Quién me puede entrevistar a mí?¿ Quién puede saber más de mí que nadie? Tener mejor
memoria que yo. Que sé más que tú, que tu vida. Pero ahora sentarme aquí estoy nerviosa. Por tu historia vital y para
eso hay que ir a tu niña. Fue una niña que me sentí muy incomprendida. Tú fuiste como lo que llamamos ahora la niña trampa. El yin y el yang. Siempre he llevado esa bandera de liderar, de cambiar. Siempre te recuerdo, vaya, dibujando. Qué rabia me da lo perfeccionista que he sido siempre.
Cuando se acabó el 9,99, iba la revisión de examen. Pero yo aquella noche sí que sentí
de verdad... Por eso decías, Mari Carmen te pusiste muy malita. Porque yo creía realmente que me estaba volviendo loca. Entonces,¿
cuándo eres consciente de que tú tienes que alzar la voz también por eso?
Hay una anécdota, ¿no? De justo yo antes de renunciar, que cuento en el libro. Al final el club de malas madres eres tú. Que para mí el disfrutar es como un mantra porque digo... Ir al trabajo el lunes para descansar del fin de... Ojo, malas madres. Llegar a casa, escuchar ruido y gritos al otro lado de la puerta y querer huir. Rezar para que llueva y no tener que bajar al parque. Colgamos la ropa bien extendida para no tener que sacar la plancha. Solo pido depilarme las
piernas el mismo día. Estoy aquí, malas madre, la que me estáis viendo en YouTube y Spotify, con el primer libro, mi primer libro, Soy buena mala madre, haciendo repaso de los tips de mala madre que me llevaron a crear este club.¿ Y por qué estoy aquí haciendo memoria? Porque hoy es un podcast muy especial, muy especial.¿ Y por qué es especial? Siempre digo esto, pero es porque cerramos temporada.
Y estaba yo pensando en cerrar temporada y de repente digo, vale, tenemos aquí el calendario de Malas Madres en abril.¿ Cómo es esto que ha pasado tan rápido la primera temporada de La Casita Podcast? Pues yo creo que porque lo hemos disfrutado mucho. Y vamos a pasar de abril, a que ya estamos terminando julio, para cerrar esta temporada y empezar a preparar la siguiente temporada de La Casita Podcast.¿ Cómo la hemos vivido, chicos? Juan, Peter... Primera temporada que acaba.
Yo quiero que Peter y Juan, que están al otro lado, me digan una palabra para definir esta primera temporada de La Casita Podcast. A ver, Peter,¿ qué dirías?
Yo, la palabra sería estelar. Yo podría decir programón, pero ha sido emoción. Programón estelar
Programón estelar. Tiene su aquel, ¿eh? Pero¿ lo habéis disfrutado o qué, chicos
Mucho. Lo estamos disfrutando.
Ha sido nervios, ha sido mucha emoción, ha sido mucho cariño, hemos puesto mucho de todos nosotros, no solo Juan y Peter, también están al otro lado Santi, Alicia, Amelia, Cristina, Berta, el diseño, otro Juan que tengo por ahí, mucha gente del equipo de Malas Madres. que lo dan todo y ponen mucho cariño para que cada podcast que escucháis salga fenomenal. Pero bueno, no me puedo enrollar más, porque, ¡ay, Dios mío!¿ Sabéis qué protagonista traigo hoy?¿ Sabéis qué invitada traigo hoy?
Pues esta, la que estáis viendo. Me han liado, me han liado. Y uno de los liantes fue Juan, y Peter también. Y claro, para liarme a que alguien me entreviste a mí,¿ quién puede entrevistar a mí?¿ Quién puede saber más de mí que nadie?¿ Tener mejor memoria que yo? Pues no puede ser otra que la que llama a la puerta.¿
Quién eres? Soy tu hermana. Hermana, bienvenida. Qué ilusión, qué ilusión estar en la casita podcast. Hoy no te escapas, ¿eh? Ay, madre mía
que me
habéis liado, me habéis liado. Hoy vamos a hablar contigo y
bien
de muchas cosas. de esa niña que quería cambiar el mundo, de maternidad, de renuncia, de conciliación. Bueno, un poquito tu historia. Yo creo que tú podrías incluso contestar la entrevista tú. Sí, yo creo que sí. Que sé más que tú, que tú mismo. Pero bueno, para romper así el hielo aquí, que te he escuchado muchos de los tips que tú tenías en el libro,¿ cuál es el que te representa?¿ Cuál es el que tú dices? Este es el tip de la mala madre jefa.
Bueno, te diré que todo es un poco, porque aparte este primer libro está cargado de tips y lo estaba revisando y me hace como mucha ilusión, ¿no? La lloranza, ¿verdad? Sí, ya hacemos spoiler, ¿no? Vamos a llorar en el podcast. Ese
libro que lanzaste cuando la segunda buena
hija era pequeña. Ese libro que escribí con un barrigón enorme de Carla, de la buena hija 2, Y si Julia era pequeña, aparte, el buen padre me recuerda la de paseos que daba con Julia, mi hija mayor, mientras yo escribía el libro los fines de semana. Bueno, me voy. Y digo, sí, que tengo que concentrarme. Pero yo creo que un tip, estaba pensando y digo, un tip que me representa de verdad y que hago mucho y que me da la risa a veces, es llegar a casa y en vez de llegar a casa, quedarme en el
coche en silencio. Porque de repente llegas a casa, estás en el coche y te atrapa ese silencio y dices tú, con lo agustito que estoy aquí, sabiendo que va a abrir la puerta y no sabes lo que va a encontrar al otro lado. Entonces yo soy mucho de quedarme en el coche y aprovecho para reflexionar, para repasar Instagram, para hacer una llamada, para disfrutar del silencio y la soledad.
Y qué bien que lo confesaras porque así todas las malas madres podemos confesar con libertad que también nos quedamos en el coche.
Esos ratitos en el coche, también esos caminitos a tirar la basura, que también son ya emblemáticos y las malas madres me lo recuerdan cuando me paran por la calle.
El encerrarte en el baño.
Encerrarme en el baño, en el confesionario. Un clásico Un clásico, con el pestillo, pestillo mediante. Así que tengo, tengo, hermana, tengo. Hoy tenemos mucho de lo que hablar.
Vamos a conocer a la Laura más íntima. Termina la temporada. A la que está detrás del personaje de la mala madre jefa. Hay que decir una cosa, ¿no? Sí, que se suscriban al canal de YouTube. Que
es
muy importante, que necesitamos que estéis al otro lado, que nos veáis, que nos dejéis vuestros comentarios.¿ Qué os parece esta entrevista?
Necesitamos vuestro apoyo y a veces el apoyo es simplemente daros a suscribiros para que lleguemos más lejos y para que podamos este equipazo que hay detrás seguir apostando por esta casita posca que tanta ilusión nos hace.
Bueno, y un regalito también.
Venga, un regalito para que copiéis looks
Para que podáis coger la camiseta que os guste de nuestra tienda Soy Mala Madre con el cupón Soy del Podcast. Pues nada.
A todas las
que sois del podcast,
Y aparte se puede acumular a las rebajas, ¿eh? Regalas. Eso es interesante,
eso nos gusta. Bueno, entonces, nada,¿ no estás preparada? No sé yo, ¿eh?¿ Qué me vas a preguntar? No me sé las preguntas, ¿eh? No las he leído. No, no sabes nada, es todo un misterio. Así que nada, dentro cabecera, ¿no
Bienvenida al podcast del Club de Malas Madres, capitaneado por Laura Baena, la mala madre jefa, una mala madre más con mucho sueño, poco tiempo libre y ganas de cambiar el mundo.
Os quiero, gracias, malas madres.
Bueno, bueno.¿ A quién tengo aquí hoy de invitada?¿ Qué tal, hermana?
Aquí
estamos, hermana.¿ Cómo te encuentras ahí al otro lado? Pues mira, me
está costando un poco, ¿eh? Curioso.¿ Pero por qué? La entrada ha sido, la intro ha sido como jiji, jaja, todo bien. Pero ahora sentarme aquí, estoy nerviosa. Te puedo confesar que estoy nerviosa.¿ Por qué? No sé, será que verme en el otro rol dentro de mi casita podcast, verme cómo me siento en el lugar de la invitada... no saber las preguntas... me está generando esa ansiedad... que podemos decir que es mi ansiedad por control... que diría
Ana Asensio... nuestra primera invitada maravillosa... Ana Asensio diría ansiedad por control... no, aparte es curioso... eso lo estaba contando a Ali antes ¿no?... que cuando hicimos el reto de las malas madres, después del podcast de Ana Asensio, nos mandó como unos cuestionarios que yo vi previamente antes de las malas madres y salió claramente que, bueno, puede haber otras ansiedades, otro tipo de ansiedades, pero mi ansiedad era
por control. Y ahora estaba reflexionando sobre eso y decir, claro, al cambiar algo y hacer algo inesperado, también que estoy con la resaca del Yellow Sound y todo eso, Pues hace que esté nerviosa. Pero bueno, me voy a ir relajando seguro, hermana. Soy
toda tuya. Realmente esto no es un podcast. Es un experimento que vamos a hacer con Laura hoy para que suelte el control. No, pero mira, lo primero que quiero preguntarte, porque esto va a ser un podcast íntimo, personal, en el que evidentemente tú contarás lo que quieras, pero haremos un repaso por tu historia vital y para eso hay que ir a tu niña. Y a mí me gustaba
titular... Pero si empezamos
ya con la niña, empezamos ya a llorar,
¿no? No
no vamos a llorar porque... Déjame que termine. Este episodio me gustaba llamarlo La niña que quería cambiar el mundo, con Laura Baena, porque eso tiene mucho de lo que tú has hecho después, pero de lo que tú querías hacer de pequeña, esa mente inquieta, que además tú lo verbalizaste, que tú querías cambiar el mundo. Entonces, yo quiero que me cuentes con cuántos años decías tú eso, por qué lo decías y qué inquietudes tenías.
Bueno, decir eso, verbalizarlo, fue ya bastante después. Aparte, inevitablemente ayer, no te voy a enseñar todavía mi foto, porque eso hay que esperar al final, para enseñar mi foto, pero inevitablemente ayer, cuando estábamos en casa de mamá, y justo además con tu hijo, mi sobrino, estuvimos viendo los álbumes, buscando fotos, por un lado me di cuenta de que es gracioso la infancia antes, no teníamos tantas fotos de tantos momentos, estamos tan acostumbrados a tener fotos de cada momento...
Pero las teníamos. Teníamos muchas fotos, pero no lo que hay ahora, que es demasiado.
Sí, pero que realmente ahora tenemos demasiado, pero no tenemos ninguna, porque la tenemos toda metida
en el
carrete del mar. Pero era
curioso viendo, ¿no? Me gustaba que con esas fotos que había, que eran muchas, pero eran pocas, hacía como un recorrido de la infancia, ¿no? Y en el fondo, claro, cuando yo era niña yo no tenía ese sentimiento de querer cambiar el mundo. Yo lo que sentía que me sentía como fue muy incomprendida. Yo fui una niña y me sentí muy incomprendida. Como que todo lo que hacía era como un poco revolución desde dentro. Yo siempre me sentía como en revolución y rompiendo como muchos patrones entre ellos.
La hermana que tú fuiste, claro, tú...¿ Qué hermana fui? No sé qué hermana fui. No, porque mamá, es decir, tú fuiste como lo que podemos decir, lo que llamamos ahora la niña trampa, la niña buena, que hace caso a todo, que se queda sentadita, que mamá siempre recuerda. Es que yo le decía, siéntate aquí y ella se sentaba y esperaba hasta que yo le dijera, venga Amelia, nos vamos. Y entonces llego yo, que soy totalmente lo contrario, que no paro quieta. Sí, porque somos el yin y
el yang. Que no paro quieta. Y entonces, claro, primero para mamá eso fue como un shock. Tuvo que ser como madre. Y para mí eso me hacía también que, claro, como yo no era como tú, pues yo era todo lo contrario. parecía que yo siempre estaba como en eterno conflicto.
Bueno, no peor, diferente, porque yo creo que tú también llevas muy mal el que siempre estás como con esa comparación de que yo hacía lo que se esperaba y tú no, bueno, éramos diferentes.
Ya, eso lo sabemos ahora, pero sí que es verdad y aparte no pasa nada porque hay que reconciliarse con la educación que tuvimos de etiquetas y tú eras la niña buena y yo era la niña mala. Y pesa mucho, y lo sabemos por muchas de las expertas que se han sentado aquí, que la etiqueta de la niña buena también pesa, de la niña responsable, buena, que hace lo que se espera. Yo era todo lo contrario, era niña rebelde, mala, inquieta, que no para. Bueno,
mala,
yo diría inquieta. Sí, mamá dice inquieta. El caso que yo no paraba era un trasto, aparte, ayer en la foto era muy gracioso porque una de las fotos que iba a traer, que al final no he traído esa, digo, ay mamá, pero esta me representa, porque claro, estaba con los pelos de loca, un chichón en la frente. Y eso era yo. Mamá siempre dice que cuando salía del colegio siempre decía, me daba miedo verte salir del colegio y decir,¿ con qué idea vendrá hoy?¿ Qué vendrá a
contarme hoy? Porque era una pequeña revolucionaria desde pequeña. Entonces sí que es verdad que todo eso... Siempre he sido como, de pequeña, aparte yo eso lo he contado alguna vez, a mí de pequeña siempre me decían que era muy mandona, luego cuando era adolescente me decían que era muy quejica,
y luego ahora finalmente parece que soy una lideresa. Entonces yo creo que siempre he llevado esa bandera de liderar, de cambiar, de imponer lo que yo pensaba, que en eso también he aprendido mucho, pero sí que es verdad que yo siempre quería hacer lo que yo quería. Y eso... Y lo hacías. Y yo creo que eso me ha identificado y eso a la vez... Yo me he reconciliado mucho con esa niña porque durante un tiempo también he
pensado que eso a lo mejor no era bueno. Y al revés, ahora estoy como súper orgullosa de esa niña que decía... Si quiero algo, lo consigo. Y por eso he hecho todo lo que he hecho. Y ya está porque, ¿ves? No hablemos tanto de la niña porque si no me emociono. No,
bueno, vamos a cambiar,
vamos a
seguir con la niña.
