Bueno, hemos sido olvidados porque aquí los que vivimos peores somos los viejos, los de aquella generación, que seguimos viviendo aquí.
Ella es Inés Casal, es cubana, profesora jubilada y tiene 77 años.
Cuando Inés habla de aquella generación, se refiere a la que vio nacer a la Revolución Cubana, los que en 1959 apenas eran niños y adolescentes. Es la generación que, al crecer, se involucró de alguna u otra manera en la revolución.
Todos estábamos muy felices de poder participar en un proyecto que nos parecía un proyecto muy bueno. Proyecto que había dado educación, a mí no me gusta decir gratuita porque realmente nada es gratuito, educación pública, también salud pública, y muchísimas otras cosas, sobre todo para las personas más vulnerables. para las personas más pobres. Yo me involucré en eso y lo hice a conciencia, de corazón
Con la idea de construir una sociedad nueva. Cosecharon en el campo, cortaron caña de azúcar, enseñaron a cientos de campesinos a leer y escribir. Y hasta pelearon en guerras fuera de Cuba.
Fueron de jóvenes angolas a luchar en otro país que no era el suyo. A nadie se le ocurría decir que no. Muchos aquí que lucharon en Angola y que están ahora muriéndose prácticamente en las calles. Y
no solo los veteranos que pelearon en Angola. En Cuba, en general, la vejez es una etapa llena de carencias y precariedad.
Algunos andan revisando los tanques de basura para ver si encuentran algo para vender, lo que sea que puedan vender para poder sobrevivir. Yo creo que lo más difícil es sentirse que uno es Muy vulnerable. A mí la palabra vulnerabilidad no me gusta, pero bueno, es la única que encuentro en estos momentos. Que uno se siente solo. Aquí hay muchos ancianos que están solos. Aquí prácticamente no hay asilos para ancianos. No hay. Los que hay no alcanzan
para los ancianos. Aquí no hay ningún apoyo especial. Las jubilaciones son irrisorias. O sea, las jubilaciones no te alcanzan para nada. Yo en estos momentos... Mi jubilación subió a 1.625 pesos. Un cartón de huevo que cuesta 3.000 pesos. O sea, por supuesto que los que están peor son los jubilados.
Bienvenidos a El Hilo, un podcast de Radioambulante Estudios. Soy Eliezer Budazov.
Y yo soy Silvia Viñas. Cuba es uno de los países más envejecidos de América Latina y el Caribe. Un cuarto de la población es mayor de 60 años. Se espera que esa cifra aumente y que para el 2030 un tercio de los cubanos en la isla tengan más de 60 años.
Entre la falta de comida y medicinas y el exilio de sus familiares, muchos llegan a la tercera edad con la sensación de que les han roto una promesa. Hoy,¿ cómo es la vejez para la generación que entregó sus años de juventud a la Revolución Cubana? Es 23 de enero de 2026.
Nuestra productora, Mariana Zúñiga, nos sigue contando. Cuando empezó la
Revolución Cubana, Inés tenía 11 años recién cumplidos. Recuerda que la llegada de Fidel Castro al poder le generó ilusión a la mayoría de la gente que conocía. Yo tendría que decirte que
en esos primeros años yo no sabía muy bien lo que iba a pasar y yo Empecé a conocer a través de mi hermano, que sí se involucró muy rápidamente en el año 60, en las milicias, etc. Yo realmente hasta la universidad, yo no creo que haya sido ni revolucionaria ni nada. A mí lo único que me interesaba era
estudiar. Inés estudió química en la Universidad de La Habana, pero no solo estudiaba matemática o las características de la tabla periódica. Combinaba la educación formal con el trabajo en el campo. Todo esto en apoyo al proyecto revolucionario. La idea de que su generación tenía la responsabilidad de consolidar la revolución era algo que les reforzaban constantemente en la escuela.
