Bienvenidos a Bacteriófagos, un podcast de EmilcarFM, capítulo 178, del 16 de abril de 2024. Muy buenas, yo soy Carmela García y esto es Bacteriófagos, un podcast de curiosidades biológicas y actualidad científica para todos los públicos. Hace tiempo ya que no hablamos de una persona, así que hoy vamos a hablar de un señor. Un señor cuya contribución a la biología fue muy importante, pero que es de los que más controversia tiene en su
vida. Un señor que ha dado muchas teorías, algunas muy locas. Un señor de esos que me va a hacer sufrir un poco con los nombres. Se llamaba Ernst Heinrich Philipp August Heckel. Y a partir de ahora es Heckel y punto. Heckel vivió entre 1834 y 1919. Nació en Potsdam y luego estudió medicina en Berlín y Gursburgo. Por suerte para todos, dejó pronto la medicina y
prestó más atención a la biología. Pasó la mayor parte de su vida trabajando como profesor de zoología en la Universidad de Gena y durante sus muchos viajes nombró un montón de especies, entre ellas varias descubiertas en territorio español que visitó varias veces. Se le suele destacar como un gran defensor del darwinismo. Conoció a Darwin y defendió la teoría de la
evolución hasta unos puntos que se acercaban peligrosamente al fanatismo. El tema es que pese a que defendía la evolución y la selección natural, como os diría yo, obviaba una parte importante de la selección natural. Como todos sabéis, porque os lo he repetido ya mil veces, las mutaciones aparecen por azar. El azar tiene un papel fundamental y la evolución sin azar no tendría lugar. Pues esto del azar es lo que este señor venía olvidando. Pero eso no es ni
mucho menos la mayor controversia de su vida. Entre las partes positivas, yo nombré a cosas que hoy nos parecen de lo más comunes, como por ejemplo la ecología, pero también los filos, la ontogénia, la filogénia y otra serie de palabras que quizá no conocéis pero que después del capítulo de hoy conoceréis. Porque una de sus teorías seguro que la habéis escuchado, aunque quizá sin los
nombres más técnicos. Antes de que me vaya por las ramas y me ponga a criticar abiertamente a este señor, sí os tengo que decir que además de buen naturalista, o quizá justo por ser buen naturalista de su época, era un gran dibujante. Si tenéis oportunidad, no os perdáis sus dibujos del árbol de la vida porque son impresionantes. Y también los dibujos que hacía de las especies que descubría. Pero claro, incluso los dibujos tienen algunas cosas turbias, como el dibujo del
árbol del pedigrí del ser humano. Vamos, el árbol en el que en la copa están los seres humanos, como si fuésemos el fin de la vida, lo más avanzado. Y no, no lo somos, somos una ramita más y una ramita minúscula. Vamos a meternos en el tema con una de sus teorías más conocidas y más criticables. Se trata de la teoría de la recapitulación y dice que la ontogénea recapitula la filogénea. Esto en la facultad nos lo aprendíamos así. Y aunque sabíamos perfectamente
que era incorrecto, nos servía para recordar qué es la ontogénea y qué es la filogénea. La ontogénea es nuestro desarrollo como individuo, desde el embrión. La filogénea es el desarrollo evolutivo de la especie. Yo esto ya lo conté en este podcast alguna vez, o eso creo, pero vamos a resumirlo de nuevo. Según la teoría de la recapitulación, cuando nos desarrollamos,
pasamos por todos los estados evolutivos. Esto se justifica, por ejemplo, analizando las diferentes fases de un embrión humano, en el que podemos ver cómo en las primeras fases el embrión es igual al de un ser supuestamente inferior. Por duro que suene, dicho en bruto, en las fases tempranas de un embrión, un pollo y un humano son iguales. Parecería una teoría sin fisuras, excepto por el hecho de estar llena de fisuras. La realidad es que todos partimos de la unión de dos células.
