Bienvenidos a Bacteriófagos, un podcast de 1000KFM, capítulo 169 del 28 de noviembre de 2023. Muy buenas, yo soy Carmela García, y esto es Bacteriófagos, un podcast de curiosidades biológicas y actualidad científica para todos los públicos.
Nos queda ya nada para que se acabe el año, y quizá por evitar entrar ya en un bucle en el que nos pongamos a hablar en exceso de la Navidad, y porque para esas cosas ya tenemos muchos podcasts, pues yo voy a hablar de algo que no tiene nada que ver, pero antes sí tengo que hacer una aclaración. Vamos con un capítulo breve, porque como se notará, mi voz está más en otro mundo
que en este. No os voy a mentir, esto se debe justamente al tema que pretendo evitar, la Navidad, y es que en mi empresa hemos hecho una reunión navideña para comer, y bueno, la cosa se nos alargó un poco y estoy sufriendo las consecuencias, las estoy sufriendo mucho. No es necesario que
entremos en más detalles, porque por otra parte son un poco difusos. Al tema al que íbamos, dice el título que en este capítulo vamos a hablar de Cebras de Agua, concretamente de lo que vamos a hablar es de mejillones cebra, tema solicitado por uno de los miembros de nuestra comunidad en Telegram. Es posible que no hayáis escuchado hablar jamás de los mejillones cebra,
dependiendo de vuestro origen. Yo os voy a hablar de ellos, pero ya que hablamos de los mejillones cebra, pues también tendremos que hablar de los mejillones de toda la vida, y por supuesto de las bateas. Y es que ya veréis que eso es imprescindible para entender la problemática con los cebra,
porque lo que es muy beneficioso para una cosa pues resulta ser un problema para otra. La idea de este capítulo es justo esa, que algo que yo suelo dejar siempre para el final, pero que hoy os lo cuento al principio, que podemos ver como muchas situaciones tiene un doble filo y algo que podemos estar explotando desde una perspectiva y que podemos ver como una gran ventaja, si lo vemos desde otra perspectiva resulta ser un inconveniente tremendo. Y eso vamos a verlo hoy al comparar los dos
tipos de mejillones. Antes de centrarnos en estas dos especies voy a hacer un pequeño resumen de contexto. Ambos tipos de mejillones son moluscos bivalvos. Esto puede parecer una obviedad para algunos, pero en algún podcast hace poco noté que algún compañero de red no tenía muy clara esta idea, así que vamos al lío. Primero la parte de que son moluscos. Los moluscos son animales invertebrados, que tienen una serie de características que los hacen especialitos. Tienen una concha
calcarea, en general por fuera, y protegiendo su cuerpo blando. No todos la tienen y en algunos casos es interna, como el caso del calamar, que esa concha es interna y es lo que llamamos pluma. Si alguien me está escuchando sin saber de qué hablo porque solo ha visto delante anillas de
calamar ya en un plato o en un bocata, eso hay que arreglarlo. Al menos una vez en la vida tenéis que procesar los calamares en casa desde cero, quitarles la pluma, quitarles la tinta, fregar toda la cocina porque habéis explotado accidentalmente la bolsa de tinta, no sé, experiencias básicas de la vida. Ya me estoy leando. Además de la concha, los moluscos se caracterizan por tener un pie muscular y una rádula, que es por lo que comen, con hileras de dientes, algo que también tendríais que
verdecerca alguna vez. Pero estos son características generales que no están siempre presentes. La rádula yo diría que donde mejor se puede ver es en los gasterópodos. En un caracol, vaya, la habéis mirado alguna vez la boca a un caracol, deberíais. Pero más allá del concepto general de molusco decíamos que hablábamos de bivalvos. Los bivalvos tienen dos balbas, dos conchas,
son simétricos, aunque la simetría a veces parece romperse. ¿Imaginado un mejillón? Sí, pero también una ostra, una almeja, una navaja, una vieira, una zamburinha y para que me está dando hambre. Los bivalvos no tienen cabeza, ni dentáculos, ni rádula. Y entonces ¿cómo comen? Pues la mayoría filtran. Todo lo que hay en el agua y que sea de un tamaño muy pequeño, todo eso va para adentro. Y dentro se aprovecha lo que se pueda aprovechar, parte se acumula y esto volveremos después y
lo que sobra pues se desacende yo bastante rápido, lo excretan. Como siempre hay excepciones en la forma de alimentarse y por tener tenemos hasta bivalvos carnívoros. A todo esto, aunque todos estáis pensando en que el bivalvo más grande es como mucho del tamaño de una vieira de la concha del peregrino, vaya, creedme que estos bichos pueden llegar a ser muy grandes. Por cierto, oyentes americanos, esto es lo que hay. Hoy vamos a hablar mucho de conchas. Ahora que ya tenemos una idea
de qué es un molusco bivalvo, vamos a los mejillones zebra. El mejillón zebra, dres en apolimorfa, es un animal de agua dulce o como muchos alobre. Algunos dicen que es el mejillón de río, pero esos son otros. Los mejillones de río son los margaritifera margaritifera o al menos los son para mí. Y esos son unos bichillos pequeños, amenazados y protegidos, que viven en ríos que están muy limpios y que por cierto viven un montón de años. Un montón es que pueden vivir más de un siglo.
