¶ Intro / Opening
Alicia, el conejito blanco y el ratón.
¶ Alicia Sigue al Conejo Blanco
Cuento inglés. Era una vez una niña llamada Alicia. Sentada un día en una pradera, se aburría muy. pues su hermanita estaba enfrascada en la lectura de un libro muy gordoso. Alicia pensaba que si hubiera traído a su gatita Dina lo habría pasado muy cuando de pronto vio un conejito de pelo muy blanco que, sacando un reloj de bolsillo de su chaleco, la miró con ojos muy abiertos y colorados. Luego exclamó,
Dios mío, voy a llegar tarde. Y apretando a correr, se metió por un agujero que había debajo de él. Alicia no pareció asombrada al ver un conejo con chaleco y reloj, y que además hablaba, echando a correr también, se metió tras él en el agujero. Ahora sí que se sorprendió al sentirse flotando por los aires, descendiendo lentamente. como en los sueños, hasta que quedó sobre un montón de hojas secas. Vio al conejito blanco que había caído no lejos de ella y empezaba a correr de nuevo, repitiendo.
Voy a llegar tarde. Intentó seguirlo, pero a la vuelta de una esquina lo perdió de vista. Miró entonces a su alrededor. Se encontraba en una amplia estancia iluminada por una hilera de lámparas que colgaban del techo. Había también muchas puertas. Intentó en vano abrirlas, cuando sobre una mesita de tres patas y de cristal macizo que estaba en un rincón, descubrió una llave dorada. la probó en varias cerraduras y por fin Le dio vueltas en una pequeña puertecita en la cual encajaba perfectamente.
El hueco de la puerta no era mayor que el de una pequeña madriguera. Alicia no pudo sino pegar la cabeza a él, pero lo Fue maravilloso. Al extremo de un angosto pasadizo, que terminaba en otra abertura, se divisaba un jardín de ensueño. Si fuera yo mi gatita Dina, que se estira tanto cuando quiere pasar por algún sitio, o si fuera un ratoncito con los que ella juega, yo podría pasar por ese hueco.
¶ El Misterio de la Botella y el Pastel
Mirando de nuevo a su entorno para ver si encontraba una solución, vio encima de la mesita de cristal un frasco que hasta entonces no había estado allí. Se acercó entonces a Licia. El frasco tenía una etiqueta que decía... ඔර ඔර ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ ඔබ
Pensó Alicia. Pero entonces lo pondrían en la etiqueta. Y además, el veneno no tiene un gusto tan delicioso. Pero,¿qué es lo que me está pasando?¿Qué me pasó? Pues le pasaba que a medida que iba bebiendo, se iba encogiendo y encogiendo, hasta quedaba reducida al tamaño de un ratoncillo un poco crecidito.
Se puso contenta pensando que ahora podría entrar en el maravilloso jardín, pero oh La puertezuela se había cerrado y como ella había quedado tan diminuta, por más esfuerzo que hizo, no pudo alcanzar la llave que estaba encima de la mesa de cristal. Desconsolada, se sentó. Ha ha.
Cuando vio una pequeña caja bajo la mesita, la abrió con curiosidad. Dentro de ella había una torta que tenía una inscripción en almíbar y que decía La torta estaba riquísima, pero a medida que iba comiendo, Alicia notaba que iba creciendo. Cuando relamía el almíbarde en la inscripción, su cabeza tocaba el techo. Casi tenía tres metros. Se inclinó, tomó la llavecilla de la mesilla de cristal y se tumbó en el suelo para abrir la portesuela.
Pero ahora le era aun más imposible que antes entrar por el Se sentó de nuevo y de nuevo se echó a llorar.
