Grupo Fórmula, en tu plataforma de podcast preferida. Advertencia, las opiniones de los participantes y colaboradores no corresponden necesariamente con las del programa o la empresa. Si este programa es escuchado por menores de edad, se recomienda que lo hagan en compañía de un adulto. Porque nosotros hemos estado ahí. Antirífimo, espíritu de bruja en el mundo... Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. El que no es conmigo en contra de mí es el que conmigo no recoge de rama.
Porque conocemos de raíz a los especialistas. El demonio es una figura que ha aparecido en todas las culturas. Y no es una figura cristiana. Documentaremos todas esas experiencias que no tienen lógica alguna. Con Georgina Avilés e Ignacio Muñoz. ¡Ahhh! Llegó la hora de poner las evidencias sobre la mesa. Fantasmas. Voces. Apariciones. Psicofonías. Mitos y leyendas que rodean al mundo sobrenatural Quedaran al descubierto a quien... La mano peluda.
Desde la Ciudad de México, para todo el mundo, esta emisión de lo insólito y de lo que no tiene explicación lógica, pero que a ti y a nosotros nos apasiona. Soy Gina Avilés y que gusto que estés esta noche con nosotros. Hola, ¿qué tal? ¿Cómo están? Buenas noches. Gracias por acompañarnos en este programa donde vamos a platicar de lo increíble y también de lo sobrenatural. Porque de lo que es natural en todos lados se habla mucho.
Yo soy Nacho Muñoz, agradecido con Dios y con ustedes porque juntos tendremos una noche de fantasmas. Queremos tu participación a través de la multilínea 55-5279-2291 en la página radioformula.com.mx y en Spotify, encuéntranos como la mano peluda Grupo Fórmula. Claro que te invitamos a participar con nosotros a través de nuestro MiedoFON. 55-2193-5926. 55-2193-5926 es nuestro WhatsApp. Ahí te estamos esperando. Saludamos a las estaciones en la República Mexicana que se unen con nosotros.
Ciudad Guzmán Jalisco, Ciudad Juárez, Coatzacoalcos, Culeacán, Durango, Guadalajara, Guerrero, Hermosillo, La Paz, Baja California Sur, Los Reyes y Huetamu, Michoacán, también Mazatlán, Monterrey, Posa Rica, Tabasco, Tijuana, Torreón, Querétaro y en Estados Unidos, Georgia y Las Vegas. Bienvenidos a esta noche espeluznante. Hoy vamos a hablar de una leyenda que nos recuerda las consecuencias de desear la riqueza a cualquier costo y la importancia de enfrentar las decisiones que tomamos.
¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar por la prosperidad? En un rincón olvidado del Estado de México, la historia de Juan Ruiz nos sumerge en las profundidades del ocultismo y la avaricia. Juan, agobiado por la pobreza, se encuentra cara a cara con el diablo en un camino hacia la macaz. ¿La oferta para cambiar su fortuna? Es tentadora, pero el precio resultará ser mucho más alto de lo que Juan jamás imaginó.
La historia de Juan Ruiz nos deja con una lección trascendental sobre las consecuencias de la codicia y la necesidad de enfrentar nuestras decisiones incluso cuando involucran fuerzas sobrenaturales. Hoy, trato infernal en las tierras de Tlamacas tentando al destino. ¿Qué te parece la historia del día de hoy? El tema es bastante espeluznante y te invitamos a participar si conoces algo al respecto o también si deseas compartir alguna historia con nosotros.
Bueno, y lo más importante en esta noche son tus vivencias que quieres compartir y que en muchas ocasiones nos vamos identificando. Hola Gina y Nacho, buenas noches. Esta historia pasó en el año 2000. A mi papá le dieron su casa y nos mudamos a vivir aquí, muy cerca de Huinalá, en Apodacanogolio. Huinalá es un pueblo muy colonial, muy bonito y cerca de ahí estaba nuestra colonia, que era Santa Mónica.
Entonces, una vez me acuerdo que en una noche se vino un aguacero muy fuerte y yo estaba acostada y en la madrugada me di cuenta y dije, el agua no se quita y así. Pero yo escuché un llanto muy largo y ahí fue cuando dije, ah, así que esa es la llorona porque se ve un llanto así, ah, y así. O sea, obviamente muy escalofrente, nada que ver como lo estoy haciendo, pero era un llanto muy largo, pues muy triste y así.
Y yo deduje pues en la llorona porque mi mamá ya me había dicho cómo se oía, pero jamás dice, ay, mis hijos nunca dicen, solo dice, ay, es un llanto muy largo y muy triste. Pero la gente lo vincula porque, pues como mato a sus hijos según la leyenda, pues dice, ah, pues hay mis hijos, pero nunca dice, si solo dice, ay, y pues sí te da un poco de miedo.
Yo oí porque me andaba de la pipí, pues ya fui, me levanté y todo con mucho miedo y ya pues me regresé a dormir y se seguía escuchando, o sea, duró un buen rato. Pero pues yo me dormí, dije, pues ya ni modo, pues me tengo que dormir y me aguanto. Si pasa algo más extraño, más feo, pues grito muy fuerte y se levantan mis papás y ya les digo.
Pero pues ya amaneció y ya le digo, mi mamá está sola en la cocina, le digo, mamá, es que si escuchaste que lo de ayer la señora que lloraba y dice, sí, cállate, no le digas, no digas en voz alta porque tus hermanos van a escuchar y luego van a tener miedo y se van a querer acostar al cuarto con nosotros y no cabemos. Y luego le digo, ah, no, está bien. Así quedó. Le dije, bueno, me preguntas con dos vecinas si alguien más la escuchó.
Ya pasó todo el día y la noche le iba a marquín, escuchó de tus vecinas a la llorona y dice, ah, este, Katy, la de al lado la escuchó, dice, pero pues también no dijo nada porque pues los niños son bien miedosos y también se iban a descontrolar. Dice, pero si se escucha, dice, cuando se escucha, pues no tengan miedo, nomás tápate y reza o algo y duérmete. Pero se escuchaba, yo pienso porque como en Winneley un río muy viejo y ahí pues muy largo y todo.
Entonces, a lo mejor de donde yo escuché ese ruido, ese llanto, perdón, era de lo que es ese río que no está muy lejos de ahí, como unos 15 minutos. Entonces supongo que de ahí provenía ese llanto. Y obviamente que si yo hice preguntas a gente ya con el tiempo que iba a hacer cada día y todo y pues sí, siempre la han escuchado porque pues yo he feo o se pone el sereno y está muy así la llovizna y se escucha la llorona. Pero bueno, ese es mi mini relato que pasó en el año 2000. Yo tenía 10 años.
Recuerdo bien muchas cosas y tengo muchos relatos que contar porque me han pasado tantas cosas y pues como que las voy guardando, coleccionando y unas hasta las anoto para que no se me olviden también, verdad? Espero les haya gustado y buenas noches. Hasta luego, amiga. Buenas noches. Qué buena estrategia. Las vas anotando y así cuando sea oportuno las compartes con nosotros. Hay que hacer lo mismo, mis queridos amigos, para que no nos quedemos atrás.
Claro y que todas esas experiencias las vayan platicando porque precisamente de esto se nutre la emisión de cada noche y bueno, ya hay bastantes años de por medio. Me quedé pensando en esta pregunta y me encantaría que tú la contestaras. ¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar por la prosperidad? ¿No importa hacer un trato con el mal? Darnos tu punto de vista. Queremos más relatos. Buenas noches. ¿Cómo te llamas? Hola, amiga. Muy buenas noches. ¿Qué tal? ¿Cómo estás?
Muy bien. ¿Cuál es tu nombre? Mire, me llamo Moisés Pérez. Me encuentro bien feliz porque me marcaron. Siempre he querido compartir el relato. Mi esposa se encuentra conmigo y mi bebé. ¡Qué excelente que una familia esté reunida escuchando la emisión! Moisés, ¿dónde te encuentras? Mira, me encuentro en Reforma Chiapas. Saludos a todos los amigos allá en Chiapas. A ver, cuéntanos, Moisés. Nos decías a través del miedofón que tienes unos relatos verdaderamente esteluznantes de qué se tratan.
Mira, mira, mira. Una vez les estaba compartiendo a mi familia que una vez teníamos que ser guardias entre unos terrenos alejados de la ciudad. Entonces, pues me tocaba ser la guardia a mí. Yo no quería ir solo y le dije a un compañero, oye amigo, por favor, acompáñame. Mi amigo se llama Armando. Acompáñame, mira, no quiero pasar la noche sola allá cuidando. Ese que lo convencí y fuimos. Estando allá, había una chozita muy humilde.
Una choza nada más para pasar la noche, tenía una televisión cuadrada, me acuerdo de las viejitas. Tenía una maca donde nos podíamos acostar un rato y un poco. Entre el monte era la única parte alumbrada del lugar. Estábamos afuera, me acuerdo, había viento. Cuando del monte, el monte se movía por el viento. Cuando del monte, brincó un niñito. Un niño como de 30 centímetros, pequeñito, en color negro. El niño brincó, corrió entre mi amigo y yo, pasó en medio y se metió detrás de la choza.
Nos quedamos en shock. Mi amigo me dijo, ¿lo viste? ¿lo viste? Corrimos para atrás de la casita, de la choza, y no había nada. Fue cuestión de segundos. Nos quedamos en shock completamente por lo que habíamos visto. Me acuerdo que mi amigo me dijo, sí, yo lo vi. Me gritaba, ¿lo viste? ¿lo viste? Y nos espantamos. Yo no soy muy creyente. Yo me considero más pensante que creyente. Y yo digo, ¿será que vi bien? ¿Será que no habrá sido un gato o algo así?
Pero recuerdo haber visto un niño pequeño, como de 30 centímetros, delgadito, que salió del monte, brinco y... Moises, aquí te voy a interrumpir por la pausa. No te vayas, por favor. Regresamos contigo. El Midophone. Mensaje de voz o de texto, 55-2193-59-26. Todo lo desconocido estará al alcance de millones de oídos, aquí en La Mano Peluda. En este mes, conmemoramos a todas las mujeres que han defendido los derechos a lo largo de la historia. ¡Pereza en la cara! El silencio ya no es una opción.
