¡Buenos días! Esto es Emile Cardi, un podcast sobre tecnología en general, Apple en particular, productividad personal, cultura de internet y francamente cualquier cosa que me interese. Hoy es miércoles 9 de octubre de 2014 y este es el capítulo 2621. Yo soy Emile Cardi y aunque no te lo parezca, el de hoy es un capítulo de productividad. Hoy vamos a hablar de la mesa
del salón. Emile Cardi es uno de los podcast en activo más veteranos de España. 14 temporadas y más de 2600 capítulos, muchos de los cuales están acompañados al comienzo de tu jornada cada día. Ahora puedes apoyar directamente a tu podcast favorito suscribiéndote a Emile Cardi Premium, lo que te dará acceso a los capítulos exclusivos que se publican los lunes y los viernes. Además,
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pero si me conoces un poco sabes que yo soy todo lo contrario al minimalismo. Aún así, aún contuy con eso, sigo viendo demencial acumular cosas que no vas a usar, que no vas a revisar,
que no vas a mirar nunca de nuevo. Estos días en casa estamos teniendo un debate en ese sentido, Rocío y yo, porque ella es mucho de guardar determinadas cosas y yo soy mucho de que una vez que esas cosas están empaquetadas y listas para bajar al trastero, donde van a dormir el sueño de lo justo si jamás las vamos a abrir y jamás las vamos a mirar, en vez de bajarlas al trastero, das un giro en el ascensor y las sacas a la calle y las tiras a la basura. O al contenedor
de reciclaje o a los donativos o a donde tú quieras. Pero realmente acumular cosas que no, pues la verdad es que no. Y yo también lo he hecho. Yo también lo he hecho. Lo que pasa es que yo luego tiendo a ir aniquilando cosas. Es decir, son muchas cosas las que yo tengo guardadas, las que he tenido
guardadas, pero las que voy dando salida de forma inmisericorde. Porque es que al final, y ahora hablaremos de eso, tenemos muchas más cosas, muchos más bienes materiales de los que tenían generaciones anteriores y además nuestras casas son mucho más pequeñas y en cierta forma somos mucho más frívolos, somos mucho más tendentes a guardar mierda. Perdón, porque es que no es la otra forma de decirlo. O sea, acumular de forma absurda cosas completamente que no tienen sentido
ni valor ninguno. Pero bueno, a ver, que me estoy enrollando. Como digo, vivimos en casas de un tamaño más reducido de lo que lo han hecho generaciones anteriores y además la pandemia nos ha enseñado que los espacios comunes deben de poder ser usables y estar a disposición de todo el mundo en cualquier momento. En mi casa, pues paso lo mismo que en otras casas. Es decir, yo en el salón, pues tengo una mesa, la mesa del salón y pues como corresponde a una familia española de
clase media, pues es una mesa de madera, en mi caso un super noble. En otros casos no será de manera noble, pero es ese tipo de mesa monolítica en la que en el centro hay un jarrón, ¿por qué no? Un jarrón, pues a lo mejor con flores secas, este tipo de flores que ya no necesitas que estés ahí, dale que te pego, fotos, fotos de la familia, fotos de la boda, dale la foto de la comunidad de los críos, es decir, un montón de cosas encima que hacen que esa mesa no la uses nunca. Esa mesa está
ahí ocupando un espacio y simplemente está. Es posible que tu casa pues tenga ya un aire más moderno y que me estés preguntando de qué estás hablando, pero estoy seguro que en muchos hogares,
muchos hogares todavía existe o ha existido este tipo de mesa. Una mesa que como he dicho tiene tantas cosas encima que no la usas, solo la usas cuando llega el momento de usarla, el momento socialmente marcado de usarla que es ese momento que vienen a tu casa a comer, que vienen a tu casa a cenar, que encima tampoco es tan frecuente, con lo cual tienes una mesa tremenda ahí, todo lo
tremenda que tu salón te permite, que no usas, que no usas prácticamente nunca. Y en mi caso además odio esa mesa, la odio con cada fibra de mi ser, porque es una mesa como he dicho de madera, muy robusta, muy grande, muy incómoda, que duele intentar hacer cualquier cosa con ella. Es decir, si tú quieres abrirla y venga vamos a montar aquí todas las sillas que vienen mis padres a cenar, es insufrible. Si simplemente quieres usarla tú mismo de chill, es también insufrible, por muchas
