil entender. Y si más adelante lo volvamos a contactar. Sí, para que nos siga platicando. Eso es un hecho. Bueno, mientras se contacta la llamada que está aquí en espera. Pues estamos hablando de esta esposa bruja. Unos jóvenes que se casaron, todo iba bien con este joven matrimonio.

Además ella era una persona, una mujer muy bella. Muy ascendosa y excelente cocinera. El único inconveniente era que todos los días pisaba moronga. Situación que con el tiempo empezó, por supuesto, a fastidiar. Y a esquear al recién casado. Y un día platicando con un amigo de la infancia le comentó su enfado. Ante ello el amigo no se aguantó las ganas y le contó lo que muchas veces se le advirtió. Pero que él no tomó en cuenta. Y le dijo, pues tú sabes que se dice que tu esposa es bruja.

Y que por las noches sale a la calle en busca de sangre. Espía la de madrugada y verás el joven esposo sin decir nada. Y ya le entró la duda y la cosquilla mucho más y dijo, no, se me hace que sí la voy a seguir. Se fue a su casa confundido y hasta cierto punto asustado. Al llegar a la puerta de su hogar, nuevamente le llevo el aroma a moronga guisada y dijo, no, no más. El hombre cuestionó a su mujer sobre el repetido menú. Y ella le respondió de una manera poco convincente.

Que era porque su padre era dueño del rastro. Y lo que no se vendía se lo repartían entre los hijos. Que a su hermano mayor le tocaban las vísceras, a su hermana las patas y a ella la sangre. Pero después de esto, ¿qué sucedió? Ahorita te lo vamos a comentar de esta esposa bruja. ¿Será posible? Que todos los días guisaba moronga y bueno, pues está bien, así como un antojito un día, ¿no? Una que otra vez. Pero ya como algo, como si fuera parte de la dieta diaria. Pero déjale eso, Nacho.

Lo que se comentaba de ella, que era al principio, quizá el amor lo cegó. Y dijo, no, esto es pura mentira que están diciendo los demás. Pero pues ya las coincidencias eran más frecuentes. Y pues las cosas se fueron complicando. Ay, no inventes, Ina, qué cosa tan terrible. Oye, y además, que le digan, somos amigos, ¿no? No te quería decir, pero ya sabes lo que se comenta acerca de tu esposa, que ella es bruja. En ese momento le suelto uno. No, ¿verdad?

Quién sabe, la verdad es que, pues en muchos lugares sí se tiene la confianza para decirse, ¿sabes qué? Es que tu esposa hace prácticas prohibidas o hace prácticas raritas. Así que pues ni que ni se te haga extraño, mi amigo, ni se te haga extraño. Por alguna razón ella gusta de guisar moronga. Además, ¿de dónde sacará la moronga, no? Para hacer el guiso. Ay, no, nada más de imaginarme, Ina, me da hasta no sé qué. Vamos a escuchar un audio. Sí. Historias de mi pueblo.

Hace ya muchos años me sucedió algo en el mes de diciembre que cuando lo recuerdo siento la misma sensación de miedo y escalofrío. Trabajé muchos años de taxista en el sitio mercado y esa vez yo entregaría el carro a las 9 de la noche. Pero eso de las 6 de la tarde sonó el teléfono base. Me pidieron una carrera de Ciudad Valles al Hospital General. Al principio les dije que no porque iba a venir de carrera. Pero se veían muy angustiados que al final acepté.

Fui por ellos al pueblo nuevo y nos fuimos a Valles. Era un señor ya mayor con su esposa enferma. Al llegar me pidió que lo esperara. Yo le iba a tardar y nunca salió. Yo iba a ir, pero como no me había pagado, tuve que esperar. Serían casi las 11 de la noche cuando llegó y muy apenado me dijo que se tenía que quedar. Pero me pagaría la carrera de ida y vuelta. La verdad no acepté, solo recibí lo justo. Me fui a cenar ahí afuera del hospital y ya media noche me salí para Tamuén.

Apenas había avanzado pocos metros cuando una mujer me hace la parada. Era una enfermera muy jovencita como de alrededor de unos 22 años. Me detuvo y le dije, soy de Tamuén, voy de paso. Yo voy para allá, soy de la estación Las Palmas, me dijo. Se subió el taxi en el asiento de atrás y en todo el camino no dijo ni una sola palabra. Yo de vez en cuando la veía por el retrovisor. Se notaba un poco pálida, tenía el pelo al suelto que le tapaba los ojos.

Yo supuse que iba a dormir y no hice por platicar. Llegamos a Tamuén y tomé por la calle Jarrilla. Empezó una llovizna muy ligera y las calles estaban solitarias. De vez en cuando se veía una luz de algún carro que cruzaba por otra calle. Perdí el radio y el ocultor dio la hora. Era la una con cinco minutos. Cuando íbamos cruzando por el entronque de la estación Tamuén. Llegamos a Las Palmas y le dije que por dónde le daba. No me contestó.

Pero antes de llegar a la escuela, con la mano me hizo la señal que era derecha. Avanzamos varias calles, muy oscuras por cierto, hasta aquí llegamos. Había una cerca de tarimas y al fondo se veía una casita humilde. La joven se bajó y me dijo que la esperara, que iba por dinero. Baje un poco el vidrio y la vi entrar a su casa. El frío empezaba a calar así que cerré las ventanas. Pasaron varios minutos y no salió. Yo ya estaba desesperado así que me bajé del taxi y entré al solar.

Los perros empezaron a ladrar. Buenas noches, grité. Buenas noches. En ese momento sí es un silencio total. Se escucharon ruidos en la casa y salió un señor ya de data avanzada. Buenas noches, me dice. ¿Qué se le ofrece? Disculpe, lo que pasa es que traje a una señorita de Valles vestida enfermera y se metió a su casa por dinero para pagarme, pero no salió. El señor volteó al cielo y con voz entrecortada me dijo. Disculpe señor, cuánto le debo.

Ella es mi hija, estudiaba enfermería, pero hace años murió de leucemia. Ya no le contesté. Solo me di la vuelta, me subí al taxi y no paré hasta llegar a mi casa. Años después alguien me platicó que en verdad ahí en Las Palmas falleció una jovencita que estudia enfermería y que su padre rezaba mucho para que ella algún día ya descansara en paz. Esta es una más de las historias de mi pueblo. Tamuyin San Luis Potosí.

Gracias por estar aquí presente y Tamuyin San Luis Potosí hoy, Nacho, está muy muy presente. El primer relato también fue de allá. Vámonos a un corte, cincuenta y cinco, veintiuno noventa y tres, cincuenta y nueve, veintiséis. Conocemos la leyenda y la hacemos realidad. La mano tenuda. De algo hay que morir, dijo el gato romántico, cuando se enamoró por séptima vez. Sabiduría en las redes. Porque tenemos mucho que decir la mano tenuda.

Continuamos con más experiencias y todo lo que conoces de donde has vivido o donde actualmente radicas y que tiene que ver con lo paranormal. Por supuesto queremos saber estas leyendas o experiencias que a ti mismo te apagas. Ahora nos vamos a ir con Panda Trockin. ¿Cómo estás? Buenas noches, bien, gracias. ¿Cómo están ustedes? Bien, nos quedamos con relatos pendientes contigo y ya estamos aquí contactándolos. Claro que sí. Estás en Nuevo Laredo, ¿verdad?

Ahorita estoy aquí en San Felipe, Colosmochas. Ah, buena foto, ok, perfecto. Pues vamos a escucharte, Panda. Perfecto. Bueno, mi segundo relato pasó hace ya un promedio de 23 años. Yo estaba en la frontera con el río Texas. Ahí empieza todo. Yo estaba acostado a la orilla de lo que es el río Bravo porque ese día estábamos, bueno, ahí vamos a brincar de ilegales. Y ese día era la noche, eran como las 12, 12 y algo ya de la más o menos, ya madrugada.

Y estaba yo dormitando cuando alguien empezó a chistar, pero yo no lo miraba porque estaba muy oscura ahí en el río. Y a lo lejos logré mirar una silueta de una persona que me estaba hablando. Entonces, pues yo al verla, yo lo que hice fue mejor me deseparar donde estaban los demás chavos que estaban conmigo. Y bueno, esa vez ya no pasamos. Y yo me regresé para León. Entonces, llegando yo a León, llegué en la mañana.

