Bienvenidos a Bacteriófagos, un podcast de Emilcar FM, capítulo 170, del 12 de diciembre de 2023. Muy buenas, yo soy Carmela García y esto es Bacteriófagos, un podcast de curiosidades biológicas y actualidad científica para todos los públicos. En este último capítulo del año, aquí vengo una vez más a hacer el debate del Estado de las publicaciones científicas o el monólogo o ya no sé cómo llamarlo.
Pero esto de publicar o morir, cada poco tiempo tiene sus giros y cada poco tiempo considero que toca ir actualizándolo. Como además hace poco se habló de ello en Están Locos Estos Romanos y me quedé con ganas de contestar, pues como esto era demasiado largo para ser una romana invitada, pues ahí va mi monólogo. Y sí, sigo con la voz chunga, ni preguntéis por qué llevan dos semanas de altibajos.
Por si alguien está un poco perdido, vamos a hacer un repaso de la situación general, que nunca viene de más, para luego centrarnos en las dos problemáticas que son más actuales. Los que ya me habéis escuchado hablar de esto, pues es un recordatorio para refrescar conceptos. Digamos que la base del problema viene siendo esto del publish o perish, publicar o perecer, publicar o morir.
Esto hace que cualquier científico, sobre cualquier científico, exista una presión tremenda para publicar, ya que las publicaciones en revistas científicas son el requisito fundamental para avanzar en su carrera, especialmente si es académica. Ojo, no es el único requisito, pero es el primero, porque además de esto hay otros temas como que tengas un buen sitio guardado, caigas bien, no molestes demasiado… Pero hoy vamos a centrarnos en lo de las publicaciones.
Como lo que cuentas que publiques, esto ha hecho que, pasado el tiempo, se haya dado más y más peso a la cantidad que a la calidad. La calidad, por cierto, no se refleja con el índice de impacto. El índice de impacto mide lo que se cita una revista, y eso, lamentablemente, no necesariamente quiere decir que los artículos sean buenos. Siente que son famosos. Como se premia la cantidad, se entra en un bucle en el que es necesario publicar lo que tengas.
No puedes esperar a tener una historia bonita y redonda. Tienes que ir publicando lo que sea y donde sea, pero a poder ser en una revista con un buen impacto. Tienes que hacer que parezca atractivo, no que sea bueno. Esto lleva, por ejemplo, al slicing, el loncheado o como se diga esto en español.
De un mismo proyecto, en lugar de publicar un artículo con todo en una revista mejor, se opta por dividirlo en tres o cuatro partes, o incluso más, y publicarlo en revistas inferiores, pero que una vez sumado todo, parece más. También genera que los resultados de un trabajo se analicen de mil formas, se generen subgrupos, se intenten generar nuevas potenciales hipótesis una vez que ya se tienen los datos y se puede ver si se puede rascar otra publicación, aunque sea pequeñita.
Todo esto genera, obviamente, un montón de estrés en cualquier persona que se dedique a ello. Y hablo desde la experiencia de haber estado ahí. Porque tú puedes vivir tranquilamente con tu trabajo, pero te están presionando para sacar más y más artículos. Y si te agobias, no piensas con claridad. Además, como todo se mide en base a esas publicaciones, ya no te centras en tu investigación, en la contribución que puedes hacer al mundo y esas cosas, te centras en publicar más que tu competencia.
Porque a ti te pueden dar una beca y no a tu compañero. Y eso va a depender de lo que hayas publicado, que hayas publicado un artículo más que él. En sí, que puedas optar a una beca, puedes depender de que tú tengas un artículo en un periodo de tiempo concreto. Y no es una competencia sana, porque yo he visto boicotear trabajos ajenos para asegurarse una mejor posición. Sí, eso pasa. Y no, no estoy hablando de la ciencia en España.
Esa presión te lleva a ser muy mal compañero y también te puede llevar a dejar la ética científica aparcada. Que necesitas una gráfica para poder enviar un artículo y tienes un punto que se sale. Bueno, ese dato se puede perder cuando se genera la gráfica. Que no te salen las réplicas bien. Pues si necesitas tener dos, haces 50 y eliges las dos que más se parezcan. Que necesitas una foto que no tienes. Para eso se inventó el Photoshop.
