Bienvenidos a El Hilo, soy Eliezer Budasov. Hoy tenemos algo emocionante. Acabamos de estrenar la nueva producción de Central, el canal de series de Radioambulante Studios, y queremos compartir con ustedes el primer episodio. La serie se llama Las Reinas de Queens y cuenta la historia de un grupo de mujeres trans en el barrio de Queens, Nueva York, que pelean por el derecho a existir y a tener un futuro en medio de la violencia, la exclusión y las redadas.
Algunas son trabajadoras sexuales, otras son artistas y performers, y todas son inmigrantes latinas. Escuchar sus historias en esta época, en que las redes y los medios se han convertido en plataformas para lucrar con el odio y la división, funciona como un hechizo. Porque, a pesar de tener todo en contra, han encontrado formas de evitar que eso las defina. Y más aún, han conseguido que no les arrebaten la alegría.
En los 10 episodios de la serie seguimos sus luchas, pero también las acompañamos a los shows de invitación y a los concursos de belleza donde compiten para convertirse en las nuevas reinas de Queens. El capítulo que les compartimos hoy está increíble. Su protagonista es una pionera, la reina madre de las mujeres trans latinas de Queens, la que mostró que ayudar a las demás era una forma de construir comunidad,
y que una comunidad unida tenía poder. El próximo episodio se publica el jueves que viene, 16 de abril, en el canal de Central y en centralpodcast.audio. Cada jueves sale uno nuevo. Ok, hacemos una pausa y volvemos con el episodio.
Hola, un aviso antes de empezar. En esta serie hay contenido sensible que incluye violencia, drogas y lenguaje sexual. Les recomendamos discreción. Alexa tenía 28 años. Vivía en las calles de San Juan, en Puerto Rico. Solía deambular por los barrios de la capital con un espejo en la mano. Se decía que la usaba para asegurarse de que nadie la seguía. No se sabía mucho sobre ella. Se creía que su familia la había echado de casa y que padecía algún
tipo de enfermedad mental. La tarde del domingo 23 de febrero de 2020, entró en un baño de mujeres en un McDonald's de San Juan. Unas personas le tomaron fotos. En las redes sociales se corrió el rumor de que un hombre vestido de mujer estaba usando un espejo para espiar a mujeres en el baño. Algunos decían que había que hacer algo. La madrugada siguiente, el cuerpo de Alexa apareció en un descampado de San Juan. Tenía varios impactos de bala en el cuerpo.
Y ahora vamos a Puerto Rico, donde están buscando a los familiares de la mujer transgénero que fue baleada y abandonada.
La noticia del asesinato tan brutal a Alexa, una mujer trans, se esparció por la isla y por el mundo. Se organizaron protestas. Hasta Bad Bunny reclamó.
Ser trans en América Latina significa tener una esperanza de vida de no más de 35 años.
En el 2020, el año del asesinato de Alexa, nuestra región fue una de las más peligrosas del mundo para personas trans. Y por eso, a los pocos días que ella muriera, y a miles de kilómetros de distancia, en la ciudad de Nueva York, un grupo de mujeres trans latinas decidió organizar una vigilia en su honor. Es que era como si hubieran matado a una hermana, o una hija, o a ellas mismas.
Todas somos alexas, todas pensamos que nos van a caer encima porque somos trans. Yo tengo miedo de caminar y están en una ciudad que se supone que es segura.
La vigilia la organizó la Comunidad Trans de Puerto Rico en Nueva York. A ellas se unieron mujeres de muchos otros países latinoamericanos. Eran trans, indocumentadas y además, en muchos casos, trabajadoras sexuales. Esa noche en un parquecito de la Roosevelt Avenue, en el barrio Jackson Heights del condado de Queens, abajo del paso elevado del metro, se reunieron alrededor de 50 personas. Entre ellas estaba una mujer trans, se llamaba Lorena, de
casi 60 años, mexicana. Lorena era quizás la persona con mayor autoridad y prestigio en ese lugar. Pero esa noche permaneció en silencio, escuchando en primera fila a sus compañeras, o como ella las llamaba, sus pájaras. Es
muy importante que intentamos que este trabajo nos compete a todas. Que no es una cuestión solo de puertorriqueñas, de negras, de latinas. Es una cuestión de unirnos como comunidad trans. No importa nuestro color de piel.
La que habla es Liam Winslet, también trans, ecuatoriana.
Me acuerdo que nosotras habíamos tenido una protesta aquí al frente de la oficina, en el parquecito de aquí.
Liam y Lorena eran íntimas amigas, colegas y compañeras de lucha. Si alguien sabía lo importante que era Lorena para la comunidad trans latina de Nueva York, esa
era Liam. Pues fue la, siempre decimos la madre de Queens, la reina de Queens, pero siempre fue la Queens de aquí. Entonces ella es como esta reina aquí del área de Jackson High.
