Bienvenidos a Bacteriófagos, un podcast de EmilcarFM, capítulo 179, del 30 de abril de 2024. Muy buenas, yo soy Carmela García y esto es Bacteriófagos, un podcast de curiosidades biológicas y actualidad científica para todos los públicos. Como si alguien estuviese espiando mi lista de temas planificados, hoy os traigo un capítulo por alusiones, pero es que este capítulo estaba ya más que programado. El tema se pidió en el grupo hace meses, lo juro.
No tiene nada que ver con el hecho de que Pedro Sánchez, el podcaster, lo pidiese en un bala extra hace un par de semanas. Hoy vamos a hablar un poco de los bichos que tenemos en la boca, porque es algo de lo que se habla mucho y a veces tengo la impresión de que se traslada un mensaje erróneo. La biodiversidad es buena y mi objetivo en la vida no es eliminar a todos los microbichos, los microbichos a veces son buenos.
Nuestro objetivo siempre debería ser eliminar los microbichos malos y mantener el conjunto bajo control. Esto digamos que de forma natural más o menos ocurriría, pero por cosas de la vida moderna nosotros tenemos que ayudar al proceso. Antes de empezar con los microbichos vamos a hacer una aclaración.
Cuando hablamos de la boca, antes de pensar en microbichos, lo primero que tenemos que pensar es en eliminar los restos de comida, que son los que van a favorecer el crecimiento descontrolado de microbichos varios. Para eliminar los restos de comida lo fundamental es el cepillado y el uso de seda dental, pensando en que son procesos que permiten el arrastre.
La pasta de dientes puede tener elementos que ayuden a controlar el crecimiento microbiano, puede dejar la sensación de frescor, pero no elimina los restos de comida. Cuando eliminamos los restos de comida también vamos a arrastrar microbichos, tanto vivos como restos de los que ya han dejado este mundo, lo que está muy bien.
En una alimentación que se base en vegetales crudos van a quedar menos restos de comida en nuestra boca y serán más fácilmente eliminables, por ejemplo, el trozo de lechuga entre los dos dientes. Pero cuando más procesada es la comida, habrá más restos. No tengo que describir lo que pasa después de comer una galleta de chocolate. Además, si lo que comemos tiene un contenido alto en azúcar, ese azúcar va a ser un fiestón para los microbichos.
Pese a todo esto, la urgencia de la eliminación de restos es limitada y hay que actuar con cierta cautela. Si se acaba de consumir algo que es muy ácido, quizá no es el mejor momento para frotar con un cepillo de dientes porque se daña el esmalte. Porque el tema del pH también es algo importante. Por eso necesitamos un equilibrio entre el frotar con ansia para eliminar los restos de comida y el frotar en exceso como para machacar el esmalte.
Pero aquí no venimos a hablar de consejos de dentista porque además ahí hay cierto jardín en el que no quiero meterme. Aquí venimos a hablar de microbichos. En nuestra boca tenemos hongos, bacterias y virus. Os apuesto lo que queráis a que todos los tenéis. Y es muy fácil comprobarlo si no me creéis. Solo tenéis que montar una placa de cultivo casera y verlos crecer. A los virus no los vais a ver, pero si tenéis suerte, incluso podríais ver algún bacteriófago, que virus es al fin y al cabo.
Lo primero que tendríamos que destacar es que cada persona es única, también en los microbichos de su boca. A lo largo de nuestra vida pasan muchísimas especies distintas por nuestra cavidad bucal. Y en un momento concreto podemos tener más de 100 especies distintas, pero solo unas 20 viven ahí de forma permanente. Para el resto, nuestra boca es una residencia vacacional. La mayoría son inofensivas o incluso beneficiosas para nosotros, siempre que estén en su justa medida.
En teoría es nuestra saliva la que accede policía, controlando que puede vivir ahí y que no. Pero esto, como decía antes, no es un sistema fiable en nuestro mundo actual y por eso hay que ayudar. La microbiota oral buena es aquella que protege nuestra boca de la mala, dicho así en resumen. Esa microbiota también va a generar biofilms, capitas de bichos, que evitan que ahí se instalen los bichos malos. Forman parte de nuestra defensa. Y no solo frente a bichos que puedan favorecer lacaries.
