¶ Introducción y Agradecimientos
Hola, soy Gabriel León y estás escuchando La Ciencia Poblada. Un podcast sobre historias de ciencia. Hoy les contaré la historia de uno de los dúos musicales más famosos que han existido y cuya leyenda se tejió al alero de un escándalo sin precedentes. Esa historia será la excusa para hablar de lo que pasa cuando la cara y el nombre no coinciden y como la ciencia no está ajena a las identidades ocultas.
Les recuerdo que este proyecto es financiado en un 100% por el aporte voluntario de mis muy queridos Patrons. Si quieren apoyar este proyecto, lo pueden hacer en www.patreon.com slash la ciencia pop y ahí se pueden inscribir para hacer un aporte mensual y apoyar a la producción de este podcast. Como siempre, agradezco el apoyo de mis muy queridos patrons, Guillermo, Sebastián y Celeste Acuña, Eduard Nello, la familia Gutiérrez Jorquera, Juan Pablo Cortese, Gail Lluel, Javier Ocaranza, J. Pérez.
Matías y Chay, la familia Verdugo Enríquez, Andrés Arias, la familia Moya Velázquez, Katia Ramírez, Rolando Cosio, Javiera Castro, Wolfram Gurlich, La familia Gallegos Iturriaga, Los Piñones Guicique, Playita Restobar Guanaqueros, Rodrigo Salas, Luciano Santana, Alecito Enríquez y Sandra, Carlos Schwarzenberg.
Claudio Fuentealba, Martina y Julieta Moscoso, la cervecería Intrínsecal, Gaspar y Ray Bravo, Maida Bofil, Chalo y Katia, Alfonso y Esteban Maureira, San Blas La Serena, Lucía Olarce, la carrera de Ingeniería en Estadística y Ciencia de Datos. De la Universidad de Valparaíso, la familia Acuña Landaur, Carlos Pedraza, Patty y J.P. de la Serena, Felipe González Sodar. Ceci Palomitas, de Chavi Sound, Franceli Saraujo, Francisco Correa, Salvatore Viola y León Aguirre Carrasco.
¶ El Fraude de Millie Vanilli
El 21 de February de 1990, Fab Morvan y Roth Pilatus subieron al escenario del Shrine Auditorium de Los Angeles para recibir el Grammy al Mejor Artista Nuevo. El dúo, conocido como Millie Vanilli, se había convertido en una sensación global, y el mundo entero los aplaudió sin saber que estaba aplaudiendo una ilusión. Jóvenes, exóticos, guapos, talentosos, grandes bailarines y con un carisma pocas veces visto, durante el año anterior habían vendido millones de copias de su disco debut.
Girl, you know it's true, habían aparecido en todas las portadas posibles y habían protagonizado videos que no dejaban de aparecer en los canales musicales. El público los adoraba, la industria los celebraba y todo parecía perfectamente en orden, excepto por un detalle que en ese momento muy poca gente conocía. Ellos no eran los que cantaban en sus discos. Para entender cómo llegamos ahí hay que conocer primero al hombre detrás del plan.
Su nombre era Frank Farian, un productor alemán nacido en 1941, con un talento único para construir a medida productos musicales. que sonaran exactamente como lo que el mercado quería escuchar. In los años 70, había creado Bunny Em, un grupo de cuatro artistas caribeños, tres mujeres y un hombre. Que conquistó las pistas de baile de medio mundo con canciones como Rivers of Babylon y Rasputin, que contaba la historia absurda y magnífica sobre el monje loco de la corte zarista, que resultó ser
Un éxito de discoteca increíble, por razones que aún cuesta explicar del todo. Baniem era brillante, era irresistible y, claro, tenía un secreto. Bobby Farrell era el único integrante masculino de Bonnie M. Era el que bailaba, el que posaba, el que aparecía en las portadas, con un carisma físico que hipnotizaba. Pero Bobby Farrell no cantaba en los discos.
