Noticias, deportes y espectáculos en tu plataforma de podcast preferida Grupo Fórmula Advertencia Las opiniones de los participantes y colaboradores no corresponden necesariamente con las del programa o la empresa Si este programa es escuchado por menores de edad se recomienda que lo hagan en compañía de un adulto Porque nosotros hemos estado ahí. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. Porque conocemos de raíz a los especialistas. El demonio es una figura que ha aparecido en
todas las culturas. Y no es una figura cristiana. Documentaremos todas esas experiencias que no tienen lógica alguna con Georgina Avilés e Ignacio Muñoz. Llegó la hora de poner las evidencias sobre la mesa. Fantasmas. Voces. Apariciones. Psicofonías. Mitos y leyendas que rodean al mundo sobrenatural quedarán al descubierto aquí en La Mano Peluda. Desde la Ciudad de México, para todo el mundo, esta emisión de lo insólito y de lo que no tiene explicación lógica, pero que
a ti y a nosotros nos apasiona. Soy Gina Avilés y qué gusto que estés esta noche con nosotros. Hola, buenas noches. Gracias por acompañarnos en esta transmisión que cotidianamente hacemos para ti y donde hablamos de lo sobrenatural, de lo increíble y de lo que está más allá de nuestra comprensión. Vamos a platicar de ello. Yo soy Nacho Muñoz. Agradecido con Dios y con ustedes porque juntos tendremos una gran oportunidad para charlar sobre esos temas escalofriantes.
Queremos tu participación a través de las redes sociales y también de la multilínea 55 -5279 -2291. La página radioformula .com .mx y en Spotify encuéntranos como La Mano Peluda. Grupo Fórmulas. Tú te puedes poner en contacto con nosotros a través de nuestro Miedofon. 55 -2193 -5926. 55 -2193 -5926. Ahí nos puedes mandar un mensaje de voz o un mensaje de texto. Compartir fotografías, videos, memes. Lo que tú quieras. También saludamos a las estaciones en la República Mexicana que
se unen con nosotros. Ciudad Guzmán, Jalisco, Ciudad Juárez, Chihuahua, Coatzacoalcos, Culiacán, Durango, Guadalajara, Guerrero, Hermosillo, La Paz, Baja California Sur, Los Reyes y Huétamo, Michoacán, Mazatral, Monterrey, Poza Rica, Puebla, Tabasco, Tijuana, Torreón, Querétaro y en Estados Unidos. Georgia y Las Vegas, bienvenidos a esta noche espeluznante. ¿Puede un simple mueble encerrar una maldición mortal? La historia de la caja
D -Book parece confirmar que sí. Efectivamente, desde su descubrimiento, este pequeño gabinete ha sembrado el terror en todos sus propietarios. Enfermedades, accidentes, alucinaciones y presencias oscuras son solo algunos de los fenómenos que se han atribuido a este objeto. Actualmente, la caja Aldivoc permanece resguardada en una colección privada, lejos del acceso público, bajo vigilancia constante y dentro de una caja sellada. ¿La caja D -Book y sus supuestas maldiciones?
¿Acaso un objeto maldito? ¿Qué te parece el tema sugerido para esta noche? ¿Tú te atreverías a abrir la caja D -Book? Sabiendo que todo lo que puede provocar es calamidad y desgracia. Te invitamos a participar con nosotros y por supuesto aquí lo primordial, lo que debe gobernar en esta emisión, porque para eso está diseñada, es escuchar absolutamente todos, todos tus relatos y tus experiencias. Así que si no has participado en todo el tiempo de vida, hoy es cuando. Sí, claro que sí. Buenas
noches. ¿Cómo te llamas? Tony, estás en Chihuahua. Sí, sí, sí. Perfecto. ¿Y qué nos quieres contar? Ahorita que habla de muebles moviéndose y todo ese jale. Sí. Me estaba acordando yo algo. A ver, ¿de qué te acordaste? Mire, no sé, ¿verdad? Pero... Este, cuando yo era niño, yo fui a la casa de una tía mía. Sí. Fuimos, mi papá todavía vivía en ese entonces. Fuimos a Cernillo. Oye, ¿y le comentaste a tu tía? Oye... Cuando dices que viste que ese cuadro se movió, ¿se giró un
poquito para abajo? ¿Cómo fue ese movimiento? No, se giró un poquito para abajo, pero no se cayó. ¿Y de qué era el cuadro? ¿Qué tenía? Un dibujo normal, pero no recuerdo bien el dibujo. Ok, entonces al hablar ahorita nosotros de objetos malditos, Pensaste luego, quizá ese cuadro de mi tía o la casa en sí tenía algo que ver con un... Objeto, sí. Objeto, un embrujamiento, ¿verdad? Sí. Ok. Sí. Qué bueno, Tony, que te reportaste. Sí. Oye, y cuando veo una cosa así que se mueren
solas, puede ser alguien, ¿verdad? O alguien que está penando o quiere decir algo. Por eso siempre preguntamos el entorno. qué había sucedido, el antecedente del lugar. Tener más elementos para entonces ya poder tener un... Un contexto más amplio, sí. Y más o menos imaginarnos qué es lo que pudo haber pasado. Sería bueno que platicaras con alguien de tu familia que te contara un poquito más de esa casa. Y por supuesto, Tony,
te vamos a seguir esperando. Saludos hasta Chihuahua, nuestros amigos que ya nos están escuchando también, específicamente en la 101 .7 de FM. Sí, claro, ahí nos siguen con mucho esmero nuestros amigos que también son peludomaniacos y desde luego, a ver, tenemos. Sí, claro. Vamos a tener sus comentarios con el tema de hoy y queremos más experiencias que tú has vivido y que quieres compartir. Claro que sí. Y aquí en la línea tenemos a... Buenas noches. Nacho y Gina. Así es. Buenas
noches. ¿Con quién tengo el gusto? Con Norma. Norma, bienvenida. ¿Desde dónde nos escuchas? Desde Houston. Texas. Excelente. ¿Y nos vas a platicar una historia esta noche? Claro que sí. Adelante. Yo ya he llamado al programa y pues siempre les he dicho que desde niña me pasaron muchísimas, desde niña me pasaban cosas. Sí. Hasta la fecha. Muy bien. Entonces, pues yo quería platicar una historia que me pasó cuando yo tenía
como siete años. A ver, ¿de qué se trata? estábamos jugando una amiguita y yo salíamos casi todas las noches a jugar salíamos como a las entre seis y media por ahí y ya nos metíamos como a las ocho y media nueve de la noche a nuestra casa vivíamos en unas casitas así que estaban en línea la primera casita era la casita de mi amiguita y la última era la donde yo vivía eran
como Diez casas, eran diez casas. Entonces, pues siempre salíamos a jugar y pues esa noche jugamos un poquito más y pues ya eran casi las nueve de la noche. Y jugábamos el que le llaman el avión, ella y yo íbamos a la misma primaria. Yo en esa época vivía en Copilco, Copilco y Universidad, pero uff, estoy hablando hace muchísimos años. Entonces, pues no, no, estaba así medio solo por ahí, ¿verdad? Y pues las casitas ahí estaban
y pues nos gustaba jugar. Estábamos jugando lo que yo conozco como el avión, que pintábamos así unos cuadritos en el piso y aventábamos así una bolita como de papel medio mojado. Sí. Íbamos así brincando, brincando. La teja, ¿no? Ajá, exacto, a la teja. Muy bien. Entonces, bueno, pues ya andábamos jugando y de repente, yo era la que, como ella vivía en la primera casa, pues ahí siempre jugábamos en frente de su casita
de mi amiga. Sí. Y las dos teníamos siete años, las dos teníamos la misma edad porque íbamos en segundo de primaria. Entonces, de repente, bueno, yo estaba brincando y ella se... Se quedó parada enfrente de su casa. Tenía así como dos escalones así largos y luego ya la puerta de su casa. Bueno, iba yo brincando y de repente que oímos las dos un campanazo. Un campanazo, pero así como muy fuerte. Pues entonces las dos,
yo me quedo así parada y las dos volteamos. Pero pues yo estaba más de frente a lo que se estaba aproximando. Entonces vimos las dos. Mi amiga hasta se bajó los dos peldaños. Los baja y se asoma. Y nos quedamos así mirando. Y venía una momia. Una momia. De verdad. Sí, era una momia. Así, increíble, pero cierto. Norma, dame un segundito, amiga. Necesito ir a una pausa. No te vayas. Aguántame ahí. Claro. El miedofón 55 -2193 -59 -26. Todo lo desconocido estará al alcance de