Una reina, sí. pero también un acompañante sin la necesidad de acaparar la atención, como aquella noche fría en Queens.
Me acuerdo que esa fue la última acción que hicimos, donde Lorena estuvo, estuvo toda la comunidad unida, y ya habíamos escuchado como unos días, semanitas antes, de que había una situación ahí con un virus que andaba por ahí, pero nosotros, ay, no va a llegar nunca, eso no va a pasar, y no sé qué.
Ese virus era el COVID-19, el coronavirus. Yo
creo que era como al final de febrero, no me acuerdo exactamente bien, porque esa etapa la he bloqueado, de mi mente porque fue bien difícil.
Ella es Cristina Herrera, también trans, nacida en El Salvador y una de las amigas más cercanas de Lorena.
Yo le decía a Lorenita, trata de no salir mucho, trata de no... porque ella iba a visitar a muchas chicas de la comunidad.
La ciudad se ha convertido en una ciudad fantasma, pero el número de contagios y de fallecimientos sigue aumentando.
Ella me decía que sí, que iba a disminuir así la cantidad de personas que miraba y eso, pero... Lorena siempre era muy generosa y entonces ella continuaba haciendo su trabajo laboral, así de alcance comunitario.
Es que Lorena era insustituible. Nadie como ella había protegido durante tantos años a la comunidad.
Me acuerdo que ella me dice, pájara, esta situación está bien difícil porque ya algunas chicas también la habían llamado para decirle que ellas también habían salido positivas de COVID. Ella me dijo, Lien, tenemos que hacer algo para ayudar a las pájaras. Porque muchas de ellas están sin comida, algunas de ellas están preocupadas, algunas no quieren salir por miedo. La
cifra de muertos en el estado de Nueva York se ha duplicado en solo tres días. Los médicos están desbordados y alarmados por la rápida propagación del virus.
Lorena a los días me dijo, Lía, me siento mal. Estoy sintiendo fiebre, me siento con dolor de garganta, me duele el cuerpo. Y yo como, ¿cómo? O sea,¿ cómo te está?¿ Qué sientes? Y me dice, es esto, estoy sintiéndolo. Y ya tengo como dos días con temperatura y bla, bla. Le digo, no, pues vámonos al hospital.
Mientras, otras amigas estaban al pendiente de ella.
Me llamaban a mí. Y como Liam, que es de Lorena, nos han dicho que está grave, no sabemos de ella, qué ha pasado.
Pero ni Liam ni Cristina sabían exactamente lo que había pasado con ella.
Solo nos dijeron, la trasladaron, pero nadie sabía dónde. No sabíamos dónde la habían trasladado. O sea, la ambulancia la había movido a otro hospital, pero nadie sabía qué hospital.
No la podíamos encontrar. No sabíamos a dónde ella estaba, en qué sistema así médico estaba
Entonces, entre todos, como, ah, mira, no hay ninguna forma,¿ cómo podemos...? Alguien que pudiera preguntar, nadie quería salir. O sea, había un miedo ahí total. Y si íbamos al hospital, era innecesario porque no te iban a dejar entrar. Entonces... Hubo una preocupación muy, muy grande. No sabíamos ni para dónde ir ni qué hacer
Qué haremos sin Lorena? En medio del caos y el miedo de la pandemia, esa era la pregunta que sus amigas hacían mientras la buscaban. Y esta es la pregunta que intentaremos responder a lo largo de los siguientes 10 episodios. Cuando un grupo de mujeres con tanto en contra pierde a su madre adoptiva, a su mayor defensora, a su reina,¿ cómo salen adelante? Desde Central Series y Radioambulante Estudios, esto es Las Reinas de Queens. Soy Rula Ávila Muñoz. Episodio 1.
Santa Madre Reina. Hay tantas grabaciones de Lorena Borjas. Está Lorena en los noticieros, Lorena en las marchas, y Lorena en las charlas de la Comunidad de Mujeres Trans de Nueva York. Pero aquí vamos a empezar con una Lorena más íntima. En el año 2012, Guillermo Flores, un documentalista español, visitó a Lorena en su pequeño departamento de Queens. Y mientras ella se preparaba para salir de noche, él la grabó. Estamos escuchando el audio de ese video.
El accesorio. Los accesorios.
Lorena, por entonces
de 52
años, está sentada frente a un espejo grande y un estuche lleno de pinceles y pinturas de maquillaje.
No he lavado mis brochas.
Empieza a empolvarse su rostro, robusto. Ya tiene unas cuantas arrugas. Se delinea los ojos, pequeños y pícaros.
Puedes creer que me quedé sin pega de pestañas?