Las voces masculinas de Bonnie M. eran principalmente las del propio Farian, el productor alemán, grabadas en un estudio y luego atribuidas a la imagen del grupo. Farrell lo sabía, Farian lo sabía, y durante años nadie más lo supo, o al menos nadie que pudiera o quisiera hacer algo al respecto. Bunny Em vendió más de 100 millones de discos sin ningún tipo de escándalo.
¶ Caída y Consecuencias de Millie Vanilli
Y entonces Farian pensó, si funcionó una vez,¿por qué no volvería a funcionar? A finales de los años ochenta, Farren estaba buscando la próxima gran imagen y la encontró en una discoteca de Múnich, donde Fab Morvan y Rob Pilatus bailaban con la soltura de quien ha pasado la vida entera haciéndolo. carismáticos, fotogénicos y, en términos del mercado musical de la época, era exactamente lo que se necesitaba.
El productor ya tenía las canciones, las que de hecho ya habían sido grabadas por cantantes que tenían buena voz, pero un look que no calzaba con la idea que Farian tenía en mente. Lo que faltaba era la cara, y ahí estaban Morvan y Pilatus, dispuestos a jugar el juego. Durante casi dos años, el esquema funcionó perfectamente.
El problema llegó en 1990, cuando durante un concierto en Connecticut, el sistema de reproducción falló y la pista de voz Siguió sonando en un loop que se repitió incansablemente, dejando a los asistentes al concierto confundidos, y a Millie Vanilli huyendo despavoridos del escenario, sin saber muy bien qué hacer. Ese fue el inicio del fin.
El rumor empezó a circular y Farian, calculando que era mejor controlar la narrativa que esperara que alguien más lo hiciera, convocó a una conferencia de prensa en noviembre de ese año y confesó él mismo el engaño. Dijo que Morvan y Pilatus eran incapaces de cantar una sola nota, una crueldad innecesaria hacia dos personas a quienes él mismo había convencido de participar en el esquema, y que ahora quedaban como los únicos villanos de la historia.
La Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación les quitó el Grammy, un hecho sin precedentes que sigue siendo único hasta hoy. La historia de Pav y Rov terminó muy mal. Intentos fallidos de relanzar sus carreras, problemas con las drogas, con la ley y con todo. Rob Pilatus murió en 1998, a los 32 años, de una sobredosis accidental en un hotel en Frankfurt. Fab Morgan siguió adelante, pero la sombra nunca desapareció del todo.
En cuanto a Frank Farian, el productor que hurdió el plan, él nunca enfrentó mayores consecuencias. De hecho, siguió produciendo música y creó bandas como No Mercy y La Butch. Pero Millie Vanilli fue su creación favorita. Cuando el nombre de la portada no corresponde al trabajo adentro, en la industria musical eso se llama fraude, aunque como acabamos de ver, a veces el fraude tiene más de una víctima y no siempre es obvio quien debería estar en el banquillo de los acusados.
¶ El Gato Coautor en la Ciencia
¿Pero qué pasa cuando el mismo gesto, un nombre que no es quien hizo el trabajo, ocurre en otro contexto?¿Significa lo mismo y merece la misma respuesta? Evidentemente esta historia tiene muchos matices, así que vamos a empezar por donde está más claro que el asunto puede ser, derechamente, una broma. In 1975, Jack Hertington, unfísico de la Universidad Statal de Michigan, escribió un artículo para Physical Review Letters.
Una de las revistas más prestigiosas de física del momento. El texto trataba sobre el comportamiento de átomos de helio 3 a temperaturas cercanas al ser absoluto, un trabajo serio y profundamente técnico. El problema apareció cuando un colega leyó el borrador y notó algo aparentemente menor, pero que complicaba de manera brutal el asunto. Resulta que Hurtington había escrito el texto usando el nosotros.
The first person of the plural. We found that, we conclude that, and the convention habitual de la escritura scientific colective. El problema era que la convención de la época reservaba ese nosotros para trabajos con múltiples autores. Y si el artículo era de una sola persona, como en este caso, había que usar el yo o reformular todo en voz pasiva.