Estaba muy cansado, pero no quise dormir, sino hasta la noche para dormir más a gusto. Yo tenía un sobrino que tenía como un año de nacido. Y ellos vienen a la parte de arriba del casa. Entonces ya eran por ahí como de las igual, como entre 12 y 1 de la mañana. Cuando escuché que empezó a llorar un niño, pero ese niño lloraba con un llanto como de un niño recién nacido, no de un año como el tenía mi sobrino.

Entonces, escuché que estaba llorando arriba, pero yo no escuchaba que alguien estuviera no sé, arrollando o algo. Después escucho que yo era en la escalera. O sea, se iba acercando. Sí, se iba acercando más el ruido. Entonces, yo pensé, ¿quién es? ¿Por qué no se escucha que alguien esté queriendo arrollar o que pasos arriba? No se escuchaba nada más que el puro llanto. Entonces, después se escucha el llanto a mediación de la escalera.

Y se me hace raro porque no se escucha que bajen la escalera ni que estén hablando, o sea que estén tratando de callarlo. Después ya se escucha, pero ya en la planta baja. Y bueno, porque se sigue escuchando el llanto de este niño y no se escucha a alguien que le esté, no sé, arrollando. Pero nunca escuché que alguien bajara o caminara. Entonces, yo estaba callado escuchando, tratando de ver si alguien le hablaba o lo trataban de calmar cuando llora afuera de la puerta de mi cuarto.

Y yo me quedé callado para escuchar si alguien estaba ahí con él. Y en ese momento que yo me quise parar para ver quién era el que estaba afuera y por qué estaba llorando este niño, me lloró en la oreja. Me lloró muy fuerte en la oreja, pero fuerte, fuerte, algo así como un grito. Pero hazle cuenta que este grito se convirtió como en un grito como de un puerco. Que me gritó como entre voz del niño y la voz de un puerco, en la mera oreja. Y en ese momento la luz del cuarto se fue.

Yo tenía luz prendida. Y yo estaba, yo he cobijado con una sábana muy, muy delgadita. Se podía ver todo a través de la sábana. Entonces yo miro que se va la luz de mi cuarto, pero yo miraba, hazle cuenta como si hubiera una luz así algo que dejaba ver las cosas. Y yo miré para la esquina de mi cuarto y miré que estaba una persona sentada. Pero esta persona era una persona de toda denerbo y con una cara blanca, pero con muros mismos. Pero no tenía ojos, no tenía boca.

Era la pura silueta de esa persona que estaba sentada en la orilla del sillón que yo tenía ahí en el cuarto. Entonces la persona estaba sentada con una cara abajo y de repente las manos nos levanta y la deja caer así en sus rodillas. Y dice que no, pero como en modo molesto. Entonces se levanta y voltea a donde yo estaba hacia la cama. Y en ese momento abre las, como se llama las manos, las pone así como en forma de ET.

Y se viene a donde yo estaba, pero lo curioso fue que él no caminaba, sino que se venía deslizando así como flotando. Entonces llegando a donde yo estaba, él vuelve a voltear a donde yo estoy, agacha esa mirada y vuelve a decir que no y baja las manos golpeándose a la altura de las chapareras. Y en eso levanta la rodilla y me la pone aquí en el pecho. Y yo sentí como empezaba a asumirme el pecho, muy fuerte, era algo muy pesado.

Lo que yo sentí en mi pecho cuando él me estaba poniendo la rodilla, pero él se estaba carcajeando, pero yo no le miraba nada en la cara, era la pura silueta blanca, más no se miraba nada, pero escuchaba cómo se estaba carcajeando. Entonces yo quería moverme, pero yo no podía, quería hablar y tampoco. No puede ser nada más que solo mirarlo. Pero lo curioso era que yo cerraba los ojos fuerte porque yo estaba viendo a esa persona y aún con los ojos cerrados yo seguía viéndolo.

Lo curioso era que yo lo seguía viendo con los ojos cerrados. Entonces, ¿qué hago? ¿Qué puedo hacer? Lo que hice fue rezar la magnífica, yo me la sé de memoria. Y empecé a rezar la magnífica y ya cuando iba a terminarla, se empieza a ver como desde abajo, así como que una bruma, una tipo bruma, bruma, bruma, bruma, hasta que se desapareció llegando a su cabeza.

En ese momento yo, yo ya puedo moverme y lo que hice fue como que quedé muy cansado con cuando se me subió así en el pecho la rodilla y me levanté. No me levanté corriendo, no me levanté desustado, solo me levanté tranquilo y en el sillón que estaba en la esquina de mi cuarto estaba mi hermano. Entonces yo lo desperté y le pregunté, oye, no escuchaste nada, no viste nada. Dijo, mira, yo la verdad nomás escuchaba que tú estabas pujando, pero yo pensé que estabas soñando y no te quise despertar.

No, le dije es que se me acaba de subir el muerto. Y ya no, pues ya no pasó nada, yo me volví a acostar porque pues ese día, eso pasó a los pocos días. Este, yo estaba de nuevo acostado y esta persona vuelve, pero ya no volvió como la otra vez que se apareció y se fue la luz, no. Solo que la luz estaba apagada y yo miré a esta persona que estaba, estaba a uno de mí y se estaba carcajeando y me tiró un golpe en la frente.

Me sentí el golpe como si hubiera sido una persona real, la que me pegó en la frente. Entonces, este, yo ya no aguanté porque sí fue muy fuerte y yo miraba, yo ya le pude ver la cara y era una cara así como, haz de cuenta, una boca muy larga, así como abierta, pero no se le miraba nada dentro de la boca, solamente era la pura, como un hueco oscuro, no se le miraba nada, dientes, nada, solamente la boca grande.

Y yo me levanté gritando, o sea, yo me levanté gritando, incluso le hablé a mi mamá que viniera porque yo estaba muy asustado. Sí. Entonces ella dice que llegó. Yo de eso ya no me acuerdo porque yo, yo me quedé dormido. Dice que ya llegó al cuarto y empezó a rezar una oración a, ¿cómo se llama? a Cristo el Rey de la Montaña. Y dice ella que ella prendió la luz y empezó a rezar la oración.

Y el momento de terminarla dice que miró cuando se movió muy brusco las portinas de mi cuarto y que sintió que le salió corriendo, pero no lo pudo ver, solamente sintió cuando salió corriendo y se movieron las portinas. Entonces ahí no quedó ahí. Bueno, eso nada más fue esa vez que ella me rezo y a por medio del rezo, pues esto se calmó. A los pocos días llega un tío que vivía en Tijuana que ya para descansa. Y estábamos ya, pero en otro cuarto, ya estábamos, nos cambiamos otro cuarto.

Sí. Y teníamos una cama grande y una chica. En la chica yo dormía, pero como llegó mi tío, la dejé en esa cama chica y me fui a la cama grande. Y en la noche escuché que mi tío se estaba ahogando y estaba tosiendo muy fuerte y me decía que le ayudara porque que le pegara porque estaba ahogando. Y yo lo miraba y digo, está bien. Y me decía que no, que le ayudara, que le pegara en la espalda. En la espalda, si tuviera algo atorado.

Entonces cuando yo me levanto y quiero ayudarlo, porque yo lo miraba que estaba sentado y estocía. Y yo pensé, dije mi mamá va a venir porque tosía muy fuerte. Y dije mi mamá lo va a escuchar y también va a venir a ver qué es lo que tiene mi tío porque tosía muy fuerte y hablaba y gritaba que le ayudaran.

Entonces yo me paro y prendo la luz porque tenemos un cable que colgaba en medio del cuarto para prender ahí la luz, para no ir hasta las paredes, sino que ahí lo más lo levantabas y lo tocabas luego luego. Y prendo la luz y mi tío estaba acostado, pero mirando hacia la pared, no hacia mí. Nunca estuvo sentado, nunca estuvo quejando, él estaba dormido. Entonces yo me quedé, entonces qué fue lo que estoy viendo? O sea, quién me estaba pidiendo que le ayudara?