Se peina, se recoge el pelo... Y se pone una peluca de trenzas en forma de corona.
Dicen que los hombres no deben llorar
por una mujer. Se pone unos pendientes grandes y dorados. Se ve mexicanísima. Desde que tenía seis años sabía que era una mujer.
Y yo deseaba verme así, como una vedette mexicana. No sé si la has escuchado. Se llama Lee May. Una artista famosísima mexicana. Y yo era fanática a ella. Yo decía, yo quiero verme como esa mujer, guapa y linda. Y yo siempre estaba jugando con las muñecas de mi hermana. Siempre estaba haciendo como cosas de costura. Y me decían mis hermanos, a ti te van a gustar los hombres, ¿verdad? Y yo decía, ay no,¿ cómo crees? No a mí me van a gustar las mujeres. Pero yo decía, jamás.
Y yo me reía por dentro. Yo digo, pero que ellos no me ven.
Lorena se mira en el espejo durante varios segundos. Sonríe con coquetería. Ella es Lorena. Cruzó la frontera en 1981, por el río Bravo, cuando tenía 20 años.
Yo la verdad, cuando yo vi ese río, yo no quería cruzar. Yo pensé, yo me regreso a mi México. No,¿ qué voy a hacer? A buscar otro país, decía yo en mi mente. Pero pues ya estaba ahí. Yo dije, ni modo.
Se fue hasta Nueva York. Quería estar en un lugar donde pudiera hacer su transición hormonal de forma segura. Porque en México, pues no existía eso. Pero el Nueva York que se encontró era muy distinto del que imaginaba.
En ese tiempo Nueva York era una ciudad llena de graffiti, llena de crimen.
Esta es Cristina de nuevo. Llegó a la ciudad en 1985, a los 16 años. Estaba llenándose también de...
de personas que tenían problemas con sustancia, crack, empezaba a acabar con muchos neighborhoods acá.
Las epidemias del crack y del VIH estaban en su peor momento. La comunidad LGBTQ era particularmente vulnerable. Además, era una época donde no se hablaba sobre las diferencias entre una persona gay o bisexual, mucho menos una persona trans. Así que hacerse un hueco era difícil.
En ese tiempo no teníamos espacios así seguros para nosotros congregar. En esa época era o jangueabas así en las barras, jangueabas en, digamos, en sitios como las estaciones de tren, ciertas estaciones de tren y Port Authority.
Port Authority, la estación de autobuses en el centro de Manhattan, por la calle 42 y octava avenida.
Entonces todos los días después de trabajar nos íbamos a la 42, ahí es donde nos encontrábamos con otras personas trans, otras personas que eran LGB.
Un lugar para platicar. ligar, incluso hacer cruising, tener sexo en lugares públicos.
Como que para mí fue una experiencia bien bonita porque ya no era solo preocupación, incomodidad, sino que era también como que esa quizá va a ser mi nueva familia.
Y fue allí, por 1987, donde Cristina conoció a Lorena.
Uno la miraba por la calle y me decía, este es un schoolgirl, porque tenía sus dos moñitos. uno en cada lado, así sus ganchitos, así bien a lo niña estudiantil. Entonces ahí es cuando me la presentan, me dice, hola mami,¿ cómo estás? Y me saluda. Y en esa época también como ahora, así nos damos un abracito así, como para como que así reafirmar que somos parte de la comunidad.
Por entonces Lorena llevaba ya unos seis años en la ciudad. Había encontrado trabajo en una fábrica de correas en el Garment District, a unas cuadras del Port Authority. También estaba en pleno proceso de transición. Además, ya tenía su residencia. La consiguió con la amnistía que el presidente Reagan dio a los inmigrantes sin papeles en 1986. Y estudiaba contaduría. O sea, le iba bien, relativamente. Pero poco después, en el 89, perdió
su trabajo en la fábrica. Y mientras más avanzaba en su transición, más difícil era que la contrataran en otros lados. Cristina lo explica así.
Una persona trans no nomás podía ir a un sitio, a un McDonald's y decir, quiero aplicar para una posición, a trabajar de cajera, se reían en tu cara. O cogían tu resumen y lo tiraban en la basura, hasta a veces en tu cara, porque no había leyes que nos protegían. Digamos, había tanta ignorancia. Al
iniciar los años 90, Lorena ya no encontraba oportunidades. La discriminaban y le faltaba dinero. Y eso la empujó a hacer trabajo sexual. un delito penalizado con hasta tres meses de cárcel en el estado de Nueva York. Muy pronto conoció a una mujer que le conseguiría clientes a cambio de una parte de las ganancias. Sin saberlo, Lorena se convirtió en una víctima de una red de tráfico de personas. Empezó a caminar por la Roosevelt Avenue. Recuerden esta calle
porque la visitaremos muchas veces en esta serie. La Roosevelt es una de las avenidas más importantes de Queens. donde las trabajadoras sexuales se reunían y se reúnen por las noches.
