Hola, un aviso antes de empezar. En esta serie hay contenido sensible que incluye violencia, drogas y lenguaje sexual. Les recomendamos discreción. Lorena Sancartier toma la cajetilla de cigarros Parliament, saca el enésimo de la jornada, lo lleva a sus labios, lo enciende y da una fumada. Es dominicana y tiene 59 años. Está un poco cansada de tanto caminar entre visitas al banco, al mercado y sobre todo al doctor. Tiene muchos problemas en su espalda.
Tengo 30 años en esta carrera, bailando. Y yo bailo en 5 pulgadas. O sea, en tacón de 5. De 5 pulgadas. Yo no bailo en una pulgada, ni en tenis, nunca.
Tres décadas de baile pesan mucho en cualquiera. Y más si son con tacones. Pero Lorena no los suelta. Es más, los llevaba puestos el día que Diego, nuestro reportero, la visitó. También lucía delineador profundo, peluca rubia, labios rojos y contorno azul. Vive en el piso 14 de un edificio de vivienda de interés social en Corona, Queens.
Qué es eso?¿ Puedo verlo? Sí. Oh, wow
Eso es un calendario.
En una pared cuelga un calendario de casi medio metro de ancho y alto. Tiene fotografías de varias chicas trans posando de manera seductora, incluyendo a Lorena.
Y ahí me tocaba agosto, que es muy caliente, y la ropa, claro, provocadora, que está caliente, estoy en rolos, como que estoy en la casa.
Aparece con tacones rojos y una diminuta camiseta sin mangas, blanca, rasgada, con los senos casi expuestos
Es súper sexy, súper sexy.
Al otro lado del cuarto hay un mostrador donde se acumulan trofeos, coronas, fotos viejas y uno que otro juguete sexual erguido, recuerdos de victorias épicas. Lorena tiene ese don del que gozan todas las reinas, una confianza casi infinita en sí misma.
Uno viene como con una misión, ya uno viene como con un sello de lo que vas a hacer en la vida. Esa carrera yo la di todo. A mí me costó mucho trabajo, mucho dinero. a lograr la posición que yo logré, porque yo sé lo difícil que es abrirte camino, abrazo partido aquí.
Envuelta en el humo de sus cigarrillos, Lorena no esconde el orgullo de haberse ganado la admiración de las más grandes divas trans de Nueva York y de un público conocedor y severo. Se formó en otra época.
En la época donde no había internet y no había likes. La gente me quiere y me respeta y me ama. porque ellos no vieron un videíto, ellos lo vivieron en vivo, ellos saben de qué se trata.
Porque Lorena no solo ha cosechado aplausos.
Yo soy la mujer transgénero que tiene más coronas en la ciudad de Nueva York, sin importar cualquier etnicidad, blanca, negra, latina, asiática, ninguna me ha superado a mí.
Algo difícil de corroborar, pero para Lorena es indiscutible.
Yo me he ganado 39 coronas. Fui la reina de todas las barras que hubieron aquí en Nueva York latinas.
Y entre todas esas barras y discotecas, hay una que destaca en los recuerdos de Lorena.
Aquí había una discoteca muy famosa llamada La Escuelita.
En la calle 39, cerca a la octava avenida en Manhattan.
Pero¿ cuál era el poder de La Escuelita? Si tú querías ser una estrella, No, Nueva York. En cualquier parte de los Estados Unidos, tú tenías que confrontar al público de la escuelita. Si la escuelita decía que sí, tú eras perra. Pero si la escuelita decía que no, tú no hacías carrera en esto.
Nuestra historia nos lleva hoy a la Nueva York de los años 80 y 90. Tiempos muy dolorosos para la comunidad LGBTQ+, pero también una época de oro para el arte de los shows y el transformismo. Y la meca de ese arte, donde las reinas coronaban a otras reinas y las destronaban, era probablemente la escuelita. Un lugar donde durante casi medio siglo la cultura translatina brilló como nunca antes. Un lugar
que ya desapareció y del que solo quedan recuerdos. Desde Central Series y Radioambulante Studios, esto es Las Reinas de Queens. Soy Rula Ávila Muñoz. Episodio 8. La escuelita. Antes de seguir escuchando a Lorena, tenemos que conocer a una vieja colega suya, una drag queen legendaria.
Mi personaje se llama Angel
Sheridan. Y la directora creativa de la escuelita durante casi 15 años.
Ahora estoy viviendo aquí de Orlando, pero mi familia viene de Cuba desde que yo era muy joven. El sueño mío siempre era cantar, bailar, hacer show
Ángel Sheridan fue y es talentosísima. Estudió teatro musical en Londres y comenzó su carrera en Florida a finales de los ochenta. Y hasta allá le llegaban noticias de una discoteca en Nueva York.
Todo el mundo decía, ay, cuando tú vayas a Nueva York, tienes que ir a la escuelita a hacer un show. Muchachos, te la van a encantar allá. Esto con los otros, siempre voy a la escuelita, la escuelita, la escuelita, la escuelita, la escuelita.
Llegó a Nueva York a inicios de los 90 y muy pronto se hizo un espacio en una compañía llamada An Evening at La Cache, inspirada en la legendaria obra y película La Jaula de las Locas. Se hacían imitaciones de estrellas como Michael Jackson, Madonna y Cher. Así fue su debut en Broadway. Y así comenzó su carrera como transformista. Una noche después del show se le acercó un hombre. Se llamaba Raúl de la Paz y era cubano. Ya se conocían de Miami, pero ahora Raúl quería que Ángel
diera un show en su club, La Escuelita. La escuelita estaba en el sótano de un edificio en la esquina de la octava avenida y la calle 39, en Manhattan. Cuando Ángel la visitó por primera vez, era un gran salón de baile mal iluminado y peor ventilado, al que se entraba bajando por unas escaleras.