Reescribir un artículo de física cuántica de principio a fin, cambiando cada WI, por alguna construcción alternativa en una época anterior a los procesadores de texto modernos, era una tarea que llevaba días. Básicamente había que reescribir todo en una máquina de escribir mecánica. Y en ese momento a Hurtington se le ocurrió una idea alternativa que él consideró más elegante. Añadió a un coautor.
The coautor se llamaba F. D. C. Willard, and las iniciales correspondían a Felix Domesticus Chester Willard, which era el nombre científicamente correcto of su gato Chester, un gato semestre. El artículo fue publicado sin ningún problema. Nadie en el proceso editorial detectó que uno de los firmantes era un felino que en ese momento probablemente dormía enrollado en algún rincón de Michigan. La historia tiene un segundo acto que es casi mejor que el primero.
Resulta que cuando se enteraron de lo que ocurrió, algunos colegas visitaban a Hurtington y le pedían la firma del famoso F. D.C. Willard. Y él sacaba una hoja, entintaba suavemente la pata de Chester y estampaba la huella en el papel, un autógrafo oficial del coautor Gatuno. Hay algo revelador en que esto haya funcionado. No solo que el artículo fuera publicado, sino que el contenido era correcto. Chester no aportó ideas, pero tampoco las entorpeció, y el trabajo de Hurtington era sólido.
Lo que la anécdota deja al descubierto es que el sistema de revisión revisó el contenido del artículo, pero no quienes lo firmaban, lo cual plantea una pregunta interesante sobre qué función cumple exactamente el nombre del autor en ese proceso. Actualmente, de hecho, se pide una carta en la que se describa claramente qué actividades realizaron cada uno de los coautores de un artículo.
Lo que ocurrió con Chester no fue un fallo del sistema, fue una demostración de que el sistema funcionaba exactamente como estaba diseñado para funcionar. Después de todo, la revisión por pares existe para verificar el razonamiento, los métodos y los datos. No existe para verificar si el autor es un gato o no. Esa confianza está implícita y es casi ingenua, y Chester, el gato, la aprovechó de la manera más silenciosa posible.
siendo sencillamente un gato que duerme mientras su humano viajaba por la literatura científica.
¶ Engaños y Fraudes Académicos
Sin embargo, no todas estas historias son tan divertidas, y ahora le pondremos un poco de presión al sistema. In the year 2005, three students del MIT, Jeremy Stribling, Max Korn and Dan Aguyo, construyer unless, perversa at the same time. Generaba automáticamente artículos académicos de ciencias computacionales, con títulos que sonaban plausibles, resúmenes con jerga técnica, gráficos y bibliografía.
El contenido era completamente absurdo. Eran palabras reales organizadas en frases gramaticalmente correctas. Que no comunicaban absolutamente nada, como los discursos de algunos políticos, y los estudiantes enviaron uno de estos artículos a una conferencia académica de tecnología llamada WMSCI. La conferencia lo aceptó, y a lo largo de los años siguientes, decenas de artículos generados por Sai Jin fueron aceptados en conferencias e incluso en algunas revistas de acceso libre.
When the investigadores lo reportaban, los organizadores a veces respondían that eran conferencias de baja exigencia y que el proceso de revisión era ligero. que es otra forma de decir que la revisión por pares no siempre revisa y que los pares no siempre son lo que parecen. Pero si Sai Jin era artillería disparando sin apuntar, lo que vino después fue algo bastante más calculado. Alan Sokal era físico en la Universidad de Nueva York y en 1996 decidió hacer un experimento. Pero no uno de física.
Escribió un artículo largo, denso, lleno de citas. Que argumentaba que la gravedad cuántica era una construcción social, que las categorías matemáticas eran herramientas de poder, y que la física debía liberarse de sus prejuicios positivistas. El texto mezclaba términos científicos reales con filosofía posmoderna aplicada de manera completamente incorrecta, y Sócal sabía exactamente lo que hacía.
