Susi Caramelo - Stop Princesas - podcast episode cover

Susi Caramelo - Stop Princesas

Aug 12, 202512 min
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Speaker 2

Comedy Central Podcast.¿ Qué tal? Buenas noches. Bueno, yo soy Susi Caramelo. Estoy encantada de estar hoy en el Stop Princesas Live. No sé ni lo que quiere decir porque no hablo inglés, pero ha sido escuchar princesa y de la emoción se me han metido las bragas por el culo. He venido así... Y bueno, la verdad que este año no me puedo quejar, me está yendo de puta madre, me estáis llamando de todas partes, estoy que lo peto. Y estoy flipando, porque el año pasado no tenía ni

para pagar el alquiler. Y este año estoy en un punto, os lo juro, que a lo mejor estoy en un bar tomando algo con amigos y de repente me dicen, Susi, nos vamos. Y me dejo ahí la caña, sin beberme un trago ni nada. El otro día rechacé una tapa de aceituna gratis solamente porque en ese momento puntual no tenía hambre. Que no me reconozco. Tengo un perro que se llama Pablo. Al perro le está costando también acostumbrarse a nuestro nuevo nivel de vida. Sigue comiéndose toda la

mierda que se encuentra por el suelo. ¿Sabes? Tengo que ir todo el día detrás de él en plan ¡Para, para! Que van a pensar que seguimos siendo pobres, joder. El otro día fuimos a ver un piso nuevo con ascensor y el pobre subía por las escaleras. Digo, qué lástima, qué lástima. Poco a poco, poco a poco, se tiene que acostumbrar. Es como cuando Chabelita llegó a Cantora. No ha sido fácil, ¿eh? Tengo que decir que no ha sido fácil llegar a este momento. El MeToo ha cerrado

muchas puertas.¿ Sabéis lo que es el MeToo? Este movimiento por el que las mujeres denunciamos a los productores cuando no nos dan trabajo después de follárnoslos. Nunca denunciamos al que tira el cable. Yo que siempre era la última en irme de todas las fiestas, ¿sabéis? A ver si conseguía un programita. Ahora si quieres un programa, tienes que hacer un casting.¡ Estamos locos!¿ Qué somos, Greta Garbo? Pero

si soy de hospital, ¿eh? Pero bueno, no pasa nada, ya he llegado, ya he llegado, ya estoy en televisión, ya puedo decir por fin que vivo de la comedia. Me están saliendo oportunidades de actriz, pero no lo veo claro. El otro día tuve mi primer casting de actriz y cuando terminé el casting, lo típico, me quedé hablando con el director. De repente, se me acerca una y me dice, tía, eso juego sucio. Digo, claro, y toscote hasta el coño juego limpio, no te jode. Y es que tengo que espabilar.

O sea, me está pidiendo esto. Yo no puedo competir con niña de 25 años. Me está pidiendo la actuación ya con 38 palos. O sea, tengo que espabilar si no quiero que se me pase el arroz y a mí ya se me ha secado hasta la chisla. Y así está el tema. Luego hay otras actrices también que están amargadas en su casa, forradas, que a estas no las entiendo. Actrices que están ya forradas en su casa y aún

así están amargadas, sintiéndose viejas glorias. Si yo tuviera ese pastizal, estaría gastándome todo mi dinero en un tío 30 años más joven que me tuviera todo el día engañada. En plan, eres bellísima, mi amor. Y yo,¿ verdad que sí?¿ Verdad que sí? Ni siquiera sé por qué me dedico al mundo del espectáculo. El mayor trauma de mi vida me pasó en el mayor espectáculo del mundo, en el circo. Cuando yo tenía ocho años, me llevaron al circo con

el colegio. Empezaron a salir los domadores, los trapecistas, los malabaristas. Y al final salieron los payasos con un mono que llevaba puesto exactamente el mismo chándal que yo. Coincidí en outfit con un mono del circo a los ocho años y esto me ha dejado tocada de por vida. Imaginaos si ya jode coincidir con otra tía con el mismo vestido, lo que debe de ser coincidir con un puto mono del circo. Con ocho años, en plena edad del bullying. Y ahí no estaba el langui con sus temitas de

