Procesiones primaverales - podcast episode cover

Procesiones primaverales

Feb 20, 202420 min
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Las procesiones en España no solo son las de Semana Santa. Hoy os traigo la historia de otra que está ocurriendo y que me ha llevado a recordar un cabreo que tenía un poco guardado en el fondo de mi cerebro, la procesionaria, una oruga que puede parecer curiosa, pero esa curiosidad sí puede matar.

Entre capítulo y capítulo de Bacteriófagos os podéis mantener al día en cgdoval.es donde también encontraréis diferentes formas de apoyar a esta podcaster.

Transcript

Bienvenidos a Bacteriófagos, un podcast de Milcar FM, capítulo 174 del 20 de febrero de 2024. Muy buenas, yo soy Carmel Agarcía y esto es Bacteriófagos, un podcast de curiosidades biológicas y actualidad científica para todos los públicos. Voy a reconocer que esta semana he alterado mi plan de temas, porque el tema que os traigo hoy os lo iba a contar más adelante. Pero por todos estos cambios que está sufriendo el mundo, pues las fechas ya no me cuadran y he tenido que adelantarlo.

No os preocupéis que he reorganizado la cosa y el tema de hoy ha pasado para dentro de unos cuantos capítulos. Pero a veces el podcast tiene que servir también de servicio público, que dicen por ahí. Así que hoy ha tocado adelantar el tema. Hoy vamos a hablar de la procesionaria, una polilla que está dando muchísimos problemas en las zonas en las que hay pinares. Yo acabo de decir que es una polilla, muchos dirían que es una mariposa y la forma correcta de decirlo es que es un lepidóptero.

Concretamente es un lepidóptero defoliador, que se carga a las hojas, vaya, y ojalá fuesen solo las hojas. Este bichillo se alimenta de coníferas, como por ejemplo los pinos, y afecta toda la zona mediterránea. Cuando digo toda la zona mediterránea, estoy incluyendo toda España, no solo la costa. El caso es que puede sonar más o menos problemático,

así abote pronto, pero la cosa no solo afecta a las hojas. Y tampoco es que el problema sea realmente la polilla o mariposa, el problema es principalmente la oruga, que la ves así y parece muy llamativa con sus pelillos y ahí está el lío. Bueno, ahí en el bicho en general, pero tampoco vamos a adelantar acontecimientos. Primero vamos a seguir con las aclaraciones

de los términos. La procesionaria se llama Taumatopea pitiocampa, pero la llamamos procesionaria porque, bueno, porque las orugas, o sea, las larvas, van en fila como si fuesen en procesión. Y he dicho que afecta a las coníferas. Estos son los pinos, los cedros, los abetos y básicamente casi cualquier cosa que tenga hojas en forma de aguja, aunque en algunas zonas de España se las conozca con otro nombre. Su planta preferida es el pino negral. Si recordáis de aquel capítulo

de los pinos, hay varios a los que se conoce con este nombre. Y nos referimos ahora al pino laricio, al salgareño, al pinus nigra, vaya. Con lo fácil que es decir las cosas en latín y ya está. Como el tema de la procesionaria es muy amplio y yo ya me estoy imaginando mi capacidad de irme a la rama que no es y pasarme todo el capítulo soltando mucho odio, pues voy a organizar esto de forma que ese odio pueda tener menos impacto. Tengo un plan y os lo cuento antes para comprometerme

a seguirlo. Y si luego no toco alguno de los temas, pues ya me lo diréis en Telegram. A ver, primero os voy a hablar de su ciclo de vida. De cómo pasamos de un bicho con pelitos a otro bicho con pelitos pero también con alas. Después os hablaré del impacto en los ecosistemas y de los riesgos que supone este bicho para humanos y otros animales. De qué podemos hacer para controlar la situación. Y ya al final os daré algunas ideas sobre la situación en España y

más concretamente en lo que a mí me afecta de la Sierra Madrileña. Algunos a estas alturas ya supondréis por dónde va mi cabreo, aunque quizá lo estéis interpretando por dónde no es. Así que empecemos con el ciclo de vida del bicho. La procesionaria tiene un ciclo de vida típico de un lepidóptero. Si recordáis, en el capítulo 50 de este podcast tuvimos como invitado al jefazo de esta red, a Emilio Cano, que nos contó su experiencia con los gusanos de seda. Pues esto