No era nada en especial. Todas las mesas eran diferentes, las sillas estaban rotas, los bancos, bueno, para decirlo es un desastre. Los baños, el agua se le salía de los baños. Era un desastre.
Había goteras, había ratas y había gatos paseándose entre las piernas de las drag queens y transformistas que daban sus shows imitando a las grandes cantantes de la época. Y allí Ángel hizo una imitación de Cher.
Yo salí al escenario y Y el público vino y el público llenó todo lo que era el escenario donde estaba dándome dinero, poniéndome dinero en las botas, poniéndome dinero en la peluca y todas estas cosas. Y yo dije, pero Dios mío,¿ qué está pasando aquí? Yo no pude moverme.
Ángel nunca había vivido una comunión tan íntima con el público. Y entre todas las personas que se le acercaron esa noche, ella recuerda a un hombre, muy viejo y muy enfermo. Se llamaba Iván el Terrible. Se decía que era puertorriqueño y que había sido transformista. Tenía sida. Y era uno de los guardianes de la memoria de la comunidad.
Me abrió los ojos del ambiente de Nueva York y de la vida que era antes que yo tenía conocimiento,¿ tú me entiendes?
Iván le contó a Ángel muchas historias sobre lo duro que era ser una persona translatina en Nueva York. Y también le habló de un lugar histórico para la comunidad LGBTQ+, de Estados
Unidos. Stonewall.
Fue un bar en el West Village de Manhattan en los años 60. Lo frecuentaban hombres y mujeres gay, drag queens y personas trans, muchas de origen latino y afroamericano. De vez en cuando la policía hacía redadas allí, Pero la madrugada del 28 de junio del 69, cuando los agentes llegaron al local, los comensales se resistieron y los echaron a golpes, ladrillazos
y botellazos. Allí estaba Iván el Terrible. En cuestión de horas estalló una protesta que duró seis días y que llenó de energía al movimiento por los derechos LGBTQ+, en Estados Unidos. Pero muy pronto, el papel que tuvieron en Stonewall las personas trans de color fue olvidado, convenientemente, por las mayorías gay blancas. Y fue una persona trans latina la que se encargó de recordarle a la comunidad esta injusticia.
Silvia Rivera, neoyorquina, de padre puertorriqueño y madre venezolana. Ella estuvo en Stonewall y en 1973 Durante la Marcha del Orgullo en Nueva York, se subió a una tarima, agarró un micrófono y dio un discurso que se ha vuelto histórico.
Qué pasa con ustedes? ¡Pensadlo!
Me han golpeado. Me han roto la nariz. Me han encerrado en la cárcel. Perdí mi trabajo y mi departamento por la liberación gay.¿ Y ustedes me tratan así? Y añadió, sin las drag queens no habría liberación gay. Nosotras estuvimos en primera línea. Como pueden ver, Silvia merece su propia serie. Pero lo que tenemos que saber es que ella y otra veterana trans de Stonewall, Marsha P. Johnson, afroamericana, fundaron Street Transvestite Action Revolutionaries, STAR, una organización dedicada a apoyar
a gente trans sin hogar y a trabajadoras sexuales. Se convirtieron en madres de muchas de esas personas. Y desde entonces, ambas son como santas para la comunidad. al igual que Lorena Borjas y Cecilia Gentili. El caso es que, después de Stonewall, comenzaron a abrir más y más bares y clubs para la comunidad LGBTQ+, en Nueva York. Y así llegamos a la segunda historia que Ángel escuchó de Iván el Terrible.
Por qué le llaman esto la escuelita? Si es el sótano de un edificio, ¿no? Y él me dice, oh, porque este no fue el lugar original.
Iván le dijo que, antes de que la escuelita se estableciera definitivamente en la octava y la 39, había tenido una vida errante por varios locales de Manhattan, huyendo de la gentrificación y la presión de las autoridades. Todo comenzó en los años 70. Poco después de Stonewall, un grupo de personas latinas, incluyendo al cubano Raúl de la Paz, querían abrir un club para la comunidad gay latina. Un sitio, y aquí cito, donde los hombres pudieran bailar con los hombres y las
mujeres con las mujeres. Y en una esquina de la calle de Broadway, en el Upper West Side de Manhattan, encontraron una vieja escuela para dentistas que tenía un letrero en inglés. The School. La Escuela.
Entonces cuando abrieron la barra ahí... No tenían el presupuesto para poner un letrero nuevo y esto y esto y lo otro. Y le dejaron así, le dejaron el nombre así, La Escuelita. Era La Escuelita. Por eso se llama La Escuelita.
Imagínense, el local todavía tenía en las paredes los pizarrones donde los estudiantes recibían clases de higiene bucal. Pero ahora los nuevos comensales latinos dejaban allí toda clase de mensajes de amor. Y los clientes boricuas que eran la mayoría por entonces, escribían los versos de una vieja canción infantil puertorriqueña. Mi escuelita, mi escuelita, yo la quiero con amor, porque en ella, porque en ella, es que aprendo la lección.¿
Y qué lecciones daba la escuelita? Bueno, cuando Ángel llegó a inicios de los 90, la escuelita ofrecía sobre todo una lección de vida. Eran los peores años del SIDA. de mucho dolor para la comunidad. De hecho, poco después de conocer a Iván el Terrible, él murió.
