Advertencia, las opiniones de los participantes y colaboradores no corresponden necesariamente con las del programa o la empresa. Si este programa es escuchado por menores de edad, se recomienda que lo hagan en compañía de un adulto. Porque nosotros hemos estado ahí. El espíritu de bruja... Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. El que no es conmigo en contra de mí es el que conmigo no recoge de ramos. Porque conocemos de raíz a los especialistas.
El demonio es una figura que ha aparecido en todas las culturas. Y no es una figura cristiana. Documentaremos todas esas experiencias que no tienen lógica alguna. Con Georgina Avilés e Ignacio Muñoz. Llegó la hora de poner las evidencias sobre la mesa. Fantasmas. Voces. Apariciones. Psicofonías. Mitos y leyendas que rodean al mundo sobrenatural. Quedarán al descubierto aquí en...
La Mano Peluda. Desde la Ciudad de México, para todo el mundo, esta emisión de lo insólito y de lo que no tiene explicación lógica, pero que a ti y a nosotros no es una apasiona. Soy Georgina Avilés y que gusto que estés esta noche con nosotros. Hola, ¿qué tal? ¿Cómo están? Buenas noches. Gracias por acompañarnos en esta transmisión. Que como ya lo sabes, es donde vamos a platicar de lo increíble y también de lo sobrenatural. Porque de lo que es natural, en todos lados se habla mucho.
Yo soy Nacho Muñoz, agradecido con Dios y con ustedes porque juntos daremos inicio a una de esas noches... de Fantasmas. Queremos tu participación a través de la multilínea 55 51 66 34 0 5 en la página www.radioformula.com.mx y en Spotify, encuéntanos como La Mano Peluda Grupo Fórmula. Desde luego que tú puedes participar en este programa de una forma muy sencilla y muy práctica. Mándanos un WhatsApp al Miédofon 55 21 93 59 26 55 21 93 59 26.
Ahí nos puedes mandar un mensaje de voz o de texto. Ya sabes cómo funciona. Es un WhatsApp. Saludamos a las estaciones en la República Mexicana que se unen con nosotros. Ciudad Guzmán Jalisco, Ciudad Juárez, Coatzacoalcos, Culacán, Durango, Guadalajara, Guerrero, Hermosillo, La Paz Baja, California Sur, Mazatlán, Pozarrí, Catabasco, Tijuana, Torreón, Querétaro y en Estados Unidos, Las Vegas y Georgia. Bienvenidos a esta noche espeluznante.
En Venezuela tenemos muchos amigos que nos escuchan y allá existe un personaje legendario muy similar al de la Llorona. Se trata del espectro de una mujer de bello rostro que se aparece en las noches a campesinos y pescadores y a la que se le conoce con el nombre de Chiniwa. Cumple una condena por no estar casada y buscar diferentes amores, pues andaba siempre con distintos hombres, sin comprometerse con ninguno. Así que cuando se fue para el otro mundo, quedó condenada a volver.
La leyenda dice que este fantasma castiga a los pescadores que no cuidan la fauna marina o pescan indiscriminadamente despoblando el océano y dañando las especies de peces y mariscos. Hoy vamos a hablar de la Chiniwa, de este lugar de Margarita, Venezuela, donde hay un espíritu errante. ¡Ay! ¿Qué te parece? Y dice la canción. Cara de ángel, cuerpo sensual, mirada como de chacal, parece una mujer, pero la verdad es un ser sobrenatural.
Órale, imagínate tú que vas tú muy galán, muy chucho y te encuentras con una mujer hermosa, un rostro bellísimo que te atrapa con su encanto, pero en realidad se trata de un ente maligno. Y vámonos con relatos para iniciar hasta Laredo, Texas, donde ya se encuentra Panda Talking, que nos quiere saludar y además contar una experiencia. ¿Cómo estás?
Así es, Bono Machi. Primero que nada, gracias por llamarme porque sí, tenía muchas ganas de encontrar mi relato y estar en su programa desde, bueno, por vía telefónica. ¡Ay! Qué bueno que estamos aquí. Y sí, y bueno, pues ustedes me dicen en qué momento inicio. En este momento ya todos estamos listos para escucharte. Ok, bueno, mi relato me pasó, bueno, esto que les voy a contar me pasó hace más o menos 18 años, era por ahí en 2005. Yo siempre he sido camionero, soy trailero.
Esto me pasó a la altura de Saltillo, Monterrey. Yo iba para rumbo a Levante, a Guanajuato, y iba yo bajando a una carretera que se llama Los Chorrros, de Monterrey a Saltillo. Este... Iba yo bajando la primer bajada de norte a sur, y yo a lo lejos mire un viejito como de unos 80 años caminando en la carretera, pero esto era temprano, como las cinco de la tarde. Y yo dije, bueno, no sé qué quiere en la carretera, porque va caminando por aquí, si no hay una casa por aquí cerca.
El poblado próximo está como a 30 kilómetros. Yo dije, me voy a pararlo, voy a llevar, si quiere que lo lleve lo voy a llevar hasta San Rafa, que es el primer pueblo que está próximo. Entonces, yo me pare adelante de él como a unos 20 metros, porque está muy pequeño el lugar donde me pare. Y yo me bajó de mi camión, obviamente el piloto, y me voy hasta atrás para preguntarle hacia dónde iba.
