La Mano Peluda Lunes 20 de Marzo de 2023 - podcast episode cover

La Mano Peluda Lunes 20 de Marzo de 2023

Mar 21, 20231 hr 43 min
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Transcript

Advertencia, las opiniones de los participantes y colaboradores no corresponden necesariamente con las del programa o la empresa. Si este programa es escuchado por menores de edad, se recomienda que lo hagan en compañía de un adulto. Porque nosotros hemos estado ahí. El espíritu de bruja... Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. El que no es conmigo en contra de mí es el que conmigo no recoge de ramos. Porque conocemos de raíz a los especialistas.

El demonio es una figura que ha aparecido en todas las culturas. Y no es una figura cristiana. Documentaremos todas esas experiencias que no tienen lógica alguna. Con Georgina Avilés e Ignacio Muñoz. Llegó la hora de poner las evidencias sobre la mesa. Fantasmas. Voces. Apariciones. Psicofonías. Mitos y leyendas que rodean al mundo sobrenatural. Quedaran al descubierto aquí en...

La Mano Peluda. Desde la Ciudad de México, para todo el mundo, esta emisión de lo insólito y de lo que no tiene explicación lógica, pero que a ti y a nosotros, nos ha dado la posibilidad de verlo. Y de verlo, de verlo, de verlo y de verlo. Es un poco lógico, pero que a ti y a nosotros, nos apasiona. Soy Georgina Avilés, y qué gusto que estés esta noche con nosotros. Hola, qué tal, cómo están, buenas noches, gracias por acompañarnos en esta emisión, donde vamos a platicar de lo increíble.

Y también, de lo sobrenatural. y con ustedes porque juntos daríamos inicio a una de esas noches tenebrosas. Queremos tu participación a través de la multilínea cincuenta y cinco cincuenta y uno sesenta y seis treinta y cuatro cero cinco la página triple w punto radio fórmula punto con punto MX y en Spotify. Encuéntanos como la mano peluda grupo fórmula.

Estás cordialmente invito a participar en esta transmisión a través de nuestro miedofon que es el WhatsApp cincuenta y cinco veintiuno noventa y tres cincuenta y nueve veintiséis cincuenta y cinco veintiuno noventa y tres cincuenta y nueve veintiséis ahí nos puedes mandar un mensaje de voz o un mensaje de voz a nuestro canal de Facebook. rp en la ciudad de Tijuana, Tijuana, Torreón, Querétaro, y en Estados Unidos, Las Vegas, y Georgia, bienvenidos a esta

noche espeluznante. Si no te gusta que te hagan cosquillas, probablemente odiarás a este demonio. A menudo se le conoce como Majaja de Tikler. Y en muchos cuentos, Majaja se ha hecho un despegue de las víctimas, y le pide a las víctimas desprevenidas hasta acabar con su vida. Esto utilizando sus largas y afiladas garras. De hecho, las personas mayores del Ártico afirman que todos aquellos que son asesinados por el Majaja quedan con la misma expresión

en su rostro al morir. Una de las cosas que se le hace es que los enemigos que tienen la capacidad de congelar a los enemigos con su toque mortalmente frío. De esta criatura se cuentan muchas historias que incluso hasta rayan en lo cómico, pues generalmente se le representa de una manera traviesa riéndose maliciosamente. Hoy te vamos a hablar de una de las cosas que el cual congela a sus enemigos. Vaya. Qué tema el de esta

noche. Sí sabemos que hay personas que no toleran, por ejemplo, que les toquen la planta de los pies, porque les da risa, les da un ataque que no pueden controlar, pero cuando se trata de una tortura así, ¿Qué podemos decir? Y ahora tenemos aquí a Lourdes, ¿Cómo estás? Bien, buenas noches. Buenas noches. Ya preparada para compartir esta historia. Sí, claro que sí. Tengo muchas, desde que tengo ruso de razón. Siempre me

espantaban. Me rodeaban la cama sombras que estaban ahí y yo les decía no mal y gritaba que me espantaban, ¿No? Y me llevaba a los templos y me hacían un montón de cosas y me dijeron que yo me acuerdaba y que ay de hecho me dijeron que esta era mi tercera

recarnación. Ajá, mira. Que si yo me acordaba de mis vidas anteriores y si yo yo me acordaba porque yo me acuerdo no sé si sea cierto o sea yo lo veía en sueños que yo se estaba en época de los cabernicolas o sea yo me veía como un cabernicola corriendo por todos lados y me metían en una cueva y luego ya salían a la ciudad o sea así bien chistoso

y yo me acuerdaba de eso. Aparte este me soñé en la época de la colonia que yo me llamaba Doñana que era una mujer con mucho dinero y muy mala muy mala muy perversa que se mataban los hombres por ahí porque yo era muy bonita y todo y yo me soñé en esa época y pues ahora ¿No? Entonces no sé si sea cierto pero cuando a mí esos santeros me dijeron que esta es tu tercera eh la recarnación y tú este tú subiste de hecho uno me dijo tú subiste de hecho de tu vida ¿No? Sí. Porque dije ¿Cómo sabe?

Porque pues yo era la primera vez que me llevaba a mi mamá. Mhm. Entonces la verdad me decían que no porque yo yo tenía el donde curar y pues yo me reía no decía o sea no no nadie puede tener eso no ni que fuera médico. Mhm. Pero sí este muchas veces llegaban niños a la casa de mi mamá que llegaban llorando y decía la mamá ay Estipán llori llori llori y yo voltea de los santeros. Sí. Ponía un vaso y lo limpiaba y santo remedio los

niños se componían. Y los curaba de espanto pero a mí nadie me enseñó o sea yo cuando mis hijos estaban espantados lo llevaba con una persona que hacía eso. Y yo veía cómo lo hacían. Mhm. Pero yo nunca me enseñaron y yo solita la historia no inestimada y todo eso. Pero sí a mí me me han pasado un montón de cosas a mí este pues se me parecían cosas me salían manos detrás de los perros que me metieron en la casa. Sí. Una vez me trataron de meter en la pared de mi

casa. Estaba de costada y yo vi cómo salían unas manos y me querían meter y yo yo quería gritar y no podía. Mhm. Y este y pues era así cosa de que tú decías pero pues ¿Por qué no? Sí. Y y y más sucedido así este demasiado eventos en la en en tu casa. Gracias. Que pues mi mamá luego me decía entonces que mi mamá también va a haber muerto y me decía cállate no digas eso y y cuando yo soñaba muerto había muerto.

No. Luego le avisaba la mamá pero cuando a mí me sangraba la boca porque yo sentía sangre en la boca. Sí. Había el el muerto de la familia era alguien de la sangre ¿No? De nosotros. Y mi mamá se va a morir alguien cercano y me decía cállate la boca. Y no pasaba ni diez minutos cuando le hablábamos de la muerte de la gente yo soñaba la gente que se iba a morir también. Es como ves todo lo que le pasó abajo o sea lo que le pasó mucho tiempo.

¿Recuerdas a qué edad empezaste a tener todo esto que nos platicas? Pues yo creo que desde los seis años yo empezaba a ver cosas. Pero como mi mamá se iba a trabajar este ya llegaba noche y todo eso. De hecho te voy a decir cuando era yo era mi abuelita. Sí. Y y se había muerto una señora y

éramos puros niños ¿No? Entonces haz de cuenta que tenía dos cortos mi abuelita y este y nos pusieron a todos los niños en en una recámara para que nos dieramos lata porque del otro lado tenían a la difunta pero la tenían en una mesa porque ya ves que antes no era que las tenían en la tabula tenían así como para rezarles tres días o cuatro días. Entonces como yo mi primis yo éramos de las mayores de las mayores nos dijeron ¿Pon qué está los niños? Y este porque estamos

aquí rezando. En eso yo estaba del otro lado y tocaron la ventana. Yo me decía somar quién era. Y eran la muerta. Yo la vi. Yo había visto la muerta. Y yo la vi. Yo le toqué la puerta a mi mamá. Y me abrió y dijo ¿Qué quieres Lourdes? Digo es que tú no crees, estás loca. Digo, sí, la muerta le está hablando por la ventana, le está

tocando la ventana. Entonces, corrieron todos a la puerta y dice que vieron cómo caminaba alguien, o sea, no vieron de de espalda, y vieron cómo caminaba un gusto así, una mujer, pero no no pisaba el suelo y la vieron y así todos. Ay, la muerta se vio a despedir nosotros, pero yo la vi, o sea, yo vio a la gente así, yo tengo eso de que lo que yo tenía con una persona que trabajaba en el Círculo Atairé. Sí. Era una hermanito de Círculo Atairé, de hecho

caminé a televisión y todo. Y ese señor me quería mucho, mucho, mucho. Y siempre andaba platicando conmigo, me contaban sus historias y todo. Y un día se puso grave porque le dio cirrolfiscepática, tomaba mucho. Y estaba pues hospitalizado ahí donde hospitalizan a los artistas, ¿No? Sí. Y un día en la noche, pues yo sabía que estaba en el hospital, yo sabía que estaba ahí, ahí. Y me tocaron la ventana. Y yo abrí los ojos y decía, ay, ahora quién es, era

de madrugada. Y era él. Y me le quedo viendo y me hacía así a Dios. O alcía a Dios, digo, adiós, adiós. Yo dije, ay, qué día se venía a molestarme en la noche. Pero yo no me acordaba que estaba en el hospital. Sí. Entonces, al otro día, le dijo a mi mamá, fue un catorce de Cerver, cuando él murió. Le digo a mi mamá, le digo, ay, qué día se venía a darme la paligo, vine en la madrugada a

tocarme la ventana. Lourdes. Como. Aquí te voy a interrumpir por la pausa, no te vayas, por favor, regresamos contigo. El miedofón. Mensaje de voz o de texto cincuenta y cinco veintiuno noventa y tres cincuenta y nueve veintiséis. Es hora de poner al descubierto lo que nos hace la mano tenuda. cambiamos de conducta o cambiamos de planeta. Sabiduría en las redes porque no todo tiene explicación de la vida. Continuamos platicando con Lourdes y entonces le comentas a tu mamá que había ido a

visitarte este señor. Sí, sí, le digo, ay mamá, luego viene enojada, me fue a molestar el nanito. Lo cual quien vino a molestar, me dice mamá, no, cómo, pues, está internado. Y en eso estábamos cuando mi tía tenía que ir a la casa de la señora, la dueña, la segunda vez, nosotros, y la tercera de una tía mía. Y en eso sale mi tía Lucrecia y le dice a mi mamá, oye, Ophelia, dice, dile a doña Ana que nos fue aquí en la noche, se metió a mi casa. Y le dice, mamá, ¿cómo que se metió? Sí, dice,

yo y que abrieron la puerta. Y yo pensé, queda tu hermano. Y este, y pues vi que oí que entró, pero como el señor Corquín usaba unas, unos como sus zapatos, su camina, ¿no? Sí. No, no serán más corcholatas, no sé qué se ponía, pero sonaba ahí sus zapatitos cuando él caminaba. Entonces, dice que cuando yo yo que entraba eso, y entonces ya vio que no era mi tío, sino era don

Joaquín. Y dice que pues lo que se ponía la bata, dice que se asomó por la cortina, porque tenía una cortina en su recamara, y que lo vio entrar al al al comedor, jaló la si, se sentó ahí, y dice mi tía que lo crece, y en eso estábamos, mi tía lo crece, y mi mamá discutiendo que no, que porque el señor estaba en el hospital, cuando llegó una vecina, y le avisó a mi mamá, que don Joaquín había muerto en la madrugada, y nos quedamos así, ay, vino a despedirse de las dos, con como nos conocía. Ajá.