A quién le estaba yo hablándole y por qué nadie viene a ver qué pasó? Entonces, bueno, ahí quedó. A los pocos días, yo era muy amante a jugar al melate. Y estaba yo acostado, pero yo seguro estoy de que yo no estaba dormido. Yo sé que dormido no estaba. Entonces, entre el sueño primero yo estaba dormitando. Les digo que es como dormitar. No estaba tanto que dormido, sino que apenas como que empezaba a relajar mi cuerpo.

Cuando miro una virgen, fíjate lo raro, era una virgen la que estaba parada enfrente de mí, pero esa virgen me decía que fuera con ella, que quería que yo estuviera con ella. Así me entiendes? Sí. Y yo decía no, es que tú eres una virgen, pero yo me daba miedo. Yo miraba a la virgen y me daba miedo. Entonces, la virgen se empezó a quitar su ropa y di otro cuerpo. Ella no era un cuerpo de una mujer, sino era un cuerpo así como de un animal. Y yo quería no verlo, pero pues lo estaba viendo.

Entonces, me decía, yo sé que tú quieres dinero. Yo sé que te gusta mucho el melate. Yo te puedo dar mucho dinero. Me decía, pero tú solo dame el alma de un bebé. Dice, no, es que yo no te estoy pidiendo dinero ni mucho. Yo tenía mucho miedo. Yo apenas podía, pero lo que hablaba lo hablaba mental. Yo no lo hablaba como ahorita. No, era todo a la mental. No, yo no te puedo dar eso. ¿Cómo crees? No, yo no te pedí más. Vete, yo no quiero ni que seas aquí. Entonces, ese día pues ya se fue esa cosa.

Lo curioso aquí, fíjense lo que voy a explicar. Hay una película que se llama Macario. Ajá, sí, claro. Y algo parecido me pasó a mí. No mucha gente me lo cree, pero bueno, yo que lo viví, sé que hasta hoy día pues bueno, gente que sí le platiqué, me creen todo eso que les voy a platicar. Después de días, yo estaba dormido y Pérez era dormido. Y en el sueño llegó, yo le llamo la purohuecito, pero obviamente la conocen como la muerte. Llegó y me dijo, yo vine a cuidarte.

Dije, mira, yo no te estoy pidiendo que me cuides. Yo te tengo mucho miedo, pero también tengo respeto y yo no te voy a pedir nada y no quiero. Yo no te pedí nada. Dijo, no te preocupes, me mandaron a cuidarte. Yo voy a estar aquí para cuidarte. Pántate, permíteme. Tenemos que hacer una pausa y aquí nos quedamos en suspenso en tu relato. Regresamos contigo.

Nos despedimos de las estaciones en la República Mexicana que solamente nos transmiten una hora y regresamos con el resto de la República y Estados Unidos después de la pausa. 55, 21, 93, 59, 26. Las historias tienen muchas formas de contarse, pero solo una de comprobarse. Aquí en La Mano Peluda. El miedo a sufrir es peor que el propio sufrimiento. Sabiduría en las redes. Porque conocemos de raíz a los especialistas. La Mano Peluda.

Anda, te interrumpimos porque ya sabes que no podemos detener la pausa, pero ya estamos contigo nuevamente. Claro que sí, no, no importa. Bueno, entonces yo le decía que yo no quería nada, que yo no, yo no, yo no se lo pedía y bueno, pues si era, si ella estaba ahí, era porque ella quería y pues que fuera lo que ella decía, pero que yo no le estaba pidiendo nada, que yo no, yo no, yo nunca le pedí nada ni la invoqué, ni mucho menos.

Entonces, a los pocos días, de igual manera, yo estaba dormido en, en donde antes era mi cuarto, pero que rayas una sala, estaba yo ahí tirado en el suelo, estaba acostado. Entonces eso fue lo más bonito que me pudo haber pasado después de todo lo malo. Estaba yo acostado y yo miré que llegaba el Jesucristo, pero era un, era como con un, tenía como un borreguito en la mano. Entonces me decía él, este, yo vengo porque tú has sido muy, muy malo.

Eres la oveja descarreada de, de cómo, le di un nombre que no puedo recordar. Entonces yo le decía, no es que tú no puedes estar aquí porque como tú dices, yo he sido muy malo y yo el hecho de que no estás aquí conmigo, yo te estoy ofendiendo. Yo, yo no, no, yo no estoy diciendo que no estés conmigo porque no, no ha sido muy bueno como para que tú vengas conmigo. Hay más gente afuera que de veras merece que tú los vayas a ver y pierdas el tiempo conmigo. Yo, yo, yo qué te puedo decir?

Y me dijo, no, es por eso que vengo contigo porque tú eres la oveja descarreada. Y yo le decía, pero es que, ah, pero para esto hay una paz, una paz que jamás voy a volver a sentir. Esa paz era, estaba ya tan relajado que no te puedo explicar qué tan, qué tan, qué tanto era la paz que yo tenía en ese momento. Era algo bien, bien, que nunca he vivido en mi, en mi vida. Aunque esté bien relajado y bien tranquilo, nunca he podido estar como esa vez.

Estaba bien relajado y él me dijo, no, mira, yo sé que tú a lo mejor no me crees. Dijo, pero toca mis manos. Y en eso él le tira sus manos como si fuera a agarrar agua. Y yo miro esos manos, pero sus manos tenían un agujero, pero su agujero no estaba en la palma de la mano. Su agujero estaba en la muñeca. Ahí tenía el agujero que muchos dicen que está en la muñeca. No, él lo tenía en la, en la, perdona, que estaba en la palma. Él lo tenía en la muñeca.

Entonces yo agarró sus manos y vi a Monita que estaba en la palma hacer algo así como que yo me sentía bien protegido, bien seguro. Yo no tenía miedo, tenía ganas de que nunca se fuera. Y en ese momento no recuerdo quién me fue y me despertó. Y cuando yo abro los ojos, yo estaba con las manos arriba como agarrando algo y yo todavía sentía así como que estaba agarrándolo a él. Y yo les dije, es que ¿por qué me despertaron? Si estaba conmigo Jesucristo, ¿por qué me tienen que?

O sea, se hubieran esperado mínimo un rato más, no sé, estaba llorando con él. Sí. Y, y este, bueno, ahí quedó todo eso. Al poco tiempo después, ya, ya casi para terminar el trato, al poco tiempo después, sigo yo en el camión. Me voy de viaje en el camión. Y ese día me tocó irme por el lado de Aguascalientes y llegar allá para Betagrande y de Betagrande al río Rumbosacatecas. Y, perdona, rumbo a Saldillo, pero por el lado de Zacatecas. Y esa vez me quedé en una que se llama Villa de Cos.

Ahí había un, es el único lugar que hay para pararse. Entonces yo me quedé ahí y estaba yo, este, queriendo dormir cuando alguien me toca la puerta en el camión, me toca la puerta bien fuerte por el lado del piloto. Entonces yo hasta dije, a lo mejor ya se amanecieron porque estoy aquí parado, pero no, es que es un lugar para camiones y no tienen por qué molestarse. Entonces yo voy y me asomo y yo no, yo no vi nadie y nomás estaba yo. El locurso que nomás estaba yo parado ahí.

Y, ¿y quién me vino a tocar? Pues está Andamayo de solo y aquí no veo nadie, es pro oscuro. Ni que no, no sé quién es. Entonces prendí los reverseros y no, yo no miraba nada y me bajé del camión. Fíjate que le di la vuelta y no, no, no había nadie que me hubiera tocado. Me vuelvo a acostar y me vuelven a tocar, pero me tocan por la puerta del camarote. Tenemos unos tipos con puertas en los camarotes y ahí me pegó en el camarote.

Entonces rápido, yo rápido salgo para ver quién me había pegado y miré por el retrovisor y no era nadie. Entonces dije, no, pues no, no sé qué está pasando aquí, por qué me están pegando y quién es. No, no, no hay nadie que, que me esté, que yo mire, que me esté molestando. Entonces me acosté y ya no, ya no, este ya no pasó nada. Y estaba yo acostado ya queriendo dormir. Cuando me vuelve a pasar eso que se me sube el muerto y me dijo, hace mucho frío en el suelo.

Y yo, pero así como que me dijo, no, dijo, tengo frío, está muy frío el suelo. Y yo me pude volver a mover cuando después de que todo eso pasó, me pude mover. Y yo, ¿quién fue? ¿y por qué? ¿Quién habló? Y yo estaba acostado, pero no, yo no me pude mover de ahí porque estaba, estaba, este, que tenía que descansar.

