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Ajolotes

Feb 07, 202318 min
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Llegamos al capítulo 150 y hoy hablo de uno de los animales que me despiertan más curiosidad: ¡el ajolote! Deberíamos aprender más de estos bichillos para poder respetarlos adecuadamente y que sigan su feliz vida sonriente.

Este episodio está patrocinado por Mentes Covalentes, un podcast de química y neurociencia dirigido y presentado por Hugo Quintela y Clara García. Si quieres aprender sobre química y neurociencia mientras te echas unas risas, puedes escuchar Mentes Covalentes desde tu reproductor preferido o desde la web podcastidae.com/mentescovalentes

Entre capítulo y capítulo de Bacteriófagos os podéis mantener al día en cgdoval.es donde también encontraréis diferentes formas de apoyar a esta podcaster.

Transcript

Bienvenidos a Bacteriófagos, un podcast de Emelicar F.M. Capítulo 150 del 7 de febrero de 2023. Muy buenas, yo soy Carmela García y esto es Bacteriófagos, un podcast de curiosidades biológicas y actualidad científica para todos los públicos. Este episodio está patrocinado por mentes covalentes, un podcast de química y neurociencia dirigido y presentado por Hugo Quintela y Clara García.

Si quieres aprender sobre química y neurociencia mientras techas unas risas, puedes escuchar mentes covalentes desde tu reproductor preferido o desde la web podcastidae.com para mentes covalentes. Me hace mucha ilusión que un capítulo con un número tan especial os llegue de la mano de esta gente. ¿Lo has escuchado ya? Sí, si es que no, estás tardando. Y en este capítulo 150 os quiero traer un bichillo que me hace especial gracia, del que hemos hablado hace muy poquito en el grupo de Telegram.

La conversación se inició porque a mi casa llegó un peluche a estas navidades y aunque yo tenía muy claro cómo había descubierto la existencia de este animal a través de un libro que marcó mi infancia como protovióloga, creo que es un animal desconocido para muchos españoles. Así que vamos a intentar solucionar ese desconocimiento.

Antes de empezar, que me disculpen aquellas personas que me escuchan desde México, que son muchos, espero no decir nada incorrecto y espero que también valoren mi intento de traer un poquito de su país a este espacio. Hoy vamos a hablar de los ajolotes. Los ajolotes son unos pequeños animalillos que siempre nos han llamado la atención por su aspecto, parecido al de una salamandra.

Son tan peculiares que son inconfundibles y nos fascinen, pero sabemos muy poco de ellos, pese a que tiene un papel fundamental en la cultura mexicana. Porque ese es el primer punto importante, los ajolotes son mexicanos. Aunque hay ejemplares en cautividad, su hábitat natural se encuentra en la cuenca de México.

Preguntamente este hábitat ha sufrido muchos cambios, tanto por la explotación de las especies que viven allí como por la contaminación, lo que ha llevado al ajolote a encontrarse en peligro crítico de extinción. Y sí, de cargarnos su hábitat tuvimos parte de la culpa a los españoles. Los ajolotes son anfibios. Los anfibios normalmente llevan a cabo un proceso de metamorfosis durante su crecimiento.

En nuestra cabeza solemos imaginar el proceso que empieza con una larva con su cola, a la que luego les sale empatas y a veces pierde la cola. Si pensamos en una salamandra, que es lo más cercano que podemos imaginar todos, pues un ajolote nos parece una salamandra que no ha finalizado su metamorfosis y retiene algunas características propias del renacuajo. El nombre científico del ajolote es Ambistoma Mexicanum, aunque durante mucho tiempo ha recibido otros nombres.

Además, algunos creyeron que realmente se trataba de una salamandra del mismo género que no había completado su metamorfosis, pero no, son así de adultos. Los ajolotes vivían felices en los lagos del Valle de México, pero por cosas de la vida ahora se limitan principalmente a los pocos canales que quedan.

