Hoy, el senador Insunza, ahora conocido como el licenciado Chaquiras, y ahora por un video. que se hizo tendencia en las redes en el que se le ve haciendo justicia por su propia mano. Acusaciones, señalamientos, colectivos feministas, todos le hicieron lo que el viento aguante. Les decía que los dueños del estadio Banorte intentaron hacerle una transilla a la mismísima FIFA. Parte del plan para recuperar esta lana incluye unos módicos paquetes conocidos como Hospitality.
Comida y bebida a precios exorbitantes porque si querías una experiencia mundialista prepárate para hipotecar. tecar tudepa en Polanco por unos nachos aguados y una cerveza quemada. Yo soy Chumel Torres y esto es El Pulso de la República. ¡Vámonos! Y esto es de regreso a El Pulso de la Mónica, muchachos. Besitos. Pongámonos barrocos y hablemos de pulir el sable, masajear la rata, desnucar la nutria, exprimir la marmota, afinar
el clarinete. Cualquier día que esas expresiones forman parte del argot mexicano para el amor propio. Y sí. también forman parte de una lista de requisitos indispensables que todo político, especialmente de Morena, debe reunir en su perfil, así como tener antecedentes, denuncias y carpetas de investigación por violación, acoso y delitos sexuales. ¿Por qué hablo de esto? Porque tal es el caso del senador de Morena y creador de la Manuela con investidura, Enrique Insunza.
quien además de enfrentar acusaciones por parte de fiscales en el Gabacho, por supuestos vínculos con los chicos malos, ahora debe responder a señalamientos por sus cochinadas durante su estancia en el Poder Judicial de Sinaloa. Así es, mis charlitos sacudidos, el senador... el senador Insunza, ahora conocido como el licenciado Chaquiras. ¡Lerololero! No, es cierto. Está viendo cómo
le llueve sobremojado. Primero, por los gringos que lo acusaron de asociación delictuosa y ahora por un video que se hizo tendencia en las redes en el que se le ve haciendo justicia por su propia mano, barnizando el San Juan, dictando una sentencia en firme. Vaya. Todo comenzó en el 2016. En ese entonces, Enrique Insunza, siendo presidente del Tribunal de Justicia de Sinaloa, andaba de calenturiento y se le ocurrió que la mejor forma de ligar con la jueza Ana Karina Aragón era mandándole
un video ahorcando... Lord Cable, pues. Nada que un WhatsAppcito insípido así de, eh, te viene el juzgado, te me hiciste bien guapa. No, no, no, no, no. El licenciado es un viejón de los de antes. Bragado, tosco, directo. Un video cochinote de, mire, mija, como Fermín en Roma. Obviamente el plan fracasó, la denuncia no se hizo esperar y la jueza interpuso una denuncia en la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra
las Mujeres y Trata de Personas. Pero resulta que en la oficina de partes le dijeron ¡Ay, fíjese que no se va a poder porque hay un conflicto de interés, licenciada! ¡No me sorprende que siendo araña no se sepa esa maña! ¡Póngase trucha, milico! El calvario de la jueza Aragón la obligó a acudir en ese entonces al elegido. a el uno con Dios, el mismísimo Andrés Manuel López, encubridor, y le pidió que intercediera a fin de que la fiscalía le diera curso a su denuncia y le dijeron que
no hay pedo. El gobernador, licenciado Don Rubén Rocha Moya, se hará cargo y pues, no hombre, si esa es la solución, pues mejor chingo a mi madre. O sea, no lo dijo, pero estamos seguros que lo pensó. La denuncia fue finalmente admitida y ahí sigue archivada en un cajón o nivelando algún escritorio en la fiscalía. Sin investigación, sin comparecencias, pero sobre todo sin consecuencias.
