Hola a todo el mundo, bienvenido, bienvenida a Dani Cultura. El podcast que, con una visión permacultural, va a tratar diferentes temas que seguro que te van a interesar. El proyecto nace en un canal del YouTube del mismo nombre, te invito a que te suscribas. Espero que estéis muy a gusto y vamos allá. Hola a todo el mundo, bienvenidos a un nuevo episodio de Dani Cultura y hola a todo el mundo, sea cual sea el tiempo y el
lugar. Hace unos días llegó a mi nariz un olor que me arrastró del lugar en el que estaba para llevarme a un tiempo, a un lugar casi a un mundo que ya no existe y que muy a mi pesar no volverá a existir. No sé si os pasa a vosotras y a vosotros, pero a mí el sentido del olfato a veces me hace estas jugadas, un olor, alguna fragancia, pues me transportan a momentos muy concretos del pasado de mi vida. Y ya es casualidad, si lo pensáis, ya es casualidad que nos pase esto porque se calcula
que respiramos unas 23 mil veces de media al día. Ya es casualidad que olfateemos algo que nos transporte a otros mundos en una de esas 23 mil respiraciones, pero la cosa es que a veces esto sucede. Lo que llegó a mi nariz y que me transportó a un mundo pasado muy feliz y por desgracia irrepetible fue un olor a huevos y patatas fritas con salchichas, así de preciso, así de delicioso,
y en mi cerebro algo hizo clic. Aquí tengo aceite calentando y un truco que os enseñé con el huevo para que la clara no se quedara así muy ancha, encima de una espumadera, os enseñé cuando escalfé unos huevos hace unos días, ponéis así el huevo encima de la espumadera y ahí abajo ha quedado un poquito de agua que tiene el huevo y aquí tengo el aceite caliente, mirad, ponemos y lo que queda es el huevo recogido recogido de esta manera, entonces vamos a ir friéndonos otros los huevos y sacándolos
a esta fuente, mirad cómo quedan de bonitos. Que rico, de repente me vi en mi pueblo en Boñar, en la montaña central leonesa, al final de un día de verano, despejado, a las faldas de Pico Cueto, la montaña de mi pueblo, y me vi esperando la cena que mi abuela nos hacía muchas veces, después de un día lleno de aventuras por aquí y por allá y efectivamente muchas veces nos hacía huevos y patatas fritas con salchichas, hecho en la cocina de carbón, en la chapa, ese olor para mí
está metido muy adentro y está relacionado con momentos de felicidad, momentos que no van a volver, es imposible, es imposible que lo hagan y mientras me imbuía en estos pensamientos a la vez también pensé que en muchas ocasiones no somos conscientes de lo extraordinario y único que puede llegar a resultar un momento concreto, de lo absolutamente irrepetible que puede llegar a ser un momento cotidiano, como puede ser la cena que te está preparando tu abuela, toda tu familia, un momento
único que sin querer puede llegar a marcar el devenir de los acontecimientos de un adulto muchos muchísimos años después. Vivamos el momento y disfrutemos lo extraordinario de lo cotidiano porque nunca sabemos cuándo dejará de ser precisamente eso, cotidiano, pero es que todas estas reflexiones llenaron mi cabeza por la casual percepción de un olor muy concreto, pues resulta que esto que me ocurrió a mí no es algo tan casual y no lo es por el funcionamiento
del sentido del olfato. En el vulvo olfatorio se realiza el primer procesado de las señales que percibimos como olores y allí las neuronas transportan la información directamente a dos estructuras del sistema límbico, la amígdala encargada de procesar las emociones y el hipocampo relacionado con la memoria y el aprendizaje. El olfato es la única, digamos, sensación, el único sentido que tiene vía directa hacia las áreas del cerebro implicadas en la memoria y las