Sí, eso era como parte del currículum. Yo entré en octubre más o menos del 66 y ya en abril nos fuimos para allá en una provincia que se llama Santi Espíritus. a recoger cebolla, etc. Eso era parte del currículo. En ese caso fueron 35 días. Allí habría que ir. O sea, es que a nadie se le ocurría pensar que era ni obligatorio ni voluntario. Era algo que era parte de... Y además lo hacían todos tus compañeros. Entonces todo eso entusiasmaba a una juventud que quería sacar adelante el
país. Para entrar en la unión de jóvenes comunistas, Inés tuvo que mentir. Y es que la primera vez que trató la rechazaron por creer en Dios y por tener una hermana en Estados Unidos. Eso la hacía apátrida y traidora.
Quería yo entrar en la Unión de Jóvenes Comunistas. Admiraba a los compañeros míos que estaban en eso, los admiraba tremendamente. Y además me parecía que siendo de la juventud comunista yo podía ayudar más a la revolución y al país. Y con relación a mi hermana, era cierto que ya yo sí dejé de escribirle.
Y así entré yo en la juventud Con el tiempo, Inés aprendió a no mencionar más a su hermana, a no pensar en ella. Dice que aún no ha podido superar totalmente lo cobarde que fue al renunciar a esa relación. Por supuesto pasaron los
años y me fui decepcionando, me fui decepcionando bastante, pero era muy difícil uno tomar la decisión de decir me voy del partido.
Inés describe su decepción como un proceso Como una gota de agua que perfora una piedra de a poco. Para ella, que fue profesora, sus estudiantes fueron clave para darse cuenta de que el modelo no funcionaba como le habían prometido.
Ellos me ayudaron mucho. Mis hijos, los estudiantes, los hijos de mis amigos, fueron los que me emplazaban. Cuando quería explicarles algo, yo me daba cuenta que yo no tenía argumentos para rebatir lo que ellos me estaban diciendo.
Me daba cuenta que mis argumentos no los convencían a ellos. Así como pasó con Inés, muchas otras personas de su generación también se decepcionaron con el proyecto. Su hermano, por ejemplo, que fue teniente coronel, cuando se jubiló no recibió ningún tipo de ayuda por parte del régimen. Tampoco una condecoración o felicitación por todos sus años de servicio. Inés dice que su vejez fue muy triste. Estaba muy enfermo y en sus últimos momentos, ni sus colegas ni las instituciones
para las que trabajó le dieron una mano. Murió olvidado, tanto por su esposa, que lo dejó solo cuando migró a Estados Unidos, como por la revolución, a la que le dedicó todas sus energías y sacrificio.
Aquí no hay nada, nada, nada que sea a favor de las personas mayores, los ancianos. Nada, yo te lo puedo decir, Mariana, que no.
Inés ha pasado años reflexionando sobre este tema y se ha hecho un montón de preguntas. Si su generación fue ingenua, si fue cobarde, si los convencieron o los manipularon, si es que son culpables o víctimas. Culpa
sí yo siento, no una culpa que me remuerde la conciencia, no. Es una culpa que yo la entiendo. Es una culpa de no haber despertado a tiempo, es una culpa de haber sido a lo mejor ingenua, de haber sido demasiado cándida, demasiado... Pero eso yo no lo puedo borrar. Pero después me di cuenta, con el tiempo, que si yo no había despertado en aquellos momentos, ahora que ya yo sí estaba despierta,
yo debía dejar mis testimonios. Yo he escrito varias cosas relacionadas con mis testimonios personales, con las cosas que yo vi y lo seguiré haciendo, lo seguiré haciendo mientras pueda.
Inspirada por su experiencia y la de otros, Inés escribió un cuento y lo envió a la plataforma Cuido 60, un proyecto que busca difundir información sobre el envejecimiento en Cuba. Así conocí su historia.
Yo le mandé mi experiencia muy breve, quién yo era, etc. Y bueno, lo que yo pensaba de la desilusión que uno sufrió a lo largo de estos años, ¿no?
El cuento se titula La vejez que nunca esperamos. Ganó un concurso y ahora es parte de un libro sobre la vejez en Cuba.