Y en la mañana muy temprano me levanto y cuando yo me bajó del camión, estaba la, estaba una cruz ahí a uno de mí, una cruz, este, de una persona que lo mejor por ahí no sé, mataron o qué sé yo. Y era la persona de un, era la cruz de un hombre. Y sí, porque el que me dijo, fue un hombre que me dijo, está, hace mucho frío, está muy frío el suelo, pues sí me dijo, está muy frío el suelo.

Entonces yo quiero pensar que a él lo mataron de noche y estaba tirado en el suelo y el suelo estaba muy fresco. Entonces, este, pues eso fue lo que, lo que me pasó. No, oye, y es que, banda, tú cantas por todas partes debido a tu trabajo. Sí. Esto puede ser muy común, este tipo de situaciones extrañas. Fíjate que, que como les digo, siempre me ha pasado, ya tan seguido que ya no es así como que me asustan, ya no tan fuerte.

Sí, como te digo, siento mucho el miedo porque sí es un miedo, pero ya no es como al principio que, que yo quería salir corriendo, que yo quería salir así como que sentía que, que, sentía tan feo que, que gritaba, yo me desesperaba y salía, salía casi corriendo, ya no. Hoy, aquí donde estoy parado ahorita es un entronque, aquí es el entronque de San Felipe con, con la carretera León. Aquí primero llegas a Asilado.

Es solo un entronque, hay varios camioneros aquí, pero están muy, muy separados y es puro, es puro solo, es puro cerro, es puro, eso es puro cerro. Entonces aquí es para que uno tenga miedo de pararse aquí. Solamente que lo único bueno es que está el federal ahí en el entronque y ese nunca se mueve de ahí. Bueno, de lo que sí no se mueve, pero porque va a dar rondín, pero aquí está siempre el federal. Es lo único por lo que uno se para aquí, por la seguridad de que está el federal.

Pero eso de que el federal esté ahí no quiere decir que porque está el federal, si son entes, los ellos quieren pueden tener miedo de un federal. Entonces, este uno aquí está expuesto a todo ese tipo de fenómenos. Se puede decir paranormales. Entonces ahorita igual, de hecho, me quiero acostar y quiero dormir, pero no sé como que tengo ese presentimiento de que algo va a pasar hoy. Pero ya no es así como que me da miedo. O es como que ya lo estás asimilando y tomando hasta como algo cotidiano.

Sí, de hecho, lo que lo que hago normalmente cuando esto pasa es el celular, lo pongo en Facebook y pongo programas, no sé, como películas o algo. Y mientras está la película aprovecho para dormir. Y ahora he dormido, pues si esto pasa, pues ya estoy dormido. Ya no siento tan fuerte como cuando estoy tratando de dormir, que apenas empiezo así como que a dormir tal es más fuerte. Pero ya he dormido ya, ya así como que ya siento que haces como un sueño, ya lo dejo que pase ya.

Ya no es así como que mucho el miedo. Oh, bueno, pues gracias por estarnos compartiendo poco a poco tus experiencias y seguramente hay más. Te deseamos excelente noche y que no suceda nada de lo que no deseas que ocurra esta noche. Y mientras tanto, ahorita recuéstate y seguimos escuchando relatos, ¿no? Claro que sí. Gracias de que estén bien, que tengamos la noche. Igualmente tú. Saludos. Gracias igual. Bye. Hasta luego, mi amigo. Pues mira, la verdad es que este relato da mucho que decir.

O sea, mucho comentario podríamos sacar. De entrada, eso que él entre que soñó y no sabe si fue real o no fue real, pero que se le apareció una virgen que al poco tiempo lo quería seducir. Eso nos da a entender que, pues, a veces el diablo puede tomar apariencias que nos hagan bajar la guardia. Buenas noches. ¿Cómo te llamas? Hola, soy David de Atlanta. ¿Cómo han estado? Muy bien, David. Qué bueno que nos reportamos contigo. ¿Por qué? ¿Tienes más relatos? ¿Qué tal? ¿Ya estás en casita?

Claro que sí. Sí, aquí estoy con mi gatita acostado en camita. Ándale, tu gatita, acompañándote. Y bueno, vamos a escuchar lo que tú quieres platicar. Sí, claro. Nos tengo un relato que termina con una pregunta, que a ver si me pueden ayudar a responderla o con el maestro Soham. Sí. El último relato que le conté hace como dos meses, les conté el de Máximo, el nahual que me ayudaba y hablaba con él.

En eso yo les comenté que cuando estaba con él me junté con unos amigos que hacían... que eran brujos, eran descendientes de brujos. Entonces ahí, ahí empieza el relato. Empezó en el 2010, yo tenía 18 años y yo tenía un tipo de visiones que iban a llegar a la escuela que yo iba, ya en la high school. Esté dos personas que iban a tener mucha fuerza psíquica, según yo tenía esa evidencia. Pues pasó, llegaron, era un hermano y un hermano.

Una amistad increíble nos llevamos, una amistad muy, muy rápido creció, o sea, mucha confianza. Sí. En eso me llevan a su casa y con su mamá y pues es muy bonita amistad, la verdad. Fue muy bonito, muy rápido todo. Entonces conocí un amigo que ellos tenían que estaba muy metido... No supe explicarlo. Él estaba metido en todo. Él era muy joven, yo recuerdo que tenía como 25, 26 en ese tiempo.

Y sabía demasiado, te sabía la Biblia, te sabía cosas que no sabía ni la Biblia, te sabía hechizos, le rezaba él a la muerte. Pero aún así está medio confuso porque la misma vez estaba muy conectado con Dios. Dijeron ustedes, ese tipo de personas que están, no sé si confundidas o no sé. Sí. Pero aprendí muchas cosas de él. Les cuento una historia rápida, una vez me tenían practicando y aquellos dijeron que me iban a enseñar, perdón, me dejaron una parte.

Este muchacho, su señor, cuando me conoció me hizo muchas preguntas. A ver, vamos, ahorita nos dices qué tipo de preguntas. Vamos a la pausa y regresamos contigo, por favor, David. 55, 21, 93, 59, 26. Porque la verdad se esconde bajo la leyenda. La ponemos al descubierto aquí, en La Mano Peluda. Hey, Marca, ya sé que tú igual nos estás escuchando. ¿Te interesa crecer? A nosotros también. No pierdas más el tiempo y anúnciate con nosotros en rss.com.

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Entonces, regresamos que me conoció y me hacía muchas preguntas. Que si tenía un lunar en la espalda en cierto lugar. Y yo digo, no, yo no sé, yo no me veo en la espalda. Me acuerdo que me pidió que me quitara la camisa y se lo enseñara. Y dice, sí, ahí lo tienes. Es que tú eres hijo de la luna y no sé qué empezar a decir. Y después me decía, tú tienes una atracción muy grande por el francés, ¿verdad? Y le digo, sí, en hecho estoy aprendiendo. Y él decía, y empezó a decir muchas cosas.

Entonces él me dice que, que... Tener en cuenta que me describió muy bien la verdad. Mi forma de ser, por primer día que nos conocimos. Y me dice que, que una vida antepasada yo y él fuimos amigos. Y pues sí, un tema muy interesante. Entonces en eso, como la tercera o cuarta vez que ya nos miramos. Me preguntaba, si ya tienes un hijo, ¿por qué no estás casado? Y yo no, pues un día, un día, y un día, y un día.

Y siempre me hacía preguntas de que si ves a una persona que usa la calle, ¿la ayudaría? O si a esta persona se le quedó el carro, ¿te pararías para ayudarlo? Y yo, pues no, sí, sí, yo siempre respondiendo que sí, que yo ayudaría. Entonces en tanto me dice, es que tus ojos tienen mucho. ¿A qué te refieres? ¿Qué mis ojos tienen mucho? Me dice, es que tus ojos tienen mucho. No estaba seguro, pero sí es cierto. Y yo digo, ¿a qué te refieres? Me dice, es que tú eres uno de los últimos profetas.