La niña luego, vamos a dejarla para luego. Pero vamos
a cambiar de registro porque esa niña, aparte de revolucionaria, tenía otro aspecto que se conecta con tu vida actual, aunque lo tienes más olvidado, pero eras muy creativa y te encantaba dibujar.¿ Qué recuerdas tú del dibujo? Porque... Yo siempre la recuerdo, vaya, dibujando, haciendo retratos desde muy pequeña, seis años, lo reproducía todo a perfección. El dibujo,¿ de qué te servía? Te tenía que relajar, ¿no? Sí.
Sí, yo creo que sí. Bueno, por un lado siempre me acuerdo del cuento de Miriam Tirado, que tengo mucho cariño, que se llama La fuente escondida. Yo creo que mi fuente escondida es el dibujar y a la vez yo creo que esa creatividad, para mí más que dibujar es la creatividad. Yo creo que he sido creativa siempre desde pequeña y siempre he intentado darle una vuelta a lo que hacía. Y sigo considerando que aunque no sea dibujar como tal con un lápiz y un papel, sigo creando
todos los días de mi vida. Es más, cuando me alejo de la creatividad y del crear, es como que se apaga mi luz y entonces me doy cuenta que tengo que volver a crear cosas nuevas. Pero sí, yo recuerdo que me ayudaba como a calmarme, ¿no? Como a estar quieta, sentada, parada. Yo creo que era de las cosas que realmente Laura podía parar su mente y quedarse quieta a dibujar. Y recuerdo al primo decirle, hazme un dibujo de un animal. O no sé, quiéntalo. O luego ya más de mayor, retratar a papá o a los
abuelos y tal. Pero ahí, ahora viéndolo con perspectiva, digo, qué rabia me da. lo perfeccionista que he sido siempre. Porque ya de pequeña era tan perfeccionista que lo veo, por ejemplo, en dos cosas súper clave, ¿no? yo jugaba al tenis, aparte jugaba antes que tú, creo, más pequeña, con cuatro años tenía una raqueta que era más grande que yo, y dejé de jugar al tenis porque creía que no era suficientemente buena, y me cabreaba porque llevaba muy mal el perder. Lo
recuerdo, recuerdo esas luchas en la pista de tenis
cuando te ganabas. Como no ganaba, aparte recuerdo un campeonato que era muy pequeña, allí en Locea, en el Rincón, tendría cinco años más, no tenía, o seis, y vino papá a verme, Y perdía, y yo llevaba muy mal el perder. Entonces, a veces, el no ser capaz de llevar bien el perder me ha hecho dejar de hacer cosas. Y en ese momento, pues fue el tenis, pero luego fue también el dibujar y el pintar. Porque también el dibujar y pintar hay como una parte complicada de qué
es ser artista, ¿no? Y de qué es una buena artista. Y yo nunca me he considerado lo suficientemente buena con lo bien que dibujaba.
Dibujaba muy bien,
de
hecho lo has dejado y quería preguntarte por qué no lo retomas, porque creo que es como una de esas cosas que es una espinita que probablemente te enriquecería.
Una espinita
para mí y para tu padre,
que me regaló un año un caballete con la ilusión, y lo sigue diciendo, de que antes de morir se colgara un cuadro mío.
Pero bueno, ha hecho pinitos porque alguna ilustración has dejado ver en la cuenta de Instagram de Malas Madres.
Ilustraciones
viñetas que han funcionado muy bien, que a la gente le
encanta. Sí. Lo que pasa es que sí que me doy cuenta que para dibujar y para conectar con esas fuentes escondidas necesito calma. ¿Sabes? Y entonces cuando dibujo, normalmente en vacaciones, en verano, cuando tengo esa capacidad de parar y de conectar con lo más profundo. Y la pena es que no lo hago demasiado. Entonces, es algo que quiero hacer. Es más, lo retomé porque volví a clases de pintura. Cuando volví a Málaga estuve en clases de pintura.
Volví después de la pandemia con Ana Roldán y disfrutaba tanto. Porque además empecé a dibujar con acuarela. Volví a recordar las técnicas que yo aprendí en mis primeros años de Madrid, de artes visuales. Y sí, es algo que tengo ahí. Tengo que hacerlo. Pero ahora tengo el punto este de... que ya me veo mayor para retomar esto.¿ Te puedes creer? Es como me veo mayor para pintar.
Pues no llego al contrario, porque a partir de los 40 yo voy detectando que hay como una segunda vida o como un reinicio, que lo dicen muchas de las psicólogas que tú has tenido en el podcast, lo dijo Rocío Ramos Paul, que a partir de los 40 hay como una necesidad de volver a conectar con cosas que te gustaban, que apartaste, o reiniciar otras nuevas, porque los hijos y las hijas van creciendo. Yo te
animo. Yo ese reinicio lo empecé en la pandemia. La pandemia que fue esa crisis potente fue un reinicio de muchas cosas. Lo que pasa es que vives como una... como un espejismo de intentar reiniciar ciertas cosas y luego la rueda empieza a girar tan rápido que vuelve a alejarte de esas cosas. Entonces, bueno, hay que buscar el equilibrio para hacerlo. Lo intentaré, hermana. Sí, tienes
que hacerlo.¿ Y algún otro talento que tú hayas tapado por ese perfeccionismo que tú digas, pues yo es que soy muy buena en esto, pero no me atreví nunca a desarrollarlo por ese control de la perfección?¿ Alguno que tú recuerdes que desde pequeña dices tú es que yo tengo talento para esto pero no les di rienda suelta?
Bueno, tu madre dice que bailaba muy bien de pequeña, que era muy flamenca, ahora que Luchi es flamenca. Dice, porque el buen padre decía, lo has sacado de tu prima,
mi prima Irene es bailadora, nuestra prima es bailadora. Y mamá decía, no, no, no, no, su madre también bailaba muy bien, pero no, eso no. Pero una cosa que a mí sí que me gusta, que tiene que ver a lo mejor con esto de bailar, una cosa que me doy cuenta y que sí que no he escondido, sino que cada vez lo estoy potenciando más, es que
me encanta subirme a los escenarios. O sea, yo disfruto mucho, por ejemplo, una de las cosas que más orgullosa me hace sentir de estos últimos meses, años, es el monólogo que hice para la gira. O sea, ahí di clases con una actriz, me preparé el monólogo. Ella misma, que es actriz, me dijo, Laura, tú tienes una cosa muy buena,
que es la improvisación. Y creo que improviso bien, que no me he permitido nunca hacerlo de manera un poco profesional, entre comillas, o darme ese espacio, o darme esa oportunidad de decir, oye, Laura,¿ por qué no vas a hacer un monólogo? Si la gente se ríe contigo, si la gente cuando haces un podcast o cuando estás en una reunión o cuando subes al escenario se ríen con tres cosas que dices,¿ por qué no te das la oportunidad
de hacerlo? ¿Sabes? Esa parte cómica. Y yo pienso que tengo una parte cómica que me gusta, me divierte y que disfruto mucho... Y me encanta, es que la tontería del otro día en el Yellow Sound, en el festival, la segunda edición del festival que hacemos en Málaga para familias corresponsables, Electro Duende, la primera banda, me invitó, me dijo, Laura,¿
quieres subir a cantar con nosotros la última canción? Que justo además, yo últimamente soy muy de señales que ocurren, tú eres más de esto, pero justo dijo la canción de¿ A quién le importa de Alaska? Y¿ A quién le importa de Alaska? ha sido la banda sonora de Malas Madres desde los inicios. Yo me llevo a una banda... catalana a la primera party de Malas Madres en 2014 para cantar esta canción y cerrar la primera fiesta de Malas Madres en Madrid y dije,¿ cómo no voy a subir?
O sea, me han invitado a subir al escenario, con lo que me gusta subir al escenario, aunque a veces es como que digo, ay, no me gusta, pero me gusta. Te gusta. Y subí allí con lo mal que canto a darlo todo cantando a quien le importa y disfruté muchísimo y me di cuenta allí arriba de que es
que me da un power brutal. Y entonces, una de las cosas que pasan, que esto se sufre mucho y no me pasa solo a mí que me subo al escenario de mil y pico malas madres cada equis tiempo, sino le pasa a mucha gente, lo mal que se pasa antes de salir al escenario, porque pasan muchos nervios, mucho síndrome de la impostora, mucho pánico, o sea, yo he llegado a tener pánico, de verdad, a salir al escenario, y luego el momento de disfrute total y de decir,
es que se te olvida todo, estás ahí como sintiéndote súper a gusto y súper bien, y luego cuando termina, cuando termina cada una de las giras de Malas Madres, siempre digo, estaría haciendo esto todos los días, que no puedo hacerlo todos los días porque hay mucho cansancio, pero me gusta. Entonces, creo que una de las cosas que me cuesta mucho decirme a mí misma, es artista, ¿no? Y yo creo que a lo mejor, más allá de creativa, de pintar bien y de tal, yo me considero artista
en lo que hago. En todas las facetas. Papá siempre lo ha dicho, ¿no? Papá siempre ha dicho, esta niña es una artista. Sí, siempre
Bueno.
Así que habrá que explorar, habrá que explorar más cosas.
Bueno, vamos a dejar a la niña, que la niña te emociona más, pero vamos a ir a la adolescente. Ahora que tienes un adolescente, vamos a ir al adolescente Laura.¿ Cómo te recuerdas? Porque en todo lo que has conseguido, igual en la adolescencia también, hubo momentos de rebeldía, de cuestionamiento.¿ Cómo viviste esa adolescencia que te llevó luego a elegir la carrera que tú querías hacer?
Pues la adolescencia siempre muy, muy inconformista. O sea, era inconformista. El inconformismo siguió. El inconformismo siguió. O sea, eso me ha acompañado siempre. Y la rebeldía, ¿no? Y aparte es que me recuerdo así. O sea, pero también me recuerdo siendo la jefa siempre, ¿sabes? Siempre he sido muy jefa de mi grupo de amigos, del grupo de la facultad. Ha
sido muy lideresa, muy lideresa
Como que todo el mundo contaba con Laura y esperaba ver qué decía Laura. Lo que pasa es que los años y la experiencia te dan como una calma y una manera de entender la vida de otra forma, porque sí que mirando atrás también era quizás demasiado vehemente. Siempre he creído firmemente en algo y siempre lo he defendido a capa y espada y a veces me he equivocado. Y a veces he seguido defendiendo algo que en el
fondo me estaba equivocando. Pero bueno, me gustaba. Tenía muchísimo espíritu de lucha, muchas ganas de hacer cosas, muchas ganas de crear. Y yo creo que eso me ha definido siempre. Ahora, ha sido un poco difícil a lo mejor, pero...
Te recuerdas como un adolescente difícil
Sí. ¿Sí? Difícil, pero a la vez... Yo he tenido también como una parte muy buena porque yo era muy estudiosa. Y siempre iba a sacar la mejor nota. Que
sepáis que Laura, cuando sacaba un 9,99, iba a la revisión de examen.