Por supuesto, era un paraíso lo que nos vendieron. Nosotros no pensábamos en ser millonarios. Pensábamos en que debía ser un país... con todo y para el bien de todos, que era lo que nos decían, ¿no? O sea, yo no soñaba con ser una persona que viajara el mundo, ni nada de eso, sino de tener una vejez tranquila en un lugar donde yo tuviera lo mínimo e indispensable, ¿entiendes? Fue lo que yo soñé. Por supuesto que no lo tenemos, no lo tiene nadie, no es que no lo tengamos nosotros,
no lo tiene nadie aquí en este país. Yo no esperé nunca esta vejez.
Cuando estuve en La Habana, visité una institución que dirige la Iglesia Católica en el centro de la ciudad, en un edificio antiguo. Allí funcionan diferentes proyectos sociales. Yo fui para conocer Otoño, una iniciativa que busca mejorar la calidad de vida de los adultos mayores en la ciudad. Dan clases, charlas y una vez al mes hacen una gran fiesta de cumpleaños. Ese día estaban celebrando a todas las personas que cumplieron entre diciembre y enero. Yo llegué justo para
cantar Felicidades, la canción tradicional de cumpleaños en Cuba. 1, 2, 3 ¡Felicidad! ¡Felicidad! ¡Felicidad! ¡Felicidad! Después de cantar, todos se sentaron en círculo y la coordinadora invitó a los cumpleaños a pararse uno a uno, presentarse y contar algo sobre ellos mismos. separaron a hablar unas ocho personas, todas mujeres. Y casi de última, tímidamente, separó Laura, una señora que visita el centro desde hace
poco.
No queda muy claro por la calidad del audio, pero Laura dice que está tratando de socializar porque no conoce mucha gente. Entonces, hacer amigos es su principal motivación para venir al centro. Cuando terminó la fiesta, la busqué para hablar. Mi nombre es Laura González Otero
Tengo 74 años.
Estudió geografía en la Universidad de La Habana y trabajó en la Academia de Ciencias toda su vida.
Investigadora, hice candidaturas, doctorados, cosas de esas. Y ahora estoy jubilada en mi casa.¿ Tienes hijos? Tuve un hijo que murió. No tengo familia aquí en Cuba. No tengo ninguna familia en Cuba.
A diferencia de la mayoría de los cubanos que hoy viven las consecuencias de una larga crisis económica, Laura dice que ella no tiene problemas de dinero.
Porque tengo unos sobrinos maravillosos que ellos solo me mantienen.
Le mandan dinero desde afuera. Realmente su problema es otro. Me pasa que no tengo red de apoyo. Laura vive sola en un apartamento. En los últimos años ha tenido periodos en los que se ha sentido realmente sola. Su esposo falleció y a medida que la situación empeoraba, sus seres queridos se fueron de la isla. Sus vecinos, sus amigos y el resto de su familia.
Uno a uno Mi sobrina se casó y se fue a Inglaterra. Mi sobrino se casó y se fue a Bilbao. Mi hermano y mi cuñada se fueron. Empezó a irse mi amiga, esa amiga de toda la vida, de jovencita, que estudiamos juntos en la alianza antes de entrar a la universidad. Esa amiga se me fue. Después otra, que yo fui tutora de ella también. O sea, Cuando viene a ver, no tengo a nadie que yo conozca desde hace más de tres años que yo conozco aquí
Una vez leí que Cuba es el país del adiós infinito, donde la gente nace, crece y migra. Y aunque la migración no es un fenómeno nuevo para los cubanos, los expertos dicen que Cuba está viviendo un éxodo masivo, el más grande de su historia. Desde el 2021, mucha más gente comenzó a salir del país por diferentes motivos. El colapso de la economía, la escasez, la crisis de salud, los constantes apagones, la caída del sector turístico y la represión política.
Todos estos factores han vaciado el país. Por años, la población de Cuba rondaba las 11 millones de personas. Hoy viven en la isla un poco más de 8 millones. Es decir, en apenas cuatro años la población cubana cayó un 24%. La crisis migratoria afecta profundamente la vida de las personas mayores, como Laura. Padres, tíos y abuelos que se quedan solos en Cuba.