De estos hay en España y concretamente habían eluya, ese río que desenbocan la ría Darosa y a cuyo fin llegó supuestamente el sarcófago del Apostol Santiago. Pero hoy vamos a hablar del mejillón zebra. Este viene de la zona del mar negro, el caspio, el mar de Aral, pero con tanto humano moviéndose en el siglo XIX se extendió por Europa y ya en el siglo XX por América. Y es una plaga. En España se encuentran la actualidad en varios ríos, siendo considerado
una plaga en el hebro, aunque otras cuencas empiezan a tener problemas con él. Hay un montón, se multiplica muy rápido, siendo muy rápido que de un mejillón pueden salir 1,5 millones de mejilloncitos en una temporada. Y no es una forma de hablar, ni leído mal, número ni nada por el estilo. Claro, esto hace que tengamos millones de bichos filtrando el agua y lo que a pequeña escala podría parecer beneficioso porque parecería que limpian el agua, pues con esos números ya
nace tanta gracia, porque van a dejar sin comida cualquier otro bicho. Estos mejillones zebra tienen una forma triangular y reciben ese nombre por las bandas que hay en su concha. Mientras que el fondo de la concha tiene un color como que más amarillento, las bandas son marrón-parduzco y aparecen formando unos patrones como en zigzag. Son relativamente pequeños, tamaño mejillón belga, pero pequeños comparado con el mejillón gallego, es decir, alcanza unos 5 centímetros. Y ¿sabéis
por qué los mejillones que coméis en Galicia son más grandes? Pues luego ya vamos al tema de la batea. Los mejillones normales, los de la cazuela, a ver, ahí también tenemos varios tipos. Para mí en mi cabeza solo hay uno, pero para ser honesta tengo que decir que hay varios géneros que se consideran mejillones, de esos que viven en zonas intermariales. Y ahora voy a volver a meter la pata seguro con los americanos porque algunos no estaréis de acuerdo, pero los mejillones más comunes cuando
hablamos de comer son los del género mitilus. A mi parecer, y no me diis mucho por favor, hay tres especies que son las que más se comen. El mitilus edulis, el chilensis y el gallo provinciales. El edulis, que como sabéis y ya lleváis tiempo escuchando me quiere decir que es comestible, es el que hay en gran parte del Atlántico. Es el mejillón más común en Bélgica, el que comen con las patatas fredas. El chilensis es el chorito, o eso creo si no estoy
mezclando bichos. El gallo provincialis es el que dicen llamar del Mediterráneo, pero que todos sabemos que es el mejillón de Galicia y que alguien iba un poco mal de orientación. Para muchos, este es una especie invasora, siendo también uno de los mejillones más comunes en Chile. Lo de diferenciar las tres especies viene siendo difícil a no ser que hayas pasado mucho mucho tiempo mirando mejillones en tu vida. El gallo provincialis puede crecer bastante más y aunque normalmente
se recoge con un tamaño menor sigue siendo más grande que los otros. El chilensis tiene estrias en la concha, pero muchos las confundirían con un mejillón aleatorio con las linas de crecimiento. También hay diferencias en el color. Y bueno, a nuestro mejillón de Galicia lo hemos mirado hasta la última esquina en su genoma, para ver cuando un mejillón es mejillón mejillón. Y eso también ha hecho ver que bueno, todos se mezclan bastante entre ellos con mucha facilidad.
