Hola a todo el mundo y os doy la bienvenida a Dani Cultura. El podcast que con una visión permacultural va a tratar diferentes temas que seguro que te interesan. El proyecto nace en un canal del youtube del mismo nombre al cual te invito a que te suscribas. Formo parte de una red de podcast, Podcasty Die, échale una ojeada, seguro que hay algo que te interesa. Espero que os encontréis muy a gusto y vamos allá.
Hola a todo el mundo, bienvenidas, bienvenidos a un nuevo episodio del podcast de este proyecto, del proyecto Dani Cultura. ¿Qué tal estáis? Hoy va a ser un episodio distinto y sé que lo digo muchas veces porque todos los episodios o muchos de ellos son diferentes, tanto en formato, en duración, en muchas cosas. Pero este es diferente, por otros motivos diferentes a los demás. Bueno, algo ronda mi cabeza y para los más habituales ya sabéis que cuando algo rozan mi
cabeza y algo la ronda empiezo a pensar y bueno, surgen cosas. Quedaos con esta frase, todo lo que somos tiene un origen, no la leí en ningún sitio especialmente, ni os ha especificado, ni nada. Es algo que de repente apareció en mi cabeza y me ha hecho pensar, me ha hecho pensar mucho hasta tal punto que bueno, pues voy a hacer un episodio en base a esta frase. ¿Qué relación puede tener con la permacultura? Que os recuerdo que es el tema principal de todo este proyecto que
arranqué hace más de un año. Bueno, pues mucho. Tiene que ver mucho, por lo menos en mí, porque tiene que ver mucho en mí. Porque todo lo que somos tiene un origen y todo este somos puede ser bueno, puede ser malo, puede ser muchas cosas. Pero de manera indirecta voy a hablar de mí, de esos orígenes quizás y bueno, creo que puede ser una buena reflexión para todas y para todos, porque todos sin duda somos algo. Algo somos y eso tiene un origen. Y pensando en permacultura,
ya sabéis que yo siempre pues pienso en las éticas, en las éticas de la permacultura. Cuidado del planeta, cuidado de las personas y un reparto justo. Estos sentimientos, estas éticas, que después supe que tenían un nombre y se llamaban permacultura, tienen un origen, tienen su origen en un lugar en mí. Porque esas éticas permaculturales, como os digo, ya de adulto les puse nombre y resulta que ese nombre era permacultura. Sin embargo, esas éticas yo ya las tenía dentro. Por eso para mí ha
sido tan inspirador el descubrimiento de este proceso de diseño llamado permacultura. Más allá de hacer un ejercicio nostálgico, vamos a viajar a ese punto, ese momento en el que una semilla, una semilla se deposita dentro de nosotros y dentro de nosotras y comienza por germinar, por echar primero unas pequeñas raíces y después va evolucionando dentro de nosotras y dentro de nosotros. Y estas éticas hace muchos años entraron en mí, pero de manera muy orgánica,
sin saberlo siquiera. Esto por lo menos en mi caso, y creo que en el de muchas personas, ya os digo, de ese ser, ese lo que somos, suele entrar en la infancia. Esa semilla de una u otra manera entra en la infancia. Ese lugar, ese momento que de vez en cuando visitamos con los ojos cerrados, esa infancia más primigenia nuestra, cuando empezamos a tener recuerdos y demás, en ese momento es cuando entran esas semillas que después se desarrollan y nos convierten en los adultos que
después vamos a ser. Y es que voy a romper una lanza en favor de unas zonas que brindan la oportunidad a muchas pequeñas personitas de vivir cosas que a día de hoy son increíbles. Y voy a romper una lanza en favor de los pueblos. Pero es que además de ese ingrediente, al menos en mi caso, ese ingrediente que son los pueblos, o mi pueblo más concretamente,
que para ponerle nombre mi pueblo es Boñar, está en la montaña leonesa en España. Sé que me escucháis de más sitios de Latinoamérica, así que ese pueblo para mí es Boñar, en León, en España. Otro ingrediente para mí fundamental, básico, sin el que esas éticas permaculturales jamás hubiesen entrado y jamás se hubiesen desarrollado en mí, ese otro ingrediente son los abuelos.