Cada afirmación era o falsa o incoherente, o simplemente una cadena de palabras que sonaban bien, pero que no querían decir nada. Tomó ese artículo y lo envió a la revista Social Text, una publicación académica de humanidades de la Universidad de Duke. La revista lo aceptó y lo publicó en una edición especial sobre ciencia y postmodernismo, y el mismo día de la publicación, Sokal reveló el engaño en otra revista.
El escándalo fue enorme, con años de debate, editoriales furiosas, réplicas y contrarréplicas. Algunos argumentaron que Sokal había demostrado que ciertas revistas de humanidades aceptaban cualquier cosa que sonara crítica cultural progresiva, sin verificar si el contenido tenía sentido. Otros respondieron que el experimento era una trampa deshonesta, que Social Text no tenía revisores externos en ese momento, y que la crítica era más ideológica que epistemológica.
Lo interesante para nuestros propósitos no es quién ganó ese debate, sino lo que el experimento había puesto en evidencia. Que bajo ciertas condiciones, la autoridad del autor, la vestimenta del lenguaje, puede ser más determinante para la aceptación de un texto que su contenido. Y si eso era cierto en 1996, 20 años después alguien decidió comprobarlo con mucho más detalle y mucha más artillería.
Entre 2017 and 2018, Helen Plugrose, James Lindsay and Peter Vogosian pusier en marcha lo que se conoció como el Grievance Studies Affair. Los tres eran académicos o escritores críticos de ciertas tendencias in the humanidades, y su proyecto era más sistemático que el de Sokal. Escribieron 20 artículos falsos, deliberadamente absurdos, y los enviaron a revistas especializadas en estudios de género, raza, sexualidad y cultura.
Siete fueron aceptados. Uno argumentaba que los perros en los parques públicos recreaban dinámicas de violación y que los entrenadores debían intervenir para educarlos en el consentimiento. Otro era una reescritura de fragmentos de Mein Kampf, el libro del pintor austriaco, con el vocabulario sustituido por lenguaje académico de teoría interseccional, y fue no solo aceptado, sino que elogiado por los revisores.
Cuando el trío reveló el experimento, la reacción fue devastadora y divisiva en partes iguales. Los críticos de las humanidades lo usaron como munición. Los defensores señalaron que algunas de las revistas objetadas eran marginales y que los autores habían actuado de mala fe, y ambas cosas pueden ser verdad al mismo tiempo. Lo que importa para este episodio es el patrón que estamos construyendo.
Un gato que firmó un artículo de física cuántica, un software que generó informática sin sentido, un físico que fingió ser humanista, y un trío que escribió textos de agravio para probar que el agravio se publica solo. En todos estos casos, la apariencia de la autoridad funcionó como un vale de credibilidad y el contenido fue secundario. Pero hay un caso que se sale completamente de esta lógica, porque los nombres falsos no eran una broma ni un experimento, eran una obra.
¶ Bourbaki: Un Colectivo Matemático
En Francia, en los años 30, un grupo de jóvenes matemáticos estaba harto de la manera en que se enseñaba matemáticas en las universidades francesas. harto de los libros de texto anticuados, de los fundamentos mal establecidos, de la falta de rigor, y decidieron reescribirlo todo desde los axiomas hacia arriba, construir un edificio coherente de matemática moderna.
Y para hacerlo, tomaron una decisión inusual. Publicarían todo bajo un solo nombre, un nombre ficticio, un matemático imaginario al que llamaron Nicolas Burbachi. Nicolas Bourbaki was in sure tomado por una persona real. Tenía biografía, aparecía en conferencias, representados por alguno de los miembros del grupo, and publicó décadas de trabajo que influyó profundamente en la matemática del siglo XX. El colectivo original incluyó a algunos nombres que hoy son parte del canon de la disciplina.
La razón del seudónimo colectivo era filosófica. Nadie quería que el ego de ningún miembro particular eclipsara el trabajo, porque las matemáticas, argumentaban, debería poder leerse sin saber quién la escribió. Lo que importa es si es correcto. Burbachi es distinto de todo lo que hemos visto hasta ahora. No es fraude, no es experimento, es más bien una declaración sobre la naturaleza del conocimiento.
