Bienvenidos a Bacteriófagos, un podcast de Emilcar FM, capítulo 197, del 4 de marzo de 2025. Muy buenas, yo soy Carmela García y esto es Bacteriófagos, un podcast de curiosidades biológicas y actualidad científica para todos los públicos. Tal día como hoy se celebra el Día Mundial Contra la Obesidad y, aunque no es del todo oficial esta denominación, pues me viene muy bien para que podamos hablar del tema.
No es la primera vez ni será la última que yo diga aquí que la obesidad es la pandemia del siglo XXI. Y esta sí vino para quedarse por una buena temporada, por cierto. Pero la obesidad no es el pilar principal de la pandemia, se sostiene por otras cosas, como por ejemplo por el sedentarismo. Otro de los pilares de esa pandemia del siglo XXI es la pobreza. Y es que en sí todo esto va unido. Si juntas dos de esos tres pilares, es muy probable que hagas pleno con los tres.
Si tienes solo uno, es probable que sea más fácil salir de ahí. Aunque hay un cuarto factor que es mucho más difícil de medir, ¿pero qué hace que todo esto se mantenga o se rompa a un equilibrio entre esos tres factores? Que es el factor psicosocial.
En el capítulo de hoy, aprovechando que caía justamente en 4 de marzo y sin saber yo ahora mientras estoy grabando como cuánto se hablará de esto en el propio día, pues quería aprovechar para reflexionar un poco en alto sobre este tema, sobre la situación en el mundo y sobre la situación en España también, los avances que hay, el bien, el mal y todas estas cosas.
Si empezamos a nivel global, según la Organización Mundial de la Salud, unos 800 millones de personas tienen obesidad en todo el mundo. Si lo pensamos en frío, esto es muchísima gente. Pero el tema es que este dato ya no está actualizado y se calcula que se puede estar duplicando en la próxima década. Y esto es un problema. La obesidad es una forma de llamar a una medida. Tener obesidad no implica directamente tener una enfermedad, pero sí te da muchas papeletas.
Lo primero que nos suele pasar por la cabeza es la diabetes tipo 2, ya que es muy común que aparezca en personas que tienen obesidad. Pero también podemos pensar en la hipertensión, la tensión alta o en problemas cardíacos. Esto nos parece todo fácilmente explicable, porque un mayor porcentaje de grasa corporal hace que la sangre circule peor, por lo que hay que hacer más esfuerzos para moverla y en eso van a sufrir las venas, las arterias y el corazón.
Pero además la obesidad también se considera un factor de riesgo importante para el desarrollo de varios tipos de cáncer. Juntando todo, en la actualidad se estima que más del 10% de las muertes son causadas por la obesidad. Es decir, que si esa persona no hubiese tenido obesidad, no se habría muerto. Esto en números es cosa de unos 5 millones de muertes al año. Para que comparemos con el covid y veamos esto con cierta perspectiva.
Y mejor no sumo a la obesidad del tabaco y el alcohol, porque entonces algunos se nos muere del susto. En cada país el porcentaje de personas con obesidad va a variar ligeramente y va a depender de muchos factores. No vamos a sacar aquí la lista con los porcentajes de todos los países desde los que me escucháis, pero os puedo decir que en España el porcentaje de adultos con obesidad se acerca al 25%, mientras que el de niños supera ligeramente el 15%. Y esto es mucho más que cuando yo era niña.
En la mayor parte de los países desde los que me escucháis, que no son España, estos porcentajes son mayores. Y esto se debe fundamentalmente a que existen más desigualdades. Las desigualdades. Esto es feo de decir, pero es la verdad. Y los que nos hemos movido porque el ascensor social todavía ha funcionado algo, aunque fuese poquito, sabemos muy bien cómo funciona esto. Comer sano cuesta, y quien diga que no, no ha estado abajo de esa pirámide de ese ascensor o como queráis llamarlo nunca.
Que sí, que hacer una ensalada lleva 3 minutos. Y cocinar unas lentejas es muy fácil. Comprar a granel frutas y verduras no tiene por qué ser caro, pero cuando estás abajo no tienes ni dinero ni tiempo, porque el tiempo que tienes lo inviertes en conseguir dinero. Así acaba resultando más difícil que el tiempo que te queda lo dediques a cocinar para toda la semana y congelar, porque a veces ni siquiera puedes hacer frente a hacer grandes compras para aprovechar descuentos.