Aunque algunas de estas prácticas son detectables por las revistas, otras no lo son. Y los tres ejemplos que he dado, también los he visto. Y no, tampoco fue en España. Pero se investigan cosas que molan mucho, ¿verdad? Pues ahí también tenemos un problema. No sé si os habéis dado cuenta, los que sois así público general, que cada vez hay más titulares sobre investigaciones que parece que van a revolucionar el mundo. Todo con letras muy grandes. Alguien hace algo y eso va a curar el cáncer.
Aunque luego en la letra pequeña sea una primera prueba preliminar y que sea in vitro. Pues ahí vamos a lo del impacto. Porque para que algo se publique en una revista de impacto, tienes que convencer a la revista de que va a mantener o subir su impacto. Así los temas que se investigan son más... aquellos que son más publicables. Y si tienes un tema que parece poco publicable, te ves obligado a adornarlo para que suene bien publicable.
Tuvimos la moda del cáncer, la moda del CRISPR, la moda COVID. Y lo digo con conocimiento de causa. Porque yo he visto como mis publicaciones de CRISPR fueron a revistas con más impacto que mis publicaciones de FAGOS. Por supuesto, si hablamos de más o menos impacto, podemos olvidarnos de cualquier cosa que sea arriesgada. Porque necesitas algo que venda rápido y que venda bien. Así que no te la vas a jugar con una idea pasajera.
Aunque cabe la posibilidad de que esa idea pasajera sí acabe siendo la cura para un tipo de cáncer. Esta situación te deja sin vida. Tu vida es publicar. No vas a centrarte en enseñar bien si es que das clase. Ni te vas a centrar en difundir correctamente tus conocimientos. Y aquí hago un inciso. Estoy pensando siempre en la persona que hace la investigación.
Un pre-doc o un post-doc, la que va a depender de eso para conseguir un trabajo más o menos estable o un contrato postdoctoral o lo que sea. No hablo del señor asentadísimo que es el jefe de grupo, que en más de un caso se dedica fundamentalmente a presionar pre-docs y post-docs para que generen más y más resultados. Y a poder ser que le den ya el artículo bien escrito para que lo envía a la revista que corresponda. No todos son así, por supuesto, pero los hay así.
A ver si ahora nos vamos a creer que alguien que se dedica a ir dando un montón de charlas y que publica un montón de artículos de alto impacto es el que hace los experimentos en el laboratorio. Se supone que piensa, que da las ideas, que guía. Pero alguno ni siquiera aparece por el laboratorio en semanas. Y no, no hablo exclusivamente de España.
Y por último, para poder enlazar con las problemáticas más actuales, todo este sistema es tremendamente injusto para aquellos que investigan con menos recursos. Porque mantener este ritmo no depende de lo buen o mal investigador que seas. Depende del dinero que tengas para comprar máquinas, para externalizar servicios o para pagar a las personas que van a investigar. Porque en el mundo hay muchos jóvenes investigadores que lo hacen por amor al arte, viviendo del aire.
Esto me parece muy injusto y es algo que desapruebo. Cada vez que un jovencito o una jovencita acepta trabajar gratis es un paso atrás. Porque esa persona podrá vivir del aire en forma de tarjeta de crédito de papá o mamá. Pero los humanos corrientes solemos necesitar dinero para pagar el alquiler, la comida y los recibos. Y cada vez que alguien acepta trabajar gratis, ayuda a que el sistema se mantenga.
Así, cuando llega el que sí necesita el dinero, le dicen que lo hace en las condiciones que hay o no lo hace. Y muchos aceptan y acaban investigando gratis con la promesa de que en el futuro seguro que tendrá un contrato y trabajando por las tardes, las noches o los fines de semana en otra cosa, para poder pagar el alquiler. Si esto no fuese suficiente, tenemos que sumarle también que hay que pagar para poder acceder a las publicaciones de otros investigadores.
Y hay que pagar en muchos casos para poder publicar. Y a eso vamos ahora, a los sistemas de publicación. Podría remontarme hace 200 años, pero es mucho remontarse. Vamos a irnos hace 20 años. Hace 20 años, si tú investigabas, escribías tu artículo, lo mandabas a una revista y, con suerte, después de revisarlo te lo publicaban. Era normal que pasas en meses sin que supieses nada de tu artículo.