Esta lucha ha frenado las brechas económicas, políticas y sociales. De generación en generación. Que se ha enfrentado usted. Juntos continuaremos abriendo la conversación por un México con las mismas oportunidades. Grupo Fórmula. Todos somos una sola voz. En política, el que sabe sabe. Y el que no es jefe. Sabiduría en las redes. Porque no todo tiene explicación lógica. La Mano Peluda. Continuamos relatos y experiencias que tienen que ver con lo inexplicable. Regresamos contigo Moisés.
Viste entonces a un pequeñito en el monte. Sí, fíjate que fue muy raro. Yo digo que ha de haber sido un gato. Porque yo no creo que... O sea, me bloqueo mi mente y no sé qué pasa. Pues no quiero creer que vi un niñito pequeño en el monte. Que brincó y corrió hacia nosotros. Pues ese es mi relato. Me gusta mucho haber compartido mi relato. Yo siempre había querido platicar con ustedes, mi familia. Yo los escuchamos por Spotify. Porque casi ya no tenemos ni un radio en la casa.
Sí. Oye Moisés, pero ya después reflexionando. Aunque de primera instancia dices, no, yo no creo que haya sido nada extraño. No creo que tenga este tinte sobrenatural. Lo has platicado con tu esposa, con tu familia. ¿Qué pudo haber sido? Y es más, si alguien de la zona no ha visto lo mismo. Como te digo, es que antes era un terreno deshabitado. Como un rancho, así más o menos. Nos tocaba hacer guardia. Me tocaba ese día hacer guardia. Mi amigo lo vio.
Ya me cuate, tengo rato que no lo he visto y todo eso. Pero él se acuerda lo que vimos. Pues fue... fue raro. Fue igual. Tengo otros relatos, yo no creo. Tengo otros relatos donde han pasado otras cosas. Pero aún así sigo sin creer, tal vez. ¿Te consideras escéptico, Moisés? Disculpas que mi hija está haciendo bulla, no te escuché. Ah, que si te consideras escéptico. Que no crea, sí, no creo. Aunque he visto cosas, luego digo que me juega la mente. O tal vez estoy loco, o no sé.
Pero pues, no sé si tenga el tono, haya visto cosas así. No sé si esté loco, pero me ha tocado ver cosas fuera de lo normal. Ok. Y ese otro relato que dices, ¿de qué se trata? Mira, eso te lo contaré en otra noche. Ah, ok. Voy a cenar unas ricas y deliciosas torzas, eh. Ah, órale, pues buen provecho. Vamos a seguir escuchando relatos, tú cenando y nosotros... Cuídate, buenita noche. Igualmente. Saludos. Bueno, un escéptico que vio, así su primera descripción fue...
Vi a un niño corriendo de unos 30, 40 centímetros negro y se metió atrás de la chosa. ¿Cuánto mide un gato? Si tú lo ves así hasta donde llega su lomo, digamos, 40 centímetros. Es algo grande, ¿no? Es como un perro prácticamente, ¿no? Es como un gato. ¿Por qué habré dicho que como un gato? Tal vez, digo solo tal vez, por la agilidad con la que se movió. Un gato es mucho más ágil que un perro, por ejemplo. Se mueven con más flexibilidad. Pero más bien yo creo que se resiste a creer porque...
Teniendo ahí una zona tan llena de magia. Santos Héctor Morales, bienvenido, hermano. Gracias por estar aquí a todos los peludos de la Ciudad de México desde la Alcaldía Álvaro Obregón. Saludos, Santos Héctor. Así es, a todos los amigos que ahorita se están uniendo, que ya los vemos, que van llegando poco a poco. Eso nos agrada y nos agrada mucho. Hoy estamos hablando acerca de tratos con el maligno.
A lo largo de la historia de esas culturas han tenido mitos y leyendas que involucran precisamente este tipo de pactos. Con seres sobrenaturales, seres negativos a cambio de riqueza o también puede ser de poder. Estos relatos a menudo sirven como advertencia sobre las consecuencias de buscar este dinero o riqueza a expensas de lo que sea. Así es, bueno, pues vamos a seguir platicando al respecto. Juan Luis Ortiz Barajas, un saludo.
Y para nuestro amigo Junior Sánchez, que hoy se siente un poco indispuesto. Esperemos, mi amigo, que te repongas pronto y que para la próxima ya nos acompañes toda la emisión. Aquí tú sabes que tenemos muchas, muchas historias que te van a gustar y tal vez hagan que se te olvide tu malestar. Sí, vámonos con más relatos que nos quieres compartir. Hola, buenas noches. Buenas noches. Hola, sí. ¿Con quién tengo el gusto? Mi nombre es Benito. Bienvenido, amigo. ¿Desde dónde nos escuchas?
Desde Australia. ¡Guau! Mi querido amigo, eres bienvenido y nos encanta saludarte. ¿Nos vas a platicar una historia? Sí, les escucho mucho su programa y hoy tuve un poco de tiempo y decidí marcarles para saber si podía contar mi historia. Claro que sí, amigo. ¿De qué lugar eres originario? Soy de México, soy de Ciudad de México, pero llevo muchos años aquí en Australia. Oh, pues qué bien que te conectes con nosotros a través de este programa, mi querido amigo. ¿Y qué nos quieres platicar?
Miren, les cuento... Tengo algunas historias que puedo contar cuando era niño o más recientes ahora que soy adulto. Sí. Tengo 40 años y una, por ejemplo. Cuando era niño, la primera historia que recuerdo, perdón, es que estaba en el coche, estaba manejando. La primera historia que recuerdo cuando era niño es que tenía como unos 8 o 10 años. Vivía con mis papás y con mis hermanos. Y estaba yo... mis papás son del Estado de México, cerca de Toluca.
Entonces, ahí tenemos el cementerio de la familia y fuimos cada día de muertos, ponemos la ofrenda, velas, limpiamos el panteón y todo. Entonces, estaba yo jugando en el panteón, habíamos ido a arreglar el cementerio para estar listos para el día de muertos. Y estaba yo corriendo entre las tumas y me acuerdo que mi mamá me dice, oye, no estés corriendo aquí, no puedes estar jugando este lugar de descanso. Y pues ya sabes, uno es niño y la ignora, no le hace caso.
Y me dice, cuando te vayas a la cama, te van a venir a jalar las patas para que se te quite. Y yo no le hice caso, ¿no? Entonces, me quedé yo como si nada, fui a mi casa, eran como las once de la noche, me fui a dormir. Estaba mi hermano en la otra cama, dormíamos en camas opuestas. Entonces, mi papá siempre venía en la noche a ver que estuviéramos tapados, a que estuviéramos durmiendo, que no estuviéramos jugando.
Entonces, siempre que él abría la puerta, la puerta así como de película rechinaba. Y abría y yo cerraba los ojos para que no me viera y no me regañara, ¿no? Entonces, ese día estoy yo acostado, como las once de la noche, escucho como quieren abrir la puerta. Y yo cierro los ojos, pero los tengo así entreabiertos tantitito. Y veo cómo se abre la puerta así de par en par.
Y cuando volteo, ¿cuál es mi... si te veo a un niño volando como a una distancia como de un metro y medio del techo, pegado al techo, todo vestido de blanco y como si tuviera un... como ropa de monaguillo y con una bolsa de plástico en la cabeza. Horrible, horrible, una cosa espantosa. Y entonces, nada más de acordarme, se me pone la piel chinita. Entonces, yo agarré y cuando lo veo fue tal mi impresión que no pude ni hablar. Me quedé así como tartamudo, intenté gritar papá, intenté gritar mamá.
Y veo cómo esta cosa va entrando, volando, levitando en la recámara. Y se va acercando hacia la ventana, se va acercando hacia la ventana. Y en ese momento reacciono y me cubro con las cobijas. Y cuando me cubro con las cobijas, nada más me pongo a rezar lo que sabía, ¿no? Tenía como ocho años y me pongo a rezar, me pongo a rezar. Y estaba yo, pero así, tenso, tenso. Y yo dije, ¿me quedo dormido o algo pasa? No, se desaparece, no sé qué sea, igual es mi imaginación.
Es la primera vez que vi algo. Entonces, como en diez segundos, siento como algo me agarra los pies. Yo estaba totalmente despierto, ¿no? Y siento como unas manos me agarran los pies y me jalan los pies. Y yo, o sea, una cosa que casi, casi me tira de la cama. Entonces, yo ya no quise abrir los ojos. No sé cuánto tiempo estuve así. Hasta me hice pipí en la cama del terror que tenía. Y cuando por fin abrí los ojos, grité papá. Y mi papá corre de la recama donde él dormía.
Y me dice, ¿qué pasó, qué pasó? Y cuando ve que estaba todo orinado, me dice, ¿qué hiciste? Que quién sabe qué. Y me empieza a regañar, ¿no? Y le quise explicar lo que había pasado. Y me dice, no, no, no, qué cochino, que quién sabe qué. Entonces ya pasó. Y desde ese momento, me empezó a pasar muy cedido. O sea, casi todos los días me asustaban, me sucedía algo. En la casa donde vivíamos era un departamento al sur de Ciudad de México. Y arriba del departamento, bueno, aquí eran como cinco pisos.
Y de esos cinco pisos nosotros vivíamos por decir alguna cuarto. Y arriba de nosotros había un piso nada más. Y ese piso estaba desocupado. Era un departamento que estaban rentando y no vivía nadie. Y nosotros sabíamos que no vivía nadie porque llevamos ahí nosotros muchos años. Entonces yo en la noche siempre escuchaba como que tiraban canicas. ¿Hace cuenta que agarraban canicas? Y la canica caía en el piso y rebotaba. Y luego es como si corriera por el piso, ¿no?
Y yo le decía a mi mamá, mamá, hay algo allá arriba. Hacen mucho ruido. Mi mamá me decía, no, pues es que no vive nadie. Nadie lo escuchaba. Mis hermanos no lo escuchaban. Mi papá no lo escuchaba. O sea, no sé si no lo escuchaban o lo ignoraban, ¿no? Luego escuchaba monedas, cómo tiraban monedas. Luego escuchaba buzos. Siempre en las noches había veces que escuchaba pasos. Y de repente, ahhh, voy a como si alguien se quejara. Entonces, este, pasó mucho tiempo. Me daba mucho miedo.