Y él dice, ay, ¿pa qué se despidió de mí? Yo te, o sea, temblaba, bolotí, y nos, y vino a despedir en los ojos. Pero, ¿qué cree que nunca nos dejó

de ver? Porque él, se oía sus cascos de sus zapatos, todas las noches, él siempre cerraba la cadena, o sea, le ponían cadena en la puerta, y él siempre como era chiquito, arrastraba la cadena, cuando iba a poner la cadena en la noche, y todas las noches sonaba la cadena, todas las noches, oías cómo caminaba, y y sonaba la cadena, y estando parado uno en la puerta, si estabas ahí, la cadena se

apagaría a la casa. Pero sí, eso fue una, una cosa que me pasó, y y así me sucedieron varias cosas de de ver gente que se, pues que estaba muerta, y que yo la veía en persona, así. Y pues no, no se me aparecían, y ya. No te espanta. Al principio cuando era niña, todo me espantaba. Tenía miedo hasta de voltear, porque siempre sentía que tenía

miedo, que no tenía miedo. De hecho alguien me dijo que yo tenía adentro a una enfermera famosa que que curaba, que no sé qué, que yo podía curar lo que fuera, pero hoy, la verdad, yo dije, ay, pues sí, no, hasta el nombre me dijeron, pero yo no sé. Y entonces, este, pues, pues, a veces sí me da miedo, por ejemplo, cuando me jalaban, una vez me intentaron jalarles para bajar, meterme abajo de la cama, y te lo juro que es

horrible. O sea, yo luché con todas mis fuerzas, me agarré con mi marido, mi marido estaba arriba con un niño, y yo estaba abajo con el otro, y yo sola, o sea, yo sentí eso, cómo, cómo salía, se cuenta, como unos brazos, y me agarraban y me querían meter. Y yo no, no, no, no, yo no, yo no me dejaba, yo no me dejaba, como pude desafilto, ahí, como se metió abajo de la cama. Y yo temblando así. No, no, no, te lo juro que ese día sí dije, ¿por qué, no? O sea, ¿por qué me quieren

meter abajo de la cama? Oye, y ¿por qué no me dejan tener la misma capacidad que tú? Por evidencia. Sí, de hecho, creo que todo. Porque, bueno, mi hija, mi hija, este, cuando era pequeña, apenas se empezaba a caminar, todo él ni se paraba bien. Un día tuvimos visita de mi cuñada, y ella tenía tres niños, y mis hijos eran dos.

Entonces, este, pues, mi hija, apenas se empezaba, digo que todo no caminaba, todo no se paraba bien, tenía como año y medio, y me dejó con los niños y mi cuñada, y mi marido y yo bajamos un colchón para dormirnos en el suelo, pues, para que los niños durmieran cómodos, ¿no? Y en la madrugada yo sentí como me volaba algo así, como un aire, ¿no? Y abrí los ojos, y veo a mi hija chiquita parada, pero parada en la esquina de mis pies, pero bien paradita. Pues me levanto, ¿no? Y digo,

uy, hija, ¿qué haces? ¿Por qué estás parada? Pero yo en ese momento no me acordaba que ella estaba parada, porque estos niños quieren jugar conmigo, y digo, ¿cuáles niños? Y señalaba para la esquina de la puerta. Son unos niños, y digo, ¿y cómo son? Son viejitos, dice, tienen la cara arrugada y tienen barba. Y yo le dije, no, pero no les hagas caso. Entonces, yo la abracé, y ya, en eso se paró mi marido, la cargamos y la pusimos en medio de los dos. Y nos

quedamos así dormidos, ¿no? Pero después pensé, dije, pues, si no, ¿cómo? Y esa fue la primera vez que le pasó a mi hija el contacto con los chameques, porque después mamá la llevó al templo, porque mamá era muy prebosa al templo. Entonces, ahí nos dijeron que como la niña iba a ser viviente, y los chameques se la querían llevar.

Todos nos dijeron que pusiéramos sal negra en la en la cama, y que unas tijeras, o sea, que para alejarlos de sí, de la niña, que no, que oque dice que se llevan su alma y las y la niña. Y esa fue la pues la única vez que mi hija tuvo eso. Pero este pues a mí mi hijo me han dicho que tiene dones de curación, un santero, mi hija, no, este es muy poderoso y puede hacer lo que quiera, pero ninguno de nosotros no somos

dedicado a eso. De hecho, yo no puedo estar con alguien que esté enfermo, o moribundo. Porque yo siento, yo siento el dolor. Ah. Y yo me pongo mala. Yo caigo en cama, yo, ¿algo cuenta que yo yo estuve con mi hija? Yo estuve, estuve los últimos dos días que estuvo viva, y la hacía ver, no, yo me puse malísima, yo me puse de muerte. O sea, yo no puedo estar con con gente enferma ni que me ni que me una troteada, ¿te puedes dar cuenta que yo estoy sintiendo las cosas? No

sé por qué. Pero luego hasta mis hijos dicen que estoy loca, pero no en serio. Yo siento como que yo siento el dolor, como que yo lo panto. Yo siento el sufrimiento, yo veo si alguien está triste, o sea, yo siento que a veces te angustias mucho porque luego te preocupas de más, estás con tus problemas y aparte los de la demás gente, ¿no? Claro. ¿Cómo ves? Pues es una situación que te ha tocado difícil pero la has aceptado y asimilado de una manera que no ha interferido en

tu vida. No, no, no, no, esto es todo, digo que a veces hasta ya me hablaban por teléfono para decirme, uy, ¿eso ni esto qué va a pasar? Ya era la la la historia de lo que iba a pasar en sus sueños y salía, ¿eh? Todo lo que les decía salía y ya tú ya me daba hasta risa porque hasta me hablaban por teléfono, no, ya es hoy, es de qué, qué va a pasar y sabes que me también, no, no es algo, tengo muchos relatos. Sí. Pero hay uno que me llama la

atención mucho. Muchas veces caminando por la calle, yo encontraba gente, pero ahí vía gente que yo le veía cara de calavera. ¿Has de cuenta que yo veía? Y veía una calavera que a la persona. No sé qué significaba eso, no sé si al verles la cara de calavera es que se iban a morir. Ya no sabías.

No, porque no sabía, porque qué crees tú, una vez llevamos a un vecino mío que tenía cáncer en la próchata y ese señor me quería mucho a mí y a mis hijos porque a mí me dejaron, cuando mis hijos tenían 5 y 6 años y uno se crea con mi mamá, mis hijos y yo, ¿no? Sí. Tuvimos ahí con mi madre y ese señor era un ingeniero y él quería mucho a mis hijos y a mí me quería mucho, ¿no? Sí, como parece a mi papá.

Y lo llevamos al hospital porque él iba a operar en la próchata ese día y unos días antes lo había soñado de novio. O sea, yo decía, se va a morir. Y yo dije, increíble, pero no dije nada. Y pasó. Yo lo llevé al hospital, a mí no me gustan los hospitales. Porque yo en los hospitales me siento mal. Sí, por lo que dices. Me siento cosa, o sea, me toca oír cosas, pero yo no sé si las estoy oyendo o las estoy... Pero yo veo que la gente no las oye, pero yo las estoy oyendo. ¿Sí, mentira?

Sí, sí, sí, me imagino que no puedes estar en un hospital. No, no es grato. No me gustan los hospitales porque muchas cosas me pasan. Y así íbamos en el taxi y el señor mismo me iba diciendo que me portara bien, que cuidara a mis hijos, que me fuera a buscar una casa para que viviera con ellos solitos, que mamá era muy buena, pero que era mejor que yo hiciera mi vida con mis hijos aparte, ¿no? Sí. De momento se agarró donde lo habían hecho labiosas, donde lo iban a operar.

Y yo le vi su cara de calavera. Y después yo volteé y le dije al chofer, por favor apúrese, vaya rápido, porque el señor se siente mal. Pues mira, Gina, cuando llegamos al hospital no había cama para dormemos. Y mi mamá se andaba moviendo. Porque su esposa era de Mazaclan, ella venía de Mazacampa a México, pero nos pidió de favor que nosotros nos adelantáramos porque él no iba a alcanzar a llegar. Y yo estaba platicando con el señor y me estaba diciendo cosas y consejos.

¿Dónde estaba dando consejos? Yo estaba molesta porque como lo citaron a tal hora y no hay cama para que el señor esté por el interno, ¿no? La cosa es que mamá andaba moviéndose allá. Ya llegó el momento que mi mamá dijo, ya consiguió un cama y el señor Memo me volvió a ver y me dijo, adiós, güerita. Y le dije, no, no, yo no me despido de usted, yo lo espero en la casa. Recuerde que lo quiero mucho y lo veo allá. Y me dice, está bien, y me pegó en el hombro.

Se mete, a que le iban a dar una plática de qué tenían que hacerlo para internarlo. Y en el momento que él se mete, de repente cierra la puerta y se mete el señor Memo y se pisan ahí unos gritos horribles en el hospital. Yo volteo y empieza a salir una familia que se le había muerto a la mamá, pero eran gritos, gritos de horribles. De dolor, sí. Y me empieza a sentir mal yo. Y yo le pido a Dios que el memo no salga para que él no vea eso.

Yo digo, ay, no, que no vea eso porque lo van a internar y yo pensando, ¿no? Sí. La cosa es que se van y acaba el llanto, se salen las familias todas llorando y todo eso. Y sale el memo y me decía, me van a internar, nos vemos, hija, cuídate, bye bye, bye bye. Su operación iba a durar, creo que 16 horas porque era una operación muy larga. Sí, muy complicada. Y pues mi mamá, al otro día, nos fue a ver mi hermano antes de que lo operaran y después ya íbamos a verlo hasta el siguiente día.

