Charlas veraniegas. Hoy con Lola Rubio - podcast episode cover

Charlas veraniegas. Hoy con Lola Rubio

Aug 10, 20241 hr 20 minSeason 1Ep. 23
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Episode description

En este episodio del Podcast durante esta charla veraniega, me acompaña Lola Rubio.

Para los miembros de la comunidad, para todas y todos, si hay una persona especial esa es Lola y la charla que hemos mantenido ella y yo lo es. Lo es y mucho.

¿De qué hemos hablado? Pues puedo deciros que de todo. La cantidad de temas que hemos tocado es abrumador. ¡Una maravilla de charla!

Estoy seguro que os gustará. Todas y todos los que valoráis esta comunidad que se ha creado en torno a DaniCultura vais a disfrutar muchísimo de esta conversación, ya veréis.

Transcript

¿Qué pasa? Que te ha salido un hombre en medio del bancal. Mala suerte. Pues ya sabes lo que tienes que hacer, arrancarlo y trasplantarlo. Se te puede morir en el cambio, pero si no estás perdida. Hola a todo el mundo, bienvenidas y bienvenidos a un nuevo episodio del podcast de Danicultura. En esta sección veraniega que se basa en charlas con personas de la comunidad.

Y hoy nos visita no un hombre en el bancal, sino una mujer en el bancal que todas y todos los habituales conoceréis rápidamente en cuanto diga Lola. Lola está aquí y Lola me ha permitido hablar con ella y así nos vamos a conocer y me hace especial ilusión. Lola, que lo sepas, que lo sepas. Hola Lola. ¿Qué cuentas? ¿Qué tal estás? Hola Lola. ¿Hola? Hola, hola. ¡Oh! ¡Pero qué está pasando? Estoy en el sombrero, estoy en el sombrero. Perfecto. Aquí hasta la una y media o así no me pegará de lleno.

Tenemos tiempo entonces. Ya nos conocernos, el sol y yo. Eso es, o sea que estás en medio del monte como quien dice. Sí, sí, estoy en medio. Bueno, en medio. Tengo un linde que hizo el ayuntamiento a base de mis peticiones y juegos que hemos tenido. Sí. Y a ver, a lo lejos tengo el monchay. Bueno, lo veo todo, las casas de allí. No veo que ya no está caminando. Entiéndeme la cabecera para su dinero.

Bueno, veo una parte del monchay y bueno, ahí hay una riera que está entre yo y el payés que está allí y bueno, de ahí han venido casi todos los juegos. Dos problemas que tuvo el payés con la cuestión del ciembo, del compost o de las pequerías de esos animales. Sí, o él o algún trabajador, no lo sé. Y la otra que se incendió todo el monchay. Al año fue toda esta parte sobre todo. ¿Cuánto tiempo hace el incendio? Pues, pues, tenía ocho años, ahora tiene veinte. O sea que hace veintipico años.

¿Y cómo se ha regenerado más o menos el monte? Ya se ve más o menos. Bien, bien, bien, bien. A ver, no se abrazó todo porque consiguieron sobre todo, el problema era que era monchay, era donde el castillo de Palafols era, bueno, castillo, buenas. Era Santa, Santa Cadoma de Farnes, creo. Lo que se miraba de evitar era que cruzaban la carretera, porque si cruzaban la carretera estábamos perdidos. Ostras, que hay mucha gente alrededor.

Sí, sí, hay varias urbanizaciones, este pueblo, bueno, hubiera sido catastrófico. Ostras, sí, fíjate. Y, bueno, encima había un merendero aquí por Masbora, que es la montaña que tengo a la izquierda, y también el merendero estaba haciendo. Jolín, jolín, pues vaya. A aquel día yo iba a trabajar y allí a la altura de Palafols les dije, pues tengo que pasar, tengo que ir a buscar a las familias. Ostras, claro, jolín. Y sí, sí, pasaron, pero con compañía, o sea, no venían.

Y nada, hice todo el camino, la carreterita hasta aquí, llegué aquí, mi padre tosudo que no, tosudo que no, que ya he preparado el techo para estas cuestiones, no sé qué. De ahí el agua, de ahí la cantidad de agua que hay. Ya, ostras, es que yo creo que un incendio así en medio de del monte y tal, que eso es que al final tiene mucho combustible que quemar, ya puedes tener lo que quieras en casa, que vamos, yo creo que eso arde. Sí, lo que pasa es que te voy a explicar cómo lo hizo mi padre.

A ver. Y no es ingeniero ni nada, lo que pasa es que el hombre sabía de todo. Sí. Eh, hizo dos depósitos arriba. Sí, ah, qué bueno. Dos depósitos. Y en esta casa hay seis llaves de paso. Contando la de la calle, la de la cual ya. Vale. Entonces, la cara de aquí de la casa tiene tres oberturas con una especie de goma especial, yo que sé. Y hay una llave de paso abajo, en una habitación. No, dos, hay dos abajo.

Y otra que sé que tiene una calidad de cuatro mil litros, o metros curvos, no necesito llevarlo, para agua que se abastezca la casa en caso de que esté muy sin agua. Por un pop, por el invierno, por lo que sea. Sin fuerza, eso sí, no hay fuerza. Y esta de aquí, pues tampoco hay fuerza, pero en un tipo de los casos se puede meter en una bombeta, yo que sé, esos bomberos no saben. De manera que esos caños, cuando vengan los bomberos con sus potentes y mangueras, puedan atajar el fuego.

Bueno, oye, mira, pues tiene. No por altura, ellos ya saben cómo hacerlo. Sí, sí, claro. A mí se me voy a ascojar. Sí, sí, sí, sí. Pero bueno, que tienen ahí un recurso. Claro. Sí. Y más, yo que estoy enfrente. Y no solamente yo, el vecino de al lado también lo tiene hecho. Sí. Ella se hizo en su vida. O sea que... Bueno, mira. Somos los que nos comemos el bosque. Ya. Y ahora que estás hablando de agua, por ahí, por esa zona tuya, ¿ha habido problemas y hay problemas de agua, verdad?

Sí, el Gloria nos dejó bien. Sí, sí, sí. El Polter Gloria, un bonito nombre, pero la oficia. Ya. Ya que nos hizo el Gloria, nos dejó incomunicados tres días. ¡Holy! Fíjate. Se nos invadió un puentecito que tenemos aquí, claro, bajaba la riera, bajaba toda hostia bastrando como no hay mantenimiento. Sí, claro, claro. Nos acordamos del mantenimiento cuando pasa algo así. ¿Cómo es eso, que nos acordamos de Santa Barbara cuando truena o algo de eso? Exacto.

La presa, tenemos una presa, una presa aquí en medio del bosque, bien metida para dentro. Hay una presa, una presa enorme, ¿vale? Y, bueno, presa balsa. Sí, una balsa, eso es. Ahí se abastecen, cuando vienen los cóctelos con el fuego o lo que sea, descargan ahí sus, bueno, bajan sus huevos y llenan y ya está. Pues, hasta ahí se reventó. ¡Holy! Por lo mismo, por el mantenimiento.

Claro, al final va arrastrando el agua, eso es, va arrastrando como mucho material y, claro, llega un momento que todo ese peso, pues catapum. ¡Pua! Claro. Y se pegó aquí contra el puentecito, tu puentecito no tumbó, pero se ha hecho ni con algo tan derecho, pero no podemos pasar. A ver, un coche, un Land Rover de esos que tienen, o un tractor que tiene unas ruedas altas, pues sí, pero un coche viejo como el mío. Claro, claro, claro.

Oye, y después de todo ese problema que surgió, que ya hace tiempo, ¿tú notas que se haya tomado algún tipo de medidas o algo así desde el momento en el que pasó de decir bueno, pues ahora venga, vamos a empezar a tener un mantenimiento o seguimos igual? A ver, aquí sí, después de tantas reuniones, quejas, denuncias, no hemos llegado a hacer denuncias porque pegase con una tripa de un oso y el botar. Sí. Se ha conseguido que hicieran un cortafuego. Anda, bueno, mira. Es que no estaba. Ustras.