Le decía yo a mis papás, me iba a su recámara a querer dormir con ellos. O sea, a principios me decían, ven, duérmete aquí. No tengas miedo, todo está bien. Pero como pasaba muy frecuente. Se empezaron a cansar, ¿no? Se empezaron a decir, pues es que algo está mal, no es normal. No puedes estar haciendo esto. Tienes que dormir. Oye Benito. Y este, dime. ¿Me das un segundito para ir a una pausa, amigo? Claro, Nacho. Y regresamos. El miedo FON 55 21 93 59 26.
Es hora de poner al descubierto lo que nos hace temblar. Correr. Gritar y sudar. La mano penuda. El dinero no te da la felicidad. Sobre todo si es poco. Sabiduría en las redes. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. La mano penuda. Regresamos con Benito y todo lo que estamos escuchando. Hay que poner mucha atención. Así es, nos vamos hasta el otro continente. En Australia nos encuentro. La tierra de los canguros. La tierra de los canguros.
Nos escucha Benito y nos está narrando una historia. ¿Estás ahí, amigo? Sí, aquí estoy, Nacho. Hola, Gina. No te dije. Hola, buenas tardes. Buenos días. Buenas noches por acá. Sí, amigo. Sí, acá son las dos de la tarde. Y les comentaba. Entonces era muy frecuente. Me sucedía mucho y mis papás se empezaron a enojar. Todo el tiempo quería yo dormir en su cama. Y mis hermanos no veían nada, no escuchaban nada. No sabían nada. Hasta que llegó un momento en el que mi papá se empezó a enojar.
Me empezó a decir, oye, tienes que parar. No llames la atención. Vas a asustar a tus hermanos. Entonces, un día, me acuerdo, tendría yo como unos 10 años. Y fuimos a Acapulco. Sí. Entonces mis papás me dicen, vamos a ir a vacaciones. Vamos a ir a Acapulco. Nunca habíamos ido a la playa. Y llevamos nosotros cuatro, o sea, mis cuatro, mis tres hermanos. Nosotros y yo, mi papá y mi mamá. Total que llegamos a Acapulco. Estuvimos allí una semana.
No nos gustó mucho porque nosotros estábamos acostumbrados a nadar en albercas. Y hasta el agua del alberca es distinta a la del mar. Y pues no nos gustó. Y le dijimos a mi papá, pues ya vámonos, no nos gustó la arena. Total que de regreso, mi papá dice, pues vamos a parar en uno de los balnearios que están ahí. Por Puebla, por Cuernavaca. Pues buscamos un lugar donde quedarnos que siempre íbamos. Porque íbamos muy seguido. Por Metepec. Entonces, me acuerdo que llegamos a este balneario.
Ya nos conocían porque tenían cabañas y no sé qué tanto. Y como siempre íbamos, pues ya sabíamos a dónde quedar y qué hacíamos. Pero como llegamos bien previsto, no había un lugar donde quedarnos. Entonces le dicen a mi papá, pues es que no hay lugar. Está muy saturado, es Semana Santa. Y la única opción es un cuarto. O sea, es una cabaña muy pequeña de una recámara. Donde solamente una noche duermen todos. Y a la siguiente noche los pasamos al hotel grande. Total que mi papá dice que sí.
Y dice, pues nos quedamos allí esa noche. Nada más ya era tarde, nada más para dormir. Y en la mañana ya nos cambiamos. Total que en eso nos eran dos camas. Una donde estaba mi papá, mi mamá. Y la otra cama donde estábamos mis cuatro hermanos, mis tres hermanos y yo. Entonces se cuenta que estábamos dos acostados viendo hacia un lado y dos hacia el otro lado. Y con los pies cruzados, ¿no? Entonces yo estoy viendo hacia atrás. Imagínate un cuadrado de una recámara, dos camas.
Y en medio hay una mesa como de té y un sofá. Entonces yo estoy viendo hacia la mesa de té acostado. Y escucho cómo está cantando alguien. Como un niño, ¿no? Estaba cantando. Y se de tarararara jugando, ¿no? Entonces yo volteo, me despierto y lo veo clarito, clarito. Así como una persona física, ¿no? O sea, no era un fantasma, no era feo, era un niño. Muy bonito, así blanquito, rubio. Este vestido con un showcito verde. Me acuerdo perfectamente cómo vestía. Y tenía un cochecito.
Como un tractocito y estaba jugando en la mesa. Y estaba cantando. Entonces cuando me despierto y lo veo, me dice, ¿quieres jugar? Y en ese momento, nada más me le quedé viendo. Me tapé la cabeza y lo ignore. Y me hice dormido. Entonces en la mañana, cuando se empezaba a despertar mis papás, me despierto y le digo a mi mamá, oye, ¿sabes qué mamá? Ayer en la noche se metió un niño a esta recámara. Yo lo vi, era clarito, un niño, ¿no? Y me dice mi mamá, ¿estás seguro?
Y mi papá empieza a decirme, ¡ah, ya vas a empezar! No das un descanso, si no es en la casa, ahora de vacaciones, usted ya sabe. Entonces mi mamá le dice, no, aquí cálmate, que igual un niño se metió y está perdido y no sabe si es igual si sus papás lo están buscando, porque era como un bosque. Y total que mi mamá me dice, a ver, vamos a recepción. Y platicamos con la recepcionista, porque igual está perdido. Entonces vamos a la recepción, mi mamá y yo. Tenía como unos 10 años.
Y llegamos y mi mamá le dice, señorita, pues mi hijo ayer en la noche, un niño en la recámara y me dice, las señoritas se me quedan bien así como raros, ¿no? Y me dice, ¿cómo era? Y le obstendría como unos cuatro años, estaba vestido así, con un short verde, una playera naranja. Y la muchacha, me acuerdo perfectamente, se agarra la boca y se pone a llorar. Y yo me quedo así como sorprendido, ¿no? ¿Qué pasó? Y se pone a llorar y no podía ni hablar.
Y me dice, me dice a mi mamá, señor, a su hijo, su hijo acaba de ver a un niño que se murió la semana pasada. Y me quedo yo, ay, sí, te lo juro que de ese momento yo ya me di cuenta, o sea, dentro de mi infancia ya me di cuenta que yo tenía una sensibilidad, algún tipo de sensibilidad para verlos, para apreciarlos, o sea, los escuchaba. Te digo, a veces muy, muy, me asustaba mucho y no los podía ni ver. Y a veces, digo, como este niño que quería jugar.
Y si tengo tiempo te puedo contar una más reciente, más larga, pero horrible, o sea, una cosa horrible que me pasó cuando yo era un niño. Adelante, amigo, adelante. Yo vivía en México hasta que tenía 19 años. Y yo me fui de México porque fui a estudiar en Inglaterra. Por azar del destino terminó en Australia porque mi esposa vivió aquí y mi esposa somos australianos ahora. Pero en esa época, cuando yo me voy, yo llego a Londres.
Entonces yo estoy estudiando en Londres, pues yo estudié Ciencias Políticas y Economía. Entonces conozco a una chica, una ex novia que yo tenía. Y nos llevamos muy bien y platicábamos. Y era un poco más grande que yo. Yo tendría unos 25 años y ella tendría unos 30. Entonces un día de mi cumpleaños me dice, te voy a dar una sorpresa. Y a mí me encanta Francia. Me fascina ir a Francia, y vamos muy seguido a Francia. Y me dice, te tengo una sorpresa, lo único que necesitas es tu pasaporte.
Y le dije, órale. Y total que llegue a mis cumpleaños. Y me dice, tú no traigas nada, nada más traigo ropa de tal, tal, tal. Y le órale. Y llegamos al aeropuerto y me había reservado un viaje al sur de Francia. Entonces llegamos al sur de Francia, rentamos un coche. Como ya había pagado los boletos y el hotel que era en esa época, era un Airbnb. Y yo pagué el alquiler del coche y la comida. Entonces total que llegamos al sur de Francia en un pueblo que se llama Perpignan.
Y te lo juro, te lo juro Nacho y Gina, por Dios que he buscado este lugar por muchas veces. Porque este lugar tiene alguna energía súper extraña. Nada más de acordarme, te lo juro que se me pone la piel eriza. Y tal que llegamos a este lugar, imagínate que es una mansión, una mansión gigante, o sea, es gigante de gente millonaria, ¿no? Pero hace cuenta que en la parte de atrás, como que había una habitación para la servidumbre.
Hace cuenta que eran como los cuartos donde vivían las sirvientas o las cocineras, no sé qué sería, pero hace cuenta que esta mansión es como toda la, toda la, cómo se dice, la manzana. Entonces en la parte de atrás nos espera la persona que nos va a dar las llaves y nos dice, pues esta es la habitación, esta es la casa, es una recámara, entran por aquí. Y hace cuenta que cuando entras es una escalera en espiral que va subiendo.
Y subes al primer piso y cuando entras, te cuenta que es un rectángulo y de un lado, del lado izquierdo, tienes un baño y tienes la cocina. Y del lado derecho tienes la sala como la estancia y hay como unas escaleras que te llevan a una terracita. Y hay como, ¿sabes qué es un mesanín? Como un tapanco. Sí. Entonces hace cuenta que en la parte de arriba del baño y de la cocina hay como un tapanco.
Y hay como unos 15 escalones que te llevan a donde estaba la cama, por decir algo, la recámara, que estaba arriba, el área abierta, arriba del baño y de la cocina, no sé si me expliquen. Sí, sí. Entonces llegamos a esta casa y te buena una casa muy vieja y estaba llena de cosas, de fotos, de cuadros, de cosas colgadas, de adornos, de subienes. Hacía mucha, mucha energía, muy, muy extraño, ¿no? Pero muy bonito. Era un lugar muy bonito.
Entonces cuando entras es una impresión así de, ¡ay, qué bonito está este lugar! Y quieres ver todo y quieres tocar todo. Y pues muy... En ese momento se sentía muy pacífico, muy tranquilo, muy solo, ¿no? Y muy limpio y todo. Entonces llegamos, se va el tipo este, nos da las llaves y mientras no había yo decidimos ir a comprar comida. Entonces vamos a comprar queso, pan, vino, todo para la tienda, ¿no? Y hay unas tiendas que se llaman Carrefour.