Y eso explica por qué me han pasado muchas experiencias, como les he contado. Entonces yo, yo me quedé, wow. O sea, yo en ese tiempo realmente era muy creyente al catolicismo. Hoy en día me esaparte. Y no creo, no me meto a nada. Creo, más bien creo, pero no me meto a nada. Yo solito me puedo defender. Pero en ese tiempo yo estaba muy honrado. Me sentí que me dieron el, me dijeron lo más lindo que escuché de mi vida. Y pues él me dijo que me iba a entrenar.

Pero yo sí le dije, pero si tú estás en otras cosas metidas, ¿cómo me vas a entrenar? Me dijo, no, yo te voy a enseñar los pasos básicos, las cosas. Y ya después yo te voy a seguir a, ¿dónde tienes que ir? Y digo, bien, ¿quién tienes que hablar? Perfecto. En eso me ponía a mirar la vela en un cuarto oscuro. Me ponía a sostener un vaso de agua. Me ponía a sentarme en un cuarto vacío. Y me hacía ver las paredes blancas. Para que se vea mi tercer ojo. Y sí, visiones, me hacía tener visiones.

Y ahí ya estaba acompañada la mamá de mis amigos. Y en un dato muy curioso, yo tenía, me ponía a sostener una vela blanca. Y eso que solamente ellos podían tocar, la sacaban de un lugar especial, un específico lugar de su casa. Estaba esta vela que yo no sé bien dónde estaba. Solamente ellos sabían. Y la sacaban, la prendían. Y al momento que prendían esa vela. Yo tenía unas visiones que me iban lejísimos al futuro. Cosas, guerras, tsunamis. Miraba cosas bonitas igual.

Me acuerdo que hasta recuerdo que estaba como que nadando en el espacio. Y tocaba como una, pensaba que eran estrellas, pero eran como polvitos, piedritas negras brillantes. En una me fui como un futuro muy lejano donde el mundo estaba destruido. Y como que parecía Marte, así rojo, desierto. Había monumentos como la Torre Eiffel, la estatua de libertad destruidos. Yo no dije nada. Entonces ellos me dijeron, te fuiste muy lejos, regresate porque te vas a espantar lo que vas a ver allá.

Entonces yo abrí los ojos y yo me espanté. Dije, ¿cómo supieron lo que estaba viendo? Y yo me decía, no, no podemos meter en tu cabeza. Dice, nosotros estamos en otro nivel. Dije, wow. Otra lección, recuerdo que una noche nos atacaron, se fueron unas brujas. Hubo una posesión que no quiero tomar el tema porque fue una de las muchachas, y siento que le faltaría respeto ya que me prometieron no descuadrar esa parte. Pero hubo una posesión.

De ahí me sentaron a mí en una silla, me sacaron esa misma verna. Y me dijeron, tú vete a hablar con las brujas. Yo como unas brujas, sí, son unas brujas que están vivas, pero te vienen a pedir a ti y a tu hijo y a todos nosotros nos quieren matar. Dije, pero yo no conozco a nadie. Dice, es porque eres tú. Y luego tu hijo heredó tu mismo don, y es muy raro que papá y hijo tengan el mismo don. Entonces me dijeron, muy espantado. Yo la verdad era muy miedoso.

Me di un montón de miedo, no quería ir. No sé cómo me convencieron. Me sientan en la vela, se ponen mis amigos, ellos. Alrededor me hacen un círculo, prenden la vela. Y al momento que prenden la vela, sentí como que algo me jaló mi cabeza, mi cuello, mi pelo. Y me jaló para arriba, miré cómo salí de mi cuerpo. Ahí miré cómo salí del techo, si lo traspasé. Mire que estaba flotando arriba en los apartamentos.

Y allá arriba yo podía ver que el apartamento estaba rodeado como por unas cosas negras que tenían torches de fuego. Y sí, yo recuerdo que ellos habían dicho que nos tenían rodeados. Entonces yo no creo que yo estoy mirando, yo estoy asombrado porque estoy flotando en el cielo, mirando todos los apartamentos, todo este apartamento de serie. Entonces escucho la voz de una mujer. Y tú, ¿quién eres? Levanto la cabeza y ahí tenía las tres brujas que querían venir por mí.

Y la otra dice, viene a negociar. Y yo las miré bien. Una estaba flotando sin pies. La otra sí tenía una escoba, pero no estaba sentada así con sus dos pies en medio del palo, sino estaba como con sus dos pies así en la orilla. Pero estaba sentada. Y la tercera sí, la verdad no recuerdo cómo flotaba, pero porque tenía una capa muy larga. No le miraba pies y no le miraba escoba. Y sus rostros sí me dieron. No los puedo describir ahorita, pero la que no tenía pies sí tenía el rostro muy feo.

No era muy fea. Y me empezó a decir, queremos a ti y a tu hijo, no hay negociación. Y yo podía hablar con ellos en el cielo y abajo con mi cuerpo. Podía escuchar a ambos lo que decían las brujas y lo que decían este muchacho con la señora, que dicen que me quieren matar a mi hijo, que no hay negociación. Dile que no pueden, porque están rompiendo reglas de no sé qué, de un reglamento y que no pueden. Porque todos tus hijos son algo sagrado.

Y la bruja respondió porque escuchó, pero tu hijo no está bautizado. De todos modos no se lo puede llevar porque son niños todavía. Y aparte, todos nosotros vamos a proteger y tú también darías todo por tu hijo. Pero y a River Moon no me dé miedo. Sí, claro. Sí. Y no tuvo muy larga la conversación porque yo me empecé a paniquear. Que yo rompí la conexión y abrí los ojos y estaba en la silla, yo bien agitado, bien sudado. Y me dijeron, ¿por qué hiciste eso? Cortaste la conexión.

Lo que nos costó subirte. Vuelvo a intentar. Tú vas a poder. Entonces vuelvo a cerrar los ojos. Me siento del modo como me pusieron que me sentara con los pies juntos. Mi dos manos manteniendo la vela. Y pum, vuelvo a subir. Y ahí estaba. Y la misma que tenía la cara fue a mi, me empieza a hacer burla. Es que eres bien miedo, eres un cobarde. Dice, tú no eres digno para estar platicando con nosotras. Los vamos a matar a todos. Y ahí empezó a decirme la masacre que iba a ser.

Que no lo recuerdo bien porque una vez yo me espanté. Viada ahí, volví a bajar yo creo que a mi cuerpo. Y yo dije que ya no podía más. Entonces pues me quitaron la vela. Y me dijo, no, pues estás bien, no te culpamos. Es la primera vez que haces estas cosas. Y yo pues vine asombrado de que había mirado que estaba flotando en el cielo con otros seres ahí arriba. Entonces esa noche se puso feísima, había un viento horrible. Nos tocaban las ventanas. Y la verdad no era ni clima feo afuera.

No dormimos esa noche. Esa noche nos quedamos todos en la sala durmiendo. Y ya cuando seguí en la sala nos quedamos todos. Ahí todos amontonados. Y ya yo esa noche tuve sueños donde... Una voz me decía en mi cabeza, carla, la puerta, vamos a ayudarte. Y yo soñaba que abría la puerta y cuando abría la puerta se metía como estas sombras negras. Y empezaban a matar a todos. Y a mi me decían, no, pues no te vamos a matar porque los traicionaste. Despertaba, bien espantado.

Tomaba agua, me volví a acostar y volví a soñar lo mismo. Me volví a espantar como si fuera la primera vez. Y al día siguiente pues, yo creo que se me pasó el miedo. Yo río que río que es más espantado la verdad. Y acá está el amigo mío como que se burlaba de mí, de que, viste, te dije que nosotros no somos juego y la cosa. Entonces ahí pues me siguió entrenando. Entonces ahí viene mi pregunta. Él me dijo que él me iba a entrenar y me iba a enseñar lo básico.

Y después de ahí él me iba a mandar a una iglesia que ya sabían de mi existencia. Pero que estaban molestos que yo tenía un hijo y entonces estaba en el pecado, tuve un hijo sin casarme. Entonces él me dijo, te van a perdonar. Pero esto para pisar esa iglesia yo tengo que llevarte casado por lo católico bien casado. Y tienes que ir listo con la cabeza limpia, tienes que pedir perdón. Porque ellos no te van a aceptar. Y yo, no, no, si yo vine, no, sí, sí, dice.

