Grupo Fórmula, en tu plataforma de podcast preferida. Advertencia, las opiniones de los participantes y colaboradores no corresponden necesariamente con las del programa o la empresa. Si este programa es escuchado por menores de edad, se recomienda que lo hagan en compañía de un adulto. Porque nosotros hemos estado ahí. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. Porque conocemos de raíz a los especialistas. El demonio es una figura que ha aparecido en todas las culturas.
Y no es una figura cristiana. Documentaremos todas esas experiencias que no tienen lógica alguna con Georgina Avilés e Ignacio Muñoz. Llegó la hora de poner las evidencias sobre la mesa. Fantasmas. Voces. Apariciones. Psicofonías. Mitos y leyendas que rodean al mundo sobrenatural quedarán al descubierto aquí en La Mano Peluda. Desde la Ciudad de México, para todos aquellos que... ¿Quieren escuchar relatos de lo sobrenatural, de lo insólito, de lo que no tiene explicación
lógica? Bienvenidos, soy Gina Avilés. Hola, ¿qué tal? ¿Cómo están? Gracias por acompañarnos en este programa. Siempre imitado, jamás igualado, la mano peluda. Qué bueno que estás ahí. Yo soy Nacho Muñoz, agradecido con Dios y con ustedes, porque juntos tendremos una nueva oportunidad de interactuar y platicar sobre esos temas espantosos. Queremos tu participación a través de la multilínea 55 -5279 -2291. radioformula .com .mx y en Spotify. Encuéntranos como La Mano Peluda Grupo Fórmula.
Claro que tú te puedes poner en contacto con nosotros haciendo uso de todas las vías de comunicación disponibles para ti. Y por esta razón te voy a compartir nuestro contacto de WhatsApp. 55 21 93 59 26 55 21 93 59 Ahí nos puedes mandar un mensaje de voz o un mensaje de texto, compartir fotografías, videos, memes, lo que tú quieras. Saludamos a las estaciones que se unen con nosotros en la República Mexicana. Y Las Vegas, bienvenidos
a esta noche espeluznante. Desde visiones de seres queridos fallecidos, hasta extrañas luces brillantes al final de un túnel, las experiencias cercanas a la muerte parecen desafiar nuestra comprensión de la realidad. Algunos aseguran haber visto figuras protectoras o incluso seres desconocidos en sus últimos instantes, mientras que otros reportan sensaciones de paz y la revisión de su vida. ¿Serán simplemente efectos del cerebro ante la falta de oxígeno? ¿O habrá algo más allá
de lo físico? Hoy, ¿qué ven los que están a punto de morir en su última mirada? ¿Qué te parece el tema para esta noche? Pues a mí me resulta apasionante. ¿Qué piensas tú sobre lo que ven las personas ya cuando están casi al final de sus días? ¿Qué piensas que pueden ver? Este cuerpo y esta existencia. ¿Has escuchado alguna historia sobre las últimas palabras o visiones de alguien
cercano que ya está en otro plano? Me gustaría escuchar tus voz, me gustaría escuchar tus historias, tus testimonios, porque por supuesto para eso estamos aquí. De eso se nutre este programa desde hace ya casi 30 años. Así que no te hagas esperar, te queremos oír y vamos a las historias. Buenas noches Gina, Nacho y por supuesto a todos los radio oyentes. Me llamo Ana, os llamo desde España y os escuchamos todas las noches por Spotify, claro por la diferencia horaria no podemos escucharos
en directo. En fin, os voy a contar una historia que me pasó hace 39 años, que fue muy impactante y lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Bueno, pues mi marido falleció con 26 años en accidente de tráfico. Éramos los dos muy jóvenes, yo tenía 24. Teníamos dos bebés, una niña de 7 meses y un niño de 18 meses. Fue muy duro, muy duro, muy duro. Pero lo que pasa es que ahora puede hablar con la paz y la tranquilidad que te da
el tiempo, ¿no? Claro. Hace ya muchos años. Y, en fin, cuando él falleció, la primera vez que fuimos al cementerio, aquí nos gusta visitar a nuestros muertos como a vosotros. Llevarles flores, limpiarles un poquito aquello y sentarte un ratito al lado. En fin, que... Que la primera vez que fuimos, hacía una semana que él había fallecido, iba mi niña en el carrito y el niño andando al lado, cogido del carrito. Venían mi padre y mi suegra. Y yo, claro. En fin, que cuando
entramos al cementerio... El niño se soltó y yo lo dejé que él fuera andandito porque aquello es muy tranquilo. Íbamos por un caminito así andando y él empezó a correr delante nuestra. Y yo con toda la tranquilidad porque allí no pasan vehículos ni nada. Entonces el niño cuando llegó donde estaba el padre en un nicho, así en una planta baja, se paró en seco. Se paró en seco y se agachó un poquito, se agarró de los dos lados del nicho. Y empezó a reír y a
pegar saltitos de arriba a abajo. Eso era un juego que él hacía con su padre todas las noches antes de dormir. Entonces, en la cuna, metidito, se agarraba y entonces el padre le decía, venga, Toni, niki, niki. Y él empezaba a pegar saltitos y a reír. Pues exactamente eso es lo que el niño estaba haciendo delante del padre. Yo en ese momento supe que el niño estaba viendo al padre
y el padre al niño. El niño no paraba de sonreír, o sea, él lo estaba pasando bien, ahí no hubo pena ni nada, lo único, los mayores que sí, que nos llevamos un gran impacto al ver aquello. Allí quería deciros que allí no había absolutamente nada, solamente cuando meten una cajita, un trozo que le ponen delante de cemento gris, esperando a una pedra de mármol que teníamos encargado, con sus palabritas y su nombre y sus datos, que aún no estaba puesto. Por supuesto, foto ninguna,
ni ningún santo, ni nada. El niño se paró allí en seco porque vio a su padre. En fin, que querías contaros esta historia y que siempre lo recordaré. Es una cosa, ellos no se enteraron, yo no se lo conté a mi hijo hasta que no fue muy mayor y porque la abuela ya le comentó algo. Y él vino, tendría 18, 19 años, y vino un día a casa diciendo, mamá, mira lo que me ha dicho la abuela María. Le dije, sí, hijo, la abuela te lo ha contado tal como fue. Se quedó también él un poquito
así, impactado. En fin, que esta es mi historia. Otro día pondré otro mensaje de vos porque tengo más cositas que contar hoy. Un abrazo muy fuerte para todos y deciros que me encanta México. Muchas gracias. Buenas noches. Buenas noches. Nos encanta poder tener la oportunidad de escuchar estos relatos del otro lado del... De otro continente. Sí, de otro continente, pero además en otro horario y que sigan la mano peluda. Esto nos fascina.
Muchísimas gracias a todos los amigos que nos escuchan en España o en algún otro país de Europa. Particularmente a mi amiga Ana. Gracias por saludarnos, por dejarnos conocer tu voz y principalmente, ¿sabes por qué? Por platicarnos esta historia tan impactante. El pequeño, por última vez, vio a su padre, pero justo ahí, en el cementerio. Qué impresión, ¿no? Buena historia, mi querida Ana, muchísimas gracias. Uno de los temas que con mayor frecuencia tocamos es precisamente
el de la muerte. Y entre ellos, estos temas, es el de la experiencia cercana a la muerte, pero el tema de hoy... ¿Te has puesto a pensar qué es lo que ven las personas que están a punto de fallecer? Es una de las experiencias más comunes reportadas por aquellos que han estado cerca de la muerte y es la visión de seres queridos que han fallecido. ¿Cuántas veces hemos comentado que se cree que un familiar que ya falleció, esa persona tan querida, viene? a acompañarlo
en ese último viaje. Muchas personas aseguran haber visto también amigos, alguien que para ellos sea importante. Estos encuentros son descritos como reconfortantes, llenos de amor, como si las almas de los seres queridos estuvieran esperando para acompañarlos en su paso hacia el otro lado. Se dice que estos fenómenos no son exclusivos de personas que han tenido una experiencia cercana a la muerte. sino que también han sido reportados por personas que han estado en coma o que han
sobrevivido a situaciones extremas. ¿Qué te parece el tema? Hola, buenas noches. Buenas noches. Nada más te vamos a saludar porque tenemos que ir a la pausa. ¿Cuál es tu nombre? Ana Torres. Ana, permíteme un segundo, bueno, un par de minutos. Regresamos contigo, el miedofón ya está listo. 55, 21, 93, 59, 26. Todo lo desconocido estará al alcance de millones de oídos aquí en La Mano
Peluda. Es peor cometer una injusticia que padecerla, porque quien la comete se convierte en injusto y el que la padece, no. Sabiduría en las redes. Porque no todo tiene explicación lógica. La mano peluda. Continuamos escuchando tus experiencias. Antes de irnos a pausa, saludamos a Ana. Buenas noches, bienvenida. Buenas noches, señora Gina. Muy bien, ¿desde dónde nos escuchas? Estoy un poco nerviosa, no pensé que me iban a marcar tan rápido. Es una sorpresa. Oye, ¿desde dónde
nos escuchas? Los escucho aquí en el Senado Baja California Norte. Muy bien, saludos. Pero soy originaria de Puebla. Oh, perfecto, qué bueno que te reportas. Y estamos entre amigos, así es que no te pongas nerviosa, puedes platicar con toda confianza. Gracias. ¿Y qué es lo que nos quieres compartir? Bueno, a mí me han pasado muchas cosas desde pequeña. Se puede decir que yo tengo uso de conciencia desde como los tres
años. han pasado muchas cosas pero como que les quiero platicar algo más que nunca he entendido el por qué me pasó o o bueno si alguien me pudiera dar alguna explicación esto ya fue hace tiempo uno de mis tíos sí uno de mis tíos este pues me llevaba yo muy bien con él ¿verdad? jugábamos o sea nos llevábamos algo pesadito él Pues se enfermó. Se enfermó de la diabetes. Sí. Y estuvo varios años así. Entonces pasó el tiempo. Él y yo siempre teníamos buena amistad. Era un personaje,
un ejemplo para mí, ¿no? Sí. tiempo yo lo dejé de ver, pero yo sabía que él ya estaba más grave. Entonces yo preguntando con mi tía, con su otra hermana, me dijo que ya estaba grave, que estaba internado y que ya lo habían desfaseado. Pregunté con sus hijos y me dijeron pues ya está estable, quizás sí pasaron días. Pues yo salía yo de la casa, de su pobre casa, salía yo a más tardar cinco y media, a las seis de la mañana, porque pues yo entraba yo a las siete de la mañana a
trabajar. Entonces, él siempre me encaminaba, o sea, él siempre me iba a dejar a la parada donde yo tomaba yo la combi o el carro que me llevaba para el trabajo, porque pues estaba un poco lejos. Entonces, pues pasando el tiempo que el enfermo lo internaron, yo lo dejé de ver. Fueron aproximadamente unos tres meses que yo le perdí comunicación, no sabía nada de él. Llegó un día que yo ya llegué tarde a casa y vi que estaba su luz prendida y dije, ¡ah, caray, ya!