emociones. El resto de información sensorial incluida la vista, el oído, el gusto, el tacto y el equilibrio primero pasa por el tálamo que actúa a modo descentralita antes de llegar a la corteza cerebral, pero el olfato se lo salta puente a todo esto y en una o dos sínapsis da con la amígdala y el hipocampo, es decir, por decirlo de una manera quizás muy burda, si nuestra alma tiene contacto directo con el mundo real es a través de la nariz del olfato. En estos momentos me pesan mucho los pies
y encima no tengo ni idea de hacia dónde ir. Es ahí. ¿Estás segura? No del todo, pero se percibe un dulce aroma en el aire. Cuando dudes, Elanor Brandypie, sigue siempre tu olfato. Es en este momento en el que voy a recordar a las y los oyentes que en este podcast se habla de permacultura. Puede que efectivamente de una manera un poco peculiar y diferente a lo que se puede encontrar por ahí, pero os garantizo que aquí yo hablo de permacultura. Cuidado del planeta,
cuidado de las personas y un reparto justo. Esta es la ética de la permacultura con sus tres pilares de apoyo sobre lo que ha de pivotar todo lo referente a este proceso de diseño que es la permacultura. Y a mí me gusta hacer hincapié en el proceso, bueno, en el cuidado de las personas, porque el factor humano es el ingrediente más complicado de cuadrar, el más difícil de encajar en el puzzle y os puedo asegurar que si las personas no están cuidadas, no se sienten bien,
el resto no importa. Al fin y al cabo, la permacultura pretende diseñar sistemas humanos. Sin el factor humano estaríamos hablando pues de otra cosa. ¿Alguna vez os he hablado de la zonificación en permacultura? Seguramente que sí, porque me gusta hablar bastante, entonces alguna vez habrá salido el tema. La zonificación es una manera de distribuir los espacios en
función del gasto energético o gasto temporal. Irían de mayor a menor gasto. Las zonas que inicialmente se establecieron, que establecieron los padres de la permacultura David Holgrem y Bill Mollison, iban de la zona 0 a la zona 5. La zona 0 sería la correspondiente al hogar, a la casa. Es la zona en la que más tiempo pasamos y es en la zona en la que más recursos empleamos. La zona 5, por contra, sería pues todo lo contrario, sería una zona en la que no empleamos recursos y a la
que vamos pocas veces y sólo vamos a observar. La ubicación de diferentes elementos dentro del sistema tiene que corresponder con estos gastos energéticos y temporales, es decir, el huerto, por ejemplo, es algo que vamos a tener que ir a visitar a menudo, con lo que su ubicación más
clásica suele ser la zona 1. Otro ejemplo, la estación de tren de largos recorridos. A la hora de establecer nuestro hogar, nuestro centro de operaciones vital, por decirlo así, podemos hacer que esta estación de ferrocarril quede a una distancia correspondiente a una zona 3 o 4 con respecto a nuestra casa, ya que no es algo que necesitemos usar muy a menudo. O si por contra tenemos la necesidad de hacer viajes en tren de manera frecuente, pues escogeríamos una ubicación
más próxima a la estación para que correspondiera con una zona 2, por ejemplo. He querido poneros un ejemplo alejado del mundo de la horticultura, aunque quede así un poco lioso en el audio, porque la permacultura no tiene nada que ver con la horticultura, sin embargo, se adapta perfectamente a ese mundo. Con el paso del tiempo y con la evolución de la permacultura se fue viendo que la mayoría de proyectos permaculturales flojeaban en un aspecto, en un factor, en un
elemento. Siempre se estropeaba la misma pieza, la misma pieza iba a acabar siempre yendo al taller, el factor humano. El problema no es la bolladura, que es el motor que se sostiene con alambres, el motor está mejor que tú. ¿Y dónde encontrarás un carburador nuevo? Se toma prestado. ¿Tienes un poco de esparadrapo? ¿Acaso tienes coche? Pero sé conducir. ¿Y tú? Yo? Sí. ¿No? ¿Y Dudy? Bueno, yo no, pero... Lo que suponía, claro. Bien muchachos, escuchad, este coche podría transformarse