millones de oídos aquí en La Mano Peluda. Después de cierto punto, el dinero no cuenta para nada. Deja de ser la meta. El juego es lo que cuenta. Sabiduría en las redes. Porque no todo tiene explicación lógica. La mano peluda. Continuamos y estamos platicando aquí con nuestra amiga. Está con nosotros Norma, ¿verdad amiga? ¿Estás ahí? Sí. Sí, aquí estoy. Perfecto. A ver, entonces explícame eso. Resulta que estaban jugando avión y como normal, pues como siempre los niños antes
ocupábamos jugar, ¿verdad? Juegos muy, muy inocentes, muy limpios. Y de repente voltean a ver y vieron una momia. ¿Por qué dices que era una momia? ¿Cómo la puedes describir? Este es algo chistoso, pero bueno, primero escuchamos un campanazo que fue lo que nos hizo voltear. Ajá. La momia venía como si viniera de mi casa, porque mi casa era la última. Pues estaba totalmente vendado, porque era un cuerpo de hombre. Era un hombre muy alto
y medio robusto, muy alto y robusto. Pero todo vendado, todo vendado, desde la cabeza, así como una momia de película, hasta los pies. Entonces, mi amiguita y yo, pues dentro de nuestra niñez, ¿verdad? Sí, claro. Nos volteamos a ver y nos sonreímos porque en el momento no dijimos nada, pero yo dije, pues ha de ser un vecino disfrazado queriéndonos jugar una broma. Sí, para espantarlas. Sí, para espantarnos. Y entonces ella y yo nos volteamos a ver y hasta mi amiga sí se rió y
yo también, pues me dio risa. Pero una sonrisa, una sonrisa. Pero bueno, nos quedamos así las dos y esa momia iba caminando como caminan las momias, así con las piernas así estiradas y le hacía para un lado y para el otro. Y pasitos cortitos, sí. Sí, sí, sí. Y nos percatamos que era alta, era alta la momia. Y cuando se iba
acercando... Sí. Nos dimos cuenta, bueno, yo no sé si ella vio eso, pero yo sí lo vi, que traía una cadena arrastrando, como ahora que ya soy adulta, entonces que es un grillete y una cadena, un grillete con una cadena. Entonces así iba caminando, conforme se iba acercando, pues nos empezó a dar como un poco como miedo, ¿verdad? Porque pues el cuerpo avisa que eso
no es normal. Claro. entonces nos quedamos así y todavía nos quedamos observando pero cuando se iba acercando ya la teníamos como que sería 6 metros 7 metros más o menos como 8 metros y fue cuando le hizo así horrible así hizo ese ser sí entonces pues fue cuando nos dio tanto miedo, y sí yo alcancé a ver que llevaba esa cadena arrastrando. Entonces mi amiguita se mete a su casa como un instinto. Ah, pero estaba la primera casa y había así como un terreno con
el pasto corto, ¿verdad? Porque sí, lo cuidaban el terrenito. Un pedacito de terreno y luego venía la casa de mi amiga. Entonces mi amiga se mete por instinto a su casa. Yo la trato de seguir para meterme a su casa, pero pues ella cerró la puerta y pues yo ya no la pude abrir. Yo me quedé afuera y ella se metió. Yo creo que
ni cuenta se dio. Entonces yo lo que hice fue que me escondí, me metí en ese terrenito y me escondí en la, pues así atrás, no atrás de la casa, al lado, porque era la pared de la casa de mi amiga. Yo me metí ahí y yo tenía muchísimo miedo. Y me quedé así pegada a la pared, así escondiéndome. Y ya no se oyó nada, ni se vio nada. Y entonces yo nada más saqué los ojos y
vi que ya no estaba. Entonces yo salgo y lo que yo veo, de verdad, yo me vuelvo a ir ahí al caminito, porque era un caminito de cemento para que la gente pues por ahí se fuera para su casa, ¿verdad? Sí, claro. Y lo que alcanzo a ver, Gina y Nacho, es que cuando ya no veo a la momia, yo me vuelvo a incorporar, o sea, me vuelvo a salir al camino para ver, como diciendo, caramba, pues, ¿a dónde se fue? Pues no me lo van a creer lo que vi.
¿Qué? Vi una como nube, como tipo vapor, que ya estaba en el, ya iba flotando hacia arriba. Entonces yo volteo así y alcanzo a ver a lo último una venda desintegrándose, desintegrándose. O sea, eso pasó como a seis metros de mis ojos. Veo esa nube que se iba subiendo y yo volteo así y lo último que vi fue una venda que también
se hizo como un vapor. Entonces yo me quedé, pero terriblemente asustada, y ya me fui corriendo a mi casa, y pues yo ya no dije nada, porque como les digo, a mí desde pequeñita me pasaban así cosas, hasta toda mi vida me han pasado cosas, pero mi amiga y yo lo vimos, mi amiguita y yo lo vimos, y por meses jamás volvimos a salir, pasaron como... Seis, ocho meses cuando volvimos otra vez a jugar, pero ya no tan tarde. Ok, bueno. Ya no salíamos tarde. Me lleva a dos preguntas,
amiga. Precisamente eso, ¿qué hora era cuando vieron esta aparición? Eran como 20 o 15 minutos antes de las nueve de la noche. Porque nosotros salíamos más o menos entre seis y media, pero ese día nos quedamos un poquito. Y como estábamos enfrente de su cazac, Su mamá salía a echarnos el ojito, pero ahí estábamos seguras, no pasaba nada. Y siempre salíamos a jugar. Siempre ella y yo salíamos a jugar. Y cuando nos sucedió eso, jamás volvimos a tocar el tema del miedo que
nos dio. Pero ya no salimos en muchos meses. Y como éramos niñas, como que no le dimos la importancia. Pero ya después, cuando pasó el tiempo... Yo le platiqué a mi mamá, fíjate que así, así, así. ¿Y qué te dijo tu mami? Ya habían pasado muchos años. Sí, pues mi mamá sabe todo lo que a mí desde pequeña me dijo. Eso es por estar en la calle en la noche, porque es cuando pasan más cosas, hay más peligros. Pero sí, mi mamá sí me creyó y fue la única persona que yo
le conté. Y con mi amiguita jamás volvimos a tocar el tema, nunca. Oye, mi querida Norma, ¿ustedes vieron cuando esta momia se desvaneció? Es decir, ¿la vieron que flotó o solamente ya nada más alcanzaron a percibir cómo se iba diluyendo? No, mi amiga, eso ya no lo vio. Porque cuando esa momia hizo, ya venía más cerca de nosotros. Cuando la momia hizo así. Fue cuando nos dimos cuenta que estábamos en peligro. Nos dio mucho miedo. Y nos dimos cuenta que eso no era normal.
Y caminaba, como les digo, así y muy alta, muy alta la momia. Era el cuerpo de un hombre. Mi amiga se metió corriendo, yo me escondí. La única que la vio fui yo. Esa última parte, porque yo me asomé y ya no estaba. Cuando yo me asomo, veo que está un humo. Como una neblina, como si fuera una nube subiendo y veo la... Lo último es lo que vi fue la venda. Increíble, la gente va a decir, yo sé, yo sé, es difícil de creer,
pero lo vi, lo vi. Y ese pedazo de venda que yo vi ya iba como, vamos a decirlo, como cinco metros hacia arriba, cuatro metros. Cuando yo vi esa como nube, como que se desintegró. Y se fue hacia arriba y alcancé a ver esa venda, el pedazo de venda y se desintegró. Y pues se me quedó en mi mente por el resto de mi vida. ¿Cómo no? Claro que sí. Fue algo muy fuerte para una niña. Decías, ¿cuántos años tenías? Siete. Siete
años. Teníamos las dos siete años, sí. Pero cuando hizo así ese ruido, mi amiga corre, se mete a su casa y ahora sí que prácticamente me cerró la puerta en la nariz. Pero yo creo que ella del susto ya no supo de mí, qué fue de mí. Yo lo quise pues esconderme. Entonces a ella no le tocó eso, pero sí vio a la momia. Ok. Sí, las dos la vimos, las dos, las dos vimos eso. Y las dos nos dimos cuenta cómo traía arrastrando una cadena en una pierna. Como de película, ¿verdad?
Como de película, exactamente. Así son muchas cosas que me han pasado y así siempre yo digo, como película de terror. Pero son reales. Nada más que hay personas que no creen. Sí, siempre va a haber gente escéptica, pero aquí lo importante es que escuchamos los testimonios de quienes han vivido este tipo de experiencias, mi querida amiga. Sí, exactamente. Y te agradecemos bastante.
Nada de que me platicaron. Así es. Exacto. Son vivencias y son reales y uno las platica y a veces pasan muchos, muchos años para que uno platique. Ay, a mí me pasó esto. Claro, por la pena. Pues qué mejor que en este. Que en este hermoso, yo desde tantos años que tengo de escucharlos. Muchísimas gracias. Pues mi querida Norma, te agradecemos bastante tu audiencia y que sigas con nosotros. Y vamos a seguir adelante, mi amiga.