El viejo, o sea, perdón que me exprese yo así, pero yo así. Así le decía, sí, claro. Sí, me decía yo, ah, caray, el viejo ya está en la casa. Entonces subí a ver a mi mamá. Le digo, mami, le digo, ya el viejo ya está en la casa. Dice, ¿cuál viejo? Digo, pues está prendida la luz de su cocinita. Y pues ya sabe que todos nos dicen locos cuando vemos algo. Y me dice mi mamá. ¿Estás loca? Dice, si tu tío todavía sigue internado. Digo, bueno, pues no vuelvo a salir de la habitación.
Y como la casa de mi tío y la casa de mis papás estaban juntos, pues yo camino y escucho que se están moviendo los platos en un tejadito que estaba pegado a la pared de la casa de mis papás. Escucho que se están moviendo los platos como si estuvieran acomodando. Y que grito, viejo, ¿ya estás ahí? Y veo que se asoma y me dice, ¿qué onda, vieja? Dice, aquí ya estoy. Digo, ¿cómo estás? ¿Cómo te sientes? No, vieja, yo
ya estoy bien. Dice, yo ya estoy bien. Y pues sí se expresaba, bueno, se expresaba algo pesado. No voy a decir las palabras por respeto a los peludomaniacos, a los oyentes y más que nada a ustedes. Gracias. No, dice, yo ya me siento súper bien, hija, ya, ya, ya, ya la libré, ya no me duele nada. Le digo, órale, le digo, entonces mañana nos vamos a echar una copita porque pues él tomaba mucha coca. Dice, pues nos tomaremos la última. Pues órale. Digo, pero ya me voy a
dormir porque ya es tarde. Eran como las once de la noche, más o menos. Entró a la habitación y me dice mi mamá. ¿Con quién estabas hablando? Digo, pues, con mi tío. Dice, ¿estás loca? Si no hay nadie, dice, nosotros pensábamos que estabas hablando por teléfono. Digo, mamá, era mi tío, le digo, se asomó, estaba acomodando los platos. Dice, ¿estás loca? Dice, sí, desde hace tiempo que ya no prende ni la luz del patio. Digo, ah,
bueno, está bien. Pero mi mamá, pues, ella ya sabía que yo veía cosas, bueno, hasta la fecha. Dice, tú y tus visiones. Dice, ya ándale, ya aguántate que ya es tarde. Bueno, está bien. Pasó la noche, otro día ya me desperté. Tuve que hacer lo que tenía que hacer, X. Al salir de la casa, está la reja y ellos también tenían una rejita. Salgo y oigo que me dice, ¿Qué onda, vieja? ¿Ya te vas? Digo, ¿qué pasó, tío? No me asuste. Dice, ya sé que estoy feo, pero no me
asuste, avíseme. Dice, ya te voy. Le digo, ya me voy, tío. Le digo, ya se me está haciendo tarde. Dice, ahora, hija, está bien. Dice, ahora no te acompaño. Le digo, no, pero ¿cómo se siente? ¿Cómo está? Dice, yo ya estoy bien, pero yo ya lo vi bien a mi tío, lo vi... no lo vi fuerte. Completo, sí. Era alto, él me daba como unos ochenta. Sí. Y, no, pues ya estoy bien, ya, ya, dice, mira, ya no me duele nada, ya no me duele nada. Digo, ay, tío, ay, perdón, creo que ya
me estoy poniendo nerviosa otra vez. Sí. De acordarte. Digo, sí, no, es que es algo así que hasta la fecha yo, yo lo, lo siento, lo veo. Y me dice, No, hija, dice, ya estoy bien. Le digo, bueno, tío, le digo, entonces lo dejo, le digo. Al rato nos echamos una coquita, le digo. Me espera, ¿eh? Dice, sí, sí, sí. Digo, bueno, ya me voy porque ya se me hace tarde. Y ya di los dos, tres pasos y me dice, oye, chaparra. Digo, ¿qué pasó, viejo? Dice, un favorzote. Le digo, ¿qué
pasó? Dice, préstame 10 pesos. Digo, ¿10 pesos? Dice, sí, mi hija, dice, para comprarme una coquita. Digo, pero tío, ya no puedes tomar coca. Te va a hacer daño. Va a ser la última, hija. Te prometo que va a ser la última. Préstame 10 pesitos. En ese tiempo, pues las cocas valían 8 pesos. Digo, está bien. Está bien. Saqué dos monedas de 10 pesos y se las di. A la hora que se las di, yo sentí su mano muy fría. Dije, caray, le digo, ¿qué estabas lavando platos? Dice, no,
no, no. Digo, estás muy frío. Y dice, no, dice, ya sabes que yo soy así. Sí. Y ve la moneda, dice, no, hija, dice, nomás te pedí 10 pesos y me regresa una moneda de 10. Sí. Digo, pero, no, no, no, hija, dice, está bien así para tu pasaje. Dice, ¿qué tal si no te alcanza? Le digo, bueno, está bien, viejo, nos vemos al rato. Me fui, me fui al trabajo, pasó luego el tiempo, como a las 3 de la tarde yo sentí yo que alguien me soplaba la oreja. Y él era muy mandadoso conmigo.
Y luego sentí que me jalaban la chamarra. Y le digo al supervisor, le digo, órale, le digo, estate quieto. Le digo, vas a hacer que me equivoque yo y si me regresan la producción, va a ser tu culpa. Dice, si yo ni siquiera te toqué. Digo, me están jalando la sudadera. Dice, ya estás borracha. Le digo, ay, pero sentía yo así feo. ¿Sentías una presencia? Ajá, sentí hoy así como que un escalofrío, pero... O como angustia. Ajá, así fue de repente. Ajá, como... Ándele, así
como que si alguien me fuera a regañar. Ajá. Y yo decía yo, ah, caray. Bueno, pues ya. Y me dice el supervisor. ¿Qué onda, Anita? Dice, ¿qué te pasa? Dice, has estado muy tensa desde hace rato. Dice, ¿qué tienes? Yo no sé, le digo, yo presiento algo, como que siento que algo me van a decir, como que siento que me van a regañar, pero no sé. Dice, tranquila, dice, no va a pasar nada. Digo, bueno, seguí trabajando y vi que
una sombra se me pasó así enfrente. Y dije, pues es el supervisor, mejor va checando cómo estoy haciendo el trabajo. Levanto la mirada y no era nadie. Ay, yo me quedo de grado. Está bien, tranquila, tranquila. Yo dije, tranquila, no pasa nada, ya. Yo no me sentía yo bien en el trabajo. Ya fui con el ingeniero y le digo, ¿sabe qué? No sé, no me siento bien. Necesito salir, necesito retirarme. Está bien, está bien. Como yo siempre los apoyaba yo cuando me pedían los extras. Ellos
nunca me negaban un permiso. Está bien, salí. Caminé como oída y decía yo, ¿qué me pasa? Yo sentía yo que alguien me seguía, pero no me daba miedo. O sea, era algo así como que alguien me fuera cuidando. Bueno, pues tomé el transporte ya para el pueblo. Ya llegando a la casa veo que hay muchos carros. Dije, ¡ah, caray! ¿Qué pasó? Aquí nos vamos a quedar, Anita, porque tenemos que hacer una pausa. No te vayas, por
favor. El miedo fondo. 55, 21, 93, 59, 26. Es hora de poner al descubierto lo que nos hace temblar, correr, gritar y sudar. La mano peluda. ¿Quieres anunciarte en este y en muchos otros podcasts? Escríbenos a este mail ventas arroba rcs punto com ventas arroba rcs punto com La experiencia es lo que te permite reconocer un error cuando lo vuelves a hacer. Sabiduría en las redes. Porque sabemos que no siempre la solución es fácil. La mano peluda. ¿Qué tal tener esta
sensación de que algo te van a decir? Un tipo de angustia, algo que te sientes rara, incómoda, pero que además sientes una presencia. Primero, como que le soplaron el oído. Después, como que sentía que alguien estaba con ella. Y te fuiste a tu casa. Y luego, ¿qué pasó, Anita? Ah, sí. Le comentaba, entonces, yo iba a la casa. Dije, acá ya hay muchos carros, lo que es en frente de la casa de mis papás. Y, pues, con los vecinos
ahí, digo, va, va. Entré a la casa. Y ya, pues, para el patio de la... O sea, para la casa de mi tío. Pero en esos días era su cumpleaños también. Dije, ahora le digo, pues... Pues como ya se puso bien el viejo, pues ahora sí le van a hacer pachangón, ¿no? Y ahí voy, corro, subo la escalera y llego a la habitación de mi mamá y le digo, ya vine, le digo, voy a ver al viejo. ¿Cuál viejo? Pues voy a ver a mi tío, le digo, ya. Y ahora sí le van a hacer fiesta, ¿verdad? Sí, ¿qué fiesta?