Que me río yo del típico 3x2 cuando no te da para comprar 2. Señores de las tiendas, hagan los descuentos sobre la unidad, no sobre PACS. Entonces vas justo. Y te apetece entre poco y nada comer más sano, claro. Pero además, si quieres ir a la frutería de barrio que vende la bolsa de naranjas parata, eso te queda lejos, muy lejos, porque tú vives en una urbanización en la que no hay nada, que es donde puedes pagar el alquiler.
Entonces solo puedes ir a una gran superficie en coche y ahí la fruta es más cara y ya no se vende por unidades y desde luego no puedes ir comprando sobre la marcha. Esto va en bolsas de aquilo como mínimo, porque la que va por unidades sale a un ojo de la cara cada unidad. En cambio, en la zona de procesados te ponen algo que ya está listo. 5 minutos en el microondas y ya está. Ocupa poco. Es fácil de transportar. Es fácil de preparar.
Puedes comprarlo hoy para dentro de 6 días que no se va a estropear. Y aporta un montón de calorías. Te llena bien. Y es muy fácil que optes por esa versión. No es que no quieras comer sano. Es que comer más sano te resulta tremendamente más difícil que otra persona. Porque otra persona tiene más tiempo libre. Porque puede pagar mucho más por esa bolsa de naranjas. Es más, puede pagar para que hasta se la lleven a casa. Puede hacer grandes compras.
Puede aprovechar las ofertas porque no tiene que estar mirando si le llega el dinero. Para esa otra persona, dedicar un día a la semana a cocinar y congelar es mucho más sencillo. Y sí, se verá tentada por esa palmera de chocolate que solo la palmera tiene calorías como para cubrir más de 24 horas. Pero caerá menos. Porque si la trae esa fruta exótica, podrá pagarla. En cambio, el pobre podrá pagar la palmera de 2 euros, pero no esas frutas que son mucho más caras.
Y si a todo esto además sumamos la publicidad, ahí acaba cerrándose el ciclo. Porque si estás en la cuerda floja y te bombardean con un montón de anuncios, caes. Y ni te cuento si hablamos de los típicos anuncios que hablan de lo importantes que son las vitaminas de la fruta, que tú no puedes comprar. Pero sí puedes comprar ese batido que es fácil de guardar y te dicen que tiene todas las vitaminas.
Pero lo que no te dice es que tiene azúcar como si estuvieses comiendo azúcar blanco a cucharadas. Y no, no es una forma de hablar. Hay cosas en los supermercados que no se alejan de esto. Y por cierto, lo de la palmera de antes tampoco era una forma de hablar. La famosa macro palmera de chocolate tiene suficientes calorías como para que yo no necesite comer en día y medio. Si alguien ha llegado hasta aquí diciendo, pues comes menos y ya está. O pues haces ejercicio y ya está.
Entonces vamos por mal camino. A ver, empiezo por el final y luego me voy al principio. Lo del ejercicio. No, hacer ejercicio no quita peso. O sea, ayuda. Pero sin alimentación es difícil. La obesidad tradicionalmente se mide con el IMC, el índice de masa corporal. Aunque ahora cada vez más se insta a tener en cuenta las medidas corporales. Tanto el índice de grasa como las medidas de cinta métrica. Que esas sí las podemos hacer todos en casa además.
Para reducir esos valores haciendo solo ejercicio es difícil. El ejercicio cardiovascular va a hacer que quemes calorías, claro, pero es muy probable que las quieras reponer, porque el ejercicio da hambre. Ese ejercicio es bueno y es necesario, pero lo es por el movimiento del cuerpo, por nuestro metabolismo, porque fluye la sangre, por mover los músculos.
El ejercicio de fuerza, por otra parte, quema menos directamente a corto plazo, pero facilita que ganemos músculo y si sustituimos grasa por músculo eso es bueno. Va a hacer que a la larga quememos más, pero tampoco va a ser milagroso. Facilitará que quememos más, sí, y que estemos de mejor forma. O sea, el ejercicio en todo caso es algo bueno y es algo necesario, pero para reducir medidas hace falta dieta. Concretamente dieta de menos calorías.