Fuemos a Carrefour, compramos, trajimos, llegamos y nos íbamos a arreglar para salir a cenar. Salimos a cenar y sentíamos... Ella y yo estábamos tomando unos... queríamos tomarnos un vino y hace cuenta que abro el vino y cuando lo abro el vino estaba echado a perder. Y se hizo bien extraño. Se hizo bien extraño, como si se hubiera amargado, como si se hubiera creado. Sí, a vinagre, ¿sí? Sí, y feo. Y era un vino, pues no era muy costoso, pero tampoco era barato.
O sea, no tenía sentido porque era así, ¿no? Claro. Y de repente me doy cuenta y el pan estaba lleno de moho. También, ¿eh? Y el queso estaba lleno de moho. Sí, y bien extraño, Nacho. Sí, amigo. Entonces, éste... Estábamos ella y yo y estábamos sentados y nos quedamos... Si ya el vino, pues ya no lo podemos tomar, entonces no tendríamos que salir. Entonces, estábamos sentados ella y yo en la terraza y yo veía, Nacho, te lo juro que ella volteaba hacia el tapanco, hacia donde está la cama.
La de poner que volteaba a ver y como la veía como volteaba de reojo y pues como que no arrabano, como que a todo le llamaba la atención, pero no sabía yo qué era. Y ahí en algo como que me decía voltea, como que me llamaba. No sé qué era, Nacho, en ese momento no sé qué era, pero sentía una sensación como de que alguien me estaba viendo, ¿no? Ajá. Y este... y total que salimos, vamos a cenar, regresamos en la noche y nos vamos a dormir.
Imagínate que en la cama está una cama grande, por por decir, una king size grande con sus tocadores a los costados y exactamente enfrente hay un vidrio, un espejo de esos de óvalo, como de abuelita, ¿no? Sí, sí. De esos de óvalo, como de abuelita. Clásico. Exactamente enfrente de la cama y a mí me causaba... clásico europeo, ¿no? Y a mí me causaba muchas... una sensación extraña ver el espejo ahí, muy muy raro.
O sea, no tenía por qué estar el espejo ahí, pero total que ahí estaba el espejo y estaba enfrente de la cama. Y estoy yo dormido, eran como las dos de la mañana, tres de la mañana y de repente siento como mi novia me agarra con la mano, Nacho, como una garra, me trenza de la mano y me encajan las uñas en el antebrazo. Ajá. Y cuando me encajan las uñas me despierto y le digo, oye, ¿qué te pasa? Y la veo, Nacho, como si estuviera como en trance, ¿no?
Como toda trabada y con un pavor en la cara que así como que no podía moverse. Y le digo, ¿qué te pasa? ¿qué te pasa? Le agarro la mano y la viento la mano y me dice, perdóname, perdóname. Entonces veo cómo tengo la mano y asegúrate que tengo los cinco, las cinco uñas encajadas en la mano. Ajá. Entonces me dio mucho coraje y me volteo. Y cuando me volteo, no sé cuánto tiempo habrá pasado, cinco, diez minutos, una hora.
De repente escucho como que si alguien hubiera ventado un plato al piso y lo revienta en el piso. Sí. Y cuando lo revienta, abro los ojos para ver qué era y veo a una mujer parada en frente de la cama, exactamente donde estaba el espejo, toda vestida de blanco, con el pelo largo, negro, como si se hubiera metido a una alberca, toda mojada, así peor. Ajá. Y cuando la veo, ¿haz de cuenta? Como con la cabeza colgada viendo hacia el piso. Y cuando la veo, abre los ojos, abre la boca y grita.
Y cuando grita, yo agarro y me asusto tanto y todas las puertas de los muros, del ropero, todo de la cocina empieza... Feo, horrible, una cosa espantosa, ¿no? Y empieza el ruido, el ruido y yo no podía ni cerrar los ojos de la impresión que tenía. Y esta mujer se me queda viendo así, no nunca olvidaré la forma en la que se me quedó viendo con un terror. Sí. Y mi novia no escucha nada. Ella dormida.
Ajá. Dormida, o sea, yo la vi, yo la escuché, yo todo, las veía como se abrían las puertas de todo. Entonces me da un miedo y la agarro y la abrazo y me quedo así, ¿no?
Y no me pude dormir y yo con el miedo de que podía estar esa cosa ahí, me despierto a la mañana y ya la sensación ya era totalmente distinta, o sea, ya el lugar ya no era el mismo, ya había cambiado, había una energía rara, se pone peor porque entonces agarro yo y teníamos ahí, vamos a pasar ahí una semana y apenas es la primera noche, ¿no?
Sí. Entonces agarro yo y eran como las seis de la mañana, me despierto, le digo, despiérrate, quieres un café, vamos por un café, yo quería irme de ahí y ya no quería estar ahí. Entonces me dice, sí, sí, pero la veía yo a ella rara, distinta, algo le había pasado a la noche a ella también, ¿no? Yo lo sabía, yo lo sentía, pero no me decía. Entonces le digo yo a ella, déjame meto a bañar y cuando me meta a bañar, pues ya nos vamos, tú bañate a lo que quieras.
Me bajo yo, me meto al, te digo que el baño por casualidad estaba exactamente abajo de la cama, ¿no? Exactamente donde estaba el espejo. Ajá. Entonces estoy yo en el baño y hace buena que son esos baños europeos viejos, hace buena que es como una tina de baño, pero chiquita, como de la mitad del tamaño normal y tiene la regadera encima y te enjuagas, ¿no? Y hace buena que en el baño de un lado a otro lado tienen como un ganchito para colgar toallas, para colgar el tapete del baño,
para secarlo, ¿no? Para que se escurra dentro de la tina. Nacho, te lo juro por la vida de mis hijos que estoy yo al parado bañándome el regaderaso, bañándome con la impresión de lo que había pasado la noche anterior y dentro de mi cabeza algo me decía, aórcate. ¿Cómo crees? Aórcate, lo juro. Me decía en mi cabeza, me decía aórcate, aórcate. Y cada vez más fuerte y me retomaban los oídos y yo así, wow, o sea, ¿qué está pasando, no?
Me salgo yo del baño, cierro la regadera, me salgo del baño y cuando salgo no sabía ni qué hacer, no sabía ni si decirle a ella, si irnos, no sabía ni qué hacer, Nacho. Estoy yo preocupado, ¿no? O sea, ¿qué está pasando aquí? Y total que ya sale, ya ni ella ni se bañó, se salió, nos fuimos y le digo a ella, vamos por un paseo, ¿no? Vamos a manejar.
Y empiezo yo a manejar y ella dice, bueno, aquí está zona, Perpignan, es muy cerca de España, es en la frontera casi casi, en la frontera del sur de Francia, en la frontera con España. Pues empiezo yo a manejar, empiezo yo a manejar y sigo manejando y sigo manejando y horas y horas y yo no quería volver, pero no traíamos nada, yo nada más traía mi cartera, mi pasaporte y a su cartera su pasaporte, ¿no? Porque nunca lo dejas en los hoteles.
Total que seguimos manejando, seguimos manejando, cruzamos la frontera con España y le digo, oye, ¿y si vamos a Barcelona? Que era como, ¿qué será? 6 horas, 4 horas de manejo. Y me dice, sí, yo ya había ido a Barcelona y me gustaba mucho. Y sigo manejando y cuando llegamos le digo, oye, ¿sabes qué? Yo estoy muy cansado, no creo que sea buena idea regresar a ese lugar porque yo no le quería decir lo que había pasado, porque teníamos
allí una semana, ¿no? Entonces me dice ella, este, sí, es que estás muy cansado y no vayamos a tener un accidente. Me dice, pero yo ya no tengo dinero porque yo reservé el hotel y ya sabes, le dije, no, yo traigo dinero, yo no gasto nada, yo reservo el hotel. Total que reservo el hotel, yo en España necesitamos un hotel, nos la pasamos de lujo. Llega el segundo día, hace buena como si todo se hubiera olvidado, Nacho. Sí. Como si no hubiera nada de lo que había pasado bien,
como si hubiera sido un sueño. Pero no era un sueño porque todas nuestras cosas estaban ahí, teníamos que volver, ¿no? Sí. Entonces, este, total que pasa un día, pasan dos días, nos quedamos otro día y ya pasan tres días. Y le digo, ¿y si nos vamos acercando? Y me dice, ok. Entonces hace buena que llegamos a la mitad de la distancia entre Perpiñán y Barcelona y nos quedamos en la noche en un tipo hostal, algo barato porque
tampoco teníamos mucho dinero, ¿no? Sí. Y este, y en la noche me dice ella a mí, me dice, te voy a decir algo, no quiero que te asustes, yo no le había dicho nada de lo que me había pasado. Me dice, no quiero que te asustes, pero no creo que sea una buena idea regresar a ese lugar. Y le dije, ¿por qué? Y me dice, porque algo en ese lugar está mal, algo en ese lugar está pasando
y me da miedo de que nos vaya a pasar algo. Ah, bueno. Entonces, en ese momento yo hago un recuento, sí, ella también sintió algo. Muy bien. Entonces, yo, yo en ese momento empiezo a hacer un recuento de lo que había pasado, de lo que había visto, ¿no? Y recuerdo que había, en esa época todavía la gente dejaba libros de, de esos para poner comentarios y sugerencias, no, para dar las gracias. Sí. Y me acuerdo que yo vi, vi el libro
y lo estaba ojiendo y solamente había un comentario. Y este lugar había, había estado, digamos, el estado en hospedaje por varios años. Entonces, toda la gente que se había quedado ahí o de la poca gente que había ido ahí, solamente uno había dejado un comentario. Entonces, este, a mí me empezó como a dar una alarma, ¿no? De que algo está pasando, algo está mal aquí. Y le dije, sí, no, no te preocupes. Le dije, no hay que volver, yo tampoco
me siento bien para hacerte en esto. Yo vi algo en la primera noche que nos quedamos y tampoco creo que sea una buena idea. Entonces, ahí fue cuando ella se le, digamos, se le prendía el foco y me dijo, ¿por qué no hablamos? Pero hablamos hasta que nos vayamos.