No sé si quieras agregar algo más. No, pues quiero agregar que todas las personas que tengan alguna vivencia así paranormal, pues que la platiquen, porque en este programa... Pues como ustedes mismos dicen, los que nos han pasado cosas, podemos aquí platicarlo a otras personas que sí lo pueden creer, porque también les han pasado vivencias así, de este tipo. Claro que sí, mi querida Norma, te agradezco mucho, que tengas bonita noche. Saludos. Igualmente Gina y Nacho, gracias. Buenas
noches. Hasta luego. Vámonos a una pausa y regresamos al Miedofón. 55, 21, 93, 59, 26. Es hora de poner al descubierto lo que nos hace temblar, correr, gritar y sudar. La mano peluda. ¡Hey, marca! Ya sé que tú igual nos estás escuchando. ¿Te interesa crecer? A nosotros también. No pierdas más el tiempo y anúnciate con nosotros en rcs .com. Queremos mostrarte cómo llegar más rápido a tus clientes y lograr tus metas más rápido. Escríbenos a ventas arroba rcs .com ventas arroba
rcs .com y sabrás qué se siente estar en boca de todos. Solo puede existir de una manera y es teniendo conciencia de que existe sabiduría en las redes. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. La mano peluda. Saludos a todos los amigos que nos están escuchando, como por ejemplo aquí nos mandan un mensaje. Saludos desde Santa María, California hasta San Luis Río Colorado, Sonora. Aquí los estamos escuchando. José Durán, gracias por estar en la mano peluda.
Es correcto Gina y también aquí enviamos un saludo a mi querido Hugo Hernández desde Fairfield, California. Saludos y comenta nuestra amiga profe, fíjate nada más. En el hospital, cuando mi hermana estaba internada, le pedí a un familiar que ella mejorara y un mueble del cuarto se movió. Me sorprendió, pero pensé que fue mi idea. Al otro día, los cajones se abrieron. Mi hermana lo vio también y entonces me dio el susto de mi vida porque ella saltó y me dijo, ¿los viste? ¿los
viste? Había... He estado convalesciente sin poder ni hablar. Esto fue brutal. Ay, me recuerdo, me acuerdo y me salta el corazón. De ahí en adelante se recuperó. No sé si fue mi familiar o quien se manifestó, pero rezamos mucho ese día y pedimos por la paz de lo que sea que andaba por ahí. Mi querida profe, pues sí son experiencias que nos hacen pensar, ¿verdad? Que en ocasiones nosotros hablamos, oramos. Y de un momento a otro somos atendidos de alguna manera y es ahí donde hubo
una manifestación. Mi querida profe, muchas gracias y vamos a continuar. Tenemos por aquí un material que ustedes nos enviaron. Adelante. Hola, buenas noches. Hola. Mi nombre es Malú y quiero contar una historia, algo que me pasó ya hace algunos años. Y pues yo trabajé, bueno, soy y trabajé como auditora en ese tiempo. Sí. Trabajaba para una empresa, bueno, no puedo decir nombre, pero se encarga como de distribuir medicamento. Entonces mi función era, pues, auditar las farmacias del
sector público. Y bueno, entonces un día pues iba con mi compañero, o sea, nos asignaban en equipos de personas, en este caso pues íbamos mi compañero y yo. Y recuerdo que fue en Zitácuaro, Michoacán. Pues ya saben, entre que manejar, el tráfico, llegamos a la unidad. A las seis y media, seis y media de la tarde. Entonces cuando llegamos, pues nosotros portábamos bata, pues de farmacia, como tipo de enfermero. Era parte
de nuestro uniforme. Entonces bajamos de la camioneta, nos pusimos nuestra bata, nuestros equipos de cómputo, todo lo que necesitábamos. Y cuando vamos entrando a la unidad, uno de los puntos a evaluar era que estuviera el anuncio de horario de apertura y de horario de cierre. Entonces el horario de cierre era de las ocho de la noche. Entonces eran seis y media y pues ya el personal de la farmacia pues ya se iba. Entonces pues
nosotros dijimos. Pues porque se van, ¿no? O sea, llegamos, nos presentamos y nos vieron, porque todos cuando veían llegar a los auditores, pues era así de como que, uy, todo el mundo como que le tiene pavor a los auditores, ¿no? Entonces cuando nosotros llegamos, ellos nos mencionaron, este, hola, decís que no pueden venir mañana, es que ahorita ya cerramos, es que ya es tarde. Y pues nosotros, por nuestro trabajo, pensamos,
¿no? A lo mejor no quieren que les auditemos porque algo están escondiendo o algo hicieron, algo hay, ¿no? Sí. Entonces, pues nosotros nos aferramos a que, o sea, no en primer horario de cierre es a las ocho de la noche, o sea, son seis y media, entonces, pues ahí estamos, vamos a comenzar a evaluar este mal, ¿no? Entonces, total, que nosotros nos aferramos para hacer
la auditoría. Y ya, para no hacer el cuento muy largo, mi compañero se quedó contando el medicamento, los insumos caducados, próximos a caducar, bla, bla, bla, por claves, todo, en la farmacia. Era una edad muy pequeña, real. Pero era un sector, el sector, bueno, salud, ¿no? Entonces nos organizamos, mi compañero y yo, y dijimos, bueno, tú te quedas aquí en la unidad con la chica. Y yo me fui al almacén con uno de los chicos, porque también
eran como dos personas. Entonces cuando me dice, ah, sí, vamos, y teníamos que cruzar, la farmacia era como si fuera... Pues sí, un centro de salud, sí se imagina, ¿no? O sea, muy pequeño. Sí. Entonces, pero la farmacia estaba por fuera y el almacén estaba del lado de los consultorios. O sea, imagínense cuando ustedes van como a un sector de salud. Y en primera ya estaba todo cerrado. Y estaba cerrado, ya no habían consultas, ya estaban las luces apagadas. Nosotros entramos con nuestra
lámpara de los teléfonos. Y pues en primera dije, pues, ¿por qué no situar esa hora de servicio? Entonces, fuimos, contamos. Bueno, aparte de que en el almacén había como mucho relajo y cajas en el piso. Pero el almacén se debía como con otros cuartos que estaban atrás. Entonces, pues, había un cuarto en el que yo decía, ay, no, como que no quiero entrar, ¿no? O sea, yo sentía algo que decía, no, no quiero entrar. Ya te vibró mal. Y como había mucho relajo, pues, nos tardamos
en contar los medicamentos. Y de pronto llega mi compañero y me pregunta, oye, ¿cómo van? Y a lo que le respondo, pues, nos falta muy poco. Entre los cuatro ya, ahí en el almacén terminamos de contar y todo. Entonces la chica decía, nos falta mucho, nos falta mucho. Y nosotros pues no terminamos de contar. Y nada más hacemos la impresión, les damos los resultados, las firmas
y todo. Y la chica decía... Pues en mi casa, si quieren vamos a mi casa, en mi casa tenemos impresora, tengo impresora, si quieren terminamos ahí. Pero a mí se me, bueno, a nosotros nos hacía muy extraño ver por qué nos decía eso, ¿no? Pues no, lo ignoramos, ¿no? Y ya cuando vamos saliendo, es de, digamos que del lado de los consultorios para atravesar al lugar donde estaba la farmacia. Este, pues pasa que, recordemos que ya estaba
todo oscuro. Sí, sí, sí. Pues ya para la hora que terminamos de contar, yo calculo que eran como ocho y media de la noche. No era tan tarde. Sí, ocho y media de la noche, veinte para las nueve. Entonces damos el último paso de los consultorios y en automático. Hacia enfrente se veía una puerta de cristal. La escena era de día. Y estaban las banquitas de este color como grises, ¿no? Cuando vas al centro de salud. Sí. Y pasó una señora de cabello negro con una bata blanca, descalza,
con sangre desde la cara. en la bata, en los pies y volteando del lado derecho hacia la puerta de cristal iba cargando un bebé y pues nos miraba. Pero detrás de ella pues se veía gente, gente normal caminando con su carnet, con sus bolsas, con medicamentos, o sea, normal. Pero la escena era de día, o sea, En el momento se hizo de día. Pues nos dio mucho miedo, mucho susto. Los cuatro, las cuatro personas que estábamos ahí lo vimos.