No estaba hecho. Ni cortafuegos, a mí me llegaban, ya no digo la hierba, los árboles y todo a dos metros de mi casa, o sea, de mi muro. No, no, claro, es que eso. Tú imagínate. Me juntan el fuego con los árboles que yo tengo aquí. Claro, claro, nada, nada. Y la casa, como dices, toda la guaguellera. Sí, sí, sí. Pero ¿tiene el bombero? ¿Vive aquí? O… Sí, sí, no, no, tienes que tener la estación de bombeo, vamos, en casa. Y lo que hemos conseguido hace poco es colocar unos… ¿cómo se dice?

¿Cómo se llama? Unos torres. Sí. Lo que tienen algunas calles que se ve el poste de agua. Sí, sí. Que encajan ahí los bomberos y pueden… Eso cada dos calles. Ah, bueno, oye, sí, claro, que tienen como más cercanas las tomas. Sí, sí, sí. Bueno, oye, mira, por lo menos… Eso es lo que está constituido finalmente.

Pero ya, pero da rabia muchas veces que digas, joder, toman medidas que son absolutamente obvias, como hacer un cortafuegos para evitar que se queme la gente o ese tipo de cosas en los postes. Claro. Pero claro, una vez que ya, pues, ya ves el peligro de cerca. Las ojadas del lobo prácticamente están con el otro casa. Claro, claro, sí, sí, sí, sí, joder, pues vaya, vaya. Bueno, vamos a ver, huerto. ¿Cómo es tu huerto, Lola? Vamos a ver, que a mí me interesa mucho eso.

Mi huerto, a ver, mi huerto estaba muy bien con mi padre, pero mi padre practicaba la convención o la tradición. Sí, claro, clásica. Un nifosato no creo, pero vamos, que echaba mano al amonio, al amónico, al… Sí, bueno. … al peligro, a todo eso, ¿no? Sí. Y yo, pues, pues no. Claro. Tenía bastantes discusiones en este aspecto. ¿Por qué le echas esas mierdas y te lo vas a cargar? Y yo no sabía nada. Sí. Sabía la composición. Sí. Y era para mí catastrófica. Pero él decía, sí, pero el árbol vive.

El árbol vive, él nos da fruto, y nos da sombra, y nos da vida, digo. Sí, pero por poco tiempo, papá. Nada dura eterno. Claro, eso es imposible. Y, por el frutal, pues, te puede durar 50, 60 años, a lo mejor 80. Sí. Pero llega el momento que… Sí, que tiene principio y fin, eso es. Claro. Y aquí, pues, bueno, está el olivo, hay varios árboles fatales. Otro he hecho yo por acodos, no sé, lo he legado. Y, bueno, es todo… Papá lo hacía, pues, donde le pega… Claro, no teníamos el clima que teníamos.

Claro. Claro. Y él hacía su huerta, pues, en la otra punta, donde, ya te digo, donde le pega el viento caliente. Ostras. El aire helado de invierno. Sí. Yo tendría que hacer ahí, bueno, meter un parapeto de lo menos seis metros para que no me sobre lo que sopla aquí. Pero no lo voy a hacer. No lo voy a hacer por el tiempo que voy a estar aquí. Cuando me jubile, yo… A ver, la letra. Claro, claro, sí, sí.

A ver, o se pasará una nobiliaria o… O lo veremos con mi hermano, porque en la casa está Juanelio y los dos. Ya veremos cómo lo organizamos y yo me la hago. Bueno. Y a ti el huerto, aparte de los frutos que te pueda dar, ¿a ti qué te aporta? Porque la verdad es que un huerto, aparte, claro, de la comida y de todo lo demás… Ostras, a mí no sé a ti, pero, Jolín, a mí me presta ir la leche. Me presta. Es un localismo, me gusta. A mí me gusta mucho ir. El huerto y yo. Claro.

A ver, es como tener una pareja y decir, ostras, es ni media nada. Pues sí y no. Pero bueno. En la primera no. En la primera no. En la primera no. En la segunda, bueno, nos conllevamos, ¿sabes? Pero el del huerto nada. Sí, se comerá un calabajín, se comerá… Acá no, ya te digo, no tiene ninguna cultura. Se comerá alguna verdura, pero no. Es un calabajín, el tomate, pimienta, alguna vergena, pero todo frito. Sí. Y eso yo… Ya. Yo horno o brazo o salteado.

Qué bueno, a la verdad las cosas del huerto que ricas están. Están buenas. Oh, buenísimas. La vencena, la de dulce, tienes que probarla. No la sé yo ya. Está, lleva un poco de vinagre y miel. Y está, para mí, eh, delicioso. Ya delicioso, de verdad, buenísimo. Una cebollita y un poquito de ajo. Y eso está de muerto. Qué bueno. Fíjate que yo con la berenjena tengo una relación amor-odio, porque es verdad que a mí me gusta mucho la berenjena.

Pero para empezar ya la coges y yo siempre me acabo clavando algunas de esas espinas que tiene hasta atrás. Después ya llego acá. Ah, no, la parte del culo, la corta rama. Claro, sí, sí. Pero ostras, después llego a casa y… Lo único que está entera, se puede decir, que la pincho con un tenedor si la hago al horno. Sí. Si la hago al horno, pues sí, la pincho con un tenedor. No, muchos agujeros, pero bueno, las voy a poner en cuatro agujeros para que no me arrepiente. Sí, sí, claro.

Y va con el culo incluido al horno. Claro. Una vez que sale, ese culo va tajo. Sí, sí, sí. No me entretengo, porque aún me parece lo que dices tú. Va a haber algún picho, pinchó resistente. Claro. Y voy a estar todo el día maldiciendo a la perejera. Y tampoco es plan. No porque me la quiero comer. No quiero que me siente mal. Claro, pero ostras, fíjate, yo siempre que la voy a hacer… Jolín, bueno, el año pasado ya empecé a hacerla con menos aceite, pero anda, que no chupa aceite ese frutín.

Claro. ¡Uy, cua de aceite traba! A ver, creo que hay cinco productos de la vuelta que chupan una realidad. Sí. ¿El champiñón? Sí, sí. ¿La berenjena? Sí. ¿Calabacín? Sí. ¿Lebolla? No sé, alguno más se me escapa. Sí. Pero luego, si lo haces salteado, luego te lo sueltas. No te lo sueltas todo, pero te lo suelto. Sí. Por eso el aceite, bueno, la sal, hay que ponerla casi al final. Claro. Porque como la pongas antes, te va a dejar, vamos, como la carne que venden en algún sitio. Sí, eso es.

Que nada, nada, nada. Claro. Sí, sí. Ese tipo de verduras, es verdad, que yo, sobre todo, a mí me gusta a la plancha. Mira, por ejemplo, el calabacín a la plancha, él, hola, qué rico. Sí. ¡Qué rico! Yo lo hago en verano batidos. ¡Qué bueno! Sí. A veces le doy una pelada y a veces no. Lo limpio bien, lo lavo bien, porque claro, tiene esa cosita, ¿sabes? Que está como no granulosa, pero ya, un poquito de esto. Como el pelo del melacotón. Sí, eso es. A pie.

Sí. Y eso sí, lo lavo bien, luego corto el culo, creo yo, la cabeza, el pequeño que tengas. Y nada, me la hago trocines, lo meto en la batidora, batidora X, aunque sea la de mano. Sí, sí. Pues la rayo, simplemente la rayo para menos problemas, de tropezones, y ya está. Claro, mira qué fácil. Lo meto bien con kefir o bien con yogur o bien con algo que esté fermentado para que no te siente mal.

Fíjate, ahora que sacas todo eso de fermentos y todo este tipo de cosas, una cosa que siempre me llama la atención de tus comentarios o de lo que aportas en la comunidad del Telegram y todo eso, es ese aporte que, aparte de las recetas, que veo que tienes muchas y muchas y muchas, es lo de los remedios naturales y todo eso. ¿A ti de dónde te viene esa sabiduría, Lola? De mi niñez en el pueblo. ¿De tú, perdón?

De mi niñez, que cuando era pequeña, me llevaba mi padre allá al pueblo, me dejaron ahí tres meses, y ya está, lo aprendí todo de mi sabiduría. Qué bueno, qué bueno, esa sabiduría ancestral. ¿Y tú qué haces habitualmente? Yo creo que es una verdura por ellos también. Ah, qué bueno, qué bueno. O sea, que todo esto te viene de tus abuelos. Sí. Qué bueno. ¿De dónde eran? ¿Eran de por ahí también? De Graus. De Graus. De Graus. Qué bonito Huesca, ¿eh? Sí, tiene cosas chulas.