viene siendo más o menos igual, pero los tiempos son diferentes. Si empezamos por los huevos, en este caso su eclosión es a finales del verano. Caiga eso como caiga con las temperaturas actuales. Y de esos huevos salen las orugas, que se van a ir desarrollando durante el invierno y van a pasar por varias fases y todo esto. En el periodo frío, si es que hay de eso, las orugas montan sus nidos en las ramas. A esos nidos es a los que hay que prestar especial atención y hay que localizar,

porque son muy llamativos. En su interior se hace en su casa, se monta en su ambiente así bien agradable y se protegen del frío. Y poco a poco van creciendo, a base de comerse las acículas, o sea las hojas. Vamos a asumir para facilitar todo esto que nuestras orugas están en un pino, pues se van a ir comiendo las hojas y a dejar el pino sin hojas o casi sin ellas. Lo que en los casos más extremos puede llegar a matar al árbol, porque un pino sin hojas no puede vivir.

Recordemos que su forma de alimentarse es del sol. Cuando llega la primavera, que resulta que ya ha sido, las orugas empiezan su procesión. Bajan de los árboles en fila, una pegadita a otra, para buscar un sitio en el que formar las pupas. Las pupas las montan en el suelo, enterradas, y de esas pupas saldrá la polilla, mariposa, bicho, ya hacia el verano. Soy incapaz de predecir en qué mes ocurrirá eso este año. Las polillas se reproducen, forman nuevos huevos y el ciclo

vuelve a empezar. Estas polillas vuelan, pero vuelan lo justo. Se mueven cerca y salen del suelo solo al atardecer, ya que son animales nocturnos. Esto es lo que me hace llamarlas polillas, porque, para mi cabeza, mariposa es la diurna con colores llamativos y polilla la parda con pelillos visibles y vida nocturna. En su salida nocturna se suben alguna ramita o hierba que encuentren por ahí, hasta que el macho las encuentra. En la misma noche del encuentro, con el macho se suben a lo alto de

un árbol, o donde consideren, y ponen los huevos. Los ponen de una forma muy característica, porque generan espirales rodeando una o dos hojas. Y cuidado, porque cada una puede soltar hasta 300 huevos. Eso es una cúpula efectiva y lo demás son chorradas. Un detalle llamativo es que, aunque el ciclo es anual, puede pararse. Una vez que se forma la crisálida, la bola esa, el capullo, mientras eso no se abre, la cosa puede mantenerse ahí durante años, concretamente hasta unos cuatro

años. Lo normal es que salgan al verano siguiente, pero dependiendo de las condiciones esto se puede alargar, lo que les facilita la adaptación a los cambios que estamos sufriendo en el mundo. Eso sí, cuando salen la cosa es limitada, porque la vida poligil dura una noche o como mucho dos. Vamos, que la cúpula es efectiva, pero tampoco van a tener la posibilidad de comparar machos, ni hay mucho tiempo para elegir. Es ese macho que te ha tocado, y punto, el empoderamiento no ha

llegado a las polillas. De todo este ciclo, a nosotros, a nivel humano, la fase que nos va a preocupar más es la fase oruga. Pero a nivel ecológico diría que son las fases previas, hasta que la oruga baja del árbol. Esas son las más preocupantes. Antes de entrar a los peligros, sólo un detalle más sobre su vida. La temperatura. Si hace mucho calor, por encima de los 30 grados, eso a las orugas ya no les va a gustar mucho. Y esa vida encomuna va a desaparecer, y van a pasar

a un modo de sálvese quien pueda. Entre 20 y 30 grados, especialmente más entre 25 y 30 grados, van a toda pastilla. Pero por debajo de 20 y hasta los 10, más o menos, no hay casi crecimiento, todo se ralentiza mucho. Si baja de 10 grados, la vida se para totalmente, y si hiela se pueden morir. Pero no nos vale lo de la temperatura de fuera, porque entonces en muchos sitios se morirían con facilidad. Hay que pensar en la temperatura del nido, y esa va a ser siempre

un poco superior a la temperatura exterior. Sabiendo todo esto, ¿qué mal hacen los bichillos? Pues por una parte debería estar claro que se las considera una plaga para los pinos, porque se los comen a lo loco. En las zonas en las que están presentes se pueden ver los nidos en invierno, y los árboles muertos en primavera con los restos del nido quedan bastante asquillo.

O sea, a mí no porque ya nada me da asco, pero ya me entendéis. Su actividad devoradora de pinos es un problema especialmente en las zonas que son de explotación, por el daño económico que pueden causar, y donde se suele poner más el ojo. Pero no por ello deja de ser un problema en las zonas protegidas, en las que si hay muchas coniferas pueden causar también un daño muy importante. Además de ese daño al ecosistema, su fase oruga puede suponer un riesgo para nuestra salud.

