Si pudiese ser un microbicho - podcast episode cover

Si pudiese ser un microbicho

May 28, 202417 min
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Hoy hablamos de qué características te definirían si eligieses ser una bacteria o un virus. Yo lo he sesgado un poco (sí, con intención) pero estoy ansiosa por ver las reacciones de gente que, probablemente, no está leyendo estas notas y no sabrá que un inocente juego biológico tiene un trasfondo de experimento psicológico.

Entre capítulo y capítulo de Bacteriófagos os podéis mantener al día en cgdoval.es donde también encontraréis diferentes formas de apoyar a esta podcaster.

Transcript

Bienvenidos a Bacteriofogos, un podcast de EmilcarFM, capítulo 181, del 28 de mayo de 2024. Muy buenas, yo soy Carmela García y esto es Bacteriofogos, un podcast de curiosidades biológicas y actualidad científica para todos los públicos. Hoy vamos a jugar a un juego, a un juego un poco particular, que nadie se lo tome demasiado

en serio. El nombre del juego lo tenéis en el título de este capítulo y realmente sale de una sugerencia de nuestro grupo de Telegram, aunque la sugerencia igual iba más en serio y el plan no era que yo me lo tomase como un juego. Pero la sugerencia se ha convertido en un juego y en algo que acabaréis viendo que tiene una serie de connotaciones, con mucho trasfondo, que no os voy a adelantar, porque quiero que salga de la mente de cada persona que me vaya

escuchando su propia interpretación. Y yo no quiero hacer spoiler. Como queremos que este capítulo tenga la duración habitual, porque yo me tengo que ir a hacer mis cosas, inciso, la selva del jardín es un poco menos selva pero sigue siendo una selva. Pues lo que vamos a

hacer es teñirnos a dos opciones. Lo podríamos escalar, pero tampoco es necesario. Antes de darle al botón de grabar, justo antes para no sentirme tentada e incluir nada de lo que se pudiese decir o no decir, he puesto una encuesta en el grupo de Telegram que dice, si la reencarnación existiese y en la próxima vida tuvieses que elegir entre ser una bacteria o un virus, ¿qué crees que sería

mejor? Y he puesto que se puede razonar la respuesta. No sé si tendrá muchas respuestas, porque cuando señalas a la gente para que diga algo, por alguna razón todo el mundo se mantiene en silencio. Pero bueno, para cuando esté publicado esto podremos ver qué es lo que se dijo o no se dijo. No he puesto otros bichos microscópicos porque lo complicaría todo mucho, pero también porque me rompería la idea del eje de diferencias entre ser un virus o ser una bacteria. Porque

tienen una serie de características fundamentales que hacen que se diferencien. Unas características que además profundizan en ciertos aspectos que, bueno, cada uno que elija dice mucho de cómo eres como persona. La mayor parte de los que me escucháis no estáis en nuestra comunidad. Yo os animo a que

entréis, pero en cualquier caso os voy a dar ahora la oportunidad de contestar. Los virus y las bacterias tienen cosas en común, porque algunos pueden ser beneficiosos y otros dañinos, porque son entidades biológicas muy pequeñas, porque su información se guarda en ácido nucleico, igual que en cualquier otro organismo. Pero también hay muchas diferencias entre ellos. Entonces, ¿qué preferís, virus o

bacteria? Yo no sé si se está notando que estoy haciendo así algo de tiempo para que vuestra cabeza pueda decidir si elegís bacteria o virus. Intermedio no vale. Y un depende tampoco, que aquí la gallega soy yo. Voy a creerme que todos habéis elegido ya y tenéis clarísima cuál es vuestra opción vital. Estoy mirando de reojo en el grupo y en estos momentos la acosaba igualada. A ver cómo termina. ¡Qué rapidez! No esperaba yo respuestas tan rápido. Vamos a empezar con las bacterias. Pero

antes de empezar con el equipo bacteria, vamos a hacer un aviso a navegantes. Escuches este capítulo con cierto tono de humor. Tómense los datos dados en su contexto y que nadie se me ofenda demasiado. Hay que tomarse la vida con cierto humor. Las bacterias, concretamente, yo diría que tienen menos sentido del humor. Que son más serias, más suyas. Van a su aire y son seres bastante independientes. Como cualquier ser vivo, necesitan relacionarse con su entorno. Pero

frente a los virus, las bacterias siempre se han considerado autosuficientes. Las bacterias nacen con casi todo lo que van a necesitar en su vida. Tienen una membrana que las separa del exterior, tienen su genoma, tienen sus proteínas que permiten que se copien y se reproduzcan. Algunas tienen incluso estructuras para poder desplazarse a toda velocidad. A toda velocidad bacteriana, claro. Aunque nacen con lo que necesitan, a veces adquieren extras a lo largo de su vida. Por ejemplo,