No podemos ir ahí. Me dice, lo que voy a hacer es que le voy a llamar al, digamos, al portero, a la persona que nos dio la llave y le voy a decir que empaque nuestras maletas y que las baje y que nos esperen entrada porque ya no vamos a entrar porque hay algo ahí en ese lugar.
Sí. Entonces, le dije, de acuerdo. Entonces, ya nos quedamos en otro lugar, lo olvidamos por el momento y digamos, al sexto día, bueno, ya nos íbamos y nos dan las maletas, nos vamos hacia el aeropuerto, viajábamos de burdeos y estamos en el aeropuerto y me dice, ahora sí, este, plátame qué te pasó. Ella me dice a mí, nos tomamos un café, no plátame qué te pasó. Le digo, no, tú plátame primero y yo te digo
después. Y me dice, ok. Y ella me empieza a platicar, no. Me dice, pues lo que yo vi desde que llegamos, yo vi a una mujer, pues yo vi que una mujer vivía aquí. Esa mujer era como una sirvienta de la gente que era dueña de esta casa y ella vivía aquí. Me dice, pero yo la vi. Entonces, por eso ella tenía esa sensación de que la volteaba a ver
porque la sentía, no. Sí. Y entonces, este, dice que no le dio mayor importancia hasta la noche del primer día, que cuando ella me agarró de la mano, o sea, como que me pellizcó, me rasfuñó, me dice que ella estaba soñando y dice que dentro de su sueño, hace cuenta que ella estaba en el 1800 y que había una guerra en esa parte de Francia, había una guerra y que esta mujer estaba ahí y que hace cuenta como si ya se hubiera metido en el cuerpo
y le hubiera contado la historia de lo que hubiera pasado, de lo que había pasado, no. No, no, ya. Entonces, y dice que, que, que, hace cuenta que en su sueño siente que ella es esta mujer y que ella está ahí, que está viviendo y que está bien feliz y que de repente empieza una guerra y que empiezan a marchar militares por la ciudad y que empiezan a tocar puertas y a buscar a gente en las casas y dice que esa mujer estaba, digamos, comprometida con alguien,
o sea, se iba a casar y estaba comprometida y estaba muy feliz y todo. Sí. Pero cuando llegan los militares, dice que, que entran y la violan. Ella me cuenta esto, no. Sí. La violan y que cuando ella, yo, cuando ella me agarró era cuando eso le, eso le estaba ocurriendo a ella, no, le estaba pasando algo. Yo lo tomé como que algo le estaba pasando, pero no sabía qué. Entonces, dice que cuando pasa eso llega el prometido y el prometido, lejos de
apoyarla, la ignora y la rechaza. Oh. Porque ella no era una mujer, digamos. Sí, sí. Oye Benito, dame un segundito ahí, amigo, necesito hacer otra pausa. No te vayas, por favor. De esos momentos que no nos gusta hacer la pausa, pero tenemos que despedir también a las estaciones en la República Mexicana, que solamente nos transmiten una hora. Los esperamos mañana y después de la pausa regresamos en el mundo entero. El Miedo Fond, 55, 2193, 59, 26.
Lo oculto se pone al descubierto aquí en La Mano Penuda. De los cien problemas que tengo, uno es por tonto y noventa y nueve por metiche. Sabiduría en las redes. Porque tenemos mucho que decir. La Mano Penuda. Regresamos con Benito tal cual una película de terror. Continuamos contigo.
Cierto, estás ahí, amigo? Sí, sí, Nacho. Entonces les comentaba que ella me decía que esta mujer en el sueño se le mete y le empieza a contar la historia y básicamente la habían violado y cuando llega el prometido la rechaza y en el despecho, en la tristeza, esta mujer se cuelga del cuello y brinca del tapanco. Ah, se acercó ahí mismo. Entonces, ahí mismo donde nosotros estábamos quedándose, luego se me pone la piel chinita nada más de acordarme y hace cuenta y ahí a mí
me cae el veinte. O sea, lo que había pasado, recuerda que lo estábamos nosotros reviviendo. Había una energía ahí que era ella y la mujer que yo vi colgada no estaba ahí parada, estaba ahí colgada. Y era tan fuerte su dolor, tan intenso que cuando yo me estaba bañando me decía, aórcate. Me decía, aórcate, aórcate. O sea, fue una sensación que como si el diablo te estuviera hablando en la
cabeza, ¿no? Y este, total que me cuenta esa historia y ella pues lo vivió, lo sintió, yo lo vi, ella lo sintió y ya después yo le aplatiqué lo que me había pasado y desafortunadamente después de esa experiencia que tuvimos que fue
bastante fea, bastante fuerte, nuestra relación cambió mucho. O sea, algo pasó en ella, algo pasó en mí como un cierto rechazo, no sé qué fue y a los pocos meses pues terminamos, después de que teníamos una muy buena relación terminamos este, digamos tomando nuestros propios caminos. Oh, se divorciaron, se separaron. Sí. Oh, amigo, qué lamentable.
Y esa es una de las historias, Nacho, y tengo historias que me han sucedido aquí en Australia hace una semana, hace un año, o sea, también muchas cosas que me han pasado. No sé si recuerdas el relato de la persona esta de Canadá que marcó, que diciendo que había mucha gente que se moría en un río en Canadá y que le
estaba haciendo un estudio. Ese fue, cuando yo escuché ese relato me llamó mucha la atención porque él decía que había hecho un estudio y que este estudio decía que la gente cuando ve a alguien ve normalmente a familiares y yo escucho mucho el programa, lo escucho en Spotify. Sí, gracias. Y muchas veces la gente dice es mi abuela, es mi abuelo, es mi tío y este, yo nunca he visto un familiar, Nacho, y a mí me llama mucho la atención, nunca he visto un familiar fallecido.
Nunca he visto a alguien conocido. He visto niños, he visto mujeres, he visto adultos, sobre todo he visto mujeres. Uno que me pasa muy recurrentemente en la casa que vivía hace poco tiempo. Sí. Haz de cuenta, a mí me gusta mucho cocinar. Si tengo tiempo, Nacho, ¿no, Gina? Sí, adelante. Sí, claro. Y sí, estoy yo, haz de cuenta que en la casa me gusta cocinar y para mi esposa, para mis hijos, y estoy yo cocinando y haz de cuenta que volteaba yo de reojo y veía yo a una mujer parada
en la esquina de la sala pero viendo hacia la pared. O sea, era muy extraño. Haz de cuenta que ella vio la pared totalmente pegada a la pared, viendo la pared y siempre cubriéndose la cara. Y yo la volteaba a ver y la veía y me daba escalofrío, pero no me daba miedo. Me daba escalofrío y la veía y así como la veía se desaparecía. Y había veces que yo ya la ignoraba, ¿no? O sea, yo le decía yo a mi esposa, es que
hay una mujer ahí un poco mayor, es como anciana, ¿no? No muy alta pero no muy chica, como de unos 60, vestida de negro con un vestido como de funeral. Imagínate un vestido de novia de boda pero negro, todo negro y con el pelo y todo, ¿no? Sí. La veía y se me hizo hasta común verla. Y así como podía verla todos los días, de repente no la veía por una semana y a veces cuando ya me dio mucha curiosidad le intenté yo, y yo de entretenimiento dije, le voy a preguntar qué quiere, ¿no? O sea,
¿qué está haciendo aquí? ¿qué quiere? Porque ya estaba ahí mi hija que acababa de nacer. Entonces yo dije, pues no quiero que esta cosa esté aquí cuando esté mi hija. No quiero que mi hija viva lo mismo que yo vivo, que vea el tipo de cosas, ¿no? Entonces se me ocurre decirle ¿qué quieres? Y cuando le digo ¿qué quieres? Se desvanece, se desvanece total y yo la ignoré,
ya no le hice caso, se desapareció por mucho tiempo y esta noche yo, ¿qué pasa? Mi suegro viene, mi suegro viene a la casa, acabamos de tener a la bebé y viene a ayudarnos porque mi esposa no tiene a su mamá falleció cuando era muy niña y mis papás viven en México, ¿no? Entonces llega mi suegro a la casa y se duerme en la habitación de huéspedes. Entonces yo estoy durmiendo con mi esposa y mi hija duerme ahí en una puna dentro de la recámara. Entonces en la mañana
despierto, voy a saludar a mi suegro y me dice, oye Benito, adivina qué, y le digo ¿qué? Me dice, hay una mujer ahí en tu recámara. Le digo ¿cómo? Yo ya sabía, ¿no? Pero me hice loco, ¿no? Le digo, ¿cómo? Me dice, sí hay una mujer que estaba sentada en la cabecera del otro día, ahí me estaba viendo vestida de negro. Le digo, ¿no te dio miedo? Me dice, sí me da miedo, pero pues algo está haciendo ahí, ¿no? Y le dije, ¿cómo crees? Y me dice yo loco, pero yo le había dicho a mi esposa muchas veces,
hay una mujer ahí, mi esposa escéptica, no le gusta escuchar, no le gusta saber. Y yo le decía y me ignoraba, ¿no? Total que le digo yo a mi suegro, dile a tu hija, le digo, ¿por qué no le dices a tu hija que la viste? Porque yo ya la vi y no me hace caso, no me cree. ¿Por qué no le explicas cómo es? Entonces se acuerda que viene mi suegro y ya le empieza a decir, oye, Lindsey, se llama Lindsey, mi esposa, oye Lindsey,
que mira, que vi esto, que tal, tal, tal. Igualita, así como yo se la describí, yo no le había dicho nada a mi suegro, acababa de llegar, ¿no? Ajá. Y se la describe y Lindsey, mi esposa, se me queda bien así como, wow. Y le digo, es la misma mujer que yo he visto, yo la he visto muchas veces y no sé qué quiera. Y total que ya pasa, no sé, una semana después, un mes después, no sé, cualquier tiempo estoy yo
acostado en la cama. Ya se pone que estoy en la cama en medio de la noche y en frente de la cama hay un romper, o sea, muy grande de piso-techo, pero con las, con las puertas de espejo. Y del lado izquierdo está la puerta de la entrada de la recámara, ¿no? Total que estoy yo durmiendo en la recámara y este, y de repente oigo cómo abren la puerta, mi esposa está dormida y veo cómo abren la puerta y veo a la mujer ahí parada.