Los adultos no tenemos tanto problema, pero los críos sí, y los perros también. Porque tú vas por ahí y te encuentras una fila de orugas, y lo último que se te va a ocurrir es echarles la mano, ya te lo digo yo, por muy bonitas que puedan parecer, que gustos hay para todo. Pero un niño pequeño le va a echar la mano. Bueno, una bióloga adulta también va a tener la tentación, pero ha aprendido que es mala idea. Y por otra parte, los perros pueden pisarlas con facilidad,

o pueden acercar el hocico a ellas. ¿Y dónde está el problema? Pues en que esas orugas están recubiertas de pelos que provocan urticaria por contacto. Más allá de la urticaria, la toxina que tienen esos pelos puede causar una alergia considerable, y no solo a nivel de la piel, también en los ojos o en el sistema respiratorio si las acercamos mucho. Así, si un perro pequeño se las encuentra y considera que son un juguete interesante, el daño puede ser muy grave. Y con

muy grave quiero decir que si no se actúa a tiempo se puede morir. Por lo tanto, si tuviésemos un perro, especialmente cuando son de menor tamaño, es muy importante que cuando vayamos con ellos por el campo, vigilemos bien donde meten el hocico. Por otra parte, de decir que siempre deberíamos tenerlos controlados en el campo, porque además de poderse meter ellos en problemas, pueden meter en problemas a otros seres vivos, por lo que eso de correr libremente debería limitarse a las zonas

en las que no haya ningún peligro para ellos ni para los otros. Si vamos por un camino forestal, por ejemplo, deberían ir siempre atados, o al menos a nuestro lado si siempre nos hacen caso, y es muy difícil que siempre nos hagan caso. Así que hacedme caso a mí y no perdáis de vista a vuestro compañero. Sigo con mi guión, ahora me tocaba la gestión. En la fase de polilla se puede controlar la formación de huevos con feromonas que evitan que la cosa ocurra, pero a mi parecer

es un momento complicado y difícil, aunque es un momento más en el que se puede actuar. En esa misma etapa también se pueden usar trampas, pero seguimos dependiendo de un par de días en los que nos la estamos jugando. Otra estrategia, a mi parecer más sencilla aunque tediosa, es actuar en la fase de huevo a nido. Si se detectan los huevos en un árbol se pueden eliminar en esa fase, si se detecta un nido se puede quitar el nido. Es cierto que los huevos son pequeños y puede ser más

difícil, pero los nidos son muy visibles. Pero claro, para poder actuar ahí hace falta mucha vigilancia y paciencia, y de eso no tenemos. Por cierto, también se pueden usar bacterias que afectan a las orugas, como por ejemplo Bacillus thuringiensis, el BT. ¿Os suena de algo? Siempre se dice que no afecta a otros organismos, pero cuando se dice eso parece que nos olvidamos que otros lepidópteros también son organismos y merecen vivir. ¿Sabéis cuál es una de las

mejores formas de control de la procesionaria? La naturaleza. Me explico. En un entorno natural, natural de verdad, habrá multitud de depredadores de procesionaria. Se las van a comer algunos pájaros, otros insectos y hasta algunos murciélagos. Los pobres murciélagos solo pueden actuar sobre las mariposas, polillas, lo que sea, porque los pelillos de las orugas también les van a producir urticaria a ellos, pero intentar lo intentan. Y en un lugar en el

que haya un equilibrio natural habrá equilibrio. Pero esa idea de equilibrio es complicada una vez que los humanos estamos cerca, porque queremos un monte bonito, con arbolitos pero sin bichos. Y así pasa lo que pasa, que acabamos favoreciendo la aparición de plagas y no sabemos cómo lidiar con ellas. Yala, ya me he cabreado. ¿A qué pensabais que iba a tardar más? No os preocupéis, que el cabreo sigue. La situación de España. La situación de España es muy compleja y se

gestiona de forma diferente en diferentes pinares. Como yo, lo que vivo de cerca es la situación de la Comunidad de Madrid es lo que voy a poner de ejemplo. Aquí se hace un seguimiento a lo largo del año para vigilar la población, porque el objetivo no es eliminar al 100%. La idea no es

erradicar, es buscar un equilibrio. Y hasta ahí la cosa suena muy bien. Según la población se instalan trampas con feromonas y cajas nido, además de trampas collar, que es una cosa que a mí me llama mucho la atención, porque se ponen en el árbol, más hacia la base, para captarlas cuando van a bajar a su procesión. Se usan poco pero se usan, sobre todo en parques, en zonas destinadas a niños y familias. En la teoría todo esto parece bastante razonable, pero el tema es cómo se traslada todo