Y más concretamente si queremos que tenga alguna posibilidad de éxito una dieta sana y equilibrada. En la que será, por cierto, menos necesario contar las calorías. Tendremos que hacer una restricción calórica, pero no estar todos los días mirando si son 130 o 135. Respecto a las dietas más locas y así en modo resumen, sabemos que tienen un efecto rebote.
Lo que es importante para todo el mundo, porque el cuerpo es sabio y el cuerpo está preparado para que si lo matas de hambre una temporada, en cuanto tenga oportunidad, va a almacenar todo lo que pueda. Además, nosotros tendemos a adaptarnos y como nos adaptamos, pues al principio se pierde peso, pero luego el cuerpo aprende a que esa comida es la que hay y que hay que aprovecharla al máximo y ya no baja.
Para retorcer todo esto un poco, la leptina y la grelina, que son las dos hormonas más importantes en esto del comer, se quedan un poco tontas con las dietas estrictas, como desconcertadas, y ya no saben regular cuando tienen que decir que tienes hambre o que ya estás lleno. Así que todo mal. Es mucho mejor ir modificando la alimentación hacia algo más saludable, de forma que podemos quedar saciados con una ingesta calórica total menor.
Y es que, por ejemplo, 100 calorías de naranja llenan mucho más que 100 calorías en galletas. Pero de nuevo, 100 calorías en galletas son muchísimo más baratas que 100 calorías en naranjas. Y yo estoy hablando aquí de números, pero es que no os molestéis en contar las calorías exactas, lo que importa es de dónde vienen y justamente por eso acabo de dar el ejemplo de una fruta y unas galletas.
Y bueno, antes de dejar este apartado, un par de cosillas importantes que no se suelen tener en cuenta con lo de las dietas. Los bichos y el coco. Me explico. Aunque no solemos prestarle mucha atención, cada vez hay más estudios que indican que nuestra microbiota juega un papel importante en la obesidad. Más concretamente la microbiota intestinal.
Y es que, dependiendo de los micro bichillos que tengamos ahí, va a funcionar esto mejor o peor y vamos a aprovechar los nutrientes de forma diferente y vamos a tener más o menos facilidad para acumular peso. Pero ojo, esto es algo que están explotando muchas empresas para vender complementos alimenticios a base de prebióticos con dudosa evidencia que lo respalde. Si el día de mañana se vende un yogur que te haga bajar 5 kilos, no os preocupéis que yo vendré a contarlo.
La otra parte, la del coco, la cabeza, la parte psicológica. Vamos al estereotipo de la chica que claro, rompe con el novio y entonces se come una tarrina de helado de chocolate entera. O cuando está de regla. En cambio, el chico se va con los amigotes y se emborracha para ahogar las penas. Calorías, calorías y más calorías. Esto sabemos que son estereotipos muy del siglo XX y que la vida real no es así.
Pero lo cierto es que dependiendo de lo que nos esté rondando la cabeza, pues el cuerpo nos va a pedir más una cosa u otra. Os voy a contar un secreto. A mí el cabreo me pide grasa y sal. Y hasta aquí estaba todo lo malo, pero quiero acabar en positivo para que no salgamos todos a por una bolsa de patatas fritas. Que la obesidad es un problema y es algo que ya hemos contado en este podcast en el pasado. Pero según han pasado los años, tenemos más y más estrategias disponibles.
Una de las estrategias más importantes es intervenir pronto. Concretamente en la infancia. Desde las escuelas se puede hacer mucho por la educación, pero también de forma directa en los comedores, en el desayuno, en qué es lo que se come en el recreo, en lo que tienen a su alcance. Pero ojo, para aquellos padres que me escuchen, no se trata de torturar al niño en el colegio. Comer sano no implica comer aburrido y soso.