circunstancias de las que ahora hablaré. Entonces yo he empezado a observar otro paradigma de mesa, quizá derivado precisamente del confinamiento, un momento en el que esa mesa empezó a tener otro tipo de protagonismo, nos quitamos todas las fotos de en medio y esa mesa es en la que yo me sentaba a diario a trabajar, mientras mis hijos se sentaban conmigo a hacer sus deberes, a hacer digamos
sus jornadas lectivas. ¿Por qué? Pues porque mamá, Rocío, estaba en el estudio dando clases online, entonces hasta que ya no terminara sus clases online yo tenía que estar allí compartiendo espacio y en ese momento recuperamos esa mesa y fue más evidente que esa mesa no era una mesa que quisiera ser usada, era una mesa que nos odiaban, nos odiaban a lo mejor tanto como nosotros la odiábamos a ellos, pero necesitamos recuperar ese espacio, necesitamos un espacio tan grande, en el caso de mi casa,
no puede estar condenado a la inactividad porque es antiproductivo. Entonces como digo, empecé a observar otro paradigma de mesa, una mesa a lo mejor pues que en mi caso, que mi salón es alargado, que es grande, no quiero una mesa extensible, yo quiero tener una mesa extendida, no quiero una mesa que se pueda hacer más grande, la quiero ya abierta, directamente no abierta, sino que si yo quiero una mesa que sea así de larga, es así de larga, no es una mesa que yo puedo
extender. ¿Qué dirás, tú qué más te dará de milcar? Sí, sí me da, sí me da porque cuando tú tienes una mesa extensible el tablero de la mesa no es simplemente el tablero, tiene como una especie
de faldón o barbilla que le baja, ¿vale? Debajo porque tiene que guardar todo el mecanismo de extensión o el trozo de madera que sale o lo que sea y como resultado cuando te sientas en esa mesa es muy posible que los mulos te rocen un poco esa barbilla que tiene la mesa, ese faldón que tiene ahí y que incluso en algún momento dado ese faldón o esa barbilla te imposibilite sentarte ágilmente en la mesa y tengas que hacer muchas maniobras, sacar la silla muy hacia atrás,
es decir, al final eso te lleva a no usar la mesa porque es incómodo, incómodo sentarte. Entonces como digo empecé a observar este paradigma de una mesa, pues si en mi salón me cabe una mesa de 0,95 de ancho por un metro 40 pues eso es lo que mide la mesa, no mide menos y la extiendo, no, eso es lo
que mide, así tengo el tablón arriba y las cuatro patas, la mesa más liviana posible. Como digo bien esto, si no sabes bien de qué te hablo piensa en algunas cafeterías modernas ahora, como por ejemplo Starbucks, aquí en el Starbucks que hay en el centro de Murcia hay una mesa gigantesca, evidentemente es un poco exagerar y ahí pues se va sentando la gente, te sientas al lado un desconocido,
pones tu ordenador y allí te pones a trabajar, ese tipo de mesa. Yo he empezado a ver esa estructura de mesas en más y más sitios, en casas de amigos, por qué no decirlo, en imágenes de Pinterest, propuestas de decoración de salones, es decir, esa idea empecé a verla y analizarla en más partes. Entonces claro, yo con mi mesa no puedo hacer eso, la estructura de mis salones no puedo hacer eso,
pero sí quise hacer algo parecido. Entonces la vacié de fotos, la vacié de jarrones y puse, giré la mesa para que fuera lo más accesible posible, para que las sillas que tengo tan
incómodas y odiosas como la mesa no lo resultaran tanto y que me permitieran más sentarme. Y realmente pues la cosa ha funcionado, es decir, eso ha hecho que la mesa la podamos usar un poco más, pero he dado un paso más adelante, es decir, he cambiado los muebles de la habitación para poder tener la mesa como yo quiero, la mesa completamente abierta y ocupando la primera
mitad de nuestro salón horizontal. En un primer paso para ver si ese paradigma con el que yo sueño pues realmente es tan práctico como yo pienso, quiero decir, antes de coger la mesa y tirarla por el balcón, ya que la tengo pues voy a hacer pruebas con ella. Entonces ya digo, la he puesto, sigue siendo incómoda, increíblemente incómoda, pero rápidamente ha mostrado con esa ubicación,