No, no, no. Es decir, yo iba al máximo. Y porque aparte creo que tenía... Tampoco es que me dejara la vida, porque yo he sido una niña y he sido una adolescente que ha salido muchísimo deprimido. Sí, pero
le has dedicado tiempo. Tú has sido estudiosa, muy responsable y a la vista está, ¿no? Que siempre has tenido expedientes impecables. Sí, pero a la vista
no. Mira,
ahí
tú eras la buena. Bueno. Pero también porque a lo mejor era mi lugar, digo, voy a destacar aquí ya que en lo demás no destaco. A ver, no es que yo fuera mala, pero yo
era
conformista. Sí, pero me fallaba llevarlo demasiado al extremo. O sea, lo llevé demasiado al extremo y se vio, por ejemplo, pues... Es decir, yo terminé el instituto con media casi de matrícula, entrando a la carrera que quisiera, entré en publicidad porque era realmente... Yo quería hacer bellas artes, pero no me atreví a irme a Granada y al final hice publicidad porque creía que era lo más cercano a la creatividad y el diseño que podía hacer en un momento que
hace 20 años nadie sabía ni lo que era publicidad. que la gente te preguntaba,
eso qué es? Nadie sabía
el
fin de lo que
era estudiar publicidad. Y estudié publicidad y sí que durante la carrera yo siempre he sido muy impaciente y muy inquieta y a mí me da la sensación de que pierdo el tiempo si no hago muchas cosas. Entonces yo sentí que estaba perdiendo el tiempo en la carrera y yo en segundo de carrera tuve una crisis de decir¿ qué hago yo aquí? No estoy aprendiendo nada, esto va muy lento, me estoy aburriendo, estoy a punto de dejar la carrera, pero luego dije no, puedo hacer más cosas
la vez que hago la carrera. Entonces mientras hacía la carrera, trabajaba, hacía prácticas, hacía 1500 cosas y entonces ya iba llenando mi
tiempo para no aburrirme. Y ya luego, cuando en los últimos años de la carrera fue cuando ya se puso más interesante la cosa, que ya empecé a conectar con cosas que me gustaban de verdad, como el diseño y la creatividad, y tuve la suerte de tener un profesor que se llama Frank Cruz, que me dijo, Laura, si realmente tú quieres, porque yo quería pensar la idea creativa,
pero también hacerla, diseñarla, de inicio a fin. Y él fue quien me recomendó irme a Madrid a estudiar al Instituto de Grupo de Diseño, Y ahí es cuando yo ya, cuando yo voy a Madrid y empiezo a estudiar artes visuales, cuando conecto con... ¡Wow! O sea, yo recuerdo el primer año, es decir, un año entero sin ordenador, aprendiendo técnicas de diseño, de pintura, disfrutando, impresionante. Pero iba a lo que te decía de llevarlo al extremo, porque en el tercer año
de esa carrera haces una tesis. Y yo me lo tomé demasiado en serio, tan en serio como que... es que realmente enfermé. Y saqué un 10 en la tesis, saqué un 10, pero a costa de mi salud.
Pues yo creo que alguien está llamando por teléfono, pero alguien en el momento justo. ¿Sabes, Peter?¿ Esto qué? Esto no me lo esperaba. Necesito que me pongas... Sí, pásamela primera, pásamela. A ver, a ver quién me llama. Aquí hablo que me he liado con lo que tú sabes, que no me gustan ni estas cosas,
pero bueno, vamos a hacerlo. Que hace ya unos cuantos añitos, casi 20 años ya, de
aquella
aventura que nos cambió la vida. Que nos hizo salir del cascarón para enfrentarnos a un mundito un poquito complicado. Pero es lo que crecimos, los adultos que fuimos y los que maduramos. Bueno, pues desde aquí ahora, viendo lo que fuiste y lo que eres, pues me siento muy orgullosa de ti, porque has conseguido mucho y has sido todo tan grande y con tanto esfuerzo, que eso la gente muchas veces no lo reconoce, y que todo el camino que se puede decir que ha merecido la pena.
Así que esos bajones, esos achaquillos tan malos que te daba mi madre, estas malitas, que han merecido mucho la pena. y nada decirte como conclusión que eres una referente para todas y lo mejor de todo es que sigues siendo tan cercana como siempre disfrutando de tus amigas de siempre y las de toda la vida un besote y a seguir remando guapa un besote te quiero
Tenía que estar Carmen. Carmen es compañera.¡ Qué llorera, Juan! Ya estoy brillando seguro entera. Con Carmen Laura se fue a Madrid, ¿no
Bueno,
es mi Mari. Su Mari, que es Mari Carmen pero ahora es Carmen. Pero Mari Carmen fue su compañera con esas maletitas de sueños, ¿no? Ya fuiste a Madrid. Sí. Y bueno,¿ cómo recuerdas aquella época? La verdad que... Porque fue bonita, pero te costó el inicio, ¿no? Alejarte de Málaga, ¿no
No,
alejarme no.
Y
es más,
yo creo que... Estabas deseando. No, pero yo creo que vino bien que, como somos cada una, porque somos tan distintas, ella es la calma, ella es muy, ¿sabes? Como mucho más con los pies en la tierra, yo soy como más loca, más inquieta, y creo que ese equilibrio también nos vino muy bien tanto a ella como a mí, ¿no? tampoco éramos tan sumamente amigas, es decir, luego ya no hicimos hermanas casi, porque lo que hemos vivido Mari Carmen
y yo en tres años se une para siempre. Pero yo tenía muchas ganas de irme, aparte yo creo que mi entusiasmo la arrastró a ella también, porque a ella le cuesta más decidir estas cosas y fue valiente también.
Ella fue valiente también en irse porque al final teníamos 21 años y teníamos 21 años en la época, que yo lo digo mucho porque yo veo a la gente joven, y digo, joder, con 21 años lo que han vivido... es que con 21 años han hecho 1.500 cosas... que por eso yo cuando... ahora que tengo 43 o cuando he tenido 30... me he sentido tan bien con gente joven de ahora... porque han vivido muchas cosas... antes que nosotras, ¿no?... entonces nosotros realmente con 21 años... nos
vamos por primera vez a vivir fuera de casa... a todo, a Madrid, que era una ciudad enorme, que yo recuerdo a maricarme a mí yendo por las calles pensando, qué grande es Madrid. Nosotros mirábamos como en plan, parecíamos Paco Martínez Soria. Y grande en Madrid. Nos perdíamos todo el
rato y fue bastante impactante. Primero porque además teníamos primero contratado quedarnos en una casa que nos resultó ser muy cómoda y estando allí tuvimos que buscarnos la vida, a buscar un piso y fueron momentos duros de sentirnos muy solas, de sentirnos muy solas, muy perdidas, sin herramientas, de realmente dos niñas, porque éramos dos niñas, sin herramientas para buscarnos
la vida. pero al final nos buscamos la vida y tiene mucho mérito el haber tirado para adelante las dos, haciendo piña todo el rato juntas y viviendo situaciones divertidas
y a la vez también muy intensas, ¿no? Porque nosotras íbamos allí ya con una edad también, mucha gente de la que estudiaba con nosotros era la primera carrera, nosotros era la segunda carrera, sabíamos el esfuerzo que estaban haciendo nuestros padres, entonces nos lo tomamos muy en serio para poder que nuestros padres estuvieran orgullosos del esfuerzo económico que
estaban haciendo y que nosotros estuviéramos allí. Entonces, claro, nosotros estábamos en un ambiente que no era el nuestro, en un ambiente de gente de otro nivel social mucho más alto, y entonces nosotras nos sentíamos como que teníamos que sacar el máximo. Dimos el máximo, a lo mejor dimos demasiado, pero bueno, también tuvimos un momento de mucho disfrute, de que vinieran muchas amigas de Málaga a pasar fines de semana allí, y lo recuerdo con mucho cariño porque para mí,
Mari Carmen, Mari Carmen... Es muy especial y la quiero muchísimo y para mí el que ella ahora pueda trabajar con nosotras y sea compañera y sea parte del equipo son esas cosas que a mí me hacen feliz. Tener gente que de verdad la quiero y que es profesional, curranta y más que una amiga. Más que una amiga, es una hermana dos.
Mari Carmen también llorará cuando te escuche.¿ Y sabías desde ese momento, o a medida que tú ibas haciendo la carrera, que tú te ibas a quedar en Madrid?¿ Que Madrid era un sitio para estar durante
un largo tiempo Sí, porque te estaba contando esto, ¿no? Te estaba contando que yo necesitaba salir de casa. Yo sí que creo que a lo mejor por esa adolescencia difícil y ese inconformismo y ese sentirme siempre en conflicto y sentirme siempre incomprendida,
yo necesitaba volar. y aparte recuerda perfectamente la noche antes de irme a Madrid que mamá incluso los días antes, porque además pasó una cosa, los días antes, las semanas previas a irme a Madrid, que yo ya tenía reservado todo, estaba la matrícula hecha, habíamos ido a Madrid incluso, porque tú tenías que ir a Madrid con tus padres a la entrevista con el director y a ver que todo funcionaba y tal, y a enterarte de todas las normas
de la carrera. Y el diario Sur, porque yo hacía prácticas en el diario Sur, fueron mis primeras prácticas mientras estudiaba en la carrera, me llamó el diario Sur para decirme que se había quedado una vacante en el departamento
de publicidad. Entonces, de repente, yo recuerdo, aparte, recuerdo un día irme a la playa con la amiga y decir, jo, es que ha pasado esto, claro, tengo por un lado mi sueño que irme a Madrid, pero por otro lado tengo que con 21 años me estén ofreciendo ya un contrato bien pagado en un periódico, en el periódico más importante de tu ciudad, pues para mí era un orgullo, pero
a la vez me puso en dudas. Entonces, claro, en casa tenemos el yin y el yang y en casa tenemos a mi madre que es, ay hija, qué buena oportunidad, quédate, va a perder esta oportunidad, quédate en casa, quédate en casa. Y mi madre era como, quédate, y mi padre era como, no, no, no, vete, persigue tu sueño, haz lo que realmente quieras, que lo otro puede estar siempre ahí. Entonces yo recuerdo la noche antes que mamá se acercaba, me abrazaba, ay que te vas ahí y tal, no sé qué, con la pena.
sin que mamá haya sido mucho de tampoco transmitirnos su pena para que no nos limite nuestras decisiones, pero yo recuerdo a mamá y yo decirle, y yo sentir ahí, yo ya lo llevaba sintiendo años, esa necesidad de irme a hacer cosas que dejaran huellas, conectando con lo primero que me decía, pero yo aquella noche sí que sentí de verdad, porque aparte recuerdo decírselo a mamá, Decir, mamá, yo me tengo que ir porque yo tengo que hacer
algo que cambie el mundo. Yo tengo sensación de que este irme es para conseguir aquello que yo quiero hacer, que es realmente dejar una huella. Y recuerdo que esa noche seguramente no dormí nada, todo el rato pensando en, es que yo tengo que irme porque yo tengo que hacer algo. Y siempre he tenido como un presente, que ya ves tú, con el miedo que me da a mí la muerte, yo siempre he tenido como un presente esto,
no sé por qué, habría que analizarlo, no psicoanalizarlo. Pero yo siempre he tenido como un presente de que el día que me muera yo quiero que la gente me recuerde por haber hecho algo bueno. ¿Sabes? Bueno, ya lo
estás
haciendo. Pero que me emociona porque puede parecer como ególatra, pero no es ego, no es por ego, es por como sensación de decir que mi paso en este mundo y en la vida sea algo bueno, positivo. Te recordaremos, ya te recordaremos. Así que desde aquí al Ayuntamiento de Málaga, alcalde, por favor, cuando me muera, una calle...
Una calle con el nombre de Laura Baena.
O de las malas madres.
O de las malas madres. Bueno, entonces, de ahí... Mira que yo decía que no iba a llorar, Juan Peter, ¿eh?
No te preocupes. Sabíamos que iba a llorar. Si no, la calle te la construimos nosotros, ¿eh?
Exacto. Bueno, puede que llore un poco más, pero eso ya se verá. Madre mía. Entonces, estabas en Madrid.¿ Cómo van los brillos, Juan?
Bien, bien. Está estupendo.
Estabas en Madrid y¿ cuántos años has estado tú allí en Madrid? Porque mucha gente cree que todavía estás en Madrid. Sí, la gente no me ubica aquí, es muy fuerte.
La gente cree que estoy en Madrid. La gente sigue diciendo,
pero tu hermana no está
en Madrid. 18 años. 17 con algo, casi 18 años. Con un parón que hubo de un año que no estuve. Pero bueno, yo creo que hay que contar a las malas madres un poco según lo que hemos hablado para no dejar ahí como esa sensación de... de qué ocurrió de esos tres años porque dije que me lo tomé demasiado en serio. Sí
no sé, si
quieres. No, no, no, no. Bueno, no sé, lo que tú digas.¿ Te
lo tomaste
demasiado en serio por qué? No, no, no quiero decir que me tomé tan en serio la tesis y el sacar el máximo posible... Sí que al
final acabaste con ese estrés, pues hizo que tuvieras un hipotiroidismo de Hashimoto y que estuvieras muy mala sin saber qué era hasta que por fin un día te hacen un análisis de hormonas y estaban las hormonas desquiciadas porque es que no había otro nombre. Y recuerdo que te quedaste muy delgada, que estabas muy nerviosa, que no podías dormir. Sí, por ese momento... No, por eso
lo recordaba Mari Carmen. Por eso decías, Mari Carmen, te pusiste muy malita. Sí. Ese momento de tenerla a ella fue clave, tenerla al lado, pero sí que la sensación esta de no saber qué te está pasando, de sentir que todo va muy rápido y pensar que te estás volviendo loca, literal, y pensar que era todo nervios del
estrés de la tesis, y seguramente era eso. Pero ese estrés había generado en una enfermedad que se llama enfermedad de Hashimoto, que es cuando la tiroides ya se vuelve loca totalmente y que tardaron meses en diagnosticarme y que eso hizo que fuera un verano un poco loco. Y ahí yo creo que fue la primera, porque mirando hacia atrás dices, pues ha habido momentos de crisis, pero yo creo que esa fue la primera gran crisis que sentí. ¿Ah, sí? Claro.
