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Como cotorras

Feb 21, 202323 min
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Hablamos como cotorras... y eso nos debería hacer pensar que las cotorras son un problema. Y lo son. Son un problema tan grave que aunque valoremos los métodos de control poblacional desde una perspectiva ética, es mejor cortar por lo sano. Y de eso hablamos hoy: de las cotorras, su vida, su obra... y su erradicación.

Este episodio está patrocinado por Mentes Covalentes, un podcast de química y neurociencia dirigido y presentado por Hugo Quintela y Clara García. Si quieres aprender sobre química y neurociencia mientras te echas unas risas, puedes escuchar Mentes Covalentes desde tu reproductor preferido o desde la web podcastidae.com/mentescovalentes

Entre capítulo y capítulo de Bacteriófagos os podéis mantener al día en cgdoval.es donde también encontraréis diferentes formas de apoyar a esta podcaster.

Transcript

Bienvenidos a Bacteriófagos, un podcast de Milcar FM, capítulo 151 del 21 de febrero de 2023. Muy buenas, yo soy Carmela García y esto es Bacteriófagos, un podcast de curiosidades biológicas y actualidad científica para todos los públicos. Antes de empezar con el tema de hoy, una vez más, este episodio está patrocinado por Mentes Covalentes, un podcast de química y neurociencia dirigido y presentado por Hugo Quintela y Clara García.

Si quieres aprender sobre química y neurociencia mientras techas unas risas, puedes escuchar Mentes Covalentes desde tu reproductor preferido o desde la web podcastiday.com barramentescovalentes. Ha sido un placer tener a Hugo y a Clara por estos lares en estos episodios y aprovecho para decirles que nuestra puerta estará siempre abierta. Espero que muchos de los que me escucháis hayáis descubierto un nuevo podcast para vuestra colección, me consta que algunos lo habéis hecho.

Y ahora sí, las dichosas cotorras. Hoy voy a traer un tema que nos da bastantes dolores de cabeza a los que vivimos en una zona en la que hay cotorras. Quizá esto resulte algo sorprendente para los que me escucháis desde América, pero es que en una parte de España esto de las cotorras es un problemón. Aunque no es exclusivo de Madrid, algunos estudios de los últimos años dicen que más o menos la mitad de las cotorras de España se encuentran en la comunidad de Madrid.

No necesariamente en la ciudad, pero sí bastante cerca, incluyendo entre otros el ayuntamiento en el que yo vivo. Y la primera vez que las ves te hacen gracia. La segunda empieza a plantearte si eso no es un problema con tanto jaleo y tanto dicho. Y llega un momento en el que ves que la situación es insostenible. Pues en esa situación insostenible llevamos mucho tiempo. Yo tengo la suerte de vivir en una zona en la que hay menos cotorras que en el resto del ayuntamiento.

Por los árboles que tenemos aquí que no son especialmente atractivos, especialmente cuando tienen un parque con abetos a poca distancia, cosa que les atrae bastante más y menos mal. Pero no necesito caminar más de unos 5 minutos para encontrarme con el primer nido precario. Así que de eso vamos a hablar. Os voy a contar lo que ha sido un problema y sigue siendo un problema, y que no sabemos hasta cuándo seguirá así.

Empecemos por lo que es el animal, para luego poder profundizar en la problemática asociada. La mayor parte de las cotorras son cotorras argentinas, cuyo nombre científico es Milopsita Monacus. Si nunca has visto una, el animal pesa unos 100-130 gramos y mide hasta 30 centímetros. Su pecho es grisáceo, pero la mayor parte de las plumas son verde claro. Un verde muy vistoso que ayuda a identificarlas muy bien. Tienen el pico anaranjado y tiene forma así como de cuernito.

Las puntas de las alas tienden a un color azulado, lo que hace que sean todo un espectáculo de color y junto con su peculiar canto se convirtiesen en una mascota aparentemente perfecta en aquella España en la que todo el mundo tenía un pájaro en casa. Todos hemos pasado por ahí. Aunque las llamamos cotorras argentinas no son exclusivamente de Argentina.