Ni qué fiesta. Digo, pues está la lona. Digo, ahora sí le van a hacer su pachangón de su cumpleaños. Sí. Dice, ¿estás loca? Dice, si tu tío ya falleció. ¿Cómo? Y yo me quedo así. Y me digo, ¿cómo? Le digo, pues si anoche cuando le estaba yo hablando. Le digo, en la mañana. Le digo, en la mañana cuando yo me fui. Digo, también habló conmigo. Le digo, mamá, me pidió 10 pesos para su coca. ¿Cómo te va a pedir? Y en eso mi mamá se me queda viendo así. Dice, ay, hija. Se levanta mi mamá
y me abraza. Y me dice, tranquila, no pasa nada. Pues a lo mejor tu tío se vino a despedir de ti. Dice, porque cuando tú te fuiste, como a los 10 minutos, llegó tu primo a avisarnos que tu tío falleció ayer en la noche a las 10 de la noche. O sea, no te pudo haber pedido los 10 pesos, ¿verdad? Ajá, es como yo le digo a mi mamá. Pero entonces, ¿quién fue? ¿Qué fue?
¿Qué pasó? O sea, yo he visto cosas, he pasado muchas cosas, tengo muchas historias que platicarles, pero esta fue así como que la más, la más así, que hasta la fecha no lo, digo, fue lo que pasó. Oye, y entonces comprendiste que... Se estaba tratando de despedirte a la hora que sentiste ese soplido, esa presencia. Bueno, de hecho, lo viste y pudiste tocar su mano, que te causó extrañeza que estuviera tan frío. Pero eras una persona muy importante para él. Y de esta manera,
quizás se despidió de ti. Sí, es lo que me dicen mis primos, porque yo les platiqué. Digamos, ese día no lo llevaron a casa. sino como falleció en otro pueblo, tienen esa costumbre que si alguien fallece ahí, ahí lo velan ese día y otro día lo recobren a su casa. Entonces, a otro día que ya trajeron el féretro a su casa, pues se hizo la velación, terminó el rosario, los que llegaron a darle el pésame a mis primos, pues se retiraron, ya eran, qué sé yo, como las 10 de la noche,
ya todos se fueron. Los únicos que quedamos eran mis dos primos y yo. Y pues ahí estábamos. Y en el patio donde lo velaron, atrás estaban dos árboles de higo grande y un hogar. No estaba haciendo aire, no estaba haciendo nada de aire. Pues los árboles se estaban moviendo así como si los sacudieran. Y de pronto escuchamos que para la casa, para la casa de mis papás, brincó algo. O sea, como si alguien se hubiese caído en el tejadito de láminas que estaban de los
lavaderos. Y nosotros vimos de qué nos quedamos así, mis primos y yo. Y digo, ¿y ahora qué pasó? Dice, pues no sé. Y sale mi hermano. Dice, ¿qué pasó? ¿Qué aventaron? No, dice, pues es que fíjate que pasó esto, así. Yo vi nomás una silueta. Mi prima dice que vio. que vio que era un, o sea, como pájaro grande. Y mi primo pues no vio nada. Y digo, ay, nonito, le digo, el tío ya nos anda asustando. Y pues yo sí, como le digo, que me llevaba yo. Digo, ¿qué onda, viejo? Tranquilo,
¿eh? Le digo, porque me va a dar el infarto y yo no me quiero ir contigo. En cuanto yo termina de decir eso, las sillas de la nada, o sea, el peso estaba parejo, de la nada como que las aventaron.
Dije, ay Diosito. Y ya mis primos y yo nos agarramos de las manos, empezamos a rezar un Padre Nuestro, un Ave María, y sabes qué tío, tú ya te fuiste, tú ya esto, tú ya viviste, ya tu camino se acabó, Dios nomás te prestó hasta acá de vida, lo que hiciste es bueno, lo que hiciste es malo, tú vas a entregar cuentas, pero no nos asustes. Así es que, ni modos, pues todos tenemos que partir y todos tenemos que ir para allá, pero
no nos asustes. Y de pronto se calmó, se calmó, porque de pronto se empezó a sentir como frío. Y fue, él falleció en junio, en junio casi no se siente frío. Y se sentía así, un frío así. Y sigue, o sea, y pues ese fue mi relato. Muchas otras cosas más. Más adelante les cuento de cuando el Nahual y la bruja me querían llevar. Pero ya será otra ocasión. Sí, no he vivido muchas cosas desde los tres años. Pero ya habrá otra ocasión. Vamos a darle oportunidad a alguien
más. Claro que sí. Te vamos a estar esperando. A haberme llamado. No, gracias a ti. Aquí. Aquí estoy. Nomás acuérdense que el horario es aquí. Bueno, ahorita aquí todavía se hace movimiento de horario. Sí. Ahorita es una hora atrasada de allá del centro. Ah, ok. Ustedes ya hacen cambio de horario. Muy bien. Sí, sí, sí. Aquí en zona frontera todavía se hacen cambios de horario. Bueno, desde siempre se ha hecho cambio de horario. Ok. Pero cuando gusten. Aquí estoy
a sus órdenes. Gracias. Saludos, muchas gracias por el espacio. Gracias por la llamada. Que Dios me los bendiga siempre. Igualmente. Al parecer creo que ya van por 30 años, ¿verdad? Sí, en agosto. La mano peluda está de fiesta 30 años de estarnos reuniendo cada noche en sus diferentes etapas, pero el voltear atrás... Y recordar estas tres décadas siempre es muy, muy importante para nosotros. Y qué bueno que tú eres parte de esta
familia. Sí, yo antes, bueno, yo lo escuchaba yo desde chiquilla, pero cuando estaba el señor Juan Ramón, lo escuchaba yo con mis sobrinitos, que nos andaban corteando a mis hermanos, pero bueno. Ya después yo los dejé, bueno, dejé. Escuchar el programa por cuestión de salud y por, bueno, por lo que veo, todo eso, también por eso también dejé de escuchar porque como que sí me, no se puede decir, me sugestionaba, era parte de y
pues por mil y un cosas, ¿no? Pero apenas no tiene mucho que nuevamente volví a escuchar de que dije, ah, caray, todavía sigo, ¿entiendo? No, pues de aquí soy. Yo escucho su podcast nomás en el Face, en repetición, porque en la noche es como que no me da el tiempo. Pero cuando gusten, ya saben. Muchas gracias por su espacio. Y saludos a todos, bendiciones para todos. Igualmente, mi amiga. Bendiciones y excelente noche. Nacho
y Gina, ¿verdad? Claro. Amigos tuyos. Saludos hasta Ensenada y vamos a seguir escuchando relatos. Sí, claro que sí. Adiós. Gracias. Imagínate que tu tío se despida de esta manera. ¿Cuántas veces hemos escuchado este tipo de relatos que se aparece algún familiar, vecino, conocido y que tú no sabes que ya falleció? pero que puedes platicar, estrechar su mano y que después es una sensación bastante extraña el no comprender cómo pudiste ver a una persona que ya físicamente no estaba
en este plano. Ahora, ¿qué significado tendrá Gina? El hecho de que le haya pedido 10 pesos como para irse con la idea muy, muy clara, muy firme de que, pues, Su sobrina convivía muy bien con él, se llevaba muy bien con él. Le voy a pedir 10 pesos para probar a ver si me concede ese último deseo. Porque sabían ambos que esa bebida le hacía daño. Sin embargo, ella solidarizándose con él, con ese anhelo, esas ganas. A ver si me va a negar el gusto. ¿Y qué crees? No se lo
negó. Pero además, a él le dijo. esta va a ser la última coca ella lo tomó como una promesa que ya no iba a tomar más pero él estaba diciendo que iba a ser la última porque ya no iba a tomar más pero además le dijo que se sentía muy bien que ya no le dolía nada después yo creo que ella reflexionó pues si ya no le dolía nada porque ya estaba liberado de todo mal viéndolo bien Gina entonces tal vez esa última coca Es como si se lo hubieran bebido juntos. Él dijo, esta
última coca a tu salud. Que obviamente estamos hablando ya de un encuentro espiritual, energético, porque él aparentemente había fallecido desde la noche anterior. Tuvo una presencia, tuvo ahí una visita que yo no sé si tú la tuvieras, si te daría gusto o te daría tristeza. ¿O te espantaría? A ver, nos gustaría que comenten, que compartan con nosotros y que también nos den su punto de vista, porque de eso se trata este programa. Ya tenemos a alguien en la línea. Buenas noches.