en una máquina de precisión. ¡Mirad esto! ¡Deddy! Así que empezó a hablarse de una zona más, la zona 00. Y es que la zona 00 es la base de todo, algo más íntimo incluso que nuestro hogar. La zona 00 es nuestro interior, nosotros mismos. Organizando nuestro interior, nuestra zona 00, a partir de ahí y de cambios que pueda haber en esta zona, las personas pueden tener otra relación con el mundo exterior y otra relación con otras personas. Podríamos decir que empezó a trabajarse la
permacultura social. Así que si estamos hablando de que la zona 00 es la base de todo, el pilar fundamental de toda edificación permacultural, ¿por qué no prestamos más atención a cómo nos encontramos por dentro? Y todo esto son reflexiones que me han venido por el olfato, esa manera tan particular que tiene el alma de asomarse al mundo por la nariz. Y para ir desgranando todas estas ideas que me van llegando a la cabeza, lo primero que se me ocurre es eso del vivir el momento del
que hablaba antes, carpe diem, como dice la locución latina. Y es que puede que muchas veces estemos intentando llegar a algún lugar, a algún objetivo que no esté muy claro, incluso que ni siquiera tengamos claro qué es o dónde está. Y avanzamos y avanzamos sin cesar persiguiendo ese fantasma, ese concepto, esa meta que no sabemos dónde está o qué es. Y mientras nos vamos desgastando en la búsqueda de esa especie de gigante gaseoso, no nos paramos a contemplar por dónde vamos avanzando,
qué estamos viviendo en según qué momento. En definitiva, no estamos viviendo el momento. Y comento esto porque creo que una de las peores sensaciones que se puede tener en la vida es la frustración y qué hay más frustrante que avanzar y avanzar sin llegar a un objetivo. Cada cabeza es un mundo, por supuesto, saber lidiar con según qué emociones es algo que no todas y todos hacemos de la misma manera, pero puede y solo puede que John Lennon tuviera razón y resulta que la vida es eso
que pasa mientras hacemos otros planes. Pero dicho todo esto, tampoco quiero que me malinterpretéis. No abogo por una especie de dolce farniente, dedicarse a la ociosidad y ser mecidos por los vientos de la vida y ya veremos dónde acabamos. No estoy diciendo esto, no. De la misma manera que podemos diseñar permaculturalmente un huerto, una asociación de vecinos, un sindicato e incluso la construcción de una casa, del mismo modo, usando el proceso de diseño de sistemas humanos, que es
la permacultura, podemos diseñar nuestra zona 0-0. El proceso de diseño permacultural consta de cuatro fases, observación, análisis, diseño e implementación. Esto último es muy importante porque, como me decían mis facilitadores del curso de diseño en permacultura, sin acción no hay permacultura.
Y otra de las claves del proceso de diseño permacultural es que una vez que terminamos la implementación, volvemos al punto 1, es decir, volvemos a observar y volvemos a analizar, creamos otro diseño para mejorar lo anterior y nuevamente pasamos a la acción implementando lo
diseñado. Es un proceso continuo que no tiene fin. Este proceso de diseño, la permacultura, siempre os digo que se adapta perfectamente a un huerto, a pesar de no ser un sistema de manejo hórticola, pero si hay algo a lo que se adapta aún mejor que a un huerto es al diseño de la zona 0-0 del factor humano, es decir, de las personas. Se adapta como un guante. No sé si os habéis dado cuenta, pero las fases sin fin del proceso de diseño permacultural pretenden una mejora
continua de los sistemas en los que se aplica. Veamos un ejemplo para que se entienda mejor. Pongamos que queremos recolectar agua de lluvia del tejado de nuestras casas. Observación, metros de tejado, número de litros al año de media que canen la zona, existencia o no de canalones, si hay un depósito, etcétera. Es decir, miramos cuáles son nuestros recursos, cuáles son nuestros límites y cuáles son nuestras necesidades. Después pasamos a la fase de análisis.