La verdad matemática no pertenece a quien la descubre, sino que simplemente existe, y el nombre del descubridor es casi una anécdota.
¶ La Injusticia de Nombres Borrados: Cecilia Payne
El problema es que esa declaración tiene un lado oscuro, porque hay contextos en que borrar el nombre no es un gesto filosófico, es, derechamente, una injusticia. Porque todo lo que hemos visto hasta aquí son casos en los que alguien eligió poner un nombre incorrecto. El gato, el software, Sokal, Burbaqui. En todos ellos hubo una decisión deliberada detrás, una gente que tomó la determinación de que el nombre visible no fuera el nombre real.
Pero hubo mujeres que hicieron ciencia real, que hicieron descubrimientos que cambiaron el mundo y cuyos nombres desaparecieron sin que nadie tomara ninguna decisión en particular. Fue algo más bien difuso y más profundo que una decisión. Fue algo sistemático, y los sistemas no necesitan villanos para producir injusticia. Para entender lo que viene, conviene tener en mente una distinción.
Cuando Hurtington añadió a Chester como coautor, nadie salió perjudicado. Cuando Sokal publicó su paper falso, el perjudicado fue una revista, y cuando Burbachi firmó colectivamente, nadie reclamó el crédito individual. En todos esos casos, el nombre incorrecto no le quitó nada a nadie. Lo que viene a continuación es distinto porque, en estos casos, sí se le quitó algo a alguien, el reconocimiento de un trabajo real, hecho por una persona real y en condiciones reales.
Empecemos in 1925 with an estudiante de doctorado de 25 años in el observatorio de Harvard who acaba de escribir what algunos historiadores de la ciencia describirían décadas después. como la tesis doctoral más brillante jamás escrita en astronomía. Se llama Cecilia Payne, es británica y su tesis tiene una conclusión central que nadie esperaba. Las estrellas no están hechas de los mismos elementos que la Tierra. Las estrellas no son piedras calientes flotando en el espacio.
Las estrellas están compuestas principalmente de hidrógeno y algo de helio, en cantidades tan descomunales que el resultado parecía imposible dado lo que se creía entonces sobre la composición del universo. Henry Norris Russell era uno de los astrónomos más influyentes de Estados Unidos en ese momento, y leyó la tesis de Paine y escribió diciéndole que sus conclusiones eran prácticamente imposibles, y le pidió que se retractara.
Pain se retractó. En la versión publicada de su tesis escribió que sus propios resultados eran casi con certeza no reales, una frase que desde la distancia duele leer, porque uno sabe lo que vino después. Cuatro años más tarde, el mismo Russell llegó a la misma conclusión por su propio camino. Publicó que las estrellas estaban compuestas principalmente de hidrógeno y recibió el crédito por el descubrimiento.
Años después, cuando la historia ya no tenía remedio, reconoció que Paine había llegado primero. La propia Cecilia Payne, que con el tiempo se convertiría en la primera mujer en presidir un departamento en Harvard. Escribió sobre ese episodio con una serenidad que incomoda, como si la injusticia hubiera sido tan grande que ya no ocupiera en el registro de la indignación.
¶ Henrietta Leavitt y Estrellas Cefeidas
Volvamos al observatorio de Harvard, pero retrocedamos unas décadas más. In 1880, the observatory contratted marriage to analyze placks photographic, a minucible and absolutely fundamental which consisted in cataloging, and classification. Que los astrónomos luego usarían para construir sus teorías. El director del observatorio, Edward Pickering, las llamaba sus computadoras, y el término era literal. Ellas eran las que computaban, las que procesaban datos.
Hay que decir que otros astrónomos llamaban a estas mujeres Elarem de Pickering. Como sea el trabajo de estas mujeres Conocidas hoy como las computadoras de Harvard, fue la base de buena parte de la astronomía del siglo XIX y principios del siglo XX. Entre ellas estaban Wilmina Fleming, que catalogó miles de estrellas y descubrió la nebulosa de la cabeza de caballo. También estaba Henrietta Swan Levit, que trabajó durante años estudiando un tipo particular de estrella llamada Sefeida.