Hola. Hola, buenas noches. ¿Cómo estás, Nachito? Buenas noches. Ah, eres Lulú. Desde la Venustiano Carranza. Esa es mi querida Lulú. Muy bien, bienvenida mi querida Lulu. ¿Qué nos vas a compartir esta noche? Bueno, sobre el tema que estaban hablando ahora, pues yo tuve tres experiencias con diferentes familiares. Tuve una prima que se puso grave porque tenía cáncer en su cabeza. Entonces nos mandaron a hablar cuando ya estaba muy mal. Entonces cuando yo llegué a verla con mi mamá, todavía
estaba mi mamá. Fuimos a verla, a donde vivía y ella había perdido la vista, veía hacia arriba y me dijo su hermana, ya no ve. Entonces nos escuchó llegar y nos dijo, ¿quién está aquí? Y dijo mi mamá, soy yo hija, vine a verte. Y mi mamá se la sacó y la agarró. Yo no pude, yo algo me detuvo y no me le pude acercar. Es que a mí me pega más fieso. Entonces ella estaba ya muriéndose, ¿no? Entonces ella me dijo, güerita,
¿cómo estás? Qué bueno que viniste a verme, porque era mi prima, que eran más o menos de mi edad. Son con las que jugué, con las que estuve yo. Entonces yo le dije, bien. Y me dice, ¿quién crees que vino a verme ayer? Y le digo, ¿quién? Y me dice, vino mi abuelita Ana, vino mi tía Blanca, y ellas ya estaban muertas. Me dice, estuvieron aquí conmigo y estuvimos cotorreando. Mi prima era de baile, de fiesta, yo no pude más, Nacho, y me salí llorando. Y me dijo mi
prima, no entres porque te va a escuchar. Pero era una cosa horrible porque ella te hablaba de los muertos como si estuvieran vivos. Y pasó, ¿no? Voy a verla, porque yo trabajaba con una persona mayor. La voy a ver, estuve con ella un rato, no la pude ver, ya el último día más entré y le dije adiós. Le di un beso en la frente
y me fui. Sí. Entonces te pasa un día y como yo cuidaba a la señora los sábados en la noche, haz de cuenta que yo tenía, teníamos dos camas, la cama de la señora y me ponían una cama a mí para cuando yo me cansara de estar sentada, pues me recostara, me sentara, yo ponía un montón de almohadas en la pared para pegarme a la pared y pues estar rabiendo, ¿no? Porque también te
cansas de estar en la ardilla, ¿no? Claro. Y me recargaba yo a la pared y ese sábado estaba yo ahí en la pared medio... durmitando viendo a la señora que estaba bien dormida, cuando de momento Nachito y Gina me dan un beso en la boca, así, un beso. Y yo me levanto, pero así como me lo dieron, me levanto. Y no había nadie, estaba el cuarto solo, oscuro, porque estábamos encerrados en un cuartito de cuatro por cuatro, que tenía dos camas, una puerta, no había ventana, no había
nada, solamente una puerta. Me levanto. Porque yo dije, pues, ¿quién me besó, no? No había nadie, absolutamente nadie. Entonces me paro, voy y veo que la puerta está cerrada. Volteo a ver a la señora, la señora ni siquiera se movía. Ella ya había quedado, pues, en la cama, ya no se podía menear para nada. Sí. Y ahí empezó a leer a rosas, a flores, bien bonito. Sí. Y siento un escalofrío y me quedo así. Pues ya me quedé
con eso de quién me besó, ¿no? O sea, yo no sabía, yo no... Y estaba sola, no podía ni platicar con alguien o decirle a alguien que pasó esto, ¿no? Al otro día, pues ya a las nueve de la mañana yo me tengo que retirar. Ya fui y le dije a su nieto cómo había pasado la noche y todo a la señora. Y ya me voy. Y ya llego y le platico a mi hijo, ¿no? Y dice, alza, a lo mejor el nieto de la señora te entró y te dio un beso. ¿Cómo
crees? Le digo... si me levanté luego luego porque estaba yo no estaba ni durmiendo estaba dormitando así como que entre la bella y la señora pero no estaba yo durmiendo porque estaba lloviendo y el beso así fue pero fue un beso bonito un beso que no o sea bonito bonito ¿no? sí la cosa es que ya pasa esto en la tarde voy a trabajar porque ya me tocaba en la tarde ese día y me avisan que había muerto en mi primera noche ajá entonces me quedo así entonces dije Y yo luego,
luego, fue Marisela. Fue ella la que me fui a dar un beso. O sea, fue un beso en la boca, pero fue un beso así, rápido. Sí, un piquito, ¿no? Un gesto de cariño, ¿no? Sí, como de amor. No, no, y aparte era un beso que yo lo sentía hermoso. O sea, no me dio miedo, sino al contrario, me sacó de onda, ¿no? Claro. Pero bueno, como les digo, mi prima vio a mi abuela, a mi padrino, a todos los muertos. Después pasa mi abuela. Mi abuela todavía no moría, también fue antes
de mi prima. Y un día estábamos ahí viéndola, estábamos pegados mi hermano y yo en una... Teníamos un comedor grandote y estaba la vitrina atrás y mi hermano y yo estábamos pegadas a la vitrina y mi abuelita estaba enfrente de nosotros. Y en eso volteé a mi abuela y se nos quedaba viendo y mi hermano y yo volteábamos y le hacíamos caras. Era bien pesada mi abuelita jugando. Le hacíamos cara, le sacábamos la lengua y todo y ella se reía. Pero se quedaba bien serio viéndonos y
dije, ¿qué onda que trae? Y le dice mi hermano, ¿qué quieres abuela? ¿Por qué te nos quedas viendo tan feo? Porque tenía una cara seria, ¿no? Y no se reía con lo que le hacíamos nosotros. Y dice, nada, es que estoy viendo a la mujer. Y le dice mi hermano, ¿a cuál mujer? Dice, a la mujer que está atrás de ustedes. Pero no podía ver a nadie atrás de nosotros porque estaba la vitrina. Y le digo, ¿cuál mujer hay atrás de
nosotros? Dice, está una mujer vestida de blanco, ahí atrás de ustedes y que nos levantamos, mi hermano y yo. Y eso fue pocos días antes de que ella muriera. Entonces yo digo que sí ven a las personas. O sea, ella nomás dijo era una mujer. Y bueno, les cuento al último, mi madre en paz descanse. A ver, de cuenta se puso grave el sábado. Y yo fui a verla. Ella estaba normal. Llegué de trabajar. Me senté. Vamos a comer, mamá. Le digo, ¿te sientas en la mesa? Porque ella ya
usaba oxígeno. Y me dice, no, güera. Dice, yo ya no puedo. Dice, ya no puedo más. Si quieres, ve a comer tú ahí a la mesa y yo me quedo aquí. Le digo, no, ¿cómo crees? Si yo vengo a comer contigo, mamá. Entonces mi hermano nos llevó la comida. Me llevó un plato para ella y me llevó mi plato y ahí en la cama yo comí junto a ella porque ella estaba en su sillón. Y ya acabamos de comer, luego me dijo que quería entrar al
baño, se nos cayó en el baño, se dejó caer. O sea, ya no tenía fuerza, ya había perdido... Estaba muy débil. Ya apestada mi mamá, entonces nos cayó en el baño y le digo, no mamá, no hagas eso. Mira qué tal si nos rompes un hueso, no vamos a poder cuidarte. Y le digo... No te dejes caer así. Bueno, y a la porción que la sacamos del baño, y a la hora de bajarla, mi hermana y yo agarrándola, se dejó caer otra vez en el sillón. Quedó la mitad del cuerpo en el suelo,
Nachito. No podíamos. Se soltó. Entonces ya la sienta mi hermana. Y pues mi hermano, como era el que la cuidaba más tiempo porque él no trabajaba y era el encargado de cuidar a mi mamá, pues ya estaba histérico ya. Es que siempre lo mismo, que no sé qué, que tú no le echas ganas. Y le digo, vaya, cállate el hocico. Le digo... Hasta me caía el gordo, pero pues él tenía razón también. Llega el momento que te llegas a desesperar. Claro, sí. Y agarra a mi mamá y se me queda viendo.
Y me dice, me agarra mi brazo, estaba yo del lado, mi brazo, mi mano izquierda me agarra y me dice, güera, ya no puedo más, ya me cansé. Y agarro y me le quedo viendo y le digo, pues mira mamá. Si ya no puedes, ya dile a Diosito como tú le hables, no sé cómo le digas, cómo le hables a él. Pero pues tú dile, ya me cansé, ya chole, ya estuvo, ya sufrí mucho. Si me vas a dejar, déjame bien y si no, pues ya, ¿no? Y se me queda bien y se ríe mi mamá. En eso volteé,
me veía hacia atrás y le digo, ¿qué pasó? Y me dice, está ahí atrás de ti hay una señora, está vestida de blanco, pero tiene el pelo largo. Y le digo, ¿y quién es? Pero yo no volteé ni siquiera a ver. Le digo, ¿y quién es? Le digo, asegúrese mi abuelita Ana, ya había muerto mi abuela. No, dice, no es ella, porque mi mamá nunca tiene el pelo largo. Ah, le digo, entonces tu abuela, mi bisabuela, mi abuela librada, le digo, porque ella sí traía el pelo quebrado largo.
Y le digo, dice, pero ¿por qué está volteada de espaldas hacia mí? Y le digo, pues está enojada porque no le echas ganas, le digo, porque dice que tú no te apuras. Y yo le dije así, ¿no? A decirle, dale la explicación. Y me dice, y aquí enfrente de ti está un señor hincado rezando. Y yo dije, ¿pero quién es? Y dice, no sé, pero está hincado rezando. Mi querida Lulu, dame un segundito, amiga. Vamos a la pausa y regresamos.
Nos despedimos de las estaciones en la República Mexicana, donde solamente nos escuchan una hora. Los esperamos mañana y en el resto de la República y el mundo entero. Continuamos después de la pausa. El Miedofón, 55 -2193 -5926. Lo oculto se pone al descubierto aquí, en La Mano Peluda. Te saluda Jaime Núñez. Los espero en Juntos, donde y cuando quieras. Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas. Sabiduría en las redes. Porque tenemos
mucho que decir. La mano peluda. Continuamos. Estas experiencias que nos sorprenden, pero también nos encanta escuchar. Continuamos con Lulu. Así es, ¿ahí estás amiga? Sí, aquí estoy. Perfecto, muchas gracias. Entonces... A ver, tu mami decía que veía personas, ¿no? Inclusive veía a un señor rincado rezando, ¿no? Ajá, sí, sí. Pero eso desde que salió del hospital ella decía que había gente.