Podemos plantear la ubicación del depósito y el tamaño, el uso que le daremos al agua captada, qué hacer con el excedente, si es que lo hay de agua, etcétera. Después ya pasaríamos al diseño. Plantearíamos medidas concretas y tangibles, presupuestables para que se me entienda mejor. Y finalmente pasaríamos a la implementación en la que llevaríamos a cabo el diseño y de manera inmediata volveríamos al punto uno, a la observación, porque seguro que hay cosas mejorables y seguro
que hay puntos en los que no habíamos caído o cosas así. Así que en este segundo proceso de diseño mejoraríamos el primero y así sin parar. Pues imaginad la cantidad de cosas y diferentes aspectos de nuestras vidas, de nuestro interior, de nuestra zona 0-0, a las que le podemos aplicar el diseño permacultural y también pensar la cantidad de tiempo que le podemos dedicar a este diseño, a este continuo proceso de mejora. Tenemos toda la vida, pero creo que el principal problema para
llevar a cabo esto es el primero, la observación. La observación de nuestro interior, porque al final esto supone analizarnos, hacer una pequeña o no tan pequeña auditoría personal, poner negro sobre blanco lo que tenemos dentro y esto, seamos sinceros, seamos sinceras. No es fácil e incluso no nos gusta. Como os dije antes y ya podéis verlo, no abogo por una suerte de dolce farmiente con respecto a nuestras zonas 0-0, pero insisto una vez más, la base de todos los sistemas humanos
son precisamente los humanos. Así que por nuevo, por qué no cuidarnos un poquito más? Yo tenía ese problema. Así que vamos a centrarnos en la fuerza brutal y potente de toda la vida, la fuerza arrolladora. Unos golpes como el martilleo en un yunque que le hagan tanto daño como para que tiemblen sus antepasados. Cada vez que reciba un impacto deberá creer que ha querido parar un
tren expreso con la cara. Eso es, convertiremos tus puños en terribles bombas. Quizás y llegados a este punto, muchas de vosotras y vosotros estéis pensando en que solo me estoy refiriendo a aspectos metafísicos o emocionales, temas de la psique humana, por decirlo así. Pero tengo que deciros que no sólo me refiero a este tipo de temas, también me refiero a ellos, pero no sólo a ellos.
Porque si para que la zona 0-0 esté bien y por extensión el resto de aspectos de la vida más allá de esta zona 0-0, la clave o es clave y fundamental tener un equilibrio emocional, saber lidiar con las diferentes emociones con las que nos vamos encontrando en la vida. Pero por supuesto que
también es clave, fundamental e importantísimo tener una buena salud física. Y es en el cuidado de la salud física donde más fácilmente podemos ver una relación directa entre todas las patas que sustentan la ética de la permacultura, cuidado del planeta, cuidado de las personas y un reparto justo. ¿Y en dónde se ve mejor esta interdependencia de todo esto? En la dieta.
En fin, como te decía, las gambas son la fruta del mar. Pueden hacerse a la brasa, cocidas, adorno, al vapor, salteadas, se pueden hacer pinchos de gambas, gambas criollas, guiso de gambas, gambas fritas, rebozadas, sofritas o gambas con piña, gambas a limón, gambas con mango, con pimientos, sopa de gambas en estofados, en ensaladas, gambas con patatas, hamburguesa de gambas, sándwich de gambas... Creo que eso es todo. La dieta puede cuidar de las personas de una
manera evidente. ¿Puede cuidar del planeta? Por supuesto que sí. Y puede generar un reparto justo sin ninguna duda. Es decir, diseñar permaculturalmente nuestra zona 0-0, nuestro interior, nuestra parte más íntima, puede tener una influencia brutal de cara a mejorar nuestros entornos, nuestros ecosistemas, nuestra sociedad, nuestro planeta. Pero vayamos por partes.
Centrándonos en la zona 0-0, en donde estábamos, es evidente que una mejora en nuestra dieta, si es que no es ya una dieta equilibrada, puede cambiarnos para mejor, mejorar nuestra calidad de vida. Y si no, pensemos un momento en la cantidad de carne que se come en occidente, el norte global, lo llamémosle como queramos. La Organización Mundial de la Salud, la OMS, ese organismo de las Naciones Unidas, recomienda no superar los 500 gramos de ingesta de carne a la
semana. Y por ahí, por aquí viene, o puede venir, una auditoría de cara a mejorar nuestra zona 0-0, es decir, por aquí podemos empezar de cara a diseñar permaculturalmente nuestra zona 0-0. ¿Cuánta carne comemos a la semana? Puede que sea demasiada, porque si tiramos del hilo de la carne, cuidadito, porque tiene unas derivadas, tiene unas implicaciones de cara al cuidado del planeta y de cara al reparto justo, las otras patas de la ética de la permacultura, que es que abruman.