Y es evidente que en las primeras fases somos iguales, pero no se trata de que algunos se queden a medio camino y otros avancemos más, que evolucionemos más. Se trata de que según nos vamos desarrollando, vamos siguiendo caminos diferentes, aunque en las primeras fases nos vayamos a parecer mucho. Son caminos independientes. Un embrión no repite el camino evolutivo, simplemente crece y se desarrolla. Por mucho que en una etapa temprana parezca un pez o un pollo,
no somos ni peces ni pollos. Por mucho que pueda parecer algo, lo que parezca no quiere decir que sea así y no lo es. Otra cosa es que tengamos ciertas secuelas de ramas previas y que nosotros tengamos todavía cosas que vienen de nuestros ancestros, como podría ser por ejemplo el apéndice, o que tengamos coxis, o que nuestros dedos tarden más o menos en separarse. Pero eso no quiere decir que pasemos por fases previas en el desarrollo. Pese al bluff de la teoría, esto estuvo muy
arraigado y todavía tiene sus defensores. Defensores que también defienden otras teorías de Heckel que para mí son todavía más inaceptables. Para intentar defenderlas se basa en cosas como que en el desarrollo la columna vertebral es una de las primeras estructuras en observarse en todos los vertebrados. Eso es cierto. También es cierto que nuestro cerebro se desarrolla más tarde que en otros primates. Pero como siempre digo y esto es con lo que os tenéis que quedar, ahora y en el
resto del capítulo, correlación no implica causalidad. Correlación no implica causalidad. Las casualidades existen. Otras explicaciones son posibles. Que no parezca que haya otra explicación no quiere decir que no la haya. Es que todavía no la conoces. Pero si tu explicación hace aguas es que no vale. Y una vez criticado lo de la ontogénia, recapitula la filogénia, vamos a lo de los moneras. Hace no demasiados capítulos, más de los que yo creo seguro,
pero tampoco tantísimos, yo hablé de los moneras. Los moneras son un reino inexistente, fruto de una clasificación en la que de nuevo faltaba información. Supongo que en aquel momento nombre a Heckel porque fue el que dio nombre a los moneras. Separó a las bacterias de los protistas con núcleo. Y surgieron así los moneras. A ver, este hombre hizo muy bien aclarando las diferencias entre organismos unicelulares y
pluricelulares, entre protozoos y metazoos. Pero con los moneras pifió un poco. Por si fuese poco, al cabo de unos años metió a las algas verdeazuladas dentro de los moneras. Que tiene cierto sentido. Pero si se mira con el resto de la clasificación, pues de nuevo todo hace aguas. De todas formas, esto lo publicó en Zillevenswunder, libro que fue un superventas de la biología a principios del siglo XX. Las maravillas de la vida. Que muy interesante.
Pero anda, que no nos está costando deshacernos del tema de los moneras, que todavía aparecen en más de un libro de ciencias. En cualquier caso, además de los dichosos moneras, también clasificó varios filos. Porque él creó los filos. Un cilo es lo que está por debajo de lo que llamamos o llamábamos reinos. Y por encima de lo que llamamos clase.
Los filos tienen un nombre que siempre es muy descriptivo. Mi profesor de zoología decía que no entendía cómo no podíamos recordar a qué filo pertenecía cada animal, si estaba clarísimo por el nombre. Por ejemplo, el filoporífera es el que tiene poros y a él pertenecen las esponjas. A la nélida pertenecen los animales que tienen anillos pequeños. Es decir, los gusanos que tienen el cuerpo segmentado en anillos. Todo muy lógico.
El tema se complica cuando pensamos, por ejemplo, en el filo equinodermata, que conocemos como equinodermos y que son los animales con piel con espenas. Vale, equina, espina, aceptamos barco. Briozoa son los animales musgo. Ahí ya no hay conexión que valga. Pero, ¿qué me decís de chenacelomorfa? ¿Cómo sacamos de ahí que es un animal extraño sin intestino? Y en el caso de que sepas que quiere decir eso, ¿qué bicho metes ahí? Pues resulta que, como parece ser obvio,
los gusanos acelomados sin intestino. Por suerte, estos todavía no estaban cuando yo estaba estudiando zoología. Pero sí había cenóforos, portadores de peines, nastostomúlidos, boca pequeña con mandíbulas… Y sí, todavía me dura el trauma y hace más de media vida de esto. Con esto resumiendo, quiero decir que el señor Heckel contribuyó mucho a conocer eso que denominamos el árbol de la vida. Pero que esto tenemos que verlo siempre con cierta
perspectiva. Porque, aunque en su momento pudiese ser todo muy revolucionario, su perspectiva se ha ido quedando un poco atrasada y, en la actualidad, esa forma de árbol tenemos que tomarla con muchas pinzas y analizarlo con mucho cuidado. Pese a ello, su contribución fue muy importante, tanto en la clasificación de los seres vivos como en el rollo que contaba antes sobre la
recapitulación, aunque sí tiene sus sombras. En la parte de la recapitulación se dice, se cuenta, que algunos de los dibujos que usó para apoyar su teoría eran, como diría yo, interpretaciones libres. Vamos, que se inventaba cosas para apoyar su teoría. Pero su teoría tuvo su utilidad, así que por esa parte no es por la que más lo vamos a criticar. Y es que todavía me queda una sección, y reconozco que me estoy guardando para el final la parte más
chunga de la historia. Cuando estaba haciendo el esquema del guión de este capítulo, denominé a esta última parte el rollo de los nazis. Tomadlo como un spoiler de lo que viene a continuación. Y es que Egekel ponía siempre al ser humano, al hombre concretamente, como la cúspide de la evolución. Quienes lo defienden, dicen que lo que pretendía era establecer el origen de los seres humanos a partir de organismos inferiores y no definir la supremacía del ser humano. Pero sí.