La mayor viene en una zona más amplia de Sudamérica, zona que en su momento ya se extendió bastante por la alteración de ecosistemas por el hombre. Esto tendría que habernos hecho sospechar que si se adaptaban también a ampliar la zona en la que vivían se podía mascar la tragedia. Pero se ve que no nos lo planteamos. Así un montón de cotorras fueron enjauladas y distribuidas por el mundo y ahí empezó el problema.

En Galicia, por cierto, tendemos a referirnos a ellas por las plumas y así se las llama muchas veces cotorras de pecho gris, aunque lo de argentinas también va siendo cada vez más común. Con la evolución de su distribución diría que cada vez más gente dice simplemente las dichosas cotorras. Nos consta que la primera vez que se describieron por un europeo fue allá por finales del siglo XVIII, digo por un europeo porque asumo que los locales ya tenían bien claro que Cevicho existía.

A mediados del siglo XIX se le puso el nombre científico actual y por esa época un tal Charles Darwin estaba diciendo que ojito, que Cevicho podía convertirse en una plaga. Pero en eso, como en otras cosas, no le hicimos suficiente caso. Y así estamos pues como estamos. Las cotorras son preocupantemente listas.

Las MUY dicen que la población en Sudamérica creció a partir de la expansión del eucalipto, que supongo que a estas alturas ya tenéis claro que yo considero el eucalipto un problema, pero aquí el problema es por partida doble. En el caso de España y de gran parte de Europa, las cotorras no es que se hayan ido extendiendo porque el hábitat sea favorable, es que los humanos somos a veces un poco idiotas.

Las cotorras llegaron aquí en jaulas y durante mucho tiempo fueron consideradas un animal de compañía. Más gente de la que considero razonable se hizo con una y parecía, por alguna razón que desconozco, muy buena idea tener a una cotorra en una jaula. El tema es que las cotorras son cotorras y las cotorras no se callan. Las cotorras montan muchísimo jaleo, pero muchísimo. Así una especie que apareció por aquí más o menos cuando yo llegué al mundo, pues ahora es una gran plaga.

Porque la gente se cansó de tenerlas en su casa, porque montaban mucho jaleo. Se soltaron unas cuantas y la naturaleza hizo el resto. Vamos, que ahora hay cotorras por encima de las posibilidades de los árboles en los que viven. Decía que las cotorras son muy listas, tanto como para que puedan aprender nuestras palabras y se les enseñar a repetirlas, o incluso frases completas. Entonces claro, la gracia estaba en que la cotorra nos dijese algo, pero eso llegaba a un punto cansa.

Y la cotorra acaba en el árbol del parque, y ahí viene el problema gordo. Porque ahí nos tiene que preocupar bastante más su inteligencia, su gran capacidad de adaptación y cómo es muy complicado controlar su población. En algunas zonas todavía se considera que las cotorras no suponen ningún peligro, porque no hay demasiadas y porque sus nidos son todavía pequeños. Hasta hace cierta gracia ver alguna por un parque.

Algunos incluso pensaban que acabarían con las palomas, porque las cotorras ocuparían su hábitat. Esto es mentira, cotorras y palomas se alían. Que nadie se fíe. A los que sí desplazan es a los pobres gorriones. Aunque en algunos casos los gorriones se han adaptado y pueden convivir con ellas, la realidad es que amas cotorras menos gorriones.

Tampoco se llevan nada bien con los murciélagos, y esa es una de las razones por las que a mí me caen especialmente mal las cotorras, porque a mis queridos murciélagos no se los deja tranquilos. Por otra parte, parece que una de sus grandes enemistades es con las urracas, lo cual no sé si me gusta o me desagrada, porque con las urracas tengo una relación de amor o odio que es bastante complicada.

En mi vecindario tenemos algunas que son muy atrevidas y como te distraigas te entran hasta la cocina, literal. Pero por otra parte, como somos de una zona cotorra a frío, pues a lo mejor las urracas no tienen mucho sitio para estar tranquilos y por eso vienen aquí. Quizá la próxima vez que la urraca que viene a diario a mi terraza insista en moverme las piedrecitas de las macetas, me enfade un poco menos con ella. El tema es que las cotorras pueden vivir más de 20 años, y esos son muchos años.