Por poner un ejemplo, para producir una kilocaloría de carne de bovino se necesitan 35 kilocalorías de otro tipo. Y es que la energía de fuentes fósiles es el principal suministro para los sistemas de producción, transporte, almacenamiento y alimentación de la industria ganadera. Además, debe considerarse la energía adicional requerida para el control de la temperatura, pues enfriamiento, ventilación y calentamiento, según qué procesos de la industria cárnica y dependiendo también del
clima de la región, así como para el manejo de los desechos animales y su tratamiento. Es decir, un abuso del consumo de carne es un aumento significativo en el uso de energía de procedencia fósil, por lo que si diseñamos nuestra dieta y en ese diseño reducimos significativamente el consumo de carne, estamos generando un beneficio medioambiental enorme y todo esto prácticamente sin salir de casa. Pero no me malinterpretéis, no abogo por dejar de comer carne. Cada persona
puede tomar sus propias decisiones, faltaría más. Hay muchas fuentes de proteína animal, de origen vegetal, como pueden ser las legumbres, por poner un ejemplo. Cada uno, cada una, que tome sus propias decisiones. Pero es que si se decide comer carne de una manera consciente y de una manera racional, es algo igualmente válido, porque no toda la producción de carne es igual, no toda es igual. Desde el origen, en el tipo de ganadería, pasando por su manejo y terminando por
su forma de distribución, no todo el consumo de carne es igual. Os digo carne como os puedo decir pescado o fruta o verdura. Productos de cercanía y productos de temporada, tan sencillo como esto, pero hay que reconocer que no es algo del todo fácil. La publicidad nos abruma a cada minuto y
nos influye a la hora de hacer la compra. Pero como dicen las amigas del proyecto Biela y Tierra, un proyecto que os recomiendo que busquéis en internet porque os va a sorprender, todas y todos tenemos un carro de combate para luchar en favor del planeta, de las personas y
del reparto justo. Nuestro carrito de la compra. Porque seamos sinceras, seamos sinceros. No creo que nadie se crea que comprar carne, pescado o fruta y verdura en un super o un hipermercado sea exactamente igual o tenga las mismas implicaciones que comprar todo eso en la carnicería, la pescadería o la frutería. Y ahí es donde está la batalla. Aquí tiene. Gracias, vuelvo a pronto. Hola. Hola. Quería preguntarle sobre estos cereales para
el desayuno. Sí, sí, están de oferta. Exacto, tengo entendido que las cajas de tricks llevan sorpresa en el interior. Es así. Bueno, eso creo, eso es lo que dicen. Ya ve que sale un conejito. Y eso no lo prohíbe el AD. Que yo sepa, no. Así que si compro estos tricks, me llevaría un conejito. Sí, se lleva usted el paquete completo. Pero entiende de qué conejito le estoy hablando. Pues sí, ya me he dado cuentas. Vale, pues me los voy a llevar a mi piso.
Ah, bien, sí. Ando usted con Dios. Y no se lo contará a nadie. No, para nada. Sepa que la discreción es nuestro lema. Oiga, jamás olvidaré lo que ha hecho hoy por mí. Casi preferiría que lo hiciera. ¿Cómo está el personal? Seguramente ahora alguien esté pensando que, claro, en las tiendinas de barrio es todo más caro que en el super. Pues voy a intentar daros otro punto de vista a este argumento. Lo primero sería deciros que no sé si habéis visto los precios de los
supermercados últimamente, pero de mucho más baratos no tienen nada de nada. Pero que nada de nada. Al menos aquí en España. Que no os engañe el precio del producto en concreto que vais a comprar en el lineal del super que toque. Ojo, mirad el precio del kilogramo. No os dejéis confundir. En base a esto, varias son las comparativas que hay en internet en las que alguien va a un supermercado y a una tienda de barrio o similar y compra exactamente los mismos productos con
similares características. Y el resultado os podría sorprender. En la web Vivir sin plástico se ofrece una de estas comparativas ya en el 2016. El resultado fue que en el super, al pasar por caja nos cobraban 9 euros con 41 céntimos, mientras que la misma compra con productos de las mismas características en tiendas pequeñas de cercanía nos costaba 6 euros con 55.