Y es que los abuelos, por lo menos para gente de mi generación, que nacimos pues a principios, muy al principio de los 80, y bueno, a final siempre los abuelos son generaciones con personas que pertenecen a otra generación, a generaciones que vivieron otro tipo de cosas. Vivieron muchas cosas y muchas de esas cosas las vivieron precisamente dentro de ese escenario del que
os hablaba antes, de ese otro ingrediente que son los pueblos. Como os digo, esos abuelos, las abuelas, el concepto ya sabéis, tienen otros valores, otros principios, principios que yo ahora puedo ver en muchos de esos, valga la redundancia, principios permaculturales, pero que esa generación hacía sin pensar, hacía sin más. No malgastar la generación de mis abuelos, la generación de esas
personas que nacieron a principios del siglo XX, eso lo llamaban sencillamente vivir. A día de hoy, en mi opinión, uno de los grandes problemas que tenemos, que lo tenemos sobre todo en el opulento occidente, es la desconexión con la naturaleza. Esa naturaleza que tenemos más cerca de lo que
creemos, pero estamos absolutamente desconectados de ella. Yo hago todo lo posible por mantener siempre un contacto, una conexión absolutamente directa con la naturaleza, ya sea en el huerto, que al final es un acercamiento a esa naturaleza, o ya sea en paseos por el monte o sencillamente visitando mi pueblo o lo que sea. Para mí es fundamental esa conexión directa con la naturaleza,
pero en general a día de hoy hay una gran desconexión con la naturaleza. Y esta desconexión al final acaba agrupándonos en las ciudades, al son de la facilidad del buen vivir, de un vivir mucho más fácil, vivir en las ciudades es más fácil. Y lo que es más importante, es mejor para mí, para el niño que fui y que jamás, por cierto, dejaré de ser, la desconexión o más bien la reconexión con el medio natural, con la naturaleza, ocurría justo en el momento en el
que daban las siempre esperadas vacaciones de verano. Y es que con aquel último timbre de normalmente el mes de junio, se daba a comienzo a un nuevo mundo, un mundo de aventuras, de experiencias, de heridas en las rodillas, de amigos, de sol, de tormentas, de petricor, de abuelos, de primos, de tíos, de paseos por la loma, de días enteros en el huerto de mi tío, de meriendas, de animales, de tardes a la sombra, de mañanas yendo a por la leche, de noches de grillos y calor, de besos de
mi abuela, tardes de tour de Francia con mi abuelo y Perico y Lejarreta. Un mundo así es el que a mí se me abría cuando daban esas vacaciones de verano. Para mí esto nunca, y os lo digo de verdad, nunca jamás ha dejado de existir. Y creo que si deja de existir, aquel niño se habrá ido para
siempre y no puedo dejar que eso ocurra. Porque os aseguro que momentos en los que me encuentro tranquilo, relajado, sin querer, sin querer, y os aseguro que no es un ejercicio de melancolía, sin querer, no sé si decir mi cerebro o mi alma, viaja a ese mundo, a este mundo que os acabo de describir. Pero cuento todo esto de verdad, y podéis creerme, no lo cuento como un ejercicio de nostalgia o de melancolía. De hecho, creo que la nostalgia, la melancolía, es una droga muy
peligrosa y uno puede quedar perfectamente atrapado dentro de eso. Y no, no lo hago por eso. Lo cuento porque todo ese mundo que descubrió el niño es lo que ha hecho al hombre, al adulto que soy a día de hoy. La permacultura, cuidado del planeta, cuidado de las personas, reparto justo. Nunca hubiera podido descubrir la permacultura sin haber descubierto antes este mundo que os he descrito.
Y es que ese mundo que os describo es un mundo de pura experimentación. Porque yo, de verdad, que estos días he pensado mucho en este episodio, no creo, desde luego que no lo creo, no creo que fuese posible que si en ese mundo yo me hubiese introducido en la permacultura. ¿Por qué? Porque esas éticas que, como os digo, se introdujeron en mi espíritu, en mi alma, en mi cerebro, en mi corazón, en forma de pequeña semilla que fue desarrollándose, eso ocurrió en todo ese mundo.