Y además las cotorras procrean, y al procrear aumentan mucho su población, muy rápido, porque esto no va de uno a uno, y en unos pocos años podemos ver un incremento exponencial en su población, como fue el caso especialmente de Madrid, pero también de Barcelona, de Málaga, de Sevilla y de otros muchos sitios. En algunos casos se actuó bastante rápido y se controlo su población, y en otros vemos cómo los nidos crecen, la población crece, el ruido crece y la cosa pinta fea.

Para no irnos mucho por las ramas y que no nos las roben las cotorras, vamos a volver primero a la biología, para poder después centrarnos en el control poblacional, porque primero tenemos que saber cómo se comportan para saber qué es lo que podríamos hacer. Las cotorras son animales gregarios. Esto quiere decir que viven en grupitos y que se organizan, vaya que sí se organizan. Lo que más nos llama la atención es su capacidad de organización en los nidos.

Hablamos recuerdo de cotorras argentinas, aunque estemos diciendo únicamente cotorras para simplificar. Estas cotorras montan nidos comunitarios, y lo hacen de una forma muy peculiar, porque en lugar de sólo aprovechar algún agujero, como hacen otras aves, en su caso montan un gran nido en un árbol. Si has visto alguna vez un nido suyo, sabes de lo que hablo.

Para aquellos que no hayáis visto uno nunca, pensad en lo que es un nido de hecihueña, y ahora pensad que eso es un nido de una parejita y ya. Vale que las cotorras son mucho más pequeñas, pero pensad que son nidos comunitarios, con un montón de agujeros, para diferentes familias que viven en esa comuna. Ahora pensad en todas esas cotorras, cortando ramitas y llevándolas a su nido para que siga creciendo.

Así, en cuanto te descuidas un poco, puedes acabar fácilmente con un nido de más de 100 kilos. Y no es una forma de hablar. A tan sólo unos minutos de mi casa se han retirado ya varios que sobrepasaban esos 100 kilos. Lógicamente para poder montar un nido de ese tamaño, necesita un árbol que lo aguante. Pero como tenemos abetos bastante resistentes, pues ahí se han dado a la vida a cotorril. En esos nidos procrean, y en cada anidada suelen tener unos 6 huevos, que tardan casi un mes en incubar.

Antes de que alguien se le encienda una bombillita de, pues les quitamos los huevos y ya está. Os voy a recordar que son muy listas. Si los huevos de una anidada desaparecen, las cotorras hacen todo lo posible por compensar, y tendrán la siguiente antes y con más huevos. Así que lo único que conseguiremos a la larga es tener una batalla para ver quién va más rápido y ya os digo que perdemos nosotros.

Este comportamiento gregario las hace más fuertes, porque ya sabemos que haciendo piña se trabaja mejor. Pueden llegar a ser bastante agresivas, y como decía antes, pueden desplazar otras especies. Esto puede ocurrir por ejemplo por competencia a la hora de alimentarse. Pero también se sabe que pueden depredar pollos de otras especies de menor tamaño. En principio las cotorras comen granos, semillas, vaya.

Un poco de lo que pillen, especialmente en los entornos urbanos, también pueden comer frutos varios y hasta flores si se tercia. Lo chungo empieza en que como no hacen ascos, también se comen algún que otro insecto, aunque vayan a preferir sus larvas. Y como eso ya es comerse otro animal, de comerse una larva de un insecto a comerse parte de un pollo de mirlo, pues claro, no hay nada, pobres mirlos. Y es que su pico tiene mucha más fuerza de lo que imaginamos y son muy mañosas.

En cualquier caso, su característica que más nos preocupa en general es su capacidad de montar jaleo, además de montar unos nidos que son potencialmente peligrosos. Porque seamos sinceros, aunque durante muchos años estuvo alertando del peligro que suponían como especie invasora para otras especies, a esto se le hizo entre poco y ningún caso.

Pero cuando hemos empezado a tener un ruido ensordecedor y además nidos de tal tamaño que miedo nos da a pasar cerca, pues ahí ya nos hemos ido preocupando un poco más. Pero claro, ahora es tarde y a ver qué hacemos. Lo primero que se hizo, que no fue lo primero primero, pero bueno, si está mejor regulado ahora en España, fue incluirla en el catálogo español de especies exóticas invasoras y esto se hizo en el año 2013.