Es decir, 2 euros con 86 céntimos más barato en las tiendas pequeñas y de cercanía. Y otro ejemplo que encontré en la página web del mercado de Tolosa, Tolosaco Azoca, dice que en una comparativa similar a la anterior, el precio en tiendas del mercado de Tolosa salía un 18% más barato que en el supermercado. No se me escapa evidentemente que esta comparativa la está haciendo una de las partes, digamos, en este conflicto, pero un 18% es un porcentaje bastante elevado. Pero es que los
beneficios no sólo los encontramos en la cartera de cada una o cada uno. Os habéis fijado en la cantidad de envases, en muchas ocasiones absolutamente absurdos, que nos encontramos en las grandes superficies? En las tiendas pequeñas y de cercanía esto se reduce una barbaridad, generando un evidente beneficio medioambiental que poca explicación merece. La compra en las tiendas y mercados de cercanía nos acerca también bastante a los productores, y más aún si nuestras
listas de la compra están llenas de productos de temporada. Porque otra pregunta que os lanzo para la reflexión personal, ¿sandías o melones en enero, por ejemplo? ¿Lo veis normal? Porque yo no. Esta cercanía con el productor redunda en el beneficio de ambas partes. ¿Por qué? Porque podemos saber la procedencia de lo que vamos a comer con mucha mayor facilidad que en las grandes superficies en las que en muchas ocasiones el etiquetado es confuso. Y digo confuso por ser
amable. Conocer la procedencia de los alimentos nos hace más dueños y dueñas de nuestras propias decisiones. Tenemos mayor capacidad de decisión, de decidir dónde gastamos nuestros recursos. Es una suerte de soberanía alimentaria. Y de cara a los productores, que en muchas ocasiones cuando hablamos de pequeño comercio son también pequeños productores, los intermediarios son menos. La
cadena tiene menos eslabones, con lo que su beneficio es algo mejor. La combinación de estas dos cosas, tienda de cercanía y productos de temporada generan una serie de beneficios personales, sociales y medioambientales enormes. Productos de calidad y con mejores propiedades organolépticas, un fortalecimiento del tejido comercial local que redunda de manera más directa en las comunidades más próximas a nosotras y nosotros. Menos gasto energético para transportar y mantener los alimentos,
etcétera, etcétera, etcétera, etcétera. Y podría seguir poniendo más y más ejemplos en este sentido, pero quiero que os quedéis con una cosa. El diseño permacultural, la permacultura, puede generar un enorme cambio a mejor del mundo y no hace falta irse a vivir a un bosque, levantar una casa con técnicas de bioconstrucción, diseñar un baño seco, crear casi de la nada un bosque de
alimentos y ser autosuficientes. No, podemos hacer permacultura, pero permacultura de la buena y de la que cambia las cosas en nuestras propias casas, en un piso, en medio de la ciudad, tan solo diseñando nuestras zonas 00, porque puede que no todo el mundo disponga de un terreno en el que irse a vivir en medio del bosque, o no todo el mundo le apetece hacer sus necesidades en un baño seco,
por ejemplo, pero todas y todos disponemos de una cosa, de zona 00. Y si usamos ese proceso de diseño de sistemas humanos, que es la permacultura en esta zona 00, en nuestro interior, puede que tengamos más influencia y más capacidad para cambiar el mundo de lo que nos podemos imaginar. Podemos tener más capacidad para cambiar el mundo de lo que nos quieren hacer creer. El proceso de diseño de sistemas humanos, la permacultura, puede cambiar el mundo a mejor. Y es más fácil de hacer de lo que
os podéis imaginar. Está en vuestra mano. Está en tu mano. De verdad que creo que tenemos muchísima más capacidad de cambio a nivel global de lo que nos hacen creer. Y con pequeños detalles, que muchos pocos detalles generan un todo global muy importante, seríamos capaces de cambiar el mundo a mejor, por supuesto. En este caso os he puesto el ejemplo de la dieta, por ejemplo, pero también nuestro modo de movernos por la ciudad o diferentes cosas
que se nos puedan ir ocurriendo. Pero siempre, si nos ayudamos de ese proceso de diseño de sistemas humanos, que es la permacultura, con esa ética cuidado del planeta, cuidado de las personas y un reparto justo, si nos ayudamos de esa herramienta tan poderosa que es la permacultura, los cambios pueden ser muy profundos y muy duraderos, que esa es la idea en realidad. Así que si dais una pensada seguro que podéis poneros a diseñar vuestra zona 0-0. Ahora sí queréis. La permacultura
está más cerca de lo que queréis. Muchas gracias por vuestro tiempo. Espero que esto os inspire, que os sirva, que os entretenga y espero que también comentéis y me deis vuestro feedback. Así que muchas gracias por todo y nos vemos en el siguiente contenido en Dani Cultura. Chao, nos vemos.