Uy, a mí me gusta mucho Huesca. La provincia, vamos, la ciudad. Fíjate que la capital yo no la conozco, pero sí que he pasado algunas veces por la zona más pidenáica de Huesca, y a mí Huesca me encanta. Y no es cuando vas con las peorias. Claro, claro, hombre. Me clino, y en semantero. Sueles ir de vacaciones allí. Bueno, ahora ya una temporada por no decir años, bueno, fuimos para el enteo de mamá. Vaya, lo siento. Y no he vuelto más, pero sí. A ver, son tres horas. Sí, ya, bueno, sí.

Cuatro desde Tordera. Claro, claro. Cuatro desde aquí. Pero qué se puede hacer, es ningún problema. Sí. Vamos. Y claro, ¿cuánto el coche? Yo, claro, el coche tiene 20 años. Yo, yo, yo. Bueno, yo te gano que el mío casi va a cumplir día 30, no te digo más. Ah, pues sí, bueno, bueno. Ya, ya. Que no quede más tranquila. A ver, el mío está cuidado. Claro, hay que cuidarlo. Pero las revisiones no de ITV, ¿eh? Sí. Pues mira, hoy es el día de marchar, cómo marchar en su día.

Pues, ya, pues está a punto con sentimiento, con sentimiento, ¿no? Con, con, sí, con cuidado. Sí. Yo ese tipo de cosas de, pues, de mantenimientos, es lo un poco lo que hablábamos de la riera esa que tenía el, todos esos restos y los que generaron un problema ahí en tu zona. Pero es que, por ejemplo, el tema de los coches y todo eso, yo siempre considero que el coche que menos consume y que menos daño hace al mundo y todo eso es el que no se mueve, la verdad.

Pero es verdad que es una utilidad muy grande un coche, nos ha fastidiado. Y entonces yo siempre abogo por la conservación, la conservación consciente de, pues, ese un coche. Pues, cuantos más años te dure mejor, ¿no? Sí. A ver, hay una cosa de, digamos, la mecánica o la conciencia que me enseñó mi padre. Para que no saque tantos unos, por ejemplo, un diez, ¿eh? Sí. Si pones la primera. Sí. Vale. Dale gas. No, claro, hasta el número dos. Sí. Si pones la segunda, dale gas hasta el número tres.

Si pones la cuarta, dale gas hasta el número cuatro. A tope. Y eso limpia el... Claro, así limpias un poco el motor. No el tubo de escape. Lo otro. Sí, el motor y todo eso. El tubo, yo sé. Sí, el colector de escape o todo eso. Exacto, sí. Eso es. Sí, sí, sí. Entonces, cuando tú pasas a la ITV o lo que sea, ya no desprende tanta mierda. No sé, no dejas negro al pobre desgateado que está allí. O dejas todo en toda la estancia de donde número uno, número dos, donde estés tú.

Sí. Todo negro que no puede entrar mi Dios. Sí, sí. Eso es. Es sencillo. Dale gas. Sí, sí. Dale gas. Eso es, dale gas. Que bueno, Lola. Y yo siempre me digo aquí a muchos vecinos, es que siempre me lo tiran para atrás, siempre me lo tiran para atrás. Digo, ¿tú cómo conduces? Como todo el mundo. No, perdona. Como yo, no. A ver. Hay que conducir a todo gas. Claro. Siempre respetando las normas de tráfico. Vamos a mandarlo ahí, este mensaje.

Exacto, no me pones el coche a 200 cuando no puede ir a más de 160 o todo. Ahí está. Porque te empiezas a vibrar y acabarás llegando al destino, sí, pero solamente con el asiento y el volante porque lo has sujetado. Oye, Lola, y otra cosa que antes de empezar a grabar estuvimos hablando. Háblanos de tus gallinas. Mis gallinas. Que ya sabes que a muchos nos tiene siempre pendientes. A veces gallinas saben mucho. Yo creo que es como cuando tienes un perro o tienes un gato.

Bueno, gato es más independiente, pero te conoce. Te conoce, entiende el idioma. Evidentemente, no llevamos una conversación porque no... Yo no sé que tú no. Claro. Pero perro no tampoco. Pero con las miradas y las tonterías que puede hacer un perro, ya sabes que él sabe quién es blando y quién es duro. Hombre, sí, ostras. Tomperaé. No, no. Con las gallinas igual. Las gallinas igual. Mira, te voy a contar un chiste. Sí. Para mí es un chiste. Pues, madre, tota, cógela como me lo voy a dar.

Vino mi madre unas semanas aquí. Sí. O mi hermano, porque yo ya no podía entrar en Barcelona. O podía entrar. Se paraba de su esposa. Sí. Pero como me parece una burrada, pues no. Me trajo mi hermano a mi madre. Estuvo aquí una semana. Y uno de los días me dice, mira, voy a hacerte un favor, mira. Voy a ir abajo. Mamá, que tú no andas muy bien con tanta cuesta y tanta escalera. No, no, no. Iré con cuidado. No te preocupes. Bajo abajo y te cierro yo las gallinas. Hostia, pues muy bien.

Me acabo yo con ser las gallinas por mi madre. Claro. Vale. Baja, baja, abajo. Y nosotros esperando arriba. Y necesita hacer. No dice nada. Pues, sí se cae. Es que no se oye nada. Solo se oyen las gallinas. Quejándose, quejándose, pero. Porque está cogiendo mano. Entonces teníamos 13 gallinas. Sí, ostras. Pero tengo 5. Pero eran 13. Pues son muchas. Pues me imagino que mi madre corriendo por aquí y yo tras las gallinas. Vamos, una historia. No puede ser. Bajo, para abajo.

Y me dice, digo, mamá, ¿qué haces? Dice, pues, aquí, que no me hacen caso. No, no te hacen caso. Bueno, pues oye, para haber tenido siempre gallinas. Porque ella tenía 25. Me cachen en la mano. No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no, no. No, no, no. Me cachen en la mano. 25 gallinas. 25. Este terreno y el otro terreno pequeño. 200 metros por dos al lado. Tenía sueltas ahí cada día. Por toda la casa. Mi mierda, por todo el pavo.

Bueno, yo llegaba al fin de semana y él, venga, recogá el mierda de mí. ¿Cómo puede ser? Yo tenia que ir a un sitio que estaba asombrado. No, no, no, no, no. No lo podías acoger, mierda. Ven a descansar. Bueno, y. Y digo, bueno, y tú. ¿Cómo las llamas? Pues, como se llopó la vida, nena. ¿Cómo las llamas tú? Titas, titas, titas. Empiezan titas, titas, titas. O pitas, o no sé qué. Y digo. Sí. Uy, mamá, eso ha pasado de moda. Chicas, al salón. Y fueron para el salón. Se acabó.

Y fueron para el salón. Se metieron como militares. Todo falso. Ahí está. Y se quedó blanca en mi vida. Y dios mío, esto se avisa. Claro, claro, claro. Féjate. ¿Qué es lo que le has dicho? Chicas al salón y me han dicho. Vale, va, con más impetuos. Claro. Sí, sí, hombre. Las gallinas. Claro, al final, como vemos a los pájaros en general, como son diferentes a nosotros, a los mamíferos y tal, pues. Y tienen otra actitud.

Y es que, bueno, es que, bueno, es que, bueno, es que, bueno, es que, bueno, es que, bueno, es que, bueno, es que, bueno, es que, bueno, es que, bueno, es que, bueno, es que, bueno, y tienen otra actitud. Pues claro, le damos por sentado que dices, va, bueno, estos bichejos. Pero, ostras, tienen, tienen mucho saber esos animales, José. Ostras. Y más si conviven contigo. Claro, fíjate. Tú, tus gallinas todos los días manteniendo unas charlas que tienes con ellas, pues, al final, al final.

Yo veía aquí mi madre que tenía aquí, pues, tres cuartos, tres cuartos o casi toda la parcela, pues tenía su huerta, los tomates, las coles muy cerca del gallinero, pues claro, arrancaba las hojas y se las llevó a las gallinas. Claro. Era práctico, ¿no? Hombre. Y yo veía las gallinas desde arriba, ese balcón que estaba antes, digo, qué jodidas. Están en la misma esquina, esperando a su marciamá del huerto de las coles o de los tomates. Se van asomando.