Y pues nos echamos a correr a la farmacia. Entonces la chica, la chica me dijo, nos dice, ven, ven, ¿por qué les dijimos que regresara mañana? Es que aquí cerramos a las seis y media máximo. Porque después de esa hora pasan cosas. Cuando dijo eso la chica le dije, oye, ¿tienes baño aquí? Porque me anduvo del baño porque del susto, o sea, fue como muy importante. Sí, sí, te entiendo. Y la chica me dijo, no, los baños están del lado del almacén de donde venimos. Y yo le dije, no,
yo no quiero ir. Y la chica insistió y dijo, vamos a mi casa, allá pasa el baño, allá terminamos. Obviamente le dijimos que sí porque estábamos súper asustados. Y entonces nosotros recordemos que íbamos en la camioneta, pues las cuatro personas íbamos en la camioneta a la casa de la chica y en el camino la chica nos reiteraba que pasaban
cosas en esa unidad. como ese tipo y los señores de vigilancia que no duraban más de una semana y se iban porque les pasaban cosas y cuando llegamos a la casa de la chica su mamá nos contaba que efectivamente que pasan cosas como de ese tipo pero ya no quisimos preguntar que otras historias les había tocado vivir y cuando terminamos pues nosotros íbamos pues nos despedimos todo terminamos y íbamos en la carretera hacia otro pueblo porque los pueblos de ahí en los que estábamos son como
muy pequeños entonces cuando nosotros íbamos nos dirigíamos hacia el otro pueblo pues ya era de noche la carretera todo oscuro y de pronto pues el asiento de mi compañero se comienza a mover, se comienza a mover. Y yo le pregunté, oye, ¿te estás moviendo? ¿Eres tú? Porque mi asiento no se movía. Y me responde, no, no soy yo. Pero no voltees, pero no voltees. No sé el que vio o que se imaginó o que sintió en ese
momento, que solo me dijo, no voltees. Pues yo ya muy asustada, o sea, yo ya quería llegar a descansar, a buscar un hotel para descansar. Y cuando su asiento se deja de mover, pues en medio de la carretera, ven que hay como, pues las cositas estas blancas que dividen el ir y venir de la carretera. Pues nos encontramos, nosotros pensamos que era un señor de pantalón de vestir negro, camisa blanca. Y estaba agachado. Entonces, lo vimos claramente los dos nuevamente.
Entonces, cuando pasamos eso, justo eso, lo del señor, su asiento se deja de mover. Y sentíamos un frío, un frío tremendo. Pues no, o sea, para ese momento, o sea, después de haber manejado tantas horas en carretera. Recuerdo que solo desayunamos, no comimos, no cenamos, llegamos de noche y todo lo que nos pasó. Pues lo único que nosotros hicimos fue llegar al hotel del otro pueblo, al único hotel, y ya, a dormir con todo el miedo. Y eso fue lo que nos pasó. ¡Qué
espeluznante! No cabe duda, ¿eh? ¡Qué espeluznante! Claro. O sea, toda la gente que ahí laboraba, Gina, Se iban desafanando, se empezaban a ir, ya empezaron a dar las 6 de la tarde. Y todos, bueno, pues ahí se ven. Porque el horario era hasta las 8 de la noche. Y se dieron cuenta ellos que estaban auditando todo. Que pues, que raro, ¿no? Que estos empiecen a ir, nos están viendo, no nos han ignorado. Pero se empezaron a ir de uno a uno, se fueron, se fueron, se fueron. Hasta
que dijeron, bueno, ¿qué sucede aquí? Algo raro. Y mira lo que se toparon, Gina. Una experiencia de terror. ¿Tú harías eso por tu trabajo? O sea, ¿tú correrías ese tipo de riesgos? No, pues primero el trabajo y aunque estén sucediendo cosas feas, ¿aguantarías ahí? La respuesta de muchos fue, no, primero soy yo y después mi trabajo. Hoy hablando del tema de hoy, en el mundo del ocultismo y de lo paranormal, pocos objetos... han generado
tanto miedo como la llamada caja Dibuk. Este pequeño contenedor de madera, aparentemente inofensivo, es conocido por encerrar una entidad maligna procedente del folclor judío, un Dibuk, es decir, un espíritu errante que, según la tradición cabalística, posea a los vivos para cumplir asuntos pendientes
o incluso simplemente sembrar el caos. La leyenda de esta caja no solo ha inspirado películas de terror, sino que ha dejado una estela de infortunios y eventos inexplicables también en la vida real. Ahorita te vamos a platicar el origen de esta maldición. Claro, vamos a seguir hablando al respecto y te invitamos a ti también a participar con nosotros. Gabriela Fernández, saludos amiga. Martín Márquez, bienvenido. Su esposa, saludos también a Hugo López. Ah, perdón, es Hugo el
que pide saludos para Leslie. Su esposa, Hugo en Cagle, Texas. Saludos. Vámonos con más relatos. Buenas noches, ¿cómo te llamas? Saúl. Saúl, ¿desde dónde nos escuchas? De Monterrey. Perfecto, siempre nos gusta que el norte esté presente. ¿Y qué nos quieres contar, Saúl? Este es un evento, un relato que está muy relacionado con el tema que están manejando el día de hoy. Sí. Los recuerdo muy bien, fíjate. Puedo darte muchos datos. Fue en 1977. En los meses de junio, julio, estábamos
de vacaciones. Sí. Era un miércoles a las nueve de la noche. Estábamos viendo... Mi papá, mi hermano y yo estábamos en la cámara viendo la televisión, viendo Starkey Horses, tal programa, me acuerdo. Mi mamá nomás la veíamos por la ventana que estaba haciendo... lavando ropa, colgando ropa. Cuando de repente se escucha una canica en la sala, que cayó una canica, mi papá solo me llama la atención. Oye, ¿sabes qué? Recoge tus juguetes, no me voy a pisar tu mamá. No me
dije que sí, pero no me paré. Fue mi hermana la que se levantó. Yo voy, yo voy, yo recojo el juguete, lo que se cayó. Cuando llega a la sala, nos habla y nos grita, venga, venga, déjame ver esto. A mi mamá le habían regalado unos ceniceros. Un juego de cuatro ceniceros, muy grandes, muy pesados, muy gruesos, muy bonitos. Dos de tamaño normal, estaban en una mesa de centro. Los otros dos eran muy grandes, casi del tamaño de un plato, unos 30, 35 centímetros de diámetro. Y mi mamá
los puso en una repisa. Estaban tan grandes que sobresalían de la repisa, un pedacito. Bueno, ese pedacito de uno de los ceniceros fue lo que se cayó. Imagina que un cuchillo caliente... Cortas el cenicero al rato de la repisa y el resto del cenicero se quedó arriba. Solamente el pedazo que no tenía apoyo fue lo que se cayó. Entonces mi mamá se mortificó mucho. No sé de dónde tomó la creencia o no sé su partición. Una tina con agua, con sal, puso ahí los vidrios
rotos para posteriormente tirarlos. Según mi mamá decía que cuando se rompen cosas de cristal solas es porque hay deudas monetarias en la casa. Pero mi papá jamás compraba cosas a crédito, no le gustaba deber dinero. Nunca supimos qué fue lo que pasó o por qué. En la casa nunca consideramos, bueno, yo nunca consideré que asustaran. Sí hubo varios eventos, pero en el transcurso de 20, 25 años, eventos aislados que se estuvieron presentando.
En ciertos momentos, pero ese fue el que más nos pasó, que lo vimos, ver que el cenicero se quebró solo. Y no se cayó simplemente porque pensarías, oye, pues lo empujó un gato, lo empujó una ruta, no, pero el cenicero se quedó arriba, no cayó, se cayó solamente el pedazo que no tenía apoyo. Hoy se quedaron realmente impresionados de que esto hubiera sucedido ante sus ojos. Déjame tiro eso porque no sé qué haya pasado, no sé
por qué se quebró así. Entonces fue un evento de que un objeto se tronó solo, un objeto de cristal. Pero fue buena instrucción tuya para tu familia, no toque nada, mejor hay que levantarlo, pero sin tener contacto directo con este objeto. Así es. ¿Verdad? Sí. ¿Qué efectos es el agua con sal para aventar las cosas? No sé si sea algo de superstición. De hecho, mi mamá era de religión protestante, pero sí tenía muchas creencias. Como dice uno acá en el norte del rancho, muchas
de esas creencias. No sé si fue algo que nos marcó, porque me acuerdo muy bien de año, día y hora que fue, las nueve de la noche. Fue algo muy, muy... Pues muy impresionante en ese momento. Sí, este tipo de cosas no se olvidan y así como tú claramente tienes el día, la hora y la imagen seguramente ahorita que lo platicaste, cómo en tu mente se fue recorriendo ese momento exacto. Así es. ¿Verdad? Sí, sí, sí. Oye, Saúl, te agradecemos muchísimo. Sí, muchas gracias. ¿Qué vas a decir?