No
lo sabía
yo
Sí, esa fue la primera crisis que sentí como de decir... Bueno,
sí, y que realmente era una crisis externa, que no es que fueras tú que por cualquier causa
Claro, pero
fue
una crisis que el final feliz del diagnóstico fue incluso un alivio, porque yo creía realmente que me estaba volviendo loca. Yo sentía que qué está pasando en mi cabeza. Sí, si
ya de por sí tú tenías una mente inquieta, eso ya te hizo que te desbordaras
Claro, yo estaba acostumbrada a ser inquieta, que pudiera dejar de tener, no dormir por algo porque me preocupara, pero no a ese nivel. Entonces fue un alivio saber que, bueno, pero también fue un alivio y fue decir... Lo que pasa es que llegó muy pronto. Yo creo que esa crisis llegó muy pronto y me dio pocos aprendizajes de cara a futuro de decir, oye, pues a lo mejor hay que vivir de otra manera. Hay gente que a lo mejor ha tenido una crisis así, joven, y sí
que ha sido como muy foco en su vida. A mí no. A mí eso no me detuvo. No sentí que eso me fuera a detener.
No te detienes. No. No te detienes aún todavía. Bueno, entonces tú esos años en Madrid vas evolucionando, acabas la carrera, profesionalmente vas creciendo y ya te quedas en Madrid, vas desarrollando tu carrera profesional y llegas a la última empresa antes de que llegara el Club de Malas Madres. Decías tú que sí. Yo
siempre tuve la sensación... Bueno, siempre me dolía mucho volver a casa. Que decías tú que se iba a estar en Madrid o volver
Pero yo,
bueno, no sé. Yo no pensaba
que fueras a volver nunca. Ya, mamá ya dejó de preguntármelo. Siempre que venía a Málaga
Que sé
que te generaba mucho dolor cuando te ibas, pero a la vez sabía que cuando llegabas a tu casa ya se te olvidaba todo. Y no pensé nunca que no fueras a volver, pero llegó la pandemia. Sí, porque yo creo
que yo me sentía... Yo creo que a mí Madrid me ha dado sentirme libre. Yo creo que al final, yo en Málaga no me sentía tan libre como en Madrid.¿ Pero por qué En Madrid siempre me he sentido más yo, más libre, con todo por hacer y como que a lo mejor el peso de la familia, del deber, del hacer las cosas bien, me daba como más miedo y más inseguridad. Y yo creo que eso siempre me hacía que allí estuviera... Mejor en ese sentido. Pese a que él echaba mucho de menos a vosotros.
Pero bueno, como he dicho, te llegó la pandemia.¿ Y la pandemia qué es? Porque...
Ya, pero fue antes de la pandemia. O sea, a mí la pandemia, puedo decir, queda fatal decir esto, ¿eh? Pero es que hay que decirlo porque lo digo mucho en privado. Para mí la pandemia fue un regalo.
Ah, bueno, sí.
A mí la pandemia fue un regalo. Y lo digo con todo el dolor de mi corazón, de todas las pérdidas y de todo lo que pasó, porque yo creo que cada una de las personas, a nadie nos vino bien la pandemia. Pero para mí fue una revolución realmente, porque me ayudó a tomar decisiones que no hubiera tomado
si llega la pandemia. Pero¿ cómo llegué yo a la pandemia? Acuérdate, yo llegué a la pandemia queriendo, llevando ya muchísima intensidad, muchísimo estrés, estando en una rueda muy rápida, porque el proyecto tenía cada vez más implicación, tenía mucha presión, mucha exposición, éramos un equipo muy grande, casi de 16 personas en Madrid, en la mala Madre House, unos proyectos muy grandes, y eso se estaba desbordando a un nivel que yo estaba
muy saturada. Entonces yo, cuando me quedé embarazada de Luchi, de mi querida Luchi, yo ahí, acuérdate que hice todo el plan para parar. Yo necesitaba parar. y yo llevaba ya acumulando mucho desgaste y mucho cansancio durante muchos años y me había dado cuenta de que no me estaba cuidando. Entonces para mí la tercera maternidad que fue elegida y fue un regalo también, era la oportunidad para parar y yo visualicé, aparte acuérdate, me organicé, organizé a todo el equipo,
estábamos organizados para yo desaparecer. O sea, yo iba a desaparecer del club de malas madres, entre comillas, dije que no quería ningún contacto con el club, necesitaba parar porque estaba al límite de verdad de agotamiento.¿ Y paramos? Y paró el mundo. Y digo, joder, que evidentemente no tengo ese poder, ¿vale? Ni lo creo. Pero que cuando esto conecta con mucha gente, pues mucha gente lo vivió así.
Pero yo dentro necesitaba parar de verdad. Yo creo que si no llegaba a venir la pandemia, seguramente a lo mejor hubiera petado de alguna manera porque no era sostenible mi vida como era en ese momento.
Bueno, parar, ese verbo que tanto te cuesta y tuvo que venir una pandemia mundial a pararte, que es muy curioso, pero eres una persona a la que, como no haya una catástrofe, sigues y sigues y sigues. Claro, por eso
para mí la pandemia fue un regalo, aunque fuera una gran crisis. Aparte
recordemos que yo me tiré toda la pandemia diciendo que una crisis es una oportunidad. Se lo escuché a Alex Rovira
y me pareció la
salvación.
Mi hermana me lo decía mientras yo tenía una niña de dos semanas recién nacida teniendo que parar. todos los proyectos teniendo que hacer un ERTE en la empresa tirando al traste mi permiso de maternidad maravilloso que yo por primera vez creía que iba a poder disfrutar de verdad porque aparte eso también me generaba un conflicto interno brutal y fue totalmente, o sea, yo veo, aparte me da como, o sea, me da nostalgia, pena, a la vez me entrarían ganas de ir a la Laura de la pandemia
y abrazarla fuerte, ¿sabes? Porque me da una pena, o sea, estaba... Creo que fue muy intenso. Estaba súper cansada, estaba súper cansada, como agotada, estaba muy cabreada con el mundo porque me pareció que fue un momento de mucha injusticia social en la que yo me rebelé muchísimo y que sé que ayude mucho a las malas madres a no sentirse solas, Pero a la vez también la abrazaría y también le
daría la enhorabuena. O sea, le diría, ole tú. ole tu fuerza fortaleza mental para ser capaz de estar en un posparto como estaba recién parida, tirar para adelante con todo, salir en medios de comunicación que no hice más conexiones con medios de comunicación que en aquella época, en un piso de 90 metros cuadrados con dos habitaciones en las que cerrábamos el salón y el buen padre se ponía en la otra punta con Luchi recién nacida que sabemos como
yo era un recién nacido para que yo pudiera conectarme y luchar por los derechos de las mujeres y de las madres y de la conciliación. O sea, fue realmente intensísimo, pero a la vez también fue un regalo a muchos niveles, porque fue un regalo también de darte cuenta de lo que te quiere la gente, de lo que te quieren las malas madres, del motor que son, y de incluso
lo que nos querían las marcas amigas. Porque las marcas amigas en ese momento, en un proyecto de emprendimiento social como el nuestro, donde teníamos cerrados proyectos que eran eventos presenciales, y dijeron, no te preocupes Laura, seguimos con vosotras y hacemos lo que podamos de manera online. Entonces, bueno, es que estuvo tan lleno de aprendizajes, pero evidentemente uno de
los aprendizajes fue este que tú has dicho. O sea, Laura, no puedes tener que esperar a que llegue una pandemia para ser capaz de darte cuenta que tienes que parar y que la vida te la tienes que tomar de otra manera. Entonces de repente un día me vino el flash de decir,¿ qué hacemos aquí? O sea, igual que te había dicho que siempre me veía en Madrid y nunca me veía en Málaga, por primera vez dije, me veo en Málaga viviendo y yo no quiero estar aquí.
Y es más, fue a partir de un directo que hicimos con la malagueña María Fornet, que, por cierto, tenemos que invitarla que venga al Pocah, que me dijo, Laura, vamos a escribir una carta, lo hice en directo, vamos a escribir una carta de tu yo del futuro en cinco años que te dice cosas a ti que están pasando. Y lo vi tan claro, o sea, vi clarísimamente que yo estaba en Málaga... y estoy aquí, cinco años después... en Málaga, en la casita Posca... que me está dando tanta alegría.
Y qué es Málaga hoy para ti? Porque... todo eso que decías de que te sentías más libre en Madrid... has conseguido...
en Málaga hacerlo. Ha sido difícil, o
sea...
ahora hago cinco años... mira qué curioso que hablemos de esto justo... esos cinco años de la carta. Es verdad. Qué bonito. Ahora hago cinco años, ha sido difícil... o sea, he tenido... ten en cuenta que primero, el primer año y medio... fue un espejismo, porque realmente lo que viví mientras estaba en Málaga, la mayoría de las cosas se hacían online, Peter y yo estábamos en mi despacho con mascarilla haciendo el podcast, no salía, no viajaba, o sea,
pude disfrutar de una lactancia materna de 17 meses con Luchi. Entonces, realmente lo que yo estaba viviendo era un espejismo fácil y sin dolor de una realidad que no era la realidad que iba a ser. de una realidad que además nos creíamos que la pandemia no iba a cambiar mucho
y no nos ha cambiado tanto. Entonces, eso fue un espejismo, pero a la vez estuvo bien, porque fue como una transición, fue como un proceso de preparación a lo que venía, que yo disfruté mucho de estar aquí, de estar en casa, de poder estar con vosotras, de poder estar con la familia y de darme cuenta lo maravilloso que es Málaga y la calidad de vida que tiene nuestra tierra santa.
Aparte yo recuerdo de los primeros, cuando ya empezó el cole en septiembre, la buena hija uno, mi hija mayor, Julia, que tenía ocho añitos, después del primer día de cole o así, me viene y me dice con su acento madrileño, mamá, es que aquí todo el mundo es muy agradable. Y ella se refería al tempo, ¿sabes? Al tempo de no vivir tan rápido. A esa
rapidez que tiene Madrid.
Sí. Y entonces ahí nos dimos cuenta de que realmente para las niñas era mucho mejor vivir aquí, pero entonces ese espejismo se rompió porque yo empecé a viajar. Y entonces yo el primer año lo llevé muy mal, entre otras cosas porque Luchi era muy pequeña y la separación esa me costó mucho y me hace emocionarme otra vez.
pero a mí me costó mucho ir separándome de Luchi porque además estaba todavía con la estancia materna, dormía muy mal de noche cuando yo me iba, yo me sentía muy culpable porque esto es una cosa que tú sabes y que siempre me dices, pero si eres la mala madre jefa,¿ por qué te sientes tan culpable? Yo siempre viajo con mi mochilita de culpa y yo me sentía muy culpable y empecé como a no encontrar el sentido a estar viviendo en Málaga y tener que viajar tanto.
Sobre todo porque después de la pandemia hubo un momento como de boom muy grande, de muchas peticiones, de muchas cosas presenciales que yo tampoco supe poner límite y decir que no.
Y sientes a día de hoy que te hubiera gustado estar en Madrid o que te gustaría estar en Madrid en vez de en Málaga? No, ahora
ya no.
Con la idea
de yo tendría que irme? No, ahora ya no, pero cuando yo estaba viajando tanto y, por ejemplo, muchas de las cosas pasaban en Madrid, yo decía, con lo fácil que es hacer estas cosas estando en Madrid y yo ahora terminaría y me iría a mi casa... el desgaste y el esfuerzo físico que he hecho yo para poder mantener la vida en Málaga así o grande, ¿sabes? Y también lo vives en soledad, porque si no estás en la piel tampoco lo entiendes ni lo comprendes, ¿sabes? Pero
es muy heavy. Y ahora no te puedes ir ya. No, no, no, pero ahora ya pasó esa época... difícil de ver si tenía sentido o no, y ahora disfruto de lo que es vivir en Málaga, no solo a nivel personal familiar, sino también a nivel laboral, porque a mí me ha ayudado mucho la distancia a poner límites y a decir que no. Entonces, tú lo sabes, yo soy una persona que a mí me llama alguien importante, alguien importante no tiene que ser importante por el poder que tenga,
sino
puede ser importante porque para mí sea una persona querida, Y a mí me dice, mañana tengo esto en Madrid, 20. A mí no me cuesta. Yo soy una persona que no tengo nada de pereza, que necesito la actividad. Es más, cuando dejo de estar activa me puedo entrar en una depresión. Y a mí no me cuesta moverme, con lo cual yo me muevo, me gusta, pero pongo límite, digo que no, estoy en lo realmente importante y en lo que disfruto y soy mucho más feliz aquí.
Bueno, y nos hemos tirado un rato hablando y nos hemos contado, porque habrá mucha gente que no sepa
que hay que contar.
Hombre,¿ cómo se creó el Club de Malas Madres? Porque son mucha gente nueva que entra o que entra al Posca a escucharte.¿ Cómo se creó el Club de Malas Madres?¿ Cómo fue? Porque visto ahora puede parecer que eso fue una superidea, ¿no? Pero la idea te la trajo la maternidad al final. Total. Tu primera maternidad.