Había una que se iba asomando como diciendo, ahora, ahora, que ya se va, ya no está. A por ello. Y como balas, dando zancadas hacia los tomates, mis caballos no esperaban. Desde arriba ya me veía a mí tirando huevos duros para espantarlas porque no comen. Son magnistas las pilloras de gallinas. Y yo pensaba que estaban en el gallinero. No, mamá, no. Estaban en la esquina de la casa. Qué jodidas. Observándote. No. A mí me tocan esta selección y lo siento. Lo escuadro al primer día.

Si no, a la cárcel. A la cárcel. Antes habíamos hablado que tú, por ejemplo, que no la sacrificas. Y yo también te decía que a mí sería una de las cosas que yo, por ejemplo, la persona que me metió así hace muchos años, la cosa así del huerto y tal, era un tío mío del pueblo de Boñac. Y es verdad que, que Jolín, comían de todo eso. Entonces, claro, pues él por necesidad, pues lo comió, pues mataba a las gallinas, tal y todo eso.

Y es verdad que a mí es verdad que sería una de las cosas que sé que podría hacerlo, porque lo sé, pero sería mi última alternativa mientras pudiese hacer otra cosa. Y tú me comentabas también que eso que también te generaría un poco de conflicto. A ver, yo lo pasaría mal. Sí. Y más. A ver, muchas veces mi mamá me decía que yo pues te vendría muy bien meter un gallo. Aquí los vecinos se han ido marchando los gallos de una manera u otra. No quieren animales que hagan lo mismo.

Ellos quieren venir aquí, pasar una semana, irse todo el día a la playa, venir a dormir y que nada los moleste. No van a querer un gallo que a las cuatro o las cinco de la mañana les cante, venga, como los militares, venga, a levantarse. No puedo poner un gallo. A ver si es un gallo nudo, pues vale, pero vamos, no conozco ninguno. Ya. No. Y sí, porque la cosa era, pues mira, como la caseta, miradme la caseta, tiene dos estancias 20 metros de una punta a la otra. Ostras, grande.

Y está hecho de obra, que está bien. Sí, sí. Podría tener, podría tener pues criar pollos en un lado y luego tener las vaginas, luego están los de campo de 800 metros, a ver, sí, podría ser, pero no. Claro. No, porque además aquí por el ayuntamiento podemos tener vaginas. Cabras, no. Bacá, mucho menos. Ya. No. Ovejas, ya te digo que no, tampoco. Las hayas así, pero son cuatro por terreno. No batería más, pero prácticamente las tenía silenciadas. Sí, claro, claro. Las tenía leccionadas, silencio.

Y los conejos tenían una gavia que estoy ahí pensando qué hacer con la gavia de los conejos para no deshacerme de ella, pues reutilizarla en algo y darle vueltas. La forro, no la forro, la desmanso, no sé qué hacer porque es de metal, de lino, no sé qué. Pues tenía conejos también. Donde yo ahora tengo las rombrifes en su arco, que en un tiempo la usábamos de leñera, ahí tengo las rombrifes y ahí tenía ella los conejos, porque es un sitio muy, muy fresco. Qué bueno.

Pero estaba prohibido tener conejos. ¿Andá? En aquellos años estaba prohibido. Espérate, qué curioso. Mi mamá compró aquellos conejos del mercado de tordera que le hincó a las tallesas que se los vendió, que son para comer hoy, para comer la familia. No quiero que sean pareja ni nada. Quiero que sean machos y ya está. Me da igual. Vale. Sí, sí. Le dio una pareja. Chico y chica. Y ese día, por no sé qué causa, no sé, pensaron en hacer otra cosa.

Había que matarlos, había que, bueno, se dedicaron a lo mejor. Había que pelarlos, había que dejar que se curara la carne y tal. Y con los perros, con los pájaros y con los dones que hay en el bosque y todo, pues no. Sí. Y no sé si eran los conejos. ¿Qué pasa? Que a cabo de una semana, pues resultó que la coneja estaba prena. Menudo lío. Y de tener dos, yo no sé la cantidad de conejos. Sí, es una pasada. Es una pasada. Sí, pues... Es una pasada. Es increíble.

Lo de la reproducción de esos animales, aquí tengo un vecino en medio de León, en medio de León, que, bueno, que estoy yo siempre, ya os lo digo, que estoy un poquitín alejado de este centro. Pero, bueno, estoy a cinco o diez minutos de la catedral, o sea, que tampoco es que esté lejísimos. Y ahí, aquí, en un pequeño prao que tiene en una casina, y tienen una pareja de conejos. Bueno, bueno, bueno. Claro, chico y chica. O conejo y coneja, vamos, para ser más precisos. Me cago en la leche.

El lío de conejines, por cierto, muy guapos y preciosos que han tenido aquí. Sí, sí. Es impresionante, pero impresionante la capacidad de reproductiva que tienen. Claro, es la pena que tengo yo. Claro. Que los ves cada día, los alimentos cada día. Los pollos me pasaría igual. Claro. A ver, un pollo. Un pollito, a partir de los tres meses, la genética decide si me voy a gallina o me voy a gallo. Entonces, me parece que a los tres meses, no me acuerdo mal.

Pues, porque yo me informé para ir a la gallina. Pero mi madre decidió que al día siguiente se va a echar Barcelona. Digo, coño, yo me he comido las gallinas. Yo me quedo para la gallina. Sorpresa, Lola, sorpresa. Por narices quería que yo tuviera gallinas. Las gallinitas quería muy bien. Y me quedé con las gallinas. Yo no quería gallinas. Yo no quería gallinas. Porque siento la mierda que sueltan por aquí. No. Y eso es la pena. Que tú los crías, tú los ves cada día.

Y sé que estaría todo el día pendiente de los pollitos. ¿Cómo me los voy a comer? A lo mejor los corresponderían, hombre. Sí. Hombre, la mejor manera de comerte unos pollitos que has criado tú es lo que me hizo mi abuela a mí. Voy a contarte una anécdota que vas a alucinar. Lola. Yo compré los pollitos. ¿Cómo te contaré la que me hizo mi abuela con la verdura? Venga. Pues yo tenía, pues ahí en el pueblo, en verano, pues había pues el típico mercado, los lunes.

De hecho, se sigue haciendo los lunes ahí en Boña. Y entonces había, que yo creo que ahora ya no se hace, no creo que esté permitido, pero vendían los típicos pollitos de colores. Y entonces, si eran más guapos, pues yo me compré un par de pollitos de colores. Los compré. Pero claro, lo típico, pues yo no los tenía pensados matar. Yo quería, pues yo los tenía porque eran geniales. Bueno, les echaba de comer, tal. Entonces yo fui un verano que estuve pendiente constantemente de esos pollitos.

E incluso años después compré un pato que lo tuvo ahí mi tío durante, yo creo que un par de años lo tuvo. Y, pero bueno, ahí vivió, yo no sé lo que sería de él. La cuestión es que esos pollitos, pues para mí eran, yo los estaba teniendo, pues en plan mascota. Al final, pues ya ves, un niño. Hasta que un día, pues el típica mañana de verano, pues una típica mañana cálida, que yo me desperté tarde. Después, imagino de todo, de todo, no una noche, porque yo era muy niño. Pues bueno, pues lo típico.

El niño se levantó tarde y el niño directamente fue a comer. Y comí arroz, arroz con pollo. Y yo qué sabía. Y entonces, después de arroz con pollo, le digo yo a mi abuela, oye abuelita, abuelita, voy a ver a los pollos. Me dice, ya no los vas a ver, hijo. Dice, ¿por qué? Dice, porque te los acabaste de comer. Y así los comí. Y así fue de rápido, la verdad. No me dice, fíjate que no recuerdo, yo no tengo el recuerdo así como que fuese algo super traumático.