Yo le dije, no, yo sí, sí, sí, yo estoy seguro que sí, o sea, yo bien honrado. Porque en el grupito de amigos como que yo era el chico estrella porque era el profeta, el que sabía todo. El que tenía la magia fuerte, no más que no lo sabía ocupar. Entonces yo siempre me sentía, no me creía mejor, pero me sentía bien. Que era especial. Diferente. Entonces sí, me sentía diferente. Y siempre sí, él diciéndome, no, pero tenemos que casarte.

Y sí, está, me acuerdo que está borrando para el anillo y no me he casado. Pero de ahí me dijo algo que fue lo que más dejó. Me dijo, bueno, tú entras a la ESA y ahí no hay fuegos, ya no hay juegos. Vas a dejar ver videojuegos, no, yo sí. Sabes que a lo mejor no te van a ver tus seres queridos por unos años. Porque te vas a meter en la iglesia y te vas a encerrar en la iglesia. Te van a dejar meter a ti con tu esposa, pero no lo vas a ver muy seguido.

Y yo no, pues me estaba espantando, pero sí, yo puedo hacer eso. Luego me dice, pero eso sí, si tú te haces profeta, qué tienes que hacer. Y tú traicionas a Dios, vas a maldicerte a ti, a tu hijo, a tu nieto. Y no sé cuántas generaciones, me dijo, iban a vivir en mal. Van a vivir muy mal, porque a Dios no se traicionen las cosas. Entonces ahí me dio un temor, me contradije esa noche, no dormí. Por unos días no dormí. No sé por qué me afectó demasiado eso.

Yo muy creído, yo muy seguro de mí mismo que yo podía hacer todo esto que él me estaba pidiendo. Me estaba enseñando a hacer rezos, me estaba enseñando en carne, me estaba enseñando a hacer cantos. Hoy en día yo no me acuerdo nada de eso. Ahora yo ni se ni imaginarme este punto, cómo lo sé contado. Yo con los puños los golpeo y los alejo. Pero yo estaba muy enfocado. Pero nunca entendí por qué me entró tanto miedo.

Cuando me dijo que iba a traicionar mi... que si yo traicionaba, me iba a ir mal a mí y a toda mi descendencia. Lo duré con eso en la cabeza muchos días. Que después dejé de ir yo a las prácticas. Y le ponía excusa que estaba trabajando. Y después él obviamente se molestó y pues dijo que ya no podía más. Porque me trató de enseñar y miro que me dio miedo. Que lo entendía, pero que también no quitara su tiempo. Después de eso sí yo como que sentí mal y quise volverlo a buscar.

Ya no lo encontré, desapareció del mapa. Y después como se apareció del mapa, da un dato muy curioso. A mí se olvidó su nombre. En teorita sé que su nombre empieza con A. Abraham, Abael, algo así se llamaba. Sé que empieza con A. Y todas las amistades que llegó a conocer, que yo le conocí también, no se acuerdan de su nombre. Los únicos que se acuerdan de su nombre son los amigos brujos. Que no he hablado con uno de ellos en unos dos, tres años. Pero cuando nos miramos, sí, un abrazo.

¿Cómo has estado? David. Si preguntaba por él. Díganme. Permíteme nuevamente. Vámonos a la pausa. El MiedoFont, 55-2193-59-26. Todo lo desconocido estará al alcance de millones de oídos. Aquí en La Mano Tenuda. No es que tengamos poco tiempo, sino que desperdiciamos mucho, sabiduría en las redes. Porque no todo tiene explicación lógica. La Mano Tenuda. Continuamos contigo. Y bueno, una serie de experiencias que has vivido, David, que te han causado alguna confusión o algo así.

Pues sí, yo sé que no se he contado el relato con Ana Menazaquil, me torturaba. Ahí sí me afectó demasiado y perdí unos dos, tres años de mi vida, no me acuerdo yo. Pero hoy en día me siento bien, me sustarán por segundos, pero no. Yo ando positivo, tengo la cabeza enfocada, bien caliente. Tengo demasiado que hacer. Ven que mi mamá sigue en el hospital todavía, imagínense, ya seis, siete meses. Pero va mejorando. Sí, va mejorando. Así que tengo mucho en la mente y siempre he sido así.

Cuando estas cosas como van pasando, pues me haces más fuerte. Te vas fortaleciendo. Sí, y a este punto no me da miedo porque sí me ven a ver cosas ya grandes, cosas que no me gustan. Sí, y a este punto no me da miedo porque sí me ven a ver cosas ya grandes, cosas fuertes. Pero ya no cositas pequeñas, siento que yo los espanto a ellos. Pues sí. Oye, amigo, pero de verdad tú si sientes que eres profeta, o sea, si lo así como te lo dijeron ellos, tú lo crees?

Sí, fíjate que ahorita no sé si tengo visiones y veo cosas y muchas cosas que pasan. Yo ya medio sé que pasan o cuando escucho a ti es que estas personas que tienen el futuro, como que yo voy a hacer las reglas que más o menos tenemos. Me las explicó que realmente no las tenemos que estar diciendo y no tenemos que ganar dinero para decir nuestras evidencias. No tenemos que ganar nada. Entonces, como que yo... Ay, buena pregunta. No, no, yo creo que no me considero.

Sé que tengo el don de ver muchas cosas, pero no, yo creo que no me considero, la verdad, no. Pues mira, porque estaríamos hablando de que si te consideras profeta estarías recibiendo mensajes que vienen de una inspiración divina. Entonces, ese es un punto que debes tú considerar, ¿no? Y por otra parte, lo que te estaban enseñando más bien era como una especie de inducción. No sé si a un grupo, a una secta o algo, porque es verdad que a Dios no hay que quedarle mal, ¿verdad?

No podemos pues fallarle. Sin embargo, él sabe que en nuestra condición de humanos, pues somos actibles al error, tendemos a fallar. Y muchas de las personas que se han aproximado a Dios, que se acercan arrepentidos, pues precisamente es eso, gente que falló, ¿verdad? Claro. Sí, realmente que eso pensé, o sea, ya como... O sea, este relato, la verdad, lo pienso muy seguido y lo he hablado muy poco.

A lo mejor esta es la tercera vez que lo hablo con alguien y eso cuento ustedes y ahorita todos los amigos peruimaniacos. Sí, este relato la verdad sí da a mí, a lo personal me da mucho que hablar. Como que sí, así parece que él quería meter una secta. Pero también a la misma vez, o sea, te hablaba bien, te hablaba bien de la Biblia, cosas a detalles, a profundo. Y me decía, ¿de este le pasó esto? ¿Por qué le falló?

Me comentó, me comentó, me contó la historia del señor que, pues después de que murió Jesús, había un señor que mataba profetas y que después él se hizo profeta porque Jesús le tituló la vista, creo, y creo que se la regresó. ¿A Pablo? ¿Te refieres a Pablo? No me acuerdo. Sí, o sea, él me contaba así cosas bien increíbles que yo después leí. Y o sea, sí, como que sí me... sí, como que demostraba que sí sabía lo que estaba haciendo. Pero de ahí nunca, nunca vi a la iglesia, nunca conocía a nadie.

Lo que sí puedo decirte, desde que era un niño que era en este país, siempre notaba que Carlos... A mí me gustan mucho los carros y soy muy observativo. Yo, mis vecinos sabía qué carros tenían y sabía qué horas pasaban. No por chismoso o entrometido, simplemente es que soy muy observativo. Y sí recuerdo que Carlos pasaban que no eran de los apartamentos y no podían dejar gente. Y lo curioso es que siempre pasaban cuando yo estaba afuera.

Y a mí me dejaban cruzar las calles. Me daban oportunidad de frenarse para que yo cruzara la calle. Me sentía muy observado. Ok. Con él un niño, o sea, estamos dando unos cuatro años, cuando me pasó eso. Sí, amigo. Entonces mi pregunta es, digamos que sí es cierto lo que dijo él. ¿En verdad de esa escuela o esa iglesia existen personas que están dedicadas aún a encontrar a futuros posibles profetas? Bueno, mira, la verdad es que los profetas ya no estamos en la época de los profetas.

Más bien ya estamos... ya las profecías, las profecías ya se dieron. Ahora lo que se puede manejar como profecía es cierta adivinación o ciertas visiones, pero no tanto como una profecía. Y algo que no te debe sorprender, amigo, es que te citen la Biblia porque muchas personas utilizando la Biblia logran engañar a la gente. Claro. Recuerda que cuando Jesucristo fue tentado por Satanás, el mismo Satanás le mencionó las Escrituras, ¿no?