Sí. y aparte lo bonito del club es que siempre llegan nuevas malas madres yo creo que es lo bonito de este proyecto que siempre va evolucionando y siempre van llegando gente nueva entonces bueno pues al final malas madres no nace de una idea porque yo con el tiempo he dicho ha sido mi mejor idea creativa pero realmente no nace como una idea, nace como un desahogo, como
un sentimiento. Yo trabajaba en publicidad y trabajaba en la última agencia en la que trabajé y claro, yo fui madre allí, en un lugar bastante inhóspito, bastante anticonciliación y me di de bruces contra una maternidad como todas nosotras que nos habían vendido de una manera y que realmente era otra. Yo pensé y caí en todos los topicazos, yo creía que iba a ser mejor madre, yo creía que iba a ser una madre perfecta, yo creía que iba a poder con todo, que sería la superwoman que
me han dicho que tenía que ser, y no pude. Entonces, con la primera maternidad, sobre todo en el permiso de maternidad, yo me di de bruces contra la maternidad real y sentirme muy sola y sentirme muy mala madre. Porque además fui conectando con sentimientos, ya cuando sales de los primeros meses y tal, con el sentimiento de que algo muy importante en mi vida había ocurrido, pero yo quería seguir
siendo yo. Y yo creía antes de ser madre, además esto es una cosa que yo hablaba, yo decidí ser madre porque además en un momento en el que yo estaba muy desencantada con la profesión y con la publicidad y en una empresa en la que se me hacía sufrir, yo sufría y no estaba a gusto. Y entonces yo fui madre en un momento en el que yo creía que la maternidad iba a ser tan brutal y tan gratificante que mi profesión, la publicidad y todo lo que
yo hiciera me iba a dar igual. Y eso fue una cosa que me di cuenta de que no, de que yo quería ser madre pero también quería seguir siendo creativa, seguir siendo profesional, seguir siendo Laura y seguir siendo aquella
que soñaba y tenía metas. Entonces ahí lo que hice, pues sobre todo cuando vuelvo a la agencia y me doy cuenta de que nada va a cambiar, y de que todo es igual y que a las 16 semanas, que es poquísimo tiempo y que es insuficiente para recuperar acción de cualquier mujer madre, pues me doy cuenta de que me siento muy mala madre. Y entonces, pues la noche, como desahogo y como con nocturnidad y levosía, me empezaba a desahogar como mala madre. Empecé a desahogar como mala
madre en Twitter. Ya venía de antes, del blog de la niña sin nombre, que muchas recordarán, de hacer un diario de mala madre y de que yo fui viendo que conectaba ese sentimiento y que las madres se sentían identificadas. Y una noche dije, voy a crear el tuit de Malas Madres. Y de repente de un tuit a un movimiento social y a todo lo que se ha construido que no iba a decir.
Y qué te ha dado cada maternidad? Porque la primera maternidad te dio este club de malas madres, que ya lleva 10 años y que tú sin saberlo también estabas iniciando la lucha por la conciliación, porque no naces solo del desahogo, te sentías mala madre porque no había conciliación en tu empresa, porque probablemente si hubiera habido conciliación, tan mala madre no te hubieras sentido y no hubieras abierto esa cuenta de Twitter. O a lo mejor
la hubiera abierto y hubiera seguido con mi carrera, con mi profesión, Hubiera sido
una cosa más complementaria. No
hubiera tenido que renunciar. Entonces la primera maternidad, pues claro, la primera maternidad me dio la revolución, la transformación. No solo como mujer, como profesional, como todo. Fue un tsunami tremendo porque no me lo esperaba, porque además tú sabes que no teníamos muchas madres alrededor, que yo fui madre, me quedé embarazada con 29 y era de las primeras y
nadie me había contado la realidad. Y la teníamos muy mitificada nosotras, aparte nosotras estábamos súper ilusionadas cuando tú venías a Madrid
Y te voy a confesar, yo cuando tú abriste el Twitter, que yo todavía no era madre. Total,
tú lo veías fatal
No fatal, que no sentía conexión. Digo,¿ pero por qué dices eso?
Y
entonces poco después que me quedé embarazada y te empecé a ayudar con algunos textos que tú me decías, repásalo, escribe esto. Y entonces yo dije... Pues es que tenía razón, porque además caí con todo el equipo. Yo
decía
qué está diciendo esta mujer? Y luego lo sufrí al mil por mil, que recuerda que hasta me quedé afónica cuando tuve a Francisco, me quedé afónica. que me decía la enfermera, Amelia, tienes que ir al logopeda o que te mire el otorrino, porque esa voz así y esa voz era del choque, del cambio de vida tan brutal,
que tú ya lo ibas diciendo. Entonces hay que experimentarlo y por eso a veces, muchas veces, genera todavía a día de hoy un poco de yo no soy mala madre, me quiero rebelar contra lo que dice el Club de Malas Madres, pero que tú después lo vas comprobando.
Lo vas comprobando y además porque te das cuenta de que quiero decir que lo más importante del club de malas madres es no juzgar a otras madres y que cada maternidad es distinta y que todas somos distintas madres dentro de la misma madre y yo creo que todas somos malas madres en alguna cosa y no tiene que ser en todo porque nos podemos identificar en una cosa y con otra no. Y con otra no. Pero entonces ahí empezó el desahogo, pero realmente lo que es el
proyecto como tal no llega hasta dos años después, cuando yo realmente doy el paso a renunciar a mi carrera profesional con todo eso que supuso para mí, porque realmente yo había sido madre para estar presente y yo no había sido madre para... vivir como vivía, porque vivía como una madre ausente y entonces eso a mí me generó muchísimo estrés y ahí sufrí también una crisis bastante profunda que acabó en una renuncia elegida porque fui yo quien me fui y a partir de ahí pues claro, yo
que cuando me fui dije, porque Malas Madres seguía siendo un Twitter de desahogo, no tenía,
no era un proyecto
no había un objetivo y porque en las primeras entrevistas yo recuerdo que la gente escribía que yo había dejado mi trabajo para dedicarme a Malas Madres y Malas Madres no era nada, además yo soñaba cuando dejé la publicidad
con un año sabático. Que nunca tuviste. Que nunca llegó porque yo, como no puedo estar quieta ni parada, pues empecé a dedicarle mucho tiempo al club de Malas Madres y eso empezó a explotar y a salir proyectos, ideas, escribir el libro... y tantísimas cosas que fueron pasando, ¿no? Pero entonces yo creo que se consolida de verdad y yo empiezo a trabajar en el proyecto cuando ya llega la segunda maternidad, que es cuando decíamos que escribí el libro estando muy embarazada.
Y ya la tercera que fue cuando llegó la pandemia y ya te viniste a mala, pero... Entonces he dicho, ya no voy a tener más porque cada vez que tengo un hijo o una hija, pasa algo. Bueno,¿ y qué te ha dado la maternidad? Pero más en clave emocional,¿ qué te ha dado cada una de las maternidades? Porque llegan siempre en momentos diferentes y nosotras somos diferentes. Entonces,¿ qué dirías? Si a modo de titular, cada maternidad, la primera maternidad me ha dado, la segunda, la tercera...
Yo he sido distintas madres total, claro. Es más, te reconcilias con la madre primeriza que fui, con Julia, porque me da mucha pena que mi niña mayor haya vivido a una madre demasiado primeriza en todo, pero a la vez también muy bonito porque ella era el centro de mi vida, con lo cual ha vivido lo bueno y
lo malo de ser la primera. Pero, es decir, no me quedaría con, a lo mejor, quiero decir, cada una ha sido una revolución, hemos hablado de la crisis que ha supuesto cada momento y de cómo cada una ha sido un boom en mi vida, son totalmente distintas, tú las conoces a tus sobrinas, pero yo me quedaría en general con lo que me ha dado la maternidad, porque a mí la maternidad, yo siempre lo digo, y a
mí la maternidad me ha hecho mejor persona. Y me ha hecho mejor persona no porque crea que tienes que ser madre y si no eres madre no eres buena persona, que no se confunda el mensaje, sino me ha hecho mejor persona porque realmente a mí me ha hecho ponerme en otro lugar. Entonces a mí me ha hecho ser una persona mucho más, trabajar mi paciencia, trabajar mi satisfacción, trabajar mi perfeccionismo, porque nada de esas cosas que yo
llevaba al extremo sirven cuando eres madre. Y cuando eres madre tienes que estar muy acostumbrada a lo imprevisto, tienes que ser muy flexible, tienes que adaptarte y tienes que saber que tú no eres la protagonista ni eres el centro. Y eso que a mí me ha enseñado la maternidad me ha hecho ser mejor persona y mejor madre. Porque para mí mis niñas y las tres son mi centro, son mi guía y es imposible no emocionarse si hablo
de ellas. Pero lo decía el otro día, no sé quién me preguntaba algo, y decía, cuando yo vivo muchas cosas muy intensas, y he vivido muchos resacones emocionales de cosas muy fuertes que me han pasado, que nunca imaginaba que iba a vivir, a mí ellas son las que
me devuelven al centro. Y a lo mejor esto que decía Mari Carmen, y que yo creo firmemente que soy así, el no haberme despegado de quién soy, no haber perdido mi esencia, ni la cercanía que decía Mari Carmen en el audio, es realmente porque la maternidad es lo que me da el centro y me pone otra vez en el lugar donde tengo que estar y donde no importa nada de lo que haces, sino lo que importa es
lo que eres. Y a lo mejor vienes de Madrid de haber estado en un evento muy importante y está tu hija peleándose o hay una rabieta o te da un abrazo y te dice te quiero mucho mamá y ya todo cobra sentido. Sí, sí, te
pone los pies en la tierra la maternidad, eso está claro. Bueno, yo creo que está sonando el teléfono otra vez, ¿no, Peter? Tenemos
otra llamada
Yo ya estoy sudando, estoy sudando. Bueno, ahora van a aparecer tres personas muy especiales a confirmar que eres muy buena madre. Peter
ponlo. A ti, que me des abracitos y besitos. Te quiero.
Y Luchi.
Mamá, para mí eres muy luchadora y cariñosa, divertida, lista, amable y muchas cosas más. Te quiero. Muchos besitos.
Gracias.
Pues mamá para mí es una
persona muy importante en mi vida, puedo confiar mucho en ella y me puedo desahogar con ella. Es muy especial para mí, la quiero mucho y también está consiguiendo un montón de cosas para cambiar en el mundo en cuanto a las mujeres y estoy muy orgullosa de ella.
Qué te parecen tus niñas? Qué graciosas son, ¿no? Pero cómo deja claro las edades que tienen, ¿no?
Sí,
sí, sí. Luchi quiere abracitos y besitos. Ese es lo amoroso. Carla ya me va poniendo muchos adjetivos, pero bueno, me gusta que diga divertida, que diga cariñosa, luchadora. Y luego Julia, pues bueno, se nota la edad que tiene. Se nota la madurez. Y la madurez que tiene. Y dice, me gusta que se desahoga. Yo puedo confirmar, puedo confirmar. Que mi hija se desahoga. A lo mejor un poquito de más
¿eh? Hay mucho desahogo. Es muy graciosa porque cuando escuché el audio, que ya lo había escuchado, por supuesto, digo, se desahoga,
lo sabemos. Pero bueno, sí que me gusta también que tienen como muy claro lo que hago, sienten de verdad el orgullo de la lucha que tengo y lo llevan muy como en bandera, ¿no? Eso me parece como muy especial.
Es que es bonito verse a través del ojo de tu hija cuando muchas veces te sientes tan culpable. Cuando te vas de viaje, en ella escalas y entienden la misión. Yo para sentirme menos culpable, cada vez que vengo de viaje
le traigo tres huevos kinder y ya la cosa se relaja.
Que todo el mundo lo sabe, si te sigues en Instagram, le llegan los huevos kinder. No miento. Y como dice Julia, que ayuda mucho a las mujeres, la lucha por la conciliación,¿ cuándo creíste tú que tenías que dar esa voz por la conciliación, porque incluso viniendo de una renuncia, tú empezaste primero por desmitificar la maternidad, por romper el mito de la madre perfecta, por sacar a la luz otro tipo de madre, que aunque creamos que no, pero todavía está
hasta un poco metida de lleno. Entonces, al final el club tiene que ir rompiendo periódicamente con ese mito de la madre perfecta, pero iba aparejado, sin que tú lo supieras, esa lucha por la conciliación, porque al final tú renunciaste.
Entonces,¿ cuándo
eres consciente de que tú tienes que alzar la voz también por eso?
Claro
es lo fuerte,
porque cuando yo empiezo a desahogarme como mala madre... Yo pienso que me han engañado, ¿no? Que me han engañado y que me han dicho que podía ser madre y podía ser todo lo que quisiera y no puede ser. Pero yo no estaba desafiando el sistema. Yo ahí todavía no había despertado. Yo creía que era lo que había y punto. Es más, yo me sentí muy frustrada porque
yo me sentí un fracaso. Yo sentí que yo, como tú sabes cómo yo soy de luchadora, de lo que me gusta mi trabajo... O sea, porque es que mi pasión era la creatividad, no era un trabajo por dinero, por supuesto, porque además cuando yo renuncio, que esto hay que dejarlo también claro, yo tenía una hipoteca en Madrid, el buen padre tenía un sueldo bastante bajo, normal, de gente joven que empieza. Mi sueldo era necesario para sobrevivir
con una hipoteca y una hija en Madrid. Pero yo renuncio porque si yo no renunciaba, yo iba a perder la salud mental. Entonces, fue una decisión ya también de salud. Pero yo en ese momento, yo pensaba que era un fracaso, yo estaba muy frustrada de decir, yo no he sido capaz, o sea, yo no he sido capaz de llegar. De ser la superwoman. De ser la superwoman. Soy yo y pensaba que el fallo estaba en mí, que era mi culpa.
entonces yo ahí estaba muy centrada... en desmitificar la maternidad... y en revelarme... y crear un nuevo modelo social de madre... que se reflejara todo lo que llevábamos encima... y que estábamos arrastrando... el modelo de madre abnegada, sacrificada... que tenía que poner a su hijo en el centro... y que tenía que llegar a todo... además de ser una trabajadora impecable...
y de poder generar un sueldo. Entonces, era esa sensación de engaño, pero en ningún momento entraba la palabra conciliación, porque yo no pensaba que el sistema estaba mal, yo pensaba que la que estaba fallando era yo.