algunas bacterias intercambian material genético con otras bacterias de la misma clase. Así pueden darse unas a otras, por ejemplo, genes de resistencia antibióticos. Se lo comparten solo entre las que son o iguales o bastante parecidas. Por lo que tampoco es algo de genes para todas. Pero el sistema es suficientemente eficaz como para que si lo tiene una, pues sus hermanas y sus primas lo tendrán relativamente rápido. Eso les permite imponerse sobre otras que no han adquirido esa

clase de mejoras. Por otra parte, las bacterias pueden convivir con virus bacteriófagos en su interior. ¿Cuándo pueden aprovecharse de ellos? Si el virus no aporta nada, será eliminado. Pero si aporta, eso ya es otra historia. Entonces se lo quedarán dentro y le sacaran provecho. Podríamos aquí usar el mismo ejemplo de antes, ya que una forma de aprovecharse es mediante los genes de resistencia antibióticos que llevan consigo algunos fagos. Más allá de todo esto, las bacterias

son autosuficientes, pero tienden a vivir en colonias. Se juntan con bacterias del mismo tipo, que en realidad quiere decir que toda la colonia surge de la división de una bacteria, aunque a veces puede solapar con otra y aparecen colonias bicefálicas. A lo que iba. La colonia. La colonia a veces se separa del resto mediante biofilms para protegerse y para no tener que juntarse con lo que hay ahí fuera. Pero que no se engañen. Una bacteria fuera de su entorno vive poco y mal.

Es posible que no se muera, pero va a malvivir y va a quedarse ahí esperando a ver si las condiciones vuelven a ser... adecuadas. A las bacterias las clasificamos con cierta facilidad en especies, en cepas... y es que es relativamente sencillo establecer categorías, al menos si las comparamos con los virus. Está todo mucho más organizado. En parte, esto es porque las bacterias se adaptan al entorno, pero se adaptan a su ritmo. Me explico. Comparado con un mamífero o una

bacteria mutato de leche. Cuando digo muta me refiero a que adquiero un cambio que no es corrigido. En nuestra replicación todo va mucho más lento, porque para empezar tenemos menos descendencia. Además, cuando generamos esas células que dan la descendencia, hay sistemas que cometen menos errores. Y después hay sistemas que corrigen los errores. Una bacteria se divide de forma mucho más frecuente y además comete más errores y los corrige peor. Eso sí, a cambio,

nosotros tenemos el entrecruzamiento sexual de los cromosomas, entiéndase. Y las bacterias pueden llegar a tener una vida muy aburrida si nos surge la posibilidad de intercambiar material genético. Cosa que, por cierto, algunas ni tan siquiera pueden hacer. Dicho todo esto de las bacterias, vamos a ver cómo es la situación del equipo vírico.

Los virus ni tan siquiera se consideran seres vivos. Siempre estamos con eso de que son entidades biológicas, porque no acabamos de decidir si podemos llamarlos organismos, seres vivos o qué. Se dice mucho eso de que ni vivo ni muerto, pero también que son muy dependientes. Y eso es cierto, frente a la independencia bacteriana, los virus necesitan mucho al medio. Un virus por sí mismo se queda ahí, sin más. Si pasa mucho tiempo y las condiciones son realmente malas, es probable

que pierda la capacidad para replicarse. Pero si las condiciones son buenas, se quedará hasta que encuentre un hospedador, un organismo que le permita entrar y multiplicarse. A veces esta entrada es un poco de mutuo acuerdo. A veces la entrada es en plan elefante en una cacherería. Ni idea de si esto se dice en todo el mundo, pero si no es el caso, seguro que os podéis imaginar a qué viene la expresión. Pues eso, que los virus son dependientes. Y esa dependencia es

el secreto de su éxito. Los virus no necesitan tener todo en propiedad, porque confían en la comunidad. Cuando se van a replicar, usan las proteínas del hospedador. Cuando van a salir al exterior, se llevan un trocito de su membrana para abrigarse. La parte mala es que los hospedadores suelen ponerles muy difícil que compartan a posento con otro virus, por lo que no es fácil

que se entremezclen. Pero cuando esto ocurre, esto se convierte en una orgía de genes. Los que salen parecen el resultado de haber juntado a los que entraron en un saco y haberlo agitado muy fuerte. Además, a los virus les gusta mucho el cambio. Aunque dependen en gran parte de los mecanismos que tenga el hospedador para copiarse, el genoma del virus puede llevar instrucciones para que lo