Recordad cuando hablábamos del coronavirus que una entrada habitual era la boca, pues la boca es también la entrada para microbichos que causan infecciones en la garganta, en la nariz, de oído… y ya no hablamos del sistema digestivo. Por eso unos buenos bichos no nos sobran, pero en su justa medida. Antes de nombrar algunas especies que viven en nuestras bocas, también tengo que aclarar que el estudio de la microbiota oral no es sencillo.
Porque aunque todos podéis cultivar una parte de estos microorganismos, hay muchos cuyo cultivo en laboratorio es especialmente difícil. En la actualidad conocemos más de 700 especies que pueden vivir en nuestras bocas, pero muchas ni tan siquiera han sido completamente caracterizadas. Por eso se sabe que existen, pero no se pueden cultivar bien para poder estudiarlas.
Por otra parte, y juro que este es el último inciso antes de ponerme a hablar de algunos ejemplos, es importante tener en cuenta la presencia de algunos microorganismos que es beneficiosa más allá de la salud bucodental. Hay que tener en cuenta que nos pasamos el día tragando microorganismos. Algunos microorganismos los destruiremos en gran parte durante la digestión, pero sus productos pueden tener también un papel en ese proceso.
Además, como nuestra digestión empieza en la boca, la composición de nuestra microbiota también puede acabar afectando a otros procesos en nuestro cuerpo. Por ejemplo, algo en lo que he estado trabajando recientemente, la mala salud bucodental puede afectar a la osteoporosis. Así que no, no solo es tener unos dientes bonitos. Como barrera natural, esa microbiota también se ha relacionado en muchos estudios con enfermedades autoinmunes, como por ejemplo la psoriasis.
Eso no quiere decir que la cause, quiere decir que parece que tiene un papel en la progresión. Y respecto a la saliva, aunque antes decía que controla la microbiota, tenemos que tener en cuenta que muchos de nuestros hábitos pueden alterar la composición y cantidad de saliva que generamos. Sé que muchos estáis pensando en mascar chicle, pero yo realmente os quería advertir sobre el uso de medicamentos, ya que muchos pueden dejarnos esa boca seca que tiene mucho peligro.
Y también dormir con la boca abierta, porque la boca abierta entra de todo y no queréis saber qué es ese de todo, pero además de entrar de todo se seca y una boca seca está mal. Y me voy mucho por las ramas, así que antes de que se me ocurra otro inciso vamos al lío. ¿Qué bichos hay en la boca? El primer bicho que solemos tener, el bicho por excelencia, es el streptococo. Concretamente Streptococcus mutans.
Su presencia en la boca es normal, es de los primeros, sino el primero que tenemos después de nacer. Por cierto, nacemos sin microbiota oral, pero tardamos muy poco en adquirirla. Streptococcus mutans forma parte de aquello que llamamos placa dental, y forma la placa buena y la mala. En su justa medida no tiene demasiado peligro, pero cuando crece mucho favorece la caries. Su objetivo en la vida es comer azúcar, concretamente sacarosa.
Luego libera polisacáridos que forman el biofilm sobre los dientes. Unos pocos son buenos, pero muchos son malos. Esta bacteria además genera ácidos, y esos ácidos serán los responsables de destruir el esmalte de los dientes, y si hay suficientes, de producir la caries. Pero Streptococcus mutans es el hermano malo. El hermano bueno es Streptococcus sanguinis, que también es de los primeros en aparecer, y uno de sus papeles fundamentales es mantener a raja tabla al hermano malo.
Es de los que forman la placa buena, pero no por ello siempre bueno. A veces entra en el torrente sanguíneo por error, y si llega al corazón puede producir una infección bastante grave. Esta es una de las razones por las que cuando te van a sacar una muela te dicen que te tomes antibióticos profilácticos, para evitar que pueda entrar en el torrente sanguíneo y causar una infección. Para mí esto es un tema controvertido, porque no me parece la mejor aproximación.
Otro microorganismo común es el Lactobacillus acidophilus, sí, el del yogur. Forma ácido láctico, y aunque sabemos que es una bacteria beneficiosa y se vende como un probiótico bueno, eso de que genere ácido ya nos debería oler a chamusquina. Este ácido, si se queda en la boca, favorecerá la aparición de caries. Acido, mal. Pero básico, también mal. Lo importante es la regulación.
El pH normal de la boca es relativamente neutro, y mientras que el ácido favorece la aparición de caries y la proliferación de bacterias que a su vez favorecen que la caries vaya peor, el pH básico se asocia a la gingivitis. En la boca también podemos encontrar actinomicetos, por ejemplo. Bacterias del género actinomices, como por ejemplo actinomices neslundi, que vuelve a ser una bacteria que es buena pero poco. Se encuentra en la placa buena, pero cuando crece mucho se asocia a la caries.