Tan es así que la denuncia no impidió el ascenso meteórico de don Enrique Insunza que pasó del tribunal a ser el secretario general de Sinaloa y ahora senador por Morena. Van. Ocho años y tres ascensos políticos y ni siquiera un estate quieto al licenciado. Acusaciones, señalamientos, colectivos feministas, todos le hicieron lo que el viento a Juárez. El expediente sigue ahí, acumulando polvo con la misma dignidad con que la justicia mexicana trata a las mujeres que
se atreven a denunciar. Mientras en la Fiscalía se hacen pendejos buscando el expediente de Insunza, hasta con linternas, una dependencia de gobierno sí hizo la chamba, pero de un gobierno extranjero. La Fiscalía de Estados Unidos exigió a la presidenta Sheinbaum la cabeza del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, así como de otros políticos ligados a la maña, entre ellos este señor, todo cochinote, pero bueno. Espérense que no hay más.
A ustedes no se les hace raro. que se volviera a filtrar el video del licenciado amándose a sí mismo justo en este momento. No me quiero poner conspiranoico, pero esto huele, no, no huele, apesta a plan con maña. Ahora verán, no queremos pensar que alguien le ofreció una escapatoria al senador Insunza, pero nos imaginamos así de, oiga, senador, yo tengo la solución, no le va a gustar nada, nada, nadita, pero igual la libra, fíjese. Refiltramos masivamente el video en el
que está queriéndose usted. Revivimos las denuncias en las que la acusan por andar de cochino y cuando los gringos nos exijan que lo entreguemos para que se juzgue a Nueva York por maleante, les decimos, híjole, fíjate que no se va a poder. Ahora sí, con toda la pena, no les podemos entregar al licenciado porque tiene un temita. Por aquí que lo andan investigando y pues ya saben cómo
es eso, no podemos entregarlo mientras. Así, mis querubines, el senador Insunza podría estar enfrentando acusaciones por abuso, violación y trata en México, que es como ver la risa en vacaciones. Se sabe que la fiscal Ernestina Godoy lo va a investigar con todo el rigor de las leyes. Es un decir. En vez de enfrentar la justicia norteamericana donde sabe perfectamente que podría pasar el resto de su vida tras las rejas. Así
que, bebecitos, ya se la saben. En México le puedes mandar un video todo cochinote a tu subordinada y te hacen secretario. Si andas de compadre con algún mañoso, te pagan una curul. Y si los gringos te ponen en la mira, Morena te rescata con su propio video. El sistema está funcionando perfectamente bien. Todo lo demás, las denuncias, los expedientes, las víctimas, carpetazo y al archivo. Y mientras tanto, el licenciado Chaqueta sigue... Sigue escondido, bien sentado y con las manos donde
Dios manda. Regresamos. Bebecitos, todos conocemos a alguien que siempre quiere hackear el sistema. Como tu tío que pide gasolina por litros porque según él así no lo van a robar. O la sobrina que dice y consigue vuelos más baratos pero termina haciendo tres escalas y seis días en llegar de Morelia a Cancún. O el clásico vecino que te roba el internet y todavía te lo hace de pedo si no lo pagas a tiempo. O como le decimos en
El Pulso, militantes de Morena. La semana pasada nos enteramos de que ese espíritu del chicle y pega, tan arraigado en nuestro glorioso México, no solamente arde en el corazón de tu primo facturero, perdón, estratega fiscal, también vive en los dueños del mismísimo Estadio Banorte. Ah, el Azteca, díganle bien, el Estadio Azteca. Así es, bebecito, resulta que los dueños del Estadio Azteca, digo Banorte, como quien, es que... ¿Para qué le cambian los nombres? Vancomer siempre
es Vancomer. Twitter siempre será Twitter. Y el negrito bimbo siempre va a delinquir. Les decía que los dueños del estadio Vanorte intentaron hacerle una transilla a la mismísima FIFA. Lo que es casi como querer meterle un gol financiero a mi tío Carlos Slim. O querer aplicarle un cámara, ya te la sabes, a un Brian. No, mis cielas. Hay niveles, güey. Esa triste historia empieza en
los años 60. Cuando se construyó el Estadio Banorte, que entonces se llamaba Estadio Azteca, y algún genio de las finanzas ideó una manera de financiar la construcción del Coloso de Santa Úrsula que no implicara sacar un crédito, atraer inversionistas o vender bonos, porque seguramente así no le tocaba a Moche. Así que tomaron lo que parecía la mejor decisión, vender pedazos del estadio a los fifíes de aquel entonces, que como era de esperarse, siguen siendo los fifíes de ahora.