En ese tiempo, cuando ella llegó aquí, era difícil ser trans, ser trabajadora sexual.
Esta es Liam de nuevo.
Era muy fácil acceder a las sustancias. En ese tiempo Lorena usaba sustancias, usaba alcohol. Y ella lo contaba abiertamente, ¿no? Ella decía, yo soy una sobreviviente porque fui abusada por el sistema.
Por ejemplo, si un cliente quería tomar alcohol, Lorena tenía que acompañarlo. Si el cliente quiere usar drogas, también.
Nadie sabe lo que estás viviendo. Si tú tienes un cliente, el cliente te paga mil dólares, tú no vas a decir no, porque en ese momento tú necesitas los mil dólares. Ella decía, cuando yo me iba con mis clientes, yo me iba a un hotel y no salía hasta después de cuatro o tres días, porque el cliente me pagaba por cada día por estar con él.
Era un círculo vicioso. Poco a poco el consumo se fue convirtiendo en un sustento y también en un consuelo.
Ella ya era una persona alegre. sin estar bajo la influencia de alcohol o droga. Pero cuando sí estaba bajo la influencia, era mucho más alegre. Nos hacía como que reír más, los normalizaba más, los ayudaba a olvidar más nuestros problemas.
Porque Cristina también era una trabajadora sexual. Y salir a la calle de noche era un estrés enorme.
Cuando uno a veces le empieza a decir la vocecita como que ser trans no es lo mejor o venir con complicaciones... Ella nos ayudaba como que a neutralizar o aliviar ese tipo de pensamiento.
Ella decía, Lian, cuando yo era muy joven yo hacía tantas cosas porque pues sentía tanto dolor, tenía conmigo muchos recuerdos, muchas heridas de mi vida, mucho abuso también, ¿no
Fue por entonces que Lorena contrajo VIH. Recibir una noticia así en aquella época, cuando apenas existían tratamientos, era como si te condenaran a muerte. Pero además Lorena también sufría violencia doméstica con su pareja. Y como trabajadora sexual, era blanco constante de los abusos de la policía en la Roosevelt Avenue.
Trabajando en la Roosevelt, en esa época las trans éramos como presas más fácil para que los policías hicieran su cuota. Porque la Roosevelt en esa época estaba llena de vendedores de droga. Ellos descaradamente vendían en las esquinas. Pero la policía con quien se metía era con las trans, porque las trans nunca íbamos a pelear para atrás.
A lo largo de los años 90, Lorena fue arrestada varias veces, siempre por razones ligadas a su trabajo sexual. Toda esta historia del penal fue suficiente para que no se atreviera a renovar su residencia. Tenía miedo. Y así Lorena empezó a vivir sin papeles. Cayó en una precariedad extrema. Liam lo resume así.
Ser una mujer trans, ser latina, ser una mujer de color, ser inmigrante, vivir con VIH, no hablar inglés, se convierte en una barrera constante.
Acá Lorena de nuevo.
Yo iba a un grupo de apoyo aquí en Quincy. Y en el grupo de apoyo había chicas trans que estaban en uso de droga, que estaban en uso de alcohol. Y yo decía,¿ pero cómo le voy a dar consejo cuando yo también bebo? Cuando yo también... de una u otra forma uno se droga, de otra manera se hace borracha. Pues como que no me miraba yo dándole un alcance a una chica.
Pero comenzó a hacer justo eso, alcanzar a sus compañeras, ir a donde ellas fueran para ayudarlas. Lorena se conocía de memoria las calles que frecuentaban las trabajadoras sexuales y los clubs de la Roosevelt Avenue en donde se reunían las mujeres trans latinas. Empezó a visitar esos lugares con un carrito lleno de condones para repartir. Algo que hoy suena a poca cosa, pero que en los años 90 era
muy arriesgado. La policía te podía arrestar y acusar de prostitución si encontraba tres condones o más en tu bolsa. Así de duras eran las leyes contra las trabajadoras sexuales.
Yo mi trabajo lo aprendí de la calle, lo aprendí con las muchachas. Yo misma tuve problemas muchos percances con la policía, y por no estar bien informada, qué puedo hacer, dónde debo ir, quién me va a ayudar, pues nadie sabía.
Lorena no ponía límites a su ayuda. Un ejemplo, muchas veces los albergues de la ciudad, los que se supone que daban refugio a las poblaciones vulnerables, rechazaban a las compañeras de Lorena por ser trans. Entonces, ella las invitaba a su casa.