Y así podría seguir durante un buen rato nombrando otras muchas bacterias. Otras están sobre los dientes, otras se centran en las encías, otras están en la lengua, otras se meten en el hueco que pillen. Pero como espero que haya quedado claro, en el tema bacteriano lo que tenemos que tener claro es que unas pocas bacterias no tienen por qué suponer un problema y hasta cierto punto suponen un beneficio.
Pero es su descontrol el que hace que crezcan en exceso y generen una cantidad de ácidos que destrocen el esmalte. En la aparición de un agujero y en el agujero se escondan más bacterias y acabemos perdiendo un diente o varios. Pero en la boca no todo son bacterias, porque en la boca hay de todo. Vamos a hablar de hongos y nos vamos a centrar en uno en concreto. Cándida albicans. Cándida es un hongo, concretamente una levadura, y es un comensal normal del ser humano.
La presencia de cándida no es un problema, forma parte de nuestra microbiota normal. Insisto, su presencia es normal. Tan normal que normalmente la adquirimos de nuestras madres en el parto. Es normal tenerla en la lengua, el problema viene cuando tiene un crecimiento descontrolado. El crecimiento descontrolado de cándida provoca cándidiasis oral. Su crecimiento se produce porque se rompe de alguna forma ese equilibrio bucal, y eso favorece que se convierta en una infección.
Esto ocurre, por ejemplo, cuando se utilizan prótesis dentales, sean del tipo que sean. También ocurre durante algunas enfermedades que alteran nuestro sistema inmune. Las enfermedades no siempre podemos evitarlas y las prótesis tampoco son siempre por gusto. Pero la tercera causa de aparición es algo que tenemos cierto rango de mejora, el uso de los antibióticos. Cándida, al igual que otros hongos, se encuentra en su salsa cuando te estás cebando antibióticos de amplio espectro.
Si los antibióticos eliminan tus bacterias, tanto las malas como las buenas, queda espacio para que crezca un hongo. Y aunque ante una infección bacteriana el mejor tratamiento actual es un antibiótico, es importante un uso controlado para evitar que se sustituya una infección por otra. Recordáis lo que decía hace un momento de usar antibióticos profilácticos antes de que te saquen una muela?
Cierto es que una infección por streptococcus que se pueda ir a la sangre es bastante peor que una candidiasis, pero actuemos con un poco de lógica. La candidiasis genera una especie de lesiones que en gran parte de los casos se verán como manchas blanquecinas. Se las denomina a veces aftas, pero también hay otras lesiones que se conocen como aftas y que nada tienen que ver con cándida.
Esta infección tiene tratamiento porque los antifúngicos también existen, pero al igual que si aparece una acarie se recomienda un cambio en las costumbres para que no aparezcan más, es importante buscar el origen de esa candidiasis para poder evitar que se repita. Por cierto, no es raro que ocurra ante ciertos tratamientos más allá de los antibióticos, como por ejemplo los córticos teróides inhalados, que están en algunos de los inhaladores para asma.
Con esto quiero decir que si alguien tiene una candidiasis que tampoco se obsesione pensando que es que se cepilla mal los dientes o que tiene que usar milenjuagues o algo así, porque la causa puede ser bien distinta y puede ser tan sencillo como discutir si ese córtico esteroide es realmente necesario o se pueden valorar otro tipo de inhaladores, dependiendo del grado de asma. De lo de qué inhalador se dan cada caso, eso daría para otro capítulo, pero ahora mismo no puedo.
Vamos a la última parte y para el final he dejado los virus, porque no voy a entrar en demasiado detalle, que estos ya han tenido cada uno su propio capítulo. Si digo boca y virus, seguro que a más de uno les sale así automáticamente decir herpes, es el más famoso, no lo vamos a negar. Como todos los herpes, una vez que está ahí, está ahí y te aguantas. Para el resto de tu vida. La primera cosa es que no prolifere, que no parezca la típica ya hagan el labio, pero en tu cuerpo está.
Y como te estreses un poco más de lo normal o te des un poco a la mala vida, saldrá a recordarte que existe. Como todos sabemos gracias a la publicidad televisiva, esto tiene tratamiento, pero el tratamiento lo que hace es que esa herida se cure rápido, el virus seguirá en tu cuerpo. Pues en el labio hay herpes que se centran en tus encías y provocan gingivitis.