Y no me contestaba, yo gritaba que para dónde iba, pero no me contestaba. Él estaba a lo derecho, llegó por el lado izquierdo. Al llegar a la segunda caja de mi camión y darle la vuelta para ver si lo podía ver, no miré al señor. Entonces, yo pensé, dije, a lo mejor el señor corrió hacia la cabina y se subió. Y dije, es lo más lógico, porque no lo miraba, entonces dije, bueno, voy hasta la cabina. Y llegué a la cabina de mi camión y no estaba el señor.
Entonces, cuando estábamos parados, pues había mucha, era así como una zona muy, sin muchos árboles, no mucha hierba, nada. Estaba muy limpio, muy desértico se puede decir así. Y dije, bueno, entonces, ¿dónde estás? Yo solo me pare aquí y no hay más personas. ¿Qué hizo? ¿Dónde se fue? ¿O se escondió? De hecho, me fijé abajo de la caja de los camiones, de las cajas del camión. Y no lo miraba y dije, bueno, pues, ¿dónde está ese señor? No sé qué pasó.
Yo nunca, nunca me pensé mal ni mucho menos pensé qué fue para hacer nada malo. Yo solamente pensaba que era una persona, pero no me explicaba el cómo fue, qué se fue, o sea, ¿dónde se escondió? Entonces dije, bueno, pues tal vez no quiera que lo lleve, no es de su agrado. Y yo me arranqué y me fui y pasé San Rafa, pasé San Roberto. Y más o menos a la altura de un pueblo que se llama Santarita, lo volví a ver. Y lo raro dije yo, caray, ¿cómo? ¿quién se paró? ¿se paró un carro?
Yo no lo vi o algo que lo hayan levantado. Yo no sé, no, no, no, no sé por qué se, por qué estaba ahí. Entonces, pero para llegar a Santarita le faltaban como unos 15 kilómetros. Y dije, bueno, ¿y por qué lo bajaron aquí? Si se supone que el próximo pueblo que es Santarita está más lejos. Dije, bueno, me voy a parar para decirle que si quiero lo llevo hasta allá. Y yo me paré, pero esa segunda vez que me paro, me paro atrás de él.
Me pare como a ya cuando llegué a pararme con él estaba como a tres metros de él. Y yo no estaba viendo desde la cabina, desde mi cabina la estaba viendo. Abrí la puerta, pero yo seguía viendo la gimnasia, no iba a perder. Y estaba donde yo estaba, igual estaba de sala de desértico, no había nada que se pudiera esconder. Me bajó del camión y apenas piso la terracería para caminar donde estaba él. Y ya no estaba el señor.
Sí desapareció y dije, bueno, aquí ya esto está mal porque cómo puede ser posible que un viejito de esa edad. Yo como unos 80 le calculaba y llevaba una bolsita o un costal como de esos de tela, como que le llaman cabeza de indio. Y yo dije, bueno, y qué pasó, dónde está ese señor? Y lo volví a buscar, pero dije, es que dónde busco si no hay nada, o sea, no puede correr. Es imposible que aunque sea muy veloz no se va a poder esconder, está muy lejos.
Este un lugar donde se puede esconder y no, no, no, sentí como un miedo. Porque en ese momento en mi espalda sentí así como un frío muy, muy fuerte, un frío muy, muy, muy helado, estaba muy, muy frío. Entonces yo me subí, pero no sentía, no sentía nervios, nada, solamente me dio miedo en el momento. Después que me arranqué ya todo estaba tranquilo. Estaba un lugar donde nos podamos camineros a tomar café o cenar o equis y duré mucho tiempo ahí.
Entonces de ahí me arranqué y ya era algo ya noche cuando yo me arranqué porque me pare en dos lugares diferentes. Entonces llego a una pista que se llama La Pila, allá en San Luis Potosí. Y llego a la caseta, brinco a la caseta y está una tienda pequeñita y yo llegué allá a comprar unos cigarros y unos refrescos. Entonces en ese momento pasan dos camiones de plataformas con cemento muy pesados y dije no, esa carretera es un de ida y vuelta es uno un carril y un carril.
Uno de ida y uno de vuelta. Dije no, si ahorita me voy, voy a ir atrás de ellos y no voy a poder remasar porque en ese tiempo la carretera esa estaba muy transitada. Dije me voy a esperar aquí mínimo una media hora a lo que se van porque adelante sí se puede remasar. Dije pero hasta que no pasen la subida para que yo no me vaya a trabar ahí. Y me esperé ahí casi los 40 minutos. Entonces yo me arranco y dije no, ya no lo voy a alcanzar porque aparte ya no verían más, pasaron nada más ellos.
Y dije no, pues ya no lo voy a alcanzar. Y me arranco y llegando a la subida que yo no quería, yo no los quería encontrar, yo no quería encontrármelos en esa subida porque ahí me iban a hacer que me fuera lento con ellos. Y fue justo ahí donde me los encontraron los camioneros. No dije por qué vino a ser aquí, ni modo. Prendo mi radio y les hablo oigan puedo pasar? Si dale viene Sona. Entonces yo me abro para el carril de contrario y empiezo a remasar.
Remasa el primero, remasa el segundo y yo volví, perdón, al remasar el segundo yo también más o menos el tiempo que era para ver si ya podía yo este. Sona te voy a interrumpir porque le llegó la pausa. No te vayas por favor. Y el miedo fol está listo, 55, 21, 93, 59, 26. Es hora de poner al descubierto lo que nos hace temblar, correr, gritar y sudar, la mano tenuda. Sabías que el mercado de los podcast en Latinoamérica es el número uno mundial en crecimiento?