¶ El Estanque de Lágrimas y Nuevos Amigos
Con tanto desconsuelo, esta vez, que con sus lágrimas formó un charco de al menos diez centímetros de profundidad. Oyó un ruido, levantó la cabeza y vio al conejito blanco que llevaba un par de guantes de gamusa en una mano. y un abanico en la otra, e iba a presuroso y hablando a solas, como siempre. Ahora decía Hola, duquesita, hola duquesita, ojalá no esté enojada conmigo por haberle hecho esperar tanto.
-¿Tendría usted la bondad, caballero? dijo Alicia, acercándose al conejito blanco, pues estaba tan desesperada. hubiera pedido ayuda a cualquiera. Pero el conejito Pareció asustarse tanto que dio un brinco y salió de repente, cayéndosele los guantes y el abanico. Alicia los recogió y empezó a abandicarse, pues hacía bastante calor en aquella habitación, hasta que se percató de que distraídamente se había puesto uno de los diminutos guantes del conejito blanco.
Pensó extrañadísima. Se acercó a la mesita de Y se dio cuenta de que su talle se había reducido de nuevo. Apenas levantaba dos pies del suelo y continuaba achicándose. Se quitó el guante y tiró el abanico que tenía. Pues no le cabía la menor duda de que por su causa le sucedía aquello y no quería desaparecer del todo. Luego echó a correr hacia la puertezuela. Pero, oh de excepción, se había cerrado de nuevo y de pronto. Dio un resbalón y cayó en el agua profunda que le llegaba hasta el cuello.
Como el agua era salada, pensó que se trataba del mar, y recordando que al lado del mar estaban las playas, y cerca de ellas pasaban los trenes para ir a casa, como así había sucedido una vez que había ido con sus papás. se animou um pouco. Pero el agua de aquel mar se removía como si hubiese una tempestad. -¿Será una ballena o un malvado tiburón?- Se dijo más angustiadamente.
Fijándose mejor, vio que era tan solo un ratoncillo al que veía tan descomunal porque ella se encontraba tan reducida y siguió pensando. Conversaré con él. Acordándose de su gatita Dina, que jugaba tanto con los ratoncitos, le preguntó Amigo ratoncito,¿ha visto usted por acaso a mi gatita Dina? Al oír este nombre, el ratoncillo se echó a temblar. ¿Es que no le gustan a usted los gatos? Le preguntó Alicia.¿Le gustaría acaso a usted si fuera ratón? Le respondió el ratón. Bueno, contextuales.
Pero mi gatita Dina es tan linda y tan pacífica, juega mucho con los ratoncillos. Juega, juega, interrumpió el ratón. Que no vuelva a huir el nombre de un gato, ni el de Dina. Entonces Alicia le preguntó si le gustaban los perros, pues conocía a uno muy granjero. Se llamaba Pilu, tenía los ojos brillantes y el pelo ensortijado, y el granjero decía que no había otro como él para cazar ratas. No pudo seguir pues el ratoncillo y la abandonó, nadando con todas sus fuerzas.
Parece que ahora sí se ha molestado de veras, pensó Alicia, y Jen Bosalta añadió. Ratoncito, ratoncito, amigo.
¶ La Carrera C Electoral y el Cuento del Ratón
Que le prometo no hablar más de Ga ni de Per Al oír estas palabras, el ratoncito regresó y se acercó a ella tenía el rostro muy pálido, y con voz de silla temblorosa le dijo Vamos a la orilla y le contaré una historia para que sepas por qué mi familia y yo odiamos tanto a los gatos y a los perros. Mientras tanto, el mar de lágrimas se había poblado con otros animales que habían caído en él. Había un pato, un lorito, un pájaro bobo y una guiluda. entre otras criaturas de varias especies.
Formaban an extraño group juntos in the orange, embarrados y chorreando agua. It was necessary in securse. El Dorito se dispuso a aconsejar, como el más viejo de la company, but Alicia le pidió que manifese. A lo que él se negó rotundamente. Tomó entonces la palabra al ratón, con gesto de gran autoridad, y asegurando que él conocía un sistema infalible para secarse. pero solo eran palabras y palabras.