Y aquí podríamos decir lo mismo, que saldrán cuando vean la oportunidad, pero tenemos que añadir que un buen cuidado de las encías se lo va a poner más difícil. Pero no podemos quedarnos ahí, hay otros muchos, muchísimos virus que pueden estar puntualmente en la boca durante el proceso de infección, o proceso de rebrote cuando hablamos de virus latentes. Entre los latentes volvemos a otro tipo de herpes, la varicela.
Y ahora que pensáis en varicela, pensad también en escarlatina, en rubeola, en sarampión, en mononucleosis... Todos pasan por la boca. Para cerrar la parte vírica, una aclaración algo que dije antes. Mucha gente llama aftas a lo que sale con la candidiasis, pero muchas aftas son por procesos víricos y no hay un único virus que las cause.
Suelen ser procesos recurrentes y es difícil gestionarlos dado que no se trata de cuidar más la boca, es más cuidar el espíritu para que mantengamos un estado de calma. Pueden salir en las encías, en la lengua, en los laterales de la boca o casi en la garganta. Y es un tema muy complicado. Sé de lo que hablo y acompaño en el sentimiento a todos aquellos que sufran aftas víricas.
Pero os prometo que un estado de tranquilidad hará que sean mucho menos frecuentes e incluso que puedas olvidar que eso alguna vez fue un problema en tu vida. Esto último me lleva a hablar del cuidado de la microbiota oral, dejando a un lado el barrido de restos del que hablaba al principio. La clorexidina, presente en algunos enjuagues, es un agente antiséptico. Es bactericida y fungicida, es decir, elimina bacterias y hongos.
Se debe usar de forma controlada cuando se está produciendo un crecimiento fuera de lo que se considera sano y con la concentración adecuada dependiendo del crecimiento que se esté produciendo. Y durante un tiempo limitado, nada más. Una alternativa para el control de la microbiota es el alcohol, en enjuagues se entiende, no en forma de cerveza.
Los enjuagues con alcohol también van a tener un efecto sobre los microbichos presentes, pero hay que tener en cuenta que tienen también un efecto astringente. Eso que sentís de que las encías como que se retraen y además puede provocar daños en cualquier herida, por pequeña que sea. Ni que decir que para una persona con tendencia a tener aftas no es buena idea. Tampoco es buena idea un chupito de lo que sea porque va a picar infinito, dicen las malas lenguas.
Hace unos años los enjuagues se dividían en con alcohol o con clorexidina, pero esto ya no es así. Hay enjuagues que son una opción mejor. El antiséptico más común en enjuagues modernos es el CPC, el clorurodecetil piridinio, que también está presente en muchas pastas de dientes, por cierto. Ayuda a disminuir la presencia de bacterias, hongos y virus, sin llegar a la agresividad de la clorexidina y mucho menos a los daños del alcohol. En algunas marcas incluso va junto a la clorexidina.
Ahora, puede provocar manchas en los dientes, que tu dentista te podría eliminar. Por otra parte, si usas un enjuague después del cepillado, eliminarás de la boca los agentes que se han incluido en la pasta de dientes para mejorar su salud. Y aquí voy a terminar, dejando el tema abierto para que seáis vosotros los que busquéis y preguntéis y si queréis debatáis en el grupo de Telegram, con datos y fuentes que os veo venir.
Porque hay dentistas que dicen que el enjuague antes del cepillado, otros que después, otros que sin él, otros que es fundamental. También hay quien recomienda pasta de dientes con bicarbonato, otros dicen que es dañino. Yo, a nivel personal, pero pensando en los microbichos, pienso que en salud bucodental todavía nos queda mucho camino por recorrer. Mientras esperáis el próximo capítulo podéis leerme en cgedobal.es, desde donde también os podéis suscribir a mi newsletter.
Gracias por el tiempo que habéis dedicado a escucharme. Espero que os haya resultado entretenido y de utilidad. Toda la información de este capítulo la encontraréis en emilcar.fm/bacteriofagos, donde también podréis conocer los otros programas de nuestra red. Espero vuestros comentarios en cualquier red social como cgedobal y en nuestro grupo de Telegram en t.me/bacteriofagos, en el que hablaremos de este capítulo y de otras muchas cosas más. Y recordad, la curiosidad no mató al gato.