Son exclusivamente acuáticos, pero sobreviven en temperaturas de lo más variadas, ya que la temperatura de estos canales varía bastante, ya que aunque tiene bastante vegetación, que ayuda a mantener constante la temperatura, son aguas poco profundas. El nombre ajolote quiere decir algo así como monstruo de agua, yo más bien diría que monstruito, porque es relativamente pequeño, aunque no tanto como tendemos a imaginarlo.

Puede llegar a medir más de 35 centímetros, aunque la media está más cerca de los 25. Tarde unos dos años en ser adulto, y entre las características más llamativas que mantiene, encontramos las branquias externas y la leta caudal. Las branquias las tiene detrás de la cabeza, si miramos al ajolote de frente. Las utilizan para respirar, y su movimiento hace que puedan oxigenar el agua. Si tenéis una idea del ajolote en la cabeza, probablemente imaginaréis unos pelillos en sus branquias.

Esos filamentos hacen que la superficie para el intercambio de gases sea mayor, al igual que todas las ramificaciones que tenemos nosotros en nuestros pulmones. En su boca tienen unos dientecillos, pero no sirven para nada, o casi para nada. Para alimentarse succionan, y succionan principalmente pececillos pequeños, larvas, moluscos, insectos, vamos lo que piden. Son carnívoros.

Para posicionarse bien usan la cola, que les permite agarrarse a las plantas y posicionarse para empezar a comer lo que haya por allí. Sin duda, una de las características más llamativas de los ajolotes es su color. Y aquí os voy a tumbar un mito, no todos los ajolotes son rositas. En sí los hay para todos los gustos. Los hay casi negros, azul oscuro, rosa, verdoso, dorado.

Pero lo habitual en los que viven tranquilamente en libertad es que sean marrones tirando a verdosos con unas manchitas doradas. El resto de colores aparecen por diversas mutaciones en alguno de los cuatro genes que tienen para la pigmentación. Pero seguro que muchos habéis visto imágenes de ajolotes albinos con un color rosa clarito y ojos rojos. Esos ajolotes han sido seleccionados principalmente para el comercio, para tenerlos como mascotas de lo que hablaremos dentro de un momento.

Con todo, sean del color que sean, pueden alterar su color, de forma limitada que tampoco son camaleones, pero pueden adaptarse para camuflarse. Y es que el camuflaje es algo muy importante para asegurar su supervivencia. Y por eso los albinos tienen la vida más complicada fuera de un acuario en una casa. Pese a ello, esto no quiere decir que los albinos sean artificiales, ya que esos genes están presentes de forma natural.

En sí, el albinismo de los ajolotes es relativamente común si lo comparamos con el de cualquier otro animal. Lo que hizo mucho más sencilla la cría de esta variante en cautividad. El ajolote tiene una gran capacidad de regeneración. Son capaces de regenerar de forma completa sus extremidades en cuestión de meses, pero no se limita exclusivamente a las extremidades, ya que casi cualquier parte del cuerpo que no sea vital, puede ser regenerada.

Y a veces se les va el tema un poco de la mano y sacan hasta extremidades extra. De todo ello lo hace especialmente interesante para su estudio. Se crían con facilidad en cautividad y se han utilizado como organismos modelo para estudiar el desarrollo. En ello se ha estudiado la capacidad de regeneración, pero también el desarrollo completo, ya que su tamaño permite ver todo el proceso con mucha facilidad, algo que hasta antes si no se veía bien no se podía estudiar.

En ellos también se han estudiado muchas mutaciones, tanto las más visibles como su color, como algunas menos visibles pero muy características, como algunas que producen problemas cardíacos. Por otra parte, los ajolotes han servido y sirven para estudiar el proceso de la metamorfosis.

Cuenta la historia que el estudio de la metamorfosis de los ajolotes comenzó cuando un francés observó que los ajolotes que se habían enviado a París, allá por mediados del siglo XIX, dejaron de parecer ajolotes para convertirse en salamandras. Aunque esto tiene muchos matices, porque no sabemos si le habían dado gato por libra a los parisinos.