A esa mujer ahí en el umbral de la puerta la veo parada. Sí. Entonces me da un escalofrío y hace cuenta que estaba yo soñando y hace cuenta que estoy yo soñando y dentro de mi sueño hace cuenta como si me volviera a despertar, macho. Ajá. ¿Sí me entiendes? Sí. O sea, yo estaba durmiendo y la veo y me vuelvo a despertar y hace cuenta que la veo dos pasos más cerca. Entonces me da más miedo porque la veo ya más cerca, ¿no?
Sí. Y me vuelvo a despertar, hace cuenta, ¡boom! y la veo en la cabecera, en la base de la cama. Ajá. Y entonces ya digo ¿qué está haciendo aquí, no? Y me vuelvo a despertar del sueño. Sí. Y de repente ya no la veo. Y la empiezo a buscar, la empiezo a buscar y volteo hacia el espejo que está en frente de la cama, te lo juro por Dios que está arriba de mi espalda, nacho, atrás en la cabecera y me está cariciando el cabello.
Y siento todo su cabello, tengo toda la piel enchinada, nada de acordarme. Sí. Siento todo su cabello escurriendo mi cara, en mi cuerpo y ella hace una como cariciándome en la cabeza y me desperto gritando a mis fans y ¿qué pasa, qué pasa? Y luego se me subió. Luego no, no, no, no, no fue una sensación que no me podía mover, fue una sensación de como que me quería reconfortar, no sé qué quería. Sí. ¿Quién sabe qué era? Vaya. Algo fuerte.
No, mi amigo, pues nos va a encantar volverte a contactar más adelante. Tienes mucho que contar. Para que continúes narrándonos tus historias. Claro, nacho. Pues mira, esta. Cuando ustedes quieran aquí estar pendientes. Gracias, brother. Esta noche nos dejaste a todos boqueabiertos con esta calidad de narraciones, porque son experiencias que tú personalmente viviste en carne propia. Y bueno, ¿qué te puedo decir, amigo? Es peluznante por donde lo veas.
Sí, nacho. Y te digo que hay veces que te da mucho miedo, hay veces que no te da mi miedo y no sabes que te vas a encontrar. Y lo único que hay que hacer es tener calma, ¿no? Exacto. Mucha gente dice hay que decir groserías, hay que prender una vela, hay que poner oración. Yo la verdad lo que digo es que hay que tener calma. O sea, esta gente, estas personas sienten algo, por algo están ahí. Sí. Te digo, cuando yo la quise reconfortar se me desapareció y de repente ya me está reconfortando a mí.
Entonces, ¿te imaginas? Vaya. Sí, algo completamente fuera de lugar, muy extraño, mi querido amigo. Sí. Benito, muchísimas gracias, amigo. Espero que no sea la última vez que charlamos y que pronto te volvamos a tener por acá, ¿eh? Sí, me encantaría. Un abrazo, nacho. Y gracias, Gina. Saludos. Que estés muy bien, amigo. Buenas tardes para ti. Fíjense mucho. Gracias. Buenas noches. Hasta luego, mi querido amigo. Pues miren qué les parece.
Yo creo que en estos momentos es cuando agradecemos la tecnología que nos está ayudando para conectarnos como si estuviéramos tan cerquita. Pero relatos realmente muy escalofriantes los que nos contó Benito. Sí, y aprovechamos la mención ya que nuestro amigo lo comenta. Ustedes nos pueden encontrar en Spotify como La Mano Peluda Grupo Fórmula. Ahí están las historias del canal original. Ahí nos vas a encontrar.
La Mano Peluda Grupo Fórmula. Así nos puedes buscar. Saludo a Dario Landín, a Magneto Prime. Saludos también a Juan de Gold. Bienvenido. Y también a mi querida amiga, Elma López. Muchas gracias, amiga. Buenas noches. Sí, por supuesto. Y también aquí nos están pidiendo en la chuna cadena de oración por el eterno descanso de mi amiga, compañera, la paramédico Carla Guadalupe Rubio. El día de hoy falleció el señor Juan José Canales, bombero jubilado.
Y por mi papá, Samuel, que hoy cumple un año más, que falleció, que en paz descanse. Aquí nos están dando Gris, nuestra amiga Griselda y Rachetta. Vamos a incluir todos estos nombres en el grupo de escuderos. Claro que sí. Acuérdense que nuestro lema siempre es y ha sido, hoy por mí, mañana por ti. Si tienes esa costumbre muy buena de hacer oración antes de ir a dormir o en algún momento del día, incluye por favor al señor. Juan José Canales, también a Carla Guadalupe Rubio, que fallecieron
y por el aniversario luctuoso de Samuel y Rachetta. Así es. Vamos a una pausa y regresamos. El miedo FON 55 21 93 59 26. Conocemos la leyenda y la hacemos realidad. La mano peluda. Los espero en junto. Te saluda Jaime Núñez. Los espero en juntos, donde y cuando quieras. Noticias, deportes y espectáculos en tu plataforma de podcast preferida. Grupo Fórmula. Abriendo la conversación. Algunos matrimonios acaban bien, pero otros duran toda la vida. Sabiduría en las redes.
Porque conocemos de raíz a los especialistas la mano peluda. Hoy estamos hablando de este pacto o trato que ya es conocido en Tlamacas y la elección de Tlamacas como escenario puede tener algún significado simbólico en algunas culturas indígenas de México. Se refiere a lugares o entidades místicas. Y esto que hoy platicamos muchas leyendas tradicionales tienen un propósito como la historia de Juan Ruiz, que no es una excepción, es una elección de importancia que debemos hacer en el mundo.
Es una elección de importancia que debemos tomar en cuenta de qué tan peligroso es adentrarte en algún trato o querer tener este medio de pactar para obtener riqueza. Esto sí que es escalofriante. Esta leyenda que nos recuerda que la riqueza no es todo en la vida y que además nos puede ir peor que como antes estábamos. Así es, ¿tú le das caso a un ser o a una persona que te ofrece hacer un pacto con él a cambio de riqueza? ¿O a cambio de salud?
¿O a cambio de beneficiar a algún familiar por la razón que tú quieras? ¿Tú te atreverías a hacerlo? Obvio, te estoy diciendo con un ser, te estoy diciendo que con el demonio, aunque de cierto modo al hacer el pacto lo estarías haciendo indirectamente con un demonio, porque quién, si no es el enemigo, va a querer para sí un alma. ¿Por qué razón? ¿Tú lo harías? ¿Tú harías un pacto? Sabiendo que son engañadores, que son mentirosos, que les gusta el caos, que les gusta la destrucción.
¿Tú te atreverías a hacer un pacto? O definitivamente dices, no, esto no es lo mío. Así que te invitamos a participar, contesta nuestra pregunta, a ver qué opinas. ¿Qué tal? Buenas noches. Te voy a comentar lo que está pasando. Primero que nada, soy Fernando, hablo del Estado de México, del municipio de Tecamaco.
Y pues resulta que aquí en mi casa donde yo vivo, a un costado mío vive una tía y un tío, sin hijos, los dos son mayores ya de 60 años, y desafortunadamente a mi tío, pues empezó a sentir mal hace una semana aproximadamente, y ahorita está en el hospital del IMS de Catepec, ahí se encuentra, ha empeorado su situación, le han hecho análisis, le comentan que es un posible caso de COVID, ya que es lo que estamos viviendo hoy en día,
y pues ya está muy delicado, está entubado, lo entubaron ayer, y hace unas horas por la tarde comentaron, le dijeron que ya no esperaba nada, que ya de un 100% que funcionan sus pulmones, estamos funcionando un 3%, y eso es debido a la entubación y a todo lo que tiene, entonces prácticamente ya está desahuciado, y le dijeron que esperaba lo peor, que ellos se comunicaran con ella en cuanto él terminara, y pues ya no hay nada que hacer.
Entonces, pues bueno, estamos al pendiente, está mi tío en este caso, que es la que tiene contacto con él, está aislada, a pesar de que vivimos cerca, pero lo raro es lo siguiente, mi tío acostumbraba a cambiar los focos de aquí de la casa del Tejaban, es un patio grande, tiene láminas, y cambiaba los focos, veía que el foco estaba mal puesto, y iba y lo cambiaba, lo ponía, lo último que llegó a cambiar son unas lámparas LED, unos reflectores, son 3 reflectores,
en algún momento yo lo pensé y dije, bueno, como para que los cambias y no se ocupan, eso lo hizo aproximadamente hace como 3 meses, si acaso, unos 3 meses tiene o menos que los cambió, y bueno, esos reflectores no se ocupan, el Tejaban tiene focos suficientes y se prenden en la noche, entonces esos reflectores no se han ocupado, desde que los puso no se han ocupado para nada, no hemos tenido fiestas, no hemos tenido nada que para lo que se ocupe en Valle,
entonces ahorita que hace un rato, después de recibir la noticia que pues ya no había nada que hacer, yo me dirijo a bañarme y salgo por mi toalla al patio, ya era oscuro, ya no sé, más o menos como las 8 de la noche, cuando veo que los 3 reflectores están encendidos, pero no a su máxima capacidad, si no están como a la mitad, están muy tenues, pero a fin de cuentas encendidos, entonces me dirijo a las conexiones, porque todo el Tejaban está apagado, yo no lo prendí el día de hoy ni ayer,
o sea hemos andado ocupados precisamente con todo este tipo de cosas y no he tomado la precaución de prender o dejar una luz en la noche, entonces me dirijo a ver las conexiones y están apagados, no hay corriente, no hay nada y los 3 reflectores están encendidos, en ese momento pues me llega a la mente que se me hace curioso porque no hay energía, no hay nada, y están encendidos los 3 reflectores que puso, están muy tenues, eso es lo que a mi se me hace raro,
puedo pensar en que es un corto, en que es una tierra, en que el contacto ya está en mal estado, puedo pensar mil explicaciones lógicas, pero lo raro es esto, que nos comentan que pues él ya está desahuciado y enseguida pasa este suceso y siguen encendidos hasta ahorita, después de eso a mi me entró mucho temor, mi esposa, mi hija y yo estamos ya descansando, nos acostamos, ya no quisimos ir al patio,
no prendí ninguna luz, está todo apagado, ya me da miedo ir al patio, sin embargo ahorita que me comunique con ustedes, me comentaban que iban a marcar y acabo en este momento de bajar con mi esposa y grabé un video, lo tengo grabado y las luces están encendidas, ahorita están encendidas las luces cuando no tiene corriente, entonces ya no quise moverme, los reflectores están nuevos, el cable está nuevo, están en serie con un foco,
se conectan, uno prende el foco y se prenden los tres reflectores y el foco está apagado, entonces ahorita hice un video y prendí el foco y se ve como encienden perfectamente todo, apago, quito corriente y los tres reflectores están encendidos, es algo que no había pasado en estos tres meses, si acaso que los cambió y nunca había pasado, nunca había pasado, lo curioso es eso, que por qué pasa en este momento en el que tenemos malas noticias sobre él, por qué no pasó antes o después,
esa es mi duda, para mí es algo un tanto paranormal, aunque sí puede tener muchas explicaciones, pero ese es el caso y tengo el video, se los voy a enviar. Muy bien amigo, pues... Pero se oye en tu voz, que estás agitado, que es algo que sí te sacó de onda, ¿no? Sí. ¿Una manera de despedirse quizá? Sí, sí, una extraña coincidencia, dice, ahí podrían existir varias explicaciones, pero ¿por qué justo en este momento, cuando estamos recibiendo malas noticias, pasa eso?