Las efeidas son estrellas que pulsan, se expanden y contraen de manera regular, y mientras lo hacen, su brillo cambia. Levitt descubrió que existe una relación matemática precisa entre cuánto tarda una cefeida en completar su pulsación y cuánta luz emite realmente, y las consecuencias de ese descubrimiento son enormes. Aunque no sea inmediatamente obvio por qué. Resulta que, si sabemos cuánta luz emite una estrella y medimos cuánta llega hasta nosotros, podemos calcular a qué distancia está.
They convertibly in the instruments of medician delivery, and it graduates the work of Levit that Edwin Havell could meditate the distance to other galaxies and demonstration that the universe was inmensely more grandeur than what nobody. Es difícil exagerar la importancia de este descubrimiento. Antes de Levit, los astrónomos discutían si las nebulosas que veían en sus telescopios estaban dentro de nuestra galaxia o fuera de ella.
Era un debate que parecía no tener solución, porque no había manera de medir distancias tan grandes. La relación periodo-luminosidad de las Cefeidas resolvió ese problema de golpe. De pronto, el universo tenía una escala medible. La astronomía moderna, la cosmología, nuestra comprensión del Big Bang y de la expansión del universo, todo eso tiene como uno de sus cimientos el trabajo de una mujer que analizaba placas fotográficas por 25 centavos la hora.
Havel nunca ocultó la deuda, pero tampoco era su tarea contarla. Cuando en 1924 el matemático sueco Gostag Mittag Leffler escribió para nominar a Levit al premio Nobel, descubrió que ella había muerto tres años antes, in 1921, de cáncer. El Nobel no se entrega de manera póstuma. No sabemos si lo habría ganado, pero sabemos que nunca tuvo la oportunidad de no ganarlo.
¶ Emmy Noether y la Exclusión Académica
Tal vez uno de los casos más emblemáticos para esta historia es el de Emi Eter, que es considerada por muchos la matemática más importante de la historia, y su teorema, que lleva su apellido, es uno de los pilares de la física teórica moderna. Establece que por cada simetría en las leyes de la naturaleza existe una cantidad conservada. La conservación de la energía, la del momento lineal, la del momento angular, todas son consecuencias de ese teorema.
Albert Einstein la llamó la más significativa matemática creativa que ha producido la educación superior femenina, que es un elogio enorme, envuelto en la condescendencia de su época. Durante años, Nether quiso enseñar en la Universidad de Gottingen y el claustro de profesores no se lo permitía, porque las mujeres simplemente no podían dar clases de manera oficial.
Su colega David Hilbert, uno de los matemáticos más importantes del siglo XX, decidió que eso era ridículo y empezó a anunciar sus propios cursos en el programa oficial de la universidad, y luego aparecía Nether a darlos. Cuando el claustro protestó, Hilbert respondió con una frase que ha sobrevivido un siglo No entiendo por qué el sexo de un candidato es un argumento en su contra. Esto es una universidad, no un baño público. Nether pudo enseñar, pero bajo el nombre de Hilbert.
El mismo gesto que hemos visto todo el episodio el nombre de alguien más sobre el trabajo de otra persona. Pero aquí no hay broma, no hay experimento y no hay declaración filosófica sobre la naturaleza colectiva del conocimiento. Hay una matemática que existe, que sabe lo que sabe, pero que solo puede transmitirlo si pone otro nombre encima. Y después de todo eso, vinieron los nazis. Resulta que Nether era judía y en 1933 fue expulsada de Göttingen junto con todos los académicos judíos.
Se fue a Estados Unidos, al Bryn Maw College, donde siguió trabajando hasta su muerte en 1935. Tenía 53 años. Hay algo en la historia de Nether que resume todo lo que estamos intentando decir hoy. No sólo que su trabajo fuera extraordinario, no sólo que el sistema la excluyera durante años, Sino que incluso la solución que encontró Hilbert para incluirla, prestarle su nombre, su posición y su autoridad institucional, reproducía el mismo problema que intentaba resolver.