Porque hay una generación que falta. Es la generación de mis sobrinos. Gente de treinta y pico, cuarenta. Esa gente no está en Cuba. Ni están los hijos de ellos tampoco.¿ Te das
cuenta? Falta gente. Hacemos una pausa y, a la vuelta, cómo enfrentan la vejez los cubanos y cubanas como Laura, que se han quedado en la isla sin una red de apoyo. Ya volvemos.
Estamos de vuelta. En Cuba, la mayoría de los adultos mayores viven solos, especialmente las mujeres. Como Laura, hay miles en todo el país. Pero la mayoría están en La Habana, uno de los lugares más envejecidos de la isla. Mariana nos sigue contando.
La soledad ha puesto a Laura en situaciones muy complejas, sobre todo con su salud. Recuerda la vez que tuvo que operarse de cataratas. Justo coincidió con el comienzo de la pandemia.
El día que cerraron fue sábado. Yo ingresaba el martes para operar de los ojos. Estaba en la catarata, qué sé yo, planificado. Y la pandemia sigue en mi casa. Eso fue terrible.
En tres años la operaron cinco veces. Tres en el ojo derecho, pero solo dos en el izquierdo.
Por eso lo tengo así caído, porque la tercera no lo quise hacer. Y entonces me pasó esto del corazón.
En 2024, Laura se empezó a sentir mal. Cuando fue al médico, le dijeron que su corazón estaba fallando de nuevo. Ya había tenido un infarto hace unos años. El doctor sugirió ponerle un marcapasos y aunque sus sobrinos le mandaron el costoso aparato desde España, era como un déjà vu. Tendría que pasar nuevamente por todo el proceso posoperatorio, sola. Pero esta vez tuvo más suerte. Dos días antes de la operación, una nueva vecina ofreció ayudarla.
Ella me
acompañó
el día de la operación, ella me llevó ropa, me llevó comida, esas cosas. Y después, cuando salí del hospital, ella me ayudó. Ella no dejó de trabajar esos días y yo no tuve que dar dinero para que viviera. Pero ella se portó muy, muy, muy elegante conmigo y muy buena.
Después de recuperarse, decidió que algo en su vida tenía que cambiar. Estoy tratando de buscar algo que me anime, que me... Que la saque de la casa, del silencio, que la lleve a escuchar el ruido de la calle, a encontrarse con gente... Y así fue que encontró el Proyecto Otoño, el espacio cultural y educativo para los adultos mayores de La Habana, donde la conocí.
Y vengo aquí porque me di cuenta que yo estaba totalmente aislada. Entonces empecé a hacer un curso de psicología positiva. Y entonces empecé ahí. Entré en uno de telefonía móvil. Y entonces vengo y socializo y tengo amistades ahí. Y
ahora que estás viviendo... Conociendo gente,
cómo te sientes?¿ Sientes algo, no?¿ Cómo no? Tengo relación, por lo menos me relaciono con gente. Gente que tiene mi historia. Porque tengo, por ejemplo, vecinos, pero las historias de mis vecinos no son las mías. Cada uno tiene su vida, sus cosas. Que los vecinos son los familiares más cercanos para determinadas cosas. Pero no son personas con las que tú tienes afinidad. Entonces, cuando tú ves a una vieja que tiene tus mismos cuentos, tu misma historia, que estuvo en las mismas... En
este centro, Laura ha encontrado compañía y atención. Cuidados que, de otra manera, no hubiese recibido porque el sistema de cuidados que ofrece el régimen es ineficiente, está roto. Recordemos que Cuba tiene una de las poblaciones más envejecidas de América Latina y se espera que para el 2050 Cuba sea el noveno país más viejo del mundo. Esto es un problema y el Estado lo sabe.
La atención a la dinámica demográfica es una prioridad para el gobierno cubano.
Por lo que tienen preferencia igualmente los programas de fecundidad y el programa materno infantil.
Estos programas tienen como fin estimular la natalidad, sea ofreciendo un mayor cuidado a las embarazadas y a los recién nacidos o apoyando a las familias que tienen más de dos hijos. El Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana también cree que la única opción para lidiar con el aumento de la vejez es que nazcan más personas en la isla. Pero esta solución es muy difícil de alcanzar. Las cifras muestran que el número de
personas menores de 15 años ha bajado. Se reportan más muertes que nacimientos en la isla y la tasa de fecundidad de Cuba es la más baja en la región. Y es que aquí las mujeres en edad reproductiva son las que más migran y muchas de las que se quedan simplemente no quieren tener hijos, al menos no en este contexto. como le explicó una madre a un periodista
local.