Cuando tú llegabas a la casa de Lorena, tú te preguntabas siempre como por qué ella tenía esa cama chiquita doblada en la entrada de su casa. O sea, tú decías¿ por qué? Hasta que ella decía, no, porque a veces las pájaras cuando vienen, yo sé que muchas de ellas no saben dónde quedarse, entonces tengo esa camita porque yo sé lo difícil que es cuando no tienes un lugar seguro donde dormir. Entonces muchas compañeras, y me incluyo, pasamos por esa cama de Lorena, ¿no? Era como algo muy sagrado.
Ella podía renovar su casa, arreglar su casa, cambiar cosas, pero su cama siempre tenía que estar ahí para alguna de las chicas que lo necesitara.
Y me decía la gente, Lorena, tú me suenas como que a ti te gusta el activismo. Y yo le dije,¿ qué es eso de activismo? Dice, el activismo es lo que estás haciendo. Y yo le digo, lo que yo estoy haciendo a mí me gusta dar la ayuda y tampoco me gusta la injusticia.
Así pasó varios años con un activismo de calle. Hacía lo que podía, pero en esa época el VIH seguía propagándose y la policía no paraba de acosar a las trabajadoras sexuales trans. Pues un buen día
pasaron un viernes, arrestaron a ocho chicas, otro fin de semana arrestaron a doce, otro fin de semana arrestaron a cinco y así, así, así. Un buen día dije no. Lorena Borjas se tiene que poner los pantalones.¿ Quién va a hacer ese trabajo? Lorena Borjas. Lorena Borjas es la que va a ver por estas chicas que no tienen voz ni voto.
Ya volvemos. Estamos de vuelta en Las Reinas de Queens. A inicios de los años 2000, los obstáculos a los que se enfrentaban las mujeres trans latinas en Nueva York eran muchísimos. La transfobia, la precariedad, la violencia de la policía. Pero entre todos ellos había uno mucho menos evidente. La invisibilidad. Casi nadie sabía cuáles eran los problemas y mucho menos
las necesidades de la comunidad. Y allí entró Lorena. Comenzó a tejer una red de contactos con organizaciones de toda Nueva York, con clínicas de salud, activistas y abogados de inmigración. y les llevaba las historias de la comunidad para que supieran lo que estaba pasando.
Llevamos los testimonios a una mesa, a un panel de discusión, cómo podíamos usar para decirle a la policía, decirle a la policía de la Ciudad de Nueva York que lo que estaba pasando era injusto, por qué tantos arrestos, por qué tantas niñas transgénero deportadas.
También empezó a acompañar a pacientes con VIH, en una época en la que el estigma pesaba mucho. Cristina nos contó que Lorena los conectaba con servicios sociales y médicos, desde hacerse un examen de VIH hasta recibir un tratamiento.
En esa etapa, mucha de la comunidad no quería ser vista o ser asociada, digamos, con una clínica que tenía que ver con servicios de apoyo para personas que viven con VIH. A veces Lorena iba a otros sitios como Long Island o iba para Westchester. para que las personas pudieran recibir ese servicio libre de la preocupación que alguien las iba a ver y las iba automáticamente categorizar como ya una persona que ya estaba viviendo con el virus de VIH.
Y esa ayuda de Lorena fue multiplicándose.
Porque eran cientos de personas que ayudó, eran cientos de citas que ella fue, había personas que quizás necesitaban una sola cita y ya estaban bien ayudándose. pero habían clientes que necesitaban que las acompañaran cinco o diez veces y Lorena estaba ahí para poderles ayudar.
Pero entre todos esos apoyos, todavía faltaba algo.
Las chicas salían, pero no tenían un sitio seguro, un sitio donde ellas podían ir a discutir sus problemas, un sitio donde ir a pasar un buen rato, una tarde.
Alrededor del 2008, Lorena consiguió un espacio en Queens para reunir a chicas trans y dar charlas sobre sus derechos. Luego entró a la Junta Directiva de Translatina Network, una organización cofundada por Cristina en 2009. Su objetivo era tener una institución hecha por la comunidad, para la comunidad.
Nosotros no empezamos recibiendo así dinero del gobierno, de fundaciones. Nosotros para las MetroCards, para la comunidad de los grupos, teníamos que ir a hacer rifas en las discotecas, allá en los clubs en Queens.
Los clubs donde muchas mujeres de la comunidad se reunían. Y en el 2012, Lorena se alió con Chase Estranjo, un abogado trans muy prestigioso en Estados Unidos, para fundar el Lorena Borges Community Fund. Su objetivo era conseguir fondos para pagar las fianzas de mujeres trans encarceladas. Esta es Lorena hablando sobre un caso que la marcó mucho, el de dos chicas trans que se enfrentaban a 12 años de cárcel.