eso a la práctica. La práctica es que hay zonas que son fácilmente accesibles, en las que hay senderos, en las que se pueden encontrar grandes nidos que nadie parece haber detectado, pese a que se hace un seguimiento y todo eso. Y que nadie me diga que hay que avisar, que estoy de vuelta y media con el tema ya. Podría creerme que se han dejado por la parte del mantenimiento del ecosistema

o lo que sea, pero entonces viene el tema del momento en el que el árbol se muere. Entra un camión con una motosierra y corta todo aquello, y se llevan los restos del árbol, porque estaba afectado. Si un perro altera el ecosistema, imagina hasta qué punto lo altera meter ahí un camión con una motosierra. Pero es que además se retira el árbol, pero se dejan algunos restos, entre ellos restos del nido, que no se eliminan, tampoco se eliminan las crisálidas, así que yo no entiendo nada.

Porque un árbol muerto es materia orgánica, y todo lo que habría que hacer es estabilizar, pero no retirar. La última vez que intenté encontrar una explicación a todo esto, se me dijo que había también otras plagas y que por eso se retiraban los árboles. Y es cierto, hay otras plagas en las que sí podría tener sentido retirar los árboles. Pero a mí no deja de llamarme la atención las zonas concretas en las que esto ocurre, como si hubiese algún tipo

de intencionalidad en dejar una zona sin árboles. No sé, seguro que son paranoias meas. El caso es que hace un par de semanas, con esos días de más calor a finales de enero, las procesionarias empezaron su procesión. Y eso que se supone que está controlado. Pero bueno, llenó todos los caminos de filas de orugas, muchas más de las que debería haber un equilibrio razonable. Y la comunicación oficial de este peligro tardó demasiado. Porque la mayoría de

los habituales por la sierra nos enteramos por fuentes alternativas. Y los visitantes esporádicos supongo que ni siquiera se enteraron. Al final, esto no deja de ser una cosa más en el saco de cosas que hacemos de forma más bien regular en nuestros espacios protegidos. Que los tenemos más para uso humano que para mantener una zona realmente protegida. Parece que todo lo que queremos hacer es tener un trozo de monte bonito para que una familia pueda ir un domingo

a un merendero en el que tirar el coche y montarse un picnic a diez pasos. Que tenemos los animales que viven allí como una atracción turística. Y si no que se lo digan a las cabras de la charca verde. Otro día os cuento esa historia. Pero a nadie le preocupan los pinos, ni la procesionaria, ni si es una plaga. Preocupa que no haya procesionaria en el merendero. Preocupa que tu hijo no se las meta en la boca. Y está bien que se preocupe. Pero nos debería preocupar por

igual lo que ocurre en el resto del espacio protegido. Y deberíamos centrarnos en el mantenimiento del Pinar. Que ni siquiera tendría que ser un Pinar. Pero ahora es lo que hay. Si me estáis escuchando el día en que publico, el martes, probablemente estaré todavía más encendida con esto de lo que estaba en el momento en el que estoy grabando. Estoy grabando, por cierto, el viernes. Y son en estos momentos las 18.56. Se está empezando a hacer de noche. Probablemente

este fin de semana subiré a la sierra con una idea localmente. Que si finalmente sale adelante, pues ya os la contaré en el futuro. Y me cabrearé con el estado de la sierra. Y quizá me encuentre con alguna que otra procesión. Si eso ocurre, ahora que me escucháis ya habrá alguna foto en el grupo de Telegram. Y si no, pues o cambien las cosas o el año que viene habrá más. Y cada vez más pronto. Pero bueno, con tanto cambio inesperado de temperatura, algunas también se van a morir.

Es lo que tiene la naturaleza. Que tienda el equilibrio. Tienda el equilibrio si la dejamos tranquila. Mientras esperáis el próximo capítulo, podéis leerme en cgedobal.es, desde donde también os podéis suscribir a mi newsletter. Gracias por el tiempo que habéis dedicado a escucharme. Espero que os haya resultado entretenido y de utilidad. Toda la información de este capítulo la encontraréis en emilcar.fm barra bacteriófagos, donde también podéis conocer los

otros programas de nuestra red. Espero vuestros comentarios en cualquier red social como cgedobal y en nuestro grupo de Telegram en t.me barra bacteriófagos, en el que hablaremos de este capítulo y de otras muchas cosas más. Y recordad, la curiosidad no mató al gato.

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