Además, el problema con estas políticas de natalidad es que no resuelven el problema principal, la falta de atención y los cuidados para los mayores. No hay suficientes casas de ancianos, ni programas estatales, ni un sindicato exclusivo para atender a los jubilados. Entonces, la situación en la isla hace que envejecer sea aún más complicado que en otros países.
Los cubanos vivimos mucho porque hubo una época que la salud pública fue buena y era un banderín político. Hubo mucha vacunación, mucha atención médica. Ahora no la hay, ahora todo es complicado, ahora es como que no funciona. No hay medicinas. Yo necesito hacer medicinas todos los días. Ninguna la hay en la farmacia. Yo tengo un taquetón que dice que me tienen que dar esa medicina en la farmacia. Y hace tres meses que no viene ninguna de las medicinas
Tampoco es fácil encontrar insumos como agujas o reactivos para hacer análisis clínicos sencillos. Y esto muchas veces impide que los ancianos puedan tener un diagnóstico a tiempo. La escasez se ha convertido en un problema crónico. Más del 70% de los medicamentos esenciales no están disponibles en las farmacias. Para conseguirlos hay que ir al mercado informal o a las redes sociales, donde se compran, venden o intercambian medicinas. Eso sí. a precios súper altos.
Yo lo compro porque tengo dinero que me manda mi sobrino. Los dos matrimonios me mantienen. Ellos cada uno hacen como si fuera una competencia. A ver quién me manda más cosas y quién lo manda más. O sea, tienen ayuda más. Es una cosa muy linda, pero a mí me duele mucho porque yo trabajé toda mi vida. Toda la vida trabajé. Ya estoy jubilada y yo gano 1.528 pesos de jubilación. Que con 1528 pesos tú no haces nada.
Eso es más o menos 4 dólares. Y cada día el valor de su pensión baja por la inflación. Cuando la conocí, ese monto solo le alcanzaba para comprar unos 3 kilos de arroz y menos de un kilo de tomates. En julio hubo un aumento en las pensiones y jubilaciones, pero realmente sigue sin alcanzar para cubrir las necesidades básicas. Y
te digo, soy una vieja
súper privilegiada. Laura está muy consciente de sus privilegios. Ella sabe que los jubilados que no tienen apoyo económico de su familia la pasan muy mal en Cuba. Aquí las personas mayores son las más vulnerables y las más afectadas por la crisis económica. O sea,
estás tocando el fondo, pero el fondo siempre te lo bajan más. Eso es muy duro. Y entonces tú te vives además en un surrealismo y en una esquizofrenia, porque tú oyes al televisor decirte que todo está muy bien, que todo es una maravilla y que nosotros somos vallas. Entonces tú oyes unas cosas y estás viviendo otras cosas.
Los sobrinos de Laura le han ofrecido varias veces ayudarla a salir de Cuba, llevarla a vivir con ellos. Ella se ha negado, no quiere sentirse una carga. Además, tampoco tienen la fuerza para hacer un viaje así. Dice que ya está muy cansada. A pesar de todo, para Laura nada es eterno. Siente que la situación algún día va a cambiar, pero también sabe que ni ella ni su generación lo verán.
Los regímenes cambian, se acabó el esclavismo, se acabó la Edad Media, todo eso se acabó, ¿no? Pero el problema es que tú nada más que tienes una vida. Tú no estás en un libro de historia. Porque el cuento este va a ser de aquí a 200 años. En el año 59 triunfó una revolución liberadora, no sé qué. Después se fue para el comunismo. Después llegó a la miseria. Y en el año tal volvió a la democracia. Son tres párrafos en la historia de Cuba. Pero es mi vida completa.
Yo tenía ocho años cuando triunfó la revolución. Y tengo 74. Mi vida entera está metida en un párrafo de la historia de Cuba.