Entonces, nosotros estábamos viviendo con ese trauma. Tú llegabas a la escuelita y la escuelita era, te dejaba como,¿ qué te puedo decir? Suspirar, ¿no? Tú podías ser quien tú eras, la diosa que tú creías que tú eras, Dios sabe, el nene más lindo, todo eso. Era para el público latino, Para los gays latinos en Nueva York, eso era, necesito decirte, un sanctuary
Un santuario
Entonces cuando nosotros llegábamos a la escuelita, era una cosa que tú decías, aquí estamos, nuestra comunidad, estamos oyendo nuestra música, estamos hablando nuestro idioma. Tú sabes, estamos todos juntos. Y ahí no era que, ay, no me gusta esta persona, no me gustan los mexicanos, que no me gustan aquellos, que no me gustan los salvadoreños que se fajaban con esto. No, no, no. Allí todo el mundo era latino. Eso era el lugar
de nosotros.¿ Tú me entiendes? Claro que venían unos blanquitos, que si esto, que si lo otro, que lo otro, que le encantaban el ambiente y eso. Pero eso era lo nuestro. Y lo mejor de lo nuestro.
El ambiente, el amor, el calor. Pero la escuelita tenía muchas otras cosas que la diferenciaban de otros clubs gay de la ciudad. Ángel nos dijo que los domingos, Raúl, el dueño, organizaba una comida para la comunidad trans de la zona.
Todo el mundo que estaba botado en la calle, tú sabes que sus padres lo habían botado, que no tenían dinero, que estaban sobreviviendo, sabrá Dios cómo. Tú sabes, todos ellos venían a la escuelita y todo el mundo comía en la escuelita ese día.
Mi experiencia de ir a la escuelita fue de romperme los esquemas.
Él es Larry LaFontaine Stokes, un investigador boricua. Llegó desde San Juan a Nueva York en 1991 para estudiar su doctorado y se puso a explorar los bares gay de Manhattan. Pero muy pronto se dio cuenta de que la escuelita era diferente.
En los bars gay americanos sería impensable tener una mesa con un bizcocho, con un pastel, llevar a tu familia, tu familia, tu mamá, tu mamá, tu abuela, tu tía, tu madrina. O sea, no la familia queer, no la familia trans. O sea, tu familia, familia.
Le fascinaba la diversidad. Latinos gay, latinas lesbianas, Latinos trans, latinos de distintas clases sociales, latinos de varias generaciones y colores de piel, llegados desde toda la ciudad, incluso Nueva Jersey.
Yo creo que lo bonito era la manera en que la música, el arte, el baile, la bebida, nos unía al amor, el sexo, nos unía a todos, ¿verdad?
Claro, a veces había tensiones irreconciliables. A veces los grupos ni se volteaban a ver, aunque estuvieran bailando el mismo merengue pegajoso. Pero, según Larry, había un momento a la una de la mañana en el que definitivamente todos miraban en la misma dirección. Porque a esa hora ocurría lo que hacía tan famosa a la escuelita. Los shows de las transformistas.
O sea, la noche paraba. por una hora, una hora y media, para enfocarse en el arte del transformismo. Entonces, en cierto momento, tú sabes que van a empezar a tocar la música de Star Wars. Y eso quiere decir que por ahí viene el show. Y entonces, ahí, ¿verdad? Ocurrían estas cosas espectaculares que yo digo que era como
ir a misa, como estar en la iglesia, porque... Aquellas divinidades salían al escenario detrás de la cortina y de repente se formaban estas filas de gente que quería ir a darle dinero, a darle besos, a recibir abrazos de las artistas. Tanto así que a las pobres artistas yo creo que a veces se les hacía bien difícil doblar sus canciones y bailar porque había tanta interacción con el público.
Y ellas desarrollaban todo tipo de destrezas sobre cómo controlar al público para poder lucirse, bailar, doblar sus canciones y también interactuar de una manera tan y tan íntima con su público, que eran sus adoradores.
Y esos adoradores venían de todas partes. Por ejemplo, fue en la escuelita donde el director de cine Pedro Almodóvar vio por primera vez a una drag queen interpretando la canción Puro Teatro, de La Lupe. No sé si la han escuchado. Teatro, lo tuyo es puro teatro. Es muy famosa. Almodóvar la hizo aún más icónica en su película Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios. Lo que quiero decirles con todo esto es que la calidad de los shows era altísima.
Al menos en los años 90, Nueva York era el epicentro del drag. Entonces había drag muy, muy, muy, muy bueno.
Era lo mejor de lo mejor, lo mejor de lo mejor. Ángel, de nuevo. Si tú no estabas a un nivel, ¿no? A un nivel profesional, tú no venías a la escuela de dance show, ahí no venía cualquiera.
Estamos hablando de artistas que en muchos casos habían estudiado teatro, danza, canto. Algunas, como Ángel, eran drag queens. Y otras, la mayoría, eran trans.
Daba trabajo entender cómo ella podía ser tan bella, tan preciosa, cómo el carisma que ella tenía, sus vestuarios, su maquillaje. Su pelo, su joya, su ropa
Imagínense poder estar tan cerca de toda esa belleza.
La gente que venían no tenían dinero para pagar 100 dólares para ir a ver un show de Broadway. No tenían dinero para ir a un concierto de Janet Jackson, para ir a un concierto de Madonna, que está con el otro. Ellos reunían sus kilitos, reunían los cupones y todo eso de la escuelita para venir a ver. Nosotros éramos las estrellas de ellos.
Y por aquellos años... Eran varias las estrellas que dominaban el escenario de la escuelita. Sus nombres eran fabulosos. Cada una se encargaba de contratar a otras chicas drag y trans para sus propios shows.
Entonces, ellas estaban como en competición para ver quién era el show más perro. Es el de Jeanette Valentino. El show más perro es de esta. El show más perro es de la otra, ¿no? Entonces, ellas, cuando se presentaban, a lo mejor no pagaban las rentas ese mes, pero cuando se presentaban a la escuelita, ellas tenían lo mejor de lo mejor. Los mejores vestidos de diseñadores, vestidos de canotillo, de pluma, de... Bueno, te puedo decir cuántas... Estrellas y leyendas se hicieron en ese lugar.
Y entre todas esas leyendas, Ángel recuerda a una que conocimos al inicio de este episodio.