Desde que salió ella grabé. Desde que nos la entregaron ella estaba y decía al doctor que era normal que ellos alucinaran por el estadio en que ella se encontraba ella. Ajá. Pero ya en la casa de ustedes fue cuando a mí me dijo ese día, ese sábado, me dice eso a mí. Y yo, tranquila, no, mi hijo está atrás de ti, una mujer. Y a mi hijo, ta, ta, ta. Entonces yo me, en eso sueno el teléfono y era mi hija. Y me salgo del cuarto. Y la verdad me puse a llorar.
Y yo le dije a mi hija, tu abuelita se está muriendo, ya ven a verla, por favor. Porque mi hija era su nieta adorada, era la primer nieta. Y la primer bisnieta, entonces era la consentida de mi mamá. Y le digo, por favor, ven a ver a tu abuela, porque tu abuela ya se va a ir. Yo siempre les
dije Nachito y Gina. Cuando mi mamá salió del hospital, yo fui a buscar a mis tíos, hablé con ellos, que mi mamá ya estaba distanciada, que nos habían dicho que ya era una bomba de tiempo, que si no le pasaba esto, le pasaba lo otro. La cosa es que mis familiares lo tomaron a que yo andaba pidiendo limosna para enterrar a mi mamá. Yo quería que les diera dinero y yo lo único que quería es que tuvieran tiempo con mi mamá. Lo que no hicieron de chavos, porque siempre
se peleaban mucho. Pues yo quería que mi mamá disfrutara a sus hermanos los últimos días. Pero yo sabía, Nacho, yo a cualquier persona que les decía, mi mamá, van a ver a mamá, porque mamá ya se va. Y me decían, cállate la boca, cállate los hijos, ¿por qué aseguras? Porque mi mamá ya... Es más, tengo unas familiares que ya no me volvieron a hablar desde la muerte de mi mamá. Porque me juzgaron loca, Nachito. Le dijeron a mi hermano que yo había dicho que mi mamá estaba
muy grave, que mi mamá se iba a morir. Y ellos llegaron un día que mi mamá estaba perfecta. Ya ves que tienen esos momentos de lucidez. Un día llegaron y mi mamá estaba echando de contenta y platicando con ellos y risa y risa. Y cuando mi hermano se fue a la tienda, mi prima le dijo, ay, es que la güera es bien exagerada. Dice, mi tía está re bien. Dice, ella la está matando. ¿Cómo? Entonces dijo mi hermano, así dijo que
yo la estaba matando. Entonces mi hermano me dijo, por favor, ya no le digas a la gente que mamá se va a morir. ¿Por qué dices que se va a morir? Digo, porque se va a morir mi mamá. O sea, yo le decía, se va a morir mi mamá. Somos todos algún día, ¿no? Pero en este caso tú estabas consciente. Sí. Sí, tú estabas consciente. Ella sabía que mamá no tardaba. Ajá. ¿Cómo ven? Digo que me dejaron de hablar, Nachito y Gina, me dejaron de hablar porque cuando murió mamá, porque
fue bien chistoso, fue el sábado. Se puso mala cuando yo regresé al cuarto de mi mamá. Mi mamá daba manotazos al aire y tenía la mirada perdida como peleando con alguien. Entonces yo me quedé parada y mi hermano se paró y le agarró las manos y mi mamá como bufaba, como que estaba enojada. Y se quedaba viendo a la gusanada, ¿no? Y yo le dije, mi hermano, ¿qué le pasa? Dice, es que así se pone, no sé con quién está peleando. Porque está peleando con alguien, no se deja que la
agarre. Alguien la quiere agarrar, ella no deja. Pero mano, te lo juro, mi mamá manoteaba el aire. Entonces yo me impresioné mucho, mi hermano la calmó, la sentó. Yo me senté junto a ella y me quedé callada. Duramos horas calladas, calladas. Hasta que mi hermano me dijo... Oye, es que no te piensas ir a tu casa, son las 10 de la noche. O así, ya me voy, le digo. Y le tomo su mano a mi mamá y le digo, mamita, ya me voy a la casa,
ya es tarde. Y volteé y me ve normal y me dice, anda, lija, que Dios te bendiga, que te acompañe tu hermano al camión. Sí, mamá, le dije, no, ¿cómo me va a acompañar? No se puede quedar sola ella, ¿no? Me paro, llego a la esquina ya para salirme a la puerta, la volteo a ver. Y no sé qué me dio el que corro el abrazo y le doy un beso en la frente a mi mamá sin saber que era el último beso que le iba a dar a mi mamá porque
mi mamá murió. Qué cosa, mi amiga. Y yo sabía, Nachito, yo decía, ¿por qué creen que yo quiero matar a mamá si es mi mamá? Pero yo sabía, Nachito, que desde ella que llegó, ella traía la sombra de la muerte pegada. Yo lo sabía. Yo lo sentía. Además, cuando ella murió el lunes, que nos avisaron que se puso mala, que llegamos, que estaban dando los primeros auxilios, mi sobrina y la ambulancia nunca llegó. Tardó dos horas en llegar la ambulancia,
que se le ponchó la llanta. Y mi mamá estaba con sus ojos cerrados y mis hermanas llorándola ahí todas en la cara, la mojaron de lágrimas. Yo le agarré un dedo de su pie a mi mamá, yo me puse de sus pies, le toqué su pie y yo me di cuenta que mamá ya estaba muerta. Pero no dije nada, me quedé callada. Después vino mi sobrina, que era enfermera, y le tomó los signos vitales con él. El de ese, el del oxígeno. Ajá. El de la presión, perdón. Sí. Y yo vi la cara
que hizo mi prima y se salió corriendo. Y dije, mamá, ya murió. Nomás llegó a los de la ambulancia dos horas después para confirmarnos que mamá ya había muerto de un infarto fulmeante. Qué barbaridad. Pero desde que yo llegué, mi mamá ya había muerto, Nachito y Gina. Así que sí vemos. Yo digo que yo estuve en coma y sí vi cosas y vi personas. Y les puedo decir que sí vemos la luz y sí vemos todo eso, porque yo pasé un túnel, yo vi una luz, yo caminé cuando yo estuve tres
días en coma y yo regresé. Entonces yo, yo mucha gente le he dicho cuando me dicen es que se está muriendo y no le pude decir eso. Les digo, díganselo, porque nosotros estamos muertos, pero estamos oyendo todo. Todo lo escuchamos. Yo siempre les doy consejo, yo les digo, dile todo lo que le tengas que decir para que ella se vaya tranquila y tú no te quedes con nada. Y pues mucha gente sí me ha hecho caso, pero digo que yo personalmente yo lo viví y yo les puedo decir que sí se ven
cosas, sí se ven sombras, se ven luces. Y yo vi cosas, no me morí, pero yo vi cosas y pasé por un túnel y pasé por todo eso, como ven ustedes. Sí, mi amiga, pues te creemos bastante y lo sabemos. Fíjate que gran parte de lo que nos acabas de narrar, amiga, es una constante. Es decir, nosotros podemos tomar eso como un aviso, una advertencia cuando alguien ya está llegando al final de sus
días. Y no lo digo para que se espanten, no lo digo para que lloren, no lo digo para que le reclamen a Dios porque algunos lo hacen, no. Sino que lo comento para que aprovechen ese tiempo, ese momento de sanear la relación si es que hay algo que está mal, para demostrarle el cariño que le tienen, cuánto lo aman o la aman. Ese es el momento adecuado, ¿sí? Justo. Pero desgraciadamente mucha gente hace lo contrario a la chitillina.
Yo cuando mi abuela murió, mis tíos se andaban rompiendo la cara porque los tres se querían quedar con la pensión de mi abuelita. Y la que cuidó a mi abuelita en los últimos meses de vida fuimos nosotros, mi mamá y yo. Entonces uno de mis tíos borrachos le dijo a mi mamá, no, tú te quedas con la pensión y los otros dos, no, ella no, que no sé qué. Y todos discutiendo, ¿no? Entonces yo le dije, mi mamá no les está pidiendo, ya sabes, nada, ¿no? Por mí, quédense
con su pensión, ¿no? A nosotros nos da igual, ¿no? Ya cuidamos a mi abuelita y ya. Y uno de mis tíos se peleó con su hermano y le dijo, estaban tomados, ojalá te mueras. Y mi tío murió a los seis meses. ¿Cómo ven ustedes? Y su familia lo dio a mi otro tío porque dijeron, que él fue el culpable de que se muriera. Y yo les traté de decir, no, eso es una tontería. O sea, no porque yo diga, ay, ojalá te mueras, te vas a
morir, ni que fueras Dios, ¿no? Sí, pues, no. Pero lo peor es que él le gritó a su propio hermano, ojalá te mueras, y se murió. ¿Cómo ven ustedes? No, terrible. Y todo por la ambición, por el dinero, por querer quedarse con algo que ni les correspondía, ¿sí o no? Sí, no, pues se ve que en tu familia el dinero es muy importante, ¿no? Tan importante que vale más que la relación familiar,
¿no? Porque ¿cómo es posible que tú les estabas diciendo que fueran a ver a tu mami para que se despidieran, para que tuvieran pues un detalle de amor familiar y ellos pensando que lo que querías tú era pedirles dinero? ¡Qué barbaridad! No, no. A mí me decían eso y una vez mi prima me dijo, es que ¿qué vas a hacer cuando se muera tu mamá? Digo, no, no te entiendo. No, es que no sé qué. O sea, yo decía, bueno, es cosas de
nosotros, ¿no? Mira, cuando murió mamá aquí entre ustedes, que son mi familia, no teníamos ni un quinto noche, no. No teníamos ni para enterar a mi mamá. Llegó uno de mis sobrinos y dijo, no se preocupen, yo me hago cargo de todo, yo pago todo. Yo pago con la tarjeta. No teníamos ni dónde enterrarla. O sea, en la noche estuvimos buscando dónde, con quién, cómo. Pues nos pidieron papeles. O sea, todo era una locura. Porque mi
mamá nunca quiso arreglar los papeles. Yo una vez fue a una ofrecerme un paquete y yo trabajaba. Y le dije, oye, mamá, ¿lo pagamos? No, ¿cómo crees? Si yo no me voy a morir. Entonces yo... Ella decía que si yo lo compraba es porque yo quería que se muriera. Entonces dije, bueno, pues no lo compro, ¿no? Y también... haces de silla, la verdad es que haz uno de silla o a veces la verdad la economía no te deja, ¿no?