que es un espacio común mucho más usable, mucho más usable. Es tan imbécil mi mesa, que cuando, o sea, es una mesa que es cerrada, tiene espacio para cuatro puestos, es una mesa, digamos, alargada y tiene espacio para cuatro de sus estúpidas sillas. Entonces cuando tú la extiendes, dices, bueno, ahora que la extiendo, cabe más gente. No, cabe la misma gente. Cabe la misma gente porque han sido tan imbéciles que a la hora de extender la mesa no genera nuevos espacios
donde tú puedes poner sillas. Entonces lo que haces es que en las zonas laterales donde antes se había puesto una silla, pues ahora metes dos, porque arriba los dos que están ahí con las dos sillas encajadas tienen más espacio para mover los brazos o para poner los platos. Pero en las alas, en las alas de la mesa que se prolongan a continuación de las patas, ahí no cabe un
puesto entero. Si hubiera una guardia civil de las sillas y las mesas, aquí habrían entrado por la ventana hace tiempo, pegando tiros y lanzando balas de humo y llevándose, evidentemente, a la mesa y a las sillas presas directamente. Entonces, insisto, una vez que yo he puesto esta mesa abierta con todas
sus limitaciones y todas las estupidez, pues se ha mostrado más usable. Aunque tengo que sacar mucho cada silla, sentarme y meterme para dentro para no chocarme con esa rebaba, pues ya he visto que en el salón, como yo lo quiero poner después de la reforma, una mesa así tiene todo sentido. Además, no una mesa así, una mesa en concreto, porque hay una mesa que es la que quiero. Te dejo el enlace
en la nota del podcast para que la veas. Básicamente es una versión superior a la que tiene mi cuñado Paco, una mesa, la de mi cuñado Paco que me encanta y que además que ellos tienen esta idea de mesa en su salón. Tienen la mesa extendida, la suya es una mesa extensible y la tienen con unas sillas ahí, que es de las que ahora hablaré, y es una mesa en la que ellos se sientan habitualmente, porque la mesa te pide que te sientes y la puedes usar para absolutamente lo que quieras. Yo, como
ya he dicho, no me la voy a comprar extensible porque no quiero que se extienda. Quiero que la mesa esté siempre disponible. Además, yo tengo una familia grande, nosotros somos cinco, entonces yo quiero una mesa en la que en un momento dado nos podemos sentar los cinco sin necesidad de tener que abrir la mesa. Entonces la mesa que quiero comprar, que insisto te dejo el enlace en la nota del podcast,
mide 95 de ancho, es decir, la cabecera de la mesa tiene 95 y de largo tiene dos metros. Que alguno dirá coño, eso es mi salón entero. Bueno, pues sí, mi salón es grande, pero es alargado, es oblongo, es más ancho que largo y bueno, al revés es más largo que ancho y eso pues trae complicaciones, sobre todo
porque está orientado a norte y entra muy poca luz. Entonces la idea es que esta mesa de dos metros de largo ocupe la primera parte del salón y que esté ahí con tres sillas en cada lado dispuesta para que quien quiera se siente a hacer lo que sea. Tiene las esquinas, lo voy a decir, deliciosamente redondeadas y sus cuatro patas muy muy finas en dichas esquinas. Claro, como no es una mesa extensible, el tablero
es un tablero, la parte de arriba donde tú te apoyas es una tabla y ya está. No tiene esa barbilla que absurda que tienen las mesas extensiles que hace que te rocen los muslos cuando te vas a sentar si la silla es muy alta o peor aún que rocen los brazos de la silla, si es que son sillas
con brazos o con apoyabrazos. Para mí es vital tener este espacio a disposición de la familia, que sea un sitio donde más allá de otro sitio que tú puedas tener en casa, si lo tienes, que tengas un espacio donde tú puedes salir a trabajar, donde tú puedes salir a estudiar, donde puedes salir a hacer deberes, donde puedes salir a leer tranquilamente, donde puedes salir a clavarte ahí el portátil y el iPad y ver una serie o cualquier cosa. Es decir, que sea un
espacio realmente usable. Yo para trabajar estarás pensando, si escuchas este podcast con frecuencia y te acuerdas de todo el tostón que te doy, recordarás que yo tengo un estudio, un estudio que me costó una fortuna en el que estoy grabando ahora mismo, moqueta, cortina, fonosorvente, las mesas elevables, es decir, un entorno maravilloso para trabajar. Pero es que aquí hay más gente, quiero decir, Rocío mi mujer pues a veces está trabajando y requiere de que yo no esté. ¿Por qué?