primero que se hagan sean proteínas que sirvan para la propia réplica viral. Esas proteínas harán copias más rápido, pero además las harán de una forma que será menos detallada. Y no son errores, es diversidad. Porque ese es el secreto, ser muy diversos. ¿Por qué es tan difícil luchar contra los virus? Porque los virus van cambiando. Por eso, incluso cuando hemos hecho vacunas que se dirigen a la parte más conservada del virus, incluso en esa situación,

es necesario adaptarlas a las variantes. Por eso, hay virus para los que hemos sido totalmente incapaces de crear una vacuna. Porque hay virus que cambian mucho más que otros. Eso también hace que lo de clasificarlos sea muy complicado. Se juntan en grupos más grandes, pero llegado a cierto punto

las líneas empiezan a ser muy difusas y ahí la cosa se complica mucho. Empezamos a liarnos hablando de linajes, cepas, variantes, subvariantes... Y como nos dejéis, os acabamos hablando de un único virus que estuvo durante un rato parado pensando si podía entrar en una célula como una entidad diferente al resto de virus. Y no. La verdad es que todo es una comunidad. Curiosamente, esa dualidad entre el individualismo genético frente a la diversidad del conjunto hace a los

virus especialmente interesantes. Todos esos cambios hacen que sea mucho más sencillo adaptarse, que estén continuamente buscando la innovación genética y que también sean capaces de esperar a cuando llegue el momento adecuado. El sistema vírico se autorregula. Si el hospedador se está quedando sin habitaciones libres, sin células libres, los virus bajan el ritmo y esperan a que vuelva a haber espacio. Y como decía antes en la parte bacteriana, los virus no siempre hacen todo

a mal. Ya que aunque sí dependen de un organismo para replicarse, ni siempre lo inutilizan, ni siquiera siempre lo hacen mal, ya que en algunos casos la presencia del virus puede aportar ciertos beneficios. No sé si alguien ha llegado hasta aquí pensando que no sabía cómo me iba a posicionar yo. Era evidente que yo me iba a posicionar del lado vírico. Porque los virus no se saben nunca si viven, si vienen o si van. Los virus lo aguantan todo. Porque los virus son mucho más de la

comunidad y menos del individuo. Y porque este podcast se llama bacteriófagos por algo. Eso debería haber sido una señal. La realidad es que ha aprovechado el juego para intentar destacar algunas de esas diferencias en la vida de virus y bacterias, que quizá nunca se cuentan así. Se habla siempre de polimerasas, de ADN, ARN, de maclutininas y de cosas que son las que aparecen ya en los libros de ciencias. Pero casi nunca uno se pone en la piel de una bacteria. O en la membrana,

vaya. Ni en la cápside de un virus. Siempre pensamos en el mundo desde una perspectiva muy humana. Y si no es humana, pues es muy mamífera. O muy animal. Pero pocas veces nos planteamos la perspectiva de otras entidades biológicas. Ya, esto es abrir un melón distinto. Porque entonces empezamos con que si nos ponemos en la piel de la vaca y no en la de una lechuga, que no tiene piel, pero bueno. Porque la vaca piensa, por eso lo hacemos, claro. Y por la misma razón

nos ponemos en la piel de una vaca, pero no en la de una cucaracha. Si eso es otro melón que no vamos a plantearnos ahora. Quizá en una perspectiva paralela somos nosotros la plaga que arrasa todo y que carecemos de capacidad para pensar. Que bueno, teniendo en cuenta nuestro comportamiento, a veces yo llego a dudar de nuestra capacidad pensante. Y hasta aquí llegamos, que veo que me voy a un jardín que no es el mío. En el grupo veo ahora que van ganando las bacterias. Curioso.

Como no confirmo ni desmiento que al añadirle la clave de humor haya podido sesgar intencionadamente la narración de hoy, pues estaré encantada de que entréis a discutir por qué la opción bacteriana podría ser mejor. Y ya de paso, como ya hace calor y eso quiere decir que viene el verano y las vacaciones, os comunico que abrimos oficialmente las peticiones de temas para la próxima temporada. Aprovechad ahora, antes de que cierre la lista de temas y no os quede

un hueco ya, buf, hasta 2026. Mientras esperáis el próximo capítulo podéis leerme en cgedobal.es, desde donde también os podéis suscribir a mi newsletter. Gracias por el tiempo que habéis dedicado a escucharme, espero que os haya resultado entretenido y de utilidad. Toda la información de este capítulo la encontraréis en emilcar.fm/bacteriofagos, donde también

podéis conocer los otros programas de nuestra red. Espero vuestros comentarios en cualquier red social como cgdoval y en nuestro grupo de telegram en t.me/bacteriofagos, en el que hablaremos de este capítulo y de otras muchas cosas más. Y recordad, la curiosidad no mató al gato.

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