Cuándo eras más joven, cómo imaginaste que sería en el futuro?¿ Y qué tan diferente es eso de lo que imaginaste
Era como que yo me imaginaba una película y me llevaron a ver otra. Entonces, lo que esperé que iba a ser mi vida y la que es, no es. Pero no me duele que sea distinta. Lo que me duele es que no tiene sentido. Vivir para durar y no para vivir es muy feo. Está durando, yo voy acumulando tiempo. Pero yo no vivo. Porque esta no es la vida que yo quiero.
A falta de programas estatales, la familia cubana se ha hecho responsable del cuidado de las personas mayores. Hablamos de eso después de la pausa. Ya volvemos. Estamos de vuelta en el hilo.
En Cuba, la mayoría de los cuidados los hacen las mujeres. Muchas madres, hijas, sobrinas o nietas abandonan sus trabajos para hacerse cargo de sus ancianos. Y es probable que, una vez que ellas mismas lleguen a la vejez, sigan cuidando a otros.
Los cuidadores tampoco tienen mucha ayuda o reconocimiento de parte del Estado. Esto no solo pone en riesgo la salud de los enfermos, sino también de los mismos cuidadores.
Mariana nos sigue contando. Gracias a un amigo, conocí a una cuidadora. Su nombre es Irina, tiene 62
años.
Irina me recibió en su casa, donde vive con su tío de 82 años. Al llegar, él estaba sentado viendo televisión y ella estaba por hacer un café. Qué lindo esto que haces,¿ qué es? Sí,
son una especie de mandala, un poco
Sobre una mesa, cerca de la cocina, estaban a medio terminar las artesanías que ella hace para vender.¿ A usted no le molestan los
gatos? No, me encantan. Tengo cuatro gatas. A ver yo soy protectora de
neonatos, gatos neonatos
Pero ahora mismo no
tengo el dinero. A Irina siempre le gustaron mucho los animales. Esto es algo que heredó de su tío.
Mi tío es biólogo, biólogo marino, y eso hizo también que yo, porque bueno, él hizo la función de padre nuestro, ¿no? Y entonces imité eso, lógicamente, por suerte. Pero lo que no adoptó de él fue su ideología política. Ellos lo dieron todo, confiaron en un tipo que se llama Fidel Castro, que era un gran orador, muy inteligente. Y entonces fue engañando a todo el mundo. Este país era la gran
estafa desde que yo era joven. Imagínate que desde que tú vas a preescolar, te dicen que vas a ser peorero y le vas a decir al primero que seremos comerciantes. Entonces todo, es decir, te van politizando, tus padres también estuvieron politizados, tus abuelos también. Y te educas y vives así sin
saber nada. Irina dice que a ella no le pasó, que nada de eso le entró en la cabeza. Quizás por ser muy distraída o por estar viendo bichitos todo el día. Esa idea simplemente no caló en ella.
Por suerte. Como era muy libre, por eso me gustaba toda la historia del rock y del peace and love. Todo eso también me fue influenciando mucho por suerte y no me atea nada, como no me atea ninguna religión específica, porque me gustaba ser libre y de eso me alegro muchísimo.
De hecho, me contó que ella nunca se sintió del todo cómoda en Cuba y siempre quiso irse.
Pero no me fui porque mis padres comenzaron a envejecer, mi tío. Igual hasta hoy estoy aquí por él. Pero al final me siento bien porque él me crió Vivimos gracias a él. Y yo pienso
que hay que retribuir. Irina ha pasado gran parte de su vida cuidando a otros. Primero fue a su abuela con cáncer. Luego a su mamá, que murió en 2004 de un derrame cerebral. Y ahora cuida a su tío.
Bueno, hija, yo al morir mi madre, te das cuenta que ni siquiera yo pude hacer el duelo, porque al mes y un día, domingo, nueve de la noche, me había metido parado acá en la cocina, y cuando yo entro, que veo a mi tío, que le pregunto qué le pasa, ya yo me di cuenta que tenía un efecto cerebral. Te imaginas que él estuvo dos meses hospitalizado, y cuando yo lo regreso acá, él no estaba, a ver, no caminaba, hablaba poco... no tenía funciones en las manos, entonces tuve
que rehabilitar luego. Entonces yo estaba muy deprimida por lo de mi mamá y me costaba un trabajo tremendo.