La diva latina de todas las divas, Dios mío, es Lorena Sancartier, que todavía está por ahí bellísima, tumbando el mundo, todavía haciendo show.
Lorena Sancartier. Después de la pausa, volvemos con ella y su voz profunda. curtida en cigarrillos, ron y noches interminables. Estamos de vuelta en Las reinas de Queens. Antes de continuar, les tengo una invitación. El lunes primero de junio a las cinco de la tarde tendremos un club de escucha de Las reinas de Queens en la biblioteca de Jackson Heights. Si están en Nueva York, Nos encantaría verles. Vamos a escuchar juntos un episodio, conversar sobre la historia y conocer
a parte del equipo detrás de la producción. La entrada es libre, pero deben reservar su cupo en radioambulante.org barra Club Las Reinas de Queens. Los esperamos. Y ahora sí, sigamos con la historia. Lorena Sancartier tiene la capacidad de prender un cigarrillo, besarlo con sus labios rojos. fumarlo y al mismo tiempo contar las historias de tres personas, cuatro sucesos y dos lugares, todo antes de que la primera ceniza caiga en el cenicero.
Yo soy un artista, yo para que le tome a fumar. Cuando ella llegó a Nueva York en 1987, desde República Dominicana, se identificaba como un joven gay. Tenía 20 años,
era de familia cristiana y conservadora, Y amaba el teatro. En su país estudió coreografía, danza, dirección. Y con ese pedigrí buscó lo mismo que tantos otros cuando llegan a la ciudad. Fama y trabajo. En ese orden.
Llegué y trabajé en todos los teatros latinos de aquí de Nueva York. Todos.
El teatro yati, el repertorio español. Créanme, buenos lugares.
Yo era el bailarín principal del Teatro Rodante puertorriqueño. Por eso mucha gente me asocia con Puerto Rico. ¡Ja, ja, ja!¿ Ves cómo va cayendo la cosa?
Y ya se lo imaginarán. Muy pronto, Lorena descubrió los bares latinos y los shows drag.
Y llegaba a la discoteca, me sentaba en una esquina de la barra. Yo iba a ver esa transformación teatralmente, que me parecía única.
Porque las divas no solo imitaban a Iris Chacón o La Lupe, al mismo tiempo eran algo más, como de otra dimensión.
Lo que te quiero decir era que era tan impresionante para mí. Yo nunca en mi vida había visto esto. Yo vengo de una familia cristiana y ya solamente el hecho de que yo bailara me hacía estar en pecado.
Lorena ni se imaginaba como una transformista, mucho menos como una persona trans. Así que se quedó en la escena, digamos tradicional. del teatro y la danza. Comenzó a dar clases, pero el mundo de las transformistas no la soltó. Un día se le acercó una chica transcubana pidiéndole ayuda para un evento. Y luego su propia prima, que comenzaba su transición, también le pidió ayuda.
Y le dije, si lo vas a hacer, tú tienes que ser la número uno. Porque tú eres mi prima y no puedes ser menos. Empecé a montar las producciones a ella.
La primera de esas producciones fue nada más y nada menos que en la escuelita. Le pidieron una oportunidad a Raúl, el dueño, y él les dio un espacio el domingo, o sea, el día más debilucho de la semana.
Montó un espectáculo nunca visto en la ciudad de Nueva York con 25 bailarines en una discoteca gay trabajando con transsexuales. En el número salían bailarines bailando jazz, bogeando, Bailando flamenco y en una parte de la canción salíamos todos, algunos bailando hip hop.
El dueño de la escuelita quedó impresionado.
Y fue como una revolución porque se empezaron a acercar todas las transexuales.
Lorena encontró, digamos, un nicho de mercado. Se dio cuenta de que ganaba muchísimo más como coreógrafa de shows que como profesora de danza. admite que esa fue su principal motivación para adentrarse en el mundo de las transformistas. Y muy pronto amplió su repertorio, porque en la escuelita también se celebraban muchos concursos de belleza que necesitaban coreógrafas talentosas.
Empecé a ver los concursos que se hacían en ese año, que eran completamente para niñas con senos. Era Miss Latina Continental y Miss Manhattan Continental.
Miss Continental es hasta hoy el concurso de belleza para personas trans más importante de Estados Unidos. Se hace en Chicago, pero en esos años, las rondas preliminares de Nueva York se celebraban en la escuelita.
La gente tenía que estar pegada a la pared, petateado, no se podía mover, de tan lleno que aquella estaba.
Lorena recuerda una coreografía que le hizo a su prima para un concurso. en el que competían contra una de las grandes divas de la escuelita, Christina Piaget. Y ante tal contrincante, Lorena buscó inspiración en lo más caliente del momento. La película Batman Returns, que se acababa de estrenar en 1992, dirigida por Tim Burton y con Michelle Pfeiffer como Gatúbela.
Muy sensual, con el taquito. I don't wanna be alone, where is my... ¿Ah? Bella, bella. Pero entonces salió mi prima. Con todos los bailarines. Yo la subía hasta arriba en un lift. Y aquel sitio se empezó a derrumbar. Luego cuando salió Batman. Y ella la agarraba y le tiró al piso. Y se le tiró encima y le daba golpes de pelvis a Batman. Ya la música no se oía. Pero cuando salió el pingüino... con todos sus secuaces al
final de la canción, el sitio se derrumbó. El caso es que al fin y al cabo ganó quien tenía que ganar, Cristina.
Cristina Piaget, una de las divas, junto a Janet Valentino y Lady Catiria. Según Lorena, para hacerte un espacio entre ellas, no había talento que valiera. Sin tetas, nunca te iban a dar una corona.
Porque las que dominaban la escena eran las transexuales y ellas no permitían que nadie entrara en ese círculo. Era un círculo así de cerrado. Tú puedes ser Baryshnikov de Rusia y tú no vas a entrar aquí.