Pues porque está dando una clase online, por ejemplo, o tiene una sesión o tiene una reunión también online o lo que sea, o está participando en un congreso o cualquier historia, al igual que yo a veces la molesto a ella grabando. En ocasiones yo estoy aquí grabando y quizás lo recuerdes,
ella está aquí al lado sin ningún problema, pero muchas veces eso tampoco puede ser. Entonces, necesitamos otro espacio donde poder estar, donde poder estar trabajando, donde aunque esté el estudio disponible, estar ahí en esa mesa mientras tienes un hijo o dos allí que están estudiando o que están haciendo deberes por si necesitan un cable o lo que sea o simplemente para cambiar de aires, pero lo que no tiene ningún tipo de sentido es que un espacio tan grande de la casa, de unas
casas tan pequeñas como las que tenemos ahora mismo, esté simplemente haciendo funciones de aparador y poniéndose encima fotos y flores secas cuando tendría que estar a disposición de todo
el mundo para trabajar, para disfrutar, para lo que sea. Entonces, ahora que ya tengo ese paradigma de mesa validado y que ya lo estoy usando, es decir, ya en casa de los últimos días, yo estoy saliendo allí a trabajar, estoy allí con el ordenador escribiendo este guión, por ejemplo, lo he escrito ahí mientras mi hijo Emilio estaba haciéndolo de vez de matemáticas porque a lo mejor con 11 años si lo dejo solo en su habitación se me despista y no estaba... la hora del día no era
como para dejarlo que se despistara y ahí hemos estado todos trabajando tan ricamente porque precisamente la mesa se ofrecía a ser usada. Como digo, ahora que tengo el paradigma de mesa validado y que he elegido la mesa, pues solo me queda buscar las sillas. Necesito unas sillas cómodas que inviten a sentarse. Importante esto, no con respaldo alto, sino que en ese respaldo que llega más o menos a mitad de la media espalda pero que te recoge bien los riñones y que tengan
reposabrazos. Para mí, los reposabrazos son fundamentales en esta vida, tanto en las sillas del salón como en las sillas del estudio. En la mí ahora mismo no tengo reposabrazos y lo he hecho mucho de menos. Como es fundamental en el coche. Mi mujer cuando se monta en el Citroën C4, lo primero que hace es coger el reposabrazo y quitarlo y yo necesito vivir con reposabrazos.
Entonces ahora estoy a la búsqueda de esas sillas. Insisto, sillas cómodas con un tapizado claro ya que estamos pidiendo, patas de madera, reposabrazos de madera y ese respaldo a media espalda que te recoge bien los riñones. ¿Por qué a media espalda? Porque si tú, una mesa de estas que llevo ya 15 minutos hablando de la mesa, de cómo te tiene que invitar a sentarte, a usarla que tiene que ser un espacio. Si tú le pones silla de respaldo alto, lo que estás creando es una muralla alrededor de la
mesa que no invita para nada a ser usada. Y el objetivo de toda esta historia es usar los muebles, sobre todo un mueble que potencialmente es el mueble más grande que tienes en tu casa y sin embargo lo tienes con la foto de la boda. Nada más, espero tus comentarios en mástodon a roba milcar a roba milcar punto social allá donde me encuentras en la comunidad privada de milcar
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