Ya estaba su esposa. Y ¿qué crees? Que el día que lo estaban operando mi mamá y nosotros vendíamos hamburguesas en la noche en la casa. Y estábamos vendiendo las hamburguesas y estábamos, mi mamá dice, ay, ¿cómo estará, don Memo? Ya acabaría la operación y que no sé qué. Y en eso me dice mi mamá, güera, se acabó el pan. Ahorita comprará a la tienda unos bimboyas. Y le digo, sí, ahí voy. Te lo juro, llena. Llegando a la esquina iba a pasar yo a la calle, estaba la calle oscura.

Yo vi un cuerpo tendido con una sábana. Y yo vultí a verlo y sentí un escalofrío. Me pasé corriendo a la tienda. O sea, estaba ahí, ¿no? Me paso a la tienda y yo venía pensando, don Memo, ya se murió. Don Memo, ya se murió. Voy llegando con mi mamá y todos estaban llorando. Yo dije, no puede ser. Te lo juro. Y así te puedo contar así. Y tú dices, no me gusta. No me gusta ver la muerte de que conozco de la gente, ¿no?

Me da miedo, o sea, de cosas porque luego las pienso y digo, ahí van a pasar y le pido a Dios que no pasen. Y pues eso te lo cuento ahorita porque tengo mucho para contar ya. O sea, que podríamos hablar de otro lado, otro programa, para que no sea también nomás yo la que esté hablando. ¿Cómo dice? Pero por supuesto, Lourdes, que nos interesa muchísimo platicar contigo. Mira, en estos minutos que lo hemos hecho, hemos quedado sorprendidos de todo lo que has vivido.

Y por supuesto que si nos lo permites, en otra emisión te vamos a marcar para conocer un poquito más. Claro que sí. No, sí. Muchas gracias. Excelente noche. Hasta luego. Vámonos a una pausa y regresamos. El Miedo Fond, 55-2193-5926. Lo oculto se pone al descubierto aquí, en La Mano Te Duda. Si te interesa el cine y estás cansado del buen hondismo de la crítica actual, de lo políticamente correcto, y quieres un idiota que te diga las cosas como realmente son, pues ese idiota soy yo.

Peli de la semana y te invito a escuchar el Pelipodcast. Un podcast donde hablamos de escándalos, de premiaciones, de cine de autor, de cine de mierda y todo lo que tenga que ver con el mundo de las películas y las series. El Pelipodcast ya está disponible en Spotify y en todas las plataformas que se te ocurran. Nos vemos por allá. ¿Para qué odiar a los que te envidian? Si ellos mismos te confirman que eres mejor que ellos. Sabiduría en las redes.

Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. La Mano Te Duda. Muy buenas noches Gina y Nacho. Hola, mi nombre es Coco. Bueno, así me dicen. Este, bueno y quiero contar una historia. Hace muchos años, pues cuando yo era chiquita, yo tenía cuatro años. Tenía mi hermanita también más chiquita. Y vivíamos en el estado de Durango, en la ciudad, con mi mamá. En ese entonces mi mamá conoció un hombre muy bueno y se juntó con él para vivir y pues casarse al futuro.

Él era fotógrafo de profesión y entregaba sus fotografías en una motocicleta verde que él tenía. Y se ponía su casco y iba entregaba sus fotos. Y un día en una madrugada, yo estando yo acostada en la cama con mi hermanita, yo le gritaba a mi mamá, ¡Amá, la muerte está arriba de mi cama, amá, la muerte! Y mi mamá no me hacía caso. Me decía, Coco, vete a dormir. No es nada, no es nada. Y no me hacía caso.

Entonces, el cuarto era como si estuviera donde yo estaba acostada y también la muerte flotando sobre mí en la cama. Era como si hubiera luz, estuviera oscuro, pero a la vez como que estuviera iluminado. Porque yo podía mirar muy bien la muerte. Y estaba, era así como que flotaba sobre mi cuerpo, arriba de la cama. Era como amarillita, como un esqueleto. Como un esqueleto que todos conocemos, a veces que hay unos doctores o clínicas que es un esqueleto de por los huesos. Y así flotaba sobre mí.

Y como que había luz, por eso yo lo podía mirar. Pero a la misma vez era, era oscuro. Pero como si se hubiese iluminado esa área donde yo estaba para que yo la pudiera mirar. Y yo me cobijaba hasta la cabeza. Y la cobija, la cobija se transparentaba. Era como, era una cobija gruesa, pero aún se transparentaba. Igual la podía ver. Y bueno, y así pasó. No me recuerdo que ya qué más pasó, si me quedé dormida o qué pasó, no más la dejé de ver.

El chiste que en la mañana, ya amaneciendo, el compañero o esposo de mi mamá se despidió. Iba a entregar sus fotografías a sus clientes en su motocicleta. Y no pasó más de una hora que alguien llega y toca la puerta. Y nos dice, le dice mi mamá más bien, pues yo estaba allí, yo escuché, era una niña. Que su esposo había muerto. Que sí podía ir a identificar su cuerpo a la morgue.

Y entonces mi mamá fue y pues yo creo que con los nervios y todo, pues yo era tan chiquita y también ella era muy joven. Y me llevó con ella para que no me quedara sola. Y fuimos a la morgue. Y pues sí, él estaba muerto, lo habían atropellado, lo atropelló un tráiler en la carretera. Y entonces ella lo tenía en la morgue y acostadito ahí en una cama como de cemento, que me acuerdo muy bien. Fue un gran trauma para mí.

Y también recuerdo que tenían otro hombre viejito al lado en otra cama de cemento. Y yo grité muy asustada, ay, mi papito se murió. Y pues esa es la historia Gina y Nacho que me pasó. No me creyeron que mire la muerte si me hubieran creído y él no hubiera salido esa mañana. Aunque sea por superstición, perdón, superstición, pues quizás no hubiese muerto. Muchas gracias Gina y Nacho por escuchar mi relato.

Yo hablo desde Phoenix, Arizona y los escucho todos, todos los días mientras ando trabajando todos los días, todo el día. Muchas gracias. Ya me acabé todos los relatos que ustedes ponen. La segunda vuelta. A veces mucho los repito. Muy bien. Muchas, muchas gracias por hacerme mi día a menos. Gracias a mí. Y me encanta su programa. Gracias. Y es que es difícil, Coco, personas como tú o también como Lourdes que pueden ver y adelantarse a cuando una persona va a fallecer.

Es complicado que los demás, que la mayoría crean o puedan tomar cartas en el asunto. Porque si tú le dices a alguien es que sabes que vi la muerte y esto sucede cuando alguien va a fallecer. Te dicen, ay, no estás inventando o cosa como que les resta la importancia. Y ahí que también pueda entrar la frustración en la persona que lo vive o te toman como ave de mal agüero. Entonces surge la pregunta, amigos que son seguidores de este programa. Seguramente podremos reflexionar juntos al respecto.

Tener este tipo de visiones, de advertencias o anuncios como lo de Lourdes que nos platicaba. Cuando soñaba que alguien moría había un muerto. Cuando le sangraba la boca, el que moría era uno de su familia. Nuestra amiga Coco veía la muerte y de algún modo podía intuir que moriría alguien. Y si sucedía, pregunta, mis amigos, ¿se trata de un don como una bendición o se trata de un don como una maldición? ¿Es para bien o es para mal? ¿Se puede uno acostumbrar a vivir con esto?

¿Tu familia te debe creer? ¿Le debes platicar a la familia? ¿Cuál es la actitud que tú debes tomar ante este tipo de anuncios? Ya que una vez que comprobaste que siempre así sucede. Lo ves y pasa, lo sueñas y pasa. ¡Caray! ¿Qué opinan? Cuando han pasado tantos años, las mismas personas ya empiezan a identificar si me pasa esto, si es con sangre, entonces es cercano. Si es esto, entonces ya van identificando. Gracias por compartirnos estas experiencias. Y ya tenemos aquí en la línea a Alex.

¿Cómo estás? Hola, buenas noches. Buenas noches, Nacho. Buenas noches. ¿En dónde te encuentras, Alex? Bien, bien. Bien aquí ya, pasándolo frío. ¿En qué ciudad estás? Vino a California, estamos como a 30 minutos de Los Ángeles. Del centro de Los Ángeles. Oye, ahorita ya estás en casita, descansando. Ya, salgo a las 5 de la tarde. Pero ¿qué tal la jornada? Muy dura, ¿verdad? Bien, gracias a Dios, sí, mucho trabajo. Ahorita se empezó a dejar venir al trabajo, ya ver qué es.

El tiempo de diciembre y enero ya está más lento. Sí. Por las fiestas y todo eso, pero ya está empezando. Ya se está activando y eso es una bendición. Sí, ya no podemos echarnos un coyotito al trabajo ya. Bueno, pero lo que sí puedes hacer es contar un relato ya, ahorita que estás en casita. Claro que sí, ya les había dicho que en estos días me voy a comunicar. Ahí se escucha una toalla de mi niño. Ah, muy bien. Que está enfermito ahorita de todos. Ah, que se recuperó.

Sí. Quería contar un poquito sobre mi pueblo, ahí en Oaxaca. Sí. Adelante. Nosotros somos de un pueblito que se llama Paso Nuevo, bueno, pueblito no pueblo, ya es grande. Se llama Paso Nuevo Lamaca. Está ubicado, está ubicado casi cerca de Veracruz. Nosotros que será, estaremos unos 40 minutos de la línea con Veracruz. El pueblo está metido a como a ocho, son ocho kilómetros de la carretera federal que va hacia Oaxaca, creo. Si no me equivoco, creo que es a 175, algo así, la que va hacia Oaxaca.

A ocho kilómetros. En la mitad del camino, que será, sí, como mitad o pasada la mitad, hay una curva que se llama, uno le dicen la curva del pollo. Esa curva está muy traicionera y ahí ocurren muchos accidentes. Hasta ha habido muertos, pero de esa curva, más adelante, sobre mi base, sobre mi pueblo, será como unos, qué será, un kilómetro más o menos de esa parte a otra parte que se llama el Columpio. Esa parte está pesada, pues han corrido muchos casos y muchos, o sea, gente mira cosas.

O sea, lo que ven les hace o les provoca que el auto tenga un accidente. Sí, en esa curvita se salen mucho los carros. En esa curvita ha habido muertos. De hecho, hay un señor de ahí del pueblo, puso una capillita con una virgencita. Y pues no la creen, no duró mucho. En una fiesta que en nuestro pueblo está pegado a otro pueblo, nomás lo vivía en una calle que se llama San Cristóbal.

La fiesta de ese pueblo es en febrero. Pues no tenía mucho que habían puesto la capillita en esa curva con una virgen. Cuando ahí se estamparon cuatro muchachos de otro pueblo, que iban de aquí, ni se fueron a estampar contra la capillita, tomaron la capillita y ahí se murieron. Está tan raro, puede ser, muchos relatos ahí, cómo se llama, pero voy al principio de cuando era camino nomás de caballo.