Ya sé que esto puede sonar a poca cosa, pero con esto quedaba prohibido el transporte, el comercio, el tráfico y especialmente su introducción en el medio natural. Que sabemos que ni mucho menos dejaron de introducirse, pero poder no se puede hacer y eso ha ayudado a limitar el problema de las cotorras que se están reproduciendo libremente. Al menos no se están introduciendo muchas más, lo que ya es un paso.

Antes de pasar a la polémica de las medidas, voy a aprovechar para nombrar más animales que están incluidos en dicho catálogo, pero que más de uno tiene como mascota, a ver si concienciamos un poquito de la situación. También son especies exóticas invasoras, el erizo pigmento africano, el visón americano, el mapache, que no sé si alguien tiene como mascota, pero no me extrañaría, y también el cerdo vietnamita.

Entre los bichos incluidos que no tienen nadie como mascota o eso espero, mi mayor trauma es el mosquito tigre, aunque no muy lejos se encuentra el pico. Y aunque yo hablaba de bichos, tengo que mencionar también como trauma personal que tengo el sargazo. Prometo que a estos dos últimos, al picudo y al sargazo, les dedicaré capítulos en algún momento, a ver si no se me olvida. El caso es que sabiendo que esto es un problema, ¿qué se ha hecho para controlar la población de cotorras?

En esta última parte me voy a centrar en detalles de algunas de las medidas que conozco más de cerca, pero por lo que he podido ver son bastante similares a las tomadas en otras zonas. Lo primero que me gustaría destacar es que las especies invasoras hay que controlarlas, pero hay formas y formas de controlarlas, y preferiríamos formas más éticas, aunque no siempre son tan efectivas.

Una de las primeras ideas que nos viene a la cabeza es la de controlar la población de cotorras con otros animales que las controlen, al más puro estilo de un capítulo de los Simpsons. Como ya sabemos esto sale mal. En ocasiones puntuales sí se utilizan alcones, pero este uso es limitado a zonas que se quieren mantener libres de cotorras, zonas muy puntuales, porque no tenemos tantos alcones, y lo del control de la población de alcones merecería otro capítulo.

Otra opción son los gatos, pero los gatos de colonias callejeras ya son un problema, no queremos incrementar este problema, y tampoco sabemos decirle al gato que cotorra sí, pero gorrió no, así que esta opción está descartada. La siguiente opción que se nos ocurre es actuar sobre los nidos. Antes ya os dije que quitarles los huevos no es una opción, porque si les quitamos los huevos ponen incluso más.

Una opción es actuar sobre los huevos, para que siga estando el huevo ahí, pero no salga pollo, o que salga pero estéril. Pese a ser que esta opción sale muy cara, pero recordadla porque va ganando papeletas con el paso del tiempo. Quitar los nidos es una opción, pero es una opción con muchas comillas. Hay que tener en cuenta que los nidos son muy grandes, y si los quitamos sin hacerle nada las cotorras, primero tendremos que hacer que salgan de ahí.

Esto se suele intentar cuando hay que retirar un nido por el peligro que supone, por el tamaño que ha alcanzado, como ya ha ocurrido en el jardín de la urbanización de unos vecinos, que el nido llegaba casi a 150 kilos y se estaba mascando la tragedia. Si hablamos de actuar sobre las cotorras, en nido o sin nido, en algunos lugares se ha optado por capturarlas y eutanasiarlas. Vamos, matarlas pero de forma menos traumática.

Aunque esto fue medida estrella en algunos sitios, lo cierto es que hay que ser bastante constante en el proceso para poder reducir la población significativamente, porque recordemos que se reproducen muy rápido. Aunque eliminar animales así como así no me parece que deba ser la opción preferida, es posible que en aquellos lugares en los que la población fuese contenida fuese una alternativa más que razonable, antes de que la población de cotorras se descontrole.

Pese a ello, lo de eutanasiar grupos de cotorras me genera muchas dudas sobre la ética del nido, aunque entiendo que a veces el problema llega a alcanzar tal nivel que es la única opción. En este caso, en la situación actual, no creo que sea la opción ideal, o quizás sí. Por otra parte, recordemos que opciones como venenos no son válidas, ya que no queremos acabar con otras aves y no sería algo selectivo.