¿Cómo voy a poder tener un amor por el planeta, por el medio ambiente? ¿Cómo voy a poder tener yo ese amor si no lo hubiese descubierto en mi pueblo, en Boñar? Y ahora podéis, vosotras y vosotros, cerrar los ojos y ponerle el nombre que queráis, vuestro pueblo, vuestras experiencias de conexión,
de conexión con lo que seáis a día de hoy. Porque esto no tiene por qué circunscribirse, precisamente, y de manera única a la permacultura, al mundo natural, lo que seáis vosotros y vosotras ahora mismo, surgió en un momento, en un punto muy concreto de vuestra vida, que, por lo menos, en mi experiencia personal, ocurrió en la infancia. Pero quizás vosotras y vosotros lo hayáis experimentado o localizado en otro punto de vuestra vida, un momento trascendental de vuestras
vidas, no lo sé. Pero yo tengo absolutamente claro que esos paseos por la loma, ese descubrir la naturaleza, ese convivir con animales de todo tipo, de granjas salvajes de todo tipo, ese convivir con esa otra generación de principios del siglo XX, ese compartir cosas con los amigos del verano, todo eso generó una amalgama de sentimientos que años después me han conducido a estudiar el curso de diseño en permacultura, a formarme en todo ese mundo y a ver la naturaleza de otra
manera muy diferente, estoy seguro, a que si yo no hubiese descubierto todo ese mundo que os describí hace un momento. Y es que el cuidado del planeta, para cuidarlo, hace falta un factor sin el cual creo que sería absolutamente imposible. Primero hay que amarlo, hay que amarlo de verdad. Y yo me enamoré del planeta, del medio ambiente, de todo eso en mi pueblo. Y es que experiencias relacionadas con la naturaleza en mi pueblo, en Boñaz, en la
montaña de León, pues podría contaros para aburrir. Es que tendría tantas experiencias y anécdotas que contaros, tardes enteras en un reguero cercano a la casa del pueblo, en los que un amigo y yo íbamos y veníamos constantemente por esas piedras que estuvimos
tantas veces a punto de matarnos y que nunca, jamás nadie se enteró. Quizás ahora, cuando alguien escuche esto, descubriendo animales, tantas cosas, paseos por el monte en el que al final siempre acababa apareciendo algún animal, algún corzo, algún jabalí, algún ave que ahora mismo podría identificar, pero de pequeño para mí era todo pájaros. Qué más experiencias. Y además había también un factor que a mí me daba mucha independencia
y mucha autonomía, que era mi pequeña bicicleta. Una bicicleta que os tengo que decir que la tengo a muy buen recaudo, la tengo en casa. La bicicleta con la que aprendí a andar en bicicleta, precisamente, la tengo en casa. Para mí es algo fundamental porque eso a mí me dio mucha autonomía para poder visitar lugares un poquitín más alejados del control férreo de mis abuelos. Pero al final siempre acababa de una u otra forma, encontrando la
manera para ir a descubrir ese mundo que me rodeaba. Siempre fui curioso y de pequeño más porque la infancia te invita más aún a descubrir tu entorno. Imaginaos lo que podía ser yo de pequeño con una bicicleta y tiempo libre esas vacaciones de verano. Esos veranos interminables. Podría contaros muchas anécdotas, pero quedaos con eso. Ese amor que hay que tener hacia la naturaleza para poder cuidar del planeta. Y con el cuidado de las personas
pasa un poco igual que con el cuidado del planeta. Ese cuidado de las personas yo creo que surge cuando te das cuenta que de manera individual no valemos tanto. Que valemos mucho la pena cuando somos conscientes de que nos necesitamos los unos a los otros. Necesitamos ser cuidados y además, también necesitamos cuidar de otros. Y es que también tengo historias que descubrí o que viví en mi pueblo con este tema. Por ejemplo, y sin ir más lejos
se me ocurre, aunque bueno eso ya no era tan niño, pero bueno, era muy joven. De hecho en mi pueblo se hacía algo que se llamaba la movida fría. Fundamentalmente era durante las fiestas del pueblo, tirarnos por el río abajo con unas cámaras de camión infladas y entonces los diferentes chicos y chicas pues nos lanzábamos por el río abajo a merced
del río, del porma. Y bueno, pues ganaba, había varias creo varias carreras. Pues el más rápido imagino y después había uno al más original y después en grupo también.