El asunto fue que estas niñas las incriminaron diciendo que por el crimen fue intento asesinato con robo, cuando estas chicas no estaban haciendo nada más que caminando por la calle.
Y yo personalmente las conocía. Y cuando me dieron esa noticia, que estaban presas y las estaban acusando, que no había de ninguna otra manera que se pudieran ellas liberar de esa acusación, yo dije, no, yo voy a buscar los recursos que sean, Toqué agencias, una agencia me decía no, la otra no, otra que tal vez, la otra que te avisamos. Hasta que una agencia hubo y dijo que sí. Dijo, no Lorena, yo voy a asumir este caso y vamos a ir hasta donde tengamos que ir. Yo estuve en
la corte 19 meses metida con ellas. Igual, ellas estaban presas adentro, pero yo estaba como quien dice presa afuera, buscando los recursos como podíamos hacer para liberarlas.
Si alguien necesitaba medicinas en la madrugada, Lorena respondía. Si había que acompañar a una detenida a comisaría o a un juicio, allí estaba. A veces no comía más que un pedazo de pizza o un sándwich a lo largo del día. El cansancio la acompañaba siempre. En la década de 2010, el panorama para la comunidad trans en Nueva York era, si no optimista, por lo menos prometedor. Había más visibilidad
en comparación con las décadas anteriores. Se estaban aprobando leyes que protegían a las personas trans y la ciudad parecía convertirse en un refugio para ellas. Para ese momento, Lorena había tejido una red inmensa de contactos. El gobierno local la había reconocido por su trabajo. Incluso, en 2015 pudo fundar su propia organización, el Colectivo Intercultural Transgrediendo. Era una pequeña oficina en un sótano bajo la Roosevelt Avenue, a unos
metros de donde ella había sido trabajadora sexual. Es
difícil siempre recordar todo su trabajo increíble
porque había tanto de él. Ella es Lindy Ayers, una abogada especializada en casos de trabajo sexual y tráfico humano. Trabajó con Lorena durante años defendiendo a personas trans encarceladas. Lindy nunca olvidará uno de esos casos. Un acusado, menor de edad, necesitaba que alguien lo representara. Y Lorena le dijo, Linley te va a ayudar.
Linley aceptó, claro, pero el chico no confiaba en ella.¿ Por qué lo haría? Nadie nunca había creído en su historia. Y Lorena simplemente tomó su mano y la puso en su espalda y dijo, Linley te creerá
Lorena puso su mano en el hombro del chico y le dijo,« Lindley te cree. Sabe que no estás mintiendo». El chico aceptó. Ese era el poder de Lorena. Sembraba confianza donde no la había.
Pero a pesar de todos los logros que tuvieron juntas,
A Lindley le frustraba no poder ayudar a Lorena con su propio caso migratorio. Recordemos, Lorena no tenía papeles.
Y yo veía cómo ella se estresaba.
Liam de nuevo.
Porque decía, Liam, yo he ayudado a tantas personas y cómo no me voy a poder hacer ciudadana, cómo no puedo tener un estatus.
Y eso significaba que podían deportarla en cualquier momento. El riesgo aumentó cuando Donald Trump llegó a la presidencia en el 2017. y comenzó a endurecer sus políticas migratorias y su postura hacia la comunidad trans. Ya hablaremos más sobre esto en otro episodio. Pero fue en ese ambiente cada vez más tenso que Lindy se atrevió a abrirse un camino por el laberinto legal en el que estaba metida Lorena. Necesitaban una solución urgente y atrevida. Decidimos hacer un perdón al gobernador
de lo que Lorena estaba nerviosa,
En vez de pelear su caso en una corte, iban a pedirle un perdón al entonces gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, un demócrata. Al inicio Lorena no estaba muy convencida.
Ella estaba preocupada, estaba muy asustada porque ella decía,¿ y si no me lo da?¿ Cómo va a haber un gobernador a una persona trans, a una mujer trans, y le va a dar esa oportunidad de tener un perdón?
Pero si lo obtenía, Lorena podría renovar su residencia y pedir la naturalización. y quizás volver de visita a México. Era algo que le había prometido a la Virgen de Guadalupe cuando llegó a Estados Unidos en los años 80. Así que durante meses, Lindley le ayudó a Lorena a montar su caso. En una carpeta de cientos de hojas, recopilaron testimonios de todo el trabajo comunitario que Lorena había hecho a lo largo de décadas. Cartas de políticos, de activistas...
de muchísimas personas a las que ayudó. Esa carpeta vive hoy en el colectivo Transgrediendo, que Lorena fundó y que Liam dirige.
Aquí habla de toda su historia, habla de sus casos criminales, su cambio de nombre, las cartas que muchas de nuestras compañeras le dimos.
Estimado Gobernador Cuomo, el motivo de esta carta es para presentarle
quien forma parte del colectivo Transgrediendo, que nos leyera fragmentos de esas cartas.