Así es, cada día más y más gente escucha podcast desde la comodidad de su teléfono, coche o su computadora. Aprovecha y anúnciate con nosotros, somos rss.com y tenemos un paquete justo para ti. Escribe un correo a ventas arroba rss.com y sabrás que se siente estar en boca de todos. Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques, todo lo demás son relaciones públicas, sabiduría en las redes. Porque no todo tiene explicación lógica, la mano tenuda.
Nuestros amigos que andan en carretera constantemente tienen una de experiencias así como Panda Trucking y seguimos contigo. Llegó un momento en que iba a alcanzar los camiones y cuando los empezaba a revasar ya que yo tanteaba que iba a revasar al segundo camión. En ese momento yo volteo a mi derecha para ver por mi retrovisor derecho si ya podía alcanzar a revasarlos para meterle a mi carril.
Y ahí es donde viene lo bueno, en ese momento yo volteo a mi retrovisor derecho, el señor estaba sentado en el asiento del copiloto. No manches, no sé cómo le hizo, no sé en qué momento se subió porque aparte no me pudo haber alcanzado desde donde yo lo dejé la segunda vez hasta San Luis que era la pila donde ya vamos para con rumbo a Lagos de Moreno.
Entonces se sube, digo perdón, yo volteo para ver el retrovisor y me estaba viendo, estaba sentado en el asiento del copiloto pero de frente a mí, me estaba viendo. Entonces yo volteo y lo miro pero él no hace nada más que mirarme, no me dice nada, no se mueve nada, nada más se me queda viendo. En ese momento yo me freno en seco pero yo sentía mi cuerpo trabado, lo puedo mover pero muy pesado como si trajera, no sé, como si me estuviera agarrando para no poder mover mi cuerpo.
Entonces me freno rápido y el carro empezó a brincar porque se frenó rápido y como traía la velocidad me quiso apagar pero no se metió el clutch y me dicen los choferes de los carros que yo estaba rebasando que qué pasaba, que le diera que no había ningún camión que podía pasar. Y yo no les contestaba porque no podía, se estaba ya así como trabado.
Entonces yo esperé que volvieran a ellos a subir, me rebasaran ellos y ya sin ver para aquel lado yo me metí, o sea yo pude ver a cocinado de un accidente porque yo ya no volteaba a ver mi retrovisor. Entonces me metí a mi carril porque ya venía uno de bajada y ya me fui atrás de ellos pero yo sentía que el señor me estaba viendo, no se movía.
Entonces llegando a la punta de esa subida los chavos se paran adelante de mí y yo me paré obviamente también con ellos y yo estaba temblando pero era una cosa exagerada. Y iba uno conmigo, ¿qué pasó? ¿qué tienes? ¿por qué hiciste eso? No, yo quería valés pero yo no podía. Y el chavo, ¿qué tienes? ¿qué pasa? Dinos algo. Yo no me salían palabras y hasta que un chavo, el chavo me estaba hablando abajo del camión y el señor seguía ahí sentado.
Entonces del otro le salvó a un chavo y abre la puerta y en ese momento que abre la puerta la figura se desvanece. Y me dice, ¿qué pasó? ¿qué tienes? No, le dije, es que ya les platicé todo lo que estoy contando. Y dijo, mira, ¿sabes qué? Te vamos a pasar un chavo que viene conmigo, que se venga aquí contigo y nos entregas en Ojuelos. Sí, le dije, está bien. Y el chavo se fue conmigo y me decía, es que siento que alguien me está agarrando.
Le digo, no, es que eso que pasó pero no, pues no tiene que pasar nada, vámonos hasta allá y ya te entrego. Y llegando yo al libramiento de ahí de, se llamó Ojuelos, me paré antes de llegar a la caseta de ahí del libramiento. Y me paré entre agotamiento y carretera y me bajé y me dijo el federal, no te puedes poner ahí. Y yo le dije, ya no me voy a subir al camión. Dijo, ¿por qué no muévelo? ¿qué no ves que puedes ocasionar un accidente?
Y lo más curioso que me dijo, bueno, si no lo mueves tú, dile a tu compa que lo mueva. Y le dije, ¿cuál compa? Ese que está del sombrero ahí contigo sentado en el camión, dile que lo mueva. Ay, ahí lo veían. Y le dije, no, es que no tengo a nadie. Ese que está ahí. Y yo volteaba y yo no miraba a la persona pero el federal apuntaba. Es ese, mira, ese que está ahí. Y dije, es que no hay nadie, súbete, no hay nadie.
Y el federal dice, dime la verdad, te vine muestrando. Le dije, no, hombre, es que no es nadie. Ve, bájalo si quieres. Y el federal va, abre la puerta y cuando él regresa, regresó pálido. Me dice, ¿qué pasó? ¿por quién era? Le dije, no, es que pasó así y así. Y ya no se quiso acercar al camión. Ya se quedó conmigo abajo. Para ese tiempo que te estoy diciendo que el federal lo vio, ya era un promedio como de las cuatro de la mañana.
Entonces dije, ¿sabes qué? Yo no me voy a mover. Aquí me voy a quedar donde sea. Ya sé que está aquí en la calle, aquí en la carretera. O ahí sentado pero ya no me subo al camión. Hasta que no amanezca porque está muy fuerte lo que traigo arriba. No, sí está bien. No te preocupes. Y me puso unos tipos de banderas y unos conos. Le llaman conos o banderas. Reflejantes. Y ya me esperé hasta en la mañana que por ahí como de las ocho que ya empezó a salir el sol.
