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LA PROFESORA HOT

Jun 21, 20247 min
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Su nuevo trabajo como profesora cambió su vida.



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Transcript

Esta historia que les voy a contar es de la primera y hasta hoy, con el único hombre al que le fui infiel a mi marido. Héctor y yo no teníamos una buena relación últimamente. Hace años estaba muy distante de mí. Ya no me abrazaba mucho, ni mucho menos me besaba. Las veces que nos besábamos era porque yo se lo pedía, y eran besos muy fríos, con los labios arrugados, como sin ganas.

Con respecto al sexo, si bien aún manteníamos relaciones sexuales, eran muy aburridas, básicamente consistían en que yo me tiraba en la cama abierta de piernas y sólo dejaba que me penetrara. Las relaciones sexuales entre Héctor y yo siempre fueron aburridas en general. La secuencia era la siguiente. Acordábamos que día y hora íbamos a tener sexo, cuando llegaba la hora me sacaba mi ropa, en la suya, me abría de piernas y directamente me metía su miembro en mi vagina.

Cabe aclarar que Héctor tenía un pene normal, era tan grueso como una salchicha, y no debía medir más de 12 centímetros. Al principio de nuestra relación, yo solía fingir los orgasmos, gritaba como una mujer de película porno, aunque no sentía prácticamente ninguna excitación. Todo cambió cuando empecé a trabajar como profesora en una escuela secundaria. Ahí fue donde conocí a Matías.

Él era un hombre muy lindo, mucho más atractivo que mi marido, más culto, más inteligente, más seductor, de 53 años, pero aclaró: yo en un principio estaba muy enamorada de mi marido. Yo tengo 34 años y a pesar de llevarnos casi 20 años con Matías, fue como que hubo conexión de inmediato. El tiempo transcurrió normalmente, y yo fui conociendo cada vez más a Matías.

Él era muy bueno conmigo, muy divertido y me trataba muy bien. No pasó mucho tiempo hasta que empezamos a salir juntos, primero con unos inocentes almuerzos, después salíamos a tomar algo juntos. Yo lo que le decía a mi marido cuando salía con él, es que los profes nos teníamos que quedar un tiempo más con las consultas de los alumnos, o bien que había reunión de personal.

Obviamente, Héctor me creía lo que le decía, ya sea porque no le interesaba o no sospechaba nada. Para el caso, era igual, porque yo la pasaba muy bien con Matías. Una de las veces que salimos a tomar algo, arrancamos desde muy temprano, o sea a las 18 horas, y a eso de las 21 ya me había tomado varias cervezas. Como estaba un poco borracha, Mati me invitó a tomar café a su casa, y yo acepté, porque obvio ya le tenía las ganas a Mati, aunque nunca supuse que esa noche iba a traspasar el límite.

Ni bien llegamos a la casa de él, que quedaba cerca del colegio en el que trabajábamos, me hizo rápidamente el café. Nos quedamos charlando muy de cerca, y entre risas, nos acercamos mucho, y él no dudó y me besó. Ni bien sus labios se posaron en los míos, sentí una adrenalina y pasión que no sé si alguna vez había sentido antes.

A los minutos de besarme, me metió su lengua en mi boca, haciendo unos movimientos que me volvieron loca, tanto fue así que mis flujos vaginales comenzaron a desprenderse de mi vulva como si fuera una canilla. Estaba tan caliente en ese momento, que lo agarré el pelo y comencé a besarlo con pasión, y era tanta la pasión que temía que se notara en mi respiración.

A los minutos no aguanté más, me saqué mi remera, luego mi corpiño, y él empezó a acariciarme las tetas como nunca me lo habían hecho, con movimientos circulares sobre la taza de mis tetas. hasta llegar a los pezones que ya los tenía durísimos. Después empezó a besarme por el cuello, y lentamente fue bajando hasta mis tetas, y comenzó a besar ambas como si fueran mamaderas.

Para ese momento estaba excitadísima, y me desabroché el pantalón, para luego sacarme la umbacha que estaba toda empapada, mis flujos vaginales colgaban de la umbacha como si fuera baba. Después les abroché su pantalón y vi cómo estaba en boxer. Me gustaba lo que estaba viendo, pero más me iba a gustar lo que vi después.

Una pija de unos 17 centímetros y casi tan gruesa como un chorizo, me volvió loca, así que inmediatamente se la empecé a chupar, algo que nunca le había hecho a mi marido, pero él no tenía algo tan chupable como la verga de Mati. Luego me acostó en la cama, e hicimos el 69, era increíble como me chupaba la concha, recorría con su lengua mis paredes vaginales. Luego comenzó a lamer mi clítoris, yo estaba en éxtasis. Así que me puse en posición de perrito en la cama, él se puso un forro.

Y ni bien me metió esa tremenda pieza gruesa que tenía, grité de placer genuinamente. Como nunca lo había hecho, él comenzó a serrucharme primero suavemente y luego con más fuerza y velocidad. Por momentos la metía profundamente y se quedaba quieto, y nos quedábamos completamente encastrados. Yo me sentía completamente llena de él. Así estuvimos, no sé cuánto tiempo, y ahí descubrí que era multiorgásmica. Hasta ese momento nunca había sentido algo así.

En un momento le pido que la saque y estiré mi mano hacia atrás y retiré el preservativo que cubría ese enorme miembro. Quería sentirlo totalmente, no hace falta aclarar que mi nivel de calentura había llegado a niveles que nunca había alcanzado. Cuando él eyaculó, lo hizo dentro de mí y realmente la cantidad de semen que largó rebalsó mi caliente vagina. Nos quedamos tirados en la cama, él encima de mí y con su miembro dentro de mí.

A pesar de haber acabado, sentía como la tía dentro de mí. Así fue que nos veíamos todos los días después del trabajo y me hizo lo que quiso, yo no podía ni puedo resistirme a sus deseos, casi que me he convertido en su esclava del placer. Más adelante les contaré otras cosas que hemos hecho. Espero que te haya gustado esta historia.

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