Porque es verdad que yo, eran cosas que sí que veían entorno a mí, pues cómo los animales se mataban, pues para comer, o se sacrificaban para comer y tal. Pero así, de cruda, fue mi abuela. Ojo, que mi abuela era una persona super amorosa, no era nada fría. Vamos a comprar pollo. Claro. Vamos a comprar pollo para comer. Sí, sí. A ver, seamos francos. Lo sabemos, el pollo que tú compras tiene tres meses. Claro, sí, sí, sí, sí. Es, a ver, no hay que ser hipócrita.

Claro, si al final comes el pollo y... Pero claro, yo, es que no, es que sé que no me lo comería. Claro, sí, sí, sí. Pero animal, yo si pusiera aquí conejos, a ver, tienen amor férrimo a los ratos. Porque aquí nos han ayudado mucho, yo no tengo una triste rata. Claro. Lagartijas, yo no sé si el gato lo entendió, el gato más viejo, lo dice, ni se te ocurra, eh. A las lagartijas y los lagartos menos viejos, y las culebras y los sapos ya ni te cuento. Yo no sé si lo entendió. Bueno.

Pero hay sapos, hay planos. Tienes una conexión con los animales. No sé, quizás es la manera de decirlo, yo qué sé. O es que me dijo, ostia, esta no me va a dar comer. Esta no. No lo sé, no lo sé, no lo sé. Pero ratoncillos en el dañimero, a ver, como está la caseta hecha en el último rincón, al otro terreno está, dijéramos, el pozo ciego. Se recoge las aguas, se recoge las portefeas de la casa y todo eso de jabones.

Sí. Entonces, claro, ahí es una zona que, bueno, que tiene buenos cimientos porque papá hizo unos cimientos de narices. Sí. Para montar la casa. Y, pero claro, no deja de estar, y puso rachola en el suelo. Claro vivíamos ahí, en la semana, pero vivíamos ahí. Sí. Pero no deja de estar en un sitio que prolifera los ratones. Sí, claro, claro, sí, sí. El muro lo tengo a menos de un metro, que ya tengo el bosque, que ahí corre de todo. Claro, claro.

Pero yo, igual, yo que sé, le tengo ahí de pie un tocino de esos, un jabalí y le tengo un suco de muerte. Yo voy con el móvil, con la luchita del móvil, oscura, y igual me mata el susto. Sí, sí, claro, claro. ¡Hola! ¡Hostia! Porque se pueden apoyar, se pueden poner de pie, están bajo el muro que se pueden poner de pie. Qué pájaros. Hay una valla, hay una malla, pero con pinchos y todo, pero... Pero el susto te lo llevas. El susto, el susto me lo llevas. Eso es. Claro. Y entonces, claro, hay...

Pues los ratoncillos no es que te atraviesen el suelo, se los también puestas y están en hormigoño, digo, un buen bloque, un buen agujero que hizo el hombre aquí. Y... Pero claro, me pasan por las paredes. Claro. Hacen el rasgueo ese de las paredes y los pez, los ajonitos, y yo cada año tengo que estar tapando. Tengo que estar tapando agujeros y bueno, ahora, el año pasado lo que hice, encontré una lavadora de mi madre, de daño... ¿A tu saben? Sí. ¡Madre mía! ¡Se atajo del pueblo!

¿A ver cuántos años tiene lavadora? Igual era vintage y todo, no lo sé. Pero cuando la vi, digo, ¡ay qué bien me viene en tus paredes la carcasa! Claro, sí, sí. Porque la carcasa era más gorda de... ¿Sabes las neveras aquellas antiguas? Sí, sí, sí. ¿La vintage? Sí, sí, sí. Pues no te exagero, pero fuera de lo que aísla, el gozor de la carcasa era igual. Digo, ¡qué bien me viene! Lo metí en todo el esquineto donde las gallinas ponen los huevos. Ah, amiga, claro. Toda la parte de abajo.

A este día, no sé, la altura de una lavadora, aunque aquella era más grandota. Sí. ¿Un metro? Sí, un metro sí tendrá, sí. Me decía mi marido, es que no lo vas a poner, no lo vas a poder poner, eso tiene que hacer venir a alguien. Pero qué manía conocer estas cosas a tu libre albedrío. Como he hecho toda mi vida. Metí las planchas allí, no enganchaban, digo, pues este no va a tener razón.

Enganché una taladradora de estas que va con el tornillo, no le dije al perro de perro, yo necesito hacer estas, puedes meter esta tuerca, pero que va a costar. Quieres que vaya, que me la vaya. Me bailó por toda la chapa y toda la pared de la taladra. En mi vida me ha cogido un taladro. Le metí aquello, lo sujeté así en las rodillas como pude, bueno, medio, con dos maderas para no hacerme daño y ya creo que lo clave. Menos mal. Y punto, y lo hiciste ahí fuera.

Me pido una mano muy pequeña, no tengo fuerza en las manos, las piernas sí, pero no. El tornillo que te ha ido para todos los lados. Oigo, Dios mío, esto no puede ser normal. En cuanto ya no tenía medio de esto, mira, con unos alicates o un, ellos que tienen, no sé, que van en una especie de alicate, pero va en forma de puncha. Le fui dando vueltas, vamos, me moría ir dando vueltas. Metí seis tornillos en cada placa. Y el resto me cae todo el día.

Bueno, al final es verdad que mira, lo que dices de no tener fuerza en las manos o algo así, sobre todo la mayor fuerza es la voluntad y tú me parece a mí que tienes mucha, mucha voluntad de hacer las cosas. Yo muchas cosas las he conseguido a base de cabeza. Claro, sí, sí. Yo tengo que hacer esto aquí porque tengo una necesidad. A ver, yo no estoy dispuesta a que... A ver, las gallinas, sacas, lo sabemos. Sí. A ver, el cuco no será carne literal.

Todavía por investigar, pero que vamos, que ven algo que se mueve y... Ojo con tener los ojos cerca de... Sí, sí, te sacan un ojo. Te sacan un ojo. La nina se mueve, entonces ojo, ojo no, por dicho. Ojo no. Ojo. Precisamente. Entonces, claro, cualquier cosa que se mueva. Como vean un gato chiquinín, aunque sean grandes, no importa, es que se enfrentan. Sí, sí, sí.

A comer los huevos que no tendrán porque no tienen, pero oye, no. Meto la plancha y no pongo más plancha para arriba porque ya sería más alto. Encima una escalera, me puedo pasar el día bailando encima de la escalera. Hay que tener voluntad, pero con cuidado, con precaución. Sí, pero con una saturación. A ver si nos vamos a pasar de voluntariosos. Uy, no, no. Sí, mira, fue la solución. Fue la solución porque por allí no pasa nada.

Pasarán por arriba, no sé, por el techo, la cámara es en la arriba, vete a saber lo que hay ahí. Ojos que no ven. Bueno, ¿cómo pasó? Cuando vinimos a esta casa, la casa estuvo cerrada casi cuatro años. Por toda la enfermedad de mi padre. Alzheimer y bueno, todas las intervenciones que tuvo, bueno, todo el lío de la vida, ¿no? Sí. Entonces, claro, aquí entraron. Aquí no habitaba nadie. Aquí entraron, reventaron los ventanales de arriba del balcón.

Entraron por ahí, vivieron, comieron. Bueno, pasaron unos días en plan heavy, ¿no? Cuando yo vine aquí, por voluntad propia, porque estaba saturadísima de la capital, que no podía más, lo necesito para... Y primero fui a Caldas, ¿vale? Estuve en Caldas, pues, cuatro o cinco años, una cosa así. Y luego ya, no había Pagar alquileres y pagarlo todo, pues no. Bueno, tengo la casa allí porque, pues, ¿qué c*****? No va nadie. Hablé con mi familia, bueno, mis hermanos, mi madre, pues...

Pues para adelante. Pues sí, mira, así no entra nadie en esa casa porque si estás tú, no vas a dejarte entrar nadie, ¿verdad? Con tomar la hostia. Pero claro, llegué aquí y me encontré un caos. Ya. No se podía entrar porque... No. No. No. No. No. No. No. No. No. No. No. No. No. No. No. No. cómo se llama, aquí cerca hay una especie de ermita, que sé que hay un volcán dormido y muy pequeño. Vale, es difícil tenerlo aquí, ¿no?