Pero Lorena seguía siendo un chico gay, bajito, flacucho. Travestirse nunca se le pasó por la cabeza.
Para mí eso salía a ser ridículo. Porque yo era un coreógrafo y como coreógrafo era conocido y como bailarín era conocido. Pero en este medio donde hay que ponerse pelucas y pintarse y yo me sentía que yo era el pecho feo, que yo era un payasito del circo.
Un payasito rodeado de mujeres con unos cuerpazos. Pero claro, con lo competitiva que era Lorena... La barrera que las divas le ponían era solamente una provocación.
El caso es, bueno, que ya empecé como a coger confianza. Uno le coge el gustito, yo le cogí el gustito.
La primera noche que se vistió fue para un show de Año Nuevo en la escuelita. Raúl, el dueño, necesitaba a una animadora de última hora y le pidió a Lorena que le hiciera el favor. Ella se tragó todas sus culpas cristianas y se presentó en la calle 39 con un vestido negro, de seda, elegante. Hizo una canción del musical A Chorus
Line. Lo más inverosímil es que yo entregué la vida y se me acercó para mí una de las mejores entertainers que había en ese tiempo en Nueva York. Se llamaba Ginger Valdez. Y fue la única persona que me puso un dólar de propina.
Y mientras le daba ese dólar, se le acercó al oído y le dijo. Eres demasiado para ellos.
No pueden contigo. Pero, aquí adentro lo que te queda es ni un dólar.
Ni un dólar. O sea, le dio a entender que no era suficiente y que no pertenecía.
Qué hace un nenito vestido de mujer, con una peluca risa, que se ve horroroso, hace ocho años nuevo, con unas mujeres que salen con unos senos y unos vestidos de canutillo? Ellos no veían talento. Ellos no le importaban nada. Ellos iban a ver un show de dragas. Tú tenías que darle dragas.
Fue humillante, pero Lorena no se dejó intimidar. Siguió bailando, siguió vistiéndose, y como aliado tenía a alguien poderoso, Raúl, el mismísimo dueño de la escuelita. Él murió hace muchos años, pero según Lorena, él cambió el rumbo de su vida. Es que, en uno de los preliminares del Miss Continental en la escuelita, Raúl logró romper el cerco que las
divas trans habían construido a su alrededor. el que te impedía ganar una corona si tu cuerpo no cumplía con los estereotipos de belleza tan estrictos.
El dueño dijo, si no le dan una de las coronas a la chiquita, o
sea, Lorena,
las voy a votar. Si me preguntas cuál fue la razón, yo no la sé. Yo no la sé. Pero yo me gané una de las coronas por primera vez y eso me puso en el mapa. Me puse en el Papa en Queens, me puse en el Papa en Manhattan. La reina, la Lorena San Cartier, la Lorena San Cartier, la Lorena San Cartier.
Y precisamente cuando Lorena comenzaba a hacerse su nombre como reina, mostrando su talento en carne propia en vez de coreografiar a otras chicas, una noticia corrió por toda la ciudad. La escuelita, de un día para otro, había cerrado. Ya volvemos. Bueno, la escuelita cerró en el verano de 1995. Fue algo repentino. Se dice que la última noche que estuvo abierta, las divas se reunieron en el escenario y cantaron America the Beautiful,
con la bandera estadounidense desplegada boca abajo. Un potente acto de protesta. Según Angel Sheridan, la drag queen, la razón del cierre fue sencilla. El propietario del edificio donde estaba la escuelita, Quería hacer un salón de fiestas en el sótano donde estaba el club. Y por eso no renovó el contrato de alquiler con Raúl. Y así, de la noche a la mañana, la comunidad LGBTQ más latina de Nueva York se quedó sin uno de sus principales espacios
para socializar y hacer cultura. Se acabaron los shows, los concursos, las reuniones familiares, las cenas de los domingos.
Imagínate que de buena primera, sin tú ni pensarlo ni nada, eso te lo quiten.¿ A dónde vamos ahora?¿ A dónde estamos ahora?¿ Quién somos?
Y aquí entra la historia a un israelí llamado Sabión Zavar, mejor conocido como Big Ben, un empresario de la fiesta neoyorquina que construyó su nombre administrando clubes en búsqueda del próximo éxito nocturno. Ángel lo había conocido mientras actuaba en el show de Broadway An Evening at La Cache. También le había mostrado la escuelita antes de que cerrara y a Big Ben le había fascinado. Tanto así que cuando la escuelita cerró, él se le acercó a Ángel con
una propuesta. Mira, yo quiero abrir un lugar como la escuelita. Y empezaron a buscar locales por toda la
ciudad. Y Ángel se emocionaba con todos. Acceso al metro, al tren, al autobús. Un lugar como el de la escuelita, en el corazón de Manhattan. Cerca de las estaciones de Port Authority,
y Grand Central, un lugar al que se pudiera llegar sin gastar mucho dinero. Pasaron los meses.
Bueno, como a las tres de la mañana, un día, yo estoy durmiendo y el teléfono me llama. Y yo digo, ay,¿ quién me está llamando a las tres y media de la mañana? No le presto atención y sigo durmiendo. Y me sigue llamando, sigue llamando. Recoge el teléfono y hello, hello. Y es él. Lo que me he enterado yo ahora, La vieja escuelita, lo que es el de esto, de esto, de esto, lo quieren rentar otra vez. ¿Cómo? Mañana a las nueve de la mañana tenemos que estar ahí a
primera hora. Bueno, yo me levanto, vamos para allá, que estoy con los otros, y efectivamente.
El dueño del edificio quería alquilarles el sótano de nuevo. Pero no solo eso. Había renovado todo el espacio. Los baños, la cocina, cerraron el trato. Y Big Ben y Ángel se preguntaron,¿ Cómo vamos a llamar el club?