conciencia social. En plan,¡ se buscan malientes y monos con pendientes! ¡No! ¡No!¡ Me lo tuve que comer sola! Me acuerdo que se giró la niña más repelente de toda mi clase y dijo, ¡jajaja, lleva tu chándal! Si me hubiera pillado ahora, le hubiera dicho, sí, querida, ese mono tiene estilo. Pero me pilló sin personalidad. Así que lo que hice fue salir y esconderme. Y estuve

dos horas escondida. Bueno, pues al cabo de las dos horas, cuando por fin salí, me encontré a toda la gente de mi clase rodeando al mono y diciendo, joder, Susi, menos mal que has aparecido, menudo susto nos habías dado. Yo no sufrí bullying ni por alta, ni por baja, ni por gorda, ni por flaca. O sea, yo sufrí bullying por ir vestida igual que un puto mono del circo.¿ Sabéis lo que es eso? Ya os lo digo yo.

No tenéis ni puñetera idea. Estuve años, años aguantando que cada vez que me ponía un chándal todo el mundo me dijera« Uy, Susi, qué chándal más mono llevas». Me tiraban cacahuetes por las rejas del colegio. O sea, el chándal era tan hortero que hubo un momento en el que hubo un cruce de miradas entre el mono y yo. Y yo noté como el mono me miraba con la misma cara de vergüenza. En plan,¡ la madre que nos parió! Bueno, ya que el programa va de princesas, no me gustaría

marcharme de aquí sin contar mi historia de cuento. Esta historia no pasó en un circo, pero sí que había un payaso involucrado.¿ Alguna vez habéis estado muy, muy enamorados? ¿Sí? Muy, muy enamorados, ¿eh? Yo no me refiero en plan... ¡Oh! Siento cosquillitas en el estómago. No. Yo me refiero a enamorados en plan... Este hijo de puta me tiene bloqueada en Facebook y aún así vivo con él.¿ Sabéis esa clase de amor? Yo estuve así de enamorada una vez de un tío que se llamaba Alfonso. Os voy a

contar brevemente mi historia con Alfonso. Yo viví con Alfonso tres años. El primer año no me tocó ni con un palo. El segundo año no me tocó ni con un palo. El tercer año ya cogí yo el palo, le toqué a él a ver si estaba vivo. Vi que se movía un poco. Dije, vale, simplemente no quiere follarme y punto. El último año que estuvimos juntos nos fuimos de vacaciones a Menorca, 15 días. Mi maleta parecía la de un concursante de supervivientes. O sea, yo iba a desayunar,

a comer, a cenar prácticamente en pelotas. Hasta que un día un camarero en un restaurante me cogió y me dijo, mire, perdone señorita, pero para tener usted que cenar en este restaurante vamos a tener que pedirle que se ponga la parte de arriba. Si no, vamos a tener que pedirle que abandone el restaurante. Que yo pensé, no he abandonado yo este soplapollas en tres años que lleva sin tocarme. Voy a abandonar yo el restaurante que me habéis dado

la mano nada más entrar. Lo lleva claro. Aquí hay posibilidades. Estaba cachonda, cachonda, cachonda mal. Cachonda mal, cachonda que si esa noche se me llega a cruzar la manada, esos cinco soplapollas pasan a llamarse el rebañito. Cachonda mal. Así que cogí un mapa de la isla de Menorca y me lo llevé de excursión a una isla paradisiaca, una cala paradisiaca, de arena blanca, agua cristalina, el atardecer, él y yo solos. De esto que dices, joder, este paraje

parece el puto lago azul. Este paraje invitaría a follar aunque fuéramos hermanos. Bueno, pues en lugar de eso,¿ sabéis lo que hizo?¡ Sacó las palas!¡ Sacó las palas! Y me estuvo jugando toda la puta tarde a las palas. Fuimos al hotel pasándonos la bola. Pero literal. Cuando llegamos al hotel, el tío se metió en la ducha y digo, aquí pasa algo, tío. Aquí pasa algo. Total, que yo le cogí el móvil, miré el móvil y el primer WhatsApp que había era de un número sin registrar que ponía,