Alex, antes de que estés aquí con este principio que comentas, vámonos a una pausa y regresamos contigo, por favor. El Miedofón cincuenta y cinco, veintiuno noventa y tres, cincuenta y nueve, veintiséis. Conocemos la leyenda y la hacemos realidad. La mano peluda. Los animales abren los ojos a los quince días de nacidos. Los tontos nunca. Sabiduría en las redes. Porque tenemos mucho que decir. La mano peluda.

Ahora sí, regresamos con Alex. Nos decías que cuando en este trayecto era de terracería, ¿qué ocurría? Cuando eran de camino de caballos, les contaban a los abuelos, la gente de antes, que si pasaban la noche por allí, dice que cuando entraban a esa parte, de la que le platico, de la curvita esa que se llama el pollo hacia el columpio, sentían, ya ve, cuando va montado, donde pone los pies en los estribos, dice que sentían que se les colgaba algo pesado.

Y toda esa parte del camino que les cuento, como que se arrastran, como que llevan arrastrando unos cueros. Allí, y pues los caballos también se asustaban y todo. Y así pues siempre se han contado que en esa curvita sale el, ¿cómo se llama? El innombrable gujere.

Y este, muchos relatos, incluso un padre, que pues ya ve que tiene su, como decir, su sede en otros lados, iba los domingos para allá, y una noche que le tocó ir a dar misa, dice que ahí se le atravesó un toro grande negro, que no lo dejaba pasar para allá. Y pues dice que él enseguida supo de qué se trataba pues, y dice que le dijo, no pues conmigo no vas a poder, y dice que pues le echó sus oraciones, y dice hasta que lo quitó del camino.

Y así sucesivamente luego también un tío dice que algo como allá, ya ven que no hay transporte hasta las horas de la noche, tarde horas fue. Y dice que llegó tarde, ahí en la carretera federal y le tocó caminar. Y dice que iba caminando y en esa curvita, dice que cuando pasó la curvita, dice que hay un camino contigo paralelo por un lado que sale a otro pueblito chiquito allí.

Y dice que él escuchó que como que algo empezó a caminar a su lado y dice que cuando voltea para un lado, dice que era un perro negro grande, dice que fácil le llegaba como al pecho, dice. Y dice que la hombre dice que se ha asustado y pues no le queda más que apretar el paso, pues porque iba rumbo para el pueblo.

Y le digo que a cada rato, a cada rato se salen ahí los carros, o sea de la nada pues porque una curvita muy, tú la ves insignificante, pero el carro cuando te das cuenta ya te jalo para fuera la curva ahí. Y esa parte, en esa parte siempre todos, ahí se salen los carros, tiene algo, algo de esa corvo y le digo que el señor que puso esa capilla no duró mucho. Dice que ahí se fue una estampa de estos muchachos y ya tiene, sí, fue como en el 2008 yo creo cuando pasó ese accidente.

Y siempre han, dice que han mirado eso, que si no sale en forma de perro, sale en forma de cualquier animal pues. Qué peligroso, ya conocen entonces los de la zona, ya conocen que allí deben pasar con precaución, sin embargo las personas que por ahí pasan por primera vez pues no lo saben, lo que ahí sucede.

Sí, hay personas, gente de fuera que va y que se han llegado a salir allí, exacto un conocido ahí también de por Veracruz ahí también se salió en el carro, ahí dio vuelta, iba para una fiesta de la familia.

Y cuando llegaron a avisar ya, destrozó el carro y ahí salió un cubrido, ahí se salió y le digo que no se mira peligrosa pero cuando recién no había, no tenían pavimentado el camino pues le echaban la culpa a la arena ya que la arena te jala cuando, cómo se llama, cuando vas muy recio y en la curva pues tienes que, si es arena te va a jalar pero ahorita con el pavimento siguen pasando pero un incidente es allí.

Y en toda esa parte ya ha habido muertos allí en moto, un tío, la verdad no sé por qué parte se salió pero ahí también fue en esa carretera y falleció, luego tengo un amigo tan que quedó parampléjico también allí, también se salió por la moto, se dijo achocar con un árbol.

Y yo creo que esa partecita es como, yo me imagino que la curva a esa parte que le dio el Columbia será como un kilómetro. Incluso nosotros, yo en mis tiempos de deportistas me gustaba correr mucho y con un sobrino él también se encuentra curva acá ya. Y íbamos a correr en las tardes y esa tarde se nos hizo de noche y pasábamos por esa parte y veníamos corriendo y en esa parte pues a los lados hay puros, cómo le dicen, ranchitos o potreros, no sé cómo le conocen ustedes donde tienen el ganado.

Ahí a ver que ponen cerca con hilos de alambre y veníamos corriendo y cuando pasamos por ahí, por esa parte ya como que iban estirando el alambre pero recio y pues no era un animal pero cuando un animal se arrecaran el alambre nada más se escucha pues un solo sonido, un solo respirón pues. Pero esa vez cuando íbamos corriendo atrás de nosotros se iban estirando el alambre y nos rechinaban y ya dice mi sobrino que es eso, le digo tú corre y no voltees, le digo porque esto no es bueno pues.

Y sí veníamos corriendo y atrás de nosotros el alambre se venía como que íbamos avanzando el alambre iba atrás de nosotros rechinando. Pero sí, pero nunca, sí, sí y nunca, nunca volvíamos pues y le digo esa parte así se conoce y igual este contó un señor una vez que se fue un carro de la marca del refresco que a todos les agrada yo creo. Andele el negro y se fue en esa curva y dice que el conductor y a ver que esos carros traen al conductor y al ayudante que los ayudan a descargar.

Sí, sí, este ok se fue en la curva esa y dice que quedó pues el carro quedó hacia abajo pero o sea que no se alcanzó a voltear definitivo quedó del lado nomás y dice cuando se quedaron allí varados pues el conductor le dijo al ayudante pues voy a tener a la noche ya. Y dice que voy a tener que ir a traer ayuda al pueblo pues al pueblo nosotros y fue ahí al pueblo por un tractor para que los ayudara a salir de allí donde estaban.

Y dice que le dijo tú quedate aquí cuidando los refrescos pues la carga ok ya se quedó el muchacho y dice que que cuando llegaron con el tractor dice que estaba encerrado en la cabina este temblando ese este pálido asustado.

Y dice que cuando lo buscó el conductor no lo miraba a la gente está este no está cuidando el carro y dice que cuando lo buscó estaba en la cabina y dice que que andaba el muchacho abajo y dice que cuando sintió como que alguien no estaba mirando y dice que cuando volvió para atrás dice que estaba. Un mono negro dice con los ojos rojos rojos así como si si se veía como del hombre pues dice que no que se metió de volada la cabina bien asustado.

Y digo que que pasan esos ese tipo de sucesos en esa parte y tanto se te puede aparecer en cualquier forma pues animal o algo mal si el mal el malo pues. Y esa parte si está peligrosa para la noche. Vamos a convocar a los amigos que nos están escuchando por esa zona que nos platiquen otras experiencias al respecto. Sí, sí, hay muchos muchas experiencias allí de que se cuentan y también antes de que yo me venía para acá pasó algo un muchacho de un pueblito y cerquita que se llama la finca.

Luego le voy a contar esa historia, la finca tiene mucha historia no sé si escucharon nada de el valle de los miserables cuando porfirio día en esa parte en esa parte donde ocurrió todo todo ese de la zona donde somos nosotros. Entonces, pero pues esa es la historia de la.

Sí, le digo que esa parte tiene mucha historia cuando la época de porfirio día cuando el porfirio alto que le decía y este ahí hay mucho mucha historia que contar y esa tiene las ruinas todavía de la casa del asentado que mandó allí. Pues ya lo platicaremos mi amigo con mucho gusto. Gracias. Entonces vamos a estar en contacto contigo Alex. Muchas gracias y saludos. Saludos. Muchas gracias. Muchas gracias. de contarse, pero solo una de comprobarse. ¿A quién? La mano peluda.

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Y otras para disfrutarlo una vez más. Sabitud y en el rey. Porque conocemos de raíz a los especialistas. La mano peluda. Una noche en mi trabajo, hace alrededor de dos años más o menos, era en pandemia y nos tocaba tornarnos cuando era guardia de seguridad. Esa noche, alrededor de la madrugada, más o menos de las dos a tres de la mañana, sentí un fuerte dolor en mi estómago. Ese dolor de estómago me hizo despertar de mis dolores. Decidí ir al baño.

Había unos pequeños escalones que bajaban dentro de las instalaciones. Al momento de bajar casi el primer escalón sentí dos manos muy fuertes que se apretaban fuertemente atrás en la parte de mis hombros. En ese momento caí de rodillas y voltí lentamente hacia lo que me había lastimado los hombros. Solamente era una silueta muy grande, muy, muy grande, negra, transparente, que se iba desvaneciendo. Al parecer parecía como si fuera la Santísima.

Y sus ojos encarnados, que solamente eran dos huecos. La verdad no supe qué hacer. Solamente me levanté lentamente al ir caminando en el baño. Pues al baño empecé a divagar, a pensar cosas que la verdad creí que era por la fiebre, por alguna cosa que daba divaneando, pero la verdad sé que ese momento no tiene explicación. Saludos y ya les contaré la segunda parte en otra ocasión. Claro, cuando quieras, por supuesto incluso podemos llamarte para tener mucha mayor información.

Así es, mi amigo, muchas gracias por compartir. Y además que se ve que le gusta platicar, le gusta hablar muy, muy claro. Mi amigo, fíjate que hay mensajes llenos desde hace rato de la jefa, dice la jefa triple seis, llena de ramosa. Una pregunta o inquietud. Estamos en busca de comprar una casa, pero a las que hemos ido siempre entro y me dan una mala vibra.

Y como miedo, o sea la mala vibra y miedo, que en realidad no soy para nada miedosa, tengo que salir de esas casas porque siento que me falta el aire. Yo vivo en Estados Unidos y no he podido encontrar la casa en la cual me sienta bien, dice mi amiga y te comenta, Gina, que ha tenido esa sensación. Pero aquí es bien importante que debido a esta sensación o la percepción que tienes en estas casas, no te has quedado con ellas. Porque imagínate lo que sería vivir en alguna de estas.

Si desde que conoces la propiedad ya hay algo que no te late, esto es súper importante de tomarlo en cuenta y no dejarlo nada más como, ay, me estoy sugestionando. Hay casas que los dueños, aunque uno la rente o la compre, no te dicen lo que sucedió precisamente para engancharte, que tú te quedes con ella. Cuando es un bien, lo primero que debemos tener en cuenta es si el precio corresponde a la propiedad. Que no digas, ay, es una mega casa y está súper barata la renta o la venta.