Entonces me dijo,¿ cómo se dice new en español? Y yo dije, new es nueva, la nueva escuelita.
Y así comenzaron a comprar páginas en los periódicos y revistas gay de la ciudad. El Village Voice, el Hot Spots.
Y lo primero que se decía era, a New York tradition comes back. Una tradición neoyorquina vuelve. Entonces, toda la gente esperando, toda la gente esperando, la gente esperando. La próxima semana pusimos la nueva escuelita en dadadadadadadadadadada, abre y taritaritaritarita, esto con lo otro.¿ Para qué fue aquello? La línea daba la vuelta, daba la vuelta de la cuadra y hasta la otra cuadra. Y no, no cabía más gente.
Hola amigos, mi nombre es Heriberto y este es otro programa más de Homo Visiones. Si no saben dónde nos encontramos, síganme.
El que habla se llama Heriberto González, un periodista boricua que estuvo en la noche de apertura de la nueva escuelita en 1996. El lugar tenía un escenario más grande, camerinos privados, aire acondicionado, luces profesionales, Esa noche, Heriberto entrevistó a los comensales para Homo Visiones, un programa de televisión comunitaria enfocado en la escena gay latina de Nueva York.
Mira, mi nombre es Juan, pero definitivamente tengo que decirte que esto es algo sensacional, algo que nos hacía falta a nosotros los latinos, un lugar gay de elegancia, de caché, algo para admirar. Esto es algo increíble. Yo me siento perdido, no sé dónde estoy, no reconozco absolutamente nada. Oye, caballero,¿ y cómo lo comparas con el sitio viejo? Ha sido un cambio del día a la noche, de la noche
al día. Es algo... Para nosotros, no los merecemos. Nosotros no los merecemos, por eso los tenemos.¿ Has visto viejas amistades de la vieja escuelita ahora en la nueva?
Sí, muchas. Quedamos muchas todavía. Porque sabemos muchas que somos más fuertes que las cuatro letras.
O sea, el SIDA.
Oye, ya es como que tú estás borrachita, ¿no? No, rica. Yo soy mitad boricua y mitad cubana, así que te puedo hacer de todo.¿ Qué te parece la nueva escuelita?
Bueno, yo tuve la experiencia de poder trabajar en la vieja escuelita y estoy completamente sorprendida porque este lugar es fabuloso, es completamente moderno, todo es fantástico. Vaya, creo que debemos agradecerle a la comunidad gay Era claro que la nueva escuelita se veía diferente. Y también muchos de sus clientes más nuevos, atraídos por la movida publicitaria de Big Ben y Ángel.
Lo que pasó fue que se fue corriendo la palabra y de buena primera no era un lugar latino solamente. Empezaron los morenos, el crowd hip hop, empezaron los blancos a venir, empezaron la gente a venir. Entonces ya ni podíamos decir que éramos un gay bar porque ahí había de todo, de todo, de todo el mundo.
Ángel nos contó que con el tiempo empezaron a llegar hasta judíos ultraortodoxos, que se quitaban sus ropas en la entrada, las ponían en una mochila y entraban a bailar.
Yo decía, caballero, nunca pensaba que esto iba a ser una cosa tan internacional.
La salsa, la cumbia y el merengue comenzaron a convivir con el hip hop y la música en inglés. Acá el investigador Larry LaFontaine Stokes de nuevo.
Dejó de ser un espacio exclusivamente o principalmente latino para volverse más un espacio afroamericano, afrolatino y latino. Se movió un poco hacia el inglés y menos hacia el español.
Y luego comenzaron a llegar los famosos. Marc Anthony, Cristina Aguilera, Madonna, Sarah Jessica Parker. Y bueno, para los que conocieron la vieja escuelita... Era claro que en ese camino del club hacia la fama, algo se estaba perdiendo.
No sé si la nostalgia es peligrosa. O sea, me alegro de que estuviera más bonito, pero me hubiera gustado que la nueva escuelita se hubiera mantenido más fiel en cuanto a la hispanidad, a la latinidad, al español.
Entonces sí, la nueva escuelita estaba cambiando. en apariencia y en clientes. Pero como directora creativa, Ángel se aseguró de que permaneciera algo de su esencia. Comenzando por la comunidad de las dragas, transformistas y chicas trans, tanto las que actuaban como las que eran clientes frecuentes, buscando un lugar familiar donde sentirse seguras. Y Ángel asumió el papel de tía.
La tía mayor de todos ellos. Entonces venían y me decían, mira, yo quiero hacer esto, esto con lo otro. Entonces yo les decía, mira, ve a este lugar, ve a este médico, vamos a hacer las cosas bien. Yo en el camerino mío, yo tenía un camerino privado. Yo tenía un refrigerador. En un punto tenía como 15 botellitas de hormona. Con la jeringuilla, con todo eso.
Todo mientras trabajaba sin descanso para que la calidad de los shows no cayera.
Lo que puso la escuelita nueva en el mapa, vamos a decir, eran las producciones, el dinero que se gastaba en escenografía, el dinero que se gastaba en decorar el lugar.
Contrató a las divas de la vieja escuelita, Janet Alexander, Janet Valentino y Lady Catiria. Y comenzaron a hacer una especie de cabaret, con un montón de números diferentes. Pero también abrió las puertas a otras artistas. Entre ellas…
Lorena, la energía, la ropa, lo que hacía, cómo se presentaba. Increíble. Lorena Sancartier
La gente pagaba 25 dólares por los sábados para irme a ver a mí. Porque cuando salían todas y la gente decía, ¡Lorena! Cuando salía Lorena, era completamente diferente.