Estoy escribiendo esta carta para que perdone las convicciones de Lorena Borjas. La conocí hace dos años en una discoteca donando condones. Lorena Borjas es una pieza clave en nuestra comunidad trans. Gracias a su esfuerzo es que ahora las chicas trans contamos y somos parte de la sociedad neoyorquina. Desde que le conté mi problema a Lorena Borjas con el cambio de mi nombre, ella siempre se preocupó por el seguimiento y le agradezco haberme guiado en toda mi transición.
Yo no sabía dónde acudir en caso de caer presa, no tenía conocimiento de mis derechos o ser una chica transexual. Por favor, necesitamos a Lorena Borjas con nosotras, ya que si ella no está presente, seremos una vez más vulnerables en esta ciudad. Y es por eso que estoy pidiendo, honorablemente, que le den otra oportunidad. Sin su ayuda, no podríamos salir adelante. Gracias por escuchar mi humilde testimonio y confío en que usted le dará esa oportunidad a la señora Borjas. Ella se lo merece.
Lili y Lorena le enviaron la carpeta al gobernador y esperaron. Fueron meses de incertidumbre, hasta que en diciembre de 2017... Cuando ella
la llaman, ella dice, Lian, este número me está llamando, pero yo no sé quién es este número y no voy a contestarlo. Hasta que su abogada la llamó y le dijo, no, te están llamando de la oficina del gobernador. Entonces vuelta la volvieron a llamar. Y estábamos en la oficina las dos así y Lorena alza el teléfono y contesta. Y le llaman y le dicen, no, lo que pasa es que estamos llamándola porque el gobernador ha pensado en darle el perdón y Lorena no se creía la historia.
Ella es como, no, lo que me estás diciendo es broma, no es real. Es una estafa.
Pero era real. Lorena lloró.
Según
Lindley, Lorena nunca debería haber tenido que pedir perdón. Sus condenas tendrían que haber sido anuladas hacía mucho tiempo. De cualquier forma, con el perdón, Lorena pudo sacar la ciudadanía y volver por primera vez en 40 años a México. Y Liam la acompañó en la Basílica de la Virgen de Guadalupe.
Eso fue un día entero. Un día entero. Oye, Lorena me llevó a conocer todo. Yo había ido a la Basílica, pero solo como a la Basílica, como tal. Lorena me llevó a esos jardines por atrás. Mira, me dice esta iglesia. Cuando yo venía aquí, no había estos pisos. Y me decía Liam, esto no existía. Ahora esto está bonito. Era una emoción. Me acuerdo que hasta nos tomamos un,¿ cómo se llama esta sopa? Un pozole, saliendo de la basílica. Oye,
una cosa así, ella estaba tan gustosa. Me dice, no hay que comer tan tarde el día porque luego me va a doler la barriga. Pero igual solo comí.
Así era Lorena. Tenía un apetito enorme. A sus casi 60 años, era como si apenas estuviera empezando a demostrar quién era. Ya volvemos. Estamos de vuelta. Vamos a dar un salto hacia el 2012. Ese año, a finales de mayo, Liam conoció a Lorena. Fue en Filadelfia, en una conferencia sobre el acceso a la salud en la comunidad trans. Liam había viajado desde Ecuador, donde todavía vivía.
Yo dije, tengo que aprovechar y este es el momento. Entonces ya venía con esa idea de quedarme, pero no sabía cómo. No sabía cómo hacer ese proceso.
En Filadelfia, Liam dio una charla sobre las comunidades jóvenes LGBTQ en América Latina y sobre la violencia contra las mujeres trans en Ecuador. Al terminar su charla, se le acercó Lorena.
Me dice, oh, wow, yo no conocía esto, no sabía que esto pasaba. Era como muy sorprendida.
Hicieron clic de inmediato. Lorena la invitó unos días a visitar Nueva York.
Yo estaba como dudando, porque decía, no conozco, me da miedo, no sé. Había investigado algunas cosas desde Nueva York y pues, imagínate, sola, sin saber dónde llegar, qué hacer. Pero ella de repente me dijo, no, mira,¿ sabes qué? Vente, te quedas en mi casa, te puedes quedar unas semanas, puedes ver si te gusta, si no te gusta, pues puedes, si no, decidir quedarte nomás en Filadelfia
Liam se quedó en Nueva York. Lorena la ayudó de todas las formas que ya hemos escuchado. La conectó con servicios médicos para seguir su transición y con servicios legales para sacar sus papeles. Le enseñó a Liam todo el trabajo que hacía y muy pronto la convirtió en su mano derecha y una de sus confidentes más cercanas. Liam recuerda que un día Lorena perdió su celular en un taxi y para modernizarse se compró un iPhone.