El mejillón es en la actualidad la principal fuente de ingresos de la cultura en España, o sea, de bichos de mar cultivados. Y los cultivamos en bateas. Batea en España no quiere decir lo mismo que en América, así que os lo tendré que explicar. Si sirve de algo es posible que muchos americanos de costa tengáis más claro cómo se cultiva el mejillón, choro, chorito o como lo queramos llamar, que algunos españoles, ya que os voy a contar un secreto.
Aquí se supo que era una batea cuando la vuelta ciclista a España salió de uño. En algunas zonas más al norte de Europa los mejillones se cultivan hacia arriba, se ponen palos a los que se ancla los mejillones y eso ya se cubrirá cuando suba la marea. Veréis, esto es muy poco eficiente. En América el sistema está mucho mejor
montado, pareciéndose mucho a nuestras bateas. Se cuelgan cuerdas con flotadores, manteniendo el bicho permanentemente en el agua, algo que hace que pueda estar comiendo mucho más tiempo. Nuestro sistema, el de la batea, es similar, pero esas cuerdas las unimos arriba a una estructura de madera que flota, creando además todo un ecosistema debajo al tener muchas cuerdas juntas que hacen que muchos otros bichillos se acerquen. Una batea puede tener 500 cuerdas y que pueden medir
cada una de ellas más de 10 metros. Sobre ellas se puede caminar y a ellas se acerca un barco, normalmente con una grúa, para subir y bajar las cuerdas, porque somos gente civilizada y esto ya no se hace por fuerza bruta, salvo contadas excepciones. Pero el mejillón así de natural no crece ahí. Los mejilloncitos crecen normalmente en rocas, especialmente en aquellas en las que el mar bate con relativa fuerza. Esto hace que en ocasiones se encuentran en la misma zona que los percebes y
sea fuente de muchas broncas en el sector. Ese mejilloncito no lo llamamos mejilloncito. En Gallego lo llamamos mejilla y lo traducimos como mejilla, que debemos decir que es la semilla del mejillón, pero como traducimos de aquella manera decimos que es la simiente. La mejilla son micromejilloncitos que no miden ni medio centímetro y que se fijan en las rocas porque es lo que hacen las larvas de mejillón de forma natural. Esa mejilla se empieza a quitar de las rocas ahora,
antes de navidad, y hasta semana santas y más o menos. Y eso se hace rascando. Por otra parte, he de decir que también se pueden poner cuerdas colectoras para que las larvas se peguen ahí y no a la roca. Y esto se hace después de semana Santa San Juan. Os juro que esto está muy regulado ahora, pero en mi cabeza siguen siendo los tiempos como los han dicho los bateiros de toda la vida. La mejilla se pone después en una cuerda de mejilla, que se engancha con una red para que
nos escape. Según el mejillón crezca, ya se engancha el solito a la cuerda y ahí se deja unos meses para que el bichillo vaya creciendo y cuando la cosa se empieza a poner tensa hay que hacer desdouble. De una cuerda inicial se sacan dos o tres, dejando espacio para que el mejillón crezca lo suficiente. A ojo, desde que se pone la mejilla en la cuerda al desdouble, pasa medio año. Y luego hace falta casi otro año para que el mejillón se recoja y se pueda
vender. Todo este proceso ahora se puede hacer con máquina, pero de tradicionalmente se encordaba a mano, se subía a mano, se quitaba a mano y por supuesto todo lo que viene después de sacar el mejillón de la cuerda hasta que llega a la lata de mejillones en escabeche, pues también se hacía a mano. Llegamos porque tenemos que llegar que si no yo me muero al final de este podcast y quizá no está claro porque yo he contado cómo se cultivan los mejillones de mar, pues es que tiene mucha