Muchas gracias a ustedes, los escucho desde hace muchos años, desde Juan Ramón Sáenz, desde los años noventas que los escucho que era una vez que me logro comunicar con ustedes y les agradezco los felicito por su programa y vamos juntos oye Saúl vamos juntos por los 30 años de la mano peluda claro que si muchas felicidades hasta luego Nos despedimos de las estaciones en la República Mexicana, que solamente nos escuchan
una hora, los esperamos mañana. Y en el resto de la República y el mundo entero, continuamos después de la pausa. El Miedofón, 55, 21, 93, 59, 26. Lo oculto se pone al descubierto aquí, en La Mano Peluda. Soy Leonardo Curso y te invito a que estés pendiente de nuestro podcast para que estés bien informado cuando tú lo decides. No pierdas tan bellas ocasiones de callar como a diario te ofrezca la vida. Sabiduría en las redes. Porque tenemos mucho que decir. La mano
peluda. Saluditos, saluditos. Dios me las bendiga. Siempre presente. De su amigo Francisco Arroyo Sánchez. Desde Santiago Torma nos escuchamos siempre. Saludos. Saludos. Y hoy hablando del tema de la caja D -Book. Esta historia comienza en el año 2001. Kevin Mannis, un anticuario de Oregon, compró un gabinete de vino en una venta de garage. El mueble pertenecía a una mujer judía que había sobrevivido al holocausto. Según él, al abrir la caja, comenzaron a suceder cosas
extrañas. Luces que parpadeaban, empezó a tener pesadillas horribles y sentía un ambiente cargado ahí en su tienda. Pronto sus amigos, sus familiares que interactuaban con este objeto empezaron a sufrir accidentes, enfermedades y fenómenos paranormales. Dentro de la caja se encontraron objetos inusuales, por ejemplo, una mecha de cabello, dos monedas, un cáliz de vino, también había un pequeño candelabro
y una figura con la palabra hebrea Shalom. Elementos que para algunos expertos Servían para contener y sellar al D -Book. Esto desencadenó que los propietarios y varios dueños que han tenido esta caja han reportado experiencias aterradoras. Por ejemplo, un curador de un museo médico adquirió la caja y aseguró haber sufrido enfermedades respiratorias hasta alucinaciones. permaneció la caja enterrada durante un tiempo para evitar
que el mal se esparciera. Otro dueño, tras sufrir una serie de eventos desafortunados, la devolvió, afirmando que el mal dentro no podía ser contenido por el hombre. Incluso esta caja inspiró una película de posesión allá por el año 2012. la cual irónicamente también estuvo envuelta en situaciones extrañas durante el rodaje. Se registraron, por ejemplo, incendios en el set, equipos dañados y sensaciones de incomodidad general. ¿Esto será una realidad o una psicosis colectiva? ¿Tú qué
opinas? Te queremos escuchar y te invitamos a participar con nosotros. Así saludamos a Elizabeth Barragán, a YouTube Tijuana, a Ricardo Vega. Saludos, gracias por acompañarnos y vamos a seguir escuchando tus opiniones, tus relatos, los audios que tú compartes. Hola, buenas noches. Mi nombre es Rocío, llamo desde España. Saludos, Rocío. Y os escucho y os sigo desde hace poquito tiempo. La verdad, os he descubierto hace muy poco. Lo
siento mucho. No me lo perdono yo. Pero desde que os descubrí, era un par de meses o tres, no paro de escuchar todas las noches. Gracias, amiga. A través de Spotify. Porque no sé cómo encontraros aquí. Si puedo encontraros en la cadena de radio, no lo sé. Entonces, por Spotify me va bien. Y hoy escuchando el capítulo que estoy escuchando, que creo que no es muy antiguo, porque es que no miro ni la fecha, simplemente le doy play y ahí va un programa, otro, otro.
Pues he escuchado que queríais saber historias sobre colegios y tal. Bueno, pues ahí va mi historia. Yo llevo, ahora mismo llevo desde el 19 de noviembre. Yo soy cocinera y trabajo en la cocina de un colegio que da la comida, desayunos y comidas, bueno, desayunos menos, pero comidas son casi 400, a veces 450, entre 400 y 450 niños. Y entonces lo mío es breve. Hay un día a la semana. Un día a la semana no, perdón, dos días a la semana
de los cinco. Yo me quedo fregando el suelo para terminar y mis compañeros salen a tirar la basura y me quedo sola. Esa cocina, como comprenderéis, para tantísimos niños, pues es grandísima. Tiene vestuarios, hay baños con ducha y tal para el personal. Y luego está el comedor que es grandísimo.
Últimamente, cada vez que me he quedado sola, van como cuatro veces seguidas que escucho de reír un niño y correr como para un pasillo que lo que da es a una puerta que da como al patio del colegio o al baño, al baño nuestro del personal. Lo he escuchado ya cuatro veces y lo he visto
como una sombra correr rápido y reírse. estoy preguntando sobre todo a la más antigua que hay allí que es una cocinera que lleva no sé si 11 o 12 años porque no lleva mucho más y no me dicen nada no sé qué ha pasado pero prometo que si me entero que ha pasado o si ha pasado algo Os lo contaré. Estoy muy contenta de haber descubierto vuestro programa. A lo largo de mi vida me han pasado muchas cosas, pero aquí en España cuentas
esto y te toman por loca directamente. Entonces por eso ando con mucha precaución en estos temas. Pero asimismo, yo fregando la cocina, escuchar al niño de reír. Es un niño con pantaloncito corto. El colegio es muy antiguo. No le veo bien los pies, pero lo escucho de reír. Me mira un momento y sale corriendo para el pasillo que va como al baño y hay una puerta que nunca se abre que va al patio. Solo es eso. No sé qué ha pasado, pero si me entero prometo que volveré
a mandar otro audio. Muchas gracias. Un saludo muy grande, con mucho cariño desde España. y mucha suerte sé que cumplimos ahora años en agosto creo que es que sigáis muchísimos años más y yo también para poder seguir escucharos y ver que hay más loquitos como yo que ven cosas Saludos. Saludos, mi querida amiga. Ah, pues entonces ya somos muchos. Sí, claro. Te mandamos un fuerte abrazo y qué bueno que estás encontrando esta
emisión, mi amiga. Y ahí en España nos siguen ya varios amigos en esta mano peluda más internacional que nunca. ¿Qué podemos decir, mi querida Gina? Claro, no importa el lugar del mundo en el que te encuentres, estamos unidos. por esta afición de escuchar relatos, pero sobre todo de compartir las experiencias propias que muchos no podrían entender. Hola, buenas noches. Tengo un relato para contar. He estado un poquito frustrada porque
me ha pasado dos veces seguido. ¿Qué pasó? Sueño una persona, no sé si es un sueño, pero yo voy con ella, ella camina recto, no me volta a ver, tiene el pelo largo, hasta como bajo de las pompis, pero lo raro que siempre lleva a mi niño agarrado de la mano y me dice que está feliz y que sea feliz y cuando... olfatea así como a los lados desde ahí si hay algo mal aquí y ya despierto yo ese es un chiquito relato que me pasa llevan dos veces y el otro que llegué cansada de trabajar
como hoy que salí ahorita apenas de trabajar llegué a la casa me acuesto bien cansada tengo un bebé de un año, con dos meses, luego uno de siete y me paro temprano en la mañana para llevarme a la escuela. Y llego bien cansada, me acosté y tuve un sueño donde desde... Ay, soñé una paloma que voló de una jaula y le dije a mi mamá, mamá, la paloma se salió y blanca, blanca. Y si mi mamá deja la que huele en la casa, le dije, ma, pero la puerta está abierta. Y cuando yo dije
que la puerta está abierta, se salió. Y al lado estaba una casa y que voy detrás de ella corriendo y que la quiero agarrar cuando sale un perro. Pero era un perro, esos de los perros chiquitos, pero los ojos los tenía rojos. Y la agarra y la destafa. Como que algo me dijo, no entres ahí. Y no entré, me quedé en la puerta. Pero en el momento cuando yo me hice para atrás, eso se transformó como al adentro yo de la casa. Y entonces el perro me empezó a rondear como
en círculos. Y yo dije, yo no sé orar. Entonces yo empecé a orar. La magnífica. Entonces era un hombre común, un hombre así normal, vestido como uno que va a trabajar. Me acuerdo era un hombre ni muy alto, ni muy bajo, con barba, ni así ni en serio, ni en seco. Me dijo, ¿por qué rezas a esa perra? Y cuando dijo eso yo desperté y me asusté. Y dije, ¿qué está pasando? Pero yo sí tengo algo que decirles. Siento que me
pasa eso. No es la primera vez. Ya le había mandado un relato de que yo cuando estaba embarazada de mi bebé me levantaba con las manos hacia atrás y caminando como las arañas así con la panza hacia arriba. Y a una embarazada pues ya de ocho meses casi ya para aliviarse. Me imagino que las que son madres saben que es muy difícil de hacerlo, solamente que hagas ejercicio. Y yo pues peso, en ese tiempo pesaba, ahorita peso 190, en ese tiempo pesaba como 180. Ok, vamos
a hacer una pequeña pausa y regresamos. El Miedofón, 55, 21, 93, 59, 26. Miedofón. Conocemos la leyenda y la hacemos realidad. La mano peluda. ¿Quieres iniciar, hacer crecer o monetizar tu podcast? Saber todos los secretos de todos. ¿Dónde y cuándo quieras? ¿Les va a cambiar la vida? RSS .com Almacenamiento, distribución y programación de tus episodios en un solo lugar. ¡Hostiado! y
distribuido por rss .com rss .com hacer podcast de manera fácil el dinero en sí no me interesa pero debemos hacer dinero para continuar haciendo negocio sabiduría en las redes porque conocemos de raíz a los especialistas La mano peluda. Continuamos, estamos escuchando relatos y también recibiendo tus comentarios acerca de la caja de ebook. ¿Tú te atreverías a abrirla sabiendo todo lo que ha provocado? Danos tu comentario. Claro, te
estamos esperando. para que participes con nosotros y vamos a terminar de escuchar esta interesante historia. Ya fui al doctor, estoy bien. No tengo colesterol, no tengo nada. Entonces, no sé la verdad. ¿Qué me pasa? Y les voy a mandar las fotos de lo que me pasó. Claro que sí, con mucho gusto la vamos a observar esa foto. Creo que es la que ya tenemos por acá. Ahorita a ver si la podemos... Poner nos autorizó para publicarla.