te quiero muchísimo. Total, que me metí en el WhatsApp y era yo. Era mi número. Llevaba tres años viviendo con un tío que me tenía en el móvil como las seis, cinco, dos, doce, setenta y no había registrado mi puto número. Después de eso le monté un pollo que te cagas. Pero el tío me convenció para que no lo dejara. No solo eso, sino que estuve curándole los dedos porque el tío era adicto al trabajo, se

mordía los dedos. Entonces, durante meses tuve que ponerle una crema en las manos y luego le tenía que poner una especie de guantes blancos, unas manoplas. Estuve durante meses durmiendo con un tío que parecía el puto Mickey Mouse. Con la única diferencia de que Mickey Mouse sí que sabía para qué valía el rabo. Después de que yo llegó mi cumpleaños, yo dije, madre mía, este año me toca regalazo, tío, este año sí, me lo he currado, tío,

pero aguantaste, gilipollas. Total que me quedé esperándolo en la cena de mi cumpleaños, preparé una cena de puta madre, abrí una botella de vino, me senté en el sofá, me puse a esperarle, dieron las 10 de la noche, 10 y cuarto, 10 y media, 11 de la noche, 11 y cuarto, 11 y media, y al final el tío se me presenta a las 12 menos cuarto de la noche, me dice, Susi, tenemos que hablar. No te quiero, no quiero seguir con esto y te

voy a dejar. Digo,¿ cómo es posible que seas tan cruel?¿ Cómo puedes dejarme en mitad de la cena de mi cumpleaños? Me dijo, son las 11 y 45. Técnicamente todavía no es tu cumpleaños.¿ Qué hijo de la gran puta se ha guardado un cuarto de hora de vacío legal? Sí, no pude decirle nada.

Después de eso yo me volví a Barcelona a ver qué hacía con mi vida y durante ese mes me entero de que el tío llevaba meses engañándome con una becaria 15 años más joven y ese mismo mes me llama por teléfono y me dice Susi, necesito que vengas a casa a recoger todas tus cosas. No te preocupes, yo

te ayudo con la mudanza. Total, que la mañana de la mudanza me presento en la casa y esa misma mañana le llaman del Festival de Sitges para decirle que había ganado el primer premio al mejor cortometraje hecho con iPhone. Cortometraje que le había ayudado yo de principio a fin. El tío abre el ordenador, saca dos billetes de AVE, uno para él y otro para su nueva novia, y se va a Barcelona, mi ciudad, donde no había querido venir en tres años a conocer a mis padres, a

recoger mi premio con su nueva novia. Y me deja sola en su casa. con la mudanza.¿ Qué es lo que hice yo? Os va a encantar.¿ Respiré hondo? Intenté contar hasta diez, pero cuando iba por el siete me empecé a cagar en su puta madre, me bajé directo a un verdecora, compré dos botes de purpurina industrial, subí a su casa y los vacié por toda su puta casa, por los cajones de la ropa, del baño, entre los entresijos del sofá, los muñecos de coleccionista, o sea, me

encargué de que esa casa fuera una puta verbena. No quería fiesta, pues toma fiesta. Y antes de irme le dejé un cartel así de grande que ponía, welcome a tu brilli brilli home, y me piré. Cuando llegó el tío, claro, os podéis imaginar, me llamó como un loco. Pero,¿ qué has hecho, tarada? Digo, celebrar mi cumpleaños. Con un mes de retraso. Te voy a denunciar, digo, ¿así?¿ Qué le vas a decir al juez? Que te he llenado la

casa de purpurina. Y aquí es donde viene lo mejor, amigos, porque en todo el Código Penal no hay una sola ley que te prohíba llenarle la casa de purpurina a alguien. No está tipificado. Ese gilipollas estará dentro de cinco años poniéndose un calcetín, se encontrará una mota de purpurina y dirá, me cago en mi puta vida. Por eso desde aquí os animo a que cada vez que alguien os putee lo más grande, os marquéis un purpurina. ¡Chale!¡ Os aseguro que no os va a pasar

Speaker 3

nada! ¡Nada! ¡No!¡ No os parece la venganza más brillante que podáis imaginar!

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