Y cuando despertaste
que el
sistema
fallaba. Por eso siempre digo que las mujeres, madres, muchas están sin despertar todavía. Porque muchas madres, las que nos encontramos tanto en las charlas como en cualquier conversación, piensan que están renunciando, reduciendo su salario, cogiendo una excedencia, parando su carrera, diciendo que en un ascenso piensan que es una decisión libre. Que la han
elegido.
Piensan que es una decisión libre y elegida. Pero que eso todavía... Está presente. Claro, hay un mito de la libre elección. No estamos eligiendo, el sistema está eligiendo por nosotras. Y encima nos estás haciendo sentir culpables y nos está poniendo unas barreras y unos obstáculos para que lleguemos hasta donde el sistema quiere que lleguemos. Entonces yo empiezo, pues como tú dices, está muy enfocada en desmitificar la maternidad, todos los tips que creo que era necesario y era
el camino, todo llega porque tenía un sentido. Y entonces yo, pues tú escribías en el blog, yo escribía, pues yo empecé también a escribir reflexiones sobre mi renuncia y sobre haber dejado el trabajo y empezar a ser autónoma y todo lo que suponía ahora ser autónoma con hijas, tal, no sé qué. Y empecé a hablar de la renuncia y de cómo me sentía. Y en ese hablarlo y desahogarme con las malas madres y ir conectando con otras
que también lo estaban viviendo como yo, desperté. Y me di cuenta de que estaba renunciando, de que yo había renunciado.
Y entonces, aparte, hay una anécdota, ¿no? De justo yo antes de renunciar, que cuento en el libro, justo antes yo de renunciar y de sentarme delante de la que en ese momento era la responsable de la agencia a decirle que me iba, yo bajo a la calle llorando porque creía que no iba a ser capaz de enfrentarme a ese momento y llamo a mamá y mamá me dice, por favor, no llores, por favor no llores porque tú
estás eligiendo irte. En ese momento a mí me vino muy bien que mamá me dijera eso, porque si mamá no me dice eso a lo mejor no hubiera sido capaz. Pero luego eso durante el tiempo se quedó ahí y dije, no, no, yo no estaba eligiendo. yo estaba renunciando. Pero ahí era importante tener ese empoderamiento para poder hacerlo. Y esa sensación de elegir la tenemos, pues imagínate, la tenían todas las mujeres de la generación pasada y todas las mujeres de
nuestra generación. Entonces yo empiezo a hablar de renuncia y
ahí explota. Tú recuerdas las primeras publicaciones que yo hacía contando mi historia de renuncia Un montón de comentarios, muchísimas respuestas y entonces llega la otra persona importante de esta lucha social que es Maite, nuestra compañera Maite Bosco Zaval, que nos escribe un mail en diciembre de 2014 para decirnos Es brutal lo que ocurre cuando habláis de conciliación, podríamos hacer algo, hay que darle voz a esta lucha social,
porque hasta ese momento nadie hablaba de conciliación desde la perspectiva que lo hacíamos nosotros y hablando de que el gran techo y cristal de la mujer era la maternidad. Entonces empezamos a darle forma y en 2015 sale la primera encuesta, en 2015... inscribimos la asociación con nuestro estatuto y nuestro objetivo y celebramos este año 10 años de lucha social. Entonces ahí cuando lo importante, aquí es la importancia, y esto Cristina Fallara que también habla dentro de otros temas, que es la
violencia machista, la importancia del relato. la importancia de contar tu historia... por eso tiene tanto poder lo que hacemos en Malas Madres... porque Malas Madres ha destapado... todas las quejas... todo ese sentimiento... invisible que está de puertas para adentro en las casas... que sigue estando... y que a muchas mujeres les cuesta decir... y airear... y les cuesta airear... porque cuando hay un problema... en una casa... es un problema personal, pero cuando hay un problema en todas las
casas de la misma manera y en todas las oficinas
y en todas las empresas, es un problema social y sistémico. Entonces, te lo juro de verdad que esto es como una revelación a mi vida y a mi manera de ser, decir, es que ahora cobraba sentido todo y es cuando empieza, la asociación yo no anuncio, empieza la lucha y en ese despertar, No en ese momento, porque en ese despertar, aparte yo recuerdo a Maite y a Mico en los vídeos, siempre decimos, hay el brillito que teníamos en los ojos, porque nos creíamos que íbamos a, de verdad, mucho más
rápido cambiar el mundo. Lo estamos haciendo, pero más lento, porque las estructuras del sistema son muy fuertes y patriarcales. Pero en ese momento, a lo largo de estos años, de estos 10 años, ha dado sentido esta lucha y este esfuerzo a mi renuncia. Es como si de repente tú lo que has sufrido tenga un sentido y se convierta en tu misión y en tu historia de vida. Entonces yo estoy súper conectada a ello porque es que creo de verdad firmemente que he encontrado mi propósito de vida.
No de años, sino de vida.
Y dentro de la conciliación, importante una pieza, que ahora se le está dando más voz, y también lo ha hecho la asociación Yo No Renuncio, que es la corresponsabilidad.
Sin duda. La conciliación se hablaba antes, no se entendía muy bien, hasta que yo digo que tú alzaste la voz y lo metiste en el debate público, político, y ahora estamos con la corresponsabilidad, porque sí que hemos detectado que la corresponsabilidad es la llave, y que eso sí que está todavía muy tapado de puertas para adentro, y hemos tenido el festival Yellow Sound, que es el Festival de la Corresponsabilidad, y hemos podido preguntar a las familias,
y yo, que fui la que tuve que hacer esa entrevista, detesto todavía dos partes, ¿no? Familias que son muy corresponsables, ¿no?
Pero en las familias que no lo son tanto, por un lado, el hombre no quiere contestar porque sabe que todavía le queda mucho por caminar para ser corresponsable, y las mujeres tienden a minimizar y a suavizar que no es tan corresponsable la pareja porque entonces eso le lleva a un punto incómodo que es cómo he elegido una persona que no es corresponsable, pero bueno, va más allá porque no se trata de culpar, sino se trata de abrir el diálogo, de hacerlo visible para que los hombres
también se den cuenta y puedan mejorar.
Entonces
la corresponsabilidad se hace o se nace? De
despertar también. Es que al final, quiero decir, yo lo creo firmemente que somos las impulsoras de la conciliación en España. O sea, es que es así. Es que eso tiene que ver nuestra historia, los 10 estudios sociológicos... No lo tengo que ver. Tú
googleas o le preguntas a Chas GPT pregúntale a Chas GPT por personas referentes en la conciliación y sale Laura Baena.
Hombre, gracias Chati, Chati GPT. Es así, pero no es porque yo sea mejor que nadie o porque tenga la llave mágica, es simplemente porque es que hemos trabajado muchísimo y nos hemos esforzado muchísimo y hemos dedicado muchísimas horas Entonces nadie puede saber más, nadie puede tener el camino de la conciliación más que nosotras porque es que lo trabajamos a diario y lo trabajamos de todas las perspectivas, porque lo trabajamos en la empresa, lo trabajamos en la
calle con una escucha activa tremenda, estamos todo el día escuchando a la gente. Cuando a mí un político en la política me dice que me siente a contarle cuál es el camino y luego ese camino lo usan para sus fines políticos es porque saben perfectamente que es que
nadie está estudiando la conciliación como nosotras. Entonces esto es como si le dices a alguien que está estudiando Los elefantes, pues que lleva toda la vida dedicada a estudiar a los elefantes, pues nos hallamos toda la vida dedicada, 10 años,
una década dedicada a estudiar la conciliación. Entonces, fue así, nosotras fuimos las primeras en decir sin conciliación no hay igualdad posible, no nos vendáis la igualdad si no existe la conciliación, si no van a cambiar y no va a haber políticas públicas que apoyen para que la relación entre la vida y el trabajo sea más sostenible. Eso
para empezar. Y luego, después de ahí, con los estudios, porque siempre que hacemos un estudio, Maite y yo analizamos cuáles son las posibles hipótesis, qué queremos sacar de esos estudios. Y decimos, con la escucha activa, nosotras de repente decimos, oye, parece que esto es así. Vamos a confirmarlo en los estudios. Y los estudios nos dan la respuesta de que realmente esa hipótesis es real. Y entonces, en la corresponsabilidad que
llevamos estudiando desde 2017, nosotros dijimos, la corresponsabilidad no existe. Y la corresponsabilidad no existe por todo el feedback que nos daban las malas madres en los talleres, en las charlas, en el día a día, en la calle, que es que a mí me encanta para escuchar a las madres. Entonces, ahí yo sentí una cosa muy fuerte, además en mi vida personal, que era yo, fuera donde fuera, siempre me
sentía mala madre y mi pareja era un héroe. y el padrazo... y con poco que hiciera ¿no?... y entonces esto me lleva... a una de las lecturas últimas que me estoy leyendo... que es toda la rabia de Darcy Lockman... porque además esto es un... problema no sólo de España sino a nivel mundial... porque ella estudia... y han estudiado...
Estados Unidos... y ocurre lo mismo... y lo que ocurre con esto... con la paternidad y la corresponsabilidad... y la paternidad moderna... es que no estamos creyendo... que esa paternidad es suficiente... y claro que hay que hacerlo... y claro que los hombres han avanzado... y forman más parte de los cuidados... y de las tareas domésticas familiares... y claro que hay hombres unicornios... como Peter, como Juan, como mi pareja... hay hombres que son así, que van dando pasos... pero
no es suficiente... y lo que ocurre con las mujeres... que tú decías que es muy importante... es que es esas mujeres que son ayudadas... entre comillas, por esos padres ayudantes y bienintencionados que lo intentan hacer mejor que sus generaciones pasadas, es bastante fácil hacer lo mejor que las generaciones pasadas de los padres que tuvimos, es que las mujeres que son ayudadas y son bien ayudadas se sienten en deuda y sienten mal de decir y de compartir
su descontento. Entonces las mujeres madres se ven al final agradeciendo y se ven al final ensalzando lo que hacen los hombres. Y no puede ser, porque ellos tienen que despertar y tenemos que entender que eso que decimos, que nosotros dijimos, que es la corresponsabilidad del camino. Y es más, nosotros hemos hablado de algo que ahora... hablan los políticos y las políticas que van detrás de nosotras, que es
la corresponsabilidad social. La corresponsabilidad no solo en el hogar, la corresponsabilidad es una cuota que tienen los hombres y los padres, que tienen las empresas y que tiene toda la sociedad como responsabilidad. Y eso es lo que estamos construyendo y por eso trabajamos todas las áreas. Pero hay que despertar y no pasa nada por tener conversaciones incómodas con tu pareja y no pasa nada por decirte cómo te sientes y por decir... No
pasa nada por decir, es que no eres correcta. responsable,
pero
lo puede ser.
Vamos a
hablar y lo vamos a poner.
Sí, pero que hay
un
punto también y nosotros en los talleres siempre decimos hay que hablar y hay que intentar no hablar todo el
rato desde el reproche. Pero es que si no hablamos desde el reproche, no hablamos desde la injusticia social y no hablamos desde el cabreo a todos los niveles, no estoy hablando solo en casa, estoy hablando en la sociedad y en la calle, que la gente está silenciada, no vamos a cambiar las realidades... entonces tampoco tengamos miedo... a tener conversaciones incómodas... y a realmente que se nos escuche a las mujeres... porque sigue habiendo mucho miedo... a ser
incómoda como mujer... entonces nos queda mucho... y eso en la educación pues clave también.
Pero que quizás es clave... porque a lo mejor ahí está la revolución...
si todas
las mujeres... hablaran con libertad, porque no se habla, hay mujeres que sí lo hablan, pero el resto muchas veces tiende a decir, ah, no, a mí no me pasa.
Y
en los estudios se ve claramente que la corresponsabilidad no existe. Yo creo
que porque hay un miedo ahí, y esto iría más al feminismo, de la mujer sentirnos sola, sentirnos incompleta, romper con todo el sistema patriarcal que nos han dicho que es la felicidad y que es la satisfacción. Entonces las mujeres tenemos miedo a estar solas, tenemos miedo a divorciarnos, tenemos miedo a romper una familia, tenemos miedo. Y muchas veces ese miedo nos lleva a vivir peor, porque a lo mejor con conversaciones podemos conseguir que nuestra pareja hombre
participe y seamos más felices todos como en familia. Y que los hombres entiendan que invertir en corresponsabilidad no es solo para que sus parejas, si son mujeres, sean más felices y estén mejor y estén más tranquilas y más calladas. También es bueno para ellos para que disfruten de la familia y disfruten del derecho de cuidar porque el derecho de cuidar tiene que ser de todas las personas y yo conozco a padres corresponsables y tengo uno a mi lado y tú lo sabes que él se llega a
sentir culpable y él disfruta. del cuidado de sus hijos... y tu pareja igual, al final ellos disfrutan... de estar con sus hijos y con sus hijas... entonces vivámoslos también... desde el derecho a cuidar, del disfrute... y no de la obligación... como estamos teniendo que hacer desde la política... para que los hombres den el paso a cuidar.