Si te lo publicaban, te ofrecían separatas de tu artículo para que pudieses tenerlas de recuerdo, que quedaba muy bonito. Y pudieses dárselas a otros investigadores. A veces incluso te las daban gratis. Pero el resto, para poder leer tu artículo, tenían que suscribirse a la revista. Hace 20 años ya teníamos internet y estábamos en pleno proceso de digitalización. Pero antes tú leías lo que salían las revistas que estaban en tu universidad.
Y si querías otra cosa, cubrías un papelito y esperabas a que te la consiguiesen en forma de fotocopia, si tenías suerte. Con la digitalización ya no tenías que ir a la biblioteca de la universidad, pero seguías necesitando la suscripción. Y si no tenías suscripción, pues dependías de pedir al autor una copia, o que algún amigo tuviese suscripción, o en un caso extremo tenías que pagar por el acceso a ese artículo concreto. Hay revistas que funcionan así en la actualidad.
Y no confirmo ni desmiento que haya sitios llamados Scihub desde los que se accede a muchos de los artículos publicados bajo suscripción hasta 2020. O que haya un sitio llamado Sciencehub Mutual Aid en el que, desconocidos, se comparten artículos que están protegidos por un muro de pago. Esto no se puede hacer, porque estarías robando a las editoriales. Es muy feo. No entreis en Scihub y en Sciencehub Mutual Aid.
En cualquier caso, este rollo se está acabando, porque ahora la moda es el acceso libre. Como la investigación pública se paga con impuestos de todos, lo lógico es que los artículos los pueda leer cualquier ciudadano. Pero las grandes editoriales no iban a permitir que esto les hiciese perder ingresos, así que si no paga el lector, paga el autor. El proceso de publicación sigue siendo el mismo.
Envías tu artículo, lo valora un editor, lo mandas a revisores, recibes comentarios, haces modificaciones y procede. Y si te lo aceptan, aquí viene el cambio. Pasas por caja. La caja puede ser 1000 euros, pero también puede ser 12.000, que es el máximo que me han pedido a mí en mi trabajo actual, no para un artículo propio. En la revista ya no depende de cuánto se lea tu artículo, porque lo va a cobrar por adelantado. Y para poder cobrar más, lo que hace es agilizar el proceso.
Como tampoco saldría en papel, no es necesario limitar el número de artículos mensuales. Y como ni los revisores, ni los editores en muchos casos van a ver ni medio euro, pues buscan a más, que puedan hacer el trabajo mucho más rápido. Y tú, pobre inocente, buscarás revistas que publiquen rápido, porque tienes tanta presión que no puedes esperar seis meses a que te digan si tu artículo les interesa.
Aunque sigues haciéndolo, porque hay revistas que, pese a todo esto, siguen tardando muchísimos meses en tomar decisiones y siguen rechazando artículos, ya que, dado el sistema, hay suficientes artículos a la cola y no van a permitir que tú les bajes el índice de impacto y la cola te crezca. Aunque todo esto suena tremendamente mal, tengo que decir que hay una serie de excepciones.
Hay revistas de sociedades en las que te cobran solo los gastos mínimos para publicar tu artículo en acceso abierto. Los gastos mínimos son los que permiten pagar a sus editores, mantener la página web y aportar a la sociedad y a sus congresos. Además, si perteneces a la sociedad, en muchos casos tienes un descuento más que razonable o incluso no te cobran nada. ¿Y por qué no estamos publicando en esas revistas? Pues porque nadie quiere salir del sistema, aunque todos lo critiquen.
Pero cuando te llega la hora de enviar tu artículo, no envías a una revista de menos impacto de una sociedad que además va a tardar un poco más. Lo quieres mandar a lo más alto que puedas, cueste lo que cueste. Y así nunca saldremos del loop. Porque somos imbéciles. Y es un plural de aquella manera, porque yo sí he publicado en esas revistas y he recibido críticas por haber bajado mi impacto medio con esas publicaciones.
Además, yo ahora estoy con un pie fuera del sistema y envío los artículos a las revistas que me digan, lo que no quiere decir que yo no ponga mi granito de arena recomendando revistas de sociedades. Y a veces hasta me escuchan. Y después del alegato a favor de las revistas que pueden ayudar a mejorar el sistema, pues vengo a soltar el rollo de por qué no me acaban de convencer esto del nuevo sistema de valoración de la ANECA.