Y entonces tú dices, no, esto lo tengo que aprovechar. Antes de aprovecharlo, tienes que investigar por qué motivo el dueño está perdiendo económicamente con tal de deshacerse de esa propiedad. Hay algo oculto. Ahora después, checar y dar un recorrido, eso es bien importante, porque si tú no te sientes a gusto, es mejor que ni te quedes con ella. Así es, no, haces muy bien en hacerle caso a tu intuición. Y necesariamente lo que debes pedir es discernimiento, mi amiga.

En las noches cuando hagas oración, pide discernimiento para poder distinguir lo bueno de lo malo. Si es que hay algo que puedas hacer, a lo mejor es una casa que en su apariencia se ve lúgubre, se siente una energía baja, tal vez porque tiene una alfombra muy vieja. No necesariamente tiene que haber malas energías o estancadas, pero sí necesitas algo de discernimiento, mi amiga, y solicítalo, solicítalo al señor y vas a ver que te va a dar ese consejo para que tú me des una decisión correcta.

Tenemos a alguien en la línea. Buenas noches. ¿Con quién tengo el gusto? Buenas noches, Sebastián. Sebastián, hermano, eso y un poco rara la llamada. ¿Desde dónde nos escucha Sebastián? Desde Guadalcanal. ¡Guau! Muy bien, mi amigo. ¿Y qué nos quieres platicar? Sí, ya lo tengo aquí. Tengo varios relatos, bueno, son muchos, pero ahorita nomás les voy a contar ellos para que se quiera más oírlo, pero ahí les diré. Eso, brother, muy bien. A ver, ¿de qué se trata, mi amigo?

Una noche, lo que yo les estoy contando es algo así cortito, como este que me lo contó un señor que es amigo de mi papá, que dijo que yo me salí donde yo soy, de Buenos Aires, por eso es lo que se va a cargar.

El señor estábamos trabajando ahí, y después de contarnos que él me dijiste que le iba al mismo rancho al señor, y yo ya no lo conocí porque ella se adició, pero conté que ese señor tenía una vaca y siempre lo sacaba para hacer asistentes para el cerro porque iba donde yo fui, en un mucho campo.

Ajá. Y pues así estuvo y yo en un lugar donde había hierbas para la vaca, ahí se sentó, pero él se fue a sentar de vaca y la vaca se quedó en una distancia que no era, sí la miraba, pero un poquito respiraba. Sí. Oye amigo, una molestia, ¿podrías hablar un poquito más fuerte? Ah sí, está bien. Ajá, gracias. ¿A ver si aquí me escuchas mejor? Sí, mucho mejor.

Lo que pasa es que el viejito se sentó debajo de una chute, pero él dice que cuando se sentó estaba una piedra como vieja, y el viejito pues le dijo que le iba a ir al pared, entonces cuando se parió y levantó la piedra, y había como muchas monedas de oro, era oro, oro, oro. Oh. Entonces cuando él dice, está aquí el viejo que la vaca se quedó cerca de la milta, y cuando él miró la bolera de oro, la vaca ya estaba en la milta comiéndose el maíz.

Ajá. Entonces el viejito corrió a sacar la de la milta, y se caminaba corriendo él dijo, nada, ahorita regreso, ahorita regreso por las monedas. Sí. Y sí, se sacó la vaca y todo, pero dice que cuando volvió a verla rostar atrás, ahí donde el mismo árbol y donde estaban las monedas, ahí estaba un señor todo, todo negro, sí, con un gorro grande.

Ajá. Así todo el negro y como recargado en el árbol, y que cuando lo voltea a ver que el señor le hizo señas como que fuera, pero agachado, así con las manos le dice que fuera hacia él. Sí. Dice que el viejito ya no quisiera porque pues luego que estaba ahí, no era nada bueno, él pensaba que no era nada bueno. Ajá. Y pues eso es uno de mis relatos y pues a mí me ha empezado muy bien rojo, pero ya más adelante esto le seguiré contando.

Ok. Oye, amigo, a ver, entonces este señor de negro estaba con un burro justo en el lugar donde encontraron las monedas, ¿no? Sí, exactamente. Que por cierto, perdón, que por cierto, ni siquiera estaban enterradas, estaban bajo una piedra, ¿o sí? Sí, sí, así sin enterrar, más o menos abajo de una piedra, pero lo raro es que cuando él vivía en San, pues no había nadie, y cuando volvía él estaba en el señor de negro y pues le hacía señas que fuera para allá.

Sí. Era el maligno, amigo, era el maligno. Sí, lo mismo pienso yo ahora que sí. Sí, sin lugar a dudas. Me pregunto qué hubiera pasado si se hubiese agarrado una o dos monedas o las que le copiaran en un puño, ¿no? Sí, está interesante, no me voy a pedir algo acá, no lo pienso.

Seguro que sí, mi amigo, porque así es como suele suceder, por lo menos es lo que nos han narrado, que siempre se establece un compromiso, ya que no habría ninguna explicación por la que encontraron un cofrecito con monedas o una vasija, lo que sea, ¿no? No hay ninguna razón para que así no más la encuentres, ¿verdad? Exactamente, ajá. Guau, híjole a mi amigo, muy bien, muy buena historia. ¿Algo más, amigo? Sí. Pues, tengo varios, pero ahorita me puedo contar otros. Adelante si quieres.

Bueno, esta me pasó justamente por donde mismo, donde ese señor le pasó eso, pero me pasó por puder tener amigos. Sí. Porque yo en ese tiempo estaba en la presa, bien, a lo mejor que todavía. Sí. Pues, nos volvíamos a dejar el campo a correr para hacer ejercicio. Sí. Y veníamos, veníamos corriendo, y ahí el campo en el tiempo de hoy día es muy verde.

Y entonces cuando veníamos corriendo, bueno, ya veníamos caminando, porque ya le hemos dado la vuelta después al cerro y veníamos ya caminando, tranquilos y platicando. Sí. Pero de repente vi un amigo y me dijo, mira, aquí hay un caminito, así en el cerro había como un caminito, una veredita. Sí. Pero en la veredita, como entre los árboles, así como un tipo aquí también formado con los mismos palos, así en los árboles.

Y dice mi amigo, nos vi después a todos y dice, a ver, vamos a ver qué hay para allá. Sí. Y me apreciaba a ellos, vamos a decir, cuando, cuando íbamos para allá, escuché como un trompeto en caballo, pero bien cerca, así como que llegaron aquí a nosotros. Ajá. Es decir, nosotros volvíamos y se dejaron la chica porque estaba como una curvita, así como una para y se nos fueron corriendo del otro lado. Y yo pensé, escuchaba que iba corriendo y corriendo y corriendo.

Y ya cuando me escuchó esa chica, pues no entiendo nada y corrimos nosotros. Sí. Corrimos, y ahora entramos y luego nos detuvimos y dice, ya cuando nos escuchó el caballo, dice mi amigo, si nos regresamos, dice, ya no se escuchó nada. Y yo me dije, a ver, vamos. Oye Sebastián, amigo, dame un segundito, si necesito hacer una pausa, no te vayas, por favor. El miedo FON sigue listo, cincuenta y cinco, veintiuno noventa y tres, cincuenta y nueve, veintiséis.

Porque la verdad se esconde bajo la leyenda, la ponemos al descubierto aquí, en la mano peluda. En una sociedad de hipócritas, los sinceros son los malos. Sabiduría en las redes. Y distinguimos al mundo sobrenatural, la mano peluda. Ahorita platicamos también de este demonio de la risa infernal. Eso es, tenemos en la línea mi amigo Sebastián, hasta allá está Washington, nos comunicamos y mi querido Sebastián estás ahí. Perfecto, mi amigo.

Le quedé aquí, les contaba que bueno, después de que se nos metió el trompel, nosotros corremos, volvéramos cinco y ya lo que pedimos, son más de 100 metros, ya respiramos, pero para esto el camino ya estaba derecho, ya si hubiera algún animal donde fuera, pues ya se miraría. Y dijo, ahí nos trataron y nos dijo, si nos regresamos a ver otra vez a ver eso.

Oye, la chelcantarín, juan, otra vez el trompel de caballo se escuchaba, pero se escuchaba un chimete de un hilo de regla hacia nosotros y por el momento era nada y otra vez corremos y lo dijimos, ya para más para abajo. Siempre se ha dicho que por eso el lugar baja muchas cosas, ahí la gente mira, ante, ante, como en los tiempos de antes, los viejos que miraban en un toro, pero ese toro como que aventaba mucho hilo ahí por su nariz y decían que no era cosa buena.

No, pues no, que va a ser cosa buena mi amigo, es algo muy malo, por lo menos energía negativa sí podría ser. Sí, sí, pero aquí. Excelente Sebastián, no sé si quieras agregar algo más amigo, buenas historias. Ajá, lo tengo mucho, pero me quisiera reportar bien más porque se hace más bien, porque es un lugar que va a venir para las noches. Muy bien amigo, pues yo te agradezco tu comprensión y por supuesto que cuando gustes esta es tu casa.

Claro que es una cosa más, saludos a la familia de Guanajuato, porque es la primera vez que lo conozco, ya he visitado otro lugar, pero ahora sí, es mucho gusto encontrarles mi historia. Excelente mi amigo, nos da gusto y pues saludo hasta Guanajuato, dijiste. Sí, sí, sí, muy bien amigo, pues que tengas una estupenda noche. Gracias naturalmente. Saludos. Claro que sí, que estés muy bien, brother. Ahí está.

Vaya, muchos relatos, hoy hablando de esta criatura grotesca con extremidades largas, musculosas, imagínatelo que tiene un color de piel como azulado. Sus ojos son blancos, pero muy penetrantes, que incluso la gente que lo ha visto dice, oh, es que es que se siente como si te mirara directamente al alma.

El Majaja es un demonio delgado con cabello negro fibroso que cuelga su cabeza de manera despeinada, tiene dedos largos y delgados con garras extra afiladas y siempre tiene una sonrisa sádica, malévola en su rostro. Guau, sí. Éste se encuentra principalmente en la región Ártica y vamos a hablar más acerca del Majaja, un demonio maníaco que acecha gran parte de la Ártica. Vaya, pues vamos a seguir escuchando. Si es que por acá también hay algún demonio semejante, bueno, vamos a platicar.

Sí, el viaje. Buenas noches, saludos para todos los peludos. Aunque no soy muy activa, siempre los escucho. Gracias, mi querida amiga Silvia G. Te mandamos un fuerte abrazo y también Carlos Mora dice, hola, buenas noches, saludos cordiales desde Monterrey, México. Saludos a Gina y a Nacho. Buenas vibras. Siempre saludos a todos los peludos. Y ahora nos vamos hasta Ciudad Juárez, Chihuahua, donde ya se encuentra Soco. Buenas noches. ¿Cómo estás?