Como la pensión de su tío no alcanza para sobrevivir, Irina empezó a vender sus cosas para poder encargarse de él, de su alimentación, de sus pastillas, aunque no fue suficiente.
Yo vendí zapatos, vendí ropa, vendí cadenas, vendí adornos, a mí no me queda nada. Yo sobrevivo gracias a A que tengo amistades que yo en el exterior y me mandan la leche de mi tío, otra me manda un pollo, porque si no mi tío tiene que almorzar y comer proteína, si no se me muere el viejo. Y ahora lo que estoy es trabajando, hice unos colgantes, lo que sé hacer yo es artesanía. Entonces lo que estoy intentando ahora es para darle a unos amigos
para que me ven. Irina solía vender sus artesanías en el Paseo del Prado, cerca del centro de la ciudad. Pero ahora ya no hay forma de acomodar su trabajo con el cuidado de su tío, que le ocupa prácticamente todo el día.
Yo lo despierto de 8 de la mañana. En lo que el desayuno es que se hace a solito, él da media hora con el andador de vuelta y después con el bastón. Yo termino con él todos los días a 11 de la mañana. A esa hora me tengo que poner a hacer cosas. Cosas que me salen más letas porque no soy buena madre de casa. Y como no tengo dinero, pues entonces me tengo que poner a trabajar acá en casa. Entonces con él es muy difícil porque ponme el pato, haz tal cosa, orina solito, pero igual moja todo porque
hay quien va en las matas, limpia trapitos, lava. Y tienes que estar constantemente encima de él. Incluso cuando lo veo muy serio me tengo que dejar lo que estoy haciendo y sentarme con él. Eso te va a afectar mucho.
Irina dice que está sobrecargada mentalmente, que ha bajado casi 20 kilos.
Tengo una cosa que tiene el ojo así que me tiembla el párpado superior una semana. Se me quita y me vuelve. Yo me he visto que vengo para acá y no sé qué voy a buscar, ni sé qué voy a hacer. Y he visto cosas en mí que digo, bueno, soy jodida. Yo he tenido momentos acá que me he despertado madrugada con falta de aire. Falta de aire que no puedes respirar. Y eso no es otra cosa que todo el proceso este que es muy duro y muy desgastante.
Ser cuidador tiene un impacto muy profundo en las personas. Irina sufre lo que se conoce como el síndrome del cuidador, un estado de agotamiento físico, mental y emocional que desarrollan los que cuidan de alguien continuamente. Hace mucho que dejó de preocuparse por ella misma. Casi no sale de casa, ni siquiera va al médico, aun cuando sufre de la presión y la tiroides. Recordemos que tiene 62 años. Ella misma está envejeciendo. Envejecer es muy odio
para
mí en
sentido general. Yo tuve una tía abuela guajira, sabia, como con 90 años, que decía que lo más feo que hay en el mundo es la vejez y la miseria. Claro que nos importa tener estas rugas, estas rugas. Te las comienzas a ver. Ah, que tú dices que estoy más interesante, que no sé qué. Perfecto, pero igual es fastidiado.¿ Qué pasa? Que tienes alternativas de una crema o un gimnasio y el estilo de vida y la alimentación, por supuesto. Pero en Cuba es terrible. En Cuba, como yo
le digo el otro día a una
amiga
que a mí
no me falta el bigote para llamarme Roberto. Terminas de bañarte y no tienes una colonia, un perfume, un jardín, cualquier cosa que te haga sentir bien contigo misma y que te guste. No la tienes. Envejecer en Cuba, muy, muy jodido. Además, la alimentación. A mí me gusta comer proteína y vegetales, no me gusta el arroz. Pero bueno, tengo que comer arroz como si fuera un chino porque
no hay más nada.¿ Encuentras una buena parte?¿ Encuentras algo positivo? Bueno, yo debería decirte que sí, pero no. No se lo encuentro. A ver, yo agradezco todos los días respirar y estar viva y medianamente cuerda, ¿no? De que mi tío está estable porque además yo no tengo dinero
para
llevarle sus cositas médicas. Dejo de ir. Lo trato de alimentar bien, le checo la presión, sus parámetros y hasta ahora lo quiero así. No le duele ningún huevo, se me duele más a mí que a él. Agradecido, sí, por estar viva y porque sé que hay muchas cosas hermosas que uno puede disfrutar.