Y también hay otro audio que mandó. A ver, continuemos escuchando y de paso vemos si podemos ilustrar con la fotografía que nos menciona. Hola, buenas noches. Tengo otro más relato, pero ya se lo pueden poner, no sé, para que le den espacio a alguien más. Mi hermano tiene una novia que vive en Beckerfield. Y fuimos a conocerla. Ellos ya habían ido, mi mamá, mi hermano, mi padrastro. Ellos ya sabían, pero yo nunca había ido la primera vez. Estaba embarazada de mi bebé desde que tenía
cuatro meses. Y me pasó una experiencia. Cuando yo llegué a esa casa, Ellos convivieron, hicimos carne asada. Convivimos, pero hicieron carne asada, bebieron. Obvio que yo no podía estar embarazada. Y en la noche yo me sentía cansada por el embarazo. Me fui a acostar, nos pusieron un colchón inflable y ellos se quedaron bebiendo allá. Se durmieron como a las tres. No, dos y medio de la mañana. Y yo ya dije, bueno, ya se durmieron, porque es como tenían música, pues.
Yo soy de las personas que no me puedo dormir si hay un ruido. Me tengo que quedar así, si no hay algabulla. Y ya me acosté. Dije, ay, ya se acostaron. Eran las tres de la mañana. Estaba venciendo el sueño apenas. Cuando de repente, donde nos pusieron era una sala y estaban dos colchones y nos pegaron hacia el colchón. Y ya mi pareja se acostó, mi bebé y pues yo embarazada. Cuando de repente yo escucho, ¡Ah! ¡Ah! ¡Ayúdame! ¿Dónde estoy? Y yo decía, bueno, y pues que se
oye. Y miro mi cabeza hacia atrás y en el sillón, donde nosotros estaban dos sillones hacia lo largo, y donde nosotros estábamos en el otro, entre medio del otro sillón, estaba un viejito, pero el viejito se le miraba transparente, transparente la piel. Y yo decía, bueno, ¿qué estoy viendo? Y el viejito se paraba y se iba a la puerta, se regresaba. Iba a la puerta como tres veces hasta que yo moví a mi pareja y le dije, ¡eh! Y él todo tomado ahí. Y yo, ¡eh! Y ya quedó así,
ya no dormí. Toda la noche no dormí. Entonces ya me quedé así, pensando, viendo. Ya no lo miré. Pero al rato, en el techo, escuchaba como cuando un soldado, como las botas que tienen los soldados, que le hacen paz, paz, paz, cuando van caminando duro. Pero era en círculos, en círculo. Y yo decía, bueno, ¿y qué se oye arriba en el techo? Y en círculo, y en círculo, como si estuvieran marchando. Y me quedé observando, y así nomás,
dije, bueno. Y los perros ladrilas, y ya. No me dormía, se dieron las cuatro, las cinco, como a las seis me venció el sueño. No dije nada. En la mañana que nos levantamos a tomar café, porque nos íbamos y pues nosotros somos de Santana y fuimos a ver, que fui a ver a la novia de mi hermano, de un convivio. Yo le pregunté a mi hermano, le dije porque mi hermano vivió un tiempo ahí, pero se regresó con nosotros a Santana. Le digo, oye Luis, le digo, ¿así más vivía aquí?
Y me dice, ¿por qué? Le dije, no, no más. Dice, dime, ¿qué tienes? Le digo, no, es que la noche de este, mire, un viejito. Me dice, ay, estás loca. Y ya empezamos a tomar café y luego mi hermano dijo el comentario. La suegra de él dijo, sí, dijo, aquí murió un viejito, pero ¿quién te dijo? Le dije, no, yo lo miré. Y me dice, sí, le digo, sí. Dice, qué raro, dice, porque mis nietos lo miran. Yo lo miré, le dije, pero.
No me dio miedo, le dije, simplemente era un señor como que pedía ayuda, que dónde estaba, que lo ayudaras. Pero lo que sí me dio miedo, mi bebé se puso inquieto en el techo cuando corrían en círculos y marchando. Dice, ¿cómo? Le dije, sí, que los perros estaban ladre y ladre y ladre. Y ese es mi relato. Y tengo más, pero soy una bomba de tipo que quiero decirle todo, todo. Pero también quiero que los demás digan y poco a poco les estaré diciendo porque trabajo de
noche, como les digo, llevo noche. Y en el trabajo a veces, como estamos muchas, y tú sabes que en cualquier trabajo existe, oh, estás hablando más, entonces mejor o no mantienes tu distancia. Entonces cuando yo regrese a la casa siempre les voy a mandar de voz. Nada más quiero que los que han pasado eso, miren. Que, pues, yo desde niña he pasado tantas cosas. Que luego se lo sé. Y de este, porque quiero entender qué pasa. Igual, luego les mando el video de mi prima.
Ok. Que murió, como les dije. Eso me ha llegado mucho. Quizá muchos van a decir, oh, pues a lo mejor por su prima está así, ¿no? Mi prima apenas va a cumplir dos años ahora en julio. Cumplió un año, ahora va a cumplir dos años. Y pues la verdad, pues sí, trabajo en el mismo y pues obvio sí me duele, pero son cosas que han pasado. Y les voy a mandar un video donde la de recursos humanos. Pero mejor se los mando y luego les explico. Gracias y buenas noches. Luego les mando
otro relato. Orale, cuando gustes, mi querida amiga, muy amable. Gracias por estas... Esta explicación que nos das y por supuesto aquí estaremos pendientes de una nueva comunicación tuya. Natalia dice por favor saludan a mi esposo Rogelio que hoy los está escuchando en vivo por primera vez. Entonces Natalia por supuesto con muchísimo gusto invitamos a Rogelio que esté más seguido contigo escuchando la mano peluda y que le guste este
tipo de relatos. Claro, le invitamos a participar, no solo a escuchar, también si desea contar algo que tenga por ahí escondido en sus recuerdos y que de momento sale a flote, pues qué mejor espacio para escuchar historias de terror, misterio y suspenso. Y sobre todo esas que aquí todo mundo comparte, porque este programa está diseñado para eso. Aquí su amiga Ivonne Guzmán, mi mamá
sigue con nosotros. Pero lo que a ella le pasó fue que cuando falleció una tía mía por parte de mi papá, esa misma noche que mataron a mi tía, a mi mamá le dieron un zap en la cabeza, en la frente. Bueno, eso fue la palabra que ella me dijo. Me despertó a la madrugada, como 4 o 5 de la mañana. Y me dijo, Ivonne, despiértate, despiértate. Alguien me dio un zape en la frente. Y mi mamá se levantó, prendió la luz. Tenía mucho
miedo, como que estaba muy sacada de onda. Yo estaba chiquita, tendría unos siete, ocho años. Y mamá estaba pálida, pálida. O sea, ella dijo, alguien vino y me pegó. Un ratito después, ese mismo día, nos llevó ella a la escuela y en la escuela le dijo una vecina, oye, ya fuiste a la casa de tu suegra. Y mi mamá les dijo, no, ¿por qué? ¿Qué pasó? Y dijo, está el forense.
Están todos menos tu cuñada. Mi mamá... Se quedó pasmada, mi mamá ya ni siquiera nos llegó a la escuela, nos regresamos a la casa y mi mamá venía en el camino diciendo, vino a despedirse de mí. Ellas no se llevaban bien, ellas meses antes habían agarrado a golpes y mi mamá le había ganado a mi tía en los golpes. Mi mamá vino a la revancha. Mi mamá estaba muy sacada de onda, muy asustada. Pero en el camino de regreso a la casa, ella
venía hablando eso. No lo estaba diciendo a nosotros, pero como que ella venía hablando en voz alta. Pero sí, así fue. Pensamos en ese momento que mi tía vino a darle su último zape a mi mamá. Mándale la venganza. La venganza es dulce porque ya no pudo haber réplica. Oye, dijo, le vino a dar el último zape. Sí, correcto. Qué fuerte. Vámonos a una pausa y regresamos. El Miedofón, 55, 21, 93, 59, 26. Las historias tienen muchas formas de contarse, pero solo una de comprobarse.