El trabajo, el último de los trabajos que hizo cuando todavía estaba bien, y pues ahí está el punto, ¿no?
que tal vez es lo que a nosotros nos llama la atención, que tal vez fue una manera de poner en aviso que algo estaba ocurriendo, por supuesto, como si se pudiera despedir, no olvidemos que nosotros estamos hechos de energía, la energía es la que nos mueve, la energía es la que nos hace mover objetos, pensar, nosotros somos cuerpos eléctricos, todo nuestro cerebro envía impulsos eléctricos a nuestros diferentes órganos,
y por esa razón podríamos nosotros dar cierta justificación a que sí, efectivamente, a través de la energía, en cualquiera de sus manifestaciones pudiéramos recibir algún aviso, alguna despedida tal vez, ¿verdad? La leyenda de Juan Ruiz y su pacto con el demonio cuenta la historia de un hombre cuya vida económica era muy precaria, a pesar de sus esfuerzos no había logrado prosperar, y lamentaba constantemente esta situación.
Un día mientras caminaba por un sendero hacia Tlamacas, una zona ubicada en la región de los volcanes en el Estado de México, Juan se encontró con el mismísimo maligno. Él, al ver la desesperación de Juan, le ofreció una oportunidad, y le dijo, te hago rico a cambio de tu alma. Este trato como que se le hizo conveniente a Juan, sin pensarlo demasiado, Juan aceptó el trato y dijo, va, firmo el pacto, con mi propia sangre en una peña en el camino.
A partir de ese momento su vida cambió drásticamente, comenzó a recibir visitas de un hombre elegante, distinguido en su hogar, este Catrín. Lo más curioso era que cada vez que este misterioso visitante llegaba, escuchaba el sonido del dinero cayendo, monedas como oía que pegaban y estaban cayendo. Juan inexplicablemente se hizo rico, sin embargo, con el tiempo, comenzó a mostrar comportamientos digamos extraños.
Fue entonces cuando confesó a su familia que el precio de su riqueza era su alma, entregada en el pacto con el diablo. Lo peor de todo era que su familia también estaba involucrada en ese trato infernal. Después de su confesión, Juan huyó hacia las montañas y su familia y vecinos trataron de perseguirlo, pero a pesar de estos esfuerzos, no pudieron alcanzarlo. Pues una nube oscura apareció y ocultó a Juan de su vista.
Al seguir sus huellas, notaron que una correspondía a la forma natural de un ser humano, mientras que la otra parecía la pata de un macho cabrío. En la cueva donde Juan había firmado el pacto, encontraron la inscripción que decía en esta cueva se da de alta Juan Ruiz. Lamentablemente ya no pudieron hacer nada por él y la familia quedó nuevamente sin dinero. Desde entonces se dice que los descendientes de Juan han enfrentado tragedias por la maldición, que Juan llevó a su vida.
Vámonos a una pausa y regresamos el miedo FON 55-2193-5926. Las historias tienen muchas formas de contarse, pero solo una de comprobarse. Aquí en La Mano Peluda. La Mano Peluda ¿Quieres iniciar, hacer crecer o monetizar tu podcast? Saber todos los secretos de todos. Dónde y cuando quieras. ¿Les va a cambiar la vida? rss.com Almacenamiento, distribución y programación de tus episodios en un solo lugar. Hosteado y distribuido por irs.com rss.com Hacer podcasts de manera fácil.
Canijo es el que repite plato, pero más canijo es el que pide pa' llevar. Sabiduría en las redes. Porque distinguimos al mundo sobrenatural. La Mano Peluda. La Mano Peluda Continuamos relatos, experiencias, comentarios acerca de esta maldición que cabió en una familia porque el papá que se encontraba en una situación precaria, económica, pero tranquila espiritualmente se convirtió en algo desesperante para Juan. Y es ahí cuando nos preguntamos ¿Valdrá la pena?
El dinero no es todo en la vida, si sabemos que te puede ayudar a cubrir las necesidades básicas, a salir de deudas, de algunos problemas. Sin embargo, el basar nuestra vida precisamente en lo económico no es la solución. Así es Gina. Buenas noches Gina y Nacho. Soy yo otra vez Lety de California. Lety. Les tengo otro relato donde les quiero yo platicar una experiencia con la llorona. Cuando... Esto pasó en el año 2000. Que fue cuando yo me vine de México para acá.
Me tocó pasar por la frontera, cruzar la frontera, por el cerro, bueno, parte cerro, parte desierto. Caminamos una semana para poder llegar acá. En esa ocasión, pues veníamos de... con un grupo de ilegales, ¿verdad? Para cruzar. Este nos tocó venirnos con un coyote que era amigo de... Fue amigo de mi hermano cuando mi hermano más grande iba a la escuela. Entonces cuando me tocó venirme, lo fuimos a buscar a él y pues nos contactó con el coyote y él venía con el grupo.
Y pues veníamos doce en total. Eran diez hombres y dos mujeres. Yo apenas acababa de cumplir los 18 años. Pues estaba chiquilla esa morrilla. Pues resulta de que pues él nos venía dando instrucciones de cómo decir... Saben que por aquí, dice, vamos a pasar donde pasa mucha... muchos grupos de ilegales. No se separen de su grupo porque a veces unos pasan para un lado, otros para otro. Nos vamos a encontrar con ellos. Traten de seguir su grupo.
Para que no se vayan a confundir y se vayan a ir para el grupo equivocado. Porque pues luego para encontrarlos pues va a estar canijo. Entonces, pues íbamos bien al pendiente, ¿edad? Caminamos más pedazo y luego nos dijo el mismo guía. Dice, miren por aquí hay muchos como cholillos. De ahí de Tijuana y pues otros de acá de la frontera. Pues por acá por Estados Unidos. Que se meten a estas partes para asaltar a los ilegales que van cruzando. A veces les quitan sus pertenencias.
A veces les quitan el dinero. A veces a las mujeres las violan. Depende cómo esté el grupo, ¿verdad? Si ellos son más y nosotros somos menos. Hay que estar al pendiente y hay que pasar sin hacer ruido. Pues así pasó. En otra ocasión. Creo que fue al siguiente día. Este pasamos por donde estaba. Vamos a llegar cerca de un lago. Y nos juntó a todos el guía y nos dice, ¿saben qué? Aquí vamos a pasar a todos rápido. Miren lo que miren. Oigan lo que oigan. No se queden atrás.
Dijo, ok, todo si no está bien. Entonces dijo mujeres, pónganse en medio de los hombres. Y caminen. Para que no se queden atrás. Ahí vamos nosotros caminando. Y tratando de no quedarnos atrás. Ya con las instrucciones de no quedarnos. Como si oíamos algún ruido. O si mirábamos algo. Dijo, no se queden, caminen, caminen. Pues yo no sabía por qué nos lo decía. Entonces caminamos un buen pedazo. Yo trataba de estar junto con el grupo. Nada más que como yo no tenía experiencia caminando.
Tanto así como pues. Tantos días caminando y subiendo y bajando cerros. Y así verdad. Y al paso de los hombres. Cabe decir que los hombres pues se empastillaban. Yo no sé qué consumían. Pero yo miraba que se tomaban sus pastillas. Y como que eso les daba más fuerza. Y se ponían como más ágiles. Y caminaban más. Yo pues trataba de ir con el grupo. Este. Pasamos por un. Por un lago. Yo no sé si era lago o río. Pero se miraba ancho. Me imagino que como media milla. De ancho.
Y todo alrededor había muchos árboles. Grandes, grandísimos. Y hoy que alguien gritó. Este. Cabe decir. Que estaba. La luna muy grande. Y alusaba mucho el. Pues todo el ambiente. Todo. Se miraba muy clarito. Porque la luna estaba muy blanca. Muy brillante. Entonces se alcanzaba a ver. Hasta el otro lado del lago. No claramente. Pero si se alcanzaba a mirar. Para aquel lado los árboles. Y sombras. Y así lo que se miraba para allá. Pero empecé a oír como que alguien gritaba. Pero era un grito.
Como de dolor. Si. Y yo me imaginaba que la llorona. Pues decía. Hay mis hijos. Como normalmente. Supuestamente dice. Y gritaba. Así como. Con un grito lastimero. Como si se ha caído. Como si tuviera ahí. Alguien muerto. A un lado de ella. O sea que era un. Un grito de dolor. Pero ese grito. Hasta ti. Te calaba. O sea. Los que lo estábamos escuchando. Nos calaba. Nos erizaba. Los. El grito. Y se le. A ellos del cuerpo. Y hasta nosotros. Sentíamos. El sentimiento. Con lo que. Esa persona lloraba.