Fue ese como fuere, esto generó mucha discusión, por eso de saber cómo uno se quedaba en la etapa previa y otros no. Posteriormente, en al menos dos experimentos independientes, se descubrió cómo inducir la metamorfosis en los ajolotes, inyectando hormonatiroidea. Y resulta que, con este proceso, el ajolote sí se convierte en una especie de salamandra. Esto se ha repetido en muchos experimentos, ya fuese con hormonatiroidea o directamente con yodo.

Por una parte me dan pena los pobres ajolotes, pero por otra, me genera mucho interés todo lo que se ha podido estudiar en ellos. Entre las cosas que se han estudiado en los ajolotes también cabe destacar su genoma. Cuando se publicó la secuencia en el año 2018, era el genoma más largo conocido de un animal. Como referencia, es unas diez veces el genoma de los humanos. Se debe fundamentalmente a que tiene más secuencias repetitivas.

Secuencias de esas que no siempre sabemos muy bien para que están, que no son los genes que codifican proteínas porque de esos tienen más o menos como nosotros. Pero eso hace que estudiar el resto del genoma sea muy interesante. Por cierto, ya no es el animal con el genoma más grande. Si no se me escapa ninguno más reciente, creo que el récord lo tiene en estos momentos el pez pulmonado de Queensland, un animal que también es muy gracioso. Como su propio nombre indica, tiene pulmones.

Se suele decir que es un fósil viviente, ya que lleva más de 350 millones de años viviendo, con pocos cambios, en Nueva Gales del Sur. Su cuerpo nos muestra una serie de pre-adaptaciones a la vida terrestre, como los pulmones, o una versión 0.1 de espatitas, que son muy muy graciosas.

Los más aventurados dicen que es un eslabón perdido entre la vida acuática y la vida terrestre, pero a mí no me gusta nada eso de llamar a las cosas eslabones, y mucho menos perdidos cuando están ahí delante de nuestras narices. Volvamos a los ajolotes que me estoy dispersando. En la actualidad el ajolote se tiene en cautividad para la investigación, pero también como mascota. Hay que tenerlo en un acuario con unas condiciones muy controladas para que pueda vivir decentemente.

Al estar protegido hacen falta permisos especiales para poder tenerlo como mascota. Yo no sé cómo de bien regulados está en México, pero en Europa no es especialmente complicado conseguir uno. En una búsqueda muy rápida encuentro ajolotes a la venta cerca de mi casa. Me dicen que pueden llegar a 15 centímetros y que pueden vivir hasta 15 años, anunciándonos con una foto un sonriente ajolote rosita, porque esto no lo he dicho, pero los ajolotes parecen estar siempre sonriendo.

Por un modico precio podría comprar uno y me lo mandan a casa, así que control lo que se dice control mucho no hay. Yo quiero pensar que esto se va a regular correctamente y que tendremos más cuidado con los pobres animales. Por cierto, mientras hacia mi búsqueda también he descubierto que hay un veterinario de ajolotes muy cerca de mi casa, aunque todavía estoy en shock después de haber visto la colección de animales que podría comprar a golpe de un simple clic.

Ya me contaréis los mexicanos qué opináis de que se tenga los ajolotes en un acuario. En mi muy limitado conocimiento de la mitología azteca parece que los ajolotes provienen de un dios que no queriendo morir se fue transformando, siendo ese su superpoder, superpoder de dios que no de superhéroe, aunque también un poquito.

Aunque antes os conté lo de los parisinos y la extraña metamorfosis, su llegada a Europa fue realmente en el siglo XVIII, de la mano de Alexanderborn Humboldt, un señor del que nunca hemos hablado y ya le va tocando. Pero estábamos hablando de su historia en México. Allí se comían, os comíais, ajolotes, y también se usaban, sin ninguna base científica, como cura para un montón de enfermedades. Supongo que ligado al hecho de su historia divina.