Oye, no, no, me pasé muy mal y me han ido durmiendo con un tronco en el coche, y yo digo, ¿tú no te has enterado de nada? Claro, el coche está bien. Ya te lo explico, el coche no se entera nada. No, y él que duerme ya puede caer bombas, ¿eh? Él no se intera, tiene un sueño profundo, profundo, yo no. A mí una mosca ya me tiene en alerta. Pues si tuvieses dentro con tus gallinas un gallo iba a hacer las delicias de tu sueño, ¿verdad?

Hoy, bueno, depende, al menos me dejaría dormir hasta las cuatro de la mañana. Eso es verdad, por lo menos hasta las cuatro, así se aprovecharía. Sí, o sea, yo no cuatro o cinco horas, es que nada, yo he vuelto a mi horario y no... Sí, sí, como se sea de dormir poco, mira, yo este año estoy intentando hacer el...

Me estoy intentando autoimponer acercarme a dormir ocho horas, porque es verdad que yo también tiro a dormir poco, no porque no duerma, porque tenga dificultad, porque una vez que llego a la cama es como que me caigo inconsciente, pero es verdad que duermo pocas horas y tengo que empezar a acostumbrarme a dormir más, porque es verdad que te levantas de otra manera. Sí, sí, sí, sí. Es importante.

Además, yo o mi sistema inmune o mi metabolismo, mejor dicho, sí, puedes estar una temporada durmiendo solo cuatro horas, pero llega un día que a lo mejor estás todo el día o dos días que ni comes y te mueves. Sí. Eso también me ha pasado, ¿eh? Y me pasa. Me sigue pasando. Ya. Cuando estoy muy... dos días no, pero un día entero de decir levantarme lo justo y volverme a sobre, que digo yo, sí, me ha pasado.

Y hace poco también porque pasé muchos nervios con disgusto aquí con los vecinos y todo esto, pues acabo de un día que te afecta. Y todo ese tipo de cosas te afecta y, ostras, lo del sueño y eso, para muchas cosas ya no solo por el tema de estar dormido, sino eso, lo que tú dices, el sistema inmune, estar más saludable, más... Pues eso, que te entran enfermedades y dormes mal. Es que es así. No, no, es así. Es como cuando tienes un... No sé, has comido algo que se te acusa el estómago o...

No sé, no sé. Bebes un vaso de leche, ojo con la leche. Eso digo lo de los fermentos porque la leche... Si fuera leche, leche, pero... Claro, es que a día de hoy... No, no. Ostras, eso que venden en los cartones, madre mía. No, no, es que nada. Ya no miro titetas porque digo, bueno, eso con la pinta que tienes, y te lo pintan tan bonito y tan espléndido, miedo me da a acercarme y ver la titeta. Hace unos años, hace dos o tres años, hice un curso de elaboración de quesos.

Y claro, lo hacíamos con leche, leche. O sea, leche de verdad, leche. Y claro, la leche de verdad... Bueno, a nadie... Cualquiera que haya tenido un poco de contacto con leche, lo típico de cogerlo con la lechera, de venir a casa, de hervirla para un poquitín, tal, sabe lo que es la leche y sabe a qué sabe la leche y todo esto que venden en los cartones. Lo llamaba la profesora del curso y decía, bueno, eso si acaso lo podemos determinar o definir como un refresco lácteo, pero leche no es leche.

Es como las maquerías. Mira, aquí habían maquerías, granjas, no sé cómo se llamaba. Nosotros no nos llamamos siempre maquerías porque teníamos vacas. Sí, sí, sí. Teniendo cabras, igual, dijimos maquerías. Sí, sigas igual. Así os entendéis, las maquerías. Aunque hagan B. Sí, sí. Y había varias. Había varias. En el pueblo había una, fuera del pueblo había dos más. Siempre iba una que, bueno, aquí había un medievolo que lleva años. Un medievolo, un restaurante que paga 200 euros y come.

Vamos, una isla del Pacífico. Sí. O sea, un trocito de carne en un súper plato. Y yo solo fui una vez y dije, madre mía, he pagado casi, bueno, a razón, entonces, antes de tal, a razón de 200 euros. Dios mío. Y le dije, padre, digo, lo vendremos más, no. No, no, no pienso venir más, jodiendo, que le va a costar la comida aquí. Hombre, lo que pasa es que los platos esos de los que hablas, imagínate, hay que pagarlos. ¿Pedazo o plato? Claro, la bajilla.

Digo, me siento como en una isla del Pacífico. Yo soy la isla. El plato, Jesús, qué mierda, pollo que le están puesto. Esto no es nada, te parece un pollito. Sí, sí, sí. Pues allí al lado había una batería. Ellos elaboraban quesos, mantequilla, bueno, todos los reibabes. Hacían yogur también. Y aquello, la batería, ostras, tú, que ibas allí al tanque.

Claro, después de la recogida de la leche, la horneada, o sea, con máquina, bueno, que ya lo hacían con máquina ellos, la pasaban a un tanque para que se estabilizara. Pero que no... Vale. Ostras, tenía un color. Claro. Tenía color. Claro, claro, claro. Porque te compraba mucho en Barcelona, cuando abrías la leche, dijiste, el color más raro tiene esto. Es blanco. Sí, sí, sí. Claro, tiene ese toque amarillento que le puede dar la grasa, que tiene la leche y demás. Claro, claro, claro.

Es un caldo de vida, la leche es un caldo de vida. Claro, lo poníamos en una superperola que tenía mi madre. Sí. Y era aquello que cojamos. Cojía la lechera y en la lechera había... Seis litros, una cosa así. La metíamos en aquella perola y la hacíamos hervir tres veces, que subiera tres veces, ¿sabes? Claro. Para matar a bacterias y bueno... Y cuando se enfriaba, te dejaba casi dos dedos de... De nata. De nata. Claro, claro, claro. ¡No! Ostras, eso era...

Y luego la tapa aquella de... ¡Oh! Aquello era una preciosidad. Claro. Sí, sí, sí. ¡Oh! ¡Maravilla! Además, te servía para más cosas porque, jodín, de esa nata después podías hacer mantequilla, bueno, podías hacer... Claro, claro, claro. Claro. Incluso si querías podías hacer queso, de ahí podías sacar varios elementos. Porque ha sido delicioso. Yo hacía queso, hacía yogur. Yogur que me duraba, no te digo el mes, pero veinti... pocos días sí. Sí, sí, sí, sí.

Y eran cosas naturales, por supuesto, pero eran cosas... Y el requesón. Y, hombre, el requesón. ¿Qué cosa más rica el requesón, eh? Es más, ¿tú crees que la gente sabrá lo que es el requesón en realidad? Yo creo que no. Yo creo que tampoco. Porque empiezan a decir que si le echo vinagre, digo, pero si tienes que hervir el suero... ¡Por favor! Claro. Yo como lo hacía, como veía que lo hacía mi abuela, porque mi abuela tenía cabras, ¿no? Sí. Los abuelos tenían cabras.

Tenían seis cabras, no quería más. Sí. Y bueno, yo he bebido directamente de la teta a la cabra. Sí, sí, sí. Cuando era más pequeña. Y no me sentaba mal. No. Claro, me daba un asco tremendo. Eso es otra cosa, eso es otra cuestión. Eso es otra cuestión. Pero que estaba muy bueno. Sí. ¡Ostras! Claro. Sí, hombre, eso es otra cuestión. Y vamos con el... bueno, con el calasto aquel, porque no dejaba de ser un cubo. Sí. No era un cubo apañado, pero un cubo.

Y vamos con la leche, lo preparábamos allá y lo hacía todo muy rúspico. ¡Ostras! Aquello estaba muy bueno. Y luego sacabas un... lo dejabas reposar toda la noche el suero al día siguiente. Ya, frío, frío, pero frío del todo. Lo volvías a calentar y tenías tu requesón. Claro, qué cosa más. Para mí yo me hubiera tirado aquel cubo y ya está, pero decía, ¡Pedices! Es la maravilla que tenemos aquí. Claro. Y después ese suero se lo das a las cabras otra vez y lo comen como limas. ¡Ostras!

Ya les preparaba un puchero en pleno invierno. Bueno, allí en septiembre ya hace frío. Pero les preparaba un puchero con las obras del huerto, de la huerta, de la viña, que decía de ellos. Ahora te contaré lo de la viña. A raíz de ese día... Empecé a interesarme por saber qué son las verduras o las horterizas, cuáles son y qué o quién se las puede comer. Sí. Yo nada más conocía la lechuga y la cerda porque era lo que comíamos en Barcelona. Sí.