Aquí en La Mano Peluda. De todos es errar. Solo del necio, preservar en el error. Sabiduría en las redes. Porque distinguimos al mundo sobrenatural. Acerca del tema del día de hoy de la caja D -Book, ha sido relacionada con fallecimientos súbitos de mascotas, aparatos eléctricos que dejan de funcionar cerca de ella. Muchos de los antiguos propietarios reportan pesadillas idénticas. O sea, no es casualidad. Ven figuras oscuras acechándolos.
Y algunos rabinos ortodoxos afirman que el ritual para sellar un dibuk es complejo y extremadamente peligroso si se hace mal. Así es que no cualquiera se atreve. También tienen voz los escépticos que dicen la maldición podría tratarse de un caso de autosugestión colectiva. Son escépticos y no creen en este tipo de cosas. Y dicen esto se alimenta por la fama viral del objeto. Pues
no es más que una sugestión. Sin embargo, todos los que han vivido fenómenos, acontecimientos, hechos que tienen que ver con lo paranormal, cuando han tenido contacto con esta caja, por supuesto que no opinan lo mismo. Sí, se han topado con... Situaciones que generan mucho estrés, que generan miedo, que generan cierto trauma también. ¿Por qué no mencionarlo de ese modo? Y es con lo que se tiene que vivir una vez que te topas con un objeto. No solo la caja Dibut,
sino algún objeto considerado como maldito. Vamos a continuar escuchando historias. Tu participación es fundamental, así que también a ti. Te estamos esperando. Gina y Nachito, muy buenas noches. Amigos de Miedotín, los saluda con todo gusto a ustedes y a todos los radioescuchas de la mano peluda Laura Mendoza Núñez desde la ciudad de Querétaro. Hoy que comienzan esta semana con las leyendas urbanas, pienso Gina y Nachito que en muchas ocasiones las leyendas urbanas No sabemos
realmente quién las comienza. De repente comenzamos a escuchar y escuchar anécdotas, alguna posible situación, cosas extrañas. Y de allí se derivan estas leyendas urbanas. Recuerdo que mi mamá me platicaba que como cuando ella era niña, en la década de los 50, había en la ciudad de Carétaro un señor. que vendía gorditas de cuajada. Eran como una especie de gorditas de nata, eran como una especie de postre. Pero mi mamá dice que se escuchaba únicamente por las noches. Este
señor pasaba gritando gorditas de cuajada. Y había muchas leyendas urbanas alrededor de él. Algunos decían que no existía. que cuando uno salía de la casa para querer comprarle, no existía. Recuerdo que una amiga incluso del trabajo me platicó que también sus familiares una vez persiguieron al señor de Gorditas de Cuajá, pero nunca dieron con él. Me acuerdo que mi mamá dice que a ella
también le provocaba una gran curiosidad. Entonces, una vez que sus tíos estaban de viaje, porque ellos trabajaban como anticuarios y salían a distintos lugares a traer mercancía, a comprar, a vender. En fin, iban por lo que ellos necesitaran para su negocio de antigüedades. Mi mamá, estando en la casa en la noche, oyó que gritaron gorditas de cuaja. Dice que el grito se oía ya como entre nueve y diez de la noche. A ver si veía al Señor.
Entonces, según dice mi mamá, el Señor como que siempre se ocultaba donde hubiera alguna sombra, donde no le diera la luz directa de una lámpara. Entonces mi mamá dijo, bueno, voy a ir a investigar porque el Señor se escucha, pero no lo vemos. Fue a investigar quién era el Señor. Ella iba a decir que iba a ir a comprar gorditas. Le iba a decir al Señor, pero quería descubrir físicamente cómo era él y por qué la gente había inventado o había ordido diferentes leyendas urbanas acerca
de él. Creo que al parecer el Señor tenía alguna malformación en su rostro. Tal vez tenía una característica especial. No sé si alguna deformidad, alguna evidencia de algún accidente. No lo sé. Porque mi mamá dice que apenas alcanzó a verlo, pero sí le impactó mucho la cara del señor de gorditas de cuaja. Así que las leyendas urbanas muchas veces son acerca de personajes que van apareciendo en el colectivo diario de los pueblos,
de las ciudades, de los países. Tal vez ustedes recuerden, Gina y Nachito, amigos radioescuchas, que más o menos como en el año. 2007 -2008 surgió una leyenda urbana que a mucha gente le dio mucho miedo, que era la banda sangre. Recuerdo que decían que era un carro que circulaba por las calles o las carreteras en muchísimos lugares
de México, pero circulaba sin luces. Entonces que cuando uno le echaba las luces para avisarle que no traía, ellos se bajaban y podían... quitarles la vida a los que les hubieran echado las luces como una señal o una advertencia de que ellos mismos prendieran sus luces recuerdo que como que esta leyenda urbano estuvo presente durante varios meses y a mi la verdad si me daba miedo entonces cuando veía algún carro ya cuando comenzaba el anochecer o cuando se hacía de noche y yo
decía ay dios mio le echaré o no las luces para que prende a sus propias luces, está peligroso que ande así. No, mejor evitaba echarles las luces. Pero bueno, estas son algunas de las leyendas urbanas que recuerdo. Esta contada por mi mamá y la otra que a mí me tocó escuchar y de la cual me tocó de algún modo experimentar el hecho de que algunos carros o camionetas anduvieran en la calle sin luces. Les agradezco mucho Gina y Nachito. Amigos de Miedotín, a todos les deseo
la mejor de las noches. Y por supuesto, a todos los radioescuchas, que pasen una noche excelente. Gina y Nachito, ya queremos Miedotón. Los saluda desde Querétaro, Laura Mendoza Núñez. Excelente, mi querida Laurita. Con mucho gusto ya se acerca el próximo Miedotón. Y te agradecemos tu participación, por supuesto, interesante. Sí, recuerdo yo esa época llena de esa leyenda urbana que sí a muchos les dio bastante miedo, ¿verdad? Fíjate, no la recuerdo, pero tú la tienes presente, esta leyenda.
Sí, adelante. También tenemos aquí mensajes a través del miedofón. Buenas noches, Jenny Nacho. Para contarles lo que le pasó a mi familia hace como un año. Mi esposa empezó a decaer de salud y una compañera de trabajo le dijo, amiga, a ver si te haces una limpia porque pasaste junto a mí y se me erizaron los vellos del brazo. A mi esposa se le veía la mirada triste. Yo la acompañé a que se hiciera una limpia con una persona, pero no le hizo nada. Entonces mi hermana
nos recomendó a otra para la limpia. Mi esposa se le veía tristeza en sus ojos, estaba desganada, ya no tenía ánimos de nada, solo quería dormir. La persona nos visitó en nuestro departamento. Ahí ella le pidió su teléfono a mi esposa y le dijo, te pido tu teléfono para que veas que no lo manipulo. Ella le tomó fotos a sus ojos y aunque ustedes no lo crean, en cada ojo salieron dos imágenes diferentes. En una se veía a mi esposa ya atendida y en la otra la persona que
le estaba haciendo el mal. Era una vecina, se veía claramente su cara. Entonces nos pidió a toda la familia que compráramos una veladora negra. No les pasó a toda la familia por todo el cuerpo. Nos la pasó a toda la familia por todo el cuerpo y la sacó a la sotegüela. La prendió y cerró la puerta del departamento. Nos dijo, la veladora va a estallar y se formará una imagen en el suelo. El mal saldrá y buscará a la persona que lo mandó. como un perro buscando a su dueño.
Se le pegará y efectivamente la veladora se quebró en el suelo, con la cera se formó un corazón, abajo la silueta de mi esposa y mía y abajo de nosotros nuestros tres hijos. Nos dijo que eran dos personas que querían acabar con ella, pero como ya había actuado para salvar a mi esposa,
ellas iban a pelear. porque una puso el dinero y la otra la brujería, pero la que puso la brujería iba a enfermar igual que mi esposa y que le pasaría lo mismo que le deseó a mi esposa, que iba a tardar pero enfermaría porque el mar se le regresó. Nosotros no queríamos que le pasara algo, solo queríamos que mi esposa se curara. Y efectivamente, tardó dos semanas y esta persona enfermó. Cayó en cama, le iban a visitar sus amigos y su familia le decían que estaba enferma, pero con el tiempo
se curó. Pero sí entendió la lección. Yo sé que es difícil que crean esta historia, pero les doy mi palabra que es verdad. Saludos a todos. Ya lo creo que es verdad, así hay testimonios. Terribles, espeluznantes. Y claro, te agradecemos mucho que nos hayas compartido. Y pues si les parece bien, vamos a continuar con más historias. A ver, mi querida Gina, entonces, ¿a qué vamos? Y ahora sí, vámonos a la llamada. ¿Cómo te llamas?