Hola, Gina. Buenas noches, muy bien, gracias a Dios. Aquí, disfrutando de los relatos. Eso me parece excelente, porque además tú también quieres platicar algo. Sí, sí, sí, les quiero contar un poquito de mi historia, de cómo fue mi separación, cómo fue que empezó. Yo, la verdad, fíjense que no, bueno, nunca he sido esceptica. Yo siempre he creído que si el bien existe, existen mal, ¿verdad? Y sé que como hay gente buena, pues también hay gente mala. Y yo siempre he dicho, ¿verdad?

Yo quisiera saber la versión de mi exmarido, el porqué se fue de mi casa. Porque yo tengo una versión y quisiera saber la de él. Dicen que siempre hay tres versiones, ¿verdad? Así es. De un lado, la del otro y la correcta. Entonces, pues la verdad, yo siempre le he preguntado a él que porqué se fue y él siempre dice, no sé. Él no me da una respuesta. El día que se fue de mi casa, él solamente me dijo, yo no puedo estar aquí. Y se fue.

Total, pero miren, déjenme les cuento un poquito de cómo empezaron las cosas. Pues de repente empezó a aparecer tierra en mi cama. Pero era tierra como con granulitos blancos. Ya después me dijeron que era tierra con sal. Lo raro de todo es que en esas épocas hacía frío. Ciudad Juárez, como saben, pues es de cerco y el frío es frío. O sea, no es así un frito cualquiera. ¿Y lado? Sí, Ciudad Juárez es una ciudad que realmente es frío de desierto. O sea, es helado.

Entonces, pues la verdad de aquí los cobertores uno se apuesta y para no moverte, ¿no? O sea, así como te puestas hacia amaneces por todas las cobijas que tienes encima. Entonces, lo raro de todo es que esa tierra me aparecía en la colcha de cajón. O sea, en la que cubre el colchón. O sea, a pesar de que eran como tres cobijas las que tenía, la tierra parecía nada mero abajo. Él llegó a regañar a mis hijos a prohibirles que se subieran a la cama.

Porque decía, es que son ellos que se suben con tierra y que no sé qué. Entonces, usando la lógica, pues decías tú, bueno, si se suben con zapatos a la cama, pues la tierra estaría nada mero arriba. Sí, no en las sábanas, sino en la colcha. Exacto. Entonces, sin embargo, no. O sea, en la noche que yo descendía a la cama para dormirnos, que levantaba las cobijas, o sea, la tierra estaba nada mero abajo. Total de que le dio.

Pues él llegó hasta enojadísimo a prohibirle la entrada a mis hijos a mi recámara. O sea, así de plano. De repente, pues un día mis hijos se van de vacaciones. Un diciembre se los lleva su abuelita de vacaciones, los tres. Y nos quedamos él y yo solos. Entonces, a la noche, pues vamos otra vez a dormir. Está la tierra. Entonces, él le digo, bueno, y ahora quién le va a echar la culpa. Porque él decía, bueno, pues a lo mejor él te hecho, que se está cayendo la tierrita.

X. Entonces, pues yo sí decía, bueno, pues de dónde esa tierra? De dónde esa tierra? Entonces, ya se me y se me hacía habito de subir la cama, levantarnos y ya la noche antes de acostarnos. O sea, porque la tierra, pues allí estaba. Entonces, pues le digo, de un de repente, pues él me dice, sabes que yo ya no puedo estar aquí. Yo me voy. Ok. Sí, entonces, este, bueno, les digo, pues así, así pasó. De repente él dijo, ya no puedo estar aquí. Yo ya me voy. Ok, pues él se va.

Cuando él venía a ver a visitar a mis hijos, de repente un día me hace notar él a unos gatos, dos gatos negros. De repente me dice, mira, tus fieles compañeros. Entonces yo así como que mis fieles compañeros, siempre que vengo están esos gatos. Entonces siempre estaban en la barba. Les digo que hasta la fecha me vigilan. Ya de qué les digo yo que a mí los gatos no me gustan porque me vigilan.

O sea, me sigan en los pechos y yo ando en el, por ejemplo, estar en el patio enfrente y están en el pecho o en la barba mirándome. Ando en el patio de atrás, lavando o haciendo X cosa y están en la barba del vecino observándome. Y me hacen voltear porque siento la mirada del gato que me está mirando. Por eso me doy cuenta que están ahí porque siento que me miran.

Entonces ya volteo y pues son los gatos. Inclusive me ha tocado una risa porque a veces están agazapados, están agazados y solamente se les miran los ojos y las orejas. O sea, bien raro, la verdad es raro. Y son dos gatos negros porque sí los he visto. Cuando él viene a visitar, siempre esos gatos se exponen bajo de su carro. Siempre. Y ya se va y se van los gatos. Salen debajo del carro de él. Bien raros esos gatos son una cosa extraña.

Total, también nos ha pasado de que cuando recién se fue, hagan de cuenta que mi casa son dos recámaras, un pasillo y al fondo está el baño. Entonces la recámara principal es mía, la que sigue es la de mis hijos y está al fondo del baño. Bueno, venía yo saliendo del baño, paso por el pasillo y de mi cuarto sale una botellita de aceite que yo había comprado por el cabello y pasa frente a mi cara, así volando. Volando? Sí, sí, sí. Entonces venía mi hijo atrás de mí y me dice,

mamá, ¿estás bien? O sea, bien sorprendido porque saltó la botellita. Entonces yo me quedé así como que ¿quién me aventó? ¿A quién me aventó esa botella? Entonces pues yo, o sea, entró al cuarto. Al cuarto estaba solo, o sea, aquí no había nadie, nadie, absolutamente nadie. ¿Cómo voló esa botellita? No sé. Pero no me dio, es lo bueno porque me pasó justo, justo a mi cara. Entonces se había de cuenta que topó en la pared del pasillo y cayó al piso y la botellita se quebró.

Total, ha ocurrido de que de repente están mis hijos en la sala haciendo o todos estamos haciendo cualquier actividad y de repente suenan allá, se rompen platos, vasos, de repente ya nada más caen. Sí. Pues ya nosotros así como que ¿qué pasó? O sea, nosotros lo único que hacemos es ¿estás bien? O sea, es lo único que hacemos. ¿Estás bien? O sea, salimos todos de donde estamos, volteamos, ¿estás bien? A todos nos preguntamos, ¿no? Porque de repente nada más asotan las cosas.

He estado yo aquí sola en mi casa, yo tengo una máquina de coser, me fascina coser. Entonces, a ver, estoy cosiendo y tengo la televisión prendida y veo que pasa. O sea, la televisión se refleja alguien que pasa. Pero pues ya cuando yo me pongo y busco, digo pues ¿y quién si estoy sola? O sea, no hay absolutamente nadie que pueda pasar. Pero se ve la silueta en el reflejo de la televisión. He escuchado que me gritan y a veces ando haciendo cualquier cosa y ¡ahí voy!

Entonces salgo y no hay nadie. O si me llaman por mi nombre, o sea, vienen y me gritan. Entonces, pues yo contesto porque pues alguien me vino a buscar. Entonces, no, pues no, no, no es nadie. Les digo, en las noches es muy normal, muy común que se escuchen arriba como que avientan piedras o canicas al techo, así como que ruedan cosas. Se oyen pasitos, yo los pasitos, yo digo que son los gatos. Yo siempre he dicho, esos pasos que se oyen son los gatos.

Pero si de repente les digo canicas o piedras, así se escuchan golpes, suenan golpes en la pared, estamos dormidos. Inclusive me han abierto la puerta ya dormida y nada. Yo no me hago el timbre en la media vuelta, ¿no? Mis hijos que duermen en la otra recámara, sí me han dicho, mamá, a veces no puedo dormir porque siento que alguien me está mirando. Siento que alguien está parado ahí en un lado de la cama. O sea, sí me lo han dicho.

Ahí precisamente en la recámara mis hijos, hagan de cuenta que un día mi hijo mayor se estaba bañando, mi otro hijo estaba en la cocina, mi hija estaba en la sala y yo estaba sentada en el comedor. De repente son un golpazo, pues hasta mi hijo que se estaba bañando salió, estaba enjabonada en la soya. Le digo que aquí la pregunta es, ¿estás bien? Entonces salimos, ya nos dimos cuenta que todos estábamos bien. Nos anduvimos buscando a ver qué fue lo que sonó.

Pues ya nos dimos cuenta que en la recámara de mis hijos había un, hagan de cuenta que es un mueble que siempre había estado en ese mismo lugar, que no tenía ni para qué caerse y de repente el mueble se fue de frente. Hagan de cuenta que estaba recargada la pared y como que alguien lo empujó y se fue el mueble de frente. Soko, permíteme, vamos a una pausa y regresamos contigo. El Miedofon 55-2193-5926. Todo lo desconocido estará al alcance de millones de oídos aquí en La Mano Peluda.

¿Quieres anunciarte en este y en muchos otros podcasts? Escríbenos a este email, ventasarroba rss.com, ventasarroba rss.com. A menudo extraño Japón, frecuentemente planeo volver a Tokio, luego una y otra vez no lo hago. Sabiduría en las redes. Porque no todo tiene explicación lógica, La Mano Peluda. Actividad paranormal en la casa de Soko, ¿hay cuántos años llevan viviendo? Uy, nosotros tenemos aquí ya 17 años, Lina. Aquí algo fica... ¿Qué?

Antes de que empieces, seguías con tu relato, me llama la atención cómo tu esposo dice, yo ya me voy, en lugar de decirles a todos, bueno, a ti y a los niños, vámonos de esta casa, porque aquí no está cómodo para ninguno, y él está enterado, me imagino, de estas pequeñas cosas que nos has dicho. Y entonces, ¿por qué él no dijo, vámonos a buscar otro lugar para que nos veamos? Vamos a enfrentar esto juntos, ¿verdad?

Mira, la verdad, yo he buscado, bueno, no sé si la gente que sabe de esas cosas huele, no, donde ocurren cosas de esas, porque a mí, hagan de cuenta que me dejaban tarjetitas en casa, me dejaban tarjetitas en la casa, y me dejaban tarjetitas en la casa, porque a mí, hagan de cuenta que me dejaban tarjetitas en cada semáforo, me dejaban tarjetitas de personas que leen las cartas, que hacen limpias, que X, o sea, siempre.

Entonces, la verdad, yo sí he consultado, he consultado con algunas personas, y todas coinciden en que a él lo alejaron, de que a él le hicieron algo y que por eso él se fue. Porque les digo que la verdad, yo pagaría porque me dijeran por qué él se fue, o sea, que él me diera su versión. Porque todavía es fecha que yo le pregunto, o sea, ¿por qué te fuiste? Porque el día que él se fue de mi casa, él se fue, me dijo, te amo demasiado y prefiero irme antes de hacerte daño.