No comíamos mucho más de verde porque todo lo demás... Ni lo conocía ni me interesaba. Yo estaba por el estudio, yo estaba para nada más. Sí. Me pones un plato, ¿vale? Y tú dices qué es esto, ¿vale? Perfecto. Me lo como y ya está. Y me olvidaba de lo que era. Pero con mis abuelos no me olvidé más. Me cago en la sala. ¿Qué lección me dieron? Claro. ¿Qué lección? Los abuelos suelen dar muy buenas lecciones. ¡Ostras! Llevan lecciones. Las mejores. Y más un plato de sopas de pan. Todo el día.

Porque me mandaron a buscar hierba para los colegios. Digo, ¿yerba? ¿Qué tipo de hierba comen los conejos? ¡Menos! Y mi abuelo me decía lo de los chopos. ¿Sabes dónde están los chopos? ¡Ahí, sí! Al lado del río. Pues si puedes llegar. Si no, no te enfiles. No te enfiles porque te vas al río. Vale, vale. Ya coge la vinagre lo que esté más cerca. Yo vi el montón de hierbas que se habían hecho. Verde, como decía mi abuela. Todo lo que veías es verde.

Pero no te metas en la villa. Ahí tenemos todas las máquinas. Ah, vale. Veo ahí un ristral fuera de la viña. ¡Verde! Precioso, digo. Esto le va a encantar. Tanto a la abuela como a los conejos. Y tanto que le encantó a la abuela. La abuela no era de echar broncas. Era de hacer un poco de trato. La abuela no era de echar broncas. La abuela castigaba directamente. Bueno, así se ahorraba un paso. Sí, sí. No te explicaba nada. Pero ella te la jugaba. Y esta abuela, yo te la contenta.

Digo, la abuela, ahí tienen la hierba, la contenida hierba de los conejos. Te ha saltado recoger. Digo, ¿por? Pues sí, lo te iba a decir. Si no, te lo habría ido piedra. Te cago en la mesa de la... Cuando abre el saco... Los bisaltos que hacía meses que ella había sembrado. ¡Ay, Dios! Castigo inmediato. Pero inmediato. Yo aquel día la pálida lo había dado. La abrazaba el saco yute hasta casa. Porque desde el puente hasta casa. Hay un trozo ahí. Dimos, ¡preciosa! ¡Ostras!

Vamos, vine negra. De sudor. Apoyarme en todas partes con el hinchoso saco. Digo, no sé si soltar estas hierbas por el camino y decir, no había más. Tenía unos 12 años, no tenía más. Pero estaba harta ya. Me mandan a mí, coge la camioneta. ¿Creeas aquellas camionetas de medio madera? Sí, sí, sí. ¿Este era con el hierro para que se pusiera en marcha? Sí, sí, sí. Eso tenía mi abuelo. Vete con las camionetas a pa' allá. Dijo, Fabián, va. Pero bueno, nada. Se lo dejé allí, lo vió, lo miró.

Y tenía un hambre ya. Dice, va, vete a la ducha que nos ponemos a comer. Vale. Yo sabía lo que había servido para comer. Sabía que había carne de... ¿eh? Sí. Y que era bueno. Había mucha cosa buena. Encima era cerca de las fiestas del pueblo y bueno. Había buenas viandas. Era una de las reposteras del pueblo. Ay, qué bueno. Bueno, hoy voy a dormir como un rey. Sí, sí, una mierda. Ahí empezó el castigo, ¿no? Perdona la expresión, pero una mierda. Me presentó un plato... con pan seco.

Con unos ajitos fritos. Sí. Y yo digo, bueno, ¿será un postre esto? Sí. Me escaldan agua. No, me metí a un huevo. Tal cual sale del cascarón. Sí. Y me hecha algo hirviendo. No lo toques hasta que veas el huevo blanco. Digo, ¿esto es un agulero? No. Ay. Esa es mi hermana. Ay, mi abuelo. Sí, es más o menos un examen. Un examen de conciencia. ¿Qué he hecho mal? A ver, explicarme. Bueno, la abuela no me lo va a explicar. Tú, la abuela. ¿Qué he hecho mal? De meses atrás.

Se ha desvivido por esos bisaltos. ¿Qué son los bisaltos? Se ha confestado. Claro, lo viste tan bien, ¿verdad? Tan hermoso, tan piso, tan... digo, tan a mano. Y no estaba dentro de la viña. A ver, yo no podía entrar dentro de la viña, pero lo de fuera... Lleva que lo que quieras. Y esa culpa tenía yo. Ese era mi racionamiento, ¿sabes? Claro, claro. Pero ella no. Solo fue un día, pero madre mía, verdad. Ahí ya supe un huevo invertido. Allí me asenté para atrás porque tanto recalentarlo.

Al final me lo comí. Bueno, me atendí el pan, pero el huevo no me atrevía. Ya no me atrevía. No me atrevía ni nada, pero no me atrevía a comerme el huevo. Sí. Digo, mira, pasaré todos los días comiendo lo mismo, pero yo no me como eso, ni al cabino. Pero bueno, mira, fue una buena lección. Por lo menos te lo explicaron al final porque estabas sufriéndose castigos. Sí, sí, muy bien. Eso me dio pie después a llegar a Barcelona y prepararme literalmente.

Yo no iba a pasar un día más sin saber lo que era una combinada verdura. Claro, claro. Me dice mi madre, tenías que saber lo que era. Y que no se me acelgase todos los días, por favor. Tú me das una verdura, que sea lo que sea, porque no conozco ninguno. Que no conozcas, mañana te vienes conmigo en el caos. Pero estudié todo de pie a pie. Las verduras de aquí, las hortalizas de aquí. Sí, bueno, lo de la zona, claro.

Sí, sí, preguntándole, taladrando a mi padre, y decirle, papá, ¿qué comen los conejos? ¿Es obsesión? Hombre, cualquiera vuelve a sufrir un castigo de pan y huevo y agua caliente, hombre. Sopas de pan, sopas de ajo, no sé cómo las llaman. Imagínate que les llaman sopas de ajo. Y en mi tío son sopas de pan, porque lo que más hay es pan. Pan. Eso es, sopas de pan. Pero bueno, eso se te quedó ahí grabado. Y claro, a partir de ahí, aprender de huerto.

A ver, que las sopas de paño en algún restaurante, cuando íbamos a los restaurantes, últimamente no. Pero cuando íbamos con la gente, se quedaban de piedra. Sí. Todos estamos comiendo aquí venado un buen plato de primero, y tú estás pidiendo una sopa de ajo. ¿Qué coño es eso? Tú no has estado en el campo con conejos. ¡Ay! Ahí podrías decir perfectamente que los primeros que te cocinaron bien esas sopas de ajo o sopas de pan fueron unos conejos.

Sí, por culpa de los conejos me estoy comiendo este plato, porque sientas bien, la verdad. Siento que es más cuando vas cansado que no tienes ganas de comer nada. A ver, no deja de ser un plato caliente. Claro, un plato caliente con, digamos, calorías y venga. Sí, es un plato completo. Le falta algo, pero bueno. Es completo. Son alimentos que yo creo que se tomaban antes precisamente porque eran fáciles de conseguir, calóricamente energéticos, para seguir trabajando. Sí, sí.

Claro, es por ejemplo como por aquí. Hay muchos pan que hacen cacha, ¿qué más? Claro, por aquí y antes en León en la Montaña, por ejemplo, la matanza, ¿qué era? Pues alimentos de fácil conservación que tenían mucha caloría, mucho alimento para poder seguir trabajando. Esos alimentos tradicionales, esa era la idea. Yo sigo haciendo. A ver, esto también me lo enseñaron los abuelos. Precisamente mi abuelo, porque sabe más de curados y todo esto. Bueno, sabía, pobrio.

En invierno, en verano no, porque en verano las calorías, la nevera, intenta ir más fuerte de lo normal. Bueno, pollones que no. Que verano no me da pie. Lomo curado o lomo embuchado y jamón. Yo llego aquí a casa, tengo un arco abajo, lo salo y como hacía en el escuelo. Y tengo mi jamón. No tendrá hueso, claro, porque compró la culata y lo saco. Pero lleva unos meses, también, es una cosa de un día para otro.