Ella era la diva latina, le decíamos. Porque ella estaba trabajando en Queens, en todos los lugares latinos. Entonces ya ella tenía sus fanáticos y todo eso, que toda esa gente empezaron a venir a la escuelita a verla a ella.
Claro, es que cuando la escuelita cerró, Lorena no perdió su tiempo. Siguió trabajando en varios clubes latinos de Queens, que también formaron parte de esa época de oro. El Llamarada, el Luchos, el Crash… Y siguió cosechando coronas y coronas y más coronas.
Ya la gente decía, si ella compite, yo no compito. O vamos a verla ganar.
Incluso en el 98 fue la primera Miss Escuelita. Sin senos. Algo que siempre le gusta recordar.
Todos los concursos que me gané, me gané treinta y pico de concursos sin tetas.
Se había ganado su lugar, sin importar su aspecto. Quizás uno de sus mayores legados es una coreografía que ella creó y que ha hecho historia. Es
Perfidia de Linda Ronstan con un baile de mambo al final de la película de Mambo Kings.
Es un número de baile que inicia con un bolero muy elegante y melancólico. Perfidia. Pero que luego, de repente... salta un mambo rapidísimo y muy sensual.
Y he visto a todas las transexuales hacer mi número. Algunas le cambian a la coreografía un poquito, otras tratan de acercarse lo más posible a la coreografía original. Al fin y al cabo, es un honor, porque... Aunque no estén los derechos reservados y nada de eso, porque eso no se usa. Es mi número, todo el mundo lo sabe. Y es como una estampa.
Y esa estampa llegó a la cúspide de los concursos de belleza trans en Estados Unidos. De la mano de Lady Catiria. Porque ella usó el número de Lorena cuando ganó el concurso Miss Continental en 1995. Fue un honor enorme. Porque... Esto no lo habíamos dicho antes, pero entre todas las divas de la escuelita, la vieja y la nueva, Lady Catiria fue la reina. Una puertorriqueña que comenzó su carrera como imitadora en los bares gay latinos de Jackson Heights,
como nuestras reinas. Y al igual que ellas, Lady Catiria era única.
Lady Catiria, bueno,¿ qué te puedo decir de Lady Catiria? Yo la miraba y... Nunca puedo decir, no, no me gustó ese número o no me gustó lo que hizo, porque ella tenía una cosa que le salía de adentro.
No, ella tenía un carisma, un ángel que era único. Pero ella tenía, ella hacía un número que se llamaba Hot Chat. I need a hot chat, hot, hot, hot, hot chat. Y movía las naranjas, como la movía el chacón. Y el sitio se derrumbaba completamente. Muy sexual. Se chupaba un seno. En medio del número...¡ Era solo ella!
Mi favorita de toda la vida siempre ha sido Lady Catiria, que nunca hablaba. Ella nunca hablaba. Entonces ella bailaba, ella doblaba, ella besaba y abrazaba. Pero en todos los años que yo fui a la escuelita, yo nunca le oí su voz.
Y bueno, para que la escuchen... Esta es Lady Catiria, hablando con Homo Visiones esa noche de apertura de la nueva escuelita.
Queremos que todos, por favor, todos los que les guste el show, lo que es show business, nos conozcan o no, vengan que les va a gustar y van a tener un lugar nuevo para donde estar, para donde gozar. Lo mismo gay, bisexual, straight, los que quieran, porque yo los adoro a todos.
Ahora, Al momento de pronunciar estas palabras, Lady Catiria ya tenía VIH y era una portavoz de esa comunidad. Pero lentamente su estrella se fue apagando, hasta que por 1999… Yo me
acuerdo con mucho peso en el corazón que la última vez que ella hizo show en la escuelita, ella salió a hacer un número. Y en una parte del número, ella se acostaba en el escenario y hacía, tú sabes, una pila de cosas que esto que lo otro. La gente le tiraba dinero, que eso que lo otro. Entonces, ella se paraba y, tú sabes, salía del escenario. Bueno, ella acabó el número en el escenario y no se estaba parando. Y el público, al pararlo, que esto que
lo otro. Y yo le dije al DJ, cierra la cortina, cierra la cortina. Y era porque no se podía parar. Ya no tenía fuerza para... Y esa fue la última noche que ella hizo show en la escuelita, desafortunadamente. Pero ella estuvo casi hasta lo último. Eso era lo que le daba a ella vida.
Lady Catiria murió en 1999 a los 40 años por complicaciones derivadas del SIDA. Y la escuelita se quedó sin su reina de reinas.
No había quien la sustituyera porque... Ella era
insustituible. Pero alguien debía reemplazarla. Y según Lorena, solo había una persona lo suficientemente talentosa para hacerlo.
La gente dice que yo soy su sucesora. Que solamente ella y yo hemos sido como las entertainers de Nueva York. Opiniones variadas. Mucha gente dice que yo fui la que hizo la carrera más grande.
Y la verdad es que Lorena tenía todo el talento y el palmarés para ser la sucesora de Lady Catiria. En el 2002 se convirtió en Miss Universo Latina USA, otro concurso para mujeres trans muy importante. Y Ángela la invitó a formar parte de las divas de la escuelita, con contrato y todo.
Esa era mi casa, yo venía a los ensayos de las 2 hasta las 4 de la tarde. Era mi casa, venía a caminarme, a afeitarme y a irme para allá a las 9 de la noche. Así
estuvo varios años, yendo a Manhattan desde su departamento en Queens. Pero alrededor del 2008, el ambiente de la escuelita empezó a amargarse. Las razones no son claras, pero tanto Ángel como Lorena concuerdan que Big Ben, el empresario israelí, fue el responsable. Según Ángel, Big Ben le quitó los contratos a las divas para ahorrar dinero por la crisis económica de esos años. Y según Lorena, él no quiso pagarle la suma que le correspondía por actuar en una fiesta de Año Nuevo.