Además habría que recoger muy rápido a la cotorra muerta para evitar otros problemas de salud. Que no sea una opción válida me agrada bastante, porque en venenar animales tampoco me parece una opción muy ética cuando tenemos otras opciones. Personalmente creo que la mejor opción es la esterilización, cuando se puede. Esto es una opción y se sabe perfectamente cómo esterilizar los huevos. Esto nos lleva a un proceso lento, un proceso lento pero eficaz.

Además, de forma reciente, se ha empezado a valorar utilizar un sistema de esterilización de machos adultos, lo que ayudaría a controlar la población a la larga. Sí, es lento, pero es un sistema eficaz, ya que mientras tenemos una cotorra, o un cotorro, esteril ocupando un hueco, no nace y ocupa ese hueco otro. Mantendríamos la población durante un tiempo, pero a la larga la población desaparecería por falta de capacidad reproductiva.

El problema, que para hacer esto, además de tener muy controlado el proceso de esterilización, es necesario tener un control detallado de la población a lo largo del tiempo, y ese tiempo es largo, lo que implicaría un gran compromiso.

Lo que sí me gustaría aclarar es que la escopeta no me parece la mejor solución, y algunos os parecerá una locura, pero en algunos barrios se ha visto como la estrategia que debería haber sido la captura de cotorras para eutanasia, acabó siendo una escopeta en mano y un señor recogiendo cotorras muertas del suelo. Al menos eliminaban las pruebas podría haber sido peor.

La escopeta no es una opción no solo por el tipo de muerte que se le da esa cotorra, sino por el impacto que tiene sobre el resto. Incluso aunque hablemos de aire comprimido, más que suficiente para acabar con una cotorra, este proceso altera, y mucho al resto de animales que se encuentran en la zona. Porque a ver, ¿a ti te generaría tranquilidad ver cómo matan de un disparo a tu vecino? ¿A qué no? Pues a las cotorras tampoco, ni a los gorriones, ni a nadie.

Pero como con todo, en todo esto hay muchos matices. Y aunque a mí me puede parecer una opción mejor que otra, la realidad es que hay tantísimas cotorras que hay que actuar rápido, y sin esperar veinte años a que se reduzca la población. Por eso, aunque una opción nos pueda parecer menos ética, quizá es la más recomendable.

Hay que valorar la situación en cada caso, y teniendo en cuenta la población actual en algunas ciudades y el daño que hacen esas cotorras al ecosistema, es necesario ir a lo bruto. Porque lo que notamos es el ruido y los nidos, pero el problema gordo es para el resto de bichos. Por eso, pese a todo lo que he dicho antes, sí creo que la eliminación de las cotorras debe ser rápida, aunque cueste. Puedo que pronto se dé con la solución que sea del agrado de todos y que sea viable económicamente.

O dentro de unos años vendré a contar cómo las cotorras ya han dominado todo árbol posible, como ya no queda ni una ramita disponible, y cómo han desaparecido otras especies. O peor, ¿qué ha pasado cuando se ha caído algún nido? Porque los nidos se caen. Atajemos este problema antes de que se nos vaya más de las manos.

Por último, respecto a nuestro concurso recurrente en el grupo de Telegram, tengo que decir que bueno, más me vale cambiar la estrategia, porque para este capítulo con tan solo una pista se adivinó el microbicho. Se trataba de Campilobacter Yejuni, y Mateo lo adivinó sabiendo que formas pirales muy graciosas. Vale que Mateo es experto en microbichos, pero eso es tener ojo, sin duda. Ya veremos qué se me ocurre para el próximo. Gracias a Mentes Covalentes por patrocinar este episodio.

Si quieres descubrir este podcast de química y neurociencia, puedes encontrarlo en cualquier reproductor de podcast o en su web podcastidai.com. Mientras esperáis el próximo capítulo, podéis leerme en cgdobal.es, desde donde también os podréis suscribir a Minusletter. Gracias por el tiempo que habéis dedicado a escucharme. Espero que os haya resultado entretenido y de utilidad.

Toda la información y enlaces de este episodio la encontraréis en emilcar.fm.bacteriófagos, donde también podréis conocer los otros programas de nuestra red. Espero vuestros comentarios en Twitter, como cgdobal, y en nuestro grupo de Telegram en t.me.bacteriófagos, en el que hablaremos de este capítulo y de otras muchas cosas más. Y recordad, la curiosidad no mató al gato.

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