Sí, porque muchas veces no quieren soltar los privilegios... y lo ven como una obligación
no, es que no hay más remedio que verlo... como una obligación primero... porque si no lo ven como una obligación difícilmente cambiaremos esa inercia que nos da la sociedad y todas las creencias y los roles que hemos aprendido.
Y al final muchas veces también que te dicen,¿ y para cuándo un club de buenos padres? Pues yo creo firmemente que club de buenos padres no, es que al final esto es una revolución que tiene que ser de las malas madres, acompañado por los buenos padres si quieren seguir el camino, pero que al final si nosotras nos movilizamos o nos revolucionamos nosotras, creo que no cambiará nada. No sé qué opinas en eso. Bueno,
yo recuerdo que la primera vez que me preguntaron esto, pues Risto Mejide, en el programa del Chester, cuando invitaba, que tenía como, en aquel momento entrevistaba a Eva Hache, y llevaba un ponente que te subías como en un púlpito a soltar una chapa y de esa chapa, pues ese speech que hacías, luego conversaba con la invitada en el Chester, en el sofá. Y él me dijo,¿ para
cuándo un club de malos padres? Y yo le dije, yo en ese momento le contesté, porque claro, no me la esperaba, y le contesté,¿ para cuándo vosotros realmente necesitéis luchar como nosotras por tener los mismos derechos? Es que
no estamos en la misma posición. y luego ya pues lo he ido modulando... porque realmente evolucionamos... y el proyecto evoluciona... y cada vez hay más hombres comprometidos... y hay más los padres... que se sienten también parte del club... y que además van orgullosos... y son parte ¿no?... y muchas de las malas madres que nos escuchan... tienen aliados y compañeros... que le dicen... oye que les regalan nuestras camisetas incluso ¿no?...
entonces evidentemente la sociedad no necesita... ahora mismo un club de malos padres... la sociedad necesita que esos hombres... sean corresponsables y sean padres... que animen a sus malas madres... a que mala madre es más.
Y a que luchen por sus derechos. A mí se me viene a la cabeza un documental que creo que te recomendé, que no sé si has visto, el de Ellas en la ciudad, me parece, y se llama Ellas en la ciudad. Y es muy bonito porque son barrios de la periferia de Sevilla que transformaron su urbanismo y
consiguieron servicio gracias a la lucha de mujeres. que eran amas de casa y que dijeron que no hay un centro de salud, que iban con los niños cuando no habían carritos a los centros de salud, a la otra parte de la ciudad, andando con los niños en brazos y fueron ellas las que construyeron institutos, se movilizaban, se paraban. Entonces yo veo esa lucha que tenía la generación anterior y por la generación anteriores, eran mujeres que vivían en
un machismo total, ¿no? Algunas trabajaban fuera, nuestra madre no, y que había una cultura ahí del machismo y del patriarcado muy fuerte, pero ellas cambiaron. Y entonces muchas veces pienso que nosotras que tenemos más avance y quizás a veces más recursos, No salimos a la calle. Entonces,¿ por qué no salen las mujeres a la calle?¿ Por qué las malas madres, las madres, las mujeres, no salen a reivindicar sus derechos y a intentar cambiar por lo menos lo que les rodea?
Porque estamos atrapadas en un sistema de bienestar. O sea, estamos atrapadas en un sistema que te da un bienestar mínimo, tenemos los servicios mínimos cubiertos, ya no tenemos que luchar... porque nuestras hijas tengan un instituto... tengan un servicio médico... todo eso está cubierto... entonces la necesidad... la necesidad está cubierta entre comillas ¿no?... luego podríamos hablar de... de la calidad de vida... y de cómo estamos viviendo cada vez peor ¿no?... y la salud
mental que tenemos perdida...
pero la necesidad... la necesidad está cubierta... entonces ya es mucho más difícil... salir a luchar por algo... en comunidad... y además... desde estar atrapada en ese sistema de bienestar... estamos atrapadas en una sociedad sin tiempo... Estamos atrapadas en una rueda infernal en que las madres no tienen tiempo. Nuestro dato lo dice, tenemos menos de 54 minutos de tiempo libre al día.¿ Qué ocurre? Que al final las malas madres, y lo vemos nosotras en las cosas que hacemos, las
malas madres al final prefieren el rato que tienen disfrutar, reírse... Evadirse. Evadirse, no pensar y lo vemos en el éxito que tiene un Yellow Sound o en el éxito que tiene una gira de Malas Madres y lo vemos que luego nos cuesta mucho convocar y que ellas vengan a una concentración, a de repente a un momento de lucha o de reivindicación. Entonces, eso cuesta, ¿no? Y luego también cuesta mucho porque hay mucho miedo, y esto lo vemos mucho en la asociación
Yo No Renuncio, a ser activista, ¿no? Es decir, tenemos como un estigma de lo que es ser activista que parece que está muy unido también a la ideología, ¿no? Y nos tenemos que quitar ese prejuicio del activismo y darnos cuenta de que el activismo de tantas mujeres juntas luchando por una misma causa cambiaría la realidad social más rápido.
también te digo... somos una comunidad enorme... los políticos y las políticas de este país... saben perfectamente que nos tienen que escuchar... nuestras propuestas son escuchadas, son recibidas... y yo creo que estamos en el camino... que nada se cambia de un día a otro... sino que estamos en el camino... y hemos construido muchas cosas... así que seguir.
Pues sí, hemos conseguido muchas cosas... me voy a poner en plural... porque
aunque tú eres la voz... Mira que yo, que tú sabes cómo soy... sabes cómo soy... pero he salido de unos años muy duros... y malos... a nivel emocional... e incluso para mí el libro que escribí fue una catarsis en el que yo tenía una sensación de decir mientras más cerca estoy, más lejos me voy de conseguirlo. Pero ahora no, ahora lo veo desde otro lugar y creo que es de un lugar más reconciliador y de un lugar también de orgullo y de valorar el camino hecho.
Y si nos ponemos en perspectiva de qué generación venimos y en qué punto estamos hoy, creo que ayuda a clarificar mucho que sí ha habido un avance, lo que pasa es que hay que seguir empujando. Y tenemos que
empujar todas. Las malas madres viendo el diálogo con las parejas, las parejas queriendo cambiar las cosas y luego la educación de los hijos e hijas, que yo creo que ahí... Fíjate lo que te digo, tenemos más ganado, porque aunque la corresponsabilidad no se viva en la casa, los niños y las niñas, a través de la educación de las malas madres, ya van con eso como muy interiorizado. Pero es también un ser inconsciente.
Ojo, porque mira las estadísticas últimas de los jóvenes en lo que piensan y de lo que piensan hacia la igualdad.¿ No nos podemos despistar? Esto como diría Simón de Beauvoir. Mira, lo tenía en la pregunta. Como diría Simón de Beauvoir, cualquier crisis económica, ideológica, estamos en un momento político muy complicado en el que están ganando mucho los populismos y la extrema derecha. Y aparte el otro día leía un reportaje súper interesante de por qué los mensajes de la
extrema derecha calan tanto a la gente joven. Sí, lo he leído. Y lo decían claramente, decían, dicen la mayor barbaridad, dicen la barbaridad más grande que se les pueda ocurrir para que salten las alarmas, para que luego todo lo demás que hagan no parezca tan bárbaro y siga siendo una barbaridad. Entonces, está todo muy estudiado, hay una estrategia
política y mundial que hay que tener mucho cuidado. Entonces, bueno, el punto este de reconciliación mía con lo que estamos haciendo también viene de despojarme yo de toda la responsabilidad. Y creo que durante mucho tiempo yo me he creído que... Que
ibas a cambiar el
mundo sola. Que era la diosa del universo. Y eso, pues la vida te pone tu... Te da tu zasca y te dice, no, no, Laura, tú sola no puedes
cambiar esto. Entonces yo ahora lo que hago es como dejarme acompañar por las malas madres que sois el motor que realmente, como tú dices, tienes que romper la conversación en tu casa, en el trabajo, y tenemos que ser todas juntas, porque esto no va de que una alce la bandera, si no vamos todas juntas cambiando en distintos lugares del mundo, la realidad no va a cambiar, porque además otra de las cosas que ocurren y que a mí me preocupa muchísimo es que nosotras hoy aquí estemos
disfrutando de esta igualdad y de esta libertad de micro, y al otro lado, a unos kilómetros, estemos viviendo situaciones tan inhumanas como en Gaza y como la situación de tantísimas mujeres en el mundo. Entonces, el gran sueño de cualquier mujer feminista sería que los logros y los derechos que se ocupan y los espacios que se ocupan en un lugar del mundo sean también ocupados en otros lugares.
Así que nos queda mucho, pero sí que ser conscientes de que estamos haciendo mucho y estamos en el camino.
Bueno, ahora que te has reconciliado, que yo no lo sabía... Bueno,
a lo mejor es
el
día de hoy, a lo mejor mañana... Bueno, esto es
una entrevista interesante, porque yo me estoy enterando de primera persona de muchas cosas que no sabía. Ahora que te has reconciliado con ese camino, contigo, con soltar esa responsabilidad, yo te quería preguntar,¿ has soñado alguna vez con decir, pues yo ya, hasta aquí he llegado, voy a cerrar, voy a coger mi club de malas madres, lo voy a meter en una cajita y voy a hacer otras cosas?
Lo he soñado mucho y yo creo que eso sí lo sabes tú. Eso sí, pero digo a día de hoy. Lo he soñado y lo he visualizado muchas veces. También me he reconciliado con... Claro, porque cuando lo soñaba y lo visualizaba era también por no saber gestionar las crisis.¿
Sabes lo que te quiero decir? Es decir, al final los momentos en los que yo he estado a punto de dejar todo, porque he estado a punto de dejarlo todo, era un momento en el que realmente si yo dejaba todo estaba tapando un problema, que no era el club. O sea, yo estaba poniendo al Club de Malas Madres como una responsabilidad de problema que realmente no era, sino que el problema estaba en mí y en cómo yo estaba gestionando emocionalmente las cosas que me estaban pasando, que
estaba viviendo. Entonces, cuando te das cuenta de eso, te das cuenta de que si tú estás mal, va a estar mal, sea el Club de Malas Madres o llámalo Bar Pepita, da igual, porque no lo estás gestionando bien. Evidentemente, no es lo mismo gestionar un bar que gestionar un Club de Malas Madres por la exposición y todo lo que supone. Por eso
yo me refiero más a que sea como una tapadera a esa parte del emprendimiento, maternidad, tener un equipo, ser autónoma, que tú muchas veces has nombrado. Y esa soledad de la jefa, que yo no estoy de acuerdo, aquí vengo a decirlo. Mi tercer
libro, siempre he dicho que algún día le escribiré. Tendrás
una pequeña soledad
como jefa. Escribiré el libro que se llame La soledad de la jefa, pero no creo que tenga mucho éxito. La soledad de la jefa, pero bueno, tienes suerte de tener un equipo que te sostiene. Pero bueno, es que, a ver, ser madre es muy duro. Ser madre, emprender y ser autónoma... Cuenta, cuenta. es muy duro.¿ Qué es el emprendimiento para ti? Y luego, además, si le metes el añadido de social, ya es mucho más duro. Mucho
más complicado. Porque, además, es un emprendimiento unido a una emoción, a una misión, a una causa social, en el que
tú eres el protagonista y el centro. Y tú sabes que yo he trabajado mucho esto e intentado ver cuál era mi lugar, porque yo no quiero que mi... Yo he trabajado mucho el ego y yo no quiero que el ego mate el Club de Malas Madres y es más, a día de hoy tengo la suerte y estoy súper orgullosa de que hay muchísimos proyectos que salen en los que yo casi no estoy y eso lo hemos conseguido siendo un equipo y delegando y soltando, pero tú lo sabes también que hay otra parte que es inevitable que
esté yo.
A ver, es que lo hemos hablado muchas veces, al final el club de malas madres eres tú y evidentemente
en gran parte de las áreas que tocamos... Bueno, el club de malas madres son las malas madres, pero yo soy la cara visible Sí, pero me refiero a nivel... el líder o quien lo lleva eres tú, entonces la gente quiere escucharte a ti, que muchas veces tenemos debates con esto y es que quieren saber lo que tú opinas de esto tú, o si hace una acción quieren que estés tú y eso forma parte quizás del peaje a veces más pesado porque te lleva a demasiada exposición.
Bueno, ese es realmente el mayor conflicto y lo más difícil, el equilibrio. El equilibrio entre darlo todo, darle impulso, darle emoción, darle autenticidad, poner todo de ti y a la vez no dar todo todo para no perder la salud mental.