relación con los zebra, aunque no lo parezca. Pero antes un breve inciso, porque no hay capítulo en el que yo no vaya a hablar de cómo este mundo va por mal camino. Los mejillones, como decía antes, son filtradores. Y en ese sistema que tienen para filtrar acumulan y acumulan lo que pillen. Esto quiere decir que los mejillones, al igual que las ostras, que las almejas y que cualquier otro bivalvo filtrador, van a dejar de ser comestibles si no cuidamos un poquito el mar. Hoy no voy a hablar
de mares rojas que son algo puntual. Hoy lo que os quiero recordar es que los mejillones acumulan metales pesados. Los mejillones acumulan microplásticos. Así que, aunque solo sea por puro interés gastronómico, además de porque yo quiero que sea una forma de vida sostenible para mis vecinos, porque la primera bateaga llega, se puso en mi pueblo allá por 1945, pues aunque solo sea por eso, sería un detalle que
nos asegurásemos de cuidar un poquito nuestras aguas. Porque queremos que los mejillones sigan siendo comestibles, que sigan viviendo. Y ahora sí, la problemática de los mejillones zebra. Más allá de que hayan muchos, ¿por qué se supone que es un problema tan gordo? Porque al igual que el mejillón de mar se pega donde pueda, sea una roca o sea una batea. Un mejillón zebra se va a pegar a lo que se pueda pegar. Y eso son rocas, pero también son tuberías y son barcos y son lo que haya.
Y lo destrozan todo, porque como comprendereis, una tubería no suele estar preparada para aguantar el peso de miles de mejillones pegados a ella. Y esto no es una forma de hablar. En el hebro ya se han tenido que realizar grandes labores de limpieza por el daño que estaba causando a infraestructuras, y más que se va a tener que gastar. ¿Cómo acabamos con ellos? Pues lo mejor es hacerlo cuando son larvitas, que están menos protegidas. Se puede eliminar por pura separación, con filtros,
pero también con cloro o con calor. Y estos son actuaciones puntuales, en lugares en los que se tiene muy controlado el tema y se sabe cuándo hay que intervenir. Pero esto no siempre es así, y en la actualidad se intentan buscar alternativas, algo que puede eliminar solo esta especie, pero no va a ser un trabajo fácil, porque no queremos una reacción en cadena que elimine también a otros muchos animalillos que tendrían que
estar viviendo tranquilamente. Así que ya veis, lo que nos ha dado de comer a muchos, porque en cierta manera yo estoy aquí gracias a aquellas bateas, pues puede suponer un problema para otros muchos. El problema, en el fondo, es que la plaga somos nosotros, somos los humanos, los que hemos llevado especies fuera de su hábitat natural, a lugares en los que se pueden reproducir casi sin límites, somos los que nos hemos cargado otros ecosistemas,
los que no tenemos mesura, los que no pensamos en una forma de vida sostenible. Y yo que quería evitar en este capítulo eso de que fuese uno de esos precín de año, y al final no lo puedo evitar, porque al final os tengo que decir que este sea uno de vuestros propósitos para el 2024,
el de una forma de vida más sostenible. Y eso hay que empezarlo por arriba, así que los que tengáis que votar el próximo año votad a acorde a vuestros intereses, pero también tenemos que hacerlo desde abajo, porque sí, todos podemos hacer pequeños gestos que cuentan. Mientras esperáis el próximo capítulo podéis leerme en cgedobal.es, desde donde también os podéis suscribir a Miños Leter. Gracias por el tiempo que habéis dedicado
a escucharme, espero que os haya resultado entretenido y de utilidad. Toda la información de este capítulo la encontraréis en milcar.cm-bacteriófagos, donde también podéis conocer los otros programas de nuestra red. Espero vuestros comentarios en cualquier red social como cgedobal y en nuestro grupo de Telegram en t.me-bacteriófagos, en el que hablaremos de este capítulo y de otras muchas cosas más. Y recordad, la curiosidad no mató al gato.