Cuando mi mamá murió sucedió eso, Nachito, pero mira, gracias a Dios, Jenny y Nacho, no le pedimos a nadie ni un quinto para enterrar a mi mamá. Mi sobrino pagó ese día todo y mi hija le dijo, no, pues es que no es justo que tú pagues todo, haznos el favor ahorita. Se dividieron, hasta yo me tocó división. Nos dividimos entre los que podíamos dar dinero y dijo, mija, para el otro mes antes de que llegue la fecha, te entregamos
el dinero para que no pagues nada. Ok, Lulú, dame un segundo, necesito hacer otra pausa y ya regresamos para despedirnos, ¿sí, mi amiga? Sí, claro que sí. El Miedofón, 55 -2193 -5926. Conocemos la leyenda y la hacemos realidad. Hosteado y distribuido por RSS .com RSS .com. Hacer podcast de manera fácil. Pocas veces quien recibe lo que no merece, agradece lo que recibe. Sabiduría en las redes. Porque conocemos de raíz a los
especialistas. La mano peluda. Continuamos y una de las visiones más comunes entre las personas que están a punto de fallecer es esta visión de una luz brillante al final de un túnel. Este fenómeno ha sido descrito en cientos de testimonios de personas que han estado a punto de morir. La luz es percibida como cálida, acogedora. Muchos han descrito la sensación de ser atraídos hacia ella como si fuera un destino inevitable. podría ser una representación del paso hacia una nueva
dimensión o hacia el cielo. Hay también los escépticos que creen que es simplemente una respuesta del cerebro ante la falta del oxígeno, creando esta ilusión de una luz brillante al final del túnel. Vaya que sí. Tenemos en la línea a nuestra amiga Lulu, ¿verdad? ¿Ahí estás? Sí, aquí estoy. Perfecto, mi querida Lulu. Pues tristes son las historias de las personas ingratas que no saben valorar esos últimos momentos. Afortunadamente no fue tu caso, mi amiga. Tú sí aprovechaste hasta el
último instante lo que se pudo, ¿verdad? De un ser querido tan importante como lo puede ser la madre o lo puede ser la abuelita. Claro que sí. Mi querida Lulu, muchas gracias por tu testimonio
y vamos a seguir escuchando historias. y pues gracias por su tiempo y les agradezco para todos buenas noches, bendiciones para todos hasta luego mi querida Lulu buenas noches interesantes las historias que nos ha platicado por supuesto y hoy que estamos hablando de este tema que verán las personas ya en estos últimos momentos cuando están a punto de fallecer también mucho hemos comentado ellos sabrán ¿Tendrán algún mensaje? ¿Sentirán que ya es el último momento, los últimos
minutos u horas también puede ser? Muchos testimonios de personas que aquí hemos escuchado incluyen relatos sobre lo que se ha dado en llamar la revisión de la vida. Se dice que en esos últimos momentos... experimentan un repaso de los eventos más significativos de su vida, como si fuera la película de su vida, y que se proyecta en su mente en cuestión de segundos. Durante esta revisión no solo ven sus propios recuerdos, sino también los efectos de sus acciones en los demás.
Y entonces esto ha sido incluso interpretado como una especie de juicio espiritual. Revisar la película de tu vida en instantes, Nacho. Así es, exacto. Eso es lo que nos puede ocurrir. Ver nuestra película y dicen por ahí, la sabiduría en las redes. Me gustaría saber cómo termina esto para ver si valió la pena. Wow. Pues vamos a seguir con ustedes. Axel Emanuel, buenas noches desde Tampico, Tamaulipas. Bienvenido, bro, mi querido Axel. Martín Márquez, también saludos
para ti, mi querido amigo. Y Daniela desde Cuautitlán, Iscali, Estado de México, nos está acompañando. Qué bueno que estás aquí. Y a propósito del tema, Gina, dice Gaby Espinosa, me pasó que soñé a mi abuela que me decía que se iba a llevar a mi abuelito. Estaba hospitalizado. Ella falleció dos meses antes que él. Lo que me dijo también es que cuidara a mi bebé. Desperté y a los cinco minutos timbró mi celular. Era mi papá avisándome que tenía diez minutos de haber fallecido mi
abuelo. Esa noche le tocó a mi papá cuidarlo en el hospital y le tocó a él darle el último adiós, mi amiga. Wow, mi querida Gaby, qué fuerte. Pues lo lamentamos muchísimo, ¿verdad? Vamos a escuchar más relatos y ahorita seguimos comentando también qué es lo que verán las personas antes de fallecer. ¿Tú qué opinas? Hola, buenas tardes. Estoy muy contenta y muy feliz de poder compartirles esta experiencia. Mi mamá siempre me platica de ustedes, de cuando ella era adolescente y
pues los escuchaba. Y ahorita en este momento, pues nos los escuchamos en Spotify. Gracias. Y bueno, les vamos a contar la experiencia. Nosotros llegamos a vivir en una casa muy, muy antigua, tipo inglés, acá en la ciudad de Pachuca, Hidalgo. Y bueno, es una casa que si ya está, pues los conectores están muy antiguos, toda la estructura es muy, muy antigua y está tipo inglés porque esa colonia la hicieron los ingleses para sus trabajadores, para las minas. Entonces está muy,
muy antigua la colonia y la casa. Llegamos ahí a vivir y bueno, desde antes se rumoraba que la casa tenía fantasmas, ya que es una casa que llegó a vivir mis tíos y mi mamá cuando eran adolescentes, cuando llegaron a estudiar aquí a Pachuca. Y desde entonces les pasaban cosas muy extrañas. Entonces, bueno, pues pasó el tiempo, mi mamá regresó a vivir ahí con nosotros, mi
hermano y yo. y pues lo mismo cosas muy extrañas nosotros decimos que es un fantasma inglés y no lo tomamos como un fantasma malo era es un fantasma extraño nos llegó a pasar bueno a mi mamá le llegó a pasar que estaba dormida en la sala No estaba sola, yo estaba en la prepa, mi hermano en la secundaria y mi mamá pues se quedó solita y quiso descansar cinco minutos, pero ya le gusta mucho escuchar el radio. Entonces pues dejó la radio conectada en la cocina y ya
se quedó dormida en la sala. Entonces pues se quedó dormida y al momento de despertar ya no escuchó la radio y se le hizo como extraño. Entonces pues fue a ver qué había pasado y se dio cuenta
que estaba desconectado. La radio Entonces se le hizo como muy extraño Porque pues no había nadie Estaba totalmente sola Y pues se sintió como extraño También me llegó a pasar a mí Que pues bueno yo en ese momento Estaba en mi cuarto Y estaba pues muy triste, estaba yo llorando Estaba pasando por unas situaciones Entonces estaba yo pues llorando Y mi puerta de mi cuarto Daba a la sala y estaba abierta Entonces este Pues yo estaba llorando y de pronto me dio como
tipo escalofríos y parece que lo vi cruzar hasta como el sofá, el fantasma. Y parece que lo vi de reojo porque me iba a preguntar, ¿estás bien? Yo pues me asusté muchísimo porque lo vi tipo de reojo. Bueno, no sé cómo explicarlo, pero sentí un escalofrío y un frío. Es como si alguien se hubiera inclinado a preguntarme. Y yo volteé y no había nadie. Y dije, uy, se me fue hasta lo triste. También nos llegó a pasar que nos tocaban la puerta y, bueno, a mí me llegaron
a tocar la puerta y yo escuchaba voces. Y dije, yo era, pues, ¿quién podría ser? Estaba yo sola. Yo llegué de la prepa, mi mamá no estaba, mi hermano no estaba en la secundaria. Entonces, pues, yo llegué a descansar. Y me acosté, entonces escuché que tocaban la puerta, entonces me levanté y quise como asomarme para ver quién era en la ventana y no había nadie. Pero yo siguiendo escuchando voces, entonces dije que yo salí y no había nadie, nadie, nadie. También llegó a pasar que a mi
tío aprendí a tocar el violín. Y no le salía como una pieza, entonces estaba como practique, practique, practique, hasta que al fin le salió y escuchó como alguien le aplaudió, una voz de mujer le aplaudió, le dijo, ¿ya te salió? No, pues mi tío dio el brinco y no, estaba súper asustado, súper, súper asustado. Y ya como por último, bueno, en esa casa, pues mis tíos llevaron personas videntes para ver qué es lo que tenía
la casa. Dieron diferentes puntos. Uno que había enterrado un tesoro y otro que pues había un cadáver enterrado en la parte de atrás. La verdad es que nunca lo quisieron descubrir y nunca se buscó porque hay cemento. Entonces cuando estábamos ahí, si nos dio curiosidad, dijimos ¿qué tal que hay tesoro? ¿Podemos vender las piezas de oro? No sé. Y rompimos la rejita porque la casa tenía sótano. Muy chiquito, y pues por supuesto
porque nunca había nadie bajado. Entonces pues rompimos la rejita para poder bajar, pero nos dimos cuenta que estábamos pico. Entonces pues ya dejamos así la reja y el pico lo estábamos consiguiendo. Cuando esa noche que rompimos la reja, a mi mamá la tiraron de la cama. El fantasma jamás nos había herido, sí se sentía la vibra, todas las personas que iban a la casa nos decían, se siente raro la casa, o sea, mi expareja igual decía, se iba a quedar a dormir a la sala y decía
que lo despertaba en la noche. O sea, sí, todo el mundo decía que había algo raro, pero jamás nos habían agredido. Esa vez, pues sí empujaron a mi mamá de la cama, se cayó y ya, pues ella no es de que se mueva mucho, ella sintió, ella dice que sintió como algo, te hubiera empujado y se hizo un gran moretón en la rodilla. La cama no... Bueno, es una cama normal. Y sí se cayó feo mi mamá. Bueno, se volteó y se le hizo un moretón. Entonces lo sentimos como tipo advertencia
y ya no hicimos nada. Ya no le movimos, pusimos
la reja y ya no hicimos nada. Al final nos tuvimos saliendo de la casa, la casa en este momento está pues vacía y cada vez que pues vamos sentimos, se siente raro y no somos los únicos, en sí la colonia varios vecinos igual dicen que llegan a ver como en los espejos, algunos los supersticiosos pues no tienen como explicación, pero hay muchos vecinos que se nos decían no pues si en mi espejo llego a ver como que pasa una mujer o se siente raro, se siente una vibra extraña, igual personas
que fueron a visitarnos. que tenían que salir caminando de la privada. Y pues de eso igual esa estructura estaba antigua, es de piedra y tienes que caminar. Entonces caminaban y decían que sentían como si una persona iba a pasar al lado y nadie pasaba. Era extraño. En sí la colonia, la colonia, la privada, se siente una gran carga como fantasmal. Está un poco extraña. Y pues bueno, muchos saludos. de parte de la familia Cubas y seguimos escuchándonos. Muchísimas gracias.