Así que ella renunció. Big Ben murió en 2017, así que no podemos corroborar esto. Ángel se quedó en la escuelita, pero ahora ya no tenía el control creativo. Y así continuó. Big Ben empezó a contratar para los shows a gente trans muy bella pero sin talento
todas eran bonitas pero tú vas a ver cuatro personas en tanga y en deso haciendo una balada eso no es un show ahí
empezó la descaencia es un show de niñas de senos sin talento muy bellas sin talento y la gente dijo esto no era lo que nosotros veíamos antes Jamás
Entonces empezó a contratar una que viene por 50 dólares, esta que viene de gratis porque quiere hacer un número en la escuelita. Entonces ya tú sabes que la calidad fue bajando, bajando, bajando, bajando, bajando.
Esa fue la gota que derramó el vaso. Ángel se despidió de la escuelita en el 2012. Ese mismo año, la State Liquor Authority anunció la agencia encargada de dar licencias de venta de alcohol en el estado de Nueva York, le quitó su permiso a la escuelita a causa de dos trifulcas menores en el local. Big Ben presentó una denuncia.
Argumentó que las autoridades querían sacar a la escuelita del barrio porque sus clientes, en su mayoría gente de color, asustaban a los turistas blancos que empezaban a llegar a los nuevos hoteles de la zona. Dijo, y cito,« Las minorías ya no son bienvenidas». porque no cuadran con los planes de gentrificación de la ciudad. Un juez le dio la razón a Big Ben, pero la agencia de licores no dejó de presionar, hasta que en el 2016, la escuelita
cerró definitivamente. Hoy la vida nocturna de la comunidad translatina de Nueva York sobrevive en los bares de Queens. en Jackson Heights, en la Roosevelt, los que hemos visitado tantas veces en esta serie. Lorena continuó sus shows allí y también su transición. Por fin se puso sus tetas. Hoy es también una reina madre. Tiene su familia, la familia Sancartier. Se ha encargado de formar a nuevas generaciones, incluyendo a su hija Jennifer. Ella participa en concursos de belleza alrededor
del país. Pero Lorena se confesó un poquito con nosotros. Nos dijo que hoy, el arte del transformismo en la ciudad de Nueva York no pasa por su mejor momento. Primero, porque no hay suficiente oferta.
O sea, si tú me preguntas a mí dónde puede haber un buen show, yo no sé qué recomendarte
Segundo, porque en los bares donde sí hay shows, algunos dueños pagan poco.
Yo soy un artista, mi trabajo cuesta un dinero. Y... A mí no me hace falta estar en un escenario, pero si voy a estar en un escenario, va a ser con dignidad, va a ser con respeto, y ahí me van a tener que pagar el pago que yo me merezco.
Y tercero, porque según ella, la calidad del arte se está descuidando.
Si yo no voy a ver un show de altura, yo no lo quiero ver
Se están perdiendo la sutileza y la precisión del lip sync, la fonomímica.
Lo que me parece un poquito... No bueno es que pongan a una niña que ni siquiera se sepa el lip-syncing de la canción. Ese no es el trabajo. Y
también la calidad y creatividad de los vestidos.
Es la realidad. Y es triste que haya decaído a ese lugar. Porque esto es un show donde la fantasía, lo creativo, las plumas, el brillo, es lo que lo ha caracterizado toda la vida.
Toda la vida. Lorena ha dedicado justo eso. toda su vida a este arte. Quizás por eso suena tan pesimista de cara a las nuevas generaciones. Claro que duele cuando pasa el tiempo y se pierden tantos nombres, tantos lugares que hicieron a la comunidad lo que fue. Es normal que con todo ese pasado a tus espaldas, el futuro solo suene a decadencia, Por eso es necesario ver más
a detalle qué es hoy del arte del transformismo. En el próximo episodio volvemos a la Roosevelt Avenue para vivir, de principio a fin, uno de estos concursos de belleza trans, donde una nueva generación de reinas buscará colocar la primera piedra a un nuevo legado. La Reina de Queens es un podcast de Central, el canal de series de Radioambulante Studios y forma parte de la red de podcasts My
Cultura de iHeart Radio. Esta serie fue producida por Diego Senior y Pablo Arguelles, con producción adicional y reportería de Nicole Pizarro, Johanna Toro y Andrés Zanin. Los editores fuimos Daniel Alarcón, Silvia Viñas y yo. La verificación de datos es de Bruno Selsa y Nicole Pizarro. María Linares hizo el diseño y la mezcla de sonido, así como la música original. El material de archivo de Homo Visiones fue
cedido por Gonzalo Aburto y Cándido Negrón. La gráfica y la dirección de arte de la serie son de Diego Corzo. El desarrollo de producto de Las Reinas de Queens estuvo a cargo de Natalia Ramírez. La producción digital la hicieron Ana María Betancourt y Oscar Luna. Lina Rincón estuvo a cargo de la traducción al inglés. La Dirección de Negocios y Alianzas Estratégicas estuvo a cargo de Camilo Jiménez Antofimio. Y Julián Santos y Eric Spiegelman nos dieron apoyo legal.
Las Reinas de Queens es una idea original de Diego Senior, Johanna Toro y Andrés Zanin. Los productores ejecutivos son Diego Senior y desde Radioambulante Studios, Carolina Guerrero, nuestra CEO. En iHeart los productores ejecutivos son Arlene Santana y Leo Gómez. Parte del financiamiento de este proyecto fue proporcionado por el Greater Good Science Center de la Universidad de California en Berkeley como parte de su iniciativa Difundiendo el Amor a Través de los Medios, con el apoyo de la John
Templeton Foundation. Puedes seguirnos en redes sociales como Central Series RA y suscribirte a nuestro boletín de correo en centralpodcast.audio. Soy Rula Ávila Muñoz. Gracias por escuchar.