Aprender a comer bien en el cole también implica incluir dulces más saludables, aprender a hacer un bizcocho y saber que eso no se tiene que comer a diario. Comer saludable no implica quitarle las chuches, que diría el otro. En los 80 se comían chuches, probablemente más que ahora, y la tasa de obesidad era un tercio del actual. Lo que sí podemos hacer es facilitar el acceso en el cole a alimentos que a lo mejor no todos pueden tener en sus casas por el coste que suponen.
Ya sabéis, en los coles públicos y pagando impuestos y estas cosas. Hablando de impuestos, otra forma de incentivar esto de comer mejor es bajar los impuestos de las cosas sanas mientras se suben los de las insanas, aunque esto funciona un poco regular. Lo que funciona mejor es dedicar los impuestos a facilitar una vida más activa.
Por ejemplo, con polideportivos de uso gratuito para los residentes, con carriles bici, con programas para poder ir al cole andando o en bici de forma segura y también con programas de educación nutricional y con leyes para regular el dichoso etiquetado, que no es ni mucho menos sencillo. En el último año, además, se ha hablado mucho de la medicación, de los empiques y migrares.
Pero, aunque es una opción que en algunos casos concretos puede dar un empujón considerable por diversas razones, yo no lo incluiría como una forma de acabar con la obesidad. Para empezar, porque baja peso, pero no mejora tu estado físico realmente. Puede, eso sí, facilitarte las cosas al dar ese empujón, que te motive, que te puedas mover mejor, pero su alcance es limitado y su precio es muy alto.
En el mismo saco meteríamos la cirugía, que aunque muy importante en algunos casos, no es ni mucho menos algo que podamos generalizar. Y en el futuro, pues no sabemos qué es lo que vamos a tener. Ahora tengamos sedición genética que nos quite la predisposición a engordar, pero de poco sirve si luego te comes esa palmera de chocolate.
Lo que sí tenemos ahora son relojes que nos animan a movernos, aplicaciones que nos registran lo que comemos o que escanean un producto y nos dicen qué es lo que lleva realmente. También podemos picarnos con nuestros colegas con reloj para ver quién registra más minutos de ejercicio.
Y por último, tenemos la Inteligencia Artificial, que hace que el cambio esté más que nunca en nuestras manos, porque ahora podemos crear nosotros mismos a Luis, nuestro asistente personal, o Paloma o Andrea, o como queráis que se llame. Y Luis puede registrar nuestros hábitos y sugerirnos un menú semanal ajustado a nuestro presupuesto si es que le damos suficiente información. Y nos puede decir también cuál es una potencial rutina de ejercicios que se ajuste bien a nuestras necesidades.
Incluso le podemos contar nuestras penas. Por supuesto, Luis no va a sustituir a nuestro nutricionista, entrenador o psicólogo, pero sí nos podrá echar una mano y darnos un empujoncito. Nosotros, a cambio, tenemos que darle un empujoncito al resto, porque aunque algunos no lo creáis, esto de la pandemia de obesidad es un problema que nos afecta a todos. Y no me refiero a… ahora estás delgado pero no sabes qué es lo que va a pasar después.
Me refiero a que las consecuencias las pagamos todos directa o indirectamente. Así que por el bien común, por la sociedad, por nuestro yo del futuro o los que vengan después, todos tenemos que poner nuestro granito de arena para que, socialmente, esto sea más fácil. Y por cierto, que hoy es el día de la obesidad, pero hay otro día de lucha contra la obesidad, que es el 12 de noviembre. Y hay más días y ninguno es del todo oficial, pero es que me venía hoy mejor el tema.
Y ni recuerdo qué es lo que toca en el próximo capítulo, pero espero que sea un tema en el que yo pueda salir finalmente de esta espiral de odio que me he creado a mí misma. Ahora todos a comer bien y a moverse un poco. Gracias por el tiempo que habéis dedicado a escucharme, espero que os haya resultado entretenido y de utilidad. Toda la información de este capítulo la encontraréis en emilcar.fm/bacteriofagos.
Mientras esperáis el próximo capítulo, espero vuestros comentarios en cualquier red social como CGdoval y en nuestro grupo de Telegram en T.me/bacteriofagos, en el que hablaremos de este capítulo y de otras muchas cosas más. Y recordad, la curiosidad no mató al gato.