Y ese equilibrio es muy difícil cuando es un emprendimiento social, cuando quieres hacer las cosas de una manera, cuando tienes una manera de trabajar que evidentemente yo para mí siempre, y tú lo sabes que intento siempre que hagamos lo mejor que sabemos hacer en cada uno de los proyectos, cuando nos tomamos muy en serio las cosas porque realmente tenemos una responsabilidad social y eso ha hecho a veces que yo no haya sabido gestionarlo y hubiera visto la
mejor salida dejarlo todo. Ahora lo veo desde otro lugar, bueno y ahora porque estoy en un buen momento, a lo mejor dentro de un tiempo pues te digo otra cosa pero el lugar donde quiero estar y el lugar que me gustaría que ocupara el hecho de que algún
día esto acabe que sea una elección libre ¿sabes? que si un día acaba y yo tengo que dejarlo porque esté demasiado cansada o quiera hacer otras cosas pues que no sea por estar mal sino que sea realmente porque acabo una etapa entonces lo visualizo a lo mejor el día de mañana sí pero sí que creo que es un proyecto y siempre lo he dicho que es un proyecto tan tan bonito, tan importante, tan transformador para tantas personas que puede ir evolucionando para que pueda ser sostenible
para mí como persona. Pero estoy en ello.
Bueno, estoy
en ello, hermana.
No creo que cierres el club. Algunas veces me entran ganas. Por favor, no cierres el club.
Me entran ganas. Pero bueno, si las malas madres dicen que no...
Bueno, ahora vamos a ir a las preguntas rápidas. A mí me encantan las preguntas rápidas.
Hombre, qué rápido ha pasado ya. Sí, bueno
ya llevamos.
Ya, ya, ya
mira. Llevamos bastante. Bueno, vamos ahí con esas preguntitas. Tu mayor tip de mala madre, la mayor metedura de patas que has hecho como mala madre. No estamos diciendo quedarnos en el garaje esperando para subir. Metedura de patas de verdad. Algo que tú digas, madre mía lo que acabo de
hacer. Es que metedura de patas siempre. No, pero una
metedura de
patas considerable. Tú ten en cuenta que en mi caso los roles están cambiados. Y es más madre mi pareja que yo muchas veces. Entonces yo soy el despiste con patas, con memoria, que se me olvida todo. Claro, es que yo me veo que cuando de repente a lo mejor el buen padre ha tenido que viajar, me tiene que mandar WhatsApp para recordarme que tengo que recoger a las niñas y para recordarme las cosas que tengo que hacer. Y meteduras de patas que me pasan todos los días.
Yo llego al instituto y le digo, vengo a recoger a Julia,¿ qué clase está?, A o B seguro, pero no sé cuál. O metedura de pata última que me pasó cuando Luchi entró en el cole, que había un nuevo grupo de Guasa. A parte yo me fui como, voy a ser de buena madre, voy a quedar súper bien. Hola, soy Laura, soy la madre de Lucía. Y era en el chat de Carla. O sea, esto me pasa a diario. Yo estoy todo el día metiendo la pata de olvidarme de recogerla y de hacer cosas de estas torpes todos los días.
Bueno, un mantra que te repites todos los días para darte energía.
Un mantra que me repito todos los días, bueno, hay varios, pero el yo no renuncio para mí es un mantra y ojo que no quiero decir que no haya renunciado, que yo precisamente he renunciado y renuncié para que ahora ninguna mujer madre tenga que renunciar por el simple hecho de ser madre. Pero para mí también luego hay mantras importantes en la vida y uno de ellos es de nuestro querido padre, que es disfrutar. Entonces para mí, más que no es un mantra, pero es una filosofía de vida.
Y yo, es una filosofía de vida además que he conectado, es decir, yo después de la pandemia lo pasé muy mal, yo creo que casi toqué la depresión, y ahí lo pasé muy mal y me desconecté tanto, me entra ganas de llorar otra vez, me desconecté tanto del disfrute, me desconecté tantísimo de la ilusión y de vivir el día a día con las ganas que yo siempre tengo, que para mí el disfrutar es como un mantra porque digo, disfruta. Y siempre me acuerdo, ahí me acuerdo de la niña
que era, porque yo he sido muy disfrutona siempre. O sea, yo siempre he disfrutado mucho, he hecho muchos planes, me he reído mucho. Y entonces cuando me vi tan alejada de lo que yo era, dije, no puede ser. Entonces, disfrutar. Pero para disfrutar, me he dado cuenta a lo largo de esta crisis maravillosa que he vivido que es fundamental parar y cuidarse. Y ese cuidarse, que para las malas madres ya es un proyecto que se llama la hora de cuidarse y que hemos trabajado con tanto cariño siempre,
también nace para salvarme a mí misma. Entonces una de las cosas que creo que el club me ha ayudado es que el club realmente a mí me ha salvado de muchas cosas. Y los proyectos que he ido haciendo y he ido liderando han sido para ayudarme a mí misma en muchas cosas. He ayudado a otras personas la vez que me ha ayudado a mí. y cuidarse para disfrutar y no tener que renunciar.
Bueno, pues me ha pisado la siguiente pregunta rápida, que era el mejor consejo, que era el de disfrute, que nos da nuestro querido padre. Y Peter, otra llamadita por aquí. Me ha adelantado.
Bueno, Laura, yo qué decirte. Pues ya sabes que me encanta lo que haces, que sé que además a ti te haces feliz, que te implicas mucho con todo, que estoy muy orgullosa de todo lo que haces y que tú y tu hermana sois lo mejor que me ha pasado en la vida, que os quiero muchísimo. También decirte que creo que debes de saber, no sé, desconectar un poco y pararte.
Hoy
voy a estar mirando a la luna sin pensar en nada. Yo creo que eso todavía no lo ha aprendido, siempre estás pensando en qué vas a hacer y no eres capaz de desconectar, que es muy importante. Que te cuides muchísimo y que sigas para adelante, que tienes un proyecto precioso, una familia preciosa y que te quiero muchísimo. Y que ya sabes que todo lo que te haga falta y donde quiera que esté, allí estaré yo. Venga, te quiero mucho. Un beso
Peter, el otro, el del consejo
de... Hola, Laura. La que no adivinas quién soy. Soy tu papi. Mira, solamente era para decirte que nos sentimos muy orgullosos de todo el trabajo que estás realizando, que yo creo que si no fuera por las fuerzas que tienes, no hay cuerpo que aguante el trabajo que llevas. Esto...
Todos estamos, vamos, yo lo que contento con que consiga el tema que es la conciliación, que ya lo hemos hablado en muchas ocasiones, que tenía que ya estar en marcha y va lento, pero por lo menos ese inicio que tú estás llevando a cabo, algún día se despertará y tendrán que dedicarle el tiempo que necesita la conciliación. Esto te lo cuento casi siempre que nos ponemos a hablar. Siempre te digo que lo más difícil ya está eso.
Ahora viene de pesado, Laura. El trabajo que tú estás haciendo, que te lleva tantísimas horas, esto no puede caer en saco roto. Esto tiene que haber ministros que excusen y que digan« Oye, esto es lo que teníamos que prestarle la atención ahora». Se ha prestado mucha atención, bastante buena, pero ahora falta la conciliación. Bueno, estamos aquí pendientes
al
éxito de tu trabajo.
Y clon. Y clon. Así ha acabado. Así ha acabado, porque yo le he metido el corte. Así ha acabado el te quiero mucho, hija. Si no se hace el poscantero, papá.
Bueno, pero... Bueno.
Fíjate que has dicho los dos que te conocen mejor que nadie varios de los temas que tú has tocado. Sí. Bueno, yo creo que eso, ¿no? Que... Las preguntas rápidas se han
convertido en el segundo podcast. El segundo podcast. No, pero yo creo que viene bien ese equilibrio que hemos tenido. Lo que pasa es que a mí... Ese equilibrio que hemos tenido viene bien si era una persona más calmada como tú. En mi caso... La fuerza que me transmite papá, porque yo me parezco más a él, esa fuerza de sigue luchando, sigue luchando, yo lo he llevado muchas veces y lo sigo llevando al extremo. Y me olvido de esa parte tan importante que nos imprime mamá que es la calma
la familia, la desconexión, el cuidarse. Entonces, yo necesito que en mi vida tenga más peso también mamá, que esto habría que... No mamá, sino el mensaje. La parte de mamá. La parte de mamá. A mí me pesa más la otra parte. Entonces, mi esencia siempre va a esa lucha, a ese querer más y a ese infinito, porque es infinito, ¿no? Pero bueno,¿ qué te voy a decir de papá y mamá que son tan bien, tan importantes para nosotras y que ya no hemos hecho nuestra lloradita?
No vamos a hablar más.
No, no hablemos más. Me voy a abanicar,
que
me está dando un sofoco
Cómo van los brillos, Juan?
Ahora ya ha complicado.
Ahora ya ha complicado.
Cuidado con la abanica del micro, por
favor. Estamos brillando. Tenemos la suerte de tener una familia como pocas hay. Y hay que dejarlo aquí dicho también. Bueno, y ahora vamos a dejar de llorar. No llores tu hermana. Si va a llorar la que te dista, mala cosa. Bueno, ahora vamos a pasar al momento que a mí me encanta. Que siempre que lo veo es el final.
Mira,
viene bien la foto que he traído
porque es divertida
El momento de la foto. Enséñanos qué foto has traído hoy porque la foto representa tu esencia. Sí, y
representa mi esencia y aparte También he traído esta y representa mi esencia en este momento y me parece importante porque es donde quiero estar. Yo creo que en el recorrido de la vida y en el viaje que haces de autoconocerte y de terapia e intentar mejorar ciertas cosas, a veces nos equivocamos. Y yo creo que me estaba equivocando en una parte de ese viaje, que seguramente tenía que pasar por ahí para ahora estar donde estoy, que
era como intentar cambiar cosas. Y evidentemente tú tienes que cambiar cosas y tienes que mejorar y tienes que ir caminando hacia el lugar donde quieres estar. Pero yo estaba cambiando cosas que hacían cambiar mi esencia. Y me estaba dando cuenta que yo estaba como rechazando por ser tan inquieta, o el ser tan soñadora, o el ser tan luchadora. Y era como porque a mí también me pesan los mensajes que me das tú, que me da mamá, de tienes que ser más calmada, tienes que desconectar. Pero yo
lo estaba llevando al extremo. Yo lo llevaba al extremo y entonces de repente me veía como que era otra persona, como que estaba perdiendo la alegría y las ganas de vivir. Bueno,
porque uno no tiene que cambiar su esencia, tiene que modelar o corregir pequeñas cosas que te ayuden
también
a alimentar la esencia, porque la esencia no la
alimenta
si estás siempre en estrés.
Yo lo estaba llevando a otro lugar y entonces ayer, bueno, que nos tiramos un rato Francisco y yo buscando fotos, que a él le encanta, íbamos viendo fotos posibles para traer, yo quería una que mostrara mi esencia y al principio yo tenía clarísimo que iba a traer una foto en
la que estuviera yo sola. Pero me he dado cuenta que no. Y me parece como súper bonito que de repente cuando encontré esta, que ha estado tantísimo año en mi habitación de mi casa de Málaga, mientras yo estaba en Madrid, mi cuarto seguía igual Y esa foto seguía ahí. Y nunca
la quitábamos porque cuando la veíamos mamá
y yo
decíamos,
es que es Laura en estado puro. La foto estoy acompañada, entonces me parecía como súper bonito traer a este posca del club de malas madres, que sin las malas madres no tendría ningún sentido, traer esta foto en la que estoy acompañada, primero porque está mi hermana y me parecía tan bien bonito que estuviera ella, que aparte ella estaba detrás, ella siempre está detrás, del otro lado, que no se ve,
pero que es tan importante. Y luego estoy con una sonrisa como súper divertida y súper feliz, echando el brazo por encima a la de al lado, porque yo siempre soy así. O sea, si tú ves todas mis fotos de pequeña o en grupo, siempre estoy en el centro y echando el brazo por encima diciendo aquí estoy yo. Pero divertida y alegre porque siempre he llevado a la gente, pero la gente se ha dejado llevar. Quiero decir que
no era como con una sensación de imponer. Y luego también me gustaba mucho porque estoy en el patio, de nuestra casa de verano del Rincón de la Victoria, donde me han pasado tantos momentos buenos y ahora que estamos en verano, a mí me parecía que la suerte que hemos tenido de vivir estos veranos, ¿no? Estos veranos que eran como...
Los mejores veranos, yo digo, de mi vida, no
sé si de la tuya. De disfrute, de compartir, de no tener preocupaciones. Y es que ve a esta niña y dice, tenía seis años y es que me encanta. Aparte creo que de la época que he tenido el pelo más largo, ahí con los tirabuzones que me caían, que me encantan, y luego veo la foto y es que digo, es que es Luchi, es Luchi, es mi Luchi. Total. Así que me parece súper bonita para también terminar con algo como alegre, bonito y como el lugar donde quiero estar,
que lo que quiero es eso. Quiero divertirme, reírme, quiero que mis hijas me digan que soy divertida, que disfrutamos, que la vida es un regalo.
Eres divertida, eres luchadora, eres responsable, eres controladora,
pero
forma parte de tu
esencia. También, y es muy bonita. Pero
has conseguido mucho y estamos muy orgullosos de ti. No llores, hermana. No, porque
vamos a colocar la
foto en el hueco. Y se ha acabado. Muchas gracias, hermana.¿ Te ha gustado?
Mucho.¿ Lo he hecho bien? Lo has hecho muy bien. No me preguntes eso.¿ Qué no? Es como bonita. Sí. Tenía que ser esta por algo. Teníamos que cerrar contigo. A ver. Aparte, el marco no puede ser más vintage. El caballete
Además es un caballete
Es un
caballete.
Sí
un caballete de pintura. Se dice mucho.