Para que una mujer pudiera enseñar matemática en Göttingen, tenía que desaparecer detrás de un nombre que no era el suyo.
¶ El Efecto Matilda y Conclusiones
En mil novecientos noventa y tres, la historiadora de la ciencia Margaret Rositer publicó un artículo en el que bautizó un fenómeno que llevaba siglos ocurriendo sin nombre. Y lo llamó el efecto Matilda en homenaje a Matilda Jocelyn Gage, una sofraguista del siglo XIX, que ya había documentado en su propia época. cómo las contribuciones intelectuales de las mujeres eran sistemáticamente atribuidas a hombres o simplemente ignoradas.
Rositer sistematizó el patrón. Las mujeres en ciencia no solo enfrentaban barreras para entrar al sistema. Sino que, una vez dentro, su trabajo tendía a ser minimizado, apropiado, borrado o simplemente no reconocido en la misma medida que el trabajo equivalente de sus colegas hombres. El efecto Matilda no requería malicia individual ni un villano que se levantara cada mañana, con el propósito de borrar nombres de mujeres de la historia.
Era algo más difuso pero también más resistente, una serie de supuestos, convenciones y jerarquías que producían ese resultado de manera casi automática. El estudiante no es autora, es ayudante. La investigadora no lidera, apoya. El descubrimiento no es suyo, es del laboratorio. Cuando Millie Vanilli salió en televisión fingiendo cantar, había un mecanismo activo detrás: alguien que había tomado una decisión y sabía exactamente lo que estaba ocultando.
El fraude era intencional, tenía un autor y cuando ese autor lo confesó, el Grammy fue retirado. El efecto Matilda funciona distinto. Es un fraude sin nadie que lo cometa conscientemente. Una deuda que nunca se registró como tal. Un nombre que no falta porque alguien lo borró, sino porque nunca hubo un sistema que se molestara en ponerlo.
Cecilia Payne demostró de qué están hechas a las estrellas. Enrietta Levitt construyó la regla con la que medimos el universo. Eminetter escribió uno de los teoremas más profundos de la física. En todos estos casos, el nombre correcto no apareció donde debía, no porque nadie tuviera la técnica de hacer el trámite, sino porque el sistema no estaba diseñado para incluirlo.
El efecto Matilda tiene nombre desde 1993, y eso no devuelve nada, pero al menos ahora sabemos lo que estamos mirando cuando lo vemos. Así hemos llegado al final de esta historia. Espero que les haya gustado. Yo me despido, como siempre, agradeciendo el apoyo fundamental e incondicional. The most great patrons Christiano Teiza, Alberto Montt y Laura, Germaina Araya, Ana Lucia Luna, Luciano Cisterna, Christian Fraser, the family Helfman von de Sauer, Giuseppe Carufo, David Pelado Pérez.
Sebastián Umaña, Michel Baró, Pablo y Milesita Villalobos, José Tanús, Pedro Castillo, José Luis Ulloa, Luz María Hernández, Marcela Martínez, Mauricio Silva, la familia Yuri Martínez. Claudio Ollarzo Itoña, Cirilo Fede y Pola, la familia Kalen Queirolo, Alejandra Díaz, Fernando Araya, Cosca Ivania, Pilar Calderón, la familia Tiguez Ríos, Beatriz Geldres, Juan Catiquillan, Paula Lagos Sandra Marras, Olivia Artigas.
Sergio Yuri Espinosa, Los Rojas Peredo, La Familia Figueroa Tornell, Mario Vicuña, Paola Ollarsun, Ronda Butler, Bruno Gisling, Silvana Cartagena, Gabriel y Dante Chimino. Gonzalo y Lorenzo San Martín y Andrea Méndez. Nosotros nos volvemos a encontrar el próximo viernes. Que estén muy bien, cuídense mucho, lávense las manos y por supuesto, que la ciencia los acompañe.