Hace unas semanas salía una noticia de que la ANECA, la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, cambiaba sus criterios para no caer en eso de publicar o perecer. Ya no va a ser solo mirar los artículos al peso. Se van a hacer valoraciones de los trabajos, se va a pedir que se justifique la importancia de esa investigación, aunque no se hayan publicado en una revista de alto índice de impacto, se va a tener en cuenta otro tipo de actividades y todo eso suena muy bien.
Suena muy bien en el papel. Y suena muy bien cuando tienes 60 años. Pero yo, que todavía tengo la mente de haber sido predoctoral en España, pues veo la vida con otros ojos, con unos ojos más desconfiados. A mí todo esto me suena muy bien, si es a nivel español, pero fuera ya no. Y no porque esté mal, es que no me llega. Voy a poner un caso hipotético. Cualquier parecido con la realidad son vuestras imaginaciones.
Imagina a un señor que se dedica a un tema de esos bastante calientes y que tiene una doctoranda en su laboratorio. Hasta ahora esa doctoranda más o menos iba sacando sus publicaciones y cuando acabase su tesis y quisiese huir por el mundo adelante, pues tendría sus publicaciones para poder pedir por ejemplo una beca postdoctoral.
Porque su señor jefe, aunque no pisaba el laboratorio, sí se aseguraba de publicar regularmente, porque esa era su única forma de mantener la financiación para el chiringuito que se había montado. Ese señor se dedica a fundamentalmente a ir por ahí dando charlas en otras universidades invitado por sus amigotes, ir a eventos, congresos, escribir libros e incluso participar en actividades pagadas por la industria farmacéutica, porque tiene un par de patentes que son muy golosas.
Sus actividades se pueden valorar muy bien, porque además la evaluación la hacen sus amigotes, esos con los que se turna para organizar eventos por todo el país. Genial, podrá mantener la financiación de su grupo aunque no publique en revistas de alto impacto. Pero, ¿y la doctoranda? Pues podrá irla bien siempre y cuando no pretenda salir de España. Pero a ella no le van a contar las juergas de su jefe como mérito.
Si se queda podrán contarle sus propias actividades, pero una vez fuera... ¿Conocéis el juego Papers, Please? Pues eso es más o menos lo que escuchas cuando pretendes conseguir algo fuera de España. Aunque claro, en el fondo, eso sigue siendo también lo que escuchas en España. Con esto no quiero decir que sea mala idea, al contrario. Lo que veo es que se queda corto, que es demasiado local y eso tiene mucho peligro.
Porque la academia es como es y deberíamos asegurarnos de que cualquier medida de este tipo no vaya a repercutir negativamente en la carrera de los jóvenes investigadores. Porque luego se queman y se salen del sistema. Y pese a todo, mi mejor época como investigadora fue mi tesis doctoral en España. Con un director de tesis que no era como el señor ese ficticio del que hablaba antes.
Sin haber investigado gratis, sin haber sido presionada, publicando en revistas pequeñas de sociedades para compartir conocimiento. Y fue fuera donde perdí la esperanza en el sistema. Y ahora estoy como estoy. Que menos mal que no lo cuento. Porque aunque no os lo creáis, hay un mundo todavía más turbio en las publicaciones más allá de la academia. Pero eso me lo guardo para, quizá, el monólogo del estado de las publicaciones de 2024. Así acabamos este año 2023. Volveré en enero.
Feliz solsticio y feliz 2024. Mientras esperáis el próximo capítulo podéis leerme en cgdoval.es, desde donde también os podéis suscribir a mi newsletter. Gracias por el tiempo que habéis dedicado a escucharme. Espero que os haya resultado entretenido y de utilidad. Toda la información de este capítulo la encontraréis en emilcar.fm/bacteriofagos, donde también podéis conocer los otros programas de nuestra red.
Espero vuestros comentarios en cualquier red social como Cgdoval y en nuestro grupo de Telegram en t.me/bacteriofagos, en el que hablaremos de este capítulo y de otras muchas cosas más. Y recordad, la curiosidad no mató al gato.