Le citó algunos pasajes bíblicos y es decir, también ellos saben que existe la Biblia, saben que existe la Palabra de Dios, pero la utilizan a su favor. Entonces, eso no te debe sorprender, al contrario, si de verdad hay cierto interés en ti por desarrollar esa parte espiritual, tienes que estudiar un poco más la Biblia, platicar con gente que te enseñe.

Ya ves que se dice que la fe es por el oír y el oír es por la Palabra de Dios, es decir, aprender que alguien te explique, que alguien te comente, que te hagas un estudio y que, pues así de sencillo, vayas escalando.

Porque muchas veces nosotros nos quedamos con una idea de que tenemos cierta espiritualidad, porque nacimos en un hogar católico o nacimos en un hogar cristiano, pero ya depende de cada uno lo que vaya creciendo, si tú sigues estando en pañales en el alimento espiritual que es el que viene de la Biblia, pues si estás en pañales, así te has quedado. No has avanzado, no sé si me explico, mi amigo.

Sí, claro que sí. No, sí, es un titulo curioso. Después que salió el de mi vida, yo quedé muy emocionado a pesar de todo con la Iglesia y con la Biblia. Y me tocaba con bautistas, tepecostés, testigos del peor, católicos, toda la religión. Acá te tocan la puerta para darte la Palabra de Dios. Sí, acá también, de todos lados. Sí, sí, bueno, sí. Entonces yo siempre a todos les abría la puerta y los pasaba y siempre discutíamos temas bíblicos, sus puntos de vista, los míos.

Y o sea, lo discutimos también, que la verdad nunca se animan con uno de ellos y siempre me interesaban a ver porque se les ve muy interesante que a mí yo muy joven y sabía demasiado. Y pues nos expresábamos bien sin un acto de voz o discusión. Pero sí, algo que sí me pasó después, digamos que en el 2014, un poquito antes que, una vez más, yo sé que lo mucho da menos aquí. Antes que me llegara él, me llegaban seres que me querían meter en una secta satánica.

Sí. Y sí, se me puso muy feo. Y lo curioso es que después que se me aparecían en el carro, me parecían tarjetas de las Iglesias satánicas. Órale. O sea, yo miraba estos seres en, no sé, con mi ojo o como sea, hasta que lo conocía. En modo que después te llamó la siguiente y va el carro, me aparecían tarjetas o iba manejando. Se me parecía como el letrero de esta Iglesia o mismo Facebook.

Luego pues me mostraba Iglesias satánicas. Vaya. El punto es que yo no lo hablaba para que me escucharan Facebook. O sea, era mío, me trajeran ideas de la tarjeta. Si acaso lo pensaba, ¿no? Tenías ahí una reflexión por ahí. Entonces yo sé que la Iglesia, o sea, una vez más parece que algo sabían de mí o el mismo Satanás quería empujarme. Sí. Porque yo lo había conocido. Pero sí, o sea, me empujaba tanto a la Iglesia que no le fui a mentiras unos tres años, poquito antes de COVID.

Tenía tanta curiosidad que yo me quería meter a una y ver y todo, ¿no? Hasta con un amigo dijo, no vamos, yo también he hecho un curso de datos. O sea, yo y él curiosos. Y no nos poníamos de acuerdo al día. Pero por una razón, me vino como tipo evidencia que yo al meterme a esa Iglesia se iban a saber qué es lo que era. Me iban a atorar, me iban a amarrar y casi me iban a sacrificar.

Y se vino como una escena muy fea, muy brutal, que dije, no es que me dé miedo, pero yo creo que mejor ya dejó esta curiosidad de un lado. Por algo se vino esta imagen a la cabeza. Así es. ¡Wow, amigo! Pero sí, ese era mi relato, uno más de los relatos que tengo. Muy bien. Un poquito fuerte, ¿verdad? Sí, yo con un poquito fuerte a mi opinión. Eso es. Claro, pues es algo que te impactó, te impresionó.

Desde chiquito has vivido con estas cosas y por eso es que, pues personas como tú principalmente necesitan alimentarse muchísimo, mi amigo, de estos temas espirituales. Algo que te haga crecer. Yo la verdad te agradezco que los encontré ustedes porque yo siento que crecí mucho espiritualmente con ustedes. Sabía muchas cosas, pero no tenía respuestas y veces me sentía que era el único con estos problemas.

Pero cuando escuché descubrir la mano peluda y escuché todos los relatos, todas las lecciones que dan, las historias que cuentan, pues a mí me hizo crecer mucho. No, amigo, pues al contrario. Muchísimas gracias y aquí todos vamos creciendo juntos. Claro. Pues te agradecemos y además te deseamos que tengas excelente noche y estar aquí juntos cada día, pues para seguir escuchando las diferentes experiencias que nos hace identificarnos en ocasiones. Claro que sí. Muy bien, amigo. Buenas noches.

Buenas noches, cuídense. Hasta luego, nos despedimos de nuestros amigos allá de Atlanta, ¿verdad? Claro que sí. Ok, amigo. Que tengas un estupendo año. Y saludamos Nacho en Atlanta a la noventa y cuatro punto tres de FM. Vámonos a una pausa y regresamos. El miedo FONC cincuenta y cinco, veintiuno noventa y tres, cincuenta y nueve, veintiséis. Conocemos la leyenda y la hacemos realidad. La mano peluda.

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El destino decide quién entra en mi vida, pero yo decido quién se queda. Sabiduría en las redes. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. La mano peluda. Hola, qué tal. Mi nombre es Sergio de la ciudad de México y pues tengo muchas historias, muchos cuentos que contarle, muchas cosas que me han pasado y pues los escucho a diario por los podcast de Spotify. Perdón por la voz ahorita, pero estoy un poco ronco, pero me encantaría que me llamaran.

Claro. Para poderles contar la historia, ya que me han pasado muchas cosas paranormales desde los 12 años hasta la fecha. Espero me puedan marcar. Estoy ansioso por contarles mis historias. Gracias, amigo. Me encanta su programa. Espero me puedan marcar. Gracias, amigo. Me encanta su programa. Espero me puedan marcar.

Buenas noches, peluznante para todos los peludos. Saludos, mi querida Cynthia Villegas. Te mandamos un fuerte abrazo y saludamos también a José Antonio Melgoza que nos escucha. Dice hace años quien me conoce. Conté la historia de mi tío como se hizo subordinado del diablo. Hola, buenas noches. ¿Cómo te llamas? Buenas noches. Mi nombre es Sergio. Ah, sí, Sergio, que estás enfermito, ¿verdad? Sí. Oye, ¿desde dónde los escuchas? De aquí, de la ciudad de México.

Muy bien. Oye, así como te sientes, ¿quieres contar un relato? Sí, sí, claro que sí. Estoy muy emocionado. Ah, bueno, nosotros también. Oye, amigo, fíjate que estamos en la recta final. ¿Te alcanzarán unos 10 minutitos para platicar tu historia? Sí, yo creo que sí. ¡Vámonos! Venga, mi estimado Sergio. Sí, bueno, miren, pues yo les voy a contar algo que me contó mi papá que le pasó hace tiempo cuando estaba joven él. Él tenía aproximadamente 16 años.

Bueno, mi papá trabajaba con mi abuelo. Ellos son comerciantes y pues ellos trabajaban en el Estado de México, allá en Atizapán, de Zaragoza. Entonces, pues me contaba mi papá que era un poco cansado viajar desde Atizapán, de Zaragoza, pues hasta acá, ¿no? Hasta la ciudad de México, porque son casi dos horas por día. ¿Puro camino? Ajá. Pues él se cansaba mucho, no en ese aspecto, porque era el que manejaba más seguido. Luego de esa ocasión, se le ocurrió ir a una fiesta que lo invitaron.

Llegó de trabajar y pues él estaba un poco cansado y pues la pensó un poco, ¿no? En querer ir a la fiesta. Sí. Y aquí normalmente pues nosotros vivimos, pues ahorita ya está un poco habitada la, los pueblos de por aquí, pero en aquel tiempo pues eran puro cerro, era un campo. Entonces, pues no había muchas casitas. Entonces, pues a él se le ocurrió ir a una fiesta que está en un lugar que se llama Topilejo, de aquí, de la ciudad de México. Bueno, es claro.