Además, hay un detallín sobre las razas y tal. Según este señor, algunas razas serían superiores a otras. Todo claro, visto desde su perspectiva de hombre blanco. En ningún momento valoraba las diferencias de una forma objetiva, porque los sesgos existen, y su sesgo le decía que los hombres como él, alemanes, eran el top del top. Y ahí tenéis el porqué de que yo me apuntase esto como el rollo nazi. Para ser más concreta, este hombre lo que hizo fue dividir la humanidad en 12 especies
y hasta 36 razas. Sí, sí, 36. No habéis escuchado mal. Todo esto lo ordenó y, por supuesto, creó uno de sus típicos árboles en los que los europeos altamente civilizados, palabras suyas y no mías, estaban arriba, mientras que las otras razas caían, según él, más cerca de los mamíferos. Y de otros mamíferos, ¿entienden? La clasificación no tenía ni pies ni cabeza. Separaba a negros de negros. O sea, había personas con piel muy oscura que se clasificaban por
separado porque tenían rasgos que, a su parecer, eran inferiores. Por supuesto, el simple hecho de tener la piel más oscura te hacía automáticamente inferior. Pero claro, algunos rasgos faciales o corporales te llevaban todavía más abajo. Por si decir que eran inferiores no era suficiente, también decía que claro, que esas razas más primitivas estaban en su infancia y, por lo tanto,
necesitaban que las razas superiores los supervisasen. Las razas las agrupaba, siendo los más evolucionados los caucásicos, que incluyen lo que ahora se llaman blancos. Más o menos. Digo más o menos porque me llevaría varios capítulos a explicar por qué un egipcio o un marroquí son caucásicos, pero en la actualidad pocos dicen que sean blancos.
Esto es un tema complicado. Esto que os acabo de soltar, que os tiene que parecer una locura sin pies ni cabeza, obviamente fue utilizado como argumento por los nazis para apoyar su teoría de la supremacía de la raza aria. Aunque se quedaron con lo que les interesaba, porque según Jecke, los más avanzados eran los mediterráneos, no los nórdicos, pero se ve que esa página se la asaltaron al no cuadrar bien con su discurso. De las consecuencias de todo esto no os tengo
que hablar. No solo fueron los nazis, fueron todos aquellos que consideraron y consideran la eugenesía como una opción, que consideran a unas personas mejores y que creen oportuno hacer una selección y mejora del resto. Por si alguien tuviese alguna duda, no hay civilizaciones más evolucionadas, hay diferentes civilizaciones. Y no, tu inteligencia no tiene nada que ver ni con el color de tu piel ni con tu lugar de nacimiento.
¿Qué consideramos civilizado o incluso qué consideramos inteligente va a depender del punto de vista de la persona que lo valore? Y tendríamos que pensar que todo esto ha quedado en el pasado, que esas cosas solo las piensan cuatro, que son racistas. Pues es un tema complejo. Cuando yo estudia antropología, hace ya unos cuantos años, pero no tantos, nos pasábamos meses estudiando los diferentes grupos poblacionales. Y sí, nos hablaban de razas. Y no,
no se limitaban a hablar de rasgos físicos. Por muy aséptico que pudiesen intentar ponerlo, cuando se daban cuenta de que iban por donde no era intentaban disimular, pero siempre salía algún comentario que ponía que los caucásicos estaban por encima del resto. Siempre se tomaba como referencia a los caucásicos. Siempre se hablaba de la cultura desde una perspectiva de superioridad. Si algo tendríamos que haber aprendido de Heckel es que existe una gran
diversidad. Existe diversidad de especies. Y existe diversidad dentro de las especies. Tú puedes tener la piel más clara o más oscura que yo. Y eso todo lo que quiere decir es que necesitarás una protección solar diferente. Si tienes los ojos más claros o más oscuros, pues tampoco dice gran cosa. Que tengas el pelo liso o rizado no te hace más o menos inteligente. Y no por considerar a una persona inteligente hay que asumir su color de piel, de pelo,
de ojos o un par de cromosomas. Tampoco podemos culpar de todo a Heckel, ya que él fue uno de los muchos que insistió en ese tema. Pero ese tema estaba muy de moda en esa época. Pero si otras cosas de esa época las hemos dejado en el pasado, es hora de dejar esto también y recordar que todos los seres humanos somos personas y punto. Y si me apuráis, todos somos animales y todos
somos seres vivos. Y en lugar de obsesionarnos tanto con querer diferenciarnos del de al lado y querer mostrar nuestra superioridad, más ganaríamos si recordásemos que el de al lado es como nosotros. Y que nos va mejor si vamos todos juntos, que si vamos por separado. Mientras esperáis el próximo capítulo podéis leerme en cgedobal.es, desde donde también os podéis suscribir a mi newssletter. Gracias por el tiempo que habéis dedicado a escucharme,
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