La paradoja de Unamuno, del amor a la aversión al ajedrez
Sep 15, 2016•40 min
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Ramón de Unamuno, nieto del escritor, pensador y filósofo Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864- Salamanca, 1936,) uno de los grandes intelectuales de nuestra historia contemporánea, visita "El Rincón del Ajedrez" para contarnos la paradójica relación que mantuvo su abuelo con el ajedrez.
Unamuno jugó al ajedrez con frecuencia, y tanta pasión prodigó que convirtió su afición en un problema existencial que lo atormentaba. Pasó del amor al odio, del entusiasmo febril por el juego a su reprobación. En 1910 José Pérez Mendoza, presidente del Club Argentino de Ajedrez, dirige una carta a Enrique de Vedia, director del Colegio Nacional de Buenos Aires, pidiéndole la introducción del ajedrez en los colegios. Esta carta, publicada en una revista especializada de ajedrez, cae en manos de Unamuno y decide intervenir escribiendo un artículo, de imprescindible lectura, titulado “Sobre ajedrez”, donde ofrece una visión no muy positiva sobre los posibles beneficios del ajedrez en los niños.
"Yo que, como he dicho, fui ajedrecista y hasta maniático del ajedrez en mi juventud, no veo las relaciones entre el juego del ajedrez y la pedagogía. Pensaré en ello, sin embargo. Aunque por ahora temo tratar a mis alumnos y discípulos como peones, alfiles, caballos y torres de ajedrez".
“..En mis mocedades, había caído bajo la seducción de la mansa e inofensiva locura del ajedrecismo..."
“Hubo domingo en que invertí lo menos diez horas en jugar al ajedrez”.
El artículo en cuestión fue incluido más tarde en su ensayo ‘Contra esto y aquello’ (1912), de ahí que se hayan interpretado sus consideraciones y críticas sobre el ajedrez desde un punto de vista filosófico o ensayístico, cuando realmente se trató de un artículo publicado en el diario La Nación de Buenos Aires el 2 de julio de 1910.
Sea como fuere, Ramón de Unamuno nos confirma que el ajedrez fue verdaderamente un hilo conductor, una suerte de obsesión que persiguió y acompañó a su abuelo durante toda su vida y obra. Ramón nos desvela un episodio extraordinario. Cuando el joven Miguel de Unamuno estudiaba Filosofía y Letras en Madrid solía jugar al ajedrez con un anciano del que no conocía nada, tan solo era su rival y compañero en el tablero. Mucho después, precisamente cuando escribe el artículo "Sobre el ajedrez", Unamuno hace referencia a esta extraña relación.
"En mi época de ajedrecimanía solía yo jugar con un ancianito que no parecía vivir sino para el ajedrez. Todas las partes me pasaba dos o tres horas jugando con él. Y jamás supe sino su nombre, que hoy ya no lo recuerdo. No sé de dónde, ni cómo era, ni qué ideas tenía, ni nada de su vida pasada".
Medio siglo más tarde, en 1930, Unamuno escribe su magnífica obra "Don Sandalio, un jugador de ajedrez" y he aquí que aquel ancianito de Madrid emerge en el personaje protagonista de un modo sencillamente magistral.
"Felipe se hace socio del casino local y en él conoce a Don Sandalio, un individuo silencioso que, cada día, juega sus partidas de ajedrez y, sin pronunciar palabra, se marcha. Un día, encuentra a Don Sandalio solo y se ofrece como compañero de juego. A partir de ese momento, Felipe piensa a menudo en Don Sandalio, sueña con él, pero cuando alguien quiere contarle algo de su adversario de juego, se niega a escucharlo; no quiere saber nada de su vida real, prefiriendo a su Don Sandalio, el que él ha creado, sin otros datos que los recogidos por él en el casino, como silencioso contrincante de ajedrez. Felipe se niega a conocer la realidad del hombre que juega con él, porque sólo le importa la ficción que él ha creado, ajena a toda realidad; la realidad de la ficción es para él tan definitiva como la realidad misma".
De todo esto y mucho más nos habla hoy Ramón de Unamuno, nieto de un hombre genial e inabarcable, un creador como pocos que quedó embrujado por el hechizo indescifrable del ajedrez.
Por cierto, en la biblioteca que tenía Unamuno y que se encuentra en su Casa Museo de Salamanca se conserva un curso de ajedrez del que fuera campeón mundial, Enmanuel Lasker (1868-1941), y una suscripción a la revista ‘Ajedrez español’.
Tras esta interesante charla volvemos con nuestras secciones habituales del programa. No se lo pierdan, sin duda merece la pena.
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