Entonces yo le dije, ¿cómo que me amas y te vas? No, o sea, pues qué rara manera de amar. Sin embargo, pues él se fue. Les digo, yo siempre he dicho, bueno, porque se fue, le he preguntado, ¿por qué te fuiste? Entonces me dice, no sé. O sea, esa es su respuesta a él, no sé. Oye, ¿no sabrá él algo de alguna mujer que estuvo haciendo alguna práctica? O en contra de él también, claro. Miren, yo después supe que ahí en su trabajo había una persona, de hecho ella me hacía llamadas aquí a mi casa.

Sí llegó una vez a decirme, ¿sabes que tu hombre es feliz y no es por ti? O sea, sí llegó a decirme esa fulana. Yo lo enfrenté a él y él me dijo, ¿sabes que yo nada tengo que ver con esa mujer? Yo no sé por qué te hace, es de mi trabajo. Sí, porque es del número que me marcaba él mismo. Me dijo, es de la oficina. O sea, sí sabía que era ella y todo. Pero realmente yo supe por otras personas que él jamás tuvo nada que ver con ella.

De hecho, les digo, ahorita ya nosotros tenemos ocho años separados. Él ya está con otra mujer que no es esa. Él después, ya ahorita él de hecho tiene ya una niña de tres años. Este en el registro ya su vida. Pero la verdad, si ustedes lo vieran, nada que ver. O sea, mis hijos me dicen, mamá, es que mi papá tiene que estar contigo porque tú sí lo cuidas. O sea, él se ve como una persona tan acabada, tan bueno, no ve la suya. Créanme que no la ve.

Yo lo veo y a mí me da tristeza verlo porque está muy flaco, jeroso. O sea, mira, una persona cansada. Es más, se le ve la cara de infelicidad. Y él me dice que él no es feliz. Y yo no sé, ¿verdad? O sea, yo le digo, él y yo tenemos buena comunicación porque tenemos tres hijos en común. Entonces yo opté por llevármela bien con él. O sea, yo para empezar, yo siempre le dije a él, vea, yo los 12 años y medio que yo vi contigo, yo fui feliz. O sea, yo no tengo quejas ninguna, la verdad.

O sea, y no tengo por qué decir y nada. Yo a mis hijos siempre les he dicho, su papá es amelosa. Nunca he sido de esas mujeres que ponen en contra los viejos, ¿no? Sí, sí, no. O sea, la verdad no, no. Porque él es un buen papá, les digo. Y después de que él estuvo con nosotros, todos fuimos. Pero la verdad que sí, sí han ocurrido cada cosa. De hecho, mi hija, en una de esas navidades, él vino y le trajo unas muñecas a mi hija.

Eran dos muñecas, una grande de un tamaño más o menos como de un metro de altura. Y la otra como de unos 30 centímetros. Eran dos muñecas, tenían vestidas iguales y todo. Pues mi hija, pues cuando él se fue tenía siete años, mi niña. Ahorita ya pues ya tiene 15. Pero ¿qué les gusta? Que esas muñecas se las trajo a la siguiente navidad para cuando ella tenía ocho años quizás. Total que mi hija sí jugaba con esas muñecas y de repente ya no quería las muñecas.

Entonces de repente ya me aparecían allá, ventas abajo a la cama, o allá pues arrinconadas. Y yo decía, ¡ay, tus muñecas! Yo hasta le decía, ¿no? Pues estaba chiquita y le decía, le voy a hablar al Vir para que te lleve. Porque es una mala mamá, mira dónde tienes estas, estas pobres criaturas. Y ahí le saco ya las muñecas. Y ella me dice, es que yo no quiero esas muñecas. Y no quiero esas muñecas. Total que llegó a meter las muñecas a un lado de una repisa que tengo recargada a la pared.

Que les queda espacio. Y ahí metió las muñecas. Pero fíjense que lo raro es que de repente estaba solita en la cuarto y salía corriendo. Y me decía, mamá, es que las muñecas se movieron. Entonces ya entraba yo y le decía, ¿cómo se van a mover? Sí mamá, se cayeron. Y sí, las muñecas estaban caídas de donde ella misma las atoraba. Vaya, los ametías entre la pared y la repisa. Que decía su weenie, ¿cómo se van a caer de ahí? A menos de que las repisas se hicieran la dipisa aflojar y se cayeran.

Porque estaban bien atoradas. Así. Total que a veces en las mañanas mi hija amanecía toda la mañana. Y me decía, mamá, me rasguñaste en la noche. Porque ella pues duerme conmigo. Y me decía, mamá, me rasguñaste en la noche. ¿Cómo te voy a rasguñar? Créanme que yo hasta me cortaba las uñas. O sea, yo decía, a lo mejor sí yo la rasguño. Y amanecía así, arañada. Arañada. Un día estaba solita jugando en la cuarto. Yo no sé de dónde salió un gato debajo de su cama.

No supimos de dónde se metió el gato. Obviamente ustedes no tienen gato. No, no, no, no. No malos que me vigilan. Pero no. O sea, yo no tengo ya últimamente lo que tengo es un perro precisamente por eso. Para que me aleje a los gatos. Pero la verdad, no, nosotros no somos de mascota. Les digo, apenas ya mi perrito ya tiene dos años con nosotros. Pero sí, mi hija sale arañada. Y de repente les digo, ese gatito salió debajo de la cama. ¿Cómo se metió? La verdad no supimos.

Yo lo que hice fue que la agarré. Le dije, tú no vives aquí ni te quiero aquí. Y yo te voy a venir y lo hice a la calle. ¿Verdad? No es mío. No sé si es de alguien. O sea, Luis se vino a meter aquí a mi casa. Pero la verdad no supimos de dónde ni cómo se metió a mi casa. Total. Sí, sí, sí. Bien raro les digo. Y pues mi niña les digo, ya ahorita les digo, tiene 15 años y ella a la noche llora. Pero llora con un sentimiento.

Que el otro día que escuché, que le hice la pregunta al maestro, me dijo que pues ahí está en un trauma. A ver ahí pues yo digo, pues sí, yo siempre he dicho, sí, sí, creo. Después de su papá se fue, la dejó chiquita realmente. Y yo digo que pues eso es lo que el sentimiento que ella trae, no sé. Pero le digo, llora con un sentimiento, la despierto y ella no sabe porque está llorando. No más trae los lagrimonones ahí en un lado. Bien raro les digo.

Mi hijo el mayor es el que más me dice que siente, que siente alguien parado ahí en un lado y me dice mamá no dormí porque es que sentía que alguien estaba parado en un lado de la cama que me estaba mirando. Y yo le digo, y quién no mamá es que como yo duermo de espaldas ahora sí queda la pared, o sea volteando a la pared. Y se puso nada más siento que alguien está atrás de mí y no me volteo porque me da miedo.

O sea no duermo porque siento que alguien está ahí y si me volteo pues voy a ver algo. Entonces dice pues mejor no me volteo, ¿verdad? Y le digo así, así me han ocurrido muchas cositas. Ya son ocho años. Ya son ocho años. Yo consulté, les digo he consultado con personas y todas, todas me dicen a él te lo alejaron. Él hicieron un trabajo y te lo retiraron. Y de hecho me han dicho que a mí me tienen fechada. A lo que me han explicado es que supuestamente tienen fecha para terminar con mi vida.

¿Acalá? Sí, eso me han dicho. De hecho yo pues les he dicho que para quitar ese trabajo y me dicen que no, que porque es un trabajo muy bien hecho precisamente porque se ha hecho con tierra de panción y con sal y que está muy bien hecho. Inclusive alguien me llegó a decir que pagaron muchísimo dinero para hacer ese trabajo. Oye, ¿a tu casa no entraba un familiar, un primo, vecino, amiga, alguien que fuera de tu plena confianza y que pusiera esa tierra?

No, no, Gina, y es que eso era todos los días. O sea, no era como que hoy lo veía y luego a la otra semana o al otro mes lo apareciera. No, era todos los días. Esa tierra era diario. Entonces aquí en mi casa no, o sea no, y menos hasta mi recámara y menos que dijera que va a levantar las cobijas y va a meter la tierra. O sea no, no, no, y bien raro porque, porque se sentía la arenita de cuenta que era en toda la cama.

Entonces lo que se oye es que sacudía, sacudía las cobijas y hacía el montoncito y se juntaba un montoncito de, de hecho también. Un montoncito de, de hecho tengo fotografías nomás que las tengo en un CPU. No, la verdad no las toco a memoria. Este las tengo en la computadora donde tengo los montoncitos de tierra. O sea, porque se juntan un montoncito de tierra y era pues aquí realmente pues es arena. Igual como les comenté, es cierto. Entonces aquí pues tierra más bien es arena.

Arena y se ven, y se ven los granulitos blancos así de que te digo que se me dijeron que era sal. Bien raro la verdad que sí, sí, sí estuvo bien raro. Yo este fui con un sacerdote que viniera a verles en mi casa y la verdad les digo que sí me, o sea yo quedé muy decepcionada porque vino regañadientes, aparte que cobró por venir. ¿Cómo? Vino, vino regañándome, ¿no? De que sí, si uno no pasa por estas cosas, no se acercan a la iglesia y que no sé qué.

Entonces la verdad yo siento que no fue buena su obra, ¿no? Fue de mala gana. Sí, sí, sí, o sea porque yo sí le dije, bueno el hecho que no asista a su comunidad no quiere decir que yo no asista a otra, ¿verdad? O sea, yo vine porque aquí es la que está cerca y pues por eso. Pero no, me han recomendado que hagan saumarios, que prenda, que copal, que cargontillo, que canela y así varias cositas. Somos. La verdad es que otra vez te voy a interrumpir, vámonos a la pausa y regresamos.

Cincuenta y cinco, veintiuno noventa y tres, cincuenta y nueve, veintiséis. Conocemos la leyenda y la hacemos realidad. La mano tenuda. Prefiero que me odien por como soy y no que me quieran porque no soy. Sabiduría en las redes. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. La mano tenuda. Ya se están reportando también amigos que se encuentran allá en Ciudad Falesihuahua. Jesús Matarrieta dice acá nos va a nevar mañana. Mira muchos amigos que se encuentran por allá.

Oye, ¿só cuando regresamos contigo? Sí, sí, te digo este. Yo sí, pues sí siento como que es. Pues en mi casa hay cosas, pero como luego dice, pues uno ya se acostumbra. Este yo intento y hago y sí, de repente sí, porque si se siente pesadita mi casa. A veces creen que a veces por la nada andamos discutiendo todos. O sea, traemos un genio, todos que nos queremos voltear a ver y les digo yo mis hijos, es hora de quemar la casa.

Porque así decían ellos a tan chiquito de ah mamá, ya vas a quemar la casa. Sí, entonces yo siempre que hago eso, yo les digo a mis hijos antes que vi a mis papás, pues si vi los llevaba ya con ellos. Ahora pues con mi hermano. Vamos allá con su tío y allá los dejo. Me regreso yo a mi casa. Hago yo aquí, pues les digo, prendo copal y cositas así, incienso y me salvo. Y que se quede aquí, que haga su efecto y todo y ya.