Y me subo a mi camión y estaba oliendo mucho a ese olor que sueltan los viejitos. Es un olor muy, muy fácil de reconocer de los viejitos que sueltan olor así medio algo raro. Y estaba una caja de cigarros de aquella época que eran los cigarros alas. Estaba en el asiento y yo no fumo eso. Esos cigarros ya no existen, creo. Ya no existen. No. Y ya me arranqué yo a este me arranqué. Ya llegué a León. Llegué a la línea donde yo estaba trabajando en aquel tiempo.
Y en el momento en que yo dejó las cajas y me subo al camión para ir a ponerlo en su lugar donde lo dejaba. Y por allá en mi casa me dice señor, gracias desde arriba de la cabina. Pero me dijo, a la cuenta me dijo como con una voz, como si estuviera una voz adentro como de un bote. Así una voz fue así como una, como muy fuerte pero muy bajita. No sé cómo explicarlo. Y me dijo gracias pero así me retombo en una oreja y así fue como que incluso sentí como que me morí.
Cuando me dijo gracias. Y cuando me iba yo a bajar del camión porque sentí mucho cuando me dijo eso, sentí que me apretó la cintura. Y me bajé y yo corría hasta con el guardia. Sabes qué, mira es que pasa esto y no me dejas. Allí era tarde, perdón era temprano. Y ahí quedó. En la noche ese mismo día estaba yo acostado ya para dormir y volví a sentir algo pesado en mi cuerpo.
Y me dijo, avísales. Y yo volteo, yo creo que era como que estaba dormitando porque yo volteé para arriba y era la misma persona, el mismo viejito. Pero estaba parado frente a mí y me dijo, avísales. Y en ese momento se esvaneció. Y ya jamás volvía a saber del señor. Pero eso fue lo que me pasó en la carretera hace ya 18 años. Vaya y es que lo cuentas y lo estás reviviendo en tu mente. Cada momento y cada espacio en el que te volvías a encontrar con él.
Y el federal que primero no te creía y después qué tal cuando se dio cuenta que efectivamente no había nadie. Sí, de hecho días después, bueno más de ya casi como un año después, no sé si fue coincidencia, él me volvió a detener. Me paró porque yo iba algo rápido en el camión. Y me paró y se me quedaba viendo y era haciendo la multa porque me había parado. Y me miraba y me miraba y era haciendo la multa y dijo oye te pasa una pregunta. Sí, todavía no acababa la multa cuando me estaba.
Pero no, no eres el chavo así, así, así de aquella vez. Sí, le dije, soy yo. A poco tú eres el que me paró, el que se subió al camión dijo así soy yo. Y de hecho gracias a eso de que aquí me pasó eso, la multa, la cómo se dice, no me la dio, no me hizo la multa. Ah, sí, sí, sí. Porque se acordó de que era yo el que traía el muerto encima, bueno ahí conmigo y este y dijo no sabes que ya sí está bien, no te preocupes.
Y ya no me dio la multa y ya empezamos a platicar y ya este ya no ya no me dio la multa, pero se acordaba de aquella vez. Y me decía que cómo era posible que seguía trabajando en el camión si me ha pasado eso, le digo no, me han pasado otras más porque de esto del camión hasta hoy día me han pasado otras cuatro. Algo más fuerte todavía, mucho más fuerte que esa vez porque me han pasado cosas con cosas fuertes, como con cosas se siente muy, muy fuerte, muy.
Incluso puedo decir que es a Malinas porque he tenido cosas en la carretera muy fuertes, muy fuertes.
He visto personas que igual después les voy a contar porque sí quiero volver a tener otra llamada, pero en otro en otro momento y contarles porque son historias casi como son largas, pero bien interesantes porque me han pasado, no las estoy contando porque me lo han platicado, no. Estas las platico porque a mí me pasaron, yo lo viví en carne propia, no fue así como que ah lo escuché de aquí y lo voy a platicar yo, no, esta yo la, yo, a mí me pasó, yo las viví.
Y quisiera, quisiera seguir platicando otra ocasión más de estas porque son, son muchas y son muy, muy fuertes. Sí, además a nosotros nos interesa muchísimo escuchar todo lo que tú nos quieres compartir, esta fue apenas la primera parte y vamos a tener próximas pláticas. Claro que sí, primero dije sí. Eso es mi amigo, muchísimas gracias. Ahorita estás en tu casa o estás en algún trayecto?
No, no, no, ahorita estoy parado, estoy en una, en una yarda, estoy parado porque mañana salgo de viaje y estoy aquí, estoy parado esperando, de hecho en la línea está ahorita aquí está sola, no, no, estoy yo aquí como operador, no hay nadie, está solo, pero ya estoy acostumbrado a estar solo en cualquier lugar, ya, ya no es así como que ya no siento miedo, ya no, ya me ha pasado todavía hace como cuatro días,
sentí la última vez que es como decir que se te sube el muerto, no, mucha gente dice que es este, un tipo parálisis, no sé cómo le nombran, pero no es eso, no, yo, yo sé que no es eso porque a mí me hablan, yo escucho las personas que me están hablando y no, no es un parálisis porque yo estoy, yo estoy despierto, yo sé que estoy consciente porque decían no es que está dormido y no, y yo ya, ya lo he, me ha pasado consciente
y he escuchado y cuando está de noche y está, no hay luz, logro ver las siluetas de las personas, las puedo ver yo, las siluetas, pero, pero cuando prendo la luz se desvanece, es muy curioso porque cuando la prendo se desvanece como que a, al momento en que la luz se hace en la cabina, se va la presencia que está conmigo, eso es cada rato, eso no se me ha quitado porque eso lo sigo sintiendo. Queda claro amigo entonces que cuando hay un poco de luz estas presencias se van.