Por espacio de un cuarto de hora, por lo menos, estuvo divagando sobre cuestiones históricas hasta que el pájaro bobo pidió que se aplazara la sesión para tomar medidas más energéticas. El aguilucho le dijo que se expresara mejor y el pájaro bobo propuso una carrera. Nadie sabía lo que era aquello y el pájaro bobo dijo que lo mejor era demostrarlo prácticamente.
trazó en el suelo una especie de circunferencia, y siguiendo su ejemplo, todos corrieron por aquella, dando vueltas, por media hora. Cuando terminaron, estaban secos. Nadie sabía quién era el vencedor, pues como el pájaro bobo dijo que todos habían ganado, todos también querían recibir un premio. Alicia fue la encargada de repartirlos, sin muchas esperanzas.
metió la mano en el bolsillo y se encontró una cajita de dulces. Como la cajita estaba bien cerrada, los dulces no habían sufrido con el agua, y Alicia los repartió. El ratón, después de haberse comido su dulce, siguiendo el ejemplo de los demás, manifestó que también Alicia tenía que recibir su premio. Pero qué darle. Le preguntó qué más tenía en el bolsillo, y ella sacó una paleta. de la cual se apoderó el pájaro bobo para ofrecérsela en nombre de todos, entre vivas y aclamaciones.
Alicia recordó al ratón que le había prometido contar la historia. Y el ratón suspiró. Es una historia larga y triste. Es como una cola que se arrastra por la vida. Alicia le miró la cola y, en efecto, observó que la tenía muy larga, y mientras el ratón explicaba su relato, le parecía más larga que la cola. La historia era tristísima y sus protagonistas son perro malvado y esa ratoncillo. Cada vez le parecía más larga y tortuosa la cola del ratoncillo.
o la historia que contaba, o ambas cosas a la vez. Por lo que se le permitió hacer algunas observaciones que le sentaron muy mal al ratoncillo, quien, creyendo que Alicia se burlaba de él, se levantó y se marchó sin atender a las súplicas de sus compañeros para que se quedara. Si estuviera Dina con nosotros, ya lo traería en serio. Генетина, preguntó el pájaro bobo. Tina es nuestra gatita, respondió.
Si vieras lo lista que es para cazar ratones y los pajaritos, los caza casi el vuelo y se los zampa en un santiamen.
¶ El Regreso del Conejo y el Despertar
Todos se miraron entre sí, poniendo caras rarísimas, y casi enseguida cada cual se fue por su lado, no sin antes alegar diferentes excusas. Al quedarse sola, Alisa rompió. ¿Por qué habré hablado de Dina? Pensaba. En esto oyó un ruido de pasos y se dijo:¿Acaso será el ratón? quien habiendo cambiado de parecer volvía a terminar de contarles su triste historia. Pero no, no era él. Era el conejito blanco que venía dando saltitos y mirando de un lado a otro mientras murmuraba.
La duquecita, la duquecita. Ay, de mis pobres zarpitas sin guantes. Pobre Abeniquita. ¿Dónde estarán?¿Dónde estarán? ¿Dónde he podido perderlos? La duquesita me castigará.¿Hará que me ejecuten?¡Ay de mí! Pero al ver a Alicia, se detuvo y cesó en su monólogo para dirigirse a ella, exclamando con acento irritado.¿Cómo? ¿Qué estás haciendo aquí? Anda, ve corriendo a casa y tráeme un par de guantes y un abanico. Vamos, date prisa.
Alicia se asustó tanto que apretó a correr, no parando hasta llegar a la casa del conejo, que pudo reconocer por la placa de latón que había en la puerta y la cual tenía grabada la inscripción. Don Conejo. Muchas otras aventuras le pasarían a Alicia después, hasta que una hoja de árbol que le cayó en la cara la despertó. Todo había sido un sueño. Se había quedado dormida al lado de su hermanita mientras ésta leía aquel libro tan grandoso.