Durante mi visita a Cuba conocí muchas personas mayores y sería injusto decir que todas tienen la misma experiencia al envejecer. Algunas, las que pueden, las que no están tan solas o tan pobres o cuidando a alguien, buscan la manera de darle sentido a sus días. De, como dice Irina, encontrar
cosas hermosas que puedan disfrutar. Me invitaron a una clase de actuación para adultos mayores en el centro social donde conocí a Laura, la señora que perdió su red de apoyo porque su familia y sus seres queridos se fueron de Cuba. La clase la dirige Enrique, un periodista jubilado, argentino, que vive en Cuba desde hace más de una década.
Bueno, compañeros, vamos a comenzar. Vamos a comenzar porque tenemos el tiempo bastante acotado.
Allí encontré un grupo de señoras que hizo del teatro su refugio. Las vi haciendo ejercicios de respiración. Y
vamos a comenzar por... La inspiración con la boca entrecerrada.
También
improvisaron. El tema va a ser Aquí estamos, estos somos.
¡Ay, madre mía! Yo quise salir temprano para resolver este problema. Si hay cuadros que se están imprimiendo y no hay corriente.
Y cantaron. Música.
Si piensas
Al final de la clase me senté a conversar con algunas de las alumnas. Quería saber qué significaba el teatro para ellas en este momento de sus vidas y qué las motivaba a seguir viniendo.
Rosario de la Caridad Rodríguez Pérez, 74 años. Mira, mi felicidad es tan grande porque no es que nos sentimos realizados porque estamos actuando y escuchamos los aplausos del público. Eso es maravilloso. Pero lo más maravilloso es que nos están reclamando. Nos vamos a presentar en una escuela de niños especiales. Vamos a actuar para ellos. Nos demandan de una casa de cultura. Entonces me siento útil y me siento que
le doy felicidad a los demás. Y no saben ellos que me la estoy dando a mí misma también.
Es maravilloso. Mi nombre es Juliana Díaz Ramírez, tengo 74 años. Esa energía de sentirse útil, de poder hacer reír a los demás. como nosotros lo hacemos en el teatro, pues eso nos fortalece, nos da vida, nos hace felices.
Me
llamo Xiomara
López Padilla, soy fundadora del grupo.
Hemos
aprendido mucho. Yo nunca pensé que después de haber estudiado, porque a veces uno dice, no, porque no sé todo. En la vida no se sabe todo. He aprendido cosas que me han enseñado aquí y de los mismos compañeros que he conocido. Reunimos, cantamos, bailamos y creo que esto es un proyecto precioso Y mucha gente se ha retirado y ha encontrado aquí otra vida.
Este episodio fue producido y reportado por mí, Mariana Zúñiga, con el apoyo de Eileen Sozin. Lo editaron Silvia Eliezer y Daniela Larcón. Bruno Selsa hizo la verificación de datos. El diseño de sonido es de Elías González, con música compuesta por él y por Remy Lozano. Queremos agradecer a Elena Costa, Pablo Arguelles y La Flip, la Fundación para la Libertad de Prensa, por su apoyo en este episodio.
El resto del equipo de El Hilo incluye a Daniela Cruzat, Jesús Delgadillo, Samantha Proaño, Franklin Villavicencio, Diego Corzo, Natalia Ramírez, Paola Leán, Camilo Jiménez Santofimio y Elsa Liliano Ulloa. Daniela. Visita elhilo.audio.com y ayúdanos con una donación. Si quieres profundizar sobre el episodio de hoy, suscríbete a nuestro boletín de correo entrando a elhilo.audio.com. Lo enviamos cada viernes. También puedes seguirnos en nuestras redes sociales. Estamos en Instagram, X, Blue Sky,
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