Ajá, sí, cuando hay luz se van y si está oscuro, primero haz de cuenta que primero siento como que me avisan que van a llegar, no, no es así como que, ah ya llego, no, haz de cuenta que estoy yo por ejemplo acostado y siento algo como que un miedo, es un miedo que ya sé cuando van a llegar, yo ya sé cuando se va a ser presente porque siento un miedo y miro como, como escenas como de, de, de cosas que sé que ya va a venir
estas cosas, esto, esto que me pasa y si en efecto siento ya el como que todo me trabo, me paraliza y no puedo hablar, no me puedo mover, solamente sé que estoy este como queriendo, así como que, pero nada más hago eso, no me, no puedo moverme. Haces esfuerzo, sí.
Ajá, y ya lo que hago mejor pues ya sé que, ya sé que no dura mucho, dura cuando, no sé el tiempo porque la verdad no sé cuándo tiempo dura, pero yo, yo tanteo que son como, no sé un minuto, 40 segundos, lo que dura esta, esta, eso que siento. Esa sensación, sí.
Sí, y ya se va, y ya me deja dormir y yo ya nomás, lo que hago es ya nomás pues me relajo hasta que se va, pero siento el miedo porque es un miedo lo que da, entonces siento el miedo y aunque estoy relajado quisiera yo que se moviera, pero yo sé que si me muevo no voy a poder hacer nada, por eso mejor me quedo yo este, esperando hasta que no se va y siento como poco a poco se va quitando y ya me puedo mover.
Ok, mira nada más Panda, pues muchas gracias y próximamente te volvemos a marcar, tus avances cuando puedas por los trayectos que manejas y por supuesto que lo volvemos a hacer. Claro que sí, yo voy a mandar mensaje para cuando yo esté listo. Gracias. Excelente mi amigo. Ok, gracias que estén bien. Excelente viaje. Igual gracias.
Vaya esta historia de nuestro amigo Panda, así que pues no sé si ustedes se lo iban imaginando, yo me lo iba imaginando completamente y es como una película, una película pesadillesca. Como rayos ves a un señor, un anciano caminando a la orilla de la carretera y lo ves, quieres ayudarlo, te bajas, no hay nadie, te sigues, kilómetros adelante, muchos kilómetros adelante, lo vuelves a encontrar, no cabe duda que se trataba de un fantasma, una presencia.
Esa aparición que varios de nuestros amigos que son traileros la han podido ver y vaya que tienen que tener la sangre fría para superarlo. Vamos a una pausa y regresamos. El miedo FON mensaje de voz o de texto cincuenta y cinco veintiuno noventa y tres cincuenta y nueve veintiséis. El mundo se pone al descubierto aquí, la mano peluda. Tenemos atención.
Es por eso que este espacio es perfecto para que tu producto o servicio sea conocido por millones de personas que se encuentran en este momento en su casa, su oficina o en su automóvil. Aprovecha y anúnciate con nosotros, somos rss.com y tenemos un paquete justo para ti. Escribe un correo a ventas arroba rss.com ventas arroba rss.com. Y sabrás que se sienta estar en boca de todos. Yo soy un hombre de verdad. Cuando mi vieja me dice no vas, no voy y ya punto.
No le estoy rogando como un chilletas. El macho mexicano. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. La mano peluda. Con cancha endéntica tienen las en la ciudad de México, mis dos hermanas, mis cuñados, y yo, se nos hizo muy noche. Quisimos llegar más rápido hacia nuestro destino y decidimos tomar la
carretera El Ajusco. Y como ustedes sabrán, esa carretera del Ajusco, pues, es una zona muy boscosa, donde de noche, pues, es muy difícil transitar, bueno, peligrosa, más que nada, y eso ha hecho muchas personas que transiten ese lugar. Bueno, pues, decidimos adentrarnos y de lo único que nos íbamos percatando, pues, era de que no saliera algún animalito como una vaca, un toro, y se nos cruzara. Eso era lo que veníamos a la
expectativa. Mientras seguíamos nuestro transcurso, nuestro trayecto, vimos que nos seguía una forma redonda con con luz, con luz, con la luna, nos viene siguiendo, no nos percatamos que fue otra cosa. Y así sucedía, dábamos una vuelta, curva, y salía nuevamente, pero en una, en las siguientes curvas que nosotros vimos, ya no la vimos, la vimos a lo lejos, pero muy muy lejos, y dijimos, ay, pues, es la luna, ¿A qué
nos va? El trayecto, de repente nuevamente, se queda a un lado de nosotros, y la volvemos a ver. Hasta ahí era lo que nos venían quitando, no sabíamos si era la luna o no. Más adelante, cruzamos un paraje donde ya no había árboles, pero es grande ese paraje, y encontramos cuál va siendo nuestra sorpresa, cuando nosotros nos percatamos, y nos percatamos, y nos percatamos en los foquitos de navidad, como los que se les pone a los arbolitos, pero en grande los
foquitos. Alumbraban un triángulo, pero ese triángulo se quedó, pues, como levitando, ahí en estático, en un solo lugar, no hizo ningún ruido, no este, estaba flotando nada más que los que estaban los foquitos, los focos grandes que iluminaban esa, pues, que sería una nave, o no sabemos lo que era. Como el paraje era muy grande, pues, sí, seguíamos, ya veníamos muy espantados con que que la luna que no era, y con eso que nuevamente veíamos, y le dijimos a mi cuñado, ¿Sabes
qué? Tú no te detengas, síguelo sí. Seguíamos avanzando, pues, nosotros quedábamos boquiabiertos con lo que seguíamos viendo el espectáculo que teníamos ahí. Cuando nos dimos cuenta de una de las esquinas del triángulo. Sí. Se abrió y salieron, pero muchísimas, muchísimas estrellas estrellitas, pero en cantidad de estrellas, todas esas estrellas que nos abrió, son de todos
lados. Sí. Y yo ahora veo el cielo y cuando yo veo la obscuridad en el cielo, en las noches, y veo las estrellas, son todas esas estrellas las que nosotros vimos en esa ocasión que salieron. Muchas estrellas. Nos quedamos espantados y bueno, ya veníamos platicando en el transcurso del camino, tú viste lo que pasó, ¿No? Pues que sí, ¿Qué fue? Pues que sí, porque nosotros veíamos, veníamos muy
espantados. Más adelante, cuando ya salimos también un poquito más alejados del bosque, encontramos a una persona que se dirigía, pues nosotros pensamos que hacía ese lugar, porque iba para esa, para ese lugar donde habíamos dejado la luz, y nos dieron esas luces a esa persona que venía caminando sola, porque no venía acompañada, venía, era un hombre, porque así lo notamos, venía vestido con un traje rojo, rojo, rojo, y su capa negra.