Así fue como nacieron los palcos y plateas. Espacios que fueron vendidos con contratos de hasta 99 años. O sea, si comprabas un palco, básicamente podrías herarle a tu familia más estabilidad patrimonial que con una casa de infonavit, cabrón. La idea era simple, pero poderosa. Comprabas tu lugar y tenías asegurado tu derecho a entrar a cualquier evento celebrado ahí. Y con cualquier evento se referían literalmente a cualquier evento.
conciertos, partidos, el capítulo final del diario de Daniela, hasta el funeral de Chespirito, cabrón. Y entonces llegó la FIFA. La FIFA, bebecitos, no organiza torneos, básicamente coloniza estadios, así como los invasores de casas, pero de manera legal. y con el permiso de cobrar lo que se les antoje. Y es que la FIFA llega con un manual de operación de 400 páginas y actitud de Lennar Cortés que vive en la imaginación de los chairos para apropiarse de todos los asientos. Y cuando
les digo todos, es todos. Incluyendo las cubetas con las que se sientan los que venden cervezas en el estadio. Todos. Y aquí es donde algún empresario mexicano mañoso seguramente se quedó calladito. Como tú cuando de morrito tu mamá se estaba amadreando a tu hermano y tú mejor no le decías nada para que no le tocara también una madriza. Así de... ¿Qué le pasó? O sea, le quisieron esconder a la FIFA que hace décadas... que hace décadas habían vendido 15 .000 asientos del estadio y
que no podía disponer libremente de ellos. Obviamente la jugada maestra no le salió. Porque los dueños de los palcos, esa especie endémica de la fauna chilanga, compuesta por empresarios, mis reyes y juniors, cancelaron sus partidas de pádel para salir a defender sus derechos, mandando abogados a Profeco y ganaron. Así como lo oyen, por fin la justicia se puso del lado de nosotros, los ricos. Así que, Grupo Ollamani. dueño del estadio, ahora tiene que pagarle a la FIFA 62 .4 millones
de dólares. O sea, más de mil millones de pesos para solucionar un problema que ellos mismos causaron. Y uno pensaría que ahí terminó el asunto. Pero la FIFA, cuando no gana, arrebata. Resulta que parte del plan para recuperar esta lana incluye unos módicos paquetes conocidos como hospitality. O sea, comida y bebida a precios exorbitantes porque si querías una experiencia mundialista prepárate para hipotecar tu depa en Polanco por
unos nachos aguados y una cerveza quemada. Todo para que puedas ver el pinche Uzbekistán contra Mozambique desde la comodidad de tu palco que te le dio tu abuelo y por el que tuviste que pelear con tus tíos en la cena de Navidad del 2007. Además, la FIFA puso a la venta boletos de fase de grupo en cientos de dólares, paquetes VIP que cuestan más que una maestría en el TEC.
Y para que no se queje el Pópulo Bueno, una categoría económica de 50 dólares en las que te dan asientos tan arriba del estadio que ves el partido diferido aunque estés ahí, Carlos. Por supuesto que los más encabronados con todo esto son los dueños de los palcos, güey. Sí, esos señores que llevan décadas viviendo en la herencia del abuelo y de repente descubrieron algo devastador. Posta carísimo, cabrón. Y a eso le decimos que es el siguiente, culeros. Bienvenidos al México Real.
Pues sí, bebecitos. En resumen, el estadio Azteca se llama Azteca, ni modo. Intentó meterle gol a la FIFA y falló, por lo que ahora tendrá que pagar mil millones de pesos por el descaro. Pero ese dinero ni de pedo saldrá de sus bolsillos, sino de los dueños de los palcos y plateas a quienes les venderá algo a lo que ningún ricachón se puede negar. Una experiencia naca y carísima para poder subir historias al Instagram. Regresamos. Y eso fue todo por nuestra parte. Esto fue El
Pulso de la República. Yo soy Chumel Torres y esto fue El Pulso de la República. Los esperamos el jueves en punto de las ocho de la noche, güey. Yo voy, pero no me voy sin antes recordarles como cada semana que los amo, paps. ¡Vámonos!