Claro que. Era una voz de mujer. Y entonces. Yo le dije. A mi compañero. Porque uno. Un señor que iba. Y con nosotros. Me. Me agarró de la mano. Cuando vio que yo me. Me volteé para mirar. Que era lo que. Quien gritaba. Y me dijo. Que no. Me dejó. Y le dije escuchas. Como que alguien se quedó allí. Y me dijo camí. Camí. No hagas caso. Y yo le dije. Pero es que se escucha. Muy feo. Y me dijo camí. No voltees. Y yo le decía. Pero es que hay alguien allí. Hay alguien. Que a lo mejor. Este herido.
A lo mejor le pasó algo. A lo mejor se cayó al agua. Y ocupa ayuda. Y me dijo no. Te dijo. El. Pues. El. Le decíamos el chicano. Me dijo. Te dijo el chicano. Que camines. Camina. No voltees. Vente. Y entonces yo insistía. Yo me jalaba para atrás. Porque yo sentía que mi deber. Era ayudarle a esa persona. Pero en mi inocencia. Pues yo no sabía. Que esa era la llorona. Entonces. A caminamos más. Ratos. Alguna hora más. Yo creo. Hasta que nos alegó. Y me dijo. No. Y me dijo.
No. Y yo sentía que mi deber. Era ayudarle a esa persona. Pero en mi inocencia. Yo creo. Hasta que nos alejamos. De ese lugar. Y ya cuando llegamos allá. Donde. Ya no pudimos más. Nos sentamos a descansar un rato. Y. Y yo estaba enojada. Porque yo decía. Porque nadie le ayudó. Que tal. Que está. Herida. Que tal. Que el coyote. Alguno. Algo coyote que la traían. La dejó. La golpearon. O le hicieron algo. Y ahí la dejaron. Pues no se sabe verdad. Pero. Pienso que como deber. De uno.
Uy. Yo. En el lugar. De un humano. Era. De ayudarle. A cualquier persona. Que tú. Veas. Que está herida. Entonces. Yo le. Le dije. Al guía. Le dije. Oye. Pero. No. La señora. Que estaba gritando. Y me dijo. Ves que cuando. Antes de que pasáramos. De ahí. Ves que yo les dije. Que vieran. Lo que. Oyeran. Oyeran.
dijo mira cada que paso por ahí oigo lo mismo dijo hace un mes traje el otro viaje y hace un mes hoy lo mismo y siempre que paso por ahí siempre la oigo por eso yo sé que ahí se escucha por eso les advertí desde antes que no se tuvieran que se mantuvieran agachados y que caminaran y que no voltearan ni hicieran pues como no hiciéramos caso a lo que escucháramos ni a lo que miráramos que tampoco que siguiéramos
caminando dijo porque ya sé que eso siempre se aparece allí y le dije es que yo no sabía y dijo es que eso es la llorona dijo siempre está allí siempre le escucho la gente con la gente que venga con los guías que venga porque él ya que nos llevaba nosotros tiene tenía otros más arriba él no más conseguía la gente y el otro los otros conseguían pues como como pasarnos y eso verdad o como este el camino pues era como como un ayudante nada más el compañero de nosotros
y este y así me platicó que eso siempre que él pasaba por ahí siempre lo escuchaba y era lo mismo cada vez que pasara desde hace un mes pasé y lo escuché dijo yo sabía que ahora iba a volverlo a escuchar por eso les advertí y pues ya cuando llegué a captar lo que él me estaba platicando dije cómo puedo creer que pasamos junto a la llorona y todavía yo me quería regresar a ayudarle porque yo no creía a como estaba el grito yo no creía que era una pues que era la llorona yo
pensé que alguien estaba lastimado porque como te digo alguien la dejaron allí el grito que tienes como nosotros somos su última salvación si no le hacemos caso nosotros quién le va a ayudar entonces yo por por mi inocencia yo me quería regresar a ayudarle pero pues yo nunca supe que la llorona gritaba así hasta que más adelante empecé a escuchar los relatos pues ya años después y escuché que así era como gritaba la llorona que en realidad pues no gritaba ahí mis hijos sino que
gritaba así y pues si tuve mi experiencia y con la llorona sin saber bueno llena en hecho saludos este es otro más de mis relatos y ojalá mañana pueda mandarles otro audio claro cuando guste gracias para mi querida amiga muchísimas gracias era un trayecto difícil en cuanto al trayecto de los kilómetros a caminar peligroso y además con la llorona y aunque mira fíjate lo que dice nuestra amiga profe seguro ese grito era la trampita por eso les pedía no voltear y entiendo con este
comentario de nuestra amiga que posiblemente alguien con malas intenciones finge estar herido finge que necesita ayuda para que alguien que vaya y caminando pues en ese momento lo desvalijan de todo lo que traiga lo hacen que se pierda del grupo en el que va entonces pues miren bien o mal estos señores que se dedican a eso ya se la saben los famosos coyotes ya se la saben y algunos de nuestros amigos porque este programa decimos que es cada vez más internacional seguramente
habrá pasado por una experiencia semejante a mí me gustaría saber si alguien de nuestros amigos que cruzó la frontera pues en algo parecido a lo que nos acaban de platicar nuestra amiga leti que nos diga qué tanto son los peligros los que son reales físicos y los que son de corte un tanto más espirituales como una aparición o algo así o se han vivido bueno experiencias estoy seguro que sí muchas personas han tenido experiencias sobrenaturales al momento de cruzar la frontera
un abrazo soy pati garcía amigos jenny nacho los escucho en la ruta de los cenotes en quintana ro un lugar muy místico y con muchas leyendas pati nos deberías de contar alguna de esas leyendas que te parece claro para eso estamos mi querida amiga bienvenida ariana macías buenas noches saludos jennifer garcía también salud a gene y a nacho el shadow dice aquí están claro mi querido shadow estamos aquí vivitos y coleando y también quiero saludar a mi amiga meibis a ver cuándo nos
regalas otra historia mi querida meibis tus historias muy buenas espero que ya estés mucho mejor de salud si saluditos a todos los amigos que nos están escuchando mario a la mar que también que se encuentra aquí participando desde mexicali así es vamos a ver qué tenemos por acá escuchamos hola buenas noches a todos saludos amigo un saludo desde tizayuca y dalgo si señor quisiera contar un relato rápidamente en ese tiempo yo trabajaba de seguridad en
la comersión mexicana así se llamaba estaba y envía morelos frente al siervo de la nación en ese tiempo yo era velador había un compañero que se llamaba julio él era del departamento de limpieza ese departamento tenía su lugar allá en recibo una parte detrás de la tienda era como un pasillo siempre en las noches se apagaban las luces y ahí quedaba un poco oscuro hay una lampadilla ahí al fondo que alcanzaba a lumbrar un poco pero por lo regular siempre estaba oscuro en una ocasión
mi compañero estaba enfermo y se puso mal una noche una vez ya no llegó ya no fue a trabajar y pues pasaron días hasta que nos informaron que el compañero julio había fallecido entonces cuando me volvió a tocar velar más o menos fue en esos días donde él pues ya había fallecido y en una ocasión dando mi rondín por esa área este pase y sus cosas que él solía ocupar todo eso bueno ahí en ese lugar se sentía un poco pues yo pienso que si se sentía triste y yo sentí en un momento como que
él estaba por ahí no sé cómo explicarlo pero es como cuando sientes una pequeña sensación de recorrer en tu espalda un tipo escalofrío y pues no sé de repente yo pensé en él yo pensé en él dije julio que qué estás haciendo aquí porque no estás ya descansando amigo ya tranquilo pues ahora sí que los compañeros que se quedaron pues pensamos en ti te deseamos lo mejor él era soltero él no vivía con familia yo pienso que por esa razón de alguna forma le costó desprenderse de
lo que él hacía no su trabajo sus compañeros su lugar en la tienda bueno esta fue mi historia saludos a todos muchas gracias amigo y créeme que eso es algo que tendríamos que hacer cuando notamos que está la presencia de alguien que ya falleció pero que se sigue manifestando a personas que les gana el miedo no les no hay no está muerto y se me apareció ya se fue hace dos años hace un mes hace tres no sé y les da gana el miedo y en vez de pensar y reflexionar como
nuestro amigo ahorita nos acaba de contar eso sería lo más conveniente sabes que ya descansa en paz si estás aquí debes saber que tienes que descansar en paz nosotros te vamos a extrañar o sea hablarle como si estuviera vivo pero tal vez tal vez él no se ha dado cuenta o no entiende lo que está viviendo porque se quedó atrapado entre dos dimensiones porque permanece aquí pero nadie lo ve y eso en ocasiones los enfurece porque él les habla a las personas y las personas no le hacen
caso como si le aplicaran la ley del hielo ves y entonces eso los pone triste los desilusiona pero así como dijo nuestro amigo decirle ya tienes que descansar en paz y créanme que de manera mágica hasta esa noche o ese día pudiera ser la última vez que esa persona siga penando está interesante el tema está bueno el punto maribel pinada dice nachito mi cuñada cruzó con otras personas entre ellas una chica muy bonita y se la llevaron cuando llegaron a la casa del
coyote les preguntaban dónde estaba y el novio lloraba mucho porque no supo qué ocurrió que ocurría con ella se la llevaron que más un abrazo para todos los que están en esa condición y para los que lo hicieron de manera legal también les mandamos un fuerte abrazo y créanme que si no fuera por ese entusiasmo que le ponen a todo lo que hacen de verdad muchas cosas en este país no serían las mismas nos encantaría que javier llonatan hernández nos mandarás tu número para
escuchar lo que nos quieres platicar dice que desde sedona arizona yo quería comentar sobre los peligros al cruzar la frontera la verdad se miran muchas sombras que a veces hacen que la gente se pierda saludos les mando un fuerte abrazo así es mis queridos amigos gina nos vamos muchísimas gracias por haber estado aquí en esta cita que tenemos cada noche para escuchar temas de los sobrenaturales que descanses que tengas excelente noche que dios te bendiga soy gina hábiles y yo
también me despido soy nacho muñoz agradecido con dios y con todos ustedes porque juntos escuchamos muy buenas historias que tengas una estupenda noche que descanses y como decimos aquí cabo el programa se termina pero la investigación continúa aquí la mano peluda esta fue una producción de grupo formula