Me llamo Omar. Soy del Estado de... Bueno, soy de la Ciudad de México, de la Delegación Milpalta, Alcaldía Milpalta. Ah, muy bien. Bienvenido.
¿Y qué nos quieres contar esta noche? como 7, 8 años una temporada del Día de Muertos pero hace como 8 años falleció mi papá un mes de agosto y para el mes de noviembre que le ponía la ofrenda un 31 de octubre salí de un tocaba yo de un sonido salí de una tocada y en el camino se me hizo presente una persona una persona parecida a mi papá ya como las 2 de la mañana yo salí de la tocada y me dirigí a mi casa como ya no había carro de esa hora me tuve que ir caminando en
el transcurso del camino una persona alta Con todo lo que me iba contando ellos, se me hizo raro. Dije, pues ese señor no me conoce, no lo conozco, ¿no? No sé por qué sabe cosas de mi vida. Donde yo fui a tocar a trabajar, hacia mi casa, es como una media hora caminando. Más hacia abajo, cerca del panteón donde yo vivo, se me desapareció la persona. Pues quedé sacado de una, ¿no? Dije, no, pues esta persona sabe de mi vida, de todo. Bueno, casi me platicó de
mi vida. Entonces los perros empezaron a huir a las 2 de la mañana. Estaban huyendo los perros. Llegué a la casa y le dije a mi mamá. Vivía nada más con mi mamá en ese tiempo. Y le dije a mi mamá, oye mamá, ¿qué crees? Estaba yo feliz y a la vez feliz y a la vez como que espantado. Dije, se me apareció una persona parecida a mi papá. No sé por qué. ¿Cómo crees? ¿A poco sí? Se me apareció igual a mi papá. Oye, cuando esta aparición te estaba platicando, ¿tú le podías
ver bien definidas las facciones? nunca le alcanzaba, fue a ver la cara, la cara así, nunca me la enseñó, y los pies, pues iba caminando, y yo caminando, aunque pusiera lejos, dos de la mañana, yo dije, no, que vayan a robarme o algo, digo, yo caminando rápido, y íbamos platicando, y le digo, oiga señor, ¿no quiere usted un cigarro?, y cuando le dije, sí, y bueno, pues tú quién eres?, y cuando regresé, ya no estaba, me regresé así a buscarlo, cerca de donde se me desapareció,
estaba un panteón, y en lo que me regresé a buscarlo, empezaron a llegar los perros, y me... Sí, rápido a mi camino, ya casi llegué a mi casa. En esta plática, ¿él te dio algún consejo, alguna recomendación? Quizás andabas en la madrugada. Sí, me dijo, oye, ya no tomes. Digo, no, vengo de una tocada, no vengo muy borracho. Cuando regresé en sí, digo, oye, pues, ¿quieres un cigarro para ir
fumando? Ya no estaba, digo, no, pues, si no vengo muy borracho, dije entre mí, pues, dije, a lo mejor si venía yo muy borracho, pues, si está borracho es el Biovisiones, ¿no? Pero no, pues, si no me tomé dos, tres cervezas, ¿no? Nomás para, y si me saqué de dónde, luego los perros aullando, dije, no, pues, si me saqué de dónde, ¿sabes? Claro, y es que quizá tu papá no se podía despegar todavía de este plano físico por el pendiente que tenía. De ti, por ejemplo.
Entonces fue un mensaje que me imagino que después de esa ocasión como que ya pensaste las cosas dos veces y quisiste reflexionar un poquito más. Sí, en ese tiempo pues era yo todavía soltero, ahora ya tengo hijos, ya tengo hijos, ya hice mi vida, ¿no? Pero sí, sí, fue una anécdota que se me quedó guardado. Con la viora que viene ya de muerto, sí me acuerdo, digo, la vez que me pasó eso. Ah, ok. Pues qué bueno que tuvimos la oportunidad de escucharte, que ya se quedó
tu experiencia aquí como testimonio. Sí, le digo, la verdad, yo sí dije, bueno, a mi punto de pensar y de creencia, yo sí sé que vienen las personas el Día de Muertos, ¿no? Yo siento que vienen, cada año, cada año, tú en mi vida he puesto mi ofrenda, pongo, siempre los espero, siempre los he esperado y me he dado cuenta, digo, no sé, la fruta pierde el sabor, el pan. La esencia.
de la sabor, la esencia no sabe igual de cuando la acabas de poner no sé, yo siento que si viene, si siento la presencia de la vibración de la gente, de las personas que espera uno Pues muchísimas gracias por compartir y te vamos a invitar a que sigas escuchando relatos Sí, yo tengo dos o tres historias más de contar que me han pasado pero después ya tendré más tiempo ahora que participen más personas después ya tendré más tiempo Claro, por supuesto. Cuando tú quieras. Sí, ahí estamos
en contacto. Muchísimas gracias. Igualmente, buenas noches. Hasta luego. Hasta luego, amigo. Pues probablemente sí fue su papá, ¿no creen? Así como para que, oye, ya te estás desbordando demasiado. Cuídate, porque hay muchas cosas que están por venir. Y mira, ahora él mismo lo comenta. Dice, pues ahora ya tengo hijos, ¿verdad? Soy casado. Y a lo mejor... Si no hubiese tenido esa experiencia, él hubiera continuado con eso
de la tomadera y cosas así. A veces uno cuando es joven desestima todas esas experiencias, Gina. Exactamente. Y vámonos con más relatos. Ok. A ver, buenas noches. Ahorita creo que estamos en la recta final, ¿verdad? Pero permíteme. Ok, vamos a continuar. Adelante, venga. ¿Qué tal? Buenas noches. Mi nombre es Félix. Hablo de Guanajuato. Y quiero contarles un relato que pasó en mi trabajo. A mí no me pasó, le pasó a un compañero. Bueno, trabajamos una empresa, una fábrica que hace
piezas automotrices. Estamos en el área de laboratorio de soldadura. Y cuenta mi compañero que él algún día le tocó ir a tiempo extra un domingo por la noche, o sea, para amanecer lunes. Totalmente estaba la empresa casi vacía, nada más estaba el área al que se le iba a dar soporte y él en el laboratorio. La práctica es que él llegó y prendió la luz y al momento que prendió la luz
se fijó. a donde estaban las computadoras pues nada más ir para ver y cuando volteó hacia el lado opuesto de las computadoras escuchó que le dijeron hola como la voz de una niña cuando volteó hacia donde se escuchó la voz de la niña la vio una niña chiquita aproximadamente como de unos 5 o 6 años que se le quedaba viendo Y dice él que sintió bien feo, que sintió como que se quería desmayar, así un miedo bastante. Y que cuando se agachó en una mesa, se recargó
y volvió a voltearla a ver. Se iba como perdiendo entre la pared, atravesándola y diciendo hola, hola. Entonces él pues empezó a... a ver a todos lados y pues estaba solo, no lo podía creer, entonces agarró y se fue a donde el área que estaba trabajando, llegó y los chavos le dijeron que qué le pasaba, que se veía muy pálido, ya les platicó lo que le había pasado y duró unos minutos al regresar, pero dice que cuando regresó tenía bastante miedo porque a fin de cuentas...
Y va a estar ahí donde le pasó eso. Yo también trabajo en esa misma área y también nos han pasado más cosas. No a mí, a otros compañeros también. Y pues en otra ocasión les cuento más relatos sobre esta área de laboratorio. Incluso entre la planta también hay más ocasiones, más historias que han pasado. Gracias, saludos. Saludos amigo. Bueno, Ollina, pues hoy fue una noche en donde... Pues nos platicaron que en varios lugares de trabajo sucedían manifestaciones del orden sobrenatural.
Exacto. Y que tanto nos puede interferir que en nuestro centro de trabajo vivamos este tipo de experiencias. Hemos escuchado aquí relatos que incluso deciden dejar ese empleo. A pesar de tener que llevar el sustento a su familia, dice, no, prefiero buscar otro trabajo antes de seguir viviendo esta situación. Sí, yo creo que la salud siempre debe prevalecer ante todo. Si es algo que te va a afectar en los nervios, en tu estrés, en tantas cosas que tienen que
ver con las emociones, ¿sabes qué? Mejor busca algo que te represente una salud mental. Oye Gina, pues ha llegado el momento de despedirnos. Muchísimas gracias por haber estado con nosotros, que tengas un excelente día mañana y una noche genial hoy. Dios te bendiga, soy Gina Aviles. Yo también me despido, soy Nacho Muñoz, agradecido con Dios y con ustedes porque juntos escuchamos muy buenas historias. Que tengan una estupenda noche, descansen y como decimos aquí, cabot.
El programa se termina, pero la investigación continúa aquí en La Mano Peluda. Esta fue una producción de Grupo Fórmula.