Gracias por tus varias historias. Se ve que hay mucha tela de dónde cortar. Vamos a una pausa y regresamos al Miedofón. 55, 21, 93, 59, 26. Las historias tienen muchas formas de contarse, pero solo una de comprobarse. Aquí en La Mano Peluda. Precisamente porque el destino es inmutable, la suerte depende de nosotros mismos. Sabiduría en las redes. Porque distinguimos al mundo sobrenatural, la mano peluda. Continuamos. En algunos relatos, las personas cercanas a la muerte aseguran haber
visto seres que no pertenecen a este mundo. Me refiero a estos seres que pueden ser descritos como sombras, figuras. Estas figuras que han descrito como siluetas humanas sin rostro o incluso criaturas de aspecto extraño, estas entidades parecen observar a esta persona y algunas veces informan sentir una presencia inquietante, pero la mayoría... reconocen o identifican a estos seres y les puede dar tranquilidad para el paso que van a dar. Las visiones de entidades desconocidas
no siempre son aterradoras. Las describen como figuras protectoras o guías espirituales que les ayudan a atravesar la transición hacia la muerte. Vaya, sí, claro, les ayudan, es lo que se comenta, ¿verdad? A ver, amigos, quiero que participen, por favor, narrándonos, contándonos sus historias. Pero a ver, acompáñenme en esta reflexión. ¿A qué se refiere el sabio Salomón en su libro de Eclesiastes? En donde dice... Mejor es el día de la muerte que el día del nacimiento.
¿A qué se refiere? ¿Qué te imaginas que quiso decir con esa frase? Mejor es el día de la muerte que el día de nuestro nacimiento. A ver, participen, denos un comentario, regálenos su punto de vista y por supuesto vamos a seguir escuchando historias. Hace un momento comentaba nuestra amiga. Que nos escuchaban por Spotify, tú sabes que ahí nos encuentras como la mano peluda Grupo Fórmula. Así puedes descargar los podcasts, puedes hacer toda una lista de todo el día y acompañarte con
nosotros. Así que vamos a continuar con sus historias, pero a ver si pueden participar. ¿A qué se refería Salomón cuando escribió? Mejor es el día de la muerte que el día de nuestro nacimiento. Muy buenas noches. Queridos Gina y Nachito, los saluda desde la ciudad de Querétaro, Laura Mendoza Núñez. Con respecto al tema de hoy, quiero platicarles una experiencia que tuve con mi abuela en el año de 2007. Mi abuela junto con mi hermana tuvieron un accidente de carretera, así que afortunadamente
salieron ilesas. Claro, con algunas contusiones, con algunos golpes, y aunque la camioneta sí fue, según recuerdo, perdida total, ellas afortunadamente no sufrieron lesiones graves, golpes, en fin, por fortuna salieron muy bien libradas de ese accidente. Esto ocurrió en febrero de 2007. Las tres semanas siguientes fueron muy difíciles para nuestra familia, porque mi abuela... Aún cuando tenía dos costillas rotas y tenía algunos golpes, realmente se iba a poder recuperar muy
pronto. Entró en un periodo depresivo muy, muy difícil y cada vez se iba deteriorando más. Así que ella falleció el 7 de marzo de ese mismo año, 2007. Es una casa del centro de la ciudad de Querétaro, de dos pisos. Y ya en sus últimos días, ella nos decía que veía en la puerta de su habitación a su suegra y también veía a su esposo, quien había fallecido 14 años antes. Nos decía que ellos venían a platicar con ella, tanto su suegra como su esposo, y los vería parados
en la puerta. Y mi hermana, quien se accidentó con ella, desafortunadamente tuvo un sentimiento de culpa durante mucho tiempo con respecto a ese accidente, porque había convencido a mi abuela de salir con ella, de ir con ella a visitar a una conocida nuestra, fuera de la ciudad de Querétaro, en otro municipio, en el municipio de Colón. Y apenas iban aquí en la carretera México -Querétaro, muy cerca del estadio Corregidora, de la ciudad de Querétaro a Colón, cuando tuvieron este accidente.
Por fortuna, ellas en la camioneta cayeron en un conmovado entre el sentido de ida y el sentido de regreso de la carretera. Y fue algo curioso porque varias personas que nos conocen, Nos dijeron que estaban tanto mi abuela como mi hermana allí, en ese vado, que las veían sentadas fuera de la camioneta. Como en ese accidente fueron a caer ahí y las detuvo un árbol, mi hermana nos dice que llegaron dos muchachos, dos socorristas, vestidos de blanco, pero les dijeron, las vamos
a sacar. Mi abuela, que era una persona muy especial y que no permitía que mucha gente le ayudara, que mucha gente se acercara a ella, la moviera, en fin. Ella estaba perfectamente de sus facultades mentales y de sus capacidades físicas. Ella justamente acababa de cumplir 80 años. Vieron, les dijeron, venimos a ayudarlas, salgan por favor, pueden caminar. Ya les estuvieron haciendo preguntas y las llevaron hasta un tronco de árbol. Mi hermana
le dijo, por favor, primero a mi abuela. Y entonces le dijo, no se preocupe, su abuela ya está allí sentada en el árbol con mi compañero. Su abuela no tiene nada y no les va a pasar nada porque
ustedes dos están muy bien. La libraron. Las personas que nos avisaron que habían visto a mi abuela y a mi hermana, después ya platicando con mi hermana, le dijeron que cómo se habían podido bajar solas de la camioneta y que les dijo, mi hermana, no, no nos bajamos solas, nos bajaron dos socorristas, dos muchachos que llegaron vestidos de blanco, que supongo que eran paramédicos o enfermeros, y a mi abuela la llevaron caminando a ese árbol. Y ellas dijeron, no, no había nadie.
Ustedes caminaron solas. Ustedes estaban solas, sentadas, con ningunas personas, con ningunos muchachos. Ya después, alguien que las ve en la carretera, algunos otros conductores, sí mandaron a una ambulancia. Pero antes de esas personas, no llegó nadie. Mi hermana dice que no recuerda ni siquiera haber visto una ambulancia o algo.
Los últimos días de su vida, De la vida de mi abuela, mi hermana no le dijo que uno de sus perros se había comido tal vez una bolsa de plástico o algo que comió en la calle, que se recogió de la calle y el perro se puso muy mal. Lo operaron en ese inter del accidente a las tres semanas. El perro se llamaba El Moro y era un perro de estos labrador negro. Bueno, pues mi abuela una vez nos dijo, trajo Sandra al moro y estuvo aquí en la puerta. Todo el tiempo estuvo muy tranquilo.