Esta última vez que lo hice, sabes que no sé, no sé qué pasó, pero iba pasando y de repente se me cayó la Biblia y la agarré y se abrió en el Salmo 24. Me puse y lo rese. Yo anduve todo, todo, toda mi casa hasta que terminé de hacerlo con toda mi casa. Cuando vinieron el siguiente día que vienen mis hijos, me dice mi hijo mayor, mamá, ¿qué hiciste? Y luego le digo ¿por qué? Y lo me dice, no sé, se siente la casa diferente. Lo digo, ¿cómo diferente? Dice, no sé, siento como muy pesado.

No sé, dice bien raro, ¿qué hiciste? Nada, mi amor, lo mismo de todo el tiempo. Nada más que ahora. Le dije, pues me aventé el Salmo 24. Entonces nomás se me queda viendo. Ya ahorita mi hijo tiene 19 años. O sea, ya es, pues ya es una persona. Un joven. Sí, entonces me dice, es que no sé, dice, siento como raro, dice, hasta me siento yo como no sé, dice, siento pesado. Le digo, no, pues luego otros 15 días si se me vuelven ahí y lo voy a volver a hacer.

Digo, porque no sé, o sea, pero sí me he fijado, Gina, que yo les digo que estoy de prender veladoras. Entonces cuando las prendo, pues sí, los vasos quedan negros, ¿sí? Negros. A veces ni se me consumen total porque se me apagan y se me apagan y se me apagan y así. Este. Pero cuando hago eso es cuando de repente allá cayó un vaso o ya se cayó un plato o ya sonaron las cucharas o X. Pero siempre, siempre que hago eso, o sea, no, no falta que se caiga o que suene o X o que escuchan.

A veces viene a mi hijo. ¿Me hablaste, mamá? No. Es que pensé que me estabas hablando. No. O sea, nos gritan, nos gritan por los nombres. Y ahí andamos preguntando a ver qué pasó, qué quieres o X. Oye, ¿sócula esa casa es tuya? ¿Es de tu propiedad? Sí, sí, sí, pues bueno, es del papá de mis hijos. Sí, sí, es nuestra. OK, entonces por eso no han pensado nunca en la posibilidad de irse de ahí. Exacto. Sí, sí, porque pues, o sea, es que Gina, pues es mi casa.

¿Cómo me voy a ir de mi casa? O sea, pues en todo caso ella está... Quien sea que ande por aquí, pues no es tu casa. O sea, que le cuelgue. O sea, yo la verdad no me voy a mover. Es mi casa, es la casa de mis hijos. O sea, es de mi familia. Sí, claro. Aquí no tiene derecho a nadie más. Oye, digo que... Pero sí fue muy claro el tiempo en el que empezó a suceder eso. O sea, no siempre, sino antes de que se fuera a tu esposo. Exactamente, Gina. Haz de cuenta que eso empezó como en octubre.

Él se fue a febrero. O sea, haz de cuenta que así más o menos dando un rango de fechas. Haz de cuenta que eso... Y esta persona que te digo que me... Esas llamadas había entrado a trabajar ahí junto con él en agosto. Ella entró a trabajar en agosto que de hecho por él mismo supe que la señora, pues, de Veracruz, que de ella de Catemaco. O sea, no dudo que haya hecho cualquier cochinada. Oye, Soko. Sí. ¿Por qué decidiste leer el Salmo número 24?

La verdad fue porque se me cayó la Biblia y ahí se abrió. Como si fuese un mensaje divino, ¿verdad? Exactamente. Pero ya te fijaste en lo que dice el Salmo 24. O sea, analizaste, por ejemplo, el versículo 3 dice, ¿quién subirá al monte de Jehová? Es una pregunta. ¿Y quién estará en su lugar santo? Y la respuesta dice, el limpio de manos y puro de corazón. El que no ha elevado su alma a cosas vanas ni jurado con engaño. Él recibirá bendición de Jehová y justicia de Dios de salvación.

Tal es la generación de los que le buscan y de los que buscan su rostro o Dios de Jacob. Bueno, eso nada más es unos versículos del 3 al 6. Pero ahí te está diciendo como que una pista. Yo así lo interpreto, mi amiga, que debes buscar a Dios. Bueno, eso es lo que yo interpreto, mi amiga, de verdad. Y no solamente tú, sino que también tus hijos. Para que la casa esté armonizada a través de un pensamiento común, analizar estos versículos.

Te invito a que ahora que terminamos la charla, revisas nuevamente ese salmo que te llegó como por, no sé, como un mensaje. Analiza lo que dice y checale a ver si hay algo que encaje en tu pensamiento, mi querida amiga. Sí, sí, sí, Nacho. Y la verdad, fíjate que yo siempre he dicho y siempre lo voy a decir, yo soy muy bendecida, yo soy hija amada de mi Dios. O sea, a mí no me cabe duda que Él está conmigo.

Y te digo que siempre que me despierto a las 3 de la mañana, porque es la hora en la que me despierto de 3 a 4 de la mañana, siempre digo, antes de abrir mis ojos, digo, si Dios conmigo, ¿quién contra mí? Siempre, siempre, siempre, siempre. Ya se me hizo como un hábito porque todos los días, todos los días mi Dios, sale mis hijos a trabajar y van bendecidos. O sea, yo siempre a Dios me los bendiga y siempre es el te amo. Ahorita bendito mi Dios, estamos todos en armonía.

Sí. Estamos tranquilos, estamos a gusto. Les digo, pero sí, de repente, no sé, se cargan las cosas. Y si es una desesperación, porque dices tú, otra vez. Claro. Te voy a decir una cosa, mi amiga, que cada vez que intentes tú recuperar tu hogar, recuperar la tranquilidad de tu casa, va a haber ataques. Porque así suele suceder, lo importante es ser constante, en este caso ser constante con la oración, orar en la mañana, a mediodía, en la noche.

Mira, tú podrás decir o cualquiera de nuestros amigos que nunca haya pasado por esto, podrá decirme que qué exagerado y que persinado, lo que quiera, ¿no? Pero te voy a decir una cosa, como ellos están ahí permanentemente, entonces este tipo de situaciones es hacer una especie de guerra, no digo que sea guerra para que no se espanten, ¿verdad?

Pero una especie de guerra haciendo oración en la mañana, en la noche, a mediodía, cada vez que puedas, bendice tu hogar, bendice a tus hijos, eleva una oración, estudia la Biblia, de verdad, ¿eh? Estudiala, no nada más la leas, sino trata de entender lo que esas palabras dicen y en lo que te podrían ayudar, mi querida amiga. Dios no quiere que tú ni que nadie estemos sufriendo, lo que sí es que a veces nos pone a prueba para ver en qué momento abrimos los ojos.

Hace un momento decía una sabiduría en las redes, ¿no? Dice, los animalitos abren sus ojos a los 15 días, pero hay algunas personas que nunca los abren, entonces tal vez ya llegó el momento de que tomes una decisión, una determinación, tú y tus hijos y comenzar a dar gracias a Dios por todo, en todo momento, mi amiga. Bueno, es lo que te comento, ¿no?

Para no decir, porque si tú y yo te recomendara, bueno, entonces va a buscar un brujo, entonces a lo mejor esto se pone peor porque muy probablemente este mal proviene de un brujo, ¿no? Sí, mira, de hecho, mi hermanillo, en paz descanse, él me contactó con él por teléfono y pues que él supuestamente trabajaba con la Santa y que no sé qué.

Yo le dije a mi hermano, yo no quiero saber nada de eso, o sea, no, no, no, no, no, no más dame una fotografía este y verás que no sé qué, que no sé cuánto mi hermanito, pues es por quererme ayudar.

Total de que sí se llevó una foto donde estábamos él y yo, al siguiente día me marca este muchacho y me dice, es que no inventes, me dice, estoy tirado aquí en el sillón, vinieron y me patalearon y me golpearon y que no sé qué y que no sé cuánto y yo así como de que me hablas, o sea, pues yo no sé ni qué. Es que son dos viejas y que vinieron y que me golpearon porque yo fui a visitarte, dije, ¿cómo que venís a visitar?

Yo vine espantada, ¿no? Ya con son me ha pasado, ya sé que hacen viajes astrales y que no sé qué y no sé cuántas cosas, pero dice que lo vieron, que ya se estaban aquí, supuestamente, que ya se están aquí haciéndolo suyo y lo vieron y lo golpearon. Así. Entonces me dijo, estoy golpeado, estoy aquí, no me puedo ni mover. El muchacho me llamó y me dice, así que yo no quiero saber nada. O sea, así de plano me dijo. Se rajó. Yo no quiero saber nada.

Sí. Oye, amiga, pues mira, estamos a punto de terminar la emisión, mi querida Soko, yo entiendo que esto nos podríamos llevar toda la noche, pero aquí no me gustaría terminar sin dejar en claro, mi querida amiga, que ha llegado el momento de que tomes decisiones. Tienes que ser muy inteligente, muy aguda en tu pensamiento y tienes que tomar decisiones, mi querida Soko.

Te agradezco mucho esta llamada y que nos hayas compartido esta parte de tu vida, que pues si bien es cierto, no hay una explicación por lo que ocurrió en tu matrimonio, también es cierto que, pues, así te ha llevado la vida, amiga, y hay que aprender a vivirla y tomarla como viene y poner de nuestra parte lo que quede mejor para que todos tengamos provecho en esta misma vida, mi querida amiga. Muchísimas gracias. Espero que no sea la última vez que charlamos.

Nos tenemos que ir, pero te deseo que Dios te bendiga, que bendiga a tus hijos y, por supuesto, que salgas de este problema con la frente en alto y decir ahora recuerdo cuando la pasaba muy mal, pero ahora estoy bien. Mi querida Soko, te mandamos un fuerte abrazo y mil bendiciones. Claro que sí, Nacho. Mil gracias y bendiciones. Pase bonita noche. Hasta luego, mi amiga. Buenas noches. Muchísimas gracias. Hasta luego. Bye bye. Hasta luego. Está un caso difícil.

Muchísimas gracias por haber acudido a esta cita en la que conocimos experiencias y vivencias de lo sobrenatural, impactantes y, sobre todo, queremos más en nuestra próxima emisión. Que descanses, que tengas excelente noche, que Dios te bendiga. Soy Gina Áviles. Hasta luego, Gina. Yo también me despido. Soy Nacho Muñoz. Agradecido con Dios y con ustedes porque juntos escuchamos buenas e interesantes historias. Que tengan ustedes una estupenda noche. Descansen. Y como decimos aquí. ¡Jabot!

El programa se termina, pero la investigación continúa aquí en La Mano Peluda. Esta fue una producción de Grupo Formula.

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