El ajolote tuvo un papel muy importante en la cultura, pero sigue teniéndolo. Al punto de que aparecé en uno de los billetes actuales, mexicanos que me escucháis mandadnos alguna foto al grupo de Telegram que seguro que tenéis alguno a mano. Y para acabar, las referencias en la cultura popular. Además de ser unos animalillos muy atractivos por su color y por su amplia sonrisa, han aparecido por nuestras vidas de forma constante, y quizá algunos ni siquiera os habéis dado cuenta.

Una de las referencias populares, la más reciente, me lleva a hablar de su conservación, porque supuestamente, para concienciar sobre ello, apareció el ajolote en Minecraft. Y es que en la actualidad, por mucho que se vendan como mascotas, existen zonas especiales para su conservación, y se está haciendo un trabajo muy importante para concienciar sobre su cuidado y favorecer su reproducción, con la esperanza de no perderlos en el hábitat natural.

Teniendo en cuenta que hemos sido los humanos los que hemos alterado su entorno y les hemos puesto difícil la vida, también es ahora nuestra responsabilidad eso de devolverles un cachito para que puedan vivir felices. Voy a dar dos referencias culturales más, iba a decir que la segunda es la freaky, pero no sé, comparando con las otras dos no se le puede dar tal nombre. Los ajolotes también aparecen referenciados en Dune, para los hispanohablantes.

Quizá recordaréis los tanques de Axolotlón, que permitían regenerar, reproducir un ser humano a partir de células de un muerto, produciendo un clón, y que también se usaron para, bueno, mejor cierro la boca, no vaya a alguien acusarme de hacer spoilers. Ahora que se ha puesto esto de moda de nuevo, no vaya yo a desvelarle a alguien a lo que se ha escrito hace más de 40 años.

La última referencia es la que explica por qué mi ajolote de peluche es azul, porque los ajolotes habían sido en nuestra cabeza siempre de color rosa, hasta que hace unos años empezamos a imaginar más ajolotes azules. Quizá nunca lo habíais pensado, y quizá ni os suena el tema dependiendo de vuestra edad, pero esto yo diría que ya es una cuestión intergeneracional. Se le llamó pez de fango, pero evidentemente es un ajolote. ¿Sabéis de quién hablo? Del Pokémon Moodkeep.

Y ahora no me vengáis con que eso no es un ajolote, porque yo veo claramente un ajolote. Como ya hemos pasado de los ajolotes rosas a los azules y hemos visto bastantes curiosidades sobre estos bichillos, doy por terminada mi historia de hoy. Al final un peluche ha dado mucho tema, y mucho más que se me queda en el tintero. Os pido de nuevo a los que conocéis de primera mano historia sobre este animalillo que vengáis a contarlas a nuestro grupo, que me encantaría saber más sobre ellos.

Pero antes de finalizar, me gustaría dar las gracias a todos los que habéis participado en el concurso de Microvichos en nuestro Telegram. El de este capítulo lo ha divinado J.S. Que ha sido muy rápido, y solo sabiendo que se trataba de un vacilo y que sus toxinas son famosas, supo que se trataba de crostridium botulino. Gracias a Mentes Covalentes por patrocinar este episodio.

Si quieres descubrir este podcast de química y neurociencia, puedes encontrarlo en cualquier reproductor de podcast o en su web podcastidae.com-mentescovalentes. Mientras esperáis el próximo capítulo, podéis leerme en www.segedoval.es, desde donde también os podréis suscribir a Mi Newsletter. Gracias por el tiempo que habéis dedicado a escucharme. Espero que os haya resultado entretenido y de utilidad.

Toda la información y enlaces de este episodio la encontraréis en emilcar.fm-bacteriófagos, donde también podréis conocer los otros programas de nuestra red. Espero vuestros comentarios en Twitter como C.G. Doval y en nuestro grupo de Telegram, en www.t.me-bacteriófagos, en el que hablaremos de este capítulo y de otras muchas cosas más. Y recuerda, la curiosidad no mató al gato.

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