Lo que mi abuela no sabía es que el moro había muerto unos días antes. Mi hermana no le quiso decir nada para no preocuparla ni para angustiarla. Entonces para mi hermana fue muy difícil afrontar la muerte de su perro. Tres semanas después de que tuvieron el accidente, mi abuela falleció
de un paro cardiorespiratorio. He de decirles, Nachito y Gina, que todas las mujeres que ha habido en mi familia, es decir, mi abuela, su prima hermana, que era mi abuela biológica, las mamás de ellas, que eran mi bisabuela y mi tía bisabuela, todas han muerto de un paro cardiorespiratorio a los 80 años. No dudo que las personas sí vean seres queridos, platiquen con ellos o incluso tengan ciertas visiones que tal vez nosotros no podemos entender o no alcanzamos a dimensionar
porque no estamos en ese estado. En esas experiencias cercanas a la muerte, como ustedes bien lo dicen, Nachito y Gina. Y también de una familiar cercana, muy querida. que falleció apenas este enero, supe que mientras ella estaba en el hospital, ya en sus últimos días, decía que veía a su abuela, que la abuela venía ya por ella, que platicaba con ella, que la veía muy contenta y que la estaba esperando. Y bueno, ella nunca conoció a su abuela materna, porque la señora falleció muchísimo
tiempo antes de que ella naciera. Entonces, pues, No dudo que estas experiencias sean muy reales, especialmente en estos momentos de esa transición, de dejar este plano físico y dirigirnos a otra dimensión. Nachito y Gina, les agradezco muchísimo me hayan escuchado. Al contrario, Laura. Aquí en Querétaro está lloviendo y es una noche ideal para escuchar este tipo de historias. Les saluda a los radioescuchas la mejor de las noches. Y a ustedes dos, Nachito y Gina, una semana llena
de éxitos. Y recordemos que se acerca el aniversario número 30 de La Mano Peluda. Ya queremos miedo, Tom. Se despide de ustedes Laura Mendoza Núñez desde la ciudad de Querétaro. Saludos y muchas gracias. Muchísimas gracias. Muy claridosa con su dicción. Muy bien, amiga. A mí me da la impresión como que es maestra. Sí, sí es maestra. Sí, ¿verdad? Sí. Todos los comentarios que nos hace la participación. Afortunados alumnos. Claro. Que agradecemos a Laurita que siempre esté presente. Saludos a
Querétaro. Dice, tiene una ambientación perfecta. La noche, la lluvia. Luces apagadas y relatos. Vaya, muy bien. Aquí tenemos a Anita Torres. Dice Nacho, la pregunta que hiciste. Yo conozco a una señora de un pueblito de Puebla que dice que en su pueblo festejan cuando fallecen, hacen baile, comida, etc. Y lloran cuando un bebé o una nena nace, porque cuando nacen vienen a sufrir y cuando fallecen. Se quitan de sufrir. Ok, bueno, es una forma de ver las cosas, ¿verdad? Porque
sí, sufrimos, sí. No lo vamos a negar. ¿Quién no ha sufrido en su vida? Pero también disfrutamos, podemos apreciar, como dice la canción, lo blanco de lo negro. Podemos ver el campo, el valle, las nubes, las montañas, el mar infinito. ¡Guau! O sea, sí, sí sufrimos, sin lugar a dudas. No hay quien no haya sufrido nada. Pero también podemos apreciar lo bello. Lo bueno, lo bonito. Saludos a Viviana Gómez desde Cali, la Sultana
del Valle, Colombia. Bien, mi querida Viviana Gómez, qué bueno que estás aquí en esta mano peluda internacional. Eres bienvenida. Y también al respecto de ese planteamiento que hacíamos Gina, Alan Vera participa, nuestro amigo, y dice, yo creo que es más el valor reflexivo con una mayor comprensión de la vida y la existencia. Es decir, que... Puedes apreciar, ¿verdad, mi querido Alan? Puedes apreciar lo vivido y tal vez por eso podemos dar ese sentido, ¿no? Repito
para los amigos que no escucharon. ¿Por qué dice Eclesiastes o el rey Salomón en su libro de Eclesiastes? Es mejor el día de la muerte que el día del nacimiento. ¿Por qué crees tú? Que lo haya dicho así Salomón, un hombre tan sabio, de los más sabios que han existido en este planeta. Así que te invito a participar, dice Gaby Fernández, que cuando dejamos la vida terrenal, regresamos a nuestro verdadero hogar, dice como en la película de Nuestro Hogar.
Sí, mi amiga, puede ser, puede ser. Y también Juanito Ortega participa y dice, hola Nacho y Gina, eso que dijo Salomón es muy cierto. Porque para vivir la vida eterna tenemos que morir primero. Y entiendo yo con lo que dices, mi amigo, es que pues hay que alegrarse de que ya vamos al siguiente nivel, ¿no? Nivel 2. Eso sí, cuando es nuestro momento. No adelantarlo porque entonces ya las cosas se complican espiritualmente. Entonces tenemos que esperar a que nuestro tiempo... se
haya acabado aquí. Así es, comenta Marco López. Dice, solo Dios y los que se nos adelantaron sabe lo que está más allá de nuestro plano terrenal. Es correcto, mi querido Malo. Gracias por participar. Y profe, ella también es una persona muy reflexiva y dice que te vas habiendo vivido, pasaste cosas importantes, conociste personas valiosas y te
llevas contigo lo bueno o lo malo. tuviste la oportunidad de trascender, grato será volver a manos del creador para vivir de manera espiritual en otro plano, así lo entiendo yo y me parece muy muy buena mi amiga tu interpretación y tus palabras, Adriancito Fernández dice yo creo que el morir unos meses o años volvemos a reencarnar, entonces es el ciclo del nacer, morir y volver a nacer. Claro, así como llegamos, nos vamos porque muchas personas se apegan a lo material.
Sí sabemos que a través del tiempo tenemos que trabajar, hacernos de cosas materiales, ir avanzando en este sentido, pero no hay que tener ese apego de tal manera que incluso hay personas que fallecen y después de esto sus familiares sienten que están ahí presentes porque el apego. ya sea a lo material o a las personas, hacen que no puedan trascender. Y una vez que físicamente ya no nos corresponde estar aquí, lo más conveniente es continuar a ese camino de trascendencia. Un saludo
a toda la familia peludomaniaca. Una ocasión íbamos mi mamá y yo en una carretera, ya como casi las 11 de la noche pasadita, un poquito de las 11. Ella va manejando, yo voy de copiloto.
Y de repente la carretera pues ya medio sola, a lo lejos como a una distancia de unos 8 o 7 metros, le digo a mi mamá, bájale a la velocidad, vete más despacito porque se va a cruzar este niño y veo que se cruzó un niño, incluso veo que voltea a vernos, traía un shortcito, una playerita, lo veo, la cara, tengo como el recuerdo de ciertos rasgos, pero me enfoco más como a su cuerpo y me percato de que no le veo los pies.
Ella pasa, pasa hacia el otro lado de la carretera, nos seguimos y le digo, mi mamá, ¿no sabes qué? Regrésate porque yo quiero ver qué onda, o sea, ¿dónde se me han diseñado tan tarde? Llevan acercaciones y media y era tarde y yo pues dije, no, es normal. Y total que a regalladientes convenzo a mi mamá de que se regrese al cremito este donde se había el niño metido y todo con oscuridad y demás.
Me doy cuenta que a donde se metió es una parte rocosa donde se dinamita para extraer material que ocupan para las cementeras que están cerca de ese lugar. Como gravas. Nadie vive por ahí, o sea, es un lugar solo. Y me quedo muy extrañada. Incluso dimos como un rondín buscando por dónde se había metido. Yo todavía en mi curiosidad.
Total que no, no vimos nada. Al siguiente día, ya pues en la mañana, como todavía seguía yo con la espinita, le digo, además acompáñame o voy yo, porque sí me quedé como con la curiosidad
de saber ver qué era lo que pasó. Entonces sí volvemos y con las gentes que de repente... Más adelantito había un pueblito, empezamos a preguntar, porque se me hizo como extraño, se había viviendas como más arriba, atrás del cerro, donde ya no pudimos nosotros accesar, porque nada más recorrimos como la entradita de donde vi que se metió el niño, que les repito, es una zona rocosa donde se dinamita para extraer ciertos materiales que
ocupan para la elaboración del cemento. Y entonces ya entre la gente, alguna señora que preguntamos, nos cuenta que hace ya años, Hubo un choque fuerte de un autobús donde murió mucha gente y que normalmente se dice que han llegado a haber ciertas apariciones, no necesariamente nada más del niño, sino también
de otras personas como señores, señoras. Y sí es una zona donde tú pasas y es de, pues aparte la soledad impone de que no hay construcciones ni hay nada, pero sí una atmósfera esa desde cuando hay como algo que sucedió como nostálgico. triste, como algo que fue fuerte. Y entonces es a raíz de esto, de toda la gente que murió en esa época. Yo siempre me dije, de toda la vida, porque siempre me ha gustado lo paranormal, el día que a mí se me aparezca un niño, creeré
en los fantasmas. Y de verdad que nunca había tenido yo una situación así como que tan diferente de poder ver a un fantasma, y menos un niño, que hoy puedo decir, creo totalmente que existen. Creo totalmente que es cierto que existen y que sí es como la mayoría de muchas personas que los han visto los describen, no se les ven los pies, es difícil visualizarles la cara, pero distingues el cuerpo, distingues la idea de que si es un niño, de que si es una mujer, de que
si es un hombre, una persona mayor. Y bueno, espero les haya gustado mi relato, familia peludomaniaca, Nacho y Gina, un saludo, me encanta su programa, bendiciones y que sigan con este éxito, sigan creciendo este programa y hagan más a más lugares cada día. Saludos. Hasta luego, amiga. Muchísimas gracias por tu historia. El niño fantasma se hizo presente. Isabel García dice, porque ha acabado el afán y tribulación. Y todo termina. Exacto, ¿verdad? Todo lo que empieza, acaba.
Y cuando voltas hacia atrás, ¿qué rastro dejaste? ¿Qué huella dejaste para los que vienen detrás de ti? ¿Hay algo importante que se pueda comentar? Bueno, pues hemos... platicado un poquito de lo que podrían ver nuestros familiares a la hora de estar en sus últimos momentos aquí. La última mirada. ¿Qué ven los que están a punto de fallecer?
Visiones del más allá, encuentros con espíritus, la luz brillante, este camino hacia el más allá, visiones de la vida pasada, la revisión, la película de tu vida, como se le nombra, o también visiones de entidades desconocidas, seres de otras dimensiones. Gracias por estar aquí con nosotros. Así es Gina, pues de una vez nos despedimos. Agradecemos como cada noche tu presencia en esas reuniones en las que escuchamos relatos que tanto a ustedes
como a nosotros nos apasionan. Que descanses, que tengas excelente noche, que Dios te bendiga. Soy Gina Avilés. Hasta luego Gina, yo también me despido. Soy Nacho Muñoz, agradecido con Dios y con ustedes porque juntos escuchamos. Buenas, pero muy buenas historias. Que tengas un restaurador descanso. Que la pases muy bien. Y como decimos aquí. Cabot. El programa se termina. Pero la investigación continúa. Aquí en La Mano Peluda. Esta fue una producción de Grupo Formula.