Entonces, pues él en aquel tiempo manejaba la camioneta. Es una camioneta tres y media. Me contaba mi papá que él, este, llevó a familiares en la parte de atrás de la camioneta, ¿no? Y pues todo muy bien, iban en el camino, eran como nueve y media de la noche, me contaba él. Entonces, todavía iban a buena hora a la fiesta. Sí. Él me contó que en el transcurso del camino hay una curva que, este, le dicen el voladero que está antes de llegar a este pueblo que se llama Topilejo.

Sí. Pues bueno, él me cuenta que, pues, este, todas las personas que iban atrás, iban tías, amigos, iban bastantes personas, gritaron, gritaron muy fuerte, muy, muy, muy fuerte. Entonces, pues mi papá no sabía, ¿no? Pues a lo mejor decía él, pues vienen cotorreando, vienen echando el cotorreo, ¿no? Y pues, pues mi papá pensaba eso, ¿no?

Sí. Entonces, una persona que iba acompañada con él, que, este, iba, iba de, del acompañante, vaya en la parte delante de la camioneta, le dice, oye, es que vienen gritando muy fuerte y no es como de cotorreo. Entonces, este, pues mi papá, pues dice, no, pues, ¿qué hago, no? Entonces, en una de esas, este, él, la persona que iba al lado con él, se desmaya, se desmaya. Y él, pues, se quedaba de a seis, ¿no? Pues, de que, ¿qué pasa, no? Sí. Entonces, más adelante se detuvo, ¿no?

Y, este, pero se detiene en una parte en donde no hay nada más que puro campo. Entonces, él me cuenta que, este, la persona que iba adelante se desmayó. Y cuando abría la parte de atrás con las personas que llevaba, iban como cuatro personas igual desmayadas y todos bien asustados frente a amigos y tiros. Y eso. Y pues, bueno, iban todos bien asustados. Ajá. Pues, tal, mi papá dijo, pues, ¿qué hago, qué hacemos? Nos regresamos.

Porque, pues, en donde ellos estaban, pues, estaban muy, muy solos, ¿no? Y a lo lejos, pues, se veía una casita, ¿no? Pero, pues, no se veía que estuviera habitado porque, pues, estaba todo oscuro, no se veía ni luz ni nada. Sí. Entonces ellos, pues, él decide, dice, pues, ¿qué hago? ¿Ustedes díganme si sigo o no? Y, pues, ya, le dicen, no, pues, este, pues, síguete. A ver si encontramos por ahí un lugar donde nos puedan ayudar, ¿no? Pero mi papá les preguntó qué que había pasado.

Aquí va, aquí va lo feo. Cuando él les preguntó, les dijo que iba algo arriba en la camioneta. Iba, iba como un, pues, no sé, como un animal queriendo abrir la parte de la lona de la camioneta. Y lo cual, pues, ellos iban gritando. Pero ellos, los que iban atrás, los que estaban bien, los que no se habían desmayado, no sabían porque estos chavos se habían desmayado. Sí. Entonces decidieron seguir en esa, en ese mismo tranito que estaba toda, se alcanzaba a ver la casita.

Sí. Dice que le apareció, bueno, estaba un señor, un señor parado y que les dijo que se, que se metiera, que se metiera. O sea, el señor los guió a su casa, que era la que se veía a lo lejos. Entonces mi papá me dijo que, que, pues, sí, pues él se, se, se orilló, se metió hacia rumbo hacia la casa de ellos. Y del señor. Y, y pues este, pues todos los que iban atrás, incluso, pues todos se metieron a la caballo del señor, ¿no? Le dijeron métanse, métanse, ustedes métanse.

Pero ellos no sabían, pues, qué pasaba del señor, pues yo creo que ya sabían, ¿no? Y, y dicen, papá, que le dijeron, quédense aquí, no salgan. Y, pues todos se quedaban, pues, que, que onda, ¿no? Pues, pues, pues, ya se desmayaron. Sí, ya se desmayaron, ya este, pues, eh, el señor, pues nos metió a su casa. Algo pasa. Entonces, eh, el señor le dice, es que es el diablo. ¡Puede ser! Ajá, le dice, es que es el diablo. Y los viene siguiendo y se los quiere llevar.

Entonces, ahí mi papá, pues, dijo, bueno, pues, es que, pues, no le puedo creer, o a la vez sí, porque, pues, se desmayaron varias personas en la camioneta. Entonces, este, mi papá se quedó así de, pues, ¿entonces qué hacemos? Se no guarda en silencio. Incluso la casa del señor, me contaban, papá, que estaba, pues, muy oscuro y que todos estaban tomados de la mano. O unos todavía seguían inconscientes. Este, en eso, le dice, ¿pero entonces qué hacemos? Dice, no, no se pueden ir. No se pueden ir.

Porque es el diablo. Y el, el, él, él es muy malo. Dice, no, no se vayan. Quieren ser mejor aquí hasta que amanezca. En eso, pues, mi papá, pues, estaba preocupado porque él le había pedido prestada la camioneta a mi abuelo. Y, pues, dice, no, es que yo me tengo que regresar porque mi papá me va a regañar porque no llegué con la camioneta. No, mi papá había me aferrado a quererse regresar. Entonces, pues, en el transcurso del tiempo, ellos estaban en silencio esperando a que se calmara.

Y en eso, dice, papá, que se empezó a escuchar cómo relinchaba un caballo alrededor de la moza. Lo cual, pues, pues, mi papá dice, ¿qué es eso? Dice, es el diablo. Ustedes no hablen. Cállense. Es el diablo. No se va a ir hasta que salga alguien y se lo lleve. En eso, cuando dice eso, dice mi papá, no, es que yo me tengo que ir porque no me puedo quedar aquí. Dice mi papá que llegan como a las cuatro de la mañana y seguían ahí y se seguía escuchando el ruido del caballo.

Dice mi papá, no sé qué hacer. En eso, de una de las personas que estaba desmayada, le dice, reacciona, pero en un estado como, pues, como si hubiera sido poseído por otra persona, ¿no? Sí. Porque hablaban en una voz muy diferente. Pero dice mi papá que no se asustaron, sino que la vieron y pues la vieron reaccionando de una manera en la que qué te pasa, qué te pasa. Y ya está. Ah, pero una muchacha le dijo, no te preocupes.

O sea, en el lado de otra persona que se le metió, le dijo que no se preocupara. Sí. Que es su hijo y lo iba a cuidar. ¿Quién? ¿Su hijo? ¿Cómo? Sí, yo tengo una hija. Yo tengo una hija que se me murió, pero ella te va a cuidar. Uh-huh. Es ti, dijo. Te voy. Es a tu destino. Uh-huh. Amigo, es que se está cortando, Sergio. Mi papá se quedó. Ahí te dejamos de escuchar. Algo pasó. A ver, ¿ahí estás? Sergio. Se hizo respiración, pero. Y... Díjole, ya se está dificultando.

Mirá, es pura responsabilidad, muchacho. Uh-huh. ¿Y qué eres? ¿Sabes qué? Vamos a. Diablo, y la verdad, pues no, no, este... No, no te recomiendo. Uh-huh. Ya, se cortó. Vamos a intentar llamarle después. ¿Sabes qué cosa pasa? Es que... También se nos está terminando el tiempo. Vamos a ver si lo podemos recontactar a nuestro amigo. Y terminar la historia de qué ocurrió con... Con Sergio, esta aparición del diablo, lo llevaban al diablo... En el tolo, arriba de la camioneta. Traen al diablo.

Qué estresante, ¿no? No nadie salga. Vaya. Oye, pero luego tanto desmayado. Exacto, eso es lo que impresiona. Muchísimas gracias por haber estado con nosotros en esta noche. Mañana tenemos mucho más. Que descanses, que tengas excelente noche. Que Dios te bendiga. Gina Áviles. Yo también me despido, soy Ignacio Nacho Muñoz. Agradecido con Dios y con ustedes porque juntos escuchamos buenas historias. Que tengas una estupenda noche. Descansa. Y como decimos aquí... Cabos. El programa se termina.

Pero la investigación continúa. Aquí en... Mano Peluda. Esta fue una producción de Grupo Formula.

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