Cuando pasa junto a nosotros y por la carretera, así junto a nosotros, y mi cuñado le alcanza a la cara roja porque nos volteó a ver y era roja, y no, pues. Ah, no. Vámonos, porque quién sabe que este, que sea
todo esto, ¿Verdad? Cuando nosotros llegamos a nuestro domicilio, pues nos empezamos a a preguntar qué había pasado, si lo habían visto todos, todos vieron lo que yo vi, todos decía, pues que sí, les platicamos, ahora que ya están los dos, y pues no nadie nos cree en la familia, porque nos dicen, ¿Cómo que vieron todo eso? Venían bien o ¿Qué pasó?
No, pues sí, nosotros veníamos bien, veníamos de la ciudad de México, normal, vivimos todo eso, nadie nos cree todo lo que vivimos, esa experiencia que tuvimos. Suele pasar. Ese día por la por la noche, pues ya estamos en la calle, pues, nosotros decidimos cruzar la carretera de la Jusco, y esa es mi experiencia, mi anécdota que tengo Gina y Nacho, me dio gusto estar en el programa, muchísimas gracias. Al contrario amiga, muchísimas gracias. Viendo un nombre de rojo, ¿Eh?
Sí, el el rostro rojo, ahorita que nuestro amigo Panda, pues puso en el tema o en la historia, y él puso en el testimonio de que puede ocurrir casi cualquier cosa, será que las carreteras traen ese mismo misterio que podemos encontrar tal vez en un o tal vez en el mismísimo océano. Tú ves el océano desde la playa y dices, oh mira, qué misterio, qué gran misterio. Pero métete kilómetros adentro y para donde voltes ves agua y dices, aquí puede
ser un rostro rojo, ¿Eh? Y también hay que pensarse de las carreteras, tal vez sí, ¿Eh? Fíjate, dice María Elizabeth Borjón, en esa carretera que comentó el Panda, es bien peligrosa, hay muchos muertos, pero muchos de verdad, guau, mi querida María Elizabeth, sí, hay carros. O sea, es muy peligrosa. Están marcadas, están marcadas las carreteras a veces por este tipo de tragedias que pues todo mundo lamentamos, ¿Verdad?
Y hablando del tema del día de hoy de la chinigua, se divierte, se divierte, se divierte, no importa, ella, dicen que el lo suyo, lo suyo es espantar, que no hace daño, pero que sí espanta. Se le aparece de noche, sobre todo, ya decíamos a los pescadores, y cuando ellos cautivados por su belleza, por su bella sonrisa, tratan de abrazarla, ahí entran ya los pescadores conquistadores. Que oboli. Por resulta que se encuentran solo un montón de huesos, calenté chocar, produce
un macabro sonidos. Mientras, mientras la chinigua suelta la carcajada. Ándale, sigue. Horrenda carcajada que se ha de oír, ¿Eh? Y lo entonces. Dice, eso me saco por andar de coscolino, ¿No? Por andar de galán. Y pues suele suceder, ¿Eh? Realmente, hay varios tipos de chingües, que pues tienen un carácter femenino, es decir, que si es la la que si es la ciguanaba, en este caso, pues, nada más y y nada menos que la presencia de esta mujer de hermoso rostro que en realidad se trata como de una
especie de demonio. La chinigua. La chinigua. Saludos dice aquí desde Europa al Michoacar, los estamos presentando en el programa Al aire, ya que mi esposa y yo somos fan del programa. Sí. Desde hace más de veinte años, su amigo Beto Valverde, por supuesto, cómo no saludar un matrimonio que a través del tiempo, cada noche se reúne con nosotros, a Beto y a su esposa, muchos saludos hasta Europa al
Michoacán. Eso es, sí, a para Beto y su mujer, para su esposa, un saludote, un abrazo, y qué bueno que en familia escuchen el nombre de Beto, que ha estado conmigo por varias generaciones, esperemos que en el caso de su familia en particular, también sea la ocasión de que se quede como una especie de de leyenda, de tradición entre los habitantes de ese lugar. Claro, y vámonos también con las experiencias que tú nos quieres contar. A ver. A ver. Claro que sí, vamos a escuchar más.