Yo creo que eso si no hubo muerte es poco faltaría y desconozco en realidad si hubo alguna, pero os puedo asegurar que hubo una vez que sin duda casi hubo un fallecimiento y me estoy acordando del amigo Juan P. Esto de la movida fría era algo muy divertido, pero en la montaña de León siempre he hecho el nombre movida fría es porque siempre hace
en un momento u otro hace frío. La cuestión es que además lo de la movida fría era algo súper divertido y que podía haber más divertido que hacerlo por la noche sin que nadie nos viese. Bueno, pues divertido fue, pero peligroso también. Y de hecho hubo un incidente. Juan P. se quedó en medio del río, se quedó en medio del río en una especie de pequeño islote,
pero en el que bueno no era un islote. La cosa es que se quedó en medio del río. La hipotermia yo creo que le estaba acechando y hubo que ir a rescatarle sin que nadie se enterase. Así que entre todos los amiguetes, pues al final le cuidamos y le sacamos adelante. Primero le rescatamos y después conseguimos que entras en calor y nadie se enteró. Una
vez más es muy probable que mucha gente se entere por este audio. Pero si ir más lejos también tengo otra experiencia de cuidado de las personas y de personas que de hecho no es que me conociesen. Quizás bueno me habrían visto pasar con esa pequeña bicicletita azul y es que tengo grabado muy a fuego dentro de mi cerebro y de mi memoria. Mi primera caída en bicicleta con esa pequeña bicicleta de la que os he hablado ya un par de veces.
Me acuerdo perfectamente incluso quién me socorrió. Las hijas de Felipe, el de las vacas por donde yo iba por leche y mi abuela también. De hecho ahora mismo estoy viendo una de las cacharras de la leche. La tengo aquí también, la conservo. Como veis conservo muchos recuerdos de aquella época. Aparte de toda la experiencia y todos los recuerdos
que tengo metidos os aseguro que muy muy muy adentro. Y recuerdo también eso, la primera caída en bicicleta y la primera persona que me rescató, que me socorrió y que me curó esa herida en las rodillas que después se me iba a pegar en las sábanas por la noche. Un constante en mi infancia en esos años. Y si cuidamos del planeta y cuidamos de las personas, generar un reparto justo llega solo. Porque dejar un mundo mejor para que otros
niños puedan descubrir este mundo del que os hablo. Ese es el reparto justo, eso es un reparto justo y diría más que justo es un reparto absolutamente necesario. Y yo por aquellos años de verdadera infancia yo repartía mi tiempo entre mis abuelos, mis tíos, mis
primos, mis amigos, siempre en bicicleta que no se os olvide, eso es así. Y si hay algo que sobre todo los más mayores compartieron conmigo fueron sus experiencias, sus mundos, los mundos que ellos vivieron precisamente en ese mismo escenario que yo estaba descubriendo en ese pueblo, en ese boñal, en esa montaña de león. Todo lo que esas personas que algunas fueron y otras son lo compartieron conmigo y de alguna manera todas esas personas viven
en mí y siento que mientras esto sea así siempre existirán. Lo que esas personas compartieron conmigo es el reparto más justo que he visto en mi vida. Porque compartí tantísimas experiencias y tantísimos conocimientos con esas personas que lo cedieron a mí y a todas las personas que pudieron o pueden querer recibir todo eso, que no tengo palabras de agradecimiento suficientes para darles y darlas a todos esos familiares, a todos esos amigos, a toda esa
gente, porque eso es el reparto más justo que podemos ofrecer. Legarles parte de nuestras vidas, dejarles un legado, algo que esas personas, como puedo ser yo ahora mismo, ya dentro de mi periodo adulto, algo que al cerrar los ojos puedan recordar para siempre. Te pueden regalar muchas cosas en la vida. Un balón de reglamento, incluso una pequeña bicicleta azul, una GAC que todo lo podía o cualquier cosa. Pero esos recuerdos, esas experiencias,
eso es algo absolutamente que tiene un valor increíble. Nunca se me olvidará, por poneros un ejemplo, ir a por leña con mi tío Goyo y todos sus hijos, por tanto mis primos. Es lo mismo. Y si esto lo está escuchando alguno de ellos, concretamente Alfonso, que por cierto me gustaría traer alguna vez aquí al podcast porque tiene muchas cosas que contar de muchos temas, pero eso será harina para otra masa. Precisamente Alfonso, ¿cómo coloca la leña