Y ya lo tengo. Y tengo uno o dos piezas, tampoco como esto, porque mi madre, madre mía, lo corta como si fuera pan. Hay que cortarlo con cariño. Tenemos dos máquinas. Hay dos máquinas esas para cortar el embutido. Hay una de mano izquierda, no sé por qué no es la misma, pero bueno. Y hay otra de mano derecha, pequeña. Son de metal, son bien, no son de plástico. Pero una es para los dos y la otra para la izquierda.

Coña, tenemos dos máquinas esas, ahí la pieza de jamón, que está todo limpio, está bien y lo corta así. Ah, no, no, ha sido más rápido con cuchillo. Así la taja viene a ser un poquitín más amplia. Oye, yo sí de pueblo, pero tú eres de Barcelona, de capital, tú eres más fino, ¿no? ¡Ven, macho! Bueno, oye, es que si el jamón está bueno, pues hay una tajadina así más gorda igual. No, mira, ya, ojo. No hay menos al principio, ahora ya no. Coge y lo corta con la máquina, lo empezamos al vacío y así.

Pero vamos, que me gusta más cortarlo en el momento. Más que pasarlo al vacío. Claro, sí, porque si no después lo mejor es en el momento. Eso es, Lola. Y además, las bolsas de vacío dejan de estar llenas en cuestión de nada. Ya. Vamos, mira, te gusta parecer, y eso no. Me gusta. Bueno, bueno, bueno, Lola. Oye, Lola, pues yo creo que como primera charla no ha estado nada mal, ¿eh? Porque me ha hecho muchísima ilusión hablar contigo.

Y ya verás como a toda la gente de la comunidad de Dani Cultura, que la vaya a escuchar, le va a encantar porque yo sé, nadie me lo ha dicho ni nadie lo ha expresado como tal, pero yo sé que a ti se te tiene mucho cariño, Lola. Gracias, gracias. Eso te lo digo yo. Seguro, eh. No, sí. A ver, yo os digo a todos vosotros como mi familia, porque bueno, vea ya, sabe mi caso con mi hija y con... y con... y con cómo me han demostrado mis hermanos. Avatares de la vida, ya sabes.

Sí, avatades de la vida. Eso es. Para mí, una familia... es como tiene que ser. Pues, chica, qué alegría y qué frase tan bonita y tan buena para terminar, porque, oye... O como todos les diríamos que tenés, ¿no? Eso es. Que puedas hablar, que puedas... Sí, sí. No sé, tener un momento de aquellos... hundidos y decir, ostas, pues me ha animado tus palabras, ¿sabes? Jolín, oye, qué bien, qué bien. Que esto... Esto no lo tengo. Lo tuve, pero... Pero no. Ya sabes.

No, porque te das cuenta, te das cuenta con el tiempo de decir, bueno, pues tú has pasado de ser el uno cero, el uno, a pasar el cero uno. Ya. Sí. Sí, ya sabes. Ya sabes cómo se dice, cómo se dice que en todas las casas se... ¿cómo dicen? En todas las casas se cocen abas. Eso es así. Pero como dice Pelayo, la fava... ¿la fava? Sí, la fava. No es la aba. No, no. Las abas son faves. Eso por eso, la fava no es la aba. O la fava sea la aba, pero las faves no son las abas. Algo así.

Igual, igual. Bueno, oye Lola, pues muchísimas gracias. A ti. A ti. Muchas gracias. Yo además quiero recordar que no me... de los abuelos sí, sobre todo los abuelos, cuando voy a hacer algo enseñaron pues... Lo recuerdo. Claro, sí, yo fíjate que te iba a decir antes cuando estabas hablando del embutido y de todo lo que te habían enseñado tus abuelos que al menos yo, es mi opinión personal, que cada vez que hago algo que me enseñaron mis abuelos es una manera de que no se vayan nunca. Es así.

Exacto, es así. Que realmente es la genética, ¿no? La genética y las ganas de saber, de aprender. Sí. De saber, como he dicho. Son las ganas, claro, en mi caso fue la obligación y la sabida, el escape. Sí. Por los conejos. Sí, sí, sí. Que son un poco atravesados. Qué bueno, qué bueno. Pero sí, ellos para nuestra generación fueron el pilar. Sí, la verdad que sí. Los abuelos yo siempre los he considerado como el pilar, el pilar fundamental, la verdad. La verdad que sí.

Sí, porque los padres, bueno, a ver, mis padres no es que fueran, pero no nada que ver con ellos. Sí, es otro tipo de relación. Claro, es normal. Es normal que hay una gran cantidad de relaciones porque al final ellos también tienen los trabajos y bueno, tienen como otro tipo de responsabilidades. Claro. Pero es verdad que los abuelos es como, no sé, ese peso de, no sé, ese peso, ese ancla. Sí, es como mi hija. Yo lo vi con mi hija.

Mi hija, claro, yo trabajaba de noche, trabajaba unos turnos que, bueno, no se hubiera aguantado mucha gente, que es lo que pienso. Pero bueno, como dormía poco, que más me daba, iba a trabajar. Sí. Y lo necesitaba, que puñeta. Claro, lo dejaba mi hija a mis padres y le decía a mis padres, digo, a ver, sobre todo, la niña tiene que comer de todo. Sí. No le gustan los guisantes. Me da igual. Los disfrazáis.

Los metéis como hago yo, en medio de la ensaladilla, la distraigo y cojo una patata o una judía verdera, le encanta y me meto como sea el guisante dentro. Ah, ya. Y tiene que comer el guisante. Sí o sí. Te trae legumbre y vamos. Tiene que comer. Sí, sí, no te preocupes, no te preocupes. Hacía la ensaladilla. Mi hija, ay, eso no me gusta. Porque, bueno, había visto el guisante. El guisante que se comía aquí, crudo. Sí, sí. Pero cocido tiene otra textura, eso ya no le va. Vale.

¿Y qué quieres que te haga, hijo mío? Mi madre. Ah, patatas fritas y judía. Claro. Y todos los días comía lo mismo. Digo, eso no puede ser. No puede ser, eso no puede ser. Y más, ostias, mis abuelos no nos ven conmigo. ¿Esto qué? ¿En qué parte del tiempo nos hemos perdido? A ver. Eso sí, eso sí. Bueno, nada, Lola, no te robo más tiempo. No, no, tranquilo, tranquilo. Tengo aquí el piso que me salva. Ahora veo por la parte de atrás de la casa y no veo el sol ni cualquier cosa.

Pues muchas gracias por estar aquí en todo lo que es la anicultura y en este episodio en particular. Muchas gracias. Muchas gracias a ti, Lola. Venga, cuídate mucho, ¿vale? Igualmente, Lola. Y nos vemos aquí un rato, no sé. Bueno, nos vemos de alguna manera. Nos leemos de alguna manera, eso es. Bueno, Lola, un beso. Venga, guapo. Hasta pronto. Igualmente, chao. Adiós. Bueno, bueno, bueno, ¿qué os ha parecido esta charla que hemos mantenido Lola y yo? A mí me ha encantado.

Ha sido genial hablar con una persona tan absolutamente especial como es Lola. Lola es una persona de esas que te encuentras por la vida y es especial. Y os iba a hacer ahora un resumen un poco de los temas que hemos tratado Lola y yo, pero como comprenderéis después de haber escuchado todo esto, es algo imposible o muy complicado de hacer porque hemos tocado muchísimos temas, muchísimos.

Así que sencillamente os digo que espero que hayáis disfrutado tanto de esta charla como he disfrutado yo grabando y hablando con Lola porque ha sido una charla fantástica que me voy a llevar como un gran recuerdo de estos episodios veraniegos que creo que os están gustando a todas y a todos los miembros de la comunidad.

A mí me están chiflando, me están encantando porque al final la comunidad es lo más importante de todo este proyecto de verdad, así como la divulgación de ciertos valores y demás cositas, pero la comunidad y no os lo digo como algo impostado, os aseguro que para mí es lo más importante. Así que muchísimas gracias por vuestro tiempo, muchísimas gracias por estar ahí y un abrazo a todas y todos. Chao.

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