Saludos a los que van llegando, Carmen Arce, está por aquí, al lado de la red, que dice cómo se llama la estación, la emisora, para escucharlos, mi querido Tonics, bueno, pues, se trata de Radio Fórmula, en cualquiera de sus cadenas, la tercera, la primera, y la segunda cadena, tú nos puedes buscar ahí en Radio Fórmula, depende dónde te ubiques, en qué parte del país te encuentres. También quiero saludar a Susana Miranda Figueroa, esta noche son muy participativos, y qué bueno que
están aquí. Dice Regi Beris, que se ha ido a la escala ya por la noche, y mi esposo dio un frenón fuerte, porque vio unas luces como si fuera un carro que venía rumbo a nosotros, pero yo no vi nada, esas apariciones de las carreteras que sí, se suelen presentar. Vámonos a una pausa y regresamos con más, el miedo FON, mensaje de voz o de texto cincuenta y cinco, veintiuno veintidós. Conocemos la leyenda y la hacemos realidad. La mano peluda ¿Quieres anunciarte en este y en muchos otros podcast?
Vuelve a la escala en rss punto com ventas arroba RSS punto com Porque conocemos de raíz a los especialistas la mano peluda Poco a poco van llegando más amigos, han sido un samurals y nos están saludando, pero tenemos las experiencias que tú nos vas compartiendo. Hola, buenas noches. Hola. A todos los peludonmaníacos. Sí, sí, no. Es eh fue Juanjo, Juanjo Wale. Juanjo. Desde aquí de la ciudad de Monterrey, aquí nos estamos esperando la hora para salir de Monterrey a
la ciudad de Monterrey. Pues noche perdón, buenas noches, llena de nacho. Saludos a nosotros por este medio. Perfecto. Pues tengo un relato que ahorita que estaba yendo al al colega de ahí de lo del tráiler. Ajá. De lo que le pasaron de ahí de Saltillo a Leon. Este pues me acordé de otra experiencia que tuve también en el tráiler que eso era. En ese tiempo trabajaban pues en una línea ahí también de de Reynosa. Sí. Y esa vez iba yo cargado con una cierta con con cartón para ir ahí a ir a
puerto. Y este pues ya llegué ese día en la noche a ir a puerto eran como eso era temprano eran como las llamadas. Sí. Y era como era esta noche también. Sí. Y pues ya me habían descargado y todo y ese día eh entro al patio donde donde pues llegábamos ahí para resguardar el carro y pudiera descansar nosotros ahí también y hasta pues echarnos un baño. Y ya estaba el puro de la noche pues ya no más está el puro velador, es una bodega grande.
Pero la bodega esa ya desde las dos de la noche fue el puro velador. Y ya agarró y este llegó por el guardia y dijo ¿Qué onda este? No te dejaron orden de carga para mí para mañana. Dice no, no, no, no dejaron nada. Este mañana yo que usted dice. No pues está bueno. Ya este y vi el carro otro camión que estaba ahí en el patio de otro compañero con esa botella. Dice, está ya de estar, dice, haya de estar dormido ya, llegó hace rato. Sí. Ah, digo,
no, pues está bueno. Y no, pues ya fui, desganché la caja que que yo traía y puse mi tractor a un lado del de mi compañero del botello, pero estaba agrada, agrada de cuenta de casi exactamente el ver en la caja, porque si nos nos decían que si nos íbamos más para atrás o al área donde están las cajas, estacionadas, pues dicen que ahí espantaban y que no sé qué. Fui yo todavía en ese tiempo usted es el chico, yo todavía no
no creía nada de eso. Bueno, y agarró y este fui, me estacioné ahí, no sé si ya me había cansado, todavía había cansado y apague luces, ya me me senté en el en la cama de ahí del camarote, me quité mis botas, y pues ya me recosté y este y dejé el esterío del del trailer lo dejé prendido un poquito bajito, no así o yendo música, como yendo música, pero muy despacito, y no, pues ya agarré los ojos, cuando siento que me sacude en el tráiler, me lo movieron, me los amolotearon,
y y que me doy el sentón otra vez en la cama, y ya me asomo por las por las ventanas, ¿No? De las puertas y los espejos, veo para atrás y pues está enfrente, pues no, nadie, nomás a un lado mío, pues estaba el el tráiler de de mi otro compañero, pero también estaba el tráiler de mi otro compañero, no, pues ya así quedó, dije, no, pues, ¿Quién sabe? Dije,
¿Qué onda? Y no, pues ya agarré y me volví a acostar, me acababa de de volver a acostar cuando otra vez, no, no, no, no, que me asangolotea el trailer, el camión, y dije, ah, mendigo, boté, ibas de ser tú, que estás jugando, más está jugando una broma, y pues ya estaba ahí, me agarré al tractor, le di la vuelta de él, por nadie, no, nada, solo ahí, y ya este, que voy quemasomo al tractor de de mi compañero, pues no, no se miraba a nadie, se miraba, bueno, o sea, para
el camarote, pues no podía ver si estaba ahí acostado o no,
¿Verdad? Porque pues días de noche, no, no miraba hacia el camarote, nomás ahí los camiones, ya este, le moví, ah, bueno, ya le moví yo también el tractor a este botello, y le pegué en la puerta, le di, eh, ya, cálmate, déjame dormir, no sé, para para juegos, no sé, humor para bromas, porque el señor sí, era muy juguetón el señor, y bueno, pues ya me fui, me metí otra vez a mi tractor, me quité las botas, y me estaba apenas otra vez acostando.