en el leñero? ¿Cómo le enseñó su padre? ¿Cómo nos enseñó a todos? Mi tío Goyo. Eso es un legado, una experiencia que no tiene precio. O por ejemplo, este proyecto que surgió en el YouTube en torno a un huerto tiene sin duda un origen. Y una vez más, vuelvo aquí a boñar. En concreto al huerto de mi tío Lauren. Mis primeras experiencias, y que fueron absolutamente reveladoras para mí y de gran enseñanza con el tema este del huerto, se
produjeron precisamente en el huerto de mi tío Lauren. Eso es así. No hay ninguna duda. E incluso mi tío Lauren tenía unas pequeñas madreñas para que yo no me embarrase las zapatillas, cosa que al final siempre ocurría. E incluso mi tío Lauren me enseñó cómo una oveja paría un cordero. Fue una experiencia increíble. Muchas experiencias con mi tío Lauren. Y quizás parte de este proyecto pueda surgir. Bueno, sin duda surge en ese huerto
de mi tío Lauren. Por no hablar de ese ira por leña con mi tío Goyo. O esas rebanadas de pan con nocilla. O con manteca. O con mantequilla. De mi tía María Luisa. Por no hablar de esas tardes que pasábamos mi tía Chonina y sus hijos, mis primos. Eso también lo recuerdo mucho. Mucho. Y de manera muy vívida. De hecho, nunca se me olvidará cómo se comía en esa casa por la organización. Eran muchos hijos o la primos y había que colaborar todos.
Y cuando ibas a esa casa tenías que ponerte a ayudar. Y no había nada más que añadir. Se ayudaba y punto. Pues todo ese tipo de cosas han hecho de aquel niño que correteaba por el boñar en bicicleta o corriendo con las rodillas siempre machacadas. Eso es lo que ha hecho a este adulto. Por supuesto, mis abuelos. Un alegato a los abuelos. Ya
os lo dije al principio que iba a ser esto también. Y sin ese sentimiento de amor por muchas cosas que me transmitieron mis abuelos, sin duda yo no hubiese descubierto la permacultura y sin duda yo no me hubiese convertido en la persona que soy a día de hoy. Y es que todo lo que somos, como os dije al principio, tiene un origen. Y así empecé el podcast y así empecé yo. Para mí, la permacultura, mi permacultura, tiene un origen claro. Ese
origen está en mi pueblo, en sus montes, en sus huertas, con sus gentes. En ese mundo que se abría en mis vacaciones de verano. En aquel niño pegado a una pequeña bicicleta. Aquella GAC azul que todo lo podía. Sin aquel escenario yo no hubiese podido descubrir la permacultura. Así que ahora os invito a que hagáis una pequeña reflexión y un análisis
de cuáles son vuestros orígenes. Y otra reflexión. ¿Qué legado queréis dejar? Para mí un buen legado sería un legado que se basase en cuidado del planeta, cuidado de las personas y un reparto justo. Y también sé que hay mucha gente que escucha este podcast junto con sus hijas y sus hijos. Y para mí es algo que siempre tengo en mente y presente. ¿Por qué? Porque hay una cita en una película, creo que fue Gladiator, no os digo más. Y esa
cita era lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad. Y me parece una frase que va que ni pintada para este episodio. Y lo que tenemos que intentar dejar es un legado muy positivo para que dentro de muchos años otras personas ya en ese momento adultas puedan mirar atrás y saber que lo que ellas y ellos son ha tenido un origen y les ha valido la pena para dejar un mejor planeta, para cuidar mucho mejor de las personas y para
generar un reparto justo. Así que esta es la reflexión que al final os he querido hacer en este episodio que como veis ha sido bastante diferente y bastante especial. Os puedo garantizar que para mí ha sido muy especial y nada me alegro mucho de compartir esto con vosotras y con vosotros para que podáis entender un poco cuando escuchéis mis audios, mis
podcast o cuando veáis mis vídeos de donde surge todo. Porque además de tener la idea de querer divulgar unos valores y unas éticas, esos valores y esas éticas al final surgieron en mí por algo y surgieron en mí en un lugar y en un momento muy concretos de mi vida y gracias a muchas personas. Así que nada, espero que os haga reflexionar este audio y espero que os haya gustado. Ya me lo dejaréis en los comentarios o donde podáis. Muchísimas
gracias por vuestro tiempo y un abrazo a todas y a todos. Chao, hasta luego.