Entonces yo le digo, mira, hay que ponerle esto porque si tú no le pones esto y se te abre el teléfono. hay la opción de que tú puedas borrar toda la información o localizar el teléfono. Entonces me dice, ay, ponme eso, porque eso es lo que yo necesito en mi teléfono. Y pues ya, se me quedó, yo le mandé la clave, yo tenía la clave de ella y pues teníamos una muy buena confianza.
Si les cuento esto es porque con esa función, encontrar mi celular, en marzo de 2020, en el terror de la pandemia, horas después de perder a Lorena en el caos que reinaba en los hospitales de Nueva York,
Ya buscando, buscando, encontré el teléfono de ella en este hospital de Brooklyn. Ahí la trasladaron.
Lorena estaba en el hospital de Coney Island, al sur de Brooklyn, a casi una hora en coche de Queens. Sus compañeras pudieron hablar con el médico encargado de Lorena. Les dijo que estaba entubada, con ventilador, y que si dejaba de respirar no podrían resucitarla. Poco después de que la encontraran, Lorena murió. Y la noticia repercutió por todas partes
Originaria de Veracruz, en México. De profesión, contadora pública y sin documentos. El
coronavirus le provocó la muerte como a miles de latinos que han dado la batalla en este país.
Fue el 30 de marzo, un día antes del Día Internacional de la Visibilidad Trans.
Ella fallece en una fecha donde no quería que nadie la olvidara. Como ella dice, no, pájaras de mí no se van a olvidar nunca. No van a dejar a esta pájara mayor ahí en el olvido. Entonces sí o sí, todos los años, toda la comunidad sabe que Lorena murió un día antes de la visibilidad trans.
Y hoy, a seis años de la muerte de Lorena, Muchísimas personas aún sienten su ausencia.
Ella dejó un hueco, una ausencia, pero dejó una comunidad mejor. Dejó una comunidad mucho más armada, mucho más preparada para lidar con los problemas que vinieran. Nos enfocamos en eso porque no nos íbamos a quedar ahí paralizadas y tristes todo el tiempo. Nosotros decidimos luchar porque no nos queda otra. Nuestra comunidad siempre ha luchado, siempre hemos así empujado. Y
de esa lucha, de ese empuje, de eso va esta serie. A lo largo de los siguientes nueve capítulos conoceremos a las reinas que han continuado de una u otra forma. En las calles, en los bares y en los concursos de belleza. Un deseo que Lorena siempre tuvo.
Bueno, yo voy a llegar a donde tenga que llegar como una perra. Pelear con garras y uñas. Con garras y uñas. No me importa. Tú sabes, sin faltándole respeto, sin decir nada, yo siempre digo eso. Y que digan Lorena Borja dejó algo que vamos a seguir. La batalla, la lucha. Que no porque yo esté, que ya no esté en el mundo, pero que me gustaría que esto siguiera. Que no lo pararan. Las reinas de Queens no se
van a parar por nada. Las Reinas de Queens es un podcast de Central, el canal de series de Radioambulante Studios, y forma parte de la red de podcasts My Cultura de iHeart Radio. Esta serie fue producida por Diego Senior y Pablo Arguelles, con producción adicional y reportería de Nicole Pizarro, Johanna Toro y Andrés Zanin. Gracias a Guillermo F. Flores por el material de archivo de Lorena Borjas. Los editores fuimos Daniela Larcón, Silvia Viñas y yo. La verificación de
datos es de Bruno Selsa y Nicole Pizarro. María Linares hizo el diseño y la mezcla de sonido, así como la música original. La gráfica y la dirección de arte de la serie son de Diego Corzo. El desarrollo de producto de Las Reinas de Queens estuvo a cargo de Natalia Ramírez. La producción digital la hicieron Ana María Betancourt y Oscar Luna. La dirección de negocios y alianzas estratégicas estuvo a cargo de Camilo Jiménez Santofimio. y Julián Santos
y Eric Spiegelman nos dieron apoyo legal. Las Reinas de Queens es una idea original de Diego Senior, Johanna Toro y Andrés Zanim. Los productores ejecutivos son Diego Senior y desde Radioambulante Estudios, Carolina Guerrero, nuestra CEO. En iHeart, los
productores ejecutivos son Arlene Santana y Lio Gómez. Parte del financiamiento de este proyecto fue proporcionado por el Greater Good Science Center, de la Universidad de California en Berkeley, como parte de su iniciativa Difundiendo el Amor a Través de los Medios, con el apoyo de la John Templeton Foundation. Puedes seguirnos en redes sociales como Central Series RA y suscribirte a nuestro boletín de correo en centralpodcast.audio. Soy Rula Ávila Muñoz. Gracias por escuchar.