Y me sacudí, me sacudí el tractor, y que nada, ya estuvo suave, que agarre, que me pongo las botas, me agarré mi mi bat para checar llantas, un batesito que tenemos con muchos traileros, lo agarré y me bajé, y pues, a según yo, antes de que se me se escondiera, ¿No? Porque, o sea, me sacudieron el camión, y luego, luego, me me puse las botas, no me tardé ni nada, me sentí que me salgo, brinqué, brinqué del del la cabina hacia el piso, y no, pues ya que
volteé, ¿Y qué onda? Pues no hay nadie, y no hay nadie, no, no se miraba a nadie, y ya me fijé abajo del, hasta abajo del camión me fijé, y pues abajo del camión necesitas estar muy delgado para poderte meter. Entonces, yo me fui al piso del del compañero, y ya que voy que le pego, eh, ya estuvo suave, ya, ya déjame dormir, ando bien cansado, y ya, ya estuvo, y, pero ya pegándole a la puerta del tráiler de mi compañero. Pues según yo, ya diciendole que, pues, ya me
dejará dormir. Y ve, ya estuvo, ya, ya déjame dormir, no, no estoy jugando, no estoy, no estoy jugando, no, no, no, no, no, déjame dormir. No, pues ya agarré, me subí a través del camión, y me quedé dormido, ya así ya, me quedé dormido, hasta otro día en la mañana, ya como a las ocho, nueve de la mañana, este, me desperté, me acababa de sentar así en el, en el asiento del copiloto, pues ahora sí que todo, adormilado todavía. Sí. Y que voy viendo a este camión, que está dormido, ahí a
la. O sea, no está. A la entrada de la bodega, ¿Vaya? Donde donde entramos con el tráiler, que lo voy viendo que viene hasta con una maletita y bien arreglado, bueno, o sea, bañado y todo eso. Que me quedo a chirreón. De botello, acá viene, y ya lo dejé que se acercara a su camión, lo abrió, mira, me puse las botas, me puse las botas, me puse las botas, ¿Dónde estabas? Dice, no, pues le dije, o sea, es que tengo aquí unos parientes, unos familiares, y vinieron por mí
anoche. Y este, pues me fui con ellos ahí a su casa, ahí a cenar, ya me eché un bañarita antes de venirme y todo, y pues ya, ya vengo bien padre, dice. Ah, dice, ¿Por qué? Digo, no, porque yo creí que estabas ahí anoche. Dice, no, no, yo no sé, yo me desganché la caja y me lo acomode aquí el carro y pues ya me fui, ya porque ya me estaban esperando allá afuera los los primos. Ah, bueno, pues está bueno, que bueno. Y dice, ¿Qué pasó? Dijo, te espantaron,
¿Verdad? Digo, ¿Por qué? Digo, pues no sé, pero siento eso. Sí. Porque el ah, dice, ¿Por qué el guardia? Dice que anoche te bajabas del tráiler y te subías y pegabas, te asomabas a la caja y te veía. Sí. Que no, o sea, no entendía que lo que decías, pero que te veía de así desde acá, de la desde ahí de su cabina, de su caseta, te estaba viendo. Me digo, sí, la neta, sí, pues me sacudieron el tráiler como unas tres veces y pues yo la neta pensé que eras tú, que estaba jugando,
que o sea que pues que. Una broma, ¿No? Así es la travesura y te subiste y vas a esconder de ahí, de ahí, y espanta, digo, pues no que decían que donde espantan es allá atrás, hasta el fondo, dice, no, pero aquí, o sea, toda esta área de que están aquí las cajas y donde ponemos los tractores, sí espantan, dijo, pero llama, si te pones, llama, ¿Por qué crees que la mayoría se pone allá a un lado de la caseta del del guardia? Y me quedé así con
razón sin. Será por eso. Casi siempre que llego, hay tractores allá, en un lado de la caseta. Y cuando me pones, me pones en el otro lado, otra. Y así, ese es mi relato, Gina y Nacho. Excelente, amigo. Muchas gracias por si es que me digan a pasar mi audio. Claro. De relato y de saludos a todos ahí en cabina y a todos los peludos maníacos. Hasta luego. Hasta luego, mi querido amigo. Imagínate, él pensando que era el amigo que no lo quería dejar dormir y cuál era una
aparición. Mira, ahorita que hablamos de Uruapa y mandamos un saludo, Ale de Orange, que es un resor donde trabaja, que prepara cosas muy deliciosas, dice, oigan, yo soy de Uruapan, a un ladito de Uruapan. Latió mi corazón al escuchar. Esa zona. Sí, Ale, pues, ¿Cómo no? Pues, así nos gustaría, ¿No? Que todos nuestros amigos que están allá en Estados Unidos, que platiquen algo al respecto de lo que ocurría en su tierra
natal. Y así sirve de que, pues, entre todos recordamos esos momentos de cuando vivían en un lugar con tanta nostalgia. Yo digo que sí, pero ¿Quién sabe, verdad? Dice, profe, los espíritus errantes que hay en muchos espacios con tanta maldad, la energía acumulada es bastante, ya lo creo mi querida profe, que sí hay muchos espíritus que regularmente están ahí rondando. ¿Por qué no se van? ¿Por qué no desaparecen?
Ese es el gran misterio. Quizá hay que terminar de hacer algo aunque difícilmente en ese estado en el que se encuentran, lo van a poder conseguir. Vamos a ir a una pausa y nos vamos a despedir de las estaciones en la República Mexicana que solamente nos transmiten una hora, esperemos que pronto ya tengan las dos y los esperamos en nuestra próxima emisión. El resto de la república y Estados Unidos continuamos después de la pausa. y nos vemos en el próximo episodio.
El programa se termina, pero la investigación continúa aquí en y outfitsantly Check searches, queuran nada una gran gente y con movie y así señalados